Meditación – Martes VII de Pascua

Hoy es martes VII de Pascua.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 17, 1-11a):

En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar.

»Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese. He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra. Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti; porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado.

»Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti».

Hoy, el Evangelio de san Juan —que hace días estamos leyendo— comienza hablándonos de la “hora”: «Padre, ha llegado la hora» (Jn 17,1). El momento culminante, la glorificación de todas las cosas, la donación máxima de Cristo que se entrega por todos… “La hora” es todavía una realidad escondida a los hombres; se revelará a medida que la trama de la vida de Jesús nos abra la perspectiva de la cruz.

¿Ha llegado la hora? ¿La hora de qué? Pues ha llegado la hora en que los hombres conozcamos el nombre de Dios, o sea, su acción, la manera de dirigirse a la Humanidad, la manera de hablarnos en el Hijo, en Cristo que ama.

Los hombres y las mujeres de hoy, conociendo a Dios por Jesús («las palabras que tú me diste se las he dado a ellos»: Jn 17,8), llegamos a ser testigos de la vida, de la vida divina que se desarrolla en nosotros por el sacramento bautismal. En Él vivimos, nos movemos y somos; en Él encontramos palabras que alimentan y que nos hacen crecer; en Él descubrimos qué quiere Dios de nosotros: la plenitud, la realización humana, una existencia que no vive de vanagloria personal sino de una actitud existencial que se apoya en Dios mismo y en su gloria. Como nos recuerda san Ireneo, «la gloria de Dios es que el hombre viva». ¡Alabemos a Dios y su gloria para que la persona humana llegue a su plenitud!

Estamos marcados por el Evangelio de Jesucristo; trabajamos para la gloria de Dios, tarea que se traduce en un mayor servicio a la vida de los hombres y mujeres de hoy. Esto quiere decir: trabajar por la verdadera comunicación humana, la felicidad verdadera de la persona, fomentar el gozo de los tristes, ejercer la compasión con los débiles… En definitiva: abiertos a la Vida (en mayúscula).

Por el espíritu, Dios trabaja en el interior de cada ser humano y habita en lo más profundo de la persona y no deja de estimular a todos a vivir de los valores del Evangelio. La Buena Nueva es expresión de la felicidad liberadora que Él quiere darnos.

Rev. D. Pere OLIVA i March

Liturgia – San Felipe Neri

MARTES. SAN FELIPE NERI, presbítero, memoria obligatoria

Misa de la memoria (blanco).

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio Pascual de la Ascensión, después de la Ascensión o de la memoria.

Leccionario: Vol. II

  • Hch 20, 17-27. Completo mi carrera y consumo el ministerio que recibí del Señor Jesús.
  • Sal 67.Reyes de la tierra, cantad a Dios.
  • Jn 17, 1-11a.padre, glorifica a tu Hijo.

Antífona de entrada          Cf. Rom 5, 5; 8, 11
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el mismo Espíritu que habita en nosotros. Aleluya

Monición de entrada y acto penitencial
Hermanos, al comienzo de la celebración de esta Eucaristía, en la que vamos a venerar la memoria de san Felipe Neri, nos reconocemos limitados, pecadores que confían en la misericordia de Dios. Reconozcamos que no nos hemos dejado renovar por el Espíritu, que no siempre hemos vivido nuestro encuentro con los hermanos, especialmente con los que más nos necesitan.

• Tú que eres la víctima de propiciación por nosotros. Señor, ten piedad.
• Tú que eres el único justo. Cristo, ten piedad.
• Tú que eres nuestro abogado ante el Padre. Señor, ten piedad.

Oración colecta
OH, Dios,
que no cesas de enaltecer a tus siervos
con la gloria de la santidad,
concédenos, por tu bondad, que el Espíritu Santo
encienda en nosotros aquel mismo fuego
que atravesó admirablemente el corazón de san Felipe Neri.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Pidamos a Dios todopoderoso, que ha revestido de honor y de gloria a su Hijo, que escuche la oración de la Iglesia, peregrina aún por la tierra.

1.- Por la santa Iglesia de Dios, para que confiese que el Señor reina en los cielos, y no se vea cautivada por los bienes de la tierra. Roguemos al Señor.

2.- Por los que son llamados por Jesús para seguirlo más de cerca; para que con generosidad renuncien a sí mismos y no antepongan nada a la invitación del Señor. Roguemos al Señor.

3.- Por los que tienen el gobierno de las naciones, para que Dios les conceda ejercerlo con justicia y espíritu de servicio, y a nosotros nos haga sumisos a sus justas disposiciones. Roguemos al Señor.

4.- Por los fieles que sufren persecución en este mundo, para que el Señor les acorte la prueba y sean consolados y fortalecidos por la virtud del Espíritu Santo. Roguemos al Señor.

5.- Por todos nosotros, para que siguiendo el ejemplo de sencillez y de alegría de san Felipe Neri, vivamos como él en amor ardiente a Dios y servicio continuo a los hermanos. Roguemos al Señor.

Dios todopoderoso y rico en misericordia, te pedimos que el Espíritu Santo, con su venida, se digne habitar en nosotros y nos convierta en templos de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
AL ofrecerte, Señor, este sacrificio de alabanza,
te rogamos que, a ejemplo de san Felipe Neri
nos consagremos siempre con entusiasmo
a glorificar tu nombre y a servir al prójimo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Cf. Jn 15, 9
Como el Padre me ha amado, así os he amado yo, dice el Señor; permaneced en mi amor. Aleluya.

Oración después de la comunión
ALIMENTADOS con las delicias del cielo,

te pedimos, Señor,
que, a imitación de san Felipe Neri,
procuremos siempre aquello que nos asegura vida verdadera.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo
TE pedimos, Señor,
que el pueblo fiel se alegre sostenido por tu poder,
para que progresando en la vida cristiana
goce de los bienes presentes y futuros.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 26 de mayo

SAN FELIPE NERI, presbítero

San Felipe Neri nació en Florencia en 1515. Es uno de los santos más deliciosos del calendario. «El más italiano de los santos». Sencillo, ingenioso, alegre, extático, imprevisible, músico, poeta, extravagante.

Y humorista. El hermano Zaboni riñó un día a Felipe porque reía a carcajadas leyendo Las bromas del cura Arlotto:—Los sacerdotes no deben reír ruidosamente.—El Señor es bueno, contestó Felipe. ¿Cómo no va a alegrarse de que sus hijos nos riamos? La tristeza nos hace doblar el cuello y no nos permite mirar el cielo. Debemos combatir la tristeza, no la alegría.

Le llamaban desde niño Felipín el bueno, por su piedad, dulzura y amabilidad. Un tío suyo quiso hacerlo comerciante, pero lo daba todo, no valía para eso. «Yo se lo hubiera dejado todo, si no fuera por esa manía de rezar».

En medio del paganismo que imperaba en el ambiente renacentista romano, Felipe entrega todos sus haberes a los pobres, mientras él ayuna a pan y agua. Pasa los días en obras de caridad, y las noches en las catacumbas de San Sebastián, entregado a la oración y a la penitencia.

Alcanza altísima oración. Sus éxtasis duran horas y a veces se le oye clamar: ¡Basta, Señor, basta! ¡Detén el torrente de tu amor! Ante esta vida angelical poco podían hacer los asaltos del mal. Un par de mujerzuelas acechan un día contra su castidad. Las pupilas de fuego del Santo las hacen huir asustadas. Con todo, le gustaba rezar así: Señor, no te fíes de mí. Señor. ten de tu mano a Felipe, que, si no, un día, como Judas, te traicionará. Cuentan que el P. Nieto, santo director espiritual de Comillas, cuando se enteraba de la secularización de algún sacerdote, lloraba: ¡No conocen a Dios, no conocen a Dios! ¿Cómo lo iban a cambiar por una mujer?).

Funda una cofradía para atender a pobres y peregrinos. Visita cárceles y hospitales. Busca sobre todo a los niños y a los jóvenes. En 1551 se ordena sacerdote por obediencia. Desea ir a las Indias, como Javier. El P. Ghattino le dice de parte de Dios: Roma será tus Indias.

Y por toda Roma derrama sus caridades, sus fervores, su alegría contagiosa, la certeza de que hay más alegría en la virtud que en el pecado. Es proverbial su don de lágrimas, y de hacer milagros. Se le atribuye haber resucitado al príncipe Paulo Máximo, para que confesase un pecado.

En el tribunal de la penitencia conseguía conversiones maravillosas. Cuando celebraba Misa con el pueblo tenía que leer alguna historieta de humor, para que le distrajese un poco, y no caer en un éxtasis de varias horas. Si la celebraba solo, el monaguillo se iba y volvía dos horas después. Un éxtasis le produjo la dilatación del corazón y la deformación de dos costillas. Una se conserva en el Oratorio de Nápoles.

Todos los Papas y Príncipes acudían a él. También la Inquisición quiso prenderle por las procesiones que hacía a las siete iglesias romanas. Pero todo se aclaró. Fue amigo de San Carlos, San Ignacio, San Camilo y San Félix de Cantalicio. Su obra definitiva fue la fundación del Oratorio, para instruir y entretener a niños y jóvenes. Sed buenos… si podéis, les decía comprensivo. Con tal de no ofender a Dios, podéis cortar leña sobre mis espaldas. Desde el Oratorio extendía el bien a todas partes.

El Oratorio influyó mucho a través del Cardenal Baronio y otros muchos. Murió Felipe en 1595. Era la noche del Corpus y se fue a acabar la fiesta al cielo. Sus restos descansan en la Chiesa Nuova de Roma. Fue canonizado por Gregorio XV el 1622 junto con cuatro santos españoles.

Otros Santos de hoy: Eleuterio, Zacarías, Paulino, Mariana de Jesús, Felicísimo.

Justo y Rafael Mª López-Melús

Laudes – San Felipe Neri

LAUDES

SAN FELIPE NERI, presbítero

(1515-1595). Fundador de la Congregación del Oratorio. Fue muy caritativo y alegre.

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Venid, adoremos a Cristo, Pastor supremo. Aleluya.

SALMO 99: ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en sus presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades».

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Cristo, cabeza, rey de los pastores,
el pueblo entero, madrugando a fiesta,
canta a la gloria de tu sacerdote
himnos sagrados.

Con abundancia de sagrado crisma,
la unción profunda de tu Santo Espíritu
le armó guerrero y le nombró en la Iglesia
jefe de tu pueblo.

Él fue pastor y forma del rebaño,
luz para el ciego, báculo del pobre,
padre común, presencia providente,
todo de todos.

Tú que coronas sus merecimientos,
danos la gracia de imitar su vida,
y al fin, sumisos a su magisterio,
danos su gloria. Amén.

SALMO 84: NUESTRA SALVACIÓN ESTÁ CERCA

Ant. Tú nos devuelves la vida, y tu pueblo, Señor, se alegra contigo. Aleluya.

Señor, has sido bueno con tu tierra,
has restaurado la suerte de Jacob,
has perdonado la culpa de tu pueblo,
has sepultado todos sus pecados,
has reprimido tu cólera,
has frenado el incendio de tu ira.

Restáuranos, Dios salvador nuestro;
cesa en tu rencor contra nosotros.
¿Vas a estar siempre enojado,
o a prolongar tu ira de edad en edad?

¿No vas a devolvernos la vida,
para que tu pueblo se alegre contigo?
Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu salvación.

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos
y a los que se convierten de corazón.»

La salvación está ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará en nuestra tierra;
la misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;

la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo;
el Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.

La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tú nos devuelves la vida, y tu pueblo, Señor, se alegra contigo. Aleluya.

CÁNTICO de ISAÍAS: HIMNO DESPUÉS DE LA VICTORIA SOBRE EL ENEMIGO

Ant. Confiamos en el Señor; él nos ha dado la paz. Aleluya.

Tenemos una ciudad fuerte,
ha puesto para salvarla murallas y baluartes:

Abrid las puertas para que entre un pueblo justo,
que observa la lealtad;
su ánimo está firme y mantiene la paz,
porque confía en ti.

Confiad siempre en el Señor,
porque el Señor es la Roca perpetua.

La senda del justo es recta.
Tú allanas el sendero del justo;
en la senda de tus juicios, Señor, te esperamos,
ansiando tu nombre y tu recuerdo.

Mi alma te ansía de noche,
mi espíritu en mi interior madruga por ti,
porque tus juicios son luz de la tierra,
y aprenden justicia los habitantes del orbe.

Señor, tú nos darás la paz,
porque todas nuestras empresas
nos las realizas tú.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Confiamos en el Señor; él nos ha dado la paz. Aleluya.

SALMO 66: QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR

Ant. La tierra ha dado su fruto: que canten de alegría las naciones. Aleluya.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. La tierra ha dado su fruto: que canten de alegría las naciones. Aleluya.

LECTURA: Hch 13, 30-33

Dios resucitó a Jesús de entre los muertos. Durante muchos días, se apareció a los que lo habían acompañado de Galilea a Jerusalén, y ellos son ahora sus testigos ante el pueblo. Nosotros os anunciamos que la promesa que Dios hizo a nuestros padres, nos la ha cumplido a los hijos resucitando a Jesús. Así está escrito en el salmo segundo: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy.»

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
V/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

R/ El que por nosotros colgó del madero.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Ha resucitado el Señor de entre los muertos, como lo había predicho; alegrémonos y regocijémonos, porque reina eternamente. Aleluya.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ha resucitado el Señor de entre los muertos, como lo había predicho; alegrémonos y regocijémonos, porque reina eternamente. Aleluya.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, el Señor, que nos prometió enviar desde el Padre el Espíritu Santo, y supliquémosle, diciendo:

Señor Jesucristo, danos tu Espíritu.

Que tu palabra, oh Cristo, habite entre nosotros en toda su riqueza,
— para que te demos gracias con salmos, himnos y cánticos, inspirados por el Espíritu.

Tú que por medio del Espíritu nos hiciste hijos de Dios,
— haz que, unidos a ti, invoquemos siempre a Dios como Padre, movidos por el mismo Espíritu.

Haz que obremos guiados por tu sabiduría,
— y que realicemos nuestras acciones a gloria de Dios.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que eres compasivo y misericordioso,
— concédenos estar en paz con todo el mundo.

Ya que Dios nos ha adoptado como hijos, oremos al Padre como nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Señor Dios, que no cesas de enaltecer a tus siervos con la gloria de la santidad, concédenos que el Espíritu Santo nos encienda con aquel mismo fuego con que abrasó el corazón de san Felipe Neri. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.