Santoral del 6 de mayo

SAN ÁNGEL, presbítero y mártir (s. XIII)

Barbilampiño y tierno nos presentan a San Juan, el Greco y todos los pintores. Pero los Boanerges, los hijos del trueno, Santiago y Juan, debían ser una pareja de mucho carácter. Estaban bien curtidos, como su padre el Zebedeo, por las tormentas del lago de Genesaret. Y cuando se unen al Rabí de Nazaret y no les quieren recibir en Samaría, expresan su deseo de que baje fuego del cielo y los consuma a todos.

Eran hombres de buena voluntad, pero tenían mucho que aprender. Un día su madre, seguramente empujada por ellos, se atreve a pedir a Jesucristo los dos primeros puestos para sus hijos. No sabían lo que pedían. Cuando más tarde Juan apoye su cabeza sobre el pecho de Jesús, lo entenderá todo. «E1 que apoye su cabeza sobre el pecho del Señor, será teólogo» (Evagrio).

A la petición de la madre sigue la respuesta de Jesús, pero dirigida a ellos.—¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?—Podemos, respondieron resueltamente.—Sí, un día beberéis mi cáliz, les asegura Jesús. Y la predicción del Señor se cumplió. A Santiago lo mandó degollar el rey Herodes. Es el protomártir de los apóstoles. Luego le siguieron los demás. San Juan, con su martirio frustrado, cierra con broche de oro la epopeya de los Doce.

Después de la persecución de Nerón, la Iglesia disfrutó de varios años de paz. Pero el emperador Domiciano, que al principio había sido suave y conciliador, se hizo receloso y violento. Después de inmolar a varios miembros de su familia y de la nobleza romana, en el año 95 renovó la persecución contra la Iglesia, extendiéndola hasta el Asia Menor

Allí estaba Juan, casi centenario, en Éfeso. Después de haber sido fiel custodio y capellán de la Virgen María, desde allí seguía iluminando a la cristiandad. «Columna de todas las Iglesias del Universo», como le llama el Crisóstomo, desde allí escribe a las siete Iglesias apocalípticas, y esparce la luz de la Fe por todas las regiones del oriente.

Juan iba perdiendo ya toda su esperanza de martirio. Habían sucedido muchas persecuciones, habían muerto ya mártires todos los apóstoles y muchos de sus discípulos. Pero Dios parecía rehusarle a él la palma del martirio que tantos habían conquistado. ¿Qué querrían decir las palabras de Jesús a Pedro: Si yo quiero que éste permanezca, a ti, qué?

Es entonces cuando llega a Éfeso la noticia de que Domiciano acaba de renovar la persecución contra los cristianos, lo que Tertuliano llamaba el Institutum Neroniaum. Y el venerable anciano repite, ahora con más conocimiento y con mayor ilusión, la respuesta afirmativa que diera con su hermano al requerimiento de Jesucristo. Estaba dispuesto, jubiloso, para el holocausto, para la inmolación. Su ilusión iba a cumplirse.

Un día vienen a buscarle y se lo llevan preso a Roma. E1 emperador quiere juzgarle personalmente, y le condena a ser arrojado desnudo en una caldera de aceite hirviendo, lo que se ejecuta el 6 de mayo del año 95, junto a la puerta que sale hacia el Lacio, la Puerta Latina. Pero el aceite hirviendo respetó su cuerpo, que salió de la caldera ileso y rejuvenecido.

Juan es deportado a Palmos, una isla de Grecia, donde se les condenaba a trabajar sepultados en las minas. Allí vive Juan hasta el advenimiento de Nerva el año 96. Allí un día «el águila de Palmos» oye una voz que le dice: «Escribe lo que veas y envíalo a las siete Iglesias». Jesucristo le revela el presente y el futuro. Y Juan escribe el Apocalipsis «donde cada palabra es un misterio» (San Jerónimo). Poco después volvía a Éfeso.

Otros Santos de hoy: Ntra. Sra. de Belén, Heliodoro, Benita, Evodio, Teódoto.

Justo y Rafael Mª López-Melús

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