Vísperas – Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote

VÍSPERAS

JESUCRISTO, SUMO Y ETERNO SACERDOTE

INVOCACIÓN INICIAL

V./ Dios mío, ven en mi auxilio
R./ Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

A ti, sumo y eterno Sacerdote
de la nueva alianza,
se ofrecen nuestros votos y se elevan
los corazones en acción de gracias.

Desde el seno del Padre, descendiste
al de la Virgen Madre;
te haces pobre, y así nos enriqueces;
tu obediencia, de esclavos libres hace.

Tú eres el Ungido, Jesucristo,
el Sacerdote único;
tiene su fin en ti la ley antigua,
por ti la ley de gracia viene al mundo.

Al derramar tu sangre por nosotros,
tu amor complace al Padre;
siendo la hostia de tu sacrificio,
hijos de Dios y hermanos tú nos haces.

Para alcanzar la salvación eterna,
día a día se ofrece
tu sacrificio, mientras, junto al Padre,
sin cesar por nosotros intercedes.

A ti, Cristo pontífice, la gloria
por los siglos de los siglos;
tú que vives y reinas y te ofreces
al Padre en el amor del Santo Espíritu. Amén.

SALMO 109: EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE

Ant. El Señor le ha jurado y no se arrepiente: «Tú eres sacerdote eterno».

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor le ha jurado y no se arrepiente: «Tú eres sacerdote eterno».

SALMO 110

Ant. Dios, rico en misericordia, nos ha hecho vivir con Cristo.

Doy gracias al Señor de todo corazón,
en compañía de los rectos, en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para los que las aman.

Esplendor y belleza son su obra,
su generosidad dura por siempre;
ha hecho maravillas memorables,
el Señor es piadoso y clemente.

Él da alimento a sus fieles,
recordando siempre su alianza;
mostró a su pueblo la fuerza de su obrar,
dándoles la heredad de los gentiles.

Justicia y verdad son las obras de sus manos,
todos sus preceptos merecen confianza:
son estables para siempre jamás,
se han de cumplir con verdad y rectitud.

Envió la redención a su pueblo,
ratificó para siempre su alianza,
su nombre es sagrado y temible.

Primicia de la sabiduría es el temor del Señor,
tienen buen juicio los que lo practican;
la alabanza del Señor dura por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dios, rico en misericordia, nos ha hecho vivir con Cristo.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: LAS BODAS DEL CORDERO

Ant. Cristo es imagen del Dios invisible, primogénito de toda criatura

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

El nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

El es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.

Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Cristo es imagen del Dios invisible, primogénito de toda criatura

LECTURA: Hb 10, 19-23

Hermanos, teniendo entrada libre al santuario, en virtud de la sangre de Jesús, contando con el camino nuevo y vivo que él ha inaugurado para nosotros a través de la cortina, o sea, de su carne, y teniendo un gran sacerdote al frente de la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero y llenos de fe, con el corazón purificado de mala conciencia y con el cuerpo lavado en agua pura. Mantengámonos firme en la esperanza que profesamos, porque es fiel quien nos hizo la promesa.

RESPONSORIO BREVE

R/ Estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.
V/ Estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.

R/ Y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios.
V/ Por medio de nuestro Señor Jesucristo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Padre, te ruego por ellos, que son tuyos, y por ellos me consagro yo, para que también se consagren ellos en la verdad.
Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Padre, te ruego por ellos, que son tuyos, y por ellos me consagro yo, para que también se consagren ellos en la verdad.

PRECES

Dirijámonos confiadamente a Cristo, nuestro sumo sacerdote, y presentémosle nuestros deseos y peticiones, diciendo con humildad:

            Escúchanos, Señor, te suplicamos con fe.

Cristo, tú eres la Palabra del Padre,
— pon en nuestros labios lo que hemos de pedir.

Cristo sacerdote, tú que eres el pan de la vida,
— haz que los que tú has elegido vivan el don de su sacerdocio, consumando en ti su propia oblación.

Cristo glorioso, que vives siempre para interceder ante el Padre en favor nuestro,
— haz que seamos fieles en la oración por tu Iglesia.

Cristo Señor, que fuiste enviado por el Padre,
— haz que todos encuentren en ti la vida y el camino del reino.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Cristo, Hijo de Dios vivo, que con tu muerte venciste a la muerte,
— haz que la oblación final de nuestros difuntos los lleve al gozo eterno de la gloria.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que para gloria tuya y salvación del género humano constituiste a tu Hijo único sumo y eterno sacerdote, concede a quienes él eligió para ministros y dispensadores de sus misterios la gracia de ser fieles en el cumplimiento del ministerio recibido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V./ El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R./ Amén.

Lectio Divina – Jueves IX de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Señor, nos acogemos confiadamente a tu providencia, que nunca se equivoca; y te suplicamos que apartes de nosotros todo mal y nos concedas aquellos beneficios que pueden ayudarnos para la vida presente y la futura. Por nuestro Señor. 

2) Lectura

Del santo Evangelio según Marcos 12,28b-34
Acercóse uno de los escribas que les había oído y, viendo que les había respondido muy bien, le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?» Jesús le contestó: «El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos.» Le dijo el escriba: «Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.» Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios.» Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas. 

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos presenta una conversación bonita entre Jesús y un doctor de la ley. El doctor quiere saber de Jesús cuál es el primero de todos los mandamientos. Hoy también mucha gente quiere saber lo que es más importante en la religión. Algunos dicen que es ser bautizado. Otros dicen que es rezar. Otros dicen: ir a Misa o participar del culto el domingo. Otros dicen: amar al prójimo. Otros se preocupan sólo con las apariencias o con los cargos en la Iglesia.
• Marcos 12,28: La pregunta del doctor de la Ley. A un doctor de la ley, que había asistido al debate de Jesús con los saduceos (Mc 12,23-27), le gustó la respuesta de Jesús, y percibió su gran inteligencia y quiso aprovechar la ocasión para plantear una preguntar: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?” En aquel tiempo, los judíos tenían una gran cantidad de normas para reglamentar en la práctica la observancia de los Diez Mandamientos. Algunos decían: “Todas estas normas tienen el mismo valor, pues todas vienen de Dios. No nos incumbe a nosotros introducir distinciones en las cosas de Dios”. Otros decían: “Algunas leyes son más importantes que las otras y, por esto, ¡obligan más!” El doctor quiere saber la opinión de Jesús.
• Marcos 12,29-31: La respuesta de Jesús. Jesús responde citando un pasaje de la Biblia para decir cuál es el primero de todos los mandamientos: es “¡amar a Dios con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas!” (Dt 6,4-5). En el tiempo de Jesús, los judíos piadosos hicieron de este texto del Deuteronomio una oración y la recitaban tres veces al día: de mañana, a medio día y por la noche. Era tan conocida entre ellos como hoy entre nosotros lo es el Padre Nuestro. Y Jesús añade, citando de nuevo la Biblia: “El segundo es éste: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’ (Lev 19,18). No existe otro mandamiento mayor que éstos”. ¡Respuesta breve y profunda¡ Es el resumen de todo lo que Jesús enseñó sobre Dios y sobre la vida (Mt 7,12).
• Marcos 12,32-33: La respuesta del doctor de la ley. El doctor concuerda con Jesús y saca las conclusiones: “«Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que amar a Dios y amar al prójimo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.» . O sea, el mandamiento del amor es más importante que los mandamientos relacionados con el culto y los sacrificios en el Templo. Esta afirmación venía ya de los profetas del Antiguo Testamento (Os 6,6; Sal 40,6-8; Sal 51,16-17). Hoy diríamos que la práctica del amor es más importante que novenas, promesas, misas, rezos y procesiones.
• Marcos 12,34: El resumen del Reino. Jesús confirma la conclusión del doctor y dice: “No estás lejos del Reino de Dios!” De hecho, el Reino de Dios consiste en reconocer que el amor hacia Dios es igual que el amor al prójimo. Pues si Dios es Padre, nosotros todos somos hermanos y hermanas y tenemos que demostrarlo en la práctica, viviendo en comunidad. «¡De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas!» (Mt 22,4) Los discípulos y las discípulas deben fijar en la memoria, en la inteligencia, en el corazón, en las manos y en los pies esta primera ley del amor: ¡sólo se llega a Dios a través del don total al prójimo!
• El primer mandamiento. El mayor y el primer mandamiento fue y será siempre: “amar a Dios con todo el corazón, con toda la inteligencia, y con todas las fuerzas” (Mc 12,30). En la medida en que el pueblo de Dios, a lo largo de los siglos, fue profundizando en el significado y en el alcance del amor a Dios, fue percibiendo que el amor de Dios sólo será real y verdadero, si se hace concreto en el amor al prójimo. Por esto, el segundo mandamiento que pide el amor al prójimo es semejante al primer mandamiento del amor a Dios (Mt 22,39; Mc 12,31). “Si alguien dijese “¡Amo a Dios!”, pero odia a su hermano, es un mentiroso” (1Jn 4,20). “Toda la ley los profetas dependen de estos dos mandamientos” (Mt 22,40). 

4) Para la reflexión personal

• Para ti, ¿qué es lo más importante en la religión y en la vida? ¿Cuáles son las dificultades para poder vivir aquello que consideras lo más importante?
• Jesús dijo al doctor: “No estás lejos del Reino de Dios”. Hoy, ¿estoy más cerca o más lejos del Reino de Dios que el doctor elogiado por Jesús? 

5) Oración final

Muéstrame tus caminos, Yahvé,
enséñame tus sendas.
Guíame fielmente, enséñame,
pues tú eres el Dios que me salva. (Sal 25,4-5)

La envidia corrompe la amistad (amistad)

Así no los dice Salomón: El hombre es envidiado por su propio compañero (Qo 4, 4). Y así sucede en verdad. El escita no envidia al egipcio, sino cada uno al de su misma nación; y entre los habitantes d una misma nación no existe envidia entre los que no se conocen, sino entre los muy familiares; y entre éstos, a los primero que se envidia es a los vecinos y a los que ejercen el mismo arte o profesión, o con quienes se está unido por algún parentesco; y aun entre estos últimos, a los de la misma edad, a los consanguíneos y a los hermanos. Y, en suma, así como la niebla es una epidemia propia del trigo, así también la envidia es la plaga de la amistad (San Basilio, Hom. sobre la envidia).

Comentario – Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote

Cuando llegó la hora, nos recuerda el evangelista, Jesús se puso a la mesa con sus apóstoles y les dijo: Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer; porque os digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios. Se trata de la cena pascual. Jesús muestra verdaderos deseos de comer la Pascua con sus discípulos, pues será la última, la que precederá a su pasión y muerte: una cena que adquiere, por tanto, tono testamentario. En ella Jesús les dejará unas enseñanzas y unos sacramentos a modo de testamento. En cuanto herederos, ellos recogerán este legado para guardarlo y transmitirlo. De ahí su cuidado por conservar sus palabras y sus gestos en su integridad: Tomad esto y repartidlo entre vosotros; porque os digo que, a partir de este momento, no beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios.

Eran las palabras que acompañaban al gesto de tomar la copa de vino y entregarla para que bebieran de ella. En ellas encontramos también una alusión a la despedida de este mundo y a la llegada del Reino de Dios. Después tomará un pan, lo partirá y lo repartirá refiriéndose a él como a su cuerpo, a ese cuerpo que va a ser entregado, es decir, inmolado por ellos: Esto es mi Cuerpo que va a ser entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío. Con el cáliz hará lo mismo, refiriéndose al contenido del mismo como a su Sangre, la sangre de la Nueva Alianza, una sangre que será derramada, como en la antigua alianza, pero de otra manera. En ambas expresiones hay una clara alusión a su muerte próxima, una muerte cruenta en la que acontecerá la entrega del cuerpo y el derramamiento de la sangre. En realidad, el cuerpo se entrega vertiendo su sangre. No hay entrega del cuerpo sin derramamiento de la sangre. Ahí, en esta pérdida del elemento que mantiene con vida al cuerpo se produce la entrega de éste y con él la entrega de la vida que lo sostiene como cuerpo (vivo). Hay despedida porque hay muerte; hay entrega porque hay derramamiento de sangre.

Pero Jesús no se limita a anunciar lo que le va a suceder; les requiere para hacer lo mismo que él acaba de hacer en su memoria. ¿Por qué este interés porque se reproduzcan los gestos y las palabras de esta cena tan señalada, la cena pascual de ese año? Jesús insinúa la respuesta cuando alude a la sangre de la Nueva Alianza. Aquí se establece una nueva alianza entre Dios y su pueblo que será sellada también con sangre, la suya propia. En toda alianza hay un pacto y, por tanto, un compromiso de fidelidad. El pacto al que se refiere Jesús es un pacto de amor sellado no sólo con palabras, sino también con un acto de entrega sacrificial que lleva consigo el derramamiento doloroso de la sangre de la víctima del sacrificio. Jesús se ha prestado para ser la víctima voluntaria de este sacrificio que permite restablecer la antigua alianza rota por la infidelidad de uno de los aliados. Y puesto que él es el que se ofrece voluntariamente como víctima, cumple una función sacerdotal u oferente.

Por eso puede ser llamado sacerdote o Sumo sacerdote como hace la carta a los Hebreos: una función que cumple sobre todo en el momento histórico en el que se está inmolando en el sacrificio de la cruz; pero también en ese otro momento en que anticipa ese sacrificio actualizando su actitud oferente, el momento en que le vemos tomar el pan y el cáliz para repartirlos entre sus discípulos mientras pronuncia palabras alusivas a su muerte, en la que están implicados su cuerpo y su sangre. Pero Jesús no es sólo un sacerdote entre otros; en realidad, nunca había actuado como tal en el marco de su tradición judaica; sino el sacerdote que inaugura la Nueva Alianza con un realismo inusitado: no con ritos u holocaustos de carneros o toros, sino con un acto existencial de entrega de la propia vida.

Por eso puede ser llamado «Sumo Sacerdote»; pero también porque sólo él es propiamente sacerdote o pontífice, ya que sólo él une al cielo y a la tierra, a Dios y al hombre, en su persona. Es la unión hipostática: unión que une lo humano y lo divino en la única persona. Todos los demás somos sacerdotes sólo en la medida en que hemos sido incorporados a su ofrenda y a su memorial. En cada eucaristía, los sacerdotes reproducimos in persona Christi la acción de Jesús en la última cena. Pero ¿basta para reproducir esta acción con ejecutar sus mismos gestos y pronunciar sus mismas palabras? ¿No será también necesario reproducir su misma actitud sacrificial o actitud de entrega de la propia vida? Parece que sólo así podemos estar haciendo realmente lo mismo que él hizo en su memoria. De no ser así, estaremos tal vez escenificando, pero no actualizando esa cena y ese sacrificio ya presente intencionalmente en la cena. Que el Señor nos ayude a valorar y a agradecer su acto de entrega (resp. amor) por nosotros.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos «Apostolorum Successores»

85. El seminario mayor.

El Obispo insista decididamente y con convicción sobre la necesidad del seminario mayor como instrumento privilegiado para la formación sacerdotal,(225) y trabaje a fin de que la diócesis tenga un seminario mayor propio, como expresión de la pastoral vocacional de la Iglesia particular y, al mismo tiempo, como comunidad eclesial peculiar que forma los futuros presbíteros a imagen de Jesucristo, buen Pastor. La institución del seminario mayor diocesano está condicionada por la posibilidad de la diócesis de ofrecer una profunda formación humana, espiritual, cultural y pastoral a los candidatos al sacerdocio. Para tal objetivo, el Obispo buscará favorecer la formación de los formadores y de los futuros profesores al más alto nivel académico posible.

Si la diócesis no está en condiciones de tener un seminario propio, el Obispo una sus fuerzas con las de otras diócesis vecinas para dar vida a un seminario interdiocesano, o envíe a los candidatos al seminario más cercano a la diócesis.(226)

La Santa Sede, una vez verificada la real dificultad para que cada diócesis tenga su seminario mayor, da la aprobación para la erección de un seminario interdiocesano. Aprueba también los estatutos. Los Obispos interesados deberán concordar las normas del reglamento y es responsabilidad de cada uno visitar personalmente a los propios alumnos e interesarse por su formación para conocer, de los superiores, cuanto pueda serle útil para evaluar si existen las condiciones para la admisión al sacerdocio.(227)

La posibilidad de reducir la permanencia prescrita de los seminaristas en el seminario se ha de considerar una excepción para casos específicos.(228)


225 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decreto Optatam Totius, 4; Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Pastores Dabo Vobis, 60-61.

226 Cf. Codex Iuris Canonici, can. 237 §§ 1-2.

227 Cf. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Pastores Dabo Vobis, 65.

228 Cf. Codex Iuris Canonici, can. 235.

Un Dios Trino, un Dios comunidad

(La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con vosotros. (2a Corintios, 13, 13).

1.- A veces, cuando queremos decir que algo es muy complicado, o imposible de entender, lo comparamos al misterio de la Santísima Trinidad. Es porque tenemos conciencia de la imposibilidad de explicar este misterio. Y, evidentemente, no sería misterio, si nosotros pudiéramos explicarlo o comprenderlo racionalmente.

Se puede creer en un misterio, aunque no seamos capaces de explicarlo racionalmente. Entre las fuentes de donde puede brotar la creencia, hay algunas que no son estrictamente racionales, como pueden ser la fe, las razones del corazón, el consenso universal, etc. Nuestra creencia, en estos casos, no es una creencia demostrable racionalmente, aunque sea, para nosotros, razonable creer en ella. En este grupo, incluimos los cristianos la creencia, para nosotros razonable, de la existencia de un Dios uno y trino.

No voy a hablar aquí del Dios uno y trino, desde un punto de vista teológico, ni mucho menos filosófico. Quiero limitarme a comentar algunos mensajes o aspectos pastorales que yo veo sugeridos en las lecturas de este domingo. Y voy a comenzar por el texto de San Pablo que he citado arriba, tomado de su segunda epístola a los Corintios.

El Dios que San Pablo quiere que esté siempre con nosotros, es, desde luego, un Dios trino en su ser y en su acción. Es, desde luego y en primer lugar, un Dios Amor. Un Dios que nos amó, antes que nosotros le amáramos a él, y, por amor, nos entregó a su Hijo, «para que no pereciéramos ninguno de los que creyéramos en él, sino que tuviéramos vida eterna». Y, precisamente porque es Amor, es también «un Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad…, que perdona nuestras culpas y pecados y nos toma como heredad suya». A este Dios Amor podemos llamarlo también Dios Padre.

Es también un Dios Gracia, porque se nos da gratuitamente, sin que nosotros lo hayamos merecido. Gracias a su ayuda, gracias a su Gracia, podemos salvarnos, venciendo las continuas tentaciones con las que el mundo y nuestro propio «hombre viejo» nos tienta de continuo. Su gracia es para nosotros fuerza y perdón, luz y guía, redención y consuelo. La gracia de Dios es la que hace frente a nuestra debilidad, permitiéndonos vencer incluso a la muerte en la resurrección. A este Dios Gracia podemos llamarlo también Dios Hijo.

Es un Dios Comunión. Porque, a través del amor, Dios quiere hacer de cada uno de nosotros su tienda y su morada. El Espíritu de Dios es el que debe dirigir nuestra vida desde dentro, dando muerte una y otra vez a los malos espíritus que también habitan dentro de nosotros. Si no estamos en comunión con Dios, estaremos en comunión con el mundo, dejándonos gobernar por las «concupiscencias» mundanas. El hombre es, por naturaleza, un ser en comunión, porque para vivir y crecer necesita comunicarse continuamente con el medio en el que habita. Esto vale no sólo para el cuerpo, sino también para el espíritu. Si no nos comunicamos con Dios, seremos espiritualmente cuerpos sin vida. A este Dios Comunión podemos llamarlo también Dios Espíritu Santo.

Este Dios uno y trino es un Dios invisible, pero puede y quiere hacerse visible en cada uno de nosotros, en la familia, en la sociedad, en todas las manifestaciones de la vida humana en general.

2.- Cada uno de nosotros debe ser imagen visible del Dios trino. ¿Cómo? San Agustín –que como sabemos escribió muchas páginas sobre el misterio de la Trinidad– dice que la imagen del Dios trino está reflejada, aunque muy pálidamente, en el hombre, porque éste es al mismo tiempo memoria, entendimiento y voluntad. Estas tres cosas, dice el santo, «se manifiestan separadamente y obran inseparablemente».

Pero yo no voy a seguir a San Agustín en la reflexión sobre este tema, porque me interesan más los aspectos pastorales del mismo. Cada uno de nosotros es imagen del Dios trino, porque podemos amar gratuitamente a los demás, podemos ayudarles y podemos vivir en comunión armoniosa con ellos. Si los demás nos ven como Amor, como Gracia y como Comunión, pueden descubrir visiblemente en nosotros al Dios invisible. Seguramente que son muchas las personas que necesitan nuestro amor gratuito, que necesitan nuestra ayuda y que quieren percibirnos como cercanos y comunicativos.

Un Dios trino, es decir, un Dios Comunidad, debe ser el modelo de toda familia cristiana. Si entre los miembros de la familia no hay amor, ayuda y comunión, no podemos hablar de verdadera familia cristiana. La familia es una comunidad, en el sentido más pleno de la palabra, y la imagen del Dios Comunidad debe ser el modelo primero en su pensar y en su vivir. Y el hecho de que algún miembro de la familia no quiera vivir de acuerdo con este modelo no dispensa a los demás miembros de intentarlo por su cuenta. La responsabilidad personal de cada uno de los miembros de la familia no queda dispensada cuando falla la responsabilidad común de la familia en cuanto tal. El hecho de que la mayor parte de las familias, en España, hayan dejado de vivir según el modelo del Dios trinitario, del Dios Comunidad, no quiere decir que esto sea un bien para la familia. Ni un bien social, ni, por supuesto, un bien religioso. No siempre lo que hace la mayoría es un bien para la mayoría.

El Dios trinitario también debe ser imagen y modelo de la sociedad. Si la sociedad estuviera regida por el amor y nos ayudáramos unos a otros y viviéramos en comunión espiritual y económica los unos con los otros, desaparecerían como por encanto tantas desgracias y tantos dolores. Se puede decir que esto es utópico, y lo es en verdad. Pero la utopía de una sociedad menos injusta, es una utopía impuesta por los pecados de los hombres. Ninguno de nosotros, por sí solo, puede cambiar y convertir a la sociedad entera. Pero cada uno de nosotros puede cambiar y convertirse él mismo, poniendo así la primera, o la segunda, o la tercera piedra en la construcción de esa sociedad más justa que todos deseamos.

Terminemos esta reflexión, como la empezamos: deseando que «el amor del Padre, la gracia del Hijo y la comunión del Espíritu Santo» estén siempre con todos nosotros, con nuestras familias y con la sociedad entera.

(**) Gabriel González del Estal.- El Padre Gabriel González es el prior de la Comunidad Agustina de Valdeluz, en Madrid y ejerce su ministerio sacerdotal en la Parroquia de Santa María de la Esperanza. Fue también provincial de la Orden Agustiniana en Madrid.

Gabriel González del Estal, OSA.

Dios mandó a su Hijo para que el mundo se salve por Él

«Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su hijo único, para que quien crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Pues Dios no envió a su hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el hijo único de Dios.

Juan 3, 16-18

PARA MEDITAR

Dios no envió al mundo a su hijo para condenarlo… Esto se nos dice en el evangelio de hoy. Jesús no vino a estar entre nosotros para estar enfadado con nosotros por las cosas que hacemos mal, ni para estar todo el día haciéndonos reporches. Jesús es el mensajero de lo bueno, nos propone el camino bueno, nos trae la Buena Noticia. Nosotros debemos hacer lo mismo, ser mensajeros de buenas noticias para los demás. Ofrecerles a los demás lo bueno que es ser cristiano. Esta es la forma que nos propone Jesús de vivir la fe.

PARA HACER VIDA EL EVANGELIO

  • Piensa en algunas de las cosas más bonitas que para ti tienen la fe. Piensa también en alguien a quien le puedas contar esta experiencia tan chula que has tenido.
  • ¿Cómo podemos hacer los cristianos para que otras personas puedan vivir la fe? ¿Qué puedes hacer para conseguir que alguien que conozcas pueda empezar a participar en tu parroquia?
  • Escribe un compromiso para animar a alguna persona a participar en la vida de tu parroquia.

ORACIÓN

Tu presencia lo envuelve todo,
es viento que libera,
es fuerza que anima, es impulso
que dinamiza,
es sensación de consuelo,
es aire renovador,
es Espíritu tuyo que está en nosotros siempre.
Sois Tres; sois Uno, ¿qué más da?…
Lo importante es que formáis parte
de todo
y que mi vida descansa en Ti
y en vosotros,
se alimenta de Ti y de los Tres,
se siente amada por Ti,
aleccionada por Jesús y acompañada por tu Espíritu.
¿Se puede desear un regalo mejor?

Padre, Hijo y Espíritu Santo

De todas las maneras
estás dentro de mí,
me envuelves en tu presencia
y en tu amor,
aunque yo me debata en elucubraciones
búsquedas e ideas,
Tú eres mi Dios y me sostienes,
recreas mi vida.

Tú, Padre Dios, me amaste
desde el principio de los tiempos,
tienes mi nombre tatuado
en la palma de tu mano
y me conoces, vaya o venga,
hable o calle,
trabaje o descanse,
esté en movimiento o duerma.

Tu presencia lo envuelve todo,
es viento que libera,
es fuerza que anima, es impulso
que dinamiza,
es sensación de consuelo,
es aire renovador,
es Espíritu tuyo que está en nosotros siempre.

Sois Tres; sois Uno, ¿qué más da?…
Lo importante es que formáis parte de todo
y que mi vida descansa en Ti
y en vosotros,
se alimenta de Ti y de los Tres,
se siente amada por Ti,
aleccionada por Jesús y acompañada
por tu Espíritu.
¿Se puede desear un regalo mejor?

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio – Santísima Trinidad

• En estas palabras que Juan pone en boca de Jesús, y que son expresión de fe de la comunidad, Jesús aparece como «Hijo único» (16) que Dios ha «dado»-«enviado» al mundo (16-17) para que tengamos vida-salvación.

• Juan destaca que el amor de Dios es fuente de esta vida-salvación (16). Es Dios quien tiene la iniciativa en la salvación del mundo. Y la tiene porque lo ama con un amor inmenso. Es una iniciativa gratuita: en ningún momento Jesús dice que Dios espere reciprocidad por parte del mundo. El evangelista, más adelante, sugiere lo contrario (Jn 15,18-19). El amor siempre va por delante, siempre es origen de vida. Y siempre es gratuito.

• Los escritos joánicos no sólo resaltan que Dios actúa por amor sino que lo describen a Él mismo como el «Amor» (1Jn 4,8.16). Y ese amor se concreta con la venida del Hijo al mundo (Jn 1,14) dispuesto a vivir todo lo que nosotros vivimos, muerte incluida, dispuesto a dar la vida día a día hasta el final.

• El Evangelio, por tanto, presenta a Jesús como don de Dios (16). Un don que tiene una finalidad: la «vida eterna» de los creyentes.

• Así Jesús es decisivo de cara a la salvación del mundo y de cada uno de nosotros. Por esto, lo que cada uno decide ante Él -acogerlo, (Jn 1,12) o rechazarlo (Jn 1,10-11)- también será decisivo. Esto es lo que quiere decir en este texto «creer» o «no-creer» (18) en Él. Ante Jesús -con todo lo que representa, es decir, que no se trata de un nombre vacío ni de una ideología ni de una doctrina… sino de aquel que Ha Muerto y Ha Resucitado mostrando el camino del Reino de Dios-cada uno tiene que posicionarse.

• Posicionarse porque el proyecto de Dios sólo se realiza en la persona concreta, en la persona creyente, en la persona que ha dicho sí (Jn 1,12; 3.18). No es un proyecto que se imponga a ultranza a nadie en concreto ni al mundo en general. Sólo puede tirar adelante en aquella persona que libremente se le abra. Esto es «creer». «No-creer» será el rechazo, el cierre, hecho también como opción consciente y libre.

•  No tenemos, pues, que confundir el uso de estos términos, «creer» y «no- creer», que se hace en el Evangelio de Juan con el uso que se da popularmente, en el lenguaje más habitual de la calle. Hay mucha gente que cuando dice que «no cree» no está expresando un rechazo a Jesús, a quien probablemente ni tan sólo conoce; en muchos casos, probablemente, el «no creo» es equivalente a la pregunta por Dios. Una pregunta que espera respuesta, que espera el testimonio sencillo y vital de quien dice que sí, que cree, en el Padre mostrado por Jesucristo. El testimonio del militante cristiano.

Comentario al evangelio – Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote

Equiparar sacerdocio y sacramentos tiene sus peligros. Porque Jesucristo no fue sacerdote de sacramentos.

Bautismo. Que se sepa el suyo; parece que no bautizo a nadie. Era lo que recibió un bautismo de conversión. Si acaso quiere de nosotros un bautismo de Espíritu.

Confirmación. Cuando la llegada del Espíritu en Pentecostés él ya se había ido.

Eucaristía. La primera que fue la última (cena). Una eucaristía que vale toda una vida: cuerpo que se entrega, sangre que se derrama.

Reconciliación. De esto sí que tuvo varias: su vida fue abrir puertas de perdón y misericordia. Aunque los puristas dirán que la fórmula no estaba completa.

Unción. Grande fue su preocupación por la salud de los que peor lo pasaban. Era frecuente oírle decir cuando preguntaba por alguien: que se mejore. Y el caso era que mejoraban.

Orden. Lo suyo iba en otro orden de cosas.

Matrimonio. Que se sepa sí estuvo en una boda, pero nada hace indicar que fuera el testigo cualificado. Lo que sí sabemos es que estuvo en el banquete (hizo un Hannover).

Y entonces, ¿sacerdote?

El sacerdocio de la cercanía. Leer el comentario del lunes.
El sacerdocio del agradecimiento. Leer el comentario del martes.
El sacerdocio de la vida. Leer el comentario del miércoles.
El sacerdocio de la escucha. Leer el comentario del viernes.
El sacerdocio de la generosidad. Leer el comentario del sábado.

Óscar Romano, cmf