La misa del domingo: misa con niños

PENTECOSTÉS

 
1º Lecturas: Hch 2, 1-11 Salmo:
Salmo 103
2ª Lecturas: Ef 1, 17-23
Evangelio: san Juan 20, 19-23
 
AMBIENTACIÓN:

Es difícil hablar a los niños y niñas de la figura del Espíritu Santo. Tenemos dos semanas para hablar de Él. Hoy podemos hablar sobre la fuerza que nos da el Espíritu Santo. ¿Cómo? Sencillamente haciendo esta experiencia: se les pide a l@s pequeñ@s que cierren los ojos e intenten sentir las venas que tienen en sus muñecas. Seguro que si le pregunta que si las palpan dirán que sí; llegado este momento se les invita a sentir el roce de la sangre pasando por ellas… y dirán que no. Claro, es tan sutil todo que no sentimos el paso de la sangre pero si sabemos que nos pasaría si no corriera por nosotros… que nos moriríamos. Pues precisamente eso es lo que le ocurre al cristiano, que el Espíritu Santo esta en nosotros dándonos fuerza y llevándonos de la mano. No lo vemos, pero está. ¿De dónde viene la alegría que sentimos muchos días si no nos ha pasado nada especial? ¡Del Espíritu Santo! Así es.

ACTO PENITENCIAL:

Juntos pedimos perdón al Señor diciendo Yo confieso…. Al acabar, y con un canto apropiado se asperja los niños y niñas recordando el bautismo que un día recibieron y que les llenó del Espíritu Santo.

Pautas homiléticas

Podemos empezar haciendo lo que he marcado en la ambientación de arriba. 

Y también se les puede decir que mientras Jesús estaba con los suyos les protegía y acompañaba en su caminar. Pero cuando anuncia su marcha con el Padre les promete que no les iba a dejar solos, huérfanos. Que les iba a enviar el Paráclito que les irá revelando la verdad sobre el hombre y sobre Dios. Esa promesa se hace realidad hoy, en el día de Pentecostés. En la mediada en que cada uno se abra a su actuación, se irá haciendo verdaderamente más libre y bueno. Toda la idea se puede resumir que no nos quedamos solos, desde entonces el Espíritu siempre esta a nuestro lado.

PETICIONES:

Oremos diciendo: Ven, Espíritu Santo

1.- Para que haya paz, concordia, justicia y libertad en todos los pueblos de la tierra. Oremos. Ven; Espíritu Santo.

2.- Para que el Papa, nuestro Obispo y todos los creyentes, seamos luz para nuestros hermanos. Ven; Espíritu Santo.

3.- Para que los países ricos sean realmente generosos con los países del tercer Mundo. Ven; Espíritu Santo.

4.- Para que todos los hombres de buena voluntad se sientan acompañados por el amor de Dios. Ven; Espíritu Santo.

5.- Para que la celebración de esta misa nos llene a todos de fe y de esperanza. Ven; Espíritu Santo.

OFERTORIO

Se ofrecen 6 velas rojas indicando los dones del Espíritu Santo al entregarlas se dice.

• Ven, Espíritu de Sabiduría, de entendimiento, de ciencia, líbranos de nuestras cegueras y tinieblas, de nuestras dudas e indecisiones, de nuestros fanatismos y prejuicios.

• Ven, Espíritu de fortaleza, para que venzamos nuestros miedos y debilidades, nuestros pesimismos y depresiones, nuestros apegos y ataduras, nuestras parálisis y turbaciones.

• Ven, Espíritu de piedad y santo temor, no nos dejes caer en autosuficiencia y el orgullo, y danos un corazón humilde y misericordioso, benévolo y protector para lo pequeños.

• Ven, Espíritu de consejo, de prudencia, de tolerancia, de paciencia, ayúdanos a ser guía para el que dude y maestro para el que no sabe.

• Ven, Espíritu de consuelo, de gozo íntimo y alegría desbordante. Enjuga nuestras lágrimas, cura nuestras heridas, mitiga nuestros dolores, transforma nuestros sufrimientos y que sepamos llevar consuelo a los demás, transmitir a toda alegría y esperanza. 

• Ven, Espíritu de amor, de ternura, de generosidad, de entrega. Haz arder nuestro corazón en tu santo fuego. Contágianos de tu misericordia y enséñanos a amar.

ACCION DE GRACIAS:

Creo en el Espíritu Santo, “Señor y dador de vida”.

Creo en su soplo, lleno de fuerza, que nos estimula a crear comunión con nuestros hermanos y formar una comunidad de salvados.
Creo que él nos hizo renacer en las agua del bautismo y nos constituyó hijos de Dios y hermanos de Cristo Jesús.
Creo que el nos constituye en una comunidad celebrante para glorificar a Dios Padre y participar en el misterio de Cristo con la oración y los sacramentos.
Creo que él hace siempre actual la Palabra de Dios que se proclama en nuestras celebraciones y suscita nuevas energías para que luego sea vivida en nuestra existencia.

Creo que él es quien suscita y anima nuestra oración, para que sea “en espíritu y en verdad”: la oración de los hijos que se dirigen a Dios como a su Padre.
Creo que él, a cuantos cada domingo, participamos en la eucaristía, nos llena de su energía, de su novedad, de su vida.
Creo que él os anima a ser testigos y misioneros del evangelio de Cristo en nuestra familia y en nuestra sociedad.

MONICIÓN FINAL:

Acabamos nuestra celebración recordando a todos los hombres y mujeres del mundo que desde su trabajo diario, su labor en la casa y su vida social anuncian a Cristo vivo y resucitado con la fuerza del Espíritu Santo, son los laicos comprometidos por un mundo mejor. Que también nosotros anunciemos con nuestras vidas lo que creemos por la fe.