Iglesia es amistad

1.- Jesús caminando con ellos les pregunta “qué habláis mientras vais de camino”. Y los discípulos, reconocido ya el Señor, se preguntan: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino?” Y al regresar a Jerusalén contaron lo que les había sucedido en el camino.

Es el evangelio, del camino, del caminar de la Iglesia primitiva, privada ya de la presencia corporal del Señor Jesús, del caminar en la Fe, de nuestro caminar.

Es el evangelio de la búsqueda de la voz del Señor en el único casete que nos queda de su Palabra, que es la Escritura, de reconocer sus inconfundibles gestos, sin contorno de color, al partir el pan de la Eucaristía, del palparle, sin tocarle en la realidad humana del grupo de sus amigos, donde prometió estar cuando se reúnen en su nombre.

Los discípulos de Emaús son el símbolo del caminar de la Fe de aquellos a los que el Señor llamo felices porque sin ver han creído. Los que van a encontrarle en sus tres presencias de resucitado: la Escritura, la Eucaristía y la comunidad de hermanos.

De estas tres maneras va a caminar el Señor Jesús a nuestro lado hasta el final de los tiempos, porque nunca vamos a estar solos.

2.- “Sígueme” que tantas veces dijo el Señor en su vida mortal, es la llamada de líder que va delante haciendo camino, como fue Jesús por campos y aldeas con tanta prisa que los discípulos con dificultad podían acomodar su paso ala rapidez del Suyo.

Pero llega el momento de las despedidas y Jesús les dice que ya no son siervos, soldados, seguidores que van detrás, sino amigos, porque el amigo ya no va delante, va hombro con hombro, “se puso a caminar con ellos”, charlando con el amigo, aceptando la invitación a cenar porque anochece, compañero en el camino y compañero en la mesa. Y así es con nosotros.

Y como el camino es según es el compañero que lo camina con nosotros, nuestro camino de fe debería ser animoso, alegre, nunca solitario porque nuestro compañero de camino es el Señor Jesús.

3.- Y como los discípulos de Emaús reconocieron a Jesús en quien caminaba con ellos, tenemos que reconocer al Señor en el caminante que va a nuestro lado, ése que cansa y sufre con nosotros, ése que nos interroga “de que habláis”, ese que cada día tiene rostro y figura distinta, que un día es joven y otro anciano, un día es hombre y otro día es mujer, ése que unas veces acepta nuestra invitación a cenar y otras pasa de largo.

Ése es y en ése está el Jesús resucitado, el que hoy vive, el que no hay que buscar en la tumba sino en la vida de cada día.

Y porque el compañero de nuestro caminar es el Señor, tenemos que saber ser compañeros de camino de nuestros hermanos, amigos de Sus amigos, compartiendo la fatiga de las dos millas de camino y sus problemas y preocupaciones… “Por qué andáis tristes”

Tenemos que aprender que Iglesia es amistad, es compañía, no es aislamiento de oración, sino compartir el pan de una misma mesa en la que Jesús es comensal y es alimento.

José María Maruri, SJ