Vísperas – San Bonifacio

VÍSPERAS

SAN BONIFACIO, obispo y mártir

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Palabra del Señor ya rubricada
es la vida del mártir ofrecida
como una prueba fiel de la espada
no puede ya truncar la fe vivida.

Fuente de fe y de luz es su memoria,
coraje para el justo en la batalla
del bien, de la verdad, siempre victoria
que, en vida y muerte, el justo en Cristo halla.

Martirio es el dolor de cada día,
si en Cristo y con amor es aceptado,
fuego lento de amor que, en la alegría
de servir al Señor, es consumado.

Concédenos, oh Padre, sin medida,
y tú, Señor Jesús crucificado,
el fuego del Espíritu de vida
para vivir el don que nos ha dado. Amén.

SALMO 40: ORACIÓN DE UN ENFERMO

Ant. Sáname, señor, porque he pecado contra ti.

Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;
en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor.

El Señor lo guarda y lo conserva en vida,
para que sea dichoso en la tierra,
y no lo entrega a la saña de sus enemigos.

El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,
calmará los dolores de su enfermedad.

Yo dije: «Señor, ten misericordia,
sáname, porque he pecado contra ti.»

Mis enemigos me desean lo peor:
«A ver si se muere, y se acaba su apellido.»

El que viene a verme habla con fingimiento,
disimula su mala intención,
y, cuando sale afuera, la dice.

Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí,
hacen cálculos siniestros:
«Padece un mal sin remedio,
se acostó para no levantarse.»

Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba,
que compartía mi pan,
es el primero en traicionarme.

Pero tú, Señor, apiádate de mí,
haz que pueda levantarme,
para que yo les dé su merecido.

En esto conozco que me amas:
en que mi enemigo no triunfa de mí.

A mí, en cambio, me conservas la salud,
me mantienes siempre en tu presencia.

Bendito el Señor, Dios de Israel,
ahora y por siempre. Amén, amén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

SALMO 45: DIOS, REFUGIO Y FORTALEZA DE SU PUEBLO

Ant. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.

Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar.

Que hiervan y bramen sus olas,
que sacudan a los montes con su furia:

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.

Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora.

Los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan;
pero él lanza su trueno, y se tambalea la tierra.

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:

Pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe,
rompe los arcos, quiebra las lanzas,
prende fuego a los escudos.

«Rendíos, reconoced que yo soy Dios:
más alto que los pueblos, más alto que la tierra.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

LECTURA: Rm 15, 1-3

Nosotros, los robustos, debemos cargar con los achaques de los endebles y no buscar lo que nos agrada. Procuremos cada uno dar satisfacción al prójimo en lo bueno, mirando a lo constructivo. Tampoco Cristo buscó su propia satisfacción; al contrario, como dice la Escritura: «Las afrentas con que te afrentaban cayeron sobre mí.»

RESPONSORIO BREVE

R/ Cristo nos amó y nos ha librado por su sangre.
V/ Cristo nos amó y nos ha librado por su sangre.

R/ Nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios.
V/ Por su sangre.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Cristo nos amó y nos ha librado por su sangre.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor nos auxilia a nosotros, sus siervos, acordándose de su misericordia.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor nos auxilia a nosotros, sus siervos, acordándose de su misericordia.

PRECES

Bendigamos a Dios, que mira propicio los deseos de los necesitados y a los hambrientos los colma de bienes; digámosle confiados:

Muéstranos, Señor, tu misericordia.

Señor, Padre lleno de amor, te pedimos por todos los miembros de la Iglesia que sufren:
— acuérdate que, por ellos, Cristo, cabeza de la Iglesia, ofreció en la cruz el verdadero sacrificio vespertino.

Libra a los encarcelados, ilumina a los que viven en tinieblas, sé la ayuda de las viudas y de los huérfanos,
— y haz que todos nos preocupemos de los que sufren.

Concede a tus hijos al fuerza necesaria,
— para resistir las tentaciones del Maligno.

Acude en nuestro auxilio, Señor, cuando llegue la hora de nuestra muerte:
— para que puedan contemplarte eternamente.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Conduce a los difuntos a la luz donde tú habitas,
— para que puedan contemplarte eternamente.

Fieles a la recomendación del Salvador, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Concédenos, Señor, la intercesión de tu mártir san Bonifacio, para que podamos defender con valentía y confirmar con nuestras obras la fe que él enseñó con su palabra y rubricó en el martirio con su sangre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Viernes IX de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Señor, nos acogemos confiadamente a tu providencia, que nunca se equivoca; y te suplicamos que apartes de nosotros todo mal y nos concedas aquellos beneficios que pueden ayudarnos para la vida presente y la futura. Por nuestro Señor. 

2) Lectura

Del santo Evangelio según Marcos 12,35-37
Jesús, tomando la palabra, decía mientras enseñaba en el Templo: «¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? David mismo dijo, movido por el Espíritu Santo:
Dijo el Señor a mi Señor:
Siéntate a mi diestra
hasta que ponga a tus enemigos
debajo de tus pies.
El mismo David le llama Señor; ¿cómo entonces puede ser hijo suyo?» La muchedumbre le oía con agrado. 

3) Reflexión

• En el evangelio de anteayer, Jesús criticó la doctrina de los saduceos (Mc 12,24-27). En el evangelio de hoy, critica la enseñanza de los doctores de la ley. Y esta vez su crítica no apunta a la incoherencia de sus vidas, sino a una enseñanza que transmiten a la gente. En otra ocasión, Jesús había criticado su incoherencia y había dicho a la gente: “Los doctores de la Ley y los fariseos tienen autoridad para interpretar la Ley de Moisés. Por esto, ustedes tienen que hacer todo lo que les dicen. Pero no imiten sus acciones, pues hablan pero no practican” (Mt 23.2-3). Ahora, Jesús tiene una reserva de cara a la relación con los que enseñan de cara a la esperanza mesiánica, y basa su crítica en argumentos sacados de la Biblia.
• Marcos 12,35-36: La enseñanza de los doctores de la Ley sobre el Mesías. La propaganda oficial tanto del gobierno como de los doctores de la Ley decía que el mesías vendría como Hijo de David. Era una manera de enseñar que el mesías sería un rey glorioso, fuerte y dominador. Así fue el grito de la gente el Domingo de Ramos:»¡Bendito el Reino que viene de nuestro padre David!» (Mc 11,10). Así también gritó el ciego de Jericó: «Jesús, hijo de David, ten piedad de mí!» (Mc 10,47).
• Marcos 12,37: Jesús cuestiona la enseñanza de los doctores sobre el Mesías. Jesús cuestiona esta enseñanza de los doctores. Cita un salmo de David: “El Señor dijo a mi señor: siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies!” (Sal 110,1) Y Jesús añade: “El mismo David le llama Señor; ¿cómo entonces puede ser hijo suyo?» Esto significa que Jesús no concordaba mucho con esta idea de un mesías, Señor Glorioso, que vendría como rey poderoso para dominar e imponerse sobre todos los enemigos. Marcos añade que a la gente le gustó la crítica de Jesús. De hecho, la historia informa que los “pobres de Javé “ (anawim) esperaban al mesías no como dominador, sino como siervo de Dios para la humanidad.
• Las diversas formas de esperanza mesiánica. A lo largo de los siglos, la esperanza mesiánica fue creciendo, tomando diversas formas. Casi todos los grupos y los movimientos de la época de Jesús esperaban la llegada del Reino, pero cada uno a su manera: fariseos, escribas, esenos, zelotes, herodianos, saduceos, los profetas populares, los discípulos de Juan el Bautista, los pobres de Yavé. Podemos distinguir tres tendencias en la esperanza mesiánica del pueblo en el tiempo de Jesús.
a) Mesías como enviado personal de Dios: Para unos, el futuro Reino tenía que llegar mediante un enviado de Dios, llamado Mesías o Cristo. Sería ungido para poder realizar esta misión (Is 61,1). Algunos esperaban que él fuera un profeta; otros, que fuera un rey, un discípulo o un sacerdote. Malaquías, por ejemplo, espera al profeta Elías (Mal 3,23-24). El Salmo 72 espera a un rey ideal, un nuevo David. Isaías ahora espera a un discípulo (Is 50,4), ahora a un profeta (Is 61,1). El espíritu impuro gritaba: «¡Yo sé que tú eres el Santo de Dios! (Mc 1, 24). Señal de que también había gente que esperaba a un mesías que fuera sacerdote (Santo o Santificado). Los pobres de Yavé (anawim) esperaban al Mesías como el “Siervo de Dios”, anunciado por Isaías.
b) Mesianismo sin mesías. Para otros, el futuro llegaría de repente, sin mediación ni ayuda de nadie. Dios mismo vendría en persona para realizar las profecías. NO habría un mesías propiamente dicho. Sería un mesianismo sin mesías. Esto ya se percibe en el libro de Isaías, donde Dios mismo viene llegando y trae la victoria en la mano (Is 40,9-10; 52,7-8).
c) El Mesías ya llegó: Había también grupos que no esperaban ya al mesías. Para ellos la situación presente debía de continuar como era, pues pensaban que el futuro había llegado ya. Estos grupos no eran populares. Por ejemplo, los saduceos no esperaban al mesías. Los herodianos pensaban que Herodes fuera el rey mesiánico.
• La luz de la resurrección. La Resurrección de Jesús es la luz que, de repente, ilumina todo el pasado. A la luz de la resurrección, los cristianos comenzaron a releer el Antiguo Testamento y descubrieron sentidos nuevos que antes no podían ser descubiertos, porque les faltaba luz (cf 2Cor 3,15-16). Y en el AT ellos buscaban las palabras para expresar la nueva vida que estaban viviendo en Cristo. Y allí encontraron la mayor parte de los títulos de Jesús. Mesías (Sal 2,2), Hijo del Hombre (Dn 7,13; Ez 2,1), Hijo de Dios (Sal 2,7; 2 Sm 7,13), Siervo de Yavé (Is 42,1; 41,8), Redentor (Is 41,14; Sl 19,15; Rt 4,15), Señor (LXX) (¡casi 6000 veces!). Todos los grandes temas del AT desembocan en Jesús y encuentran en él su plena realización. En la resurrección de Jesús germina la semilla y, según lo dicho por las Padres de la Iglesia, todo el AT se vuelve Nuevo Testamento. 

4) Para la reflexión personal

• ¿Cuál es tu esperanza para el futuro del mundo en que vivimos?
• La fe en la Resurrección ¿influye en tu manera de vivir la vida? 

5) Oración final

Espero tu salvación, Yahvé,
y cumplo tus mandamientos.
Guardo tus ordenanzas y dictámenes,
tienes presente todos mis caminos. (Sal 119:166,168)

Comentario – Viernes IX de Tiempo Ordinario

De Jesús se dice no sólo que hablaba con autoridad, y no como los letrados, sino que la gente disfrutaba escuchándolo. Pero no todos le escuchaban con gusto. A algunos el discurso de Jesús les resultaba escandaloso; y a otros, si en un primer momento les resultó objeto de disfrute, pronto se convertiría en motivo de escándalo.

En este caso se nos dice que Jesús enseñaba en el templo, pero el templo era territorio de escribas y fariseos, es decir, territorio en el que estos ejercían de guías espirituales y afianzaban su magisterio. Si en otras ocasiones los letrados habían intentado poner en aprietos a Jesús con sus preguntas capciosas, aquí es Jesús el que pone objeciones a la doctrina de los letrados a propósito del Mesías, y lo hace en presencia de esas gentes que le obsequian con su atención y disfrutan con sus disquisiciones exegéticas. La pregunta-objeción que el maestro de Nazaret les plantea es ésta: ¿Cómo dicen los letrados que el Mesías es hijo de David? El mismo David, movido por el Espíritu Santo, dice: Dijo el Señor a mi Señor, siéntate a mi derecha y haré de tus enemigos estrado de tus pies. Y aquí viene la objeción: Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?

No parece coherente llamar “Señor” a un “hijo”. Pues resulta que David lo hace con el Mesías, su descendiente y, por tanto, hijo, según el criterio de los entendidos en las Sagradas Escrituras. También Jesús disfruta poniendo en aprietos a estos especialistas en Biblia. Pero la pregunta tenía respuesta, y aunque Jesús no la formula expresamente, lo harán otros en su lugar; por ejemplo, san Pablo. El que es hijo de David según la carne es también su Señor según el espíritu, es decir, el nacido del linaje de David es al mismo tiempo nacido de Dios Padre desde toda la eternidad, esto es, el Hijo de Dios. Por eso nada tiene de extraño que lo llame Señor siendo su hijo. He aquí el misterio que explica la aparente incoherencia o rareza de un padre (David) que llama Señor a su hijo o descendiente. Cuando los letrados dicen que el Mesías es hijo de David no yerran, y cuando David llama Señor al Mesías, tampoco; porque en la misma persona confluyen el hijo de David y el Hijo de Dios.

La dificultad exegética que plantea Jesús parece estar invitando a los letrados judíos a una reflexión ulterior que les permita ver en el Mesías no sólo al hijo de David, sino al Señor de David, pues como Señor le reconoce el mismo David. Y para el que tiene el señorío del pueblo de Israel, su Señor no puede ser otro que Dios, su Dios. Esta invitación a reconocer como Señor al Ungido de Dios se hace extensiva a todos cuantos reciban el mensaje. Si el gran David reconoce al Ungido de Dios como su Señor, mucho más hemos de reconocerlo nosotros, después de tantos siglos de historia y tantos signos de credibilidad.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos «Apostolorum Successores»

86. El seminario menor o instituciones análogas.

Además del seminario mayor, el Obispo se preocupará, donde sea posible, de constituir un seminario menor o de sostenerlo donde esté ya presente.(229) Tal seminario ha de ser entendido como una peculiar comunidad de jóvenes donde se cuidan y desarrollan los gérmenes de la vocación sacerdotal. El Obispo diocesano organice el seminario menor según un tenor de vida conveniente a la edad, al desarrollo de los adolescentes, y según las normas de una sana psicología y pedagogía, siempre en el respeto de la libertad de los jóvenes en la elección de vida. El Obispo, además, sea consciente de que este tipo de comunidad necesita de la continua colaboración educativa de la comunidad educativa del seminario, de los padres de los jóvenes y de la escuela.(230)

Por su naturaleza y misión, sería conveniente que el seminario menor llegara a ser en la diócesis un válido punto de referencia de la pastoral vocacional, con oportunas experiencias formativas para los jóvenes que están buscando el sentido de sus vidas, la vocación, o que ya se hayan decidido a tomar el camino del sacerdocio ministerial, pero que no pueden todavía iniciar un verdadero itinerario formativo.

El Obispo promueva una intensa colaboración entre la comunidad educativa del seminario mayor y la del seminario menor, de modo que no haya discontinuidad en las líneas de fondo de la formación y éste último ofrezca una adecuada y sólida base a aquellos que deberán continuar el camino vocacional en el seminario mayor.(231)

Será necesario que el seminario menor ofrezca a los alumnos un curso de estudios equivalente al previsto por el curriculum estatal, reconocido en lo posible por el mismo Estado.(232)


229 Cf. Codex Iuris Canonici, can. 234 § 1.

230 Cf. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Pastores Dabo Vobis, 63.

231 Cf. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Pastores Dabo Vobis, 63.

232 Cf. Codex Iuris Canonici, can. 234 § 2.

La misa del domingo: misa con niños

DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD (A)
“Dios ama al mundo…” 

7 de junio de 2020

 

(Continúa el clima festivo de la celebración. Celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad. No hay que empeñarse en “explicar” el misterio, mejor es vivir la celebración en la clave de la presencia de Dios, que no nos deja.

Un signo para la celebración: Sería muy apropiado una bonita planta con tres hermosas flores. También puede ser un pequeño jarrón con tres rosas o tres flores. Con este símbolo queremos expresar que las tres flores se complementan, las tres juntas hacen una planta o un ramo de flores. Algo así puede ser cuando contemplamos a Dios como Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Canción para la celebración: “Amar es entregarse” (A. Izquierdo). “Tus manos son palomas de la paz” (J. Santos Matías).

1.- MOTIVACIÓN

Amigos: Hoy también celebramos una fiesta cristiana: la Santísima Trinidad. No, no te preocupes que no es nada raro. Con esta fiesta celebramos que Dios está presente entre nosotros de muchas maneras. Por eso nos alegramos y lo celebramos. Cantamos juntos.

2.- CANTO. (Algún canto festivo conocido).

3.- SALUDO DEL SACERDOTE Y MOTIVA EL PERDÓN

4.- PETICIÓN DE PERDÓN

1. Señor, tú eres un buen Padre que nos perdonas. Por eso te decimos, Señor, ten piedad.

2. Señor, tú eres el Hijo de Dios vivo, nuestro Salvador. Por eso te decimos, Cristo, ten piedad.

3. Señor, tú nos das la fuerza de tu Espíritu y no sabemos reconocerte. Por eso te decimos, Señor, ten piedad.

5.- GLORIA (Cantado o recitado)

6.- PRIMERA LECTURA (Éxodo34,4b-6.8-9)

Lectura del libro del Éxodo:

En aquellos días, Moisés subió de madrugada al monte Sinaí, como le había mandado el Señor; llevando en la mano las dos tablas de piedra.
El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor.
El Señor pasó ante él.

Moisés al momento se inclinó y se echó por tierra diciendo:
– Si he obtenido tu favor, que mi Señor venga con nosotros. Perdona nuestras culpas y

tómanos como heredad tuya. Palabra de Dios

7.- SALMO RESPONSORIAL. (Se puede cantar “Amar es entregarse”, o cantar “Aleluya”, intercalando estrofas del salmo responsorial)

Amar es entregarse,
olvidándose de sí,
buscando lo que al otro,
puede hacerle feliz,
buscando lo que al otro,
puede hacerle feliz.

Qué bello es vivir para amar,
qué grande es tener para dar.
Dar alegría, felicidad,

darse uno mismo, eso es amar.
Dar alegría, felicidad,
darse uno mismo, eso es amar.

8.- EVANGELIO (Juan 3, 16-18). “Tanto amó Dios al mundo…”

Lectura del santo evangelio según San Juan:

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será condenado; el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

Palabra del Señor

9.- COMENTARIO

• Hay mil formas de ver que Dios nos ama.
• Nos ama tanto que nos da a su Hijo Jesucristo y al Espíritu Santo, fuerza y calor de Dios amor.
• Imagen de las tres flores: las tres juntas son bonitas.
• Algo así es Dios, uno y diferente.
• Siempre amando al mundo.
• Y nosotros ¿cómo amamos?

10.- ORACION DE FIELES. PETICIONES

1.- Para que la Iglesia manifieste la cercanía de Dios con la humanidad. Roguemos al Señor.

2.- Para que cada uno de nosotros seamos “presencia” de Jesús en nuestro ambiente de familia, de colegio, de amigos, de personas necesitadas. Roguemos al Señor.

3.- Para que los niños y niñas que han hecho la Primera Comunión se sientan acogidos en nuestra comunidad eclesial. Roguemos al Señor.

4.- Para que la humanidad escuche el deseo de paz de tantos corazones que piden respeto a la vida humana. Roguemos al Señor.

11.- ACCIÓN DE GRACIAS. (Canto: “Palomas de la paz”). Se puede introducir con una motivación.

Tus manos son palomas de la paz,
Tus manos son palomas de la paz,
Puedes tener la suerte de encontrar
En tus manos palomas de la paz.

La paz que estás buscando la regala Dios,
Él siembra la semilla en nuestro corazón.
Tú puedes conseguir 
que el mundo llegue
a ser 
sementera que brota del amor.

Si luchas en tu vida por buscar la paz,
uniéndote a los hombres en un mismo afán,
al fin podrás cantar, 
gritando la verdad:
“son mis manos palomas de la paz”.

12.- PARA LA VIDA

(Rezar una oración por la paz en el mundo)

La misa del domingo

Santísima Trinidad (Ciclo A)
7 de junio de 2020

Después de las fiestas de la pascua retomamos los domingos del tiempo ordinario con la celebración de la fiesta de la Santísima Trinidad. Todos nosotros hemos sido bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es decir, el misterio de Dios que es Padre, Hijo en Jesucristo y Espíritu Santo está en la raíz de nuestra vida cristiana.

Hay en nosotros deseo de Dios

Vivimos en un mundo lleno de contrastes. Para muchos de nuestros conciudadanos Dios no es necesario para entender la vida y desplegar la existencia. Pero, en cambio, otros sienten una gran nostalgia, un gran deseo de Dios, reconociendo dentro de sí mismos una ausencia si Dios no está. San Agustín decía: “Nuestro corazón está inquieto y no descansará hasta que repose en Ti”. No me cabe ninguna duda que todos los que nos hemos acercado a celebrar juntos la Eucaristía en este domingo tenemos un gran deseo de Dios.

Nos acercamos con respeto

¿Cómo acercarnos al misterio de Dios? El creyente se acerca Dios con respeto y con amor. De esto hablan hoy las lecturas. La Escritura presenta a Moisés. Dice el texto que de madrugada Moisés sube al monte Sinaí e invoca a Dios quien se presenta como “Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad”. El Papa Francisco una y otra vez nos recuerda que Dios es sobre todo misericordioso. Si miramos en nuestra propia vida es posible que podamos reconocer en ella huellas de la misericordia de Dios.

¿Cuál fue la reacción de Moisés? Ante la presencia de Dios, Moisés se sintió pequeño, se postró rostro en tierra en señal de respeto y de agradecimiento. Cuando nos acercamos a Dios lo hacemos con respeto, sabiendo que nuestras palabras nunca son apropiadas, que Dios es siempre más de lo que nosotros podamos pensar o de lo que podamos decir. Dios siempre nos sorprende. Dios siempre quiere lo mejor para nosotros porque es misericordioso y fiel.

Nos acercamos con amor

Pero también nos acercamos al misterio de Dios con amor. Hemos escuchado muchas veces que Dios es amor y que, por lo tanto, la fe es una respuesta de amor a un amor recibido. Con hondura lo ha descrito el evangelista San Juan cuando Jesús mismo dice a Nicodemo: “

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él”. “Tanto amó Dios al mundo”. Dios es amor. La mejor manifestación del amor de Dios es Jesucristo. Dios nos quiere llenos de vida y de amor. gloria a Dios con sencillez y agradecimiento.

Hoy es un buen día para dar gloria a Dios con sencillez y agradecimiento.

Koldo Gutiérrez, sdb

Lo creo, lo siento, lo sé

Sé que las imágenes pueden confundirme
y hasta engañarme.
Sé que los nombres no alcanzan a decirte
por mucho que los ajuste.
Sé que los sueños más hermosos
son proyecciones.
Sé que las palabras se quedan cortas
en todas sus expresiones.

Y, a pesar de ello,
te imagino,
te nombro,
te sueño,
y te hago palabra e imagen
para conocerte,
porque Tú eres el que quiere revelarse
en esas pobres mediaciones.

Como Padre,
tu querer es siempre amor
y da la vida
–el espacio, el aire, el cuerpo–
a todo lo creado,
a nosotros también,
aunque no lo sepamos,
desde el principio de los tiempos,
pasando por nuestros días,
hasta la eternidad.

Como Hijo
viniste a nuestro encuentro
y te hiciste como nosotros;
tu palabra es vida
que ayuda y consuela al hermano;
te haces carne para el hambriento
y bebida para el sediento;
santificas y alegras nuestros pasos
y eres viático en nuestro vagar
hacia la eternidad.

Como Espíritu,
tu presencia nos acompaña
y es luz y sombra,
fuego y brisa
que empuja la historia,
y a todos nosotros,
hacia la plenitud,
dándonos paz, justicia, verdad y amor
día a día;
de ella surge la eternidad.

Tanto nos amas
que eres Trinidad,
Dios abierto y entregado
sin reservas.
Lo creo,
lo siento,
lo sé.

Florentino Ulibarri

Comentario al evangelio – Viernes IX de Tiempo Ordinario

A mí también me gusta escucharte:

Que me llames amigo.
Que me lleves en la palma de la mano cuando las fuerzas me fallan.
Que me confieras tanta dignidad.
Que llames propio a lo mío.
Que camines despacio para no perder mi paso.
Que te alegres de mis risas y sufras con mi llanto.
Que tengas paciencia conmigo y así me invites a vivir.
Que me levantes cuando caiga, que me levantes con tu abrazo.
Que me enseñes a ver la vida con ojos de ternura.
Que confíes en mis posibilidades más que en mis fracasos.
Que inventes mis anhelos, mis esperanzas, mis sueños.
Que hoy sea mañana,
que el futuro me sonría,
que vivas en mis hermanos.
Qué por qué me gusta escucharte:
porque sabes de amor, porque me amas, porque te amo.

Óscar Romano, cmf