Presencias del Señor

1.- “Al verlo ellos se postraron…”, postura solo admitida ante la divinidad. “Pero algunos vacilaban…” Y no sin razón, vacilaban ante el misterio del hombre-Dios. Hoy el día del reconocimiento por parte de los discípulos de que ese Señor Jesús que ha andando con ellos por los campos de Palestina es eso: el Señor, el único Señor, Dios mismo.

Se postran ante Él. Y El mismo les dice que tiene todo poder en el cielo y en la tierra. San Pablo –le acabamos de oír—dice: “se sentó a su derecha”. Y una nube, siempre símbolo de los divino, se lo quita de la vista.

2.- La resurrección de Jesús ha sido una luz que poco a poco se ha ido abriendo paso en las tinieblas del corazón de los discípulos y han empezado a comprender aquellas palabras de Jesús: “El Padre y yo somos uno” “El Hijo del Hombre es el Señor del Sábado” Y “Yo soy”, la definición de Yahvé en el Antiguo Testamento.

Y algunos vacilaban, como nosotros vacilamos ante el pensamiento de que la encarnación el que bajó a la Tierra, Dios, sube hoy al cielo, hombre, hombre de carne y hueso, carne transfigurada, pero carne, sube Dios palpable y visible

Y algunos vacilaban, ¿no habían de vacilar?, judíos que por temor a caer en la idolatría no admitían ninguna representación de Dios, vacilaban de postrarse ante Jesús de Nazaret.

San Pablo entiende muy bien que esa vacilación sólo se puede cambiar en firme FE gracias a una revelación de Dios, y así la pide para que podamos aceptar que ese Jesús que se sienta a la diestra de Dios es por tanto igual a Dios

¿Qué andáis ahí parados?, ¿qué hacéis ahí pasmados?, ¿podían estar de otra manera ante una revelación como esa? Pasmados deberíamos estar nosotros si llegáramos a captar con el corazón que Dios es carne de nuestra carne y huesos de nuestros huesos.

Esta es la buena nueva de los Evangelios, que no sólo Dios está con nosotros, sino que es uno de nosotros.

3.- Y ese Señor Jesús que esta sentado junto al Padre, al parecer ausente, está presente con nosotros hasta el fin de los tiempos. Tal vez se ha insistido, no demasiado, sino unilateralmente en esa maravillosa presencia del Señor Jesús en la Eucaristía, donde Él está esperando nuestra visita de amigo, donde nos invita a comer juntos a su mesa como hermanos.

Pero hay otras presencias del Señor Jesús de las que Él mismo nos ha dejado constancia en el Evangelio. “Donde dos o tres se reúnan en mi nombre allí estaré yo entre ellos.

— Hijos y padres que se reúnen a rezar

— O padres solos, el matrimonio, que bastan dos para que Jesús esté entre ellos.

–Jóvenes que comparten sus preocupaciones religiosas en el monte, en un albergue o una tienda de campaña

–Jóvenes novios a los que preocupa su relación antes del matrimonio

Allí está siempre Jesús, que no limita su presencia a la reunión litúrgica, si no que nos acompaña en la casa, en el monte, el paseo, en el bar.

4.- “El que me ama cumplirá mis mandatos y mi Padre le amará y vendremos a él y haremos en él nuestra morada”

El Señor Jesús vendrá a cada uno de nosotros, no a estar, como está el hombre de la calle, en su trabajo, en una reunión, sino a morar, como está el hombre solamente en su hogar donde está tranquilo, está a sus anchas, está a gusto, siente el calor familiar. Por eso nunca estamos solos aunque nadie nos acompañe.

Y está el Señor Jesús a nuestro lado todos los días,

— cada día en todo aquel que tiende su mano solicitando ayuda.

–en el enfermo o anciano que pide comprensión y compañía

–hasta en el que nos pide un vaso de agua… “porque lo que hicisteis a uno de estos mis pequeños hermanos a mi lo hicisteis”

5.- El Señor Jesús se va al Padre, pero está con nosotros todos los días, por eso como los discípulos debemos quedarnos llenos de alegría porque en ningún sitio ni hora vamos a estar lejos de Él, en la iglesia, en casa, con los amigos, por las calles, en la soledad de las horas muertas, en el sanatorio, en la carretera conduciendo.

El Señor Jesús se va pero esta despedida no le aleja de nosotros, sino que intensifica sus presencias.

José Maria Maruri, SJ

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