Martirologio 21 de abril

ELOGIOS DEL 21 DE ABRIL

1.- Si la lectura tiene lugar dentro de la Liturgia de las Hojas se hace después de la oración conclusiva de Laudes o cualquiera de las horas menores.

El lector comienza inmediatamente por la mención del día.*

2.- Si la lectura no tiene lugar dentro de la Liturgia de las Hojas, reunida la asamblea, bien en el coro, bien en capítulo o bien en la mesa, el lector comienza inmediatamente por la mención del día.*

Los elogios de los santos de cualquier día han de leerse siempre el día precedente.

*El lector hace la mención del día:

Día 21 de abril

Lectura de los elogios del día

Los elogios de los santos o beatos indicados con asterisco se leen solamente en las diócesis o en las familias religiosas a las que ha sido concedido el culto de ese santo o beato. 

1. San Anselmo, obispo y doctor de la Iglesia, originario de Aosta, que fue monje y abad del monasterio de Bec, en el territorio de Normandía, en Francia, donde enseñaba a los hermanos a caminar por la vía de la perfección y a buscar a Dios por la comprensión de la fe. Promovido a la insigne sede de Cantorbery, en Inglaterra, trabajó denodadamente por la libertad de la Iglesia, y por ello sufrió dificultades y destierros. (1109)

2. En Roma, conmemoración de san Apolonio, filósofo y mártir, que en tiempo del emperador Cómodo, ante el perfecto Perenio y el Senado, defendió con aguda palabra la causa de la fe cristiana, y la confirmó con el testimonio de su sangre al ser condenado a la pena capital. (185)

3. En Alejandría de Egipto, san Aristo, presbítero y mártir. (s. inc.)

4. En el monte Sinaí, en Egipto, san Anastasio, abad, que defendió incansablemente la fe ortodoxa ante los monofisitas y escribió muchos sermones útiles para la salvación de las almas. (c. 700)

5*. En el monasterio de Applecroos, en Escocia, san Maelrubo, abad, que, oriundo de Irlanda y monje de Bangor, fundó un monasterio de misioneros, desde el cual, durante cincuenta años, difundió la luz de la fe a la población de aquellas regiones. (722)

6*. En la ciudad de Cagli, en el Piceno, actual región italiana de Las Marcas, beato Juan Saziari, religioso de la Tercera Orden Regular de San Francisco. (c. 1372)

7*. En Cervere, cerca de Fossano, en el Piamonte, también en Italia, beato Bartolomé Cerveri, presbítero de la Orden de Predicadores y mártir, que luchó por defender la fe católica y confirmó su entrega al morir alanceado por unos herejes. (1466)

8. En Altötting, en la región de Baviera, en Alemania, san Conrado (Juan) Birndorfer de Parzham, religioso de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, que durante más de cuarenta años ejerció el humilde oficio de portero, siempre generoso con los pobres, y que jamás despidió a un menesteroso sin haberle ofrecido una ayuda cristiana con sus amables palabras. (1891)

9. En Nochistlán, en el territorio de Guadalajara, en México, san Román Adame, presbítero y mártir, que durante la persecución contra la Iglesia fue martirizado por confesar a Cristo Rey. (1927)

El lector concluye diciendo:

Es preciosa a los ojos del Señor.

R./ La muerte de sus santos.

Si la lectura se hace en una hora menor se concluye ahora diciendo “Bendigamos al Señor” y su respuesta acostumbrada o con la conclusión que se encuentra más adelante.

Si la lectura se hace en Laudes o fuera de la Liturgia de las Horas se continúa como se recoge a continuación.

Lectura breve           Is 55, 6-7

Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras esté cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón.

Palabra de Dios

R./ Te alabamos, Señor.

Oración

V/. Santa María y todos los santos intercedan por nosotros ante el Señor, para que obtengamos de él ayuda y salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R./ Amén.

Conclusión

V./ El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Por la misericordia de Dios las almas de todos los fieles difuntos descansen en paz.

R./ Amén.

V./ Podéis ir en paz.

R./ Demos gracias a Dios.

Meditación – Martes II de Pascua

Hoy es martes II de Pascua.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 3, 7-15):

En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: «No te asombres de que te haya dicho: ‘Tenéis que nacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu». Respondió Nicodemo: «¿Cómo puede ser eso?». Jesús le respondió: «Tú eres maestro en Israel y ¿no sabes estas cosas? En verdad, en verdad te digo: nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero vosotros no aceptáis nuestro testimonio. Si al deciros cosas de la tierra, no creéis, ¿cómo vais a creer si os digo cosas del cielo? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna».

Hoy, Jesús nos expone la dificultad de prevenir y conocer la acción del Espíritu Santo: de hecho, «sopla donde quiere» (Jn 3,8). Esto lo relaciona con el testimonio que Él mismo está dando y con la necesidad de nacer de lo alto. «Tenéis que nacer de lo alto» (Jn 3,7), dice el Señor con claridad; es necesaria una nueva vida para poder entrar en la vida eterna. No es suficiente con un ir tirando para llegar al Reino del Cielo, se necesita una vida nueva regenerada por la acción del Espíritu de Dios. Nuestra vida profesional, familiar, deportiva, cultural, lúdica y, sobre todo, de piedad tiene que ser transformada por el sentido cristiano y por la acción de Dios. Todo, transversalmente, ha de ser impregnado por su Espíritu. Nada, absolutamente nada, debiera quedar fuera de la renovación que Dios realiza en nosotros con su Espíritu.

Una transformación que tiene a Jesucristo como catalizador. Él, que antes había de ser elevado en la Cruz y que también tenía que resucitar, es quien puede hacer que el Espíritu de Dios nos sea enviado. Él que ha venido de lo alto. Él que ha mostrado con muchos milagros su poder y su bondad. Él que en todo hace la voluntad del Padre. Él que ha sufrido hasta derramar la última gota de sangre por nosotros. Gracias al Espíritu que nos enviará, nosotros «podemos subir al Reino de los Cielos, por Él obtenemos la adopción filial, por Él se nos da la confianza de nombrar a Dios con el nombre de “Padre”, la participación de la gracia de Cristo y el derecho a participar de la gloria eterna» (San Basilio el Grande).

Hagamos que la acción del Espíritu tenga acogida en nosotros, escuchémosle, y apliquemos sus inspiraciones para que cada uno sea —en su lugar habitual— un buen ejemplo elevado que irradie la luz de Cristo.

Rev. D. Xavier SOBREVÍA i Vidal

Liturgia – Martes II de Pascua

MARTES II DE PASCUA, feria o SAN ANSELMO, obispo y doctor de la Iglesia, memoria libre

Misa de feria o de la memoria (blanco)

Misal: Para la feria antífonas y oraciones propias / para la memoria 1ª oración propia y el resto del común de pastores (para un obispo) o de doctores, o de la feria; Prefacio Pascual o de la memoria.

Leccionario: Vol. II

  • Hch 4, 32-37. Un solo corazón y una sola alma.
  • Sal 92.El Señor reina, vestido de majestad.
  • Jn 3, 7b-15.Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.

Antífona de entrada           Ap 19, 7. 6
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias, porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.

Monición de entrada y acto penitencial
Nuevamente nos hemos reunido, hermanos, para celebrar la Eucaristía en este tiempo de Pascua, en la que con alegría y regocijo damos gloria a Dios, porque el Señor ha establecido su reinado. Y si en la noche de la Pascua, renovamos nuestro Bautismo, nuestra unión con Jesús resucitado, comencemos la Eucaristía renovándola de nuevo por medio de la aspersión con el agua, pidiendo a Dios que nos llene con su gracia y con su amor.

(Aspersión con el agua bendita, bien desde el presbiterio, o por el templo)

Que Dios todopoderoso nos purifique del pecado y, por la celebración de esta Eucaristía, nos haga dignos de participar del banquete de su Reino.

Oración colecta
HAZNOS capaces, Dios todopoderoso,
de anunciar el poder de Cristo resucitado
para que poseamos en plenitud
los dones visibles
que hemos recibido como prenda de los futuros.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos, hermanos, al Padre, que con su poder nos creó y con su bondad nos ha salvado de la muerte, por la resurrección de su Hijo Jesucristo.

1.- Por la Iglesia, para que sea ante todos los hombres un testimonio de amor y de servicio, como lo fueron las primeras comunidades cristianas, roguemos al Señor.

2.- Por las vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada; para que Cristo resucitado suscite seguidores fieles y radicales a Él en todo el mundo. Roguemos al Señor.

3.- Por todos los hombres, para que nuestros tiempos sean pacíficos y los gobernantes logren superar con éxito los problemas que más perturban al mundo, roguemos al Señor.

4.- Por los más pobres y loso más débiles, por los enfermos, los moribundos, por los sometidos a prueba, por los no creyentes, roguemos al Señor.

5.- Por nosotros, para que, a ejemplo de la primitiva comunidad, sintamos la urgencia de vivir como hermanos y favorezcamos una comunidad de fe, esperanza y amor, roguemos al Señor.

Escucha, Padre, la oración de tus hijos y haz que experimenten siempre en sus vidas el gozo y la paz de Jesucristo resucitado, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas
CONCÉDENOS, Señor,
alegrarnos siempre por estos misterios pascuales
y que la actualización continua de tu obra redentora
sea para nosotros fuente de gozo incesante.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio pascual I

Antífona de comunión          Cf. Lc 24, 46. 26
Era necesario que el Mesías padeciera y resucitara de entre los muertos, para así entrar en su gloria. Aleluya.

Oración después de la comunión
ESCUCHA, Señor, nuestras oraciones
para que el santo intercambio de nuestra redención
nos sostenga durante la vida presente
y nos dé las alegrías eternas.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 21 de abril

SAN ANSELMO, obispo y doctor de la Iglesia († 1109)

El ilustre historiador cardenal Baronio llamó a nuestro Santo “la lumbrera del siglo XI y la Estrella de Inglaterra”.

Nació en la ciudad de Aosta, en el Piamonte italiano el 1033. Su padre se llamó Gondulfo y era ambicioso, apasionado y muy amigo del boato… Tenía puestas sus esperanzas humanas en su hijo. Su madre de origen quizá menos noble pero enriquecida con muchas dotes sobrenaturales y, sobre todo, muy buena educadora y una excelente cristiana. Ella fue quien mayormente influyó en la formación del pequeño como después lo recordará él mismo con gran alegría. Como también serán los monjes benedictinos los que tendrán gran parte en la formación de su espíritu, llegará a decir más tarde: «Todo lo que soy se lo debo a mi madre y a los monjes benedictinos». A veces su madre mostrándole las enormes alturas de los Alpes que parecían cortar los cielos en dos partes le decía: «Mira, hijo mío: Ahí comienza el reino de Dios. A este reino estamos nosotros llamados y a él llegaremos si somos buenos».

Su madre murió cuando más necesidad tenía de su ayuda. Su padre suplió en parte esta educación pero llevándolo con demasiada dureza. Es cierto que esto le ayudó a evitar el entregarse a la vida licenciosa que llevaban otros jóvenes de su edad, pero tampoco se sentía feliz porque se veía coartado de vivir la vida cristiana como él creía que debía hacerlo: como correspondía a los hijos de Dios. Tomó un criado y algunas provisiones y marchó vagabundo probando una y otra vida hasta que llegó al Monasterio de Bec, en Normandía, donde ya era famoso un compatriota suyo, Lanfranco de Pavía. Pidió ser admitido religioso y vistió el hábito a los veintisiete años. Pocos años después era nombrado Prior y después Abad de aquel célebre Monasterio. El ejemplo que en todo daba Anselmo era maravilloso. Se entregó a servir a todos con gran caridad. Se sentía feliz entregado a la oración y al estudio en el que estaba muy bien preparado porque había frecuentado las más importantes escuelas de su país.

Los años que pasó como Abad en Bec fueron verdaderamente fecundos. Se entregó de lleno a su misión de Padre bondadoso y de alentador de cuantas obras se realizaban en el Monasterio, pero aún le quedaba tiempo para escribir, y dar clases hasta el punto de que cuantos le trataban, y después por el fruto de sus obras podemos afirmar que era un profundo filósofo, teólogo y conocedor de las ciencias de su tiempo, llegando a ser uno de los Padres más importantes de la Edad Media. Amaba tiernamente a la Virgen María y sobre Ella, escribió preciosos tratados. Se le llamó «el segundo San Agustín», tan profundo era en sus escritos y en sus clases. Escribió el Proslogion, con el célebre argumento ontológico para demostrar la existencia de Dios.

Echó los cimientos de la Teología escolástica con sus ya famosas palabras «No busco entender para creer, pero creo para entender. Pues quien no cree no experimenta, y quien no experimenta, no cree».

Luchó también para desenmascarar a los enemigos de la Iglesia y de la fe cristianas. Refutó al racionalista Roscelino y al famoso Guillermo el Rojo le dijo en tono profético: «No te empeñes en uncir un toro con un cordero, porque no podrán trillar»… Esta profecía se cumplió cuando el 1093 era elegido para gobernar la diócesis de Cantorbery. El se opone, él es el manso cordero que todo lo quiere a las buenas y en paz. El toro es el mismo Guillermo II, altanero, déspota y simoníaco… contra el que deberá luchar para defender los derechos de la Iglesia. La lucha será dura y larga. Pero no importa. La unión con la Iglesia de Roma amenaza. Él será el adalid de la fidelidad y unión con el Papado. Con suavidad y a la vez con gran valor y energía, defiende la unión con el Papa sin importarle que lo destierren por dos veces. Lleno de méritos muere el 21 de Abril de 1109. Es el «héroe de la doctrina y virtud e intrépido en las lides de la fe».

Otros Santos de hoy: Silvio, Anastasio, Simeón, Ananías, Félix, Vidal…

Justo y Rafael Mª López-Melús

Laudes – Martes II de Pascua

LAUDES

MARTES II DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

SALMO 66: QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

¡Alegría!, ¡alegría!, ¡alegría!

La muerte, en huida,
ya va malherida.
Los sepulcros se quedan desiertos.
Decid a los muertos:
«¡Renace la Vida,
y la muerte ya va de vencida!»

Quien le lloró muerto
lo encontró en el huerto,
hortelano de rosas y olivos.
Decid a los vivos:
«¡Viole jardinero
quien le viera colgar del madero!»

Las puertas selladas
hoy son derribadas.
En el cielo se canta victoria.
Gritadle a la gloria
que hoy son asaltadas
por el hombre sus «muchas moradas». Amén.

SALMO 42: DESEO DEL TEMPLO

Ant. Os habéis acercado al monte Sión, cuidad del Dios vivo. Aleluya.

Hazme justicia, oh Dios, defiende mi causa
contra gente sin piedad,
sálvame del hombre traidor y malvado.

Tú eres mi Dios y protector,
¿por qué me rechazas?
¿por qué voy andando sombrío,
hostigado por mi enemigo?

Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada.

Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío.

¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Os habéis acercado al monte Sión, cuidad del Dios vivo. Aleluya.

CÁNTICO de ISAÍAS: ANGUSTIAS DE UN MORIBUNDO Y ALEGRÍA DE LA CURACIÓN

Ant. Tú, Señor, detuviste mi alma ante la tumba vacía.

Yo pensé: «En medio de mis días
tengo que marchar hacia las puertas del abismo;
me privan del resto de mis años.»

Yo pensé: «Ya no veré más al Señor
en la tierra de los vivos,
ya no miraré a los hombres
entre los habitantes del mundo.

Levantan y enrollas mi vida
como una tienda de pastores.
Como un tejedor, devanaba yo mi vida,
y me cortan la trama.»

Día y noche me estás acabando,
sollozo hasta el amanecer.
Me quiebras los huesos como un león,
día y noche me estás acabando.

Estoy piando como una golondrina,
gimo como una paloma.
Mis ojos mirando al cielo se consumen:
¡Señor, que me orimen, sal fiador por mí!

Me has curado, me has hecho revivir,
la amargura se me volvió paz
cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía
y volviste la espalda a todos mis pecados.

El abismo no te da gracias,
ni la muerte te alaba,
ni esperan en tu fidelidad
los que bajan a la fosa.

Los vivos, los visos son quienes te alaban:
como yo ahora.
El padre enseña a sus hijos tu fidelidad.

Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas
todos nuestros días en la casa del Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tú, Señor, detuviste mi alma ante la tumba vacía.

SALMO 64: SOLEMNE ACCIÓN DE GRACIAS

Ant. Tú has cuidado de nuestra tierra y la has enriquecido sin medida. Aleluya.

Oh Dios, tú mereces un himno en Sión,
+ y a ti se te cumplen los votos,
porque tú escuchas las súplicas.

A ti acude todo mortal
a causa de sus culpas;
nuestros delitos nos abruman,
pero tú los perdonas.

Dichoso el que tú eliges y acercas
para que viva en tus atrios:
que nos saciemos de los bienes de tu casa,
de los dones sagrados de tu templo.

Con portentos de justicia nos respondes,
Dios, salvador nuestro;
tú, esperanza del confín de la tierra
y del océano remoto;

tú que afianzas los montes con tu fuerza,
ceñido de poder;
tú que reprimes el estruendo del mar,
el estruendo de las olas
y el tumulto de los pueblos.

Los habitantes del extremo del orbe
se sobrecogen ante tus signos,
y a las puertas de la aurora y del ocaso
las llenas de júbilo.

Tú cuidas de la tierra, la riegas
y la enriqueces sin medida;
la acequia de Dios va llena de agua,
preparas los trigales;

riegas los surcos, igualas los terrones,
tu llovizna los deja mullidos,
bendices sus brotes;
coronas el año con tus bienes,
tus carriles rezuman abundancia;

rezuman los pastos del páramo,
y las colinas se orlan de alegría;
las praderas se cubren de rebaños,
y los valles se visten de mieses,
que aclaman y cantan.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tú has cuidado de nuestra tierra y la has enriquecido sin medida. Aleluya.

LECTURA: Hch 13, 30-33

Dios resucitó a Jesús de entre los muertos. Durante muchos días, se apareció a los que lo habían acompañado de Galilea a Jerusalén, y ellos son ahora sus testigos ante el pueblo. Nosotros os anunciamos que la promesa que Dios hizo a nuestros padres, nos la ha cumplido a los hijos resucitando a Jesús. Así está escrito en el salmo segundo: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy.»

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
V/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

R/ El que por nosotros colgó del madero.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último; yo soy el retoño y el vástago de David, la estrella luciente de la mañana. Aleluya.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último; yo soy el retoño y el vástago de David, la estrella luciente de la mañana. Aleluya.

PRECES

Oremos agradecidos a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, el Cordero inmaculado que quita el pecado mundo y nos comunica su vida nueva, y digámosle:

Autor de la vida, vivifícanos.

Dios, autor de la vida, acuérdate de la muerte y resurrección del Cordero inmolado en la cruz,
— y atiende su continua intercesión por nosotros.

Haz, Señor, que quitemos la levadura vieja de la corrupción y de la maldad,
— para que vivamos la Pascua de Cristo con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad.

Que sepamos rechazar hoy el pecado de discordia y de envidia,
— y seamos más sensibles a las necesidades de nuestros hermanos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Concédenos vivir auténticamente el espíritu evangélico,
— para que hoy y siempre sigamos el camino de tus mandamientos.

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:
Padre nuestro…

ORACION

Te pedimos, Señor, que nos hagas capaces de anunciar la victoria de Cristo resucitado, y pues en ella nos has dado la prenda de los dones futuros, haz que un día los poseamos en plenitud. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.