Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos “Apostolorum Successores”

47. Las dotes humanas.

En el ejercicio de su potestad sagrada, el Obispo debe mostrarse rico en humanidad, como Jesús, que es perfecto hombre. Por eso, en su comportamiento deben brillar aquellas virtudes y dotes humanas que brotan de la caridad y que son justamente apreciadas en la sociedad. Tales dotes y virtudes humanas ayudan a la prudencia pastoral y hacen que se traduzca continuamente en actos de sabia cura de almas y de buen gobierno.(134)

Entre estas dotes se recuerdan: una rica humanidad, un ánimo bueno y leal, un carácter constante y sincero, una mente abierta y perspicaz, sensible a las alegrías y sufrimientos ajenos, una amplia capacidad de autocontrol, gentileza, paciencia y discreción, una sana propensión al diálogo y a la escucha, una habitual disposición al servicio.(135) El Obispo debe cultivar siempre y hacer crecer constantemente estas cualidades.


134 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dogmática Lumen Gentium, 24-27; Decreto Christus Dominus 13; 16; 28.

135 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decreto Presbyterorum Ordinis, 3.