Meditación – Martes V de Pascua

Hoy es martes V de Pascua.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 14, 27-31a):

En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Habéis oído que os he dicho: ‘Me voy y volveré a vosotros’. Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Y os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder; pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado».

Hoy, Jesús nos habla indirectamente de la cruz: nos dejará la paz, pero al precio de su dolorosa salida de este mundo. Hoy leemos sus palabras dichas antes del sacrificio de la Cruz y que fueron escritas después de su Resurrección. En la Cruz, con su muerte venció a la muerte y al miedo. No nos da la paz «como la da el mundo» (cf. Jn 14,27), sino que lo hace pasando por el dolor y la humillación: así demostró su amor misericordioso al ser humano.

En la vida de los hombres es inevitable el sufrimiento, a partir del día en que el pecado entró en el mundo. Unas veces es dolor físico; otras, moral; en otras ocasiones se trata de un dolor espiritual…, y a todos nos llega la muerte. Pero Dios, en su infinito amor, nos ha dado el remedio para tener paz en medio del dolor: Él ha aceptado “marcharse” de este mundo con una “salida” sufriente y envuelta de serenidad.

¿Por qué lo hizo así? Porque, de este modo, el dolor humano —unido al de Cristo— se convierte en un sacrificio que salva del pecado. «En la Cruz de Cristo (…), el mismo sufrimiento humano ha quedado redimido» (San Juan Pablo II). Jesucristo sufre con serenidad porque complace al Padre celestial con un acto de costosa obediencia, mediante el cual se ofrece voluntariamente por nuestra salvación.

Un autor desconocido del siglo II pone en boca de Cristo las siguientes palabras: «Mira los salivazos de mi rostro, que recibí por ti, para restituirte el primitivo aliento de vida que inspiré en tu rostro. Mira las bofetadas de mis mejillas, que soporté para reformar a imagen mía tu aspecto deteriorado. Mira los azotes de mi espalda, que recibí para quitarte de la espalda el peso de tus pecados. Mira mis manos, fuertemente sujetas con clavos en el árbol de la cruz, por ti, que en otro tiempo extendiste funestamente una de tus manos hacia el árbol prohibido».

Rev. D. Enric CASES i Martín

Liturgia – San Pancracio

MARTES DE LA V SEMANA DE PASCUA, feria o SANTOS NEREO y AQUILES, mártires, memoria libre o SAN PANCRACIO, mártir, memoria libre

Misa de la feria (blanco) o de una de las memorias (rojo)

Misal: Para la feria antífonas y oraciones propias / para la memoria de santos Nereo y Aquiles: 1ª oración propiedad y el resto del común de mártires (para varios mártires en Tiempo de Pascua) o de la feria / para  la memoria de san Pancracio: 1ª oración propia y el resto del común de mártires (para un mártir en Tiempo de Pascua) o de la feria; Prefacio Pascual o de la memoria.

Leccionario: Vol. II

  • Hch 14, 19-28. Contaron a la Iglesia lo que Dios había hecho por medio de ellos.
  • Sal 144. Tus amigos, Señor, proclaman la gloria de tu reinado.
  • Jn 14, 27-31a.Mi paz os doy.

Antífona de entrada          Cf. Ap 19, 5; 12, 10
Alabad a nuestro Dios todos los que lo teméis, pequeños y grandes, porque ha establecido la salvación y el poder y la potestad de su Cristo. Aleluya. 

Monición de entrada y acto penitencial
Hermanos, al celebrar hoy la memoria del mártir san Pancracio, a quien Dios concedió la gracia de entregar su vida por amor a Cristo y a quien veneramos como uno de los santos más conocidos de la religiosidad popular, dispongámonos a recibir el amor de Dios abriendo nuestros corazones para que los renueve, reconociendo que somos pecadores, y pidiendo perdón por nuestros pecados.

  • Tú que eres el único Camino. Señor, ten piedad.
  • Tú que eres la Verdad sin error. Cristo, ten piedad.
  • Tú que eres la Vida en plenitud. Señor, ten piedad.

Oración colecta
QUE se alegre tu Iglesia, oh, Dios,
confiada en la protección del mártir san Pancracio,
y por su intercesión gloriosa
permanezca entregada a ti
y se mantenga firme.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos a Dios nuestro Padre, para que guíe nuestros pasos y los de todos los hombres para entrar un día en el Reino de los cielos y para adelantar ahora su llegada.

1.- Para que el testimonio de fe la Iglesia sea un estímulo para que muchos abracen la fe y perseveren en ella. Roguemos al Señor.

2.- Para que Dios suscite abundantes y santas vocaciones sacerdotales, que sean el día de mañana predicadores entusiastas del Evangelio de la paz. Roguemos al Señor.

3.- Para que la claridad de Cristo resucitado ilumine a nuestros gobernantes en todas su opciones en ordena la instauración definitiva de la justicia y el trabajo continuo por el bien común. Roguemos al Señor.

4.- Para que dé a todos los fieles difuntos el premio del gozo del reino de los cielos. Roguemos al Señor.

5.- Para que el testimonio de amor y veneración a la Eucaristía que dio san Pancracio sea una ayuda para cuantos nos alimentamos del Cuerpo y de la Sangre de Cristo. Roguemos al Señor.

Oh, Dios, que en la resurrección de Cristo nos has renovado para la vida eterna, concede a tu pueblo la firmeza de la fe y de la esperanza, para que nunca dudemos del cumplimiento de las promesas que hemos conocido siendo Tú el autor. Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
RECIBE, Señor, las ofrendas de tu Iglesia exultante,
y a quien diste motivo de tanto gozo
concédele disfrutar de la alegría eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio pascual

Antífona de comunión          Rom 6, 8
Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. Aleluya.

Oración después de la comunión
MIRA, Señor, con bondad a tu pueblo
y, ya que has querido renovarlo
con estos sacramentos de vida eterna,
concédele llegar a la incorruptible resurrección
de la carne que habrá de ser glorificada.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo
CONCEDE, Señor Dios,
a tus fieles encontrar seguridad y riqueza
en la abundancia de tus misericordias y haz que,
protegidos con tu bendición,
se mantengan en continua acción de gracias
y te bendigan rebosantes de alegría.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 12 de mayo

SANTO DOMINGO DE LA CALZADA († 1109)

Santo Domingo de la Calzada nació en Viloria, Álava, en una humilde familia. Un día, mientras pastoreaba sus ovejas a las orillas del Ebro, oyó la voz de Dios que le llamaba a su servicio. Acudió al monasterio de San Millán de la Cogolla, pero no fue admitido. Tampoco en Santa María de Valvanera, por lo que se decidió por la vida eremítica. Y en los montes que rodean al San Lorenzo, pasó cinco años dedicado a la oración y penitencia.

Sucedió entonces que el Papa Benedicto IV envió como Legado a Gregorio de Ostia, a Navarra y La Rioja, para que les llevara consuelo en una plaga de langosta que asolaba aquellas regiones. Cuatro años vivió Domingo en el séquito de Gregorio, con gran provecho espiritual. Cuando San Gregorio muere en Logroño, Domingo decide quedarse en la vega riojana, para socorrer a los muchos romeros necesitados que cruzaban por allí.

En la Edad Media cobró gran auge—junto con Roma y Jerusalén— la peregrinación a Santiago de Compostela. De noche, se orientaban los peregrinos por la Vía Láctea, llamada por ello Camino de Santiago. De día… Desde Roscenvalles hasta Nájera estaba bien marcada la ruta del camino francés. Después se borraba el camino. Veredas inhóspitas, infestadas de alimañas y salteadores, los montes de Gruñón y Cirueña, los encinares de Carrasquilla, el valle del Oja, la Bureba burgalesa… Un verdadero riesgo. Ya lo dice el viejo cantar: «Vos que andáis a Santiago, mire vostra mercé, non ay puentes nin posadas nin cosa para comer». Si, era una aventura.

Nuestro Santo había encontrado su vocación: ser el buen samaritano, el ángel protector de los romeros a Santiago, mejorar los caminos, preparar albergues, movido únicamente por su deseo de ayudar a los peregrinos.

A Santo Domingo se le atribuyen muchos milagros. Pero él no ahorró esfuerzos por facilitar el paso a los romeros. El Santo Patrono de la ingeniería española construyó primero una ermita dedicada a Santa María, desde la que exploraba el horizonte para acudir en ayuda de cualquier prójimo en apuros. Edifica después un albergue, en el que hace de albañil, enfermero y hospedero. Luego busca recursos y levanta el famoso puente sobre el Oja, que todavía subsiste, después de diez siglos.

Más tarde tala montes y construye una calzada, que llegará a ser su glorioso apellido. Se le agregan muchos para colaborar con él, y empieza a nacer una ciudad, Santo Domingo de la Calzada «ciudad cortés e hidalga con la caridad de Cristo que inflamó a su Fundador, por cuyas calles aparece todavía la sonrisa amable que hace mil años acogía a los peregrinos».

San Juan de Ortega y Santo Domingo de Silos, que lo conocieron, atestiguan las múltiples obras de caridad llevadas a cabo durante más de sesenta años por este benefactor insigne de la humanidad.

Para albergar el sepulcro que conserva sus venerables restos, se construyó después una hermosa catedral, de arte gótico primitivo.

Según una bella leyenda, Domingo no se limitó a proteger en vida. Había llegado a visitar su sepulcro un apuesto mancebo, Hugonel. La moza del mesón le provocó. Desdeñada por la repulsa, se vengó la moza introduciendo una copa de oro en la maleta de Hugonel. El supuesto ladrón fue condenado a la horca. Dijeron al alcalde que el mancebo seguía vivo en la horca, y replicó: «Eso será cuando cante esta gallina asada que voy a comer». Y el animalito saltó del plato y se puso a cantar con todas sus fuerzas. Así que, después de muerto, Santo Domingo seguía protegiendo a sus romeros.

Otros Santos de hoy: Nereo, Aquiles, Pancracio, Dionisio, Felipe.

Justo y Rafael Mª López-Melús

Laudes – Martes V de Pascua

LAUDES

MARTES V DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

SALMO 99: ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en sus presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades».

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

¡Alegría!, ¡alegría!, ¡alegría!

La muerte, en huida,
ya va malherida.
Los sepulcros se quedan desiertos.
Decid a los muertos:
«¡Renace la Vida,
y la muerte ya va de vencida!»

Quien le lloró muerto
lo encontró en el huerto,
hortelano de rosas y olivos.
Decid a los vivos:
«¡Viole jardinero
quien le viera colgar del madero!»

Las puertas selladas
hoy son derribadas.
En el cielo se canta victoria.
Gritadle a la gloria
que hoy son asaltadas
por el hombre sus «muchas moradas». Amén.

SALMO 23: ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO

Ant. El que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos. Aleluya.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

— ¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

— El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

— Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

— ¿Quién es ese Rey de la gloria?
— El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

— ¿Quién es ese Rey de la gloria?
— El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos. Aleluya.

CÁNTICO de TOBÍAS: DIOS CASTIGA Y SALVA

Ant. Ensalzad al Rey del cielo y alegraos de su grandeza.

Bendito sea Dios, que vive eternamente,
y cuyo reino dura por los siglos:
él azota y se compadece,
hunde hasta el abismo y saca de él,
y no hay quien escape de su mano.

Dadle gracias, israelitas, ante los gentiles,
porque él nos dispersó entre ellos.
Proclamad allí su grandeza,
ensalzadlo ante todos los vivientes:
que él es nuestro Dios y Señor,
nuestro padre por todos los siglos.

Él nos azota por nuestros delitos,
pero se compadecerá de nuevo,
y os congregará de entre las naciones
por donde estáis dispersados.

Si volvéis a él de todo corazón
y con toda el alma,
siendo sinceros con él,
él volverá a vosotros
y no os ocultará su rostro.

Veréis lo que hará con vosotros,
le daréis gracias a boca llena,
bendeciréis al Señor de la justicia
y ensalzaréis al rey de los siglos.

Yo le doy gracias en mi cautiverio,
anuncio su grandeza y su poder
a un pueblo pecador.

Convertíos, pecadores,
obrad rectamente en su presencia:
quizá os mostrará benevolencia
y tendrá compasión.

Ensalzaré a mi Dios, al rey del cielo,
y me alegraré de su grandeza.
Que todos alaben al Señor
y le den gracias en Jerusalén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Ensalzad al Rey del cielo y alegraos de su grandeza.

SALMO 32: HIMNO AL PODER Y A LA PROVIDENCIA DE DIOS

Ant. La misericordia del Señor llena la tierra. Aleluya.

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.

Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas;
cantadle un cántico nuevo,
acompañando los vítores con bordones:

que la palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.

La palabra del Señor hizo el cielo;
el aliento de su boca, sus ejércitos;
encierra en un odre las aguas marinas,
mete en un depósito el océano.

Tema al Señor la tierra entera,
tiemblen ante él los habitantes del orbe:
porque él lo dijo, y existió,
él lo mandó y surgió.

El Señor deshace los planes de las naciones,
frustra los proyectos de los pueblos;
pero el plan del Señor subsiste por siempre,
los proyectos de su corazón, de edad en edad.

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.

El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres;
desde su morada observa
a todos los habitantes de la tierra:
él modeló cada corazón,
y comprende todas sus acciones.

No vence el rey por su gran ejército,
no escapa el soldado por su mucha fuerza,
nada valen sus caballos para la victoria,
ni por su gran ejército se salva.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
con él se alegra nuestro corazón,
en su santo nombre confiamos.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. La misericordia del Señor llena la tierra. Aleluya.

LECTURA: Hch 13, 30-33

Dios resucitó a Jesús de entre los muertos. Durante muchos días, se apareció a los que lo habían acompañado de Galilea a Jerusalén, y ellos son ahora sus testigos ante el pueblo. Nosotros os anunciamos que la promesa que Dios hizo a nuestros padres, nos la ha cumplido a los hijos resucitando a Jesús. Así está escrito en el salmo segundo: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy.»

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
V/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

R/ El que por nosotros colgó del madero.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. La paz os dejo, aleluya, mi paz os doy. Aleluya.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. La paz os dejo, aleluya, mi paz os doy. Aleluya.

PRECES

Alabemos a Cristo, que con su poder reconstruyó el templo destruido de su cuerpo, y supliquémosle:

Concédenos, Señor, los frutos de tu resurrección.

Oh Cristo Salvador, que en tu resurrección anunciaste la alegría a las mujeres y a los apóstoles y salvaste al universo entero,
— conviértenos en testigos del Dios viviente.

Tú que has prometido la resurrección universal y has anunciado una vida nueva,
— haz de nosotros mensajeros del Evangelio de la vida.

Tú que te apareciste repetidas veces a los apóstoles y les comunicaste el Espíritu Santo,
— renuévanos por el Espíritu Defensor.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que prometiste estar con tus discípulos hasta el fin del mundo,
— quédate hoy con nosotros y sé siempre nuestro compañero.

Ya que Dios nos ha adoptado como hijos, oremos al Padre como nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, tú que en la resurrección de Jesucristo nos has engendrado de nuevo para que renaciéramos a una vida eterna, fortifica la fe de tu pueblo y afianza su esperanza, a fin de que nunca dudemos que llegará a realizarse lo que nos tienes prometido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.