Vísperas – Martes VI de Pascua

VÍSPERAS

MARTES VI DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Quédate con nosotros;
la noche está cayendo.

¿Cómo te encontraremos
al declinar el día,
si tu camino no es nuestro camino?
Detente con nosotros;
la mesa está servida,
caliente el pan y envejecido el vino.

¿Cómo sabremos que eres
un hombre entre los hombres,
si no compartes nuestra mesa humilde?
Repártenos tu cuerpo,
y el gozo irá alejando
la oscuridad que pesa sobre el hombre.

Vimos romper el día
sobre tu hermoso rostro,
y al sol abrirse paso por tu frente.
Que el viento de la noche
no apague el fuego vivo
que nos dejó tu paso en la mañana.

Arroja en nuestras manos,
tendidas en tu busca,
las ascuas encendidas del Espíritu;
y limpia, en lo más hondo
del corazón del hombre,
tu imagen empañada por la culpa. Amén.

SALMO 48: VANIDAD DE LAS RIQUEZAS

Ant. Buscad los bienes de allá arriba, no los de la tierra. Aleluya.

Oíd esto, todas las naciones;
escuchadlo, habitantes del orbe:
plebeyos y nobles, ricos y pobres;

mi boca hablará sabiamente,
y serán muy sensatas mis reflexiones;
prestaré oído al proverbio
y propondré mi problema al son de la cítara.

¿Por qué habré de temer los días aciagos,
cuando me cerquen y acechen los malvados,
que confían en su opulencia
y se jactan de sus inmensas riquezas,
si nadie puede salvarse
ni dar a Dios un rescate?

Es tan caro el rescate de la vida, 
que nunca les bastará
para vivir perpetuamente
sin bajar a la fosa.

Mirad: los sabios mueren,
lo mismo que perecen los ignorantes y necios,
y legan sus riquezas a extraños.

El sepulcro es su morada perpetua
y su casa de edad en edad,
aunque hayan dado nombre a países.

El hombre no perdura en la opulencia,
sino que perece como los animales.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Buscad los bienes de allá arriba, no los de la tierra. Aleluya.

SALMO 48

Ant. El Señor me salva de las garras del abismo. Aleluya.

Éste es el camino de los confiados,
el destino de los hombres satisfechos:
son un rebaño para el abismo,
la muerte es su pastor,
y bajan derechos a la tumba;
se desvanece su figura,
y el abismo es su casa.

Pero a mí, Dios me salva,
me saca de las garras del abismo
y me lleva consigo.

No te preocupes si se enriquece un hombre
y aumenta el fasto de su casa:
cuando muera, no se llevará nada,
su fasto no bajará con él.

Aunque en vida se felicitaban:
“Ponderan lo bien que lo pasas”,
irá a reunirse con sus antepasados,
que no verán nunca la luz.

El hombre rico e inconsciente
es como un animal que perece.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor me salva de las garras del abismo. Aleluya.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, la gloria y el esplendor. Aleluya.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, la gloria y el esplendor. Aleluya.

LECTURA: 1P 2, 4-5

Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.

RESPONSORIO BREVE

R/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

R/ Al ver al Señor.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Lo que os digo es la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque, si no me voy, no vendrá a vosotros el Defensor. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Lo que os digo es la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque, si no me voy, no vendrá a vosotros el Defensor. Aleluya.

PRECES

Invoquemos a Cristo que con su resurrección ha reanimado la esperanza de su pueblo y digámosle:

Señor Jesús, tú que siempre vives para interceder por nosotros, escúchanos.

Señor Jesús, de cuyo costado traspasado salió sangre y agua,
— haz de la Iglesia tu Esposa inmaculada.

Pastor supremo de la Iglesia, que después de tu resurrección encomendaste a Pedro, que te profesó su amor, el cuidado de tus ovejas,
— concede a nuestro papa Francisco un amor ardiente y un celo apostólico.

Tú que concediste a los discípulos que pescaban en el mar, una pesca abundante,
— envía operarios que continúen su trabajo apostólico.

Tú que preparaste a la orilla del mar pan y pescado para los discípulos,
— no permitas que nuestros hermanos mueran de hambre por culpa nuestra.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Señor Jesús, nuevo Adán que nos das la vida, transforma a nuestros difuntos a imagen tuya,
— para que compartan contigo la alegría de tu reino.

Ya que Dios nos ha adoptado como hijos, oremos al Padre como nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Que tu pueblo, Señor, exulte siempre al verse renovado y rejuvenecido en el espíritu, y que la alegría de haber recobrado la adopción filial afiance su esperanza de resucitar gloriosamente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Martes VI de Pascua

1) Oración inicial 

Te pedimos, Señor de misericordia, que los dones recibidos en esta Pascua den fruto abundante en toda nuestra vida. Por Jesucristo nuestro Señor. 

2) Lectura 

Del santo Evangelio según Juan 16,5-11
Ahora me voy a aquel que me ha enviado, y ninguno de vosotros me pregunta: ‘¿A dónde vas?’ Sino que por haberos dicho esto vuestros corazones se han llenado de tristeza. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré; y cuando él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio; en lo referente al pecado, porque no creen en mí; en lo referente a la justicia, porque me voy al Padre, y ya no me veréis; en lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo está juzgado. 

3) Reflexión

• Juan 16,5-7: Tristeza de los discípulos. Jesús, a partir de la comunicación artificiosa de su separación, provoca que la tristeza que los discípulos guardaban en el corazón aflore en ellos: “Ahora voy a aquel que me ha enviado y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas?”. Es evidente que separarse del estilo de vida aprendido junto a Jesús comporta para los discípulos un sufrimiento. Jesús insiste: “Es más, porque os he dicho esto, vuestro corazón se ha llenado de tristeza” (v.6). San Agustín explica así este sentimiento de abandono que invadía a los discípulos: “Les daba miedo el pensamiento de perder la presencia visible de Jesús… Su afecto humano se entristecía al pensar que sus ojos no experimentarían más el consuelo de verlo” (Comentario al evangelio de Juan, XCIV, 4). Jesús intenta disipar esta tristeza, causada por la disminución de su presencia, al revelar la finalidad de su marcha. Es decir, que si él no parte, el Paráclito no vendrá a ellos; pero si él muere para retornar al Padre, lo podrá enviar a los discípulos. La partida y la separación son condición previa para la venida del Paráclito: “pues si no me voy, no vendrá a vosotros el Consolador…” (v.7).
• Juan 16,8-11: Misión del Paráclito. Jesús continúa describiendo la misión del Paráclito. El término “Paráclito” significa “abogado”, es decir, apoyo, asistente. Aquí el Paráclito viene indicado como el acusador en un proceso que se realiza ante Dios, en el cual el imputado es el mundo, culpable de condenar a Jesús: “demostrará la culpa del mundo referente al pecado, a la justicia y al juicio” (v.8). El texto de la CEI (1967) traduce: “él convencerá al mundo”; el verbo griego elègkein significa que investigará, interrogará, pondrá a prueba: sacará a la luz la realidad, ofrecerá la prueba de la culpabilidad.
El objeto de la demostración es el pecado: él ofrecerá al mundo la prueba del pecado que ha cometido en lo que se refiere a Jesús y se lo manifestará. ¿De qué pecado se trata? El de la incredulidad (Jn 5,44ss; 6,36; 8,21.24.26; 10,31ss). Además, el haber pensado el mundo que Jesús es un pecador (Jn 9,24; 18,30) resulta ser una culpa inexcusable (Jn 15,21ss).
En segundo lugar, “demostrará” la culpabilidad del mundo ”respecto a la justicia”. En el plano jurídico, la noción de justicia que más concuerda con el texto es la que conlleva una declaración de culpabilidad o de inocencia en un juicio. En nuestro contexto, es la única vez que en el evangelio de Juan aparece el término “justicia”, en otros lugares aparece el de “justo”. En Jn 16,8 la justicia está unida a cuanto Jesús ha afirmado de sí mismo, es decir, a la finalidad por la que va al Padre. Con esta exposición explica su glorificación: Jesús va al Padre, está a punto de eclipsarse, y por tanto, los discípulos no podrán verlo más; está a punto de entregarse y de sumergirse totalmente en la voluntad del Padre. La glorificación de Jesús confirma su filiación divina y la aprobación por parte del Padre de la misión llevada a cabo por Jesús. Por tanto, el Espíritu demostrará directamente la justicia de Cristo (Jn 14,26; 15,26) al proteger a los discípulos y a la comunidad eclesial.
El mundo, que pensaba haber juzgado a Jesús condenándolo, ahora es condenado por “el príncipe de este mundo”, porque es el responsable de su crucifixión (13,2.27). Jesús, muriendo en la cruz, ha sido levantado (12,31) y ha vencido a Satanás. Ahora el Espíritu testificará a todos el sentido de la muerte de Jesús, que coincide con la caída de Satanás (Jn 12,32; 14,30; 16,33) 

4) Para la reflexión personal

• ¿Tenemos el mismo miedo y preocupación de perder a Jesús que tenían los discípulos?
• ¿Te dejas conducir por el Espíritu Paráclito que te lleva a identificar con verdad el error del mundo, te ayuda a adherirte a Jesús y te conduce a conocer la verdad sobre tí mismo? 

5) Oración final

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
por haber escuchado las palabras de mi boca.
En presencia de los ángeles tañeré en tu honor,
me postraré en dirección a tu santo Templo. (Sal 138,1-2)

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

X. LA PASCUA

1.- EXPULSIÓN DE LOS VENDEDORES DEL TEMPLO. LA MIRADA DE JESÚS

Jn 2, 23-25

De Caná de Galilea, Jesús bajó a Cafarnaún, en la ribera del mar de Galilea o de Tiberíades[1]. Ambas poblaciones estaban separadas por siete u ocho horas de camino. En esta ciudad permaneció Jesús pocos días. Algún tiempo después establecería aquí su residencia en la casa de Pedro. Ahora, era lo usual, va al encuentro de alguna de las caravanas de peregrinos que se formaban para ir a Jerusalén, pues ya estaba próxima la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén[2].

La Pascua era una de las fiestas nacionales y religiosas por excelencia de los judíos; recordaba la salida de Egipto y el pacto que Dios había realizado con los Patriarcas. En tiempos de Nuestro Señor duraba una semana entera, sin contar los días de viaje, que bien podían ser cuatro de ida y cuatro de vuelta para los que vivían en la alta Galilea. Viajaban a pie, en caravana, formando grupo los peregrinos de una o varias aldeas: así el camino tenía aires de fiesta y era más fácil evitar malas sorpresas de los bandidos.

En la gran explanada exterior del Templo y en los diversos atrios reservados a los judíos se reunían los peregrinos de todas partes, intercambiaban noticias, discutían sobre la Escritura y se confirmaban mutuamente en la grandeza del pueblo elegido y en la esperanza del Mesías. Era una especie de foro nacional.

Los sacrificios que se ofrecían en las fiestas exigían millares de víctimas, sin contar la harina, el vino, el aceite y la sal, que eran la materia de las ofrendas y de la cena pascual. Era, pues, razonable que se facilitase su adquisición a los peregrinos que venían de regiones más o menos lejanas. Además, los israelitas varones mayores de veinte años debían pagar cada año medio siclo. Era esta una moneda especial, llamada también moneda del Templo; las demás monedas en uso -denarios, dracmas, etc.-, por llevar impresa la efigie de autoridades paganas, eran consideradas impuras y, por tanto, no aptas para satisfacer este impuesto de carácter religioso. Esto dio origen a cambistas y a verdaderos banqueros que prestaban dinero, a veces con un interés que llegaba al veinte por ciento. Muchos peregrinos, sobre todo los que llegaban de tierras lejanas, aprovechaban para satisfacer el impuesto del medio siclo[3].

En estas fiestas existía un floreciente comercio de animales para los sacrificios, sobre todo en el atrio exterior del Templo o patio de los gentiles. Este lugar se llenaba de vendedores, cambistas, palomas, bueyes y corderos, etc., con las consecuencias imaginables: ruido, vocerío, altercados, mugidos… De hecho, parecía una verdadera feria. Este abuso se había introducido con el permiso tácito de las autoridades del Templo, que obtenían también sus buenos beneficios. Y lo que había comenzado como un servicio a los peregrinos degeneró en muchos abusos. Llegó Jesús a Jerusalén y se dirigió al Templo, y allí encontró a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados. Él subía a la fiesta con verdadero espíritu religioso. Iba a adorar a su Padre del Cielo. Por eso, al ver aquella feria en el lugar sagrado, se llenó de una santa indignación; y, dueño de Sí mismo, tomó del suelo algunas cuerdas que habían servido para atar a los animales, hizo con ellas un látigo y arrojó de aquel recinto a los animales y a los mercaderes, y después volcó las mesas de los cambistas. Las monedas de plata y cobre rodaron por el suelo en todas direcciones. Y decía: no hagáis de la casa de mi Padre un mercado. San Marcos añade estas otras palabras del Señor: ¿No está escrito que mi casa será llamada casa de oración para todas las gentes? Vosotros, en cambio, la habéis convertido en una cueva de ladrones.

El corazón del Señor, que se deja ganar por la sonrisa de un niño o por la mirada de una mujer desconsolada, es también capaz de una indignación tal que nosotros no podemos imaginar. Un día, cuando se disponía a curar a un hombre que tenía una mano paralizada, se dirigió a los judíos que permanecían callados. Estos le observaban con evidente mala fe. El Señor los miró con ira, señalan los evangelistas; a la vez, quedó entristecido por la ceguera de sus corazones. La misma santa ira brilló en sus ojos cuando ahuyentó la sugestión diabólica: ¡Retírate de mi vista, Satanás!, y cuando increpó a Pedro, que quería disuadirle del camino de la Cruz: ¡Apártate, Satanás! ¿Quién podrá imaginar la fuerza de su mirada en el momento en que decía a los fariseos ¡hipócritas!? ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos!… ¡Ay de vosotros…! ¡Serpientes, raza de víboras! La bondad del Corazón de Jesús no es ciertamente la de un hombre amorfo. Lo supieron bien los traficantes aquella mañana en los atrios del Templo. No lo olvidarían nunca.

Entre la muchedumbre que presenció este rápido acontecimiento nadie opuso a Jesús ninguna resistencia. Aquella figura indignada, llena a la vez de majestad, debió de sobrecoger a los asistentes. El proceder enérgico del Maestro recordó a sus discípulos un texto del Salmo: El celo de tu casa me consume.

Avisadas enseguida, o atraídas por el tumulto, aparecieron las autoridades del Templo. ¿Qué señal nos das para hacer esto?, le preguntaron. No se pone en cuestión la legitimidad de la expulsión. Ellos bien sabían en su conciencia –lo sabían todos– que aquel estado de cosas desdecía de un lugar sagrado. Lo toleraban, quizá, por las ganancias que les reportaba.

Jesús, como señal de su autoridad, les dijo: Destruid este Templo y en tres días lo levantaré.

Los judíos quedaron sorprendidos y desconcertados: ¿En cuarenta y seis años ha sido construido este Templo, y tú lo vas a levantar en tres días? Pensaban que el Señor hablaba del Templo material en el que se encontraban, el que Herodes el Grande había comenzado a construir en los años 19-20 a.C. y no quedaría concluido hasta el año 64 d.C., seis antes de su destrucción. Les resultaban especialmente sorprendentes las palabras de Jesús, pues el Templo, que había sustituido a la antigua Tienda del desierto, era para ellos el lugar escogido por Dios para manifestar de una manera particular su presencia en el pueblo escogido.

Jesús, como los profetas, sintió el más profundo respeto por el Templo. En él es presentado por su Madre; a él acude en las fiestas y solemnidades; aprueba el culto que en él se realiza, aunque condena el formalismo que amenaza viciarlo; en el Templo predicó muchas veces…

A lo largo de los siglos, también la Iglesia ha sabido manifestar su fe y su amor a Dios en un culto espléndido y lleno de generosidad en los templos cristianos. Con una mayor lógica al considerar que en el Sagrario no hay una imagen de Dios o una presencia moral de Él, sino Dios mismo, en Persona. Y el sacrificio que se ofrece sobre el altar es el sacrificio real, pero incruento, del mismo Hijo de Dios. Los judíos estaban orgullosos del Templo. Era sin duda el centro de la vida religiosa y nacional de los judíos palestinos, y también de todos aquellos que andaban dispersos en la Diáspora.

En realidad, contemplado con una mirada más honda, el Templo era solo una figura y un anticipo bastante imperfecto de la verdadera presencia de Dios entre los hombres, que comenzó en Nazaret en el momento de la Encarnación del Hijo de Dios en el seno purísimo de María. En Cristo habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente, enseñará san Pablo; Jesús era la plena presencia de Dios aquí en la tierra y, por lo tanto, el verdadero Templo de Dios, que resucitaría al tercer día.

Las autoridades judías interpretarán la respuesta de Jesús como un insulto, una blasfemia contra el Templo, contra Dios mismo. Era la acusación más grave que se podía levantar contra un judío, y merecía la pena de muerte. La utilizaron después contra el Señor agonizante en la cruz y, más tarde, les bastó oírla repetir a san Esteban para acusarle frente al Sanedrín y condenarle.


[1] Cfr. Jn 2, 12.

[2] Jn 2, 13.

[3] Sobre el valor de esta moneda, ver Anexo: «Monedas vigentes en tempos de Cristo».

Comentario – Martes VI de Pascua

Jesús ha hablado a sus discípulos de su vuelta al Padre: Me voy al que me envió, y esto, como era de esperar, les ha entristecido. Las despedidas no deseadas siempre nos llenan de tristeza, aunque las soportemos por el bien de la persona que se aleja de nuestro lado. Ante esta sensación de tristeza, Jesús insiste en la conveniencia de esta vuelta no sólo para él, sino también para los que queden en este mundo privados de su presencia sensible: Sin embargo, lo que os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito. En cambio, si me voy, os lo enviaré.

La ausencia ‘física’ de Jesús se llenará en seguida de una nueva presencia que no dejará que se sientan huérfanos: la presencia del Paráclito, el Espíritu consolador, que hará sentir con más fuerza la presencia del mismo Jesús en espíritu. Pero para que venga a nosotros el Paráclito, él tiene que marcharse; sólo así podrá enviarlo “desde el Padre”, puesto que es su enviado. Tras la muerte de Jesús, lo que los discípulos necesitan no es otra vez al mismo Jesús disponible en el mismo modo que lo había estado durante su existencia terrena, sino al Espíritu que nos lo hace presente de otra manera, más espiritual, pero también más íntima y dominante.

Y cuando venga –agrega el Maestro-, dejará convicto al mundo con la prueba de un pecado, de una justicia, de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre y no me veréis; de una condena, porque el Príncipe de este mundo está condenado. La presencia del Espíritu pondrá, pues, al descubierto, denunciando, el pecado de ese mundo que no ha creído en el testimonio de Jesús, la incredulidad de cuantos no han dado fe a sus palabras ni se han dejado convencer por sus obras.

También se pondrá de manifiesto la justicia del que, en cuanto Hijo obediente hasta la muerte y muerte de cruz, se ha hecho merecedor de su vuelta al Padre, su lugar de origen y su Patria. Con este retorno del Hijo al Padre se le hace justicia. El estado natural del Hijo es estar junto al Padre o en el Padre. Al recuperar este estado original, se le hace justicia.

Finalmente, la presencia del Espíritu traerá consigo la condena del que, en cuanto Príncipe de este mundo (=diablo), ya está condenado y de todos sus secuaces. Poner al descubierto estas realidades –pecado, justicia y condena- es sacar a la luz lo que esconden las tinieblas. Esta labor de discernimiento y juicio la llevará cabo el enviado por Jesús para dar testimonio de él, el Espíritu de la verdad. Pidamos al Señor que nos haga conscientes de estas cosas de las que el Espíritu Santo quiere convencer al mundo, de la existencia del pecado que es esencialmente incredulidad, de la justicia cumplida en aquellos que se hacen dignos de volver al Padre, su lugar de origen y su Patria definitiva, y de la condena que aguarda a quienes por razón de su soberbia se apartan de Dios, siguiendo los pasos del Príncipe de este mundo.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos “Apostolorum Successores”

69. Criterios del ejercicio de la función ejecutiva.

En el ejercicio de la función ejecutiva, el Obispo tendrá presente los siguientes criterios:

a) Hacia los propios fieles, puede realizar actos administrativos también si se encuentra fuera del propio territorio, o si lo están los fieles mismos, a menos que no conste diversamente por la naturaleza de la cosa o por las disposiciones del derecho.(170)

b) Hacia los forasteros, puede realizar actos administrativos, si se encuentran en el territorio de su competencia, en el caso de que se trate de concesión de favores o del acatamiento de leyes, universales o particulares, que se refieran al orden público, determinen la formalidad de los actos, o atañan a inmuebles situados en el territorio.(171)

c) La potestad ejecutiva, no sólo cuando es ordinaria, sino también cuando es delegada para un conjunto de casos, debe ser interpretada en sentido amplio. Cuando es delegada para casos particulares, debe ser interpretada en sentido estricto.(172)

d) Al delegado se entienden concedidas aquellas facultades sin las cuales la misma función no puede ser ejercida.(173)

e) Cuando varios sujetos son competentes para cumplir un acto, el hecho que se dirija a uno de ellos no suspende la potestad de los otros, sea ésta ordinaria o delegada.(174)

f) Cuando un fiel somete un caso a una autoridad superior, el inferior no se debe entrometer en el asunto, excepto por causa grave y urgente. En tal caso debe advertir inmediatamente al superior, para evitar que se verifiquen contradicciones en las decisiones.(175)

g) Cuando se trata de adoptar medidas extraordinarias de gobierno, en casos particulares, el Obispo, antes de cualquiera otra cosa, busque las informaciones y las pruebas necesarias y, sobre todo, en lo posible, se apresure a escuchar a los interesados en la cuestión.(176) A menos que no haya una causa muy grave, la decisión del Obispo deberá ser redactada por escrito y entregada al interesado. En el acto, sin lesionar la buena fama de las personas, deberán explicitarse con precisión los motivos, tanto para justificar la decisión, como para evitar cualquier apariencia de arbitrariedad y, eventualmente, para permitir al interesado recurrir contra la decisión.(177)

h) En los casos de los nombramientos ad tempus, caducado el límite establecido, tanto para la seguridad de las personas como para la certeza jurídica, el Obispo debe proveer con la máxima rapidez o renovando formalmente el nombramiento del titular del mismo oficio, o prorrogándole por un periodo más breve del previsto, o comunicando la cesación del oficio y nombrando al titular para un nuevo encargo.

i) La rápida solución de los asuntos es norma de ordinaria administración y también de justicia hacia los fieles.(178) Cuando la ley prescribe que el Obispo tome medidas en una determinada cuestión o si el interesado presenta legítimamente una instancia o un recurso, el decreto debe ser emitido dentro de tres meses.(179)

j) En el uso de sus amplias facultades para dispensar de las leyes eclesiásticas, el Obispo favorezca siempre el bien de los fieles y de la entera comunidad eclesial, sin sombra alguna de arbitrariedad o favoritismo.(180)


170 Cf. Codex Iuris Canonici, can. 136.

171 Cf. Codex Iuris Canonici, cans. 136; 13 § 2, 2°.

172 Cf. Codex Iuris Canonici, can. 138.

173 Cf. Codex Iuris Canonici, can. 138.

174 Cf. Codex Iuris Canonici, can. 139 § 1.

175 Cf. Codex Iuris Canonici, can. 139 § 2.

176 Cf. Codex Iuris Canonici, can. 50.

177 Cf. Codex Iuris Canonici, cans. 51 y 220. Acerca de los recursos contra las decisiones del Obispo, cf. sobre todo los cans. 1734 y 1737.

178 Cf. Codex Iuris Canonici, can. 221 § 1.

179 Cf. Codex Iuris Canonici, can. 57.

180 Cf. Codex Iuris Canonici, cans. 87; 88 y 90.

Recursos – Ofertorio – Ascensión del Señor

PRESENTACIÓN DE UNA BIBLIA, UN GRUPO DE JÓVENES Y UN ANCIANO O UNA ANCIANA

(Esta primera ofrenda consiste en reconocer la presencia de Jesús, tras su Ascensión a los cielos, en su palabra, en la comunidad y en la caridad. Alguien distinto hace una presentación general y, después, de uno en uno, presentan las tres ofrendas)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, en nombre de esta comunidad reunida para celebrar la fiesta de la Ascensión de tu Hijo a los cielos, quiero ofrecerte nuestra disponibilidad y sensibilidad para reconocerle presente en sus múltiples y muy diversos signos de su presencia. Que no se nos cierren, Señor, ni los ojos de la fe ni de nuestros corazones, para seguirle captando entre nosotros y para ser animados y animadas con su gracia.

1. La Biblia
Señor, yo te traigo hoy esta Biblia, que es tu misma Palabra, y lo hago en expresión de nuestro compromiso y de nuestra ofrenda a hacer de ella el eje de nuestras vidas y de nosotros y nosotras, sus oyentes permanentes. Así, permaneceremos unidos y unidas a Ti a través de la escucha de tu Hijo.

2. Un grupo de jóvenes
Mira, Señor, nosotros y nosotras, ya lo ves, somos un grupo de jóvenes de esta comunidad. Venimos en nombre de todos y de todas, para hacer ostensible nuestra disponibilidad a aceptar la presencia de tu Hijo en ella. Queremos comprometernos a tomar las decisiones de la comunidad como si fueran de tu propio Hijo.

3. Un anciano o una anciana
Aquí me tienes, Señor, como símbolo de la caridad que reina en nuestra comunidad y de su compromiso a atender y a servir a los más necesitados y a las más necesitadas. Tú bien sabes lo poco que podemos y valemos los ancianos y las ancianas en esta cultura nuestra. Por eso, haznos, Señor, sensibles a las necesidades de todas las personas.

PRESENTACIÓN DE UN GLOBO TERRAQUEO

(Esta ofrenda la puede hacer un o una catequista de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, con este globo terráqueo quiero, en nombre de toda la comunidad, manifestar nuestro compromiso misionero y evangelizador. Además, sabemos que Tú nos darás la fortaleza que precisamos para realizarlo, y para hacerlo con intrepidez y entusiasmo.

PRESENTACIÓN DE UN LIBRO O UN MÉTODO DE CATEQUESIS

(Hoy queremos simbolizar el envío de los discípulos a la misión en este gesto de ofrecer un método o libro que sirve para la catequesis de la comunidad. Obviamente, lo debe presentar un o una catequista)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo hoy, en respuesta al envío que haces de tus discípulos a la misión, este texto de nuestra catequesis de la comunidad. Es el método que seguimos para incorporar a los más pequeños (a los jóvenes o a los adultos) a la experiencia del encuentro con tu Hijo Jesucristo. Sin embargo, con él queremos expresar el compromiso evangelizador de la comunidad y el de cada uno de los y cada una de las catequistas que, como yo, nos esforzamos no sólo por transmitir unos conocimientos sobre Jesús, sino también nuestra vivencia de la fe.

PRESENTACIÓN DE UN VASO CON ACEITE

(Con este vaso de aceite y presentado por un miembro del grupo de Cáritas parroquial o una persona que se ocupe de atender las necesidades de los otros y de las otras, lo que queremos expresar es la responsabilidad de transformar el mundo a través del amor)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Yo te traigo hoy este vaso con aceite. Es símbolo de nuestro compromiso por curar las heridas de este mundo, víctima y distorsionado por el egoísmo de los hombres y de las mujeres. Queremos, Señor, que allí donde hay una necesidad, estemos tus discípulos y discípulas, para luchar por hacer de este mundo y de las personas un reflejo de la gloria que has concedido, hoy, a tu Hijo amado.

PRESENTACIÓN DE UN INSTRUMENTO DE ALBAÑILERÍA

(No sólo hay que luchar por cambiar las situaciones personales, porque, si sólo se hiciera eso, se podría incurrir en un grave pecado de conformismo, de ahí que, al presentar ese instrumento de albañilería, por alguien de la comunidad comprometido en la lucha social o sindical, lo que queremos expresar es el necesario compromiso por transformar las estructuras e instituciones de este mundo y de esta sociedad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo hoy este instrumento de albañilería, símbolo de nuestro compromiso por la transformación de las estructuras de este mundo. Ellas son víctimas de nuestros pecados y del egoísmo que invade los corazones de los hombres y de las mujeres. Si no las atacamos, todo seguirá igual, y los grandes y poderosos de esta tierra seguirán beneficiándose a costa de los más pequeños. Con él, queremos expresarte no sólo nuestro deseo de comprometernos individualmente, sino también el de la comunidad y la Iglesia. No es fácil la tarea. Por eso, danos tu fortaleza.

Oración de los fieles – Ascensión del Señor

Jesús vuelve a la casa del Padre. El miedo nos puede sobrevenir lejos de Él. Así pues, repetimos:

PADRE, QUE TU ESPÍRITU NOS GUÍE.

1.- Por el papa Francisco, para que no le falte nunca la luz de Cristo resucitado. OREMOS.

2.- Por los reyes, gobernantes, alcaldes y todos los dirigentes de la tierra, para que busquen siempre el bienestar de su pueblo. OREMOS

3.- Por los niños que recibirán a Jesús por primera vez en el pan partido. OREMOS

4.- Por los que viven lejos de Dios para que les llegue la palabra y la acojan y también ellos contribuyan a extender el Reino de Dios en la tierra. OREMOS

5.- Por los que sufren, los marginados, los enfermos para que la misericordia del Señor, les anime y les ayude en los malos momentos. OREMOS

6.- Por todos los que en otro tiempo estuvieron entre nosotros y ahora ya han marchado hacia la casa del Padre, para que compartan también la alegría de la compañía eterna de Cristo. OREMOS

7.- Por los que estamos reunidos a la mesa para que alimentados con la palabra y armados de la oración vayamos a hacer discípulos entre los hombres. OREMOS

Concédenos Padre estás súplica y envía tu Espíritu sobre nosotros y nuestros hermanos, para que acojamos tu palabra y cumplamos tu voluntad. Por Jesucristo Nuestro Señor.

Amén


Cristo está a la derecha de Dios para interceder por nosotros y por eso le dirigimos estas oraciones a nuestro Padre Dios y respondemos –de acuerdo con la promesa hecha por el mismo Jesús– lo siguiente:

TE LO PEDIMOS POR NUESTRO SEÑOR JESÚS, TU HIJO, QUE REINA EN EL CIELO.

1.- Por la Iglesia universal y por el Papa Francisco, para que su magisterio nos muestre el camino hacia las moradas del Cielo. OREMOS

2.- Por la unidad de los cristianos, por la aproximación de la Iglesia latina y las orientales, en las que apenas hay diferencias dogmáticas y de culto. Y que reconozcamos todos que el único Pastor es el Señor Jesús, que está a la derecha del Padre. OREMOS.

3.- Por los gobernantes y políticos, por quienes tienen poder de decisión respecto los caminos del mundo y de los hombres, para que sus juicios sean en bien de los hermanos e inspirados desde el cielo. OREMOS

4.- Por todos aquellos, laicos o religiosos, cristianos o no, pero que trabajan por la construcción de la paz, para que siguen firme en su condición pacífica y comprendan que es el Espíritu quien les infunde la idea de la paz y de la renovación del mundo. OREMOS

5.- Por los niños que tomaran su primera comunión, por, también, los fieles que en este mes de mayo dedican especial devoción a Santa María, Madre Dios, para que esos signos les hagan felices. OREMOS

6.- Por los pobres, los marginados, los tristes, los abandonados, los enfermos y los encerrados en su soberbia, para que el Espíritu, que está ya muy próximo, les ayude y influya al resto de los hermanos una apoyo amoroso y solidario a todos los sufren. OREMOS

7.- Por todos los miembros de esta parroquia (O comunidad) para que podamos celebrar durante muchos años la alegría de la Ascensión y permanezcamos con la lámparas dispuestas a la esperan del Espíritu que viene. OREMOS.

Dios Todopoderoso, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, escucha nuestras peticiones que ponemos en tus manos, para que tú nos des lo que más nos conviene.

Por Jesucristo Nuestro Señor

Amen

Comentario al evangelio – Martes VI de Pascua

El trabajo de los evangelizadores está lleno de adversidades y sufrimientos. Así va creciendo el reinado de Dios en esta tierra, en medio de muchas contradicciones tal como el mismo Jesús había anunciado a sus discípulos.

En esta narración llama la atención la serenidad de Pablo y Silas. Ellos transforman la cárcel en casa de oración. ¡Cuánta entereza hace falta para enfrentar así las injusticias y los golpes con las varas con que los han castigado las autoridades de aquel lugar!

Pero ellos no se sienten abandonados de Dios en el dolor y la humillación.   El terremoto que sacude el edificio es la manifestación de que Dios está al tanto de ellos e interviene. Se abren las puertas y salen libres. Pero el efecto más maravilloso es la conversión del carcelero, que inmediatamente  se bautiza con toda su familia.

El autor del libro de los Hechos ha explicado en breves palabras el proceso de incorporación a la comunidad cristiana de los nuevos convertidos: la fe en la Palabra que les transmite el apóstol, la explicación del significado de esa Palabra y le recepción del bautismo, cuyo fruto más inmediato es la incorporación a la comunidad cristiana.

Al día siguiente, las autoridades quieren dar el asunto por terminado y les dicen que se vayan de Filipos. Pablo, sin embargo, pide justicia y les acusa del tratamiento injusto e ilegal que han  infligido a unos ciudadanos romanos. Y exige reparación. Este detalle no conviene pasarlo por alto, pues nos indica que las leyes y los derechos de las personas son sagrados y se deben respetar. Es lo que siempre ha proclamado nuestra fe católica también hoy día.

Yo recuerdo en los años de la dictadura en Paraguay cómo se procedía por parte de las autoridades a impedir el trabajo de las pequeñas  comunidades cristianas sobre todo en el campo. Catequistas que eran encarcelados por reunirse a cantar o preparar la catequesis en el rancho de algún compañero. Cuántas de estas situaciones podría narrar nuestro compañero Pa’i Alberto Ramón, que en paz descanse. Se nos fue muy pronto este gran Misionero que dedicó su vida sobre todo a la gente del campo.

Hoy escuchamos las palabras de Jesús que dice a sus discípulos: “os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito. En cambio, si me voy, os lo enviaré”.

Una profunda tristeza embarga el corazón de los discípulos porque se dan cuenta de que Jesús se marcha. Ante la magnitud de esta desolación, Jesús conforta a los discípulos con la promesa del Espíritu Santo. ¿Y quién es el Espíritu que confirma y fortalece la fe de los discípulos a pesar de las circunstancias de crisis y persecución? Es la fuerza de lo alto que desciende sobre los discípulos reunidos con María la Madre de Jesús el día de Pentecostés y los acompaña hasta los últimos rincones del mundo.

Al Espíritu Santo no lo podemos ver, pero sí que lo podemos sentir dentro de nuestro corazón. Y se le conoce por los frutos que produce como son amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad. Así lo escribe S. Pablo en su carta los Gálatas.

Carlos Latorre