Meditación – Jueves III de Pascua

Hoy es Jueves III de Pascua (Jn 6, 44-51):

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; éste es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo».

Hoy cantamos al Señor de quien nos viene la gloria y el triunfo. El Resucitado se presenta a su Iglesia con aquel «Yo soy el que soy» que lo identifica como fuente de salvación: «Yo soy el pan de la vida» (Jn 6,48). En acción de gracias, la comunidad reunida en torno al Viviente lo conoce amorosamente y acepta la instrucción de Dios, reconocida ahora como la enseñanza del Padre. Cristo, inmortal y glorioso, vuelve a recordarnos que el Padre es el auténtico protagonista de todo. Los que le escuchan y creen viven en comunión con el que viene de Dios, con el único que le ha visto y, así, la fe es comienzo de la vida eterna.

El pan vivo es Jesús. No es un alimento que asimilemos en nosotros, sino que nos asimila a nosotros. Él nos hace tener hambre de Dios, sed de escuchar su Palabra que es gozo y alegría del corazón. La Eucaristía es anticipación de la gloria celestial: «Partimos un mismo pan, que es remedio de inmortalidad, antídoto para no morir, para vivir por siempre en Jesucristo» (San Ignacio de Antioquía). La comunión con la carne del Cristo resucitado nos ha de acostumbrar a todo aquello que baja del cielo, es decir, a pedir, a recibir y asumir nuestra verdadera condición: estamos hechos para Dios y sólo Él sacia plenamente nuestro espíritu.

Pero este pan vivo no sólo nos hará vivir un día más allá de la muerte física, sino que nos es dado ahora «por la vida del mundo» (Jn 6,51). El designio del Padre, que no nos ha creado para morir, está ligado a la fe y al amor. Quiere una respuesta actual, libre y personal, a su iniciativa. Cada vez que comamos de este pan, ¡adentrémonos en el Amor mismo! Ya no vivimos para nosotros mismos, ya no vivimos en el error. El mundo todavía es precioso porque hay quien continúa amándolo hasta el extremo, porque hay un Sacrificio del cual se benefician hasta los que lo ignoran.

Rev. D. Pere MONTAGUT i Piquet

Liturgia – Jueves III de Pascua

JUEVES III DE PASCUA, feria o SAN PÍO V, papa, memoria libre

Misa de feria o de la memoria (blanco)

Misal: Para la feria antífonas y oraciones propias / para la memoria 1ª oración propia y el resto del común de pastores (para un papa) o de la feria. Prefacio Pascual o de la memoria.

Leccionario: Vol. II

  • Hch 8, 26-40. Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?
  • Sal 65.Aclamad al Señor, tierra entera.
  • Jn 6, 44-51. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo.

Antífona de entrada           Cf. Ex 15, 1-2
Cantemos al Señor; gloriosa es su victoria. Mi fuerza y mi alabanza es el Señor, él fue mi salvación. Aleluya. 

Monición de entrada y acto penitencial
En la Eucaristía que diariamente celebramos en el tiempo de Pascua, recordamos, entre otras cosas, que por medio del Bautismo fuimos injertados en la vida de Jesús; y empezamos a formar parte de su familia. Por eso iniciamos la celebración de la Eucaristía con la aspersión del agua bendita, que nos evoca y recuerda aquel momento decisivo y crucial en nuestras vidas.

(Aspersión con el agua bendita, bien desde el presbiterio, o por el templo)

Que Dios todopoderoso nos purifique del pecado y, por la celebración de esta Eucaristía, nos haga dignos de participar del banquete de su Reino.

Oración colecta
DIOS todopoderoso y eterno,
concédenos experimentar más de cerca tu amor,
que, por tu bondad, hemos conocido con mayor profundidad
en estos días de Pascua,
y afianza en el testimonio de la verdad
a quienes has librado de las tinieblas del error.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Invoquemos, hermanos, con todo el ardor de nuestro espíritu, a Dios nuestro Padre, por medio de nuestro Señor Jesucristo, triunfador glorioso del pecado y de la muerte.

1.- Para que llene con sus dones a la santa Iglesia, purificada con la sangre de Cristo y glorificada con su exaltación. Roguemos al Señor.

2.- Para que conceda a nuestra diócesis abundantes y santas vocaciones al ministerio sacerdotal para anunciar en ella el evangelio. Roguemos al Señor.

3.-Para que conceda al mundo la paz; a todos los pueblos, creciente desarrollo; a los marginados, la justicia, y a los esposos, la fidelidad. Roguemos al Señor.

4.- Para que cure las enfermedades, desaparezca el hambres y aleje todos los males. Roguemos al Señor.

5.- Para que Cristo salve y bendiga a esta parroquia (comunidad), que ha sido redimida con el misterio de su cruz y resurrección. Roguemos al Señor.

Oh Dios, que por el árbol de la cruz restableciste la antigua dignidad del hombre, concédenos el auxilio de los bienes que te pedimos para que conservemos siempre la alegría pascual los que hemos renacido del Espíritu Santo. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
DIOS todopoderoso y eterno,
concédenos experimentar más de cerca tu amor,
que, por tu bondad, hemos conocido con mayor profundidad
en estos días de Pascua,
y afianza en el testimonio de la verdad
a quienes has librado de las tinieblas del error.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Prefacio pascual

Antífona de comunión          Cor 5, 15
Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos. Aleluya.

Oración después de la comunión
A
SISTE, Señor, a tu pueblo

y haz que pasemos del antiguo pecado
a la vida nueva
los que hemos sido alimentados
con los sacramentos del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo
M
ULTIPLICA, Señor,

sobre tus fieles la gracia del cielo,
y así quienes te alaban con los labios
te alaben también con el corazón y con la vida,
y ya que cuanto somos en don tuyo,
sea también tuyo todo cuanto vivamos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 30 de abril

SAN PÍO V, papa († 1572)

En el norte de Italia, entre Génova y los Alpes, se muestra al turista una humilde casita, blanca y bien cuidada, en la que el día de San Antonio, 17 de enero de 1504, nacía Antonio el futuro San Pío V. Sus padres, muy buenos cristianos y pobres, se llamaron Pablo y Dominga. Desde muy niño quiso abrazar la vida religiosa pero se vio obligado a cuidar unas ovejitas para ganar algún dinero. Pronto alguien descubrió las excelentes cualidades que para el estudio adornaban al joven Antonio y le pagó el colegio. Los Padres dominicos que eran los dirigentes de aquella escuela quedaron admirados de su inteligencia y de la transparencia de su corazón y le abrieron su convento para que pudiera vestir el hábito de la Orden de Santo Domingo. El 18 de mayo de 1521 emitía sus votos religiosos con el nombre de fray Miguel de Alejandría.

Estudió en Bolonia donde se conserva el cuerpo de Santo Domingo. Aquí se le veía progresar en ciencia filosófica y teológica, y volar por los caminos de la santidad. El 1528 recibía en Génova la ordenación sacerdotal.

Una vez ordenado sacerdote se entregó de lleno a la predicación y a la defensa de la fe contra las herejías que de todo tipo se iban propalando por Italia. El fuego que ardía en su corazón quería inyectarlo en los ánimos de todos los oyentes. Fue en muchas ocasiones duramente atacado por los herejes y hasta en alguna ocasión intentaron quitarle la vida, pero siempre el Señor lo libró de sus enemigos. Siempre llevaba el hábito de su Orden y a alguien que le insinuó que por seguridad se lo quitase le contestó: “Preferiría ser mártir con el hábito puesto”.

Sus enemigos llegaron a intentar empañar su inquebrantable fe y su fidelidad a la Iglesia. Gracias a que el mismo Papa supo defenderle y no dio crédito a tales calumnias. Pablo IV le nombró primero obispo y después cardenal. Fray Miguel quería huir de los honores pero éstos le buscaban a él. Fue Comisario General de la Inquisición y después Inquisidor Mayor de la Iglesia. El trabajo que en este campo desarrolló fue verdaderamente muy eficaz y justo, ayudando grandemente a que la herejía no se extendiera por muchos países.

Fray Miguel de Alejandría Ghislieri estaba bien seguro en su celda del Cónclave va que por su gran humildad sabía que nadie pensaba en él. Al encerrarse los cardenales para elegir sucesor al Papa Pío IV, tres eran los candidatos pero ninguno nuestro fraile dominico. Pero otros eran los designios de Dios. E17 de enero de 1566 era elegido y el 17 fue el día de la coronación. De nada sirvió que se opusiera a ello. Era el hombre que necesitaba la Iglesia en aquellos momentos. El pastorcillo de Bosco era elevado a Pastor supremo de toda la Iglesia.

La vida del Pontífice no cambió en su dedicación a la oración y austeridad de vida, sino que la aumentó aún más. Huyó del vicio de la época, que era el nepotismo. Procuró con todas sus fuerzas que Roma fuera una ciudad pacífica y cristiana y que fuera modelo de todas las ciudades del mundo. Basó su pontificado en estas cuatro columnas o dimensiones: la reforma de la Iglesia mediante la puesta en marcha de los decretos del Tridentino; la lucha contra los herejes; la cruzada contra los turcos que era la pesadilla de siempre para los cristianos y el fomento de las ciencias eclesiásticas. Es imposible resumir lo mucho y bien que trabajó para llevar adelante este programa. La historia nos confirma que lo consiguió a la perfección. Podía morir tranquilo. Dios le había elegido como su instrumento y no había sido inútil su labor.

Otros Santos de hoy: Amador, Pedro, Luis, Afrodisio, Sofía, Máximo…

Justo y Rafael Mª López-Melús

Laudes – Jueves III de Pascua

LAUDES

JUEVES III DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso”.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

La noche y el alba, con su estrella fiel,
se gozan con Cristo, Señor de Israel,
con Cristo aliviado en el amanecer.

La vida y la muerte luchándose están.
Oh, qué maravilla de juego mortal,
Señor Jesucristo, qué buen capitán.

En él se redimen todos los pecados,
el árbol caído devuelve su flor,
oh santa mañana de resurrección.

Qué gozo de tierra, de aire y de mar,
qué muerte, qué vida, qué fiel despertar,
qué gran romería de la cristiandad. Amén.

SALMO 86: HIMNO A JERUSALÉN, MADRE DE TODOS LOS PUEBLOS

Ant. Cantaremos mientras danzamos: «Todas mis fuentes están en ti, ciudad de Dios». Aleluya.

Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.

¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios!
«Contaré a Egipto y a Babilonia
entre mis fieles;
filisteos, tirios y etíopes
han nacido allí.»

Se dirá de Sión: «Uno por uno
todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado.»

El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Éste ha nacido allí.»
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en ti.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Cantaremos mientras danzamos: «Todas mis fuentes están en ti, ciudad de Dios». Aleluya.

CÁNTICO de ISAÍAS: EL BUEN PASTOR ES EL DIOS ALTÍSIMO Y SAPIENTÍSIMO

Ant. Como un pastor, reúne su rebaño, toma en brazos los corderos. Aleluya.

Mirad, el Señor Dios llega con poder,
y su brazo manda.
Mirad, viene con él su salario,
y su recompensa lo precede.

Como un pastor que apacienta el rebaño,
su brazo lo reúne,
toma en brazos los corderos
y hace recostar a las madres.

¿Quién ha medido a puñados el mar
o mensurado a palmos el cielo,
o a cuartillos el polvo de la tierra?

¿Quién ha pesado en la balanza los montes
y en la báscula las colinas?
¿Quién ha medido el aliento del Señor?
¿Quién le ha sugerido su proyecto?

¿Con quién se aconsejó para entenderlo,
para que le enseñara el camino exacto,
para que le enseñara el saber
y le sugiriese el método inteligente?

Mirad, las naciones son gotas de un cubo
y valen lo que el polvillo de balanza.
Mirad, las islas pesan lo que un grano,
el Líbano no basta para leña,
sus fieras no bastan para el holocausto.

En su presencia, las naciones todas
como si no existieran,
valen para él nada y vacío.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Como un pastor, reúne su rebaño, toma en brazos los corderos. Aleluya.

SALMO 98: ENSALZAD AL SEÑOR, DIOS NUESTRO, POSTRAOS ANTE EL ESTADO DE SUS PIES

Ant. El Señor es grande en Sión, encumbrado sobre todos los pueblos. Aleluya.

El Señor reina, tiemblen las naciones;
sentado sobre querubines, vacile la tierra.

El Señor es grande en Sión,
encumbrado sobre todos los pueblos.
Reconozcan tu nombre, grande y terrible:
Él es santo.

Reinas con poder y amas la justicia,
tú has establecido la rectitud;
tú administras la justicia y el derecho,
tú actúas en Jacob.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro,
postraos ante el estrado de sus pies:
Él es santo.

Moisés y Aarón con sus sacerdotes,
Samuel con los que invocan su nombre,
invocaban al Señor, y él respondía.
Dios les hablaba desde la columna de nube;
oyeron sus mandatos y la ley que les dio.

Señor, Dios nuestro, tú les respondías
tú eras para ellos un Dios de perdón,
y un Dios vengador de sus maldades.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro;
postraos ante su monte santo:
Santo es el Señor, nuestro Dios.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor es grande en Sión, encumbrado sobre todos los pueblos. Aleluya.

LECTURA: Rm 8, 10-11

Si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justificación obtenida. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
V/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

R/ El que por nosotros colgó del madero.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Os lo aseguro: el que cree en mí tiene vida eterna. Aleluya.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Os lo aseguro: el que cree en mí tiene vida eterna. Aleluya.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo resucitado y siempre presente en su Iglesia, y supliquémosle, diciendo:

Quédate con nosotros, Señor.

Señor Jesús, vencedor del pecado y de la muerte, 
— permanece en medio de nosotros, tú que vives por los siglos de los siglos.

Señor, ven a nosotros con tu poder salvador
— y muéstranos la bondad de Dios Padre.

Señor, ayuda al mundo abrumado por las discordias,
— ya que tú solo tienes el poder de salvar y reconciliar.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Confírmanos en la fe de la victoria final,
— y arraiga en nosotros la esperanza de tu manifestación gloriosa.

Digamos ahora, todos juntos, la oración que nos enseñó el mismo Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, que en estos días de Pascua nos has revelado más claramente tu amor y nos has permitido conocerlo con más profundidad, concede a quienes has librado de las tinieblas del error adherirse con firmeza a las enseñanzas de tu verdad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.