Meditación – Viernes II de Pascua

Hoy es viernes II de Pascua.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 6, 1-15):

En aquel tiempo, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades, y mucha gente le seguía porque veían las señales que realizaba en los enfermos. Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos. Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia Él mucha gente, dice a Felipe: «¿Dónde vamos a comprar panes para que coman éstos?». Se lo decía para probarle, porque Él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco». Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?».

Dijo Jesús: «Haced que se recueste la gente». Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil. Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda». Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. Al ver la gente la señal que había realizado, decía: «Éste es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo». Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte Él solo.

Hoy leemos el Evangelio de la multiplicación de los panes: «Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron» (Jn 6,11). El agobio de los Apóstoles ante tanta gente hambrienta nos hace pensar en una multitud actual, no hambrienta, sino peor aún: alejada de Dios, con una “anorexia espiritual”, que impide participar de la Pascua y conocer a Jesús. No sabemos cómo llegar a tanta gente… Aletea en la lectura de hoy un mensaje de esperanza: no importa la falta de medios, sino los recursos sobrenaturales; no seamos “realistas”, sino “confiados” en Dios. Así, cuando Jesús pregunta a Felipe dónde podían comprar pan para todos, en realidad «se lo decía para probarle, porque Él sabía lo que iba a hacer» (Jn 6,5-6). El Señor espera que confiemos en Él.

Al contemplar esos “signos de los tiempos”, no queremos pasividad (pereza, languidez por falta de lucha…), sino esperanza: el Señor, para hacer el milagro, quiere la dedicación de los Apóstoles y la generosidad del joven que entrega unos panes y peces. Jesús aumenta nuestra fe, obediencia y audacia, aunque no veamos enseguida el fruto del trabajo, como el campesino no ve despuntar el tallo después de la siembra. «Fe, pues, sin permitir que nos domine el desaliento; sin pararnos en cálculos meramente humanos. Para superar los obstáculos, hay que empezar trabajando, metiéndonos de lleno en la tarea, de manera que el mismo esfuerzo nos lleve a abrir nuevas veredas» (San Josemaría), que aparecerán de modo insospechado.

No esperemos el momento ideal para poner lo que esté de nuestra parte: ¡cuanto antes!, pues Jesús nos espera para hacer el milagro. «Las dificultades que presenta el panorama mundial en este comienzo del nuevo milenio nos inducen a pensar que sólo una intervención de lo alto puede hacer esperar un futuro menos oscuro», escribió San Juan Pablo II. Acompañemos con el Rosario a la Virgen, pues su intercesión se ha hecho notar en tantos momentos delicados por los que ha surcado la historia de la Humanidad.

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench

Martirologio 24 de abril

ELOGIOS DEL 24 DE ABRIL

1.- Si la lectura tiene lugar dentro de la Liturgia de las Hojas se hace después de la oración conclusiva de Laudes o cualquiera de las horas menores.

El lector comienza inmediatamente por la mención del día.*

2.- Si la lectura no tiene lugar dentro de la Liturgia de las Hojas, reunida la asamblea, bien en el coro, bien en capítulo o bien en la mesa, el lector comienza inmediatamente por la mención del día.*

Los elogios de los santos de cualquier día han de leerse siempre el día precedente.

*El lector hace la mención del día:

Día 24 de abril

Lectura de los elogios del día

Los elogios de los santos o beatos indicados con asterisco se leen solamente en las diócesis o en las familias religiosas a las que ha sido concedido el culto de ese santo o beato. 

1. San Fidel de Sigmaringa, presbítero y mártir, que, siendo abogado, decidió entrar en la Orden los Hermanos Menores Capuchinos, donde llevó una vida observante de vigilias y oraciones. Asiduo en la predicación de la Palabra de Dios, fue enviado a la región de Recia para consolidar la verdadera doctrina, y por su fe católica, en Sevis, en Suiza, sufrió el martirio por obra de algunos herejes. (1622)

2. En Jerusalén, conmemoración de las santas mujeres María de Cleofás y Salomé, al amanecer del día de Pascua, se dirigieron al sepulcro del Señor para ungir su cuerpo y allí recibieron el primer anuncio de la Resurrección. (s. I)

3. En Lyon, ciudad de la Galia, hoy Francia, san Alejandro, mártir, que, tres días después de la pasión de san Epipodio, fue sacado de la cárcel, azotado y clavado en una cruz hasta expirar. (178)

4. En Nicomedia, en Bitinia, actualmente Turquía, san Antimo, obispo, y compañeros, mártires en la persecución bajo el emperador Diocleciano. Antimio, por confesar a Cristo, recibió la gloria del martirio al ser decapitado, y de la multitud de fieles de su grey, unos fueron también decapitados, otros quemados vivos y los restantes llevados a alta mar en pequeñas embarcaciones para ser ahogados. (303)

5. En Illiberis, actual Elvira, en la Hispania Bética, san Gregorio, obispo, cuya obra titulada Sobre la Fe fue alabada por san Jerónimo. (s. IV)

6*. En las cercanías de Blois, en la Glia Lugdnense, hoy Francia, san Deodato, diácono y abad, que, después de llevar vida de anacoreta, fue guía de un grupo de discípulos que en este lugar se habían reunido en torno a él. (s. VI)

7. En Cantorbery, en Inglaterra, san Melito, obispo, que enviado a Inglaterra por el papa san Gregorio Magno como abad, fue ordenado allí obispo de los sajones orientales por san Agustín, y finalmente, tras sufrir muchas tribulaciones, accedió a la sede de Cantorbery. (624)

8. En York, en Northumbría, en el actual Reino Unido, san Wilfrido, obispo, que durante cuarenta y cinco años ejerció con gran empeño su ministerio, y obligado a ceder su sede, terminó en paz sus días entre los monjes de Ripon, de quienes fue abad durante un tiempo. (709)

9. En la isla de Iona, en Escocia, san Egberto, presbítero y monje, que se ocupó con didcación a evangelizar varias regiones de Europa y, ya anciano, reconcilió a los monjes de Iona con el uso romano del cómputo pascual, celebrando su Pascua eterna al término de la Misa de la solemnidad. (729)

10*. En Mortain, en la región de Normandía, en Francia, san Guillermo Firmato, eremita, que, canónigo y médico en Tours, tras una peregrinación a Jerusalén se retiró a la soledad hasta su muerte. (1103)

11. En Angers, de nuevo en Francia, santa María de Santa Eufrasia (Rosa Virginia) Pelletier, virgen, que para acoger piadosamente a las mujeres de vida descarriada, que ella denominaba “Magdalenas”, fundó el Instituto de Hermanas del Buen Pastor. (1868)

12. En Dinan, también en Francia, san Benito (Ángel) Menni, presbítero de la Orden Hospitalaria San Juan de Dios, fundador de la Congregación de Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús. (1914)

13*. En Roa, beata María Elisabet Hesselbald, virgen, que, oriunda de Suecia, tras haber prestado servicio duende largo tiempo en un hospital, reformó la Orden de Santa Brígida, dedicándose particularmente a la contemplación, a la caridad para con los necesitados y a la unidad de los cristianos. (1957)

El lector concluye diciendo:

Es preciosa a los ojos del Señor.

R./ La muerte de sus santos.

Si la lectura se hace en una hora menor se concluye ahora diciendo “Bendigamos al Señor” y su respuesta acostumbrada o con la conclusión que se encuentra más adelante.

Si la lectura se hace en Laudes o fuera de la Liturgia de las Horas se continúa como se recoge a continuación.

Lectura breve           Is 55, 6-7

Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras esté cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón.

Palabra de Dios

R./ Te alabamos, Señor.

Oración

V/. Santa María y todos los santos intercedan por nosotros ante el Señor, para que obtengamos de él ayuda y salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R./ Amén.

Conclusión

V./ El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Por la misericordia de Dios las almas de todos los fieles difuntos descansen en paz.

R./ Amén.

V./ Podéis ir en paz.

R./ Demos gracias a Dios.

Liturgia – Viernes II de Pascua

VIERNES II DE PASCUA, feria o SAN FIDEL DE SIGMARINGA, presbítero y mártir, memoria libre

Misa de feria (blanco) o de la memoria (rojo)

Misal: Para la feria antífonas y oraciones propias / para la memoria 1ª oración propia y el resto del común de mártires (de un mártir en Tiempo de Pascua) o de pastores (para un pastor), o de la feria; Prefacio Pascual o de la memoria.

Leccionario: Vol. II

  • Hch 5, 34-42. Salieron contentos de haber merecido aquel ultraje por el Nombre.
  • Sal 26.Una cosa pido al Señor: habitar en su casa.
  • Jn 6, 1-15.Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron.

Antífona de entrada           Ap 5, 9-10
Señor, con tu sangre has adquirido para Dios hombres de toda tribu, lengua, pueblo y nación; y has hecho de ellos para nuestro Dios un reino de sacerdotes. Aleluya.

Monición de entrada y acto penitencial
Siempre que celebramos la Eucaristía, recordamos que con su Sangre, el Señor Jesús ha comprado para Dios hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación; y que ha hecho de ellos una dinastía sacerdotal que sirva a Dios. Comencemos, por tanto, la celebración de la Eucaristía recordando, por medio de la aspersión con el agua bendita, ese bautismo que nos hizo hijos de Dios y miembros de esa dinastía sacerdotal.

(Aspersión con el agua bendita, bien desde el presbiterio, o por el templo)

Que Dios todopoderoso nos purifique del pecado y, por la celebración de esta Eucaristía, nos haga dignos de participar del banquete de su Reino.

Oración colecta
OH, Dios, esperanza y luz de las almas sinceras,
te pedimos humildemente
que concedas a nuestros corazones
realizar una plegaria digna de ti
y que siempre te glorifiquemos
con la ofrenda de nuestras alabanzas.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Hermanos, oremos con fe al Padre, que ha resucitado a Jesucristo de entre los muertos y nos ha resucitado a nosotros juntamente con Él.

1.- Por la Iglesia, para que, con su alegría, dé testimonio perseverante de la resurrección de Jesucristo. Roguemos al Señor.

2.- Por las vocaciones sacerdotales y religiosas; para que la fuerza de Cristo resucitado empuje a muchos jóvenes a seguirle entregándole su vida por entero. Roguemos al Señor.

3.- Por todos los hombres que se esfuerzan con el estudio o el trabajo en hacer progresar el mundo y acrecentar los bienes de la creación. . Roguemos al Señor.

4.- Por los que en medio de sus pruebas se sienten abatidos, para que descubran la fuerza de Cristo viviente y vean iluminado su camino. . Roguemos al Señor.

5.- Por todos nosotros, para que nuestra vida sea coherente con nuestra fe y nuestra esperanza. Roguemos al Señor.

Señor, encamina hacia Ti el corazón de tus hijos, para que cuantos han sido librados de las tinieblas de la infidelidad, no se aparten jamás de tu luz. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
ACOGE, Señor, con bondad
las ofrendas de tu familia,
para que, bajo tu protección,
no pierda los dones ya recibidos
y alcance los eternos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio pascual

Antífona de comunión          Cf. Rom 4, 25
Cristo nuestro Señor fue entregado por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación. Aleluya.

Oración después de la comunión
G
UARDA, Señor, con tu amor constante

a los que has salvado,
para que los redimidos por la pasión de tu Hijo
se alegren con su resurrección.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Santoral 24 de abril

SAN FIDEL DE SIGMARINGA, presbítero y mártir († 1622)

Entre los capuchinos es muy popular una cuarteta humorística dedicada a San Fidel, que dice así: “Santo es hoy quien fue abogado. ¡Obra del poder divino! Le costó ser capuchino y morir martirizado”.

Aun siendo bastante joven gozó de tanta fama y renombre entre sus condiscípulos y profesores de la Universidad de Friburgo que le conocían como “el filósofo cristiano”. Toda su vida se podía resumir en aquella famosa frase que camino de Mayenfeld dijo a un compañero: “Dos cosas pido a Dios de corazón: Pasar la vida sin ofenderle y derramar mi sangre por la fe católica”. La segunda se la concederá el Señor y podemos presumir que también alcanzó, con la ayuda de la gracia y su colaboración, su primer deseo.

Nació en Sigmaringa, pequeña ciudad de Suabia, a orillas del Danubio, el año 1577 y pasó la mayor parte de su vida entre Alemania y Suiza. Eran aquellos tiempos estas dos naciones centros de luchas encarnadas entre católicos y protestantes. En este ambiente de lucha, a veces de flagrantes faltas de caridad, se desenvolvió la vida de nuestro héroe. Esto ayudó a que cada uno de los partidarios de estas religiones o reformas, procurara vivir más aislado de los otros y más entregado a su propia fe. Asi sucedía con el hogar formado por Juan Rey y Genoveva Rosemberger que fueron los padres de Marcos Rey, como se llamará nuestro Santo hasta que cambie su nombre por el de Fidel cuando vista el hábito de religioso capuchino—4 de octubre de 1612—. Al imponerle el nombre, el P. Guardián, como queriendo jugar con el significado del nombre, le recordó la frase del Apocalipsis que el tiempo se encargará de hacer que sea profética: “Sé fiel—Fidel—hasta la muerte y te daré la corona de la vida”.

Marcos Rey se doctoró en leyes y gozó de una bien merecida fama de abogado, siempre dispuesto a ayudar a los más pobres y necesitados. Por ello fue llamado “el abogado de los pobres”. Pero fueron unas palabras de un compañero suyo que le habló con tan poca seriedad de la abogacía y que de nada servía la justicia humana, por lo que decidió tomar otro camino. Esto sucedía por el 1611 y al año siguiente ya abrazaba la vida religiosa a sus treinta y cinco años. Se entregó de lleno a su formación teológica pero, sobre todo, a su formación ascética y piadosa: Pasaba horas en la oración y castigaba su cuerpo con rigurosas penitencias.

Su herencia y cuanto tiene lo entrega a los pobres. Predica, da misiones, atiende a todos, especialmente a los más necesitados, por eso exclamaba lleno de gozo: “He dado a Dios los bienes de la tierra y Él me da el reino de los cielos. ¿Puede haber permuta más ventajosa?”.

Con su palabra lacera—como espada de doble filo que dice la Sagrada Escritura—a los que afean el rostro de su Madre la iglesia. El no cuida su estilo ni le interesan sus adornos al hablar. Va directamente al grano. Toca en el corazón. El Señor le acompaña obrando muchos milagros por medio de su predicación y de sus obras de caridad.

El Papa Gregorio XV había fundado aquellos días—1622—la Sagrada Congregación de Propaganda Fide para extender el conocimiento de la doctrina de Jesús por todos los países del mundo, sobre todo, los infieles y pedía voluntarios. E1 14 de abril de 1622 se despedía Fidel de los suyos y les dijo que “pronto tendría el gozo de derramar la sangre por Jesucristo”. Diez dias después, el domingo 24, los herejes Grisones mientras estaba predicando la palabra de Dios con energía y sin miedo, descargaron una espada contra él y cayó desplomado al suelo. Aún pudo ponerse de rodillas y exclamó: “Jesús, María, valedme” y expiró. Era el 24 de abril de 1622. Es el Protomártir de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide.

Otros Santos de hoy: Gregorio, Eufrasia, Sabas, Eusebio, Alejandro, Honorio…

Justo y Rafael Mª López-Melús

Laudes – Viernes II de Pascua

LAUDES

VIERNES II DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

SALMO 66: QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unión con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.

«¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,

los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.»

Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa. Amén. Aleluya.

SALMO 50: MISERICORDIA, DIOS MÍO

Ant. ¡Ánimo, hijo!, tus pecados están perdonados. Aleluya.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

¡Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. ¡Ánimo, hijo!, tus pecados están perdonados. Aleluya.

CÁNTICO de HABACUC: JUSTICIA DE DIOS

Ant. Tú, Señor, has salido con Cristo a salvar a tu pueblo. Aleluya.

Señor, he oído tu fama,
me ha impresionado tu obra.
En medio de los años, realízala;
en medio de los años, manifiéstala;
en el terremoto, acuérdate de la misericordia.

El Señor viene de Temán;
el Santo, del monte Farán:
su resplandor eclipsa el cielo,
la tierra se llena de su alabanza;
su brillo es como el día,
su mano destella velando su poder.

Sales a salvar a tu pueblo,
a salvar a tu ungido;
pisas el mar con tus caballos,
revolviendo las aguas del océano.

Lo escuché y temblaron mis entrañas,
al oírlo se estremecieron mis labios;
me entró un escalofrío por los huesos,
vacilaban mis piernas al andar;
gimo ante el día de angustia
que sobreviene al pueblo que nos oprime.

Aunque la higuera no echa yemas
y las viñas no tienen fruto,
aunque el olivo olvida su aceituna
y los campos no dan cosechas,
aunque se acaban las ovejas del redil
y no quedan vacas en el establo,
yo exultaré con el Señor,
me gloriaré en Dios, mi salvador.

El Señor soberano es mi fuerza,
él me da piernas de gacela
y me hace caminar por las alturas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tú, Señor, has salido con Cristo a salvar a tu pueblo. Aleluya.

SALMO 147: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN

Ant. Alaba a tu Dios, Sión, que ha puesto paz en tus fronteras. Aleluya.

Glorifica al Señor, Jerusalén;
+ alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;

hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Alaba a tu Dios, Sión, que ha puesto paz en tus fronteras. Aleluya.

LECTURA: Hch 5, 30-32

El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios los exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor ha resucitado del sepulcro Aleluya, aleluya.
V/ El Señor ha resucitado del sepulcro Aleluya, aleluya.

R/ El que por nosotros colgó del madero.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor ha resucitado del sepulcro Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados. Aleluya.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados. Aleluya.

PRECES

Dirijamos nuestra oración a Dios Padre, que por el Espíritu resucitó a Jesús de entre los muertos y vivificará también nuestros cuerpos mortales, y digámosle:

Vivifícanos, Señor, con tu Espíritu Santo

Padre santo, tú que al resucitar a tu Hijo de entre los muertos manifestaste que habías aceptado su sacrificio
— acepta también la ofrenda de nuestro día y condúcenos a la plenitud de la vida.

Bendice, Señor, las acciones de este día
— y ayúdanos a buscar en ellas tu gloria y el bien de nuestros hermanos.

Que el trabajo de hoy sirva para la edificación de un mundo nuevo
— y nos conduzca también a tu reino eterno.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Te pedimos, Señor, que nos hagas estar siempre solícitos del bien de los hombres,
— y que nos ayudes a amarnos mutuamente.

Unidos a Jesucristo, supliquemos ahora al Padre con la oración de los hijos de Dios:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que, para librarnos del poder del enemigo, quisiste que tu Hijo muriera en la cruz, concédenos alcanzar la gracia de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.