Santoral 24 de abril

SAN FIDEL DE SIGMARINGA, presbítero y mártir († 1622)

Entre los capuchinos es muy popular una cuarteta humorística dedicada a San Fidel, que dice así: “Santo es hoy quien fue abogado. ¡Obra del poder divino! Le costó ser capuchino y morir martirizado”.

Aun siendo bastante joven gozó de tanta fama y renombre entre sus condiscípulos y profesores de la Universidad de Friburgo que le conocían como “el filósofo cristiano”. Toda su vida se podía resumir en aquella famosa frase que camino de Mayenfeld dijo a un compañero: “Dos cosas pido a Dios de corazón: Pasar la vida sin ofenderle y derramar mi sangre por la fe católica”. La segunda se la concederá el Señor y podemos presumir que también alcanzó, con la ayuda de la gracia y su colaboración, su primer deseo.

Nació en Sigmaringa, pequeña ciudad de Suabia, a orillas del Danubio, el año 1577 y pasó la mayor parte de su vida entre Alemania y Suiza. Eran aquellos tiempos estas dos naciones centros de luchas encarnadas entre católicos y protestantes. En este ambiente de lucha, a veces de flagrantes faltas de caridad, se desenvolvió la vida de nuestro héroe. Esto ayudó a que cada uno de los partidarios de estas religiones o reformas, procurara vivir más aislado de los otros y más entregado a su propia fe. Asi sucedía con el hogar formado por Juan Rey y Genoveva Rosemberger que fueron los padres de Marcos Rey, como se llamará nuestro Santo hasta que cambie su nombre por el de Fidel cuando vista el hábito de religioso capuchino—4 de octubre de 1612—. Al imponerle el nombre, el P. Guardián, como queriendo jugar con el significado del nombre, le recordó la frase del Apocalipsis que el tiempo se encargará de hacer que sea profética: “Sé fiel—Fidel—hasta la muerte y te daré la corona de la vida”.

Marcos Rey se doctoró en leyes y gozó de una bien merecida fama de abogado, siempre dispuesto a ayudar a los más pobres y necesitados. Por ello fue llamado “el abogado de los pobres”. Pero fueron unas palabras de un compañero suyo que le habló con tan poca seriedad de la abogacía y que de nada servía la justicia humana, por lo que decidió tomar otro camino. Esto sucedía por el 1611 y al año siguiente ya abrazaba la vida religiosa a sus treinta y cinco años. Se entregó de lleno a su formación teológica pero, sobre todo, a su formación ascética y piadosa: Pasaba horas en la oración y castigaba su cuerpo con rigurosas penitencias.

Su herencia y cuanto tiene lo entrega a los pobres. Predica, da misiones, atiende a todos, especialmente a los más necesitados, por eso exclamaba lleno de gozo: “He dado a Dios los bienes de la tierra y Él me da el reino de los cielos. ¿Puede haber permuta más ventajosa?”.

Con su palabra lacera—como espada de doble filo que dice la Sagrada Escritura—a los que afean el rostro de su Madre la iglesia. El no cuida su estilo ni le interesan sus adornos al hablar. Va directamente al grano. Toca en el corazón. El Señor le acompaña obrando muchos milagros por medio de su predicación y de sus obras de caridad.

El Papa Gregorio XV había fundado aquellos días—1622—la Sagrada Congregación de Propaganda Fide para extender el conocimiento de la doctrina de Jesús por todos los países del mundo, sobre todo, los infieles y pedía voluntarios. E1 14 de abril de 1622 se despedía Fidel de los suyos y les dijo que “pronto tendría el gozo de derramar la sangre por Jesucristo”. Diez dias después, el domingo 24, los herejes Grisones mientras estaba predicando la palabra de Dios con energía y sin miedo, descargaron una espada contra él y cayó desplomado al suelo. Aún pudo ponerse de rodillas y exclamó: “Jesús, María, valedme” y expiró. Era el 24 de abril de 1622. Es el Protomártir de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide.

Otros Santos de hoy: Gregorio, Eufrasia, Sabas, Eusebio, Alejandro, Honorio…

Justo y Rafael Mª López-Melús