Vísperas – Martes IX de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MARTES IX TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Libra mis ojos de la muerte;
dales la luz que es su destino.
Yo, como el ciego del camino,
pido un milagro para verte.

Haz de esta piedra de mis manos
una herramienta constructiva;
cura su fiebre posesiva
y ábrela al bien de mis hermanos.

Que yo comprenda, Señor mío,
al que se queja y retrocede;
que el corazón no se me quede
desentendidamente frío.

Guarda mi fe del enemigo
(¡tantos me dicen que estás muerto!…).
Tú que conoces el desierto,
dame tu mano y ven conmigo. Amén.

SALMO 19: ORACIÓN POR LA VICTORIA DEL REY

Ant. El Señor da la victoria a su Ungido

Que te escuche el Señor el día del peligro,
que te sostenga el nombre del Dios de Jacob;
que te envíe auxilio desde el santuario,
que te apoye desde el monte Sión.

Que se acuerde de todas tus ofrendas,
que le agraden tus sacrificios;
que cumpla el deseo de tu corazón,
que dé éxito a todos tus planes.

Que podamos celebrar tu victoria
y en el nombre de nuestro Dios alzar estandartes;
que el Señor te conceda todo lo que pides.

Ahora reconozco que el Señor
da la victoria a su Ungido,
que lo ha escuchado desde su santo cielo,
con los prodigios de su mano victoriosa.

Unos confían en sus carros,
otros en su caballería;
nosotros invocamos el nombre
del Señor, Dios nuestro.

Ellos cayeron derribados,
nosotros nos mantenemos en pie.

Señor, da la victoria al rey
y escúchanos cuando te invocamos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor da la victoria a su Ungido.

SALMO 20: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA DEL REY

Ant. Al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y cuanto goza con tu victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no le has negado lo que pedían sus labios.

Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has puesto en su cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años que se prolongan sin término.

Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has vestido de honor y majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas de gozo en tu presencia;
porque el rey confía en el Señor,
y con la gracia del Altísimo no fracasará.

Levántate, Señor, con tu fuerza,
y al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Al son de instrumentos cantaremos tu poder.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

LECTURA: 1Jn 3, 1a.2

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! Queridos, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

RESPONSORIO BREVE

R/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.
V/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

R/ Tu fidelidad de generación en generación.
V/ Más estable que el cielo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

PRECES

Alabemos a Cristo, que mora en medio de nosotros, el pueblo adquirido por él y supliquémosle, diciendo:

Por el honor de tu nombre, escúchanos, Señor.

Dueño y Señor de los pueblos, acude en ayuda de todas las naciones y de los que las gobiernan:
— que todos los hombres sean fieles a tu voluntad y trabajen por el bien y la paz.

Tú que hiciste cautiva nuestra cautividad,
— devuelve la libertad de los hijos de Dios a todos aquellos hermanos nuestros que sufren esclavitud en el cuerpo o en el espíritu.

Concede, Señor, a los jóvenes la realización de sus esperanzas
— y que sepan responder a tus llamadas en el transcurso de su vida.

Que los niños imiten tu ejemplo
— y crezcan siempre en sabiduría y en gracia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acoge a los difuntos en tu reino,
— donde también nosotros esperamos reinar un día contigo.

Con el gozo de sabernos hijos de Dios, acudamos a nuestro Padre:
Padre nuestro…

ORACION

Te damos gracias, Señor, Dios todopoderoso, porque has permitido que llegáramos a esta noche; te pedimos quieras aceptar con agrado el alzar de nuestras manos como ofrenda de la tarde. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Martes IX de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Señor, nos acogemos confiadamente a tu providencia, que nunca se equivoca; y te suplicamos que apartes de nosotros todo mal y nos concedas aquellos beneficios que pueden ayudarnos para la vida presente y la futura. Por nuestro Señor. 

2) Lectura

Del santo Evangelio según Marcos 12,13-17
Y envían hacia él algunos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra. Vienen y le dicen: «Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar?» Mas él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: «¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea.» Se lo trajeron y les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?» Ellos le dijeron: «Del César.» Jesús les dijo: «Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios.» Y se maravillaban de él. 

3) Reflexión

• En el evangelio de hoy continúa el enfrentamiento entre Jesús y las autoridades. Los sacerdotes, ancianos y escribas habían sido criticados y denunciados por Jesús en la parábola de la viña (Mc 12,1-12). Ahora, los mismos piden a los fariseos y a los herodianos que preparen una encerrona contra Jesús, para poderlo acusar y condenar. Preguntaban a Jesús sobre el impuesto que había que pagar a los romanos. Era un asunto polémico que dividía a la opinión pública. Los adversarios de Jesús querían a toda costa acusarlo para menguar su influencia ante la gente. Grupos, que antes eran enemigos entre sí, ahora se unen para luchar en contra de Jesús que invadía, según ellos, su terreno. Esto sigue ocurriendo hoy. Muchas veces, personas o grupos, enemigos entre sí, se unen para defender sus privilegios contra aquellos que los incomodan con el anuncio de la verdad y de la justicia.
• Marcos 12,13-14. La pregunta de los fariseos y de los herodianos. Fariseos y herodianos eran las lideranzas locales en los poblados de Galilea. Mucho antes, habían decidido matar a Jesús (Mc 3,6). Ahora, al mando de los Sacerdotes y de los Ancianos, quieren saber de Jesús si está a favor o contra el pago del impuesto a los romanos, a César. Pregunta experta, ¡llena de malicia! Bajo la apariencia de fidelidad a la ley de Dios, buscan motivos para poderle acusar. Si Jesús dijera: “¡Tienes que pagar!”, podrían acusarle ante el pueblo de ser amigos de los romanos. Si dijera: “¡No hay que pagar!”, podrían acusarle ante las autoridades romanas de ser subversivo. ¡Parecía un callejón sin salida!
• Marcos 12, 15-17: La respuesta de Jesús. Jesús percibe la hipocresía. En su respuesta, no pierde tiempo en inútiles discusiones y va derecho al núcleo de la cuestión. En vez de responder y de discutir el asunto del tributo a César, pide que le muestren la moneda, y pregunta: «¿De quién es esta imagen e inserción?» Ellos responden: «¡De César!» Respuesta de Jesús:»Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios!”. En la práctica reconocían ya la autoridad de César. Ya estaban dando a César lo que era de César, pues usaban sus monedas para comprar y vender y hasta para pagar ¡el impuesto al Templo! Lo que interesa a Jesús es que “den a Dios lo que es de Dios”, esto es, que devuelvan a Dios el pueblo, por ellos desviado, pues con sus enseñanzas bloqueaban a la gente la venida del Reino (Mt 23,13). Otros explicaban esta frase de Jesús de otro modo: “¡Den a Dios lo de Dios!”, esto es, practiquen la justicia y la honestidad según lo que exige la Ley de Dios, pues por la hipocresía ustedes están negando a Dios lo que se le debe. Los discípulos y las discípulas deben ¡tomar conciencia! Pues era el fermento de estos fariseos y herodianos lo que les estaba cegando los ojos (Mc 8,15).
• Impuestos, tributos y diezmos. En el tiempo de Jesús, la gente de Palestina pagaba muchos impuestos, tasas, tributos y diezmos a los romanos y al Templo. El imperio romano invadió Palestina en el año 63 aC y pasó a exigir muchos impuestos y tributos. Por los cálculos hechos, se calcula que la mitad o más del sueldo familiar iba para los impuestos, los tributos, las tasas y los diezmos. Los impuestos que los romanos exigían eran de dos tipos: directos e indirectos:
a) El impuesto Directo era sobre las propiedades y sobre las personas. Impuesto sobre las propiedades (tributum soli): los fiscales del gobierno verificaban el tamaño de la propiedad, la cantidad de la producción, y el número de esclavos y fijaban la cuantía que debía ser pagada. Periódicamente, había una fiscalización mediante censos. Impuesto sobre las personas (tributum capitis): era para las clases pobres, sin tierra. Incluía tanto a los hombres como a las mujeres entre 12 y 65 años. Era sobre la fuerza de trabajo. 20% de la renta de cada persona era para el impuesto.
b) El imposto Indirecto era sobre transacciones variadas. Corona de oro: Originariamente era un regalo al emperador, pero se convirtió en un impuesto obligatorio. Se cobraba en ocasiones especiales, como fiestas y visitas del emperador. Impuesto sobre la sal: la sal era monopolio del emperador. Se tributaba sólo la sal para uso comercial. Por ejemplo la sal usada para esicar el pescado. De aquí la palabra “salario”. Impuesto sobre compra y venta: En cada transacción comercial se pagaba el 1%. El cobro corría a cargo de los fiscales en la feria. En la compra de esclavo se exigía el 4%. En cada contrato comercial registrado, se exigía el 2%. Impuesto para ejercer la profesión. Para todo se precisaba la licencia. Por ejemplo, un zapatero en la ciudad de Palmira, pagaba un denario al mes. Un denario era el equivalente al salario de un día. Hasta las prostitutas tenían que pagar. Impuesto sobre el uso de cosas de utilidad pública: El emperador Vespasiano introdujo el impuesto para poder usar los retretes públicos en Roma. El decía: ”¡El dinero no huele!”.
c) Otras tasas y obligaciones: Pedaje o aduana. Trabajo forzado. Gastos especiales para el ejército (dar hospedaje a los soldados, pagar la comida para el sustento de las tropas); Impuesto para el Templo y el Culto.

4) Para la reflexión personal

• ¿Conoces algún caso de grupos o de personas que eran enemigos entre sí, pero que se juntaron para perseguir a una persona honesta que los incomodaba y denunciaba? ¿Te ha pasado alguna vez?
• ¿Cuál es hoy el sentido de la frase: “Lo de César devolvédselo a César, lo de Dios a Dios”? 

5) Oración final

Sácianos de tu amor por la mañana,
y gozaremos y cantaremos de por vida.
¡Que tus siervos vean tu acción,
y tus hijos tu esplendor! (Sal 90:14,16)

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

XI. A TRAVÉS DE SAMARIA

 

1.- CAMINO DE GALILEA. LOS SAMARITANOS Jn 4, 1-4

Después de unas semanas en Jerusalén y en otros lugares de Judea, Jesús se dirigió a Galilea acompañado de sus discípulos[1]. Existían dos rutas principales. Una, más larga, bordeaba el Jordán. La otra, que tomará en esta ocasión el Señor, atravesaba Samaria y seguía el eje norte-sur por la línea de las cumbres. Esta vía secundaria existía desde siempre. Por ella caminaron los patriarcas, y aparece expresamente citada en la época de los Jueces. Tenía la ventaja de atravesar territorios bastante poblados, con agua y alimentos, pero contaba con un serio inconveniente para el peregrino que iba o volvía de Jerusalén: pasaba por aldeas de samaritanos, enemigos tradicionales de los judíos y siempre dispuestos a poner trabas a las peregrinaciones a Jerusalén. Por eso los galileos desistían normalmente de tomar este camino, que en principio era más directo.

El fuerte antagonismo entre judíos y samaritanos existía ya antes del Destierro (587 a.C.). Sin embargo, ambos pueblos habían compartido, hasta la división de los reinos del Norte y Sur, religión y Templo común, el de Jerusalén. Samaria fue repoblada más tarde con habitantes de otros lugares sometidos. Con el tiempo se originó una mezcla de razas y de religión. Estas poblaciones, extrañas y ajenas entre sí, acabaron, por una parte, venerando al Dios de Samaria, Yahvé, pero sin abjurar de los propios dioses. A tal fin les fue enviado por el rey de Asiria un sacerdote hebreo, de aquellos que habían sido deportados, para que les enseñara el culto del Dios de la región[2]. Y resultó, con el paso de los años, como era de esperar, una amalgama religiosa, semejante a la étnica. El nuevo culto samaritano tuvo su panteón propio, puesto que las razas emigradas conservaron sus antiguas divinidades, haciendo lugar entre ellas, claro está, al Dios local, Yahvé. Los samaritanos perdieron la pureza de la fe y esto ocasionó, con el tiempo, la enemistad entre estos dos pueblos.

Jesús tomó esta vez la ruta más corta. En esta primera etapa llegó hasta el pozo de Jacob, cerca de Sicar. El Señor llegó cansado del camino.

Los samaritanos construyeron su propio templo en el Monte Garizín, semejante al templo de Jerusalén. Lo dedicaron, como es lógico, a Yahvé. Poco a poco los habitantes de Samaria empezaron a considerarse como los auténticos herederos de los patriarcas, los únicos que habían permanecido en su patria mientras los judíos erraban por países extraños.

A principios del siglo II a.C., el libro del Eclesiástico refleja la mentalidad judía frente al pueblo samaritano: afirma que el judío rechaza profundamente a los edomitas y a los filisteos –cosa natural entonces, dada la vieja enemistad entre Israel y estos dos pueblos extranjeros–, pero inmediatamente después añade que además de estos dos hay un tercero que ni siquiera es pueblo[3]. No se podía expresar de un modo más drástico la aversión hacia los samaritanos; se guardaba para ellos un rechazo más fuerte que para los edomitas y los filisteos. Negar que eran un «pueblo» era como llamarles impíos y ateos. Con razón escribe san Juan un poco más adelante que no se tratan los judíos con los samaritanos. La enemistad era profunda.


[1] Cfr. Jn 4, 5-45.

[2] 2 R 17, 27.

[3] Dos pueblos me son odiosos y un tercero que ni siquiera es pueblo.
Los que moran en las montañas de Seir y los filisteos y el pueblo necio que habita en Siquén (Si 50, 27-28).

Comentario – Martes IX de Tiempo Ordinario

El evangelista nos refiere que en cierta ocasión mandaron a Jesús unos fariseos y partidarios de Herodes para cazarlo con una pregunta. El hecho de que quienes le hacen la pregunta sean fariseos y herodianos ya revela la mala intención de los encuestadores; porque no se trata de personas que comulguen política o ideológicamente. Mientras que los fariseos eran, en general, contrarios al gobierno de Roma y al pago de impuestos a un gobierno extranjero, los herodianos eran por conveniencia conformistas con la situación y favorables al régimen imperante y a la contribución exigida. La pregunta capciosa era ésta: Maestro, sabemos que eres sincero y que no te importa nadie; porque no te fijas en las apariencias, sino que enseñas el camino de Dios sinceramente¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?

A esta pregunta, los herodianos respondían: no solamente es lícito pagar el impuesto al César, sino justo y necesario. Los judíos también formaban parte del imperio romano y tenían que contribuir a su mantenimiento y esplendor. Los fariseos, en cambio, respondían: no es lícito que el César romano exija pago de impuestos a los judíos, pues el régimen imperial es un régimen de gobierno basado en la injusticia de la imposición y del dominio, y los judíos son un pueblo con vocación de libertad, constituido como tal por la llamada de Dios a salir de Egipto y por sus poderosas intervenciones. Sólo Dios y las autoridades investidas por Dios podían reclamar el pago de los impuestos. Ante esta alternativa, la respuesta de Jesús acabaría situándole en un partido o el otro, reduciendo el horizonte de su misión a los límites de una determinada perspectiva política o ideológica.

Jesús capta enseguida la hipocresía o doblez de sus encuestadores y les replica: ¿Por qué intentáis cogerme? Traedme un denario, que lo vea. El denario era la moneda (oficial) con la que pagaban los impuestos. Se lo trajeron y él les preguntó: ¿De quién es esta cara y esta inscripción?Le contestaron: Del César. Y Jesús sentenció: Lo que es del César pagádselo al César, y lo que es de Dios, a Dios. Aquella respuesta les desarmó, dejándoles sin recursos argumentativos. Se quedaron admirados. Pero reparemos un poco más en la ingeniosa respuesta del Maestro. La moneda que le presentan evidentemente llevaba la imagen e inscripción del César romano porque había sido acuñada por su gobierno y bajo su imperio. En semejante situación lo lógico es pensar que el César pueda exigir el pago de impuestos con la moneda acuñada bajo su régimen gubernativo.

Los impuestos son siempre –o deben ser al menos- la contraprestación a unos servicios de los que se benefician todos los ciudadanos. En este sentido, Jesús no ve inconveniente en que el César romano pueda cobrar tales impuestos; al fin y al cabo es su moneda o la moneda del Estado. Según esto, Jesús parece aliarse más bien con los herodianos; al menos no se pone de la parte de quienes preconizan una sublevación social para echar abajo a un gobierno extranjero que ha impuesto injustamente su dominio. Su trato con los militares extranjeros, como el centurión de Cafarnaúm, fue siempre exquisito. No parece, pues, tener ningún tipo de xenofobia, ni albergar sentimientos nacionalistas como muchos de sus contemporáneos. Pero, después de haber dicho: «dad al César lo que es del César», añade: y a Dios lo que es de Dios. Si todos los ciudadanos del Imperio pagan impuestos, y los judíos son también ciudadanos del mismo Imperio, es justo que paguen impuestos como los demás; pero Jesús quiere llamar la atención sobre un aspecto quizá olvidado en medio de los debates políticos o de partido: que Dios también es dueño y Señor; que Dios es más que el César; que también a Él hay que darle o devolverle lo que es suyo.

Aquí no se trata propiamente de impuestos, sino de devoluciones. Dios espera que le devolvamos lo que es suyo. ¿Y qué es de Dios? Sin duda, todo lo que somos y tenemos. Dios es, respecto de nosotros, más que propietario; es creador. Y el creador tiene un título mayor de propiedad sobre su criatura que el mismo propietario que la hubiese adquirido por contrato de compraventa. Somos enteramente de Dios, y lo somos con todo lo que tenemos y hemos adquirido. En nosotros, hechos a imagen suya, está grabada su imagen e inscripción, lo queramos reconocer o no. Y lo que es de Dios, porque lleva su imagen y su sello, debe serle devuelto cuando sea reclamado. De hecho, esto es lo que sucede forzosamente con la muerte. Pero de nosotros, creaturas libres, se espera una respuesta consciente y agradecida. Dios, del mismo modo que nos ha dado la vida nos puede exigir su devolución. Estemos prestos a darle lo que es suyo. Negarse a ello, además de inútil, sería un acto de rebeldía e insumisión poco inteligente.

No debemos olvidar nunca, sin embargo, que Dios es infinitamente más generoso que nosotros; que el ‘impuesto’ que reclama lo ha dado Él con antelación para seguir dando mucho más de lo que pide, una vida de categoría infinitamente superior a la que pide a modo de impuesto. Y con la vida los bienes, que sólo sirven para el tiempo presente y que resultan inútiles para la vida futura. Dios también nos puede pedir parte de nuestras posesiones para socorrer a los demás. Es la dimensión solidaria de nuestros bienes. La exigencia de la caridad es también impuesto de Dios. Como veis, la respuesta de Jesús se sitúa en otro nivel bien distinto al de las disputas políticas o ideológicas sobre la financiación del Estado. Que Dios no permita que en medio de tantas disputas acabemos perdiendo la lucidez mental y la verdadera dimensión de las cosas.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos «Apostolorum Successores»

83. Preocupación por la formación permanente del clero.

El Obispo educará a los sacerdotes de todas las edades y condiciones para el cumplimiento de su deber de formación permanente y proveerá a organizarla,(221) a fin de que el entusiasmo por el ministerio no disminuya, sino que, por el contrario, aumente y madure con el transcurrir de los años, haciendo más vivo y eficaz el sublime don recibido (cf. 2 Tm 1, 6).

Ya en los años del seminario se ha de inculcar en los futuros sacerdotes la necesidad de continuar y profundizar la formación, incluso después de la ordenación sacerdotal, de manera que el término de los estudios institucionales y de la vida comunitaria no signifique una interrupción de dicha formación. Es, además, necesario favorecer en los sacerdotes más ancianos la juventud de ánimo que se manifiesta en el permanente interés por un crecimiento constante para alcanzar “en plenitud la estatura de Cristo” (Ef 4, 13), ayudándolos a vencer las eventuales resistencias – debidas a la rutina, al cansancio, a un exagerado activismo o excesiva confianza en las propias posibilidades – en relación a los medios de formación permanente que la diócesis les ofrece.(222)

El Obispo ofrezca a sus presbíteros un válido ejemplo, participando activamente, por cuanto le resulte posible, junto a ellos, sus más íntimos colaboradores, en los encuentros formativos.(223)

El Obispo considere, como elemento integrante y primario de la formación permanente del presbiterio, los ejercicios espirituales anuales, organizados de modo tal que sean para cada uno un tiempo de auténtico y personal encuentro con Dios y de revisión de la propia vida personal y ministerial.

En los programas e iniciativas para la formación de los sacerdotes, el Obispo no olvide servirse del Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, que compendia la doctrina y la disciplina eclesial sobre la identidad sacerdotal y la función del sacerdote en la Iglesia, así como el modo de relacionarse con las otras categorías de fieles cristianos. En el mismo Directorio, el Obispo encontrará también indicaciones y orientaciones útiles para la organización y la dirección de los diversos medios de formación permanente.


221 Cf. Codex Iuris Canonici, can. 279 § 2; Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Pastores Dabo Vobis, 76; Congregación para el Clero, Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, 87-89.

222 Cf. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Pastores Dabo Vobis, 71, 76-77.

223 Cf. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Pastores Dabo Vobis, cap. III.

Recursos – Ofertorio Santísima Trinidad

UN CORO DE NIÑOS Y NIÑAS CANTA EL «GLORIA AL PADRE…»

(Pueden ser todos los niños y niñas de la comunidad o tan sólo un grupo seleccionado. En ambos casos debe haber sido ensayado previamente. Finalizado el canto, uno de ellos o de ellas hace la presentación de la ofrenda:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Hoy estamos realmente contentos y contentas, Señor, y, por eso, hemos querido unir nuestras voces en este canto y alabarte en tu familia trinitaria. Ayúdanos, sin embargo, a poder vivir de esa manera y con ese intenso amor en nuestras familias, imagen de la que Tú eres por los siglos de los siglos.

PRESENTACIÓN DEL CARTEL QUE ANUNCIA EL DÍA “PRO ORANTIBUS” (= VIDA CONTEMPLATIVA)

(Puede hacer la ofrenda un o una joven de la comunidad, chico o chica. Después dice:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo el cartel que anuncia, este año, el Día “Pro Orantibus”. Con él te traigo mis oraciones y las de toda la comunidad, en favor de los hombres y mujeres que, dejando cosas hermosas y buenas, te buscan en el retiro, el silencio y en la oración. Fortalécelos en todo momento y llena sus vidas del gozo anticipado que, un día, nos regalarás a todos y a todas en tu Reino. Y haz que nosotros y nosotras, sobre todo los y las jóvenes actuales, no nos cerremos a tu llamada y nos mantengamos siempre a la escucha de tu voluntad sobre nuestras personas.

PRESENTACIÓN DE UNA CADENETA

(Esta nueva ofrenda la puede hacer otro miembro adulto de la comunidad. Si la anterior la presentó un hombre, en esta ocasión puede hacerlo una mujer. Puede consistir en una cadeneta de pita o papel, incluso una cadena metálica)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Por mi parte, Señor, te ofrezco esta cadena o cadeneta, con la que quiero expresar el compromiso de luchar porque la comunidad, de la que soy miembro, sea un reflejo de la que vivís la Santísima Trinidad: una Familia, amándoos desde lo más profundo de vosotros mismos. Que seamos capaces, Señor, de vivir el respeto de las diferencias en la riqueza del amor.

PRESENTACIÓN DE LA PLANTA DE LA COMUNIDAD

(Este signo tendrá su “fuerza” el día que “oficialmente” termina el curso Pastoral de la Comunidad. Es necesario, pues, adecuarlo al día concreto. Lo ofrece un Agente adulto de la Comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, te volvemos a presentar esta hermosa PLANTA que te ofrecimos al comienzo del Curso Pastoral. Tú sabes que nos comprometíamos a cuidarla con mimo como expresión de toda nuestra vida comunitaria, de nuestro SER y de nuestro HACER; de nuestros “sueños” y de nuestras realidades. Hoy, al volver a ofrecértela, te pedimos que la acojas con cariño y ternura: es nuestra ofrenda. Y lo que no hemos conseguido nosotros y nosotras, complétalo con tu amor de Padre.

PRESENTACIÓN DE LAS ACTAS DE EVALUACIÓN DEL CURSO PASTORAL

(Conviene que las presente el secretario del Consejo, haciendo un RESUMEN de los diversos grupos de pastoral. O, también, lo podría presentar cada grupo, pero sin caer en una exposición larga y pesada)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, aquí te presentamos un RESUMEN de cuanto hemos trabajado y llevado a cabo a lo largo de estos meses del curso pastoral, que vamos ya finalizando. Acepta cuanto de bueno hemos llevado a cabo; bendícelo con tu amor y llévalo a la plenitud. Y cuanto no hemos conseguido realizar, corrígelo tú mismo para que vaya madurando de cara al nuevo curso. Gracias por todo.

PRESENTACIÓN DE LA CARTILLA DE LAS NOTAS ESCOLARES

(Lo debiera presentar alguna persona implicada, preferentemente adolescente o joven, por lo que pueda suponer de motivación)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, también con este signo, te ofrecemos el esfuerzo de todos y de todas los y las que se encuentran en período de formación y de estudios. Han sido meses prolongados de entrega de tantas personas que se dedican a la enseñanza; meses de dedicación de nuestras familias, apoyando esa labor; y muchas horas de estudio de nuestros niños y niñas, adolescentes, jóvenes y adultos. Aquí te expresamos toda esta ofrenda. Bendice Tú mismo todo ese esfuerzo y toda la dedicación. Nos alegramos que sea agradable a tus ojos y corazón de Padre.

Oración de los fieles – Santísima Trinidad

Al Padre por medio de Jesucristo y con la inspiración del Espíritu Santo presentamos estas súplicas con la confianza que nos da el sentirnos hijos suyos. Respondemos

DERRAMA TU AMOR EN NUESTROS CORAZONES.

1. – Por el Papa, los obispos, sacerdotes y todas las personas que formamos tu Iglesia, para que, como dice San Pablo, tengamos un mismo sentir y así el Dios del amor y la paz esté con nosotros. OREMOS

2. – Por las familias cristianas para que el Amor que fluye en la Santísima Trinidad sea el que aglutine y una a los esposos, padres e hijos, abuelos y nietos. OREMOS

3. – Por las personas que dedican su vida a la oración, para que nunca les falte el apoyo del Espíritu, la compañía del Hijo y la presencia del Padre. OREMOS

4. – Por los jefes de gobierno y demás mandatarios, para que aconsejados por el Espíritu, atiendan de forma diligente a los más desfavorecidos de la sociedad. OREMOS

5. – Por los pobres, enfermos, abandonados, forasteros y todas aquellas personas que piden una mano tendida, para que, siguiendo el Ejemplo de Jesús, encuentren la nuestra siempre dispuesta a acoger y compartir. OREMOS

6.- Por todos los aquí reunidos, por nuestras súplicas y oraciones, para que sean atendidas por ese Padre de infinita bondad. OREMOS

Padre, tu que anunciaste nuestra filiación a Ti, por medio de Jesús, haz que el Espíritu reparta sus dones atendiendo todas nuestras necesidades. Te lo pedimos a Ti que con el Hijo y el Espíritu vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amen.


El Señor, ha puesto en nuestros corazones una fuerza de salvación que nos llama a participar, por medio del bautismo, en una vida plena. Con esta confianza de hijos elevemos nuestras súplicas.

QUE TU VIDA NOS INUNDE, SEÑOR.

1. – Tú eres nuestro Padre lleno de bondad. Te pedimos por la unidad de todos los cristianos. Que nuestra aceptación, entrega y amor sean en el mundo signo de que todos somos hijos tuyos. OREMOS.

2. – Tú eres el enviado, el Hijo de Dios hecho Hombre. Te pedimos que tu palabra sea el alimento de nuestra vida, para que seamos portadores de tu mensaje sin miedo al compromiso. OREMOS.

3. – Que el Espíritu de Dios habite en nuestros corazones. Por la Iglesia, por todos los que en ella tienen alguna responsabilidad, el Papa, los Obispos, los Sacerdotes, para que la fuerza del Espíritu permanezca en ellos y sean luz para todos los hombres. OREMOS

4. – Que la Trinidad de Dios nos haga portadores de esperanza. Para que nuestro talante, muestre una vida de puertas abiertas que ayude a levantarse a los que no encuentran razones sólidas para vivir. OREMOS.

5. – Tú eres el Dios que salva. Para que todos te reconozcamos como nuestro único Dios. Por los que no tienen quien les haga llegar tu mensaje, por los que se cierran al amor que Dios les ofrece, por los que lo buscan, aún sin saberlo. OREMOS.

6. – Tu Palabra resonará hasta en los confines del orbe. Por los que dan su vida gratuitamente, para que llegue lo más lejos posible el anuncio del Evangelio, que el Señor les de fuerza y coraje, para no caer en el desánimo. OREMOS.

7. – Te pedimos especialmente por nosotros presentes en esta Eucaristía. Tú pasaste nuestros mismos sufrimientos. Te pedimos que alivies esos problemas que tanto nos pesan (cada uno hace su petición en silencio) los ponemos en tus manos para que Tú los transformes y los alivies. OREMOS.

Eres el Padre que vela por todos sus hijos, hoy ponemos en tus manos nuestras peticiones, confiados en tu protección. Danos fuerza para seguir y discernimiento para obrar.

Te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor.

Amén.

Comentario al evangelio – Martes IX de Tiempo Ordinario

Dos peligros, dos, a evitar. Teocracia y cesaropapismo. Wikipedia dixit.

Teocracia (del griego θε?ς [theós], ‘dios’ y κρ?τος [kratos], ‘poder’, ‘gobierno: «gobierno de Dios») es la forma de gobierno donde los administradores estatales coinciden con los líderes de la religión dominante, y las políticas de gobierno son idénticas o están muy influidas por los principios de la religión dominante. Generalmente, el gobierno afirma mandar en nombre de la divinidad, tal como especifica la religión local.

El DRAE definía «teocracia» como el «gobierno ejercido directamente por Dios», y en una segunda acepción: «Sociedad en que la autoridad política, considerada emanada de Dios, se ejerce por sus ministros». En la edición de 2014, escindió esa segunda acepción en dos, ampliando esa posibilidad de ejercicio al indicar que «es ejercida directa o indirectamente por un poder religioso, como una casta sacerdotal o un monarca»; e introduciendo como tercera acepción la posibilidad de denominar «teocracia» al país que tiene esta forma de gobierno.

Cesaropapismo: El Estado se servía de la Iglesia para santificar sus actos y llamar a la obediencia de su mando, amparándose en que ello era la voluntad de Dios, y la Iglesia se servía del Estado para obtener y aumentar sus ingresos4 y privilegios.

Desde el siglo IX el basileus absorbe toda la autoridad y se transforma en un emperador que es a su vez rey y sacerdote, algo que va en contradicción con la formulación hecha siglos atrás por Flavio Josefo en referencia a lo que él denomina teocracia (es decir, el gobierno de Dios en la tierra).

Juntos, pero no revueltos. Al césar se le paga. A Dios se le agradece.

Óscar Romano, cmf