Yo soy la puerta

1.- El mensaje de Jesús es muy claro: Él es la puerta para ir al Padre y también para ir al hermano. Pero no es una puerta estática, sino una puerta que se abre para nosotros. Y no sólo eso, Jesús es a la vez la puerta y el pastor que nos ayuda a entrar por ella. La imagen bucólica del pastor no es la que encarna Jesús en este evangelio. Él es el Buen Pastor «que da la vida por las ovejas». Como señala la Primera Carta de Pedro, sin haber cometido pecado sufre la pasión por nosotros, carga con nuestros pecados, subió al leño para curarnos.

Entrar por la puerta es seguir a Cristo, que «nos guía por el sendero justo». No hay otro guía que nos conduzca por verdes praderas. Preguntémonos, ¿a quién seguimos?, ¿quién es nuestro pastor?, ¿qué voces seguimos? El Señor nos advierte sobre los falsos pastores, que se aprovechan del pueblo, se apacientan a sí mismos. Por sus frutos les conoceréis.

2.- Entrar por la puerta es identificarse con Cristo, empaparse de sus sentimientos y actitudes, vivir los valores del Evangelio. Para ser pastores de los hermanos tenemos que intentar amar como Cristo, estar dispuestos a entregarnos como Él, desbordar generosidad a raudales. No cerremos la puerta que Cristo nos abre. Menos condenas y más acogida, menos poder y más servicio, menos orgullo y más generosidad, sólo así podemos ser signo en el mundo de hoy.

3.- En este IV domingo de Pascua la Iglesia celebra la jornada Mundial de Oración por las vocaciones.El lema de este año para la Jornada es «Rema mar adentro» (Lc 5,4). Esta frase era muy querida por Juan Pablo II. Pidamos al dueño de la mies que enriquezca a la Iglesia con vocaciones a la vida religiosa y al sacerdocio. Nuestra Iglesia debe ser «casa de santidad», pero con una puerta muy grande para que todos puedan entrar. Jesús, «Buen Pastor» guíanos, llévanos de la mano, no nos alejaremos de ti, pues sabemos que sólo contigo tenemos la vida, y vida abundante.

José María Martín OSA