Los tres lugares para encontrarse con Cristo

1. La tercera lectura de este domingo nos trae el relato de Lucas que no constata la experiencia que, con Jesús resucitado, tuvieron dos de sus seguidores, seguidores que iban de Jerusalén a Emaús. Reproduzcamos la conversación. Uno de los dos que hablan con Jesús es un optimista integral, el otro (como contraste) es un pesimista total; Jesús pregunta qué ha pasado.

El optimista dice: Lo referente a Jesús, el nazareno, un profeta, poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo.

El pesimista agrega: Y cómo nuestros pontífices y magistrados lo condenaron a muerte y lo crucificaron.

El pesimista añade: Pero ya pasaron tres días y nada.

El optimista dice: Es cierto que algunas de nuestras mujeres fueron al sepulcro hoy temprano, no encontraron el cuerpo y dicen que nos ángeles les han dicho que él está vivo. También fueron algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron todo como las mujeres dijeron.

El pesimista agrega: Pero a él no lo han visto.

2. El relato entero quiere responder a la pregunta de “¿dónde encontrarlo vivo y actuante?”, puesto que se ya sabemos que está vivo. Lucas responde: ¿quieres encontrarte con Cristo resucitado? Sólo hay tres “lugares” en donde puedes encontrarte con Cristo resucitado: la Sagrada Escritura (porque El es la Palabra de Dios); en el partir del pan, en el doble sentido de la Eucaristía y cada vez que compartimos el pan con alguien (Eucaristía y sentido social); en la comunidad (por eso se les aparece apenas se juntan con los once otra vez; los once eran la comunidad primera representada oficialmente en un solo grupo).

Los discípulos de Emaús fueron con El todo el camino y no lo reconocieron, hasta que “alguien” hace con ellos lo que Cristo hubiera hecho. Es Él, pero tienen que aprender a reconocerlo como ahora está. Está de una manera diferente, pero es Él. Los relatos que siguen intentan resolver los problemas que suscita esta manera diferente en que ahora, resucitado, está. Dios había tomado una carne, la de Jesús de Nazaret, con la encarnación, con la resurrección Dios nos revela que ha tomado toda la carne y la ha hecho suya; lo que Dios ha unido, por la encarnación y la resurrección, no lo puede separar el hombre.

3. La primera lectura, tomada de los Hechos de los Apóstoles, nos trae el comienzo del primer mensaje y anuncio del Evangelio tal y como lo predicaban los apóstoles; lo que los especialistas llaman, en teología, “el kerygma”; el mensaje del que se originó todo lo que ahora conocemos como los Evangelios. Preguntémonos honradamente: ¿Somos testigos, con nuestra vida y palabras, de la resurrección de Jesucristo, de cómo Dios lo ha reivindicado como justo delante de todo el mundo, a pesar de haber sido condenado por los representantes del poder civil y del poder religioso?

La segunda lectura, de la primera carta de Pedro, no hace sino remachar la idea de la resurrección-glorificación de Jesús, que es lo que nos hace conocer que podemos poner nuestra fe y nuestra esperanza en el Dios que resucita a los muertos. Preguntémonos, para terminar, ¿en qué Dios creemos?, ¿en el Dios que se nos revela en Cristo, en un Dios que reivindica los justos y su causa, o en un Dios que vive ajeno, paralelo a la historia humana? ¿Predicamos, con obras y palabras, la resurrección o se nos va el tiempo en hablar de la muerte, del pecado, de Satanás?

4. La misión de la comunidad cristiana es desandar el camino de Emaús, gritar la verdad de Cristo, decir a todos los que buscan que Él se deja encontrare, decir a todos los que se sienten solos que Él se deja invitar, decir a todos los que dudan que a Cristo se le reconoce en la palabra y en la fracción del pan.

Antonio Díaz Tortajada