Santoral 1 de mayo

SAN JOSÉ, obrero

La fiesta de San José, obrero, es una buena ocasión para pensar en nuestra obligación de continuar la obra de la creación y de realizarla bien. Es lo que diríamos la Obra Bien Hecha.

Después de cada día de la creación, dice el autor sagrado que Dios contemplaba lo que había creado y veía que era muy bueno, que era hermoso. El séptimo día Dios descansó y encomendó al hombre la tarea. «Y descansó el Señor el día séptimo y el hombre continúa su tarea». Dios creó las cosas llenas de virtualidades, de posibilidades de expansión. Pero no quiso dejarlas terminadas, para que el hombre las acabase. Dios no tiene envidia del hombre, Prometeo no tuvo que robar el fuego, como dicen algunos que ignoran las Escrituras. Al contrario, Dios creó al hombre a su imagen y semejanza y lo llamó a continuar la creación. Como dice el Vaticano II, «el mensaje cristiano no aparta a los hombres de las edificación del mundo, ni los lleva a despreocuparse del bien de sus semejantes, sino que más bien les impone esta colaboración como un deber».

En el texto sagrado dice Dios a los primeros padres: «Someted la tierra y dominad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre los ganados y sobre todo cuanto vive y se mueve sobre la tierra». Dios se lo entrega todo para su alimento y su servicio. Luego Dios encarga al hombre que ponga nombre a todas las criaturas, que se interpreta como un modo de tomar dominio sobre ellas. De este modo Dios pide al hombre colaboración asidua y consciente en la creación.

Hay aquí una aplicación ascética muy clara. El hombre debe dominar las criaturas y no ser dominado por ellas. Siempre que el hombre se somete a las cosas y se hace esclavo de ellas, ya no es el rey de la creación, se aparta del plan de Dios. Pero hay que poner mucha atención. Dios pide al hombre que domine y someta a las criaturas, pero no a otros hombres. Todo hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios. Cuando un hombre somete o esclaviza a otro hombre, también se opone al plan de Dios. San José, obrero, nos recuerda, sin distinción, la dignidad de todo el que colabora en la obra de la creación.

Colaborar con Dios, y colaborar bien, para no estropear la hermosa obra de Dios. Pablo VI habló una vez a los barrenderos de Roma. Alabó su trabajo y les dijo que las bellezas de Roma brillaban más si ellos realizaban su tarea con interés. «Si un hombre es barrendero, tendría que barrer las calles como pintaba Miguel Ángel, como componía Bethoven, como escribía Shakespeare», dice un autor moderno.

Se debe trabajar con amor. «Trabajar con amor es tejer la tela con hilos de vuestro corazón, como si el ser amado fuera a usar esa prenda de vestir. Es arrojar semillas de ternura, y cosechar con alegría, como si el ser amado fuera a comer ese fruto. Es impregnarlo todo de amor» (K. Gibrán).

E15 de enero de 1964, desde Nazaret, exhortaba Pablo VI a aprender la lección del trabajo, la conciencia de su dignidad. Y nos señalaba a todos «al gran modelo, al hermano divino, al defensor de todas las causas justas, es decir: a Cristo, nuestro Señor». El hijo del carpintero, como era conocido Jesús. Y con el hijo, el padre, San José, obrero. ¡La Obra Bien Hecha! ¿Alguien puede imaginarse a San José haciendo «chapuzas»? Realizaría tareas sencillas, pero pondría toda su alma en hacer las cosas bien. No haría cosas extraordinarias, pero lo ordinario lo haría extraordinariamente.

Otros Santos de hoy: Ntra. Sra. de Estívaliz, Ntra. Sra. de la Estrella, Jeremías, Orencio, Paciencia, Segismundo, Amador.

Justo y Rafael Mª López-Melús