Vísperas – Carlos Luanga y compañeros

VÍSPERAS

MIÉRCOLES IX TIEMPO ORDINARIO

SAN CARLOS LUANGA Y COMPAÑEROS, mártires

 

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Pléyade santa y noble de mártires insignes,
testigos inmortales del Cristo victimado;
dichosos, pues sufristeis la cruz de vuestro Amado
Señor, que a su dolor vuestro dolor ha unido.

Bebisteis por su amor el cáliz de la sangre,
dichosos cirineos, camino del Calvario,
seguisteis, no dejasteis a Jesús solitario,
llevasteis vuestra cruz junto a su cruz unida.

Rebosa ya el rosal de rosas escarlatas,
y la luz del sol tiñe de rojo el alto cielo,
la muerte estupefacta contempla vuestro vuelo,
enjambre de profetas y justos perseguidores.

Vuestro valor intrépido deshaga cobardías
de cuantos en la vida persigue la injusticia;
siguiendo vuestras huellas, hagamos la milicia,
sirviendo con amor la paz de Jesucristo. Amén.

SALMO 26: CONFIANZA ANTE EL PELIGRO

Ant. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? +

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
+ El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo.

Él me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca;

y así levantaré la cabeza
sobre el enemigo que me cerca;
en su tienda ofreceré
sacrificios de aclamación:
cantaré y tocaré para el Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

SALMO 26: CONFIANZA ANTE EL PELIGRO

Ant. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.

Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.

No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches, no me abandones,
Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá.

Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana,
porque tengo enemigos.

No me entregues a la saña de mi adversario,
porque se levantan contra mí testigos falsos,
que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

LECTURA: St 1, 22.25

Llevad a la práctica la ley y no os limitéis a escucharla, engañándoos a vosotros mismos. El que se concentra en la ley perfecta, la de la libertad, y es constante, no para oír y olvidarse, sino para ponerla por obra, éste será dichoso al practicarla.

RESPONSORIO BREVE

R/ Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
V/ Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

R/ No arrebates mi alma con los pecadores.
V/ Y ten misericordia de mí.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

PRECES

Que en todo sea glorificado el nombre del Señor, que atiende a su pueblo elegido con infinito amor. A él suba nuestra oración:

Muestra, Señor, tu caridad.

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia:
— guárdala de todo mal y haz que crezca en tu amor.

Que todos los pueblos, Señor, te reconozcan como el único Dios verdadero,
— y a Jesucristo como el Salvador que tú has enviado.

A nuestros parientes y bienhechores concédeles tus bienes,
— y que tu bondad les dé la vida eterna.

Te pedimos, Señor, por los trabajadores que sufren:
— alivia sus dificultades y haz que todos los hombres reconozcan su dignidad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

En tu misericordia, acoge a los que hoy han muerto
— y dales posesión de tu reino.

Terminemos nuestra oración con la plegaria que nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, Dios nuestro, tú haces que la sangre de los mártires se convierta en semilla de nuevos cristianos; concédenos que el campo de tu Iglesia, fecundo por la sangre de san Carlos Luanga y de sus compañeros, produzca continuamente, para gloria tuya, abundante cosecha de cristianos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Miércoles IX de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Señor, nos acogemos confiadamente a tu providencia, que nunca se equivoca; y te suplicamos que apartes de nosotros todo mal y nos concedas aquellos beneficios que pueden ayudarnos para la vida presente y la futura. Por nuestro Señor. 

2) Lectura

Del santo Evangelio según Marcos 12,18-27
Se le acercan unos saduceos, esos que niegan que haya resurrección, y le preguntaban: «Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno y deja mujer y no deja hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano. Eran siete hermanos: el primero tomó mujer, pero murió sin dejar descendencia; también el segundo la tomó y murió sin dejar descendencia; y el tercero lo mismo. Ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos, murió también la mujer. En la resurrección, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer.»
Jesús les contestó: «¿No estáis en un error precisamente por esto, por no entender las Escrituras ni el poder de Dios? Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en los cielos. Y acerca de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en lo de la zarza, cómo Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? No es un Dios de muertos, sino de vivos. Estáis en un gran error.» 

3) Reflexión

• En el evangelio de hoy sigue el enfrentamiento entre Jesús y las autoridades. Después de los sacerdotes, de los ancianos y de los escribas (Mc 12,1-12) y de los fariseos y herodianos (Mc 12,13-17), ahora aparecen los saduceos que plantean una pregunta sobre la resurrección. Asunto polémico, que enfrentaba a saduceos y fariseos (Mc 12,18-27; cf. At 23,6-1).
• En las comunidades cristianas de los años setenta, época en que Marcos escribe su evangelio, había algunos cristianos que, para no ser perseguidos, trataban de conciliar el proyecto de Jesús con el proyecto del imperio romano. Los otros que resistían al imperio eran perseguidos, acusados e interrogados por las autoridades o por los vecinos que se sentían incómodos por el testimonio de ellos. La descripción de los conflictos de Jesús con las autoridades era una ayuda muy grande para que los cristianos no se dejaran manipular por la ideología del imperio. Leyendo estos episodios de conflicto de Jesús con las autoridades, los cristianos perseguidos se animaban y cobran valor para seguir el camino.
• Marcos 12,18-23. Los Saduceos. Los saduceos era una élite aristocrática de latifundistas y comerciantes. Eran conservadores. No aceptaban la fe en la resurrección. En aquel tiempo esa fe comenzaba a ser valorada por los fariseos y por la piedad popular. Animaba a la resistencia del pueblo contra el dominio tanto de los romanos como de los sacerdotes, de los ancianos y de los saduceos. Para los saduceos, el reino mesiánico estaba ya presente en la situación de bienestar que ellos estaban viviendo. Ellos seguían la así llamada “Teología de la Retribución” que distorsionaba la realidad. Según esta teología, Dios retribuye con riqueza y bienestar a los que observan la ley de Dios, y castiga con sufrimiento y pobreza a los que practican el mal. Así, se entiende por qué los saduceos no querían mudanzas . Querían que la religión permaneciera tal y como era, inmutable, como Dios mismo. Por esto, no aceptaban la fe en la resurrección y en la ayuda de los ángeles, que sostenía la lucha de los que buscaban mudanzas y liberación.
• Marcos 12,19-23. La pregunta de los Saduceos. Llegan hasta Jesús y, para criticar y ridiculizar la fe en la resurrección, cuentan el caso ficticio de aquella mujer que se casó siete veces y, al final, se murió sin tener hijos. La así llamada ley del levirato obligaba a la viuda sin hijos a que se casara con el hermano del marido fallecido. El hijo que naciera de este nuevo casamiento era considerado hijo del marido fallecido. Así, éste tendría una descendencia. Pero en el caso propuesto por los saduceos, la mujer, a pesar de haber tenido siete maridos, se quedó sin marido: Ellos preguntaron a Jesús.:“ En la resurrección, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer.»» Era para decir que creer en la resurrección llevaría a la persona a que aceptara lo absurdo.
• Marcos 12,24-27: La respuesta de Jesús. Jesús responde duramente. “Estáis en un error precisamente por esto, por no entender la Escritura, ni el poder de Dios!” Jesús explica que la condición de las personas después de la muerte será totalmente diferente de la condición actual. Después de la muerte ya no habrá casamientos, sino que todos seremos como ángeles en el cielo. Los saduceos imaginaban la vida en cielo igual a la vida en la tierra. Al final, Jesús concluye: “Nuestro Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos. Estáis en un gran error!” Los discípulos y las discípulas deben estar en alerta: quien estuviera del lado de estos saduceos estará del lado opuesto de Dios. 

4) Para la reflexión personal

• ¿Cuál es hoy el sentido de esta frase: “Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos”?
• ¿Creo en la resurrección? ¿Qué significa para mí: “creo en la resurrección de la carne y en la vida eterna”? 

5) Oración final

A ti levanto mis ojos,
tú que habitas en el cielo.
Lo mismo que los ojos de los siervos
miran a la mano de sus amos,
lo mismo que los ojos de la sierva
miran a la mano de su señora,
nuestros ojos miran a Yahvé, nuestro Dios,
esperando que se apiade de nosotros. (Sal 123,1-2)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 14, 22-25

22Y, estando cenando, tomando pan, bendiciéndolo, lo partió y les dio y dijo: “Tomad, esto es mi cuerpo”.

23Y tomando una copa, dando gracias y les dio, y todos bebieron de ella. 24Y les dijo: “Esta es mi sangre de la Alianza, derramada por muchos.

25En verdad os digo que no beberé más del fruto de la vid hasta aquel día, cuando lo beba de nuevo en el reino de Dios”.

• Inmediatamente después de la profecía sobre la traición que causará su muerte, en 14,17-21, Jesús ejecuta una impactante acción ritual que presenta este fallecimiento inminente como un sacrificio expiatorio. Somos afortunados al tener un testimonio independiente de esta tradición, el relato de Pablo en 1Cor 11,23-25, similar a la mayor parte de los manuscritos de Lc 22,15-20. La reconstrucción y la interpretación de la Última Cena «histórica» han sido un núcleo tormentoso de la investigación moderna. Esta controversia ha surgido en parte porque Jesús utiliza aquí acciones litúrgicas para profetizar su muerte, y los que se muestran escépticos respecto a que previera su muerte más los que sospechan que la iglesia ha retroproyectado su propia práctica eucarística al período pre-pascual consideran esta tradición no histórica en gran parte. Se ha discutido también el escenario pascual de la tradición, ya que solo se menciona en el contexto general (14,12.16), no en el relato mismo de la institución eucarística, y porque Pablo solo dice que Jesús realizó este rito «en la noche en la que fue entregado» (1Cor 11,23), no «en la Pascua». Además, la cronología joánica y ciertos detalles del relato marcano parecen contradecir la tesis de que la comida era un séder (= cena pascual) en sentido estricto. Por ello, los estudiosos han relacionado las acciones de la Última Cena con una gran variedad de trasfondos de la historia de las religiones, desde las comidas de los cultos mistéricos paganos, hasta las comidas judías de acción de gracias (tôdah), las cenas de la comunidad de Qumrán y las celebraciones cristianas (agape: comunión amorosa).

La forma marcana del pasaje se divide en tres partes: bendición, distribución e interpretación del pan (14,22); bendición, distribución e interpretación del vino (14,23-24); y el voto de no beber vino de nuevo basta la llegada del reino de Dios (14,25).

• 14,22: El pasaje comienza con la bendición de Jesús, la división y la distribución del pan (14,22a). La atmósfera de redención va unida totalmente al simbolismo del pan: Jesús relaciona su cuerpo con el pan, que no solo es consumido y «destruido» (alusión a su muerte próxima), sino que también alimenta a los que lo ingieren. Jesús bendice el pan a mitad de la cena («cuando estaban cenando»), que es un emplazamiento insólito, pero que puede explicarse por el orden del séder (la cena) de Pascua. Si esto es histórico, la bendición habría sido probablemente la que los judíos todavía pronuncian sobre el pan: «Bendito seas, oh Señor, Dios nuestro, rey del universo, que produce el pan de la tierra». El cuerpo de Jesús, identificado por él con el pan, también será «producido» por la tierra gracias un acto creativo de Dios.

El pan consumido en la Pascua (y en la última cena de Jesús, aunque no fuera un séder) no era el normal -pan con levadura pero plano-, sino el pan ácimo. Este pan estaba relacionado en la haggadah (= narración popular de la historia del éxodo) tanto con la aflicción como con la redención, nexos muy apropiados en el contexto de la última cena de Jesús. El vínculo con la aflicción proviene del hecho de que el pan ácimo no era un artículo de lujo, sino el alimento vulgar y preparado de antemano comido por esclavos y pobres. El pan de Jesús es también «un pan de aflicción», ya que simboliza la muerte que está a punto de sufrir.

Al mismo tiempo, sin embargo, el pan ácimo, como el cuerpo de Jesús, está relacionado con la redención, ya que sirve como recordatorio del día de la liberación de la esclavitud egipcia, cuando los israelitas tuvieron que moverse tan rápido que su pan no tenía tiempo para solidificarse. Así pues, el dicho sobre el pan sugiere no solo la muerte de Jesús, sino también sus resultados redentores, apuntando su naturaleza escatológica.

• 14,23-24: La atmósfera de rememoración impregna también las acciones de Jesús sobre la copa, que recuerdan la actividad de Moisés en la inauguración de la alianza del Sinaí. Jesús trata la copa de modo similar al pan, tomándola (14,23a), bendiciéndola (14,23b) y luego interpretándola (14,24). Esta estudiada repetición refuerza la impresión de que estas acciones rituales se propusieron también para ser recordadas y repetidas.

Si esta narración es histórica, la bendición que utilizó Jesús pudo ser muy bien la sencilla bendición que todavía se sigue empleando en las casas judías: «Bendito seas, oh Señor, Dios nuestro, rey del universo, que creó el fruto de la vid». Este «fruto de la vid», es decir, el vino, era una parte natural del séder pascual, ya que esa ceremonia conmemoraba un acontecimiento grande y alegre de liberación en el pasado y anticipaba uno aún mayor y más alegre en el futuro. Pero la interpretación de Jesús de este vino compartido como «mi sangre de la Alianza» suena a cambio típicamente marcano de esta expectativa escatológica que identifica el vino de la nueva edad con la sangre de Jesús, y de ahí con su muerte.

Este vínculo se apoya en una red de alusiones veterotestamentarias. Las palabras sobre la copa comienzan haciéndose eco de la escena en la que Moisés asperjaba la sangre expiatoria sobre los israelitas en el Sinaí y les declaraba: «Esta es la sangre de la alianza que el Señor hace ahora con nosotros» (Ex 24,8). Además, la inserción de la palabra «mi» ayuda a cambiar este recuerdo de la expiación pasada en tiempos de Moisés en una expectativa de redención futura, ya que se hace eco de la profecía escatológica de Zac 9,11. Y «derramada por muchos» especifica el medio de liberación escatológica evocando a Is 53,12: el siervo sufriente del Señor salvará a su pueblo «vertiendo» su alma hasta la muerte por ellos.

Otro pasaje del Antiguo Testamento puede estar en el trasfondo de la interpretación de Jesús del vino: la referencia en Gn 49,8-12 a un descendiente de Judá que atará su pollino a una vid y lavará sus vestiduras con el vino. Los Padres de la iglesia lo vieron como una profecía del estatus mesiánico de Jesús y de su muerte sangrienta.

• 14,25: En un duro contraste con las palabras sobre la copa, en las que Jesús habla de los beneficios de su acto redentor para muchas personas, la declaración que concluye el pasaje comienza con una referencia al coste de ese acto que recae sobre una persona, a saber, Jesús mismo: «En verdad os digo que no beberé más del fruto de la vid…» (14,25a). Esta renuncia tiene un horizonte escatológico nuevo: Jesús jura no beber vino hasta que Dios instaure su reinado en la tierra (14,25b), en parte quizás para inducir a Dios a actuar de la manera deseada. En cualquier caso, el voto conclusivo de Jesús dirige la atención al futuro escatológico; por consiguiente, forma una unidad con la afirmación de Pablo de que cuando los cristianos coman el pan eucarístico y beban la copa, proclamarán la muerte del Señor «hasta que venga» (1Cor 11,26). Esta idea se halla también de acuerdo con el espíritu de la Pascua, que no solo conmemora la redención ocurrida en tiempos de Moisés en el pasado, sino que mira también hacia delante, hacia la redención mesiánica en el futuro, uniendo de esta manera el recuerdo del éxodo con la anticipación esperanzadora de la fiesta escatológica.

Contra toda esperanza, pues, y según una necesidad divina, el mesías debe sufrir y morir; pero contra toda expectativa también, este fallecimiento señalará no la derrota, sino la victoria. Sin embargo, para que esta cadena misteriosa de acontecimientos se ponga en movimiento, Jesús tendrá que ser abandonado por sus seguidores más cercanos, una deserción que él profetizará en la siguiente perícopa.

Comentario – Miércoles IX de Tiempo Ordinario

En cierta ocasión, refiere el evangelista, se acercaron a Jesús unos saduceos, de los que dicen que no hay resurrección. Sabemos por la historia que los saduceos eran miembros de la aristocracia judía y que se mostraban doctrinalmente contrarios a la idea de la resurrección de los muertos. Esta información refuerza la precisión evangélica que les presenta como enemigos de la resurrección. En su empeño por desacreditar esta fe, los saduceos le plantean un caso límite que les permite presentar la resurrección como algo inconveniente y, en último término, insostenible. Se trata de una mujer que ha estado casada con siete hermanos tras haber enviudado de cada uno de ellos y haberse vuelto a casar con el siguiente, conforme a la ley mosaica del levirato que dice: «Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero no hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano».

Tenemos, pues, a una mujer que ha estado legítimamente casada con siete hombres. La cuestión que se plantea es la siguiente: Cuando llegue la resurrección y vuelvan a la vida, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella? En el caso de que haya resurrección, ésta nos introduciría en la vida eterna. ¿De quién será mujer por toda la eternidad la que ha estado casada con siete maridos en el tiempo? ¿No se haría agravio al resto si se le asigna un solo marido? ¿Y si se recuperan todos los vínculos matrimoniales disueltos con la muerte y se la considera casada con los siete, no se estaría legitimando la poligamia o poliandria en el cielo? La circunstancia es límite, pero podría valer para cualquier caso de segundas nupcias: un marido casado por segunda vez con otra mujer o una mujer casada por segunda vez con otro hombre. Si la resurrección recupera las vidas de los muertos, se verían unidos en matrimonio con varias personas simultáneamente. La resurrección vendría a consagrar y a inmortalizar semejantes uniones poligámicas. Éste es el razonamiento saduceo, un pensamiento que les lleva a descartar la resurrección como inadecuada, puesto que daría origen a una vida en la que se producirían situaciones realmente embarazosas.

Jesús, en su respuesta a la cuestión planteada, acentúa el contraste entre la situación (marital) de hombres y mujeres en esta vida y su situación (angélica) en la otra. Este contraste es el que pone de manifiesto la falsedad del razonamiento saduceo, que –como afirma Jesús- ni entienden las Escrituras ni el poder de Dios; pues tanto las Escrituras como el poder de Dios permiten creer en la resurrección. Su incredulidad se debe a que no dan fe a la revelación contenida en las Escrituras ni al poder de Dios, puesto que la resurrección es un acto del poder divino. Pero su actitud racionalista les coloca en un camino errado. Estáis muy equivocados –les dice el Maestro al que han planteado la objeción-. Cuando resuciten, ni los hombres ni las mujeres se casaránserán como ángeles del cielo.

Según esta observación, en la vida futura -esa vida a la que nos da acceso la resurrección-, entre los resucitados, ya no habrá matrimonios ni, en consecuencia, relaciones matrimoniales, como no hay matrimonios entre los ángeles. Dado que seremos como ángeles, la institución matrimonial no tendrá ya ningún sentido ni funcionalidad. El amor excluyente y pasional de los cónyuges se verá superado. No seremos ángeles, puesto que somos hombres; pero sí seremos comolos ángeles en lo que se refiere a la corporeidad (gloriosa), a la inmortalidad o a la espiritualidad. ¿Qué necesidad hay de matrimonio entre seres inmortales o entre seres dotados de cuerpos gloriosos? Y como no habrá matrimonios, tampoco habrá poligamia y menos aún promiscuidad. Pero sí habrá fraternidad, puesto que habrá hijos de Dios, en plural, e hijos de Dios resucitados. Es precisamente la participación en la resurrección la que nos hace definitivamente hijos de Dios. Tan definitivamente que ya nada ni nadie nos podrá arrebatar esta condición filial y fraternal; pues la filiedad deriva en fraternidad. Somos hermanos porque somos hijos del mismo Padre. Luego no habrá matrimonios, pero habrá amor mutuo, amor de hijos y de hermanos, y amor plenificante, capaz de colmar las ansias de unidad que bullen en el corazón humano.

Jesús completa su respuesta remitiéndose a la Sagrada Escritura, palabra autorizada no sólo para él, sino también para los saduceos que intervienen en el debate; concretamente menciona el episodio (teofánico) del libro del Éxodo en el que Moisés contempla una zarza ardiendo que no se consume y se dirige al Señor llamándole: «Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob», e interpretando que todos ellos le son contemporáneos habiendo pertenecido a generaciones distintas en el tiempo. Si los personajes mencionados estuvieran muertos, Dios ya no sería su Dios. Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.

Moisés puede referirse a su Dios, el que le ha librado de la muerte, el que ahora entra en contacto con él, como Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob porque, para Él, todos ellos están vivos. De no estarlo, habría dejado de ser su Dios. Dios, aun siendo creador y conservador de la materia inorgánica, no es propiamente su Dios, al menos no es el Dios de la alianza que entra en contacto con seres vivos como Moisés. Jesús presenta las palabras de Moisés como una indicio de que hay resurrección de muertos, puesto que su Dios es también el Dios de sus antepasados Abrahán, Isaac y Jacob que, indudablemente, ya murieron, pero que tienen que estar vivos para que Dios sea también su Dios. Y para estar vivos, tras haber muerto, tienen que pervivir tras la muerte o tienen que resucitar. El recurso de Jesús a este pasaje de la Escritura y la interpretación que ofrece de él revelan con toda claridad su postura doctrinal a favor de la resurrección, ganándose en este caso la aprobación de los fariseos (letrados) que, como él, también eran partidarios de la resurrección de los muertos.

Tras la respuesta a la objeción, no se atrevieron ya a hacerle más preguntas. Ahí concluye el debate, pero no las consecuencias que podemos extraer. Porque si creemos en la resurrección hemos de mirar la vida de que ahora disfrutamos y en la que padecemos temporalmente y sobre todo la muerte, que pone término a esta vida, con otros ojos. Aunque la vida, por el hecho de ser vida, se resista siempre a la muerte, podemos darle la bienvenida a ésta si la recibimos como tránsito hacia la otra vida; porque si la muerte nos abre la puerta, trámite la resurrección, a una vida mejor, no debería resultarnos tan tenebrosa y podríamos tener una actitud más positiva ante ella. Hay quienes han comparado la muerte con un parto: el parto nos traslada de la vida intrauterina a la vida extrauterina; la muerte, de la vida temporal a la eterna; en ambos casos hay trance y tránsito; pero en el parto no muere nada, mientras que en la muerte fenece la vida temporal en el estado en que se encuentre, en su plenitud o en su decrepitud. La experiencia del parto suele resultar traumática; la de la muerte también. Pero en el parto hay certeza de nacer a la vida en la que se suceden el día y la noche, y en la muerte podemos no tener esta certeza por falta de fe en el Dios que resucita a los muertos dándoles nueva vida. Pero si tuviéramos la certeza que otorga la fe viviríamos con otro ánimo el trance amargo de la muerte. Que Dios aumente nuestra fe.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos «Apostolorum Successores»

V. El Seminario

84. Institución primaria de la diócesis.

Entre todas las instituciones diocesanas, el Obispo considere la primera el seminario y lo haga objeto de las atenciones más intensas y asiduas de su ministerio pastoral, porque del seminario dependen en gran parte la continuidad y la fecundidad del ministerio sacerdotal de la Iglesia.(224)


224 Cf. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Pastores Gregis, 48.

Comentario Domingo de la Santísima Trinidad

Oración preparatoria

O Dios Padre, fuente de toda vida y de todo ser, Tú nos enviaste a tu amado Hijo para mostrarnos tu amor a nosotros, y derramaste tu Espíritu para revelarnos al Padre y al Hijo: comunícanos tu misterio de vida y de amor inmensos; y haznos vivir de Ti, pozo insondable de gozo y fortaleza, el único Dios que merece ser adorado y alabado en este mundo y por toda la eternidad. AMEN.

 

Jn 3, 16-18

«16Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

17Porque Dios no envió al Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvado por medio de él.

18El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios».

PALABRA DE DIOS

 

CONTEXTO

Estos pocos versículos forman parte del encuentro de Jesús con Nicodemo (Jn 3,1-21). Este fariseo queda extrañado de la invitación de Jesús a “nacer de nuevo” y le pregunta cómo puede ser eso. Entonces Jesús le responde con un pequeño discurso (vv. 10-21) para explicar que ese “nuevo nacimiento” consiste en acoger (“creer”) la novedad que Jesús había traído, su propia persona de Hijo unigénito de Dios y su misión de ser mediador de la salvación de Dios, de la vida eterna. Des- pués de este pasaje evangélico, Jesús marchará con sus discípulos de Jerusalén a Judea y asistiremos al último testimonio de Juan Bautista sobre Jesús (3,22- 36).

 

TEXTO

Aunque el evangelio no forma por sí mismo una perícopa propia, podemos presentar una estructura ternaria, que se abre y se cierra con la mención del “Hijo unigénito de Dios” (vv. 16 y 18), presentada de forma quiástica (notemos: al comienzo: Dios-Hijo-unigénito; al final: unigénito-Hijo-Dios) y “el que cree en él” (vv. 16 y 18). Así, tenemos tres partes:

a) v. 16: el amor de Dios se manifiesta en el don del Hijo unigénito para conseguirnos la vida eterna;

b) v. 17: Dios quiere salvar al mundo por medio de su Hijo; c) v. 18: la respuesta humana es creer en este plan de Dios.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• “Tanto amó Dios al mundo”: lo que caracteriza a Dios en relación con el mundo es el amor que conduce a la vida eterna. Dios nos ofrece una experiencia profunda de relación y encuentro, una experiencia que se vive al interior del propio misterio de Dios. Una cadena que se propaga: “Como el Padre me amó, yo también os he amado” (15,9) y “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” (15,12). Experimentar a Dios es entrar en una dinámica de amor. ¿Cómo vivimos esta realidad? ¿En qué se manifiesta? Recordemos las palabras de 1Jn: “Por esto hemos conocido el amor: Él ha dado su vida por nosotros; por tanto también nosotros debemos dar la vida por los hermanos” (1Jn 2,6). Amar y salvar son como las “obsesiones” de Dios. ¿Son las nuestras?

• El término “mundo” se usa mucho en el evangelio de Juan, con diversos significados. Puede significar “la tierra”, el espacio habitado por los seres humanos, o la Creación. Aquí, en nuestro texto, “mundo” significa las personas que habitan en esta tierra, toda la humanidad, amada por Dios. Y puede significar, sobre todo, aquella parte de la humanidad que se opone a Jesús y se convierte en su “adversario” (Jn 7,4.7; 8,23.26; 9,39; 12,25). La esperanza que el evangelio de Juan comunica a la comunidad es que Jesús vence al “príncipe de este mundo” (12,31), porque Él es más fuerte que el “mundo”. “Tendréis tribulación en el mundo, pero tened confianza, yo he vencido al mundo” (16,33).

• Creer en Jesús es entrar en una dinámica de salvación y de vida eterna, es empezar a vivir el dinamismo de amor de Dios, Padre, Hijo y Espíritu. ¿Qué son para nosotros esos conceptos? ¿Experimentamos así a Jesús?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Santísima Trinidad

X Domingo del Tiempo Ordinario
7 Junio 2020

Éxodo 34, 4b-6. 8-9; Daniel 3, 52. 53. 54. 55. 56; 2 Corintios 13, 11-13; Juan 3, 16-18

Solemnidad de la Santísima Trinidad

“Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por Él. El que cree en Él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios”.

Reflexión:

¿Qué es el Amor? (Sto. Thomas de Aquino dice que es querer el bien para otra persona. No es un sentimiento, sino un acto de voluntad.) Nuestros Padres nos aman y solo quieren nuestro bien. ¿Cómo nos enseñan esto? (Aunque estén cansados, trabajan para que tengamos comida, casa, y otras necesidades; nos enseñan cómo comportarnos para que podamos cuidarnos y portarnos bien; nos preparan comida, nos visten, nos mandan al colegio, nos llevan al médico cuando nos enfermamos, todo para que tengamos salud, educación y felicidad; nos enseñan la fe para que tengamos la felicidad eterna en el Cielo. La biblia nos dice que Dios Es Amor; por eso Él solo puede amarnos perfectamente y querer el bien para el mundo que Él creó. ¿Cómo nos enseñó Dios que nos ama? (Mandó a su hijo amado, Jesús, para curar a los enfermos, darle de comer a los hambrientos, perdonar a los pecadores…y entregar su vida en la cruz y así abrirnos las puertas del cielo. No es fácil entregar algo que amamos. ¿Pueden ustedes regalar un juguete, libro, ropa o video favorito para ayudar a un hermano(a) o amigo(a)? Compartir. ¿Qué pueden regalarle a Dios esta semana por amor? (ideas de sacrificios: más oración, dejar de jugar con algo.)

Actividad:

En la siguiente página, ver manualidad o dibujar tres corazones, uno dentro de otro. En el corazón de afuera, pintar un sol y escribe Dios Padre, el Creador, Amor. En el siguiente corazón, pintar una cruz y escribe Dios Hijo, el Salvador, el Amado. En el corazón del centro, pintar una paloma y escribe Dios Espíritu Santo, el Santificador, el que Ama. Escribir o pintar algo dentro del corazón que quieren regalarle a Dios con mucho amor esta semana.

Oración:

Dios Padre, que me diste vida, un mundo precioso, y amor infinito, ayúdame a amarte mucho. Dios Hijo, que moriste en la cruz por amor, ayúdame a amar como Tú.
Dios Espíritu Santo, guía, protector, abogado mío, llena mi corazón con Tu Amor.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Diálogo con Nicodemo – Juan 3, 16-18

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: -Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no será condenado; pero el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

Explicación

Hoy Jesús, hablando con un fariseo que se llamaba Nicodemo, nos enseña tres cosas: La primera, que Dios Padre nos ama y nos ha enviado a su Hijo Jesucristo. La Segunda que Jesús ha venido a salvarnos. Y la tercera que Dios es vida para los que creemos en él porque nos anima el Espíritu Santo.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles IX de Tiempo Ordinario

Hay cosas con las que no se juega. La resurrección es algo demasiado serio como para dejarlo en manos de cualquiera. No se puede entrar como un elefante en una cacharrería, porque pasa lo que pasa. Vino Jesús a traernos Vida y algunos se quieren burlar. Reírse de Él que hizo FE DE VIDA.

FE DE VIDA (LETRA y MÚSICA: J.M. SERRAT)

https://www.youtube.com/watch?v=KxsqH6QhK38

DESDE MIS OJOS QUE MIRAN, DESDE MIS MANOS QUE TOCAN,
DESDE MI LENGUA Y MI BOCA, DOY FE DE VIDA.
DE VIDA POR TODAS PARTES, DE VIDA POR DONDEQUIERA,
DE CUALQUIER MODO Y MANERA, A PESAR DE LOS PESARES.
VIDA, VIDA DE MI VIDA.
VIDA QUE DA VIDA.
VIDA, VIDA QUE APRESA,
VIDA QUE SE RIE,
VIDA QUE BESA.
VIDA BIENVENIDA,
VIDA QUE CONVIDA.
VIDA QUE DUELE,
VIDA QUE MATA,
VIDA QUE MUERE.
VIDA COMPAÑERA,
VIDA POR BANDERA
VIDA, VIDA, VIDA, VIDA, VIDA…
DESDE LOS SUEÑOS PENDIENTES
Y LOS FRACASOS CUMPLIDOS,
LA MEMORIA Y EL OLVIDO
DAN FE DE VIDA.
EN LAS LUCES Y EN LAS SOMBRAS,
CON SU MIEL Y SU VINAGRE,
A MI ESPEJO MISERABLE
VIENE A MIRARSE LA VIDA.

LA ANÉCDOTA

Los saduceos: el término deriva de Sadoc, sacerdote ligado a la historia de David y Salomón. Poco numerosos, pero con mucho poder, los saduceos pertenecían a la clase sacerdotal y a la nobleza laica. Se atenían a la letra de la Escritura Santa y a la autoridad de Moisés (precisamente por eso Jesús les argumenta así); no aceptaban la tradición oral de los fariseos como fuente de interpretación de la Escritura.

Partiendo de una interpretación ridícula de la ley del Levirato -Dt 25- (la viuda debe casarse con el hermano) quieren atacar a Jesús y su planteamiento sobre la resurrección. Y por ahí no pasa Jesús.

LA CATEGORÍA

Pasando de la anécdota a la categoría, podemos extraer algunas lecciones importantes.

Dios de vivos. Jesús acude al pasaje de Moisés en la zarza ardiendo. El “Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob” quiere la vida de todos sus hijos. “No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos”. Él quiere la vida de todos y cada uno de sus hijos. La Vida con mayúsculas, en condiciones. Porque Jesús ha resucitado la vida de los seres humanos tiene sentido. Y a partir de la resurrección de Jesús, la vida de los hombres y de las mujeres merecen la pena y, lo que es más importante, merecen la alegría.

Credo. La creencia en la vida que no tiene fin es uno de los elementos centrales de nuestra profesión de fe: “CREO EN LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS Y EN LA VIDA ETERNA”.

Óscar Romano, cmf