Misa del domingo

V Domingo de Pascua
10 de mayo de 2020

En esta Pascua estamos leyendo algunos textos del evangelio de San Juan. Hoy el evangelio nos sitúa en el contexto de la última cena. Aquella cena fue el pórtico de los trágicos acontecimientos de Pascua. Jesús quiere preparar a sus discípulos para estos acontecimientos y abre su corazón dejando ver el misterio que le acompaña.

El coronavirus y la angustia

El Señor abre su corazón a sus discípulos, no solo a sus primeros discípulos sino a nosotros también, cristianos del siglo XXI. Al abrir su corazón, lo primero que hace es dar palabras de aliento. “No os angustiéis… creed en Dios y creed en mí”.

Quizás compartas conmigo que hoy son muy necesarias palabras de aliento. Si muchas veces la tristeza y la angustia llaman a nuestra puerta, hoy, en medio de la crisis del coronavirus, hay mucha tristeza y angustia en el corazón de muchas personas. Es una respuesta comprensible ante la realidad que vivimos de muerte, soledad, grave situación económica, paro y la falta de trabajo, una pregunta sin respuesta por un mañana incierto.

“No os angustiéis”. Jesús nos da una palabra de aliento. La segunda lectura afirma que quien pone a Jesús en su vida sale de las tinieblas y entra en su luz maravillosa. Sin duda que habrás escuchado a muchas personas decir que Jesús les ha sacado de la tristeza, de la oscuridad, de la desesperanza. ¿Es este un tiempo para dejar que Jesús ilumine nuestra vida angustiada?

Unos discípulos que dudan

A continuación, el evangelio presenta a Tomás y a Felipe. Son dos discípulos llenos de dudas. La duda nos sitúa en una encrucijada de caminos donde no sabemos bien hacia donde caminar. Si sus discípulos dudaron, y no siempre entendieron a Jesús, no es extraño que nosotros también dudemos y muchas veces no entendamos al Señor. Hay que ser muy humildes para saber reconocer nuestras dudas.

Primero nos encontramos con Tomás. Cuando Jesús dice que se encamina hacia el Padre, Tomás se extraña y le pregunta a dónde va. Jesús dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Podemos ver en estas palabras una síntesis del evangelio. El evangelio es Jesús: Dios viene a nosotros a través de Jesús, nosotros vamos a Dios a través de Jesús. Jesús es el camino y nos acompaña en el caminar de la vida. Jesús es la verdad, el rostro de Dios. Jesús es la vida, el regalo que Dios nos hace. Jesús dialoga con Tomás y propone a su discípulo conocerle más. Quizás debamos dedicar más tiempo al Señor.

Tantos años y todavía…

Entra en escena Felipe. Él también duda, no sabe qué hacer, no acaba de entender quién es Jesús, y dice al Maestro: “Muéstranos al Padre”. Jesús responde: “Tanto tiempo llevas conmigo Felipe y no me conoces”.

Llevamos mucho tiempo con Jesús y quizás tampoco le conozcamos. No por llevar mucho tiempo con Jesús le conocemos mejor. Solo le conocemos bien cuando dejamos que toda su verdad cale en nosotros, cuando descubrimos en Él el rostro de Dios, el amor a Dios, cuando dejamos que Dios entre en nosotros. Somos morada de Dios. Ya veis que son textos densos. No lo olvidemos: Jesús es el camino, la verdad y la vida.

Koldo Gutiérrez, sdb