La amistad se fortalece con la caridad (amistad)

No hay amistad verdadera sino entre aquellos que Tú aúnas entre sí por medio de la caridad (San Agustín, Confesiones, 4).

Si una desatención, un perjuicio en los intereses, la vanagloria, la envidia, o cualquier otra cosa semejante, bastan para deshacer la amistad, es que esa amistad no dio con la raíz sobrenatural (San Juan Crisóstomo, Hom. sobre S. Mateo, 60).

Cuando encuentro a un hombre inflamado por la caridad cristiana y que por medio de ella se ha hecho mi amigo fiel, los planes y pensamientos que le confío, no los confió sólo al hombre, sino a Aquel en quien él vive para ser así. Dios es amor, y quien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en él (San Agustín, Carta, 73).

Esta paz no se logra ni con los lazos de la más íntima amistad ni con una profunda semejanza de carácter, si todo ello no está fundamentado en una total comunión de nuestra voluntad con la voluntad de Dios. Una amistad fundada en deseos pecaminosos, en pactos que arrancan de la injusticia y en el acuerdo que parte de los vicios nada tiene que ver con el logro de esta paz (San León Magno, Sermón 95, sobre las bienaventuranzas).