Notas para fijarnos en el evangelio – Domingo III de Pascua

• Estos dos discípulos (13), a diferencia de lo que sucede en otros relatos de apariciones, no reconocen a Jesús enseguida (16). Esto es una indicación de que para el encuentro con el Resucitado (31), no basta con la experiencia sensible. “Los ojos” de la fe “abiertos” (31), que miran lo que se ha experimentado, son absolutamente necesarios.

• Los dos se dirigen a Emaús, cuando ya ha resucitado el Maestro. Ellos algo han oído (24, 9.11), pero no se lo creen. Su situación anímica es de decepción, tristeza, abatimiento,… habían puesto su esperanza en Jesús como liberador de Israel, peor la muerte en cruz los ha desconcertado. Huyen de la ciudad, quizás temerosos de que les alcance la tragedia del Gólgota… y de repente se les agrega un viajero. Se cumple lo dicho en Mt 18,20: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos”.

• No caminan en silencio… trazan una historia de la vida del Maestro con énfasis en la pasión y muerte (19-24). Terminado este informe, Jesús les explica las Escrituras (la Historia del pueblo elegido, los Salmos, los Profetas), ofreciéndoles así la clave de todo lo acaecido en estos días: “era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria” (24,26). Esta explicación exegética de la Escritura les “enciende” el corazón (24,36) y les “ilumina” la mente (24,35); y la idea de un Mesías triunfante (nacional y político) queda sustituida por la del Mesías sufriente, Siervo de Yahvé anunciado por Isaías (Is 53,3ss).

• Las referencias del texto a la celebración eclesial de la Cena del Señor indican que la Eucaristía es lugar privilegiado de encuentro con Cristo Resucitado. Es en la Eucaristía —cuando reunidos en comunidad hemos presenciado los gestos de Jesús en la Última Cena y se nos ha repartido su pan— donde nos damos cuenta de que Él nos acompaña en el camino de la vida.

• Esta escena, que el Evangelista sitúa en el domingo de la Resurrección —”aquel mismo día” (13) se refiere al domingo (1) —expresa el proceso que puede hacer cualquier persona y que muchos lo hemos hecho o lo estamos haciendo: el proceso que lleva a descubrir que el Resucitado está presente en su vida; a descubrir (31) que ya estaba antes, cuando no lo reconocíamos (16). Es el proceso de la fe. Un proceso que se hace a través de alguien que acompaña en el camino (15ss), a través de la escucha de la Palabra, (27) y que ilumina la vida compartida (17-24), a través de los gestos-acciones-sacramentos (29-32), y  a través del testimonio compartido en la reunión de los que ya habían hecho esta experiencia (33-35).

• Este proceso descrito en la escena de Emaús es el que hará la persona que no conoce a Cristo y a la cual alguien se le acerca por el camino, para hacer camino juntos. El militante cristiano está llamado a acercarse a compañeros y compañeras del propio ambiente (trabajo, estudio, barrio…) para ser este acompañante.

• Aunque también es el proceso de los que, habiéndole ya conocido, necesitan redescubrirlo continuamente. Esto lo hacemos en la revisión de vida y en la Eucaristía dominical: acompañados por otros, escuchando juntos la Palabra, actuando y celebrando el sacramento, reuniéndonos en Iglesia-con la Iglesia. En fin, el evangelista presenta una síntesis de su-nuestra fe en Jesús.

• La misión: la experiencia del encuentro con Jesús los lanza de nuevo al camino. No importa la oscuridad de la noche. Se ha desvanecido el pesimismo de antes. Han releído “lo de Jesús” con las claves del Antiguo Testamento. Les urge contar a los demás la experiencia que han vivido. Tienen que volver a la COMUNIDAD y decirles a todos que el Señor Ha Resucitado.