Vísperas – San Bernabé

VÍSPERAS

SAN BERNABÉ, Apóstol

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Benditos son los pies de los que llegan
para anunciar la paz que el mundo espera,
apóstoles de Dios que Cristo envía,
voceros de su voz, grito del Verbo.

De pie en la encrucijada del camino
del hombre peregrino y de los pueblos,
es el fuego de Dios el que los lleva
como cristos vivientes a su encuentro.

Abrid pueblos, la puerta a su llamada,
la verdad y el amor son don que llevan;
no temáis, pecadores, acogedlos,
el perdón y la paz serán su gesto.

Gracias, Señor, que el pan de tu palabra
nos llega por tu amor, pan verdadero,
gracias, Señor, que el pan de vida nueva
nos llega por tu amor, partido y tierno. Amén.

SALMO 71: PODER REAL DEL MESÍAS

Ant. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y quebrante al explotador.

Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en edad;
que baje como lluvia sobre el césped,
como llovizna que empapa la tierra.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran río al confín de la tierra.

Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.

Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

SALMO 71

Ant. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre, rescatará sus vidas de la violencia.

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres;
él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa a sus ojos.

Que viva y que le traigan el oro de Saba;
que recen por él continuamente
y lo bendigan todo el día.

Que haya trigo abundante en los campos,
y susurre en lo alto de los montes;
que den fruto como el Líbano,
y broten las espigas como hierba del campo.

Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso;
que su gloria llene la tierra.
¡Amén, amén!

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre, rescatará sus vidas de la violencia.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

LECTURA: Col 1, 3-6a

En nuestras oraciones damos siempre gracias por vosotros a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, desde que nos enteramos de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis a todos los santos. Os anima a esto la esperanza de lo que Dios os tiene reservado en los cielos, que ya conocisteis cuando llegó hasta vosotros por primera vez el Evangelio, la palabra, el mensaje de la verdad. Éste se sigue propagando y va dando fruto en el mundo entero.

RESPONSORIO BREVE

R/ Contad a los pueblos la gloria del Señor.
V/ Contad a los pueblos la gloria del Señor.

R/ Sus maravillas a todas las naciones.
V/ La gloria del Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Contad a los pueblos la gloria del Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Toda la asamblea hizo silencio para escuchar a Bernabé y Pablo, que les contaron los signos y prodigios que habían hecho entre los gentiles con la ayuda de Dios.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Toda la asamblea hizo silencio para escuchar a Bernabé y Pablo, que les contaron los signos y prodigios que habían hecho entre los gentiles con la ayuda de Dios.

PRECES

Invoquemos a Dios, Padre de los astros, que nos ha llamado a la fe verdadera por medio del Evangelio de su Hijo, y oremos por su pueblo santo, diciendo:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.

Padre santo, que resucitaste de entre los muertos a tu Hijo, el gran pastor de las ovejas,
— haz que nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo.

Padre santo, que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Noticia a los pobres,
— haz que el evangelio sea proclamado a toda la creación.

Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la palabra,
— danos también a nosotros sembrar tu semilla con nuestro trabajo, para que, alegres, demos fruto con nuestra perseverancia.

Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el mundo contigo,
— haz que también nosotros cooperemos a la reconciliación de los hombres.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que has sentado a tu Hijo a tu derecha, en el cielo,
— Admite a los difuntos en tu reino de felicidad.

Fieles a la recomendación del Salvador, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, tú mandaste que san Bernabé, varón lleno de fe y de Espíritu Santo, fuera designado para llevar a las naciones tu mensaje de salvación; concédenos, te rogamos, que el evangelio de Cristo, que él anunció con tanta firmeza, sea siempre proclamado en la Iglesia con fidelidad, de palabra y de obra. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – San Bernabé

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, fuente de todo bien, escucha sin cesar nuestras súplicas; y concédenos, inspirados por ti, pensar lo que es recto y cumplirlo con tu ayuda. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 10,7-13
Yendo proclamad que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis. No os procuréis oro, ni plata, ni cobre en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento.

«En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis. Al entrar en la casa, saludadla. Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros.

3) Reflexión

• Hoy es la fiesta de san Bernabé. El evangelio habla de las instrucciones de Jesús a los discípulos sobre cómo anunciar la Buena Nueva del Reino a las “ovejas perdidas de Israel” (Mt 10,6). Ellos deben: a) cuidar a los enfermos, resuscitar a los muertos, purificar a los leprosos, expulsar a los demonios (v.8); b) anunciar gratuitamente aquello que gratuitamente han recibido (v.8); c) no llevar ni oro, ni sandalias, ni bastón, ni alforja, ni zapatos, ni dos túnicas (v.9); d) procurar una casa donde puedan ser hospedados hasta terminar la misión (v.11); e) ser portadores de paz (v.13).

• En el tiempo de Jesús había diversos movimientos que, como Jesús, buscaban una nueva manera de vivir y convivir, por ejemplo, Juan Bautista, los fariseos, los esenios y otros. Muchos de ellos formaban comunidades de discípulos (Jn 1,35; Lc 11,1; Hec 19,3) y tenían a sus misioneros (Mt 23,15). ¡Pero había una gran diferencia! Por ejemplo, los fariseos, cuando iban en misión, iban prevenidos. Pensaban que no podían confiar en la comida de la gente que no siempre era ritualmente “pura”. Por eso llevaban alforja y dinero para poder cuidar de su propia comida. Así, las observancias de la Ley de pureza, en lugar de ayudar a superar las divisiones, enflaquecían aún más la vivencia de los valores comunitarios. La propuesta de Jesús es diferente. Su método transpare en los consejos que da a los apóstoles cuando los envía en misión. Por medio de las instrucciones, trata de renovar y reorganizar las comunidades de Galilea para que sean nuevamente una expresión de la Alianza, una muestra del Reino de Dios.

• Mateo 10,7: El anuncio de la cercanía del Reino. Jesús envía a sus discípulos a anunciar la Buena Nueva. Ellos deben decir: “¡El Reino de los cielos está cerca!” ¿En qué consiste esta proximidad? Ni significa la proximidad en el tiempo en el sentido que basta esperar un poco de tiempo y en breve el Reino aparecerá. “El Reino está cerca” significa que ya está al alcance de la gente, ya “está en medio de vosotros” (Lc 17,21). Es preciso adquirir una nueva mirada para poder percibir su presencia o cercanía. La venida del Reino no es fruto de nuestra observancia, como querían los fariseos, sino que se hace presente, gratuitamente, en las acciones que Jesús recomienda a los apóstoles: cuidar a los enfermos, resuscitar a los muertos, purificar a los leprosos, expulsar a los demonios.

• Mateo 10,8: Curar, resuscitar, purificar, expulsar. Enfermos, muertos, leprosos, poseídos eran los excluidos de la convivencia, y eran excluidos en nombre de Dios. No podían participar en la vida comunitaria. Jesús manda que estas personas excluidas sean acogidas, incluidas. Y en estos gestos de acogida y de inclusión, el Reino se hace presente. Pues en estos gestos de gratuidad humana se transparenta el amor gratuito de Dios que reconstruyó la convivencia humana y que rehace las relaciones interpersonales.

• Mateo 10,9-10: No llevar nada. Al contrario de los otros misioneros, los apóstoles no pueden llevar nada: “No os procuréis oro, ni plata, ni cobre en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento”. La única cosa que pueden llevar es la Paz (Mt 10,13). Esto significa que deben confiar en la hospitalidad y en el compartir de la gente. Pues el discípulo que va sin nada llevando apenas la paz, muestra que confía en la gente. Acredita que va a ser recibido, y la gente se siente provocada, valorada, respetada y confirmada. El obrero tiene derecho a su alimento. Por medio de la práctica, el discípulo critica las leyes de la exclusión y rescata los valores del compartir y de la convivencia comunitaria.

• Mateo 10,11-13: Convivir e integrarse en la comunidad. Al llegar a un lugar los discípulos deben escoger una casa de paz y allí deben permanecer hasta el fin. No deben pasar de casa en casa, sino convivir de forma estable. Deben hacerse miembros de la comunidad y trabajar por la paz, esto es, por la reconstrucción de las relaciones humanas que favorecen la paz. Por medio de esta práctica, rescatan una antigua tradición del pueblo, critican la cultura de acumulación que marcaba la política del Imperio Romano y anuncian un nuevo modelo de convivencia.

• Resumiendo: las acciones recomendadas por Jesús para el anuncio del Reino son éstas: acoger a los excluidos, confiar en la hospitalidad, provocar la puesta en común, convivir de modo estable y de forma pacífica. Si esto acontece, entonces pueden y deben gritar a los cuatro ventos: ¡ El Reino ha llegado! Anunciar el Reino no es en primer lugar enseñar verdades y doctrinas, catecismo o derecho canónico, sino llevar a las personas a una nueva manera de vivir y convivir, a una nueva manera de actuar y de pensar desde la Buena Nueva, traída por Jesús: que Dios es Padre/Madre y que, por tanto, todos somos hermanos y hermanas.

4) Para la reflexión personal

• ¿Por qué todas estas actitudes recomendadas por Jesús son señal de la llegada del Reino de Dios?
• ¿Cómo realizar hoy lo que Jesús pide: “no llevar alforja”, “no pasar de casa en casa”?

5) Oración final

Cantad a Yahvé un nuevo canto,
porque ha obrado maravillas;
le sirvió de ayuda su diestra,
su santo brazo. (Sal 98,1)

Citas de la Sagrada Escritura (amor a Dios)

Yo soy el Señor tu Dios […]. No tendrás otros dioses fuera de mí. Ex 20, 2-3.

Escrito está: Adorarás al Señor tu Dios y al Él sólo servirás. Lc 4, 8; Mt 4, 10.

Adorad a Aquel que hizo el cielo, y la tierra, y el mar, y las fuentes de las aguas. Ap 14, 7.

El ángel dijo: Adora a Dios. Ap 22, 9.

Dios es espíritu y, por lo mismo, los que le adoran, en espíritu y en verdad deben adorarle. Jn 4, 24.

Él le dijo: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Mt 22, 37; Dt 6, 4-9; Dt 11, 13-19.

Pues éste es el amor de Dios, que guardemos su preceptos… 1Jn 5, 3.

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? Rm 8, 35.

Respondió Jesús y les dijo: Si alguno me ama guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y en él haremos morada. Jn 14, 23.

El que recibe mis preceptos y los guarda, ése es el que me ama; el que me ama a mí será amado de mi Padre, y yo le amaré y le manifestaré a él. Jn 14, 21.

[…] Escrito está, ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre lo que Dios ha preparado para los que le aman. 1Co 2, 9.

[…] Sean los que te aman como el sol cuando nace con toda su fuerza. Jdt 5, 31.

«Por lo cual te digo que le son perdonados sus muchos pecados, porque amó mucho. Pero a quien poco se le perdona poco ama. Lc 7, 47.

Guarda Yahvé a cuantos le aman […] Sal 145, 20.

Para los que aman a Dios todo ocurre para su bien. cfr. Rom 8, 28.

Comentario – San Bernabé

En la fiesta de un apóstol, san Bernabé, escuchamos el mandato que Jesús dirige con preferencia a sus apóstolesId y proclamad que el Reino de los cielos está cercacurad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios.

Los elegidos de Jesús pasan a ser enviados (= apóstoles) o continuadores de su misión, que consiste fundamentalmente en proclamar la cercanía  del Reino de los cielos, que no es sólo proximidad espacio-temporal (algo todavía por venir), sino presencia (algo que se está dejando sentir); pues con ellos y su proclamación se producen los efectos de esta presencia benéfica: curaciones de enfermos, resurrecciones de muertos, expulsiones de demonios. Ellos podrán realizar tales acciones porque han recibido potestad para ello. Y no es simplemente que puedan; es que, en cuanto portadores de esta noticia y de esta fuerza, deben llevar a cabo estas acciones manifestativas de la presencia operativa del Reino. Y puesto que han recibido gratis la potestad de curar, vivificar y reconciliar, han de darlo gratis, aunque sin olvidar que todo obrero merece su sustento. Sin este sustento no podrían realizar las acciones propias de su oficio. En este horizonte de gratuidad se entienden las recomendaciones de Jesús: No llevéis en la faja oro, plata ni calderilla; ni tampoco alforja para el camino, ni otra túnica, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento.

Si el obrero merece su sustento, no parece necesario que tenga que procurárselo a sí mismo. Puesto que se ha hecho digno de él, ya se lo proporcionarán otros. Por eso, sobran las provisiones y las preocupaciones que miran a las provisiones: alforjas para el camino, túnicas o sandalias de repuesto; oro, plata o dinero para procurarse lo que puede conseguirse a cambio. Jesús quiere obreros libres de ataduras y preocupaciones, centrados exclusivamente en su cometido que es anunciar y hacer presente en Reino de los cielos por todas partes. Por eso hay que ir de pueblo en pueblo, y puesto que el obrero merece alojamiento y comida, podrán buscar una casa adecuada, en la que habite gente de confianza y en la que puedan alojarse hasta que pongan rumbo a otro lugar; porque los lugares por donde pasen serán sólo eso, lugares de siembra o de plantación, no lugares de asentamiento. Jesús les aconseja que, al llegar a una casa saluden a sus moradores con el saludo de la paz, que debe ser para ellos no sólo un deseo, sino una oferta de paz. Sus moradores podrán disfrutar de semejante don (la paz) si se lo merecen, si no volverá a sus oferentes. Verse privados de este don tan precioso será una desgracia para los que no puedan gozar de él.

Jesús cuenta con la posibilidad del rechazo. Puede que algunas casas no merezcan la paz que se les desea (y se les lleva); en este caso, no la tendrán. Y puede, también, que los apóstoles del Reino no sean bien recibidos o no sean siquiera recibidos. Si es así, se limitarán a dejar constancia de su desacuerdo: se marcharán de la casa o del pueblo (puesto que han sido rechazados) y sacudirán el polvo que se les ha pegado a los pies en señal de desaprobación; pero no harán frente al rechazo ni con una palabra de condena o cualquier medio de coacción, ni siquiera haciendo uso de su poder para atraer la desgracia del cielo sobre ellos. Han de limitarse a realizar este gesto de desaprobación y ya se encargará Dios de juzgar las actitudes de cada corazón, aunque también Jesús se encargue de anticipar alguna consecuencia: Os aseguro que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra que a aquel pueblo. Y todos conocían seguramente lo que les había sucedido a estas ciudades abrasadas por el fuego. A su alcance estaban los documentos históricos que informaban del hecho.

Es verdad que tales recomendaciones van dirigidas a apóstoles itinerantes, es decir, no establecidos en un lugar determinado; pero en sustancia siguen vigentes y han de ser tenidas en cuenta por todo el que se considere apóstol de Jesucristo, esto es, apóstol que debe centrar sus energías en la propagación del Reino con las palabras y las obras benéficas que le esté permitido realizar. Es esta concentración de energías la que le debe descentrar de todo lo demás (preocupaciones de provisiones y posesiones), incluida la abundancia de medios en orden a los fines perseguidos. En el asunto de la evangelización, la sobreabundancia de medios puede ser más un obstáculo que un instrumento coadyuvante para alcanzar el fin. El apóstol de la pobreza o el que proclama bienaventurados a los pobres, porque de ellos es el Reino de los cielos, no puede abundar en medios, pues estos actuarán como un contrapeso al mensaje mismo que se pretende hacer llegar, y que no es otro que la preeminencia del Reino de los cielos como bien supremo al que no pueden hacer sombra ninguno de los bienes de este mundo.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos «Apostolorum Successores»

VI. Los Diáconos permanentes

92. El ministerio diaconal.

El Concilio Vaticano II, según la venerable tradición eclesial, ha definido el diaconado un “ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad”.(253) El diácono, por tanto, participa según un modo propio de las tres funciones de enseñar, santificar y gobernar, que corresponden a los miembros de la Jerarquía. Proclama e ilustra la Palabra de Dios; administra el Bautismo, la Comunión y los Sacramentales; anima la comunidad cristiana, principalmente en lo que se refiere al ejercicio de la caridad y a la administración de los bienes.

El ministerio de estos clérigos, en sus diferentes aspectos, está impregnado del sentido del servicio que da nombre al orden diaconal. Como en el caso de cualquier otro ministro sagrado, el servicio diaconal se dirige en primer lugar a Dios y, en nombre de Dios, a los hermanos; pero la diaconía es también servicio al episcopado y al presbiterado, a los cuales el orden diaconal está unido por vínculos de obediencia y comunión, según las modalidades establecidas por la disciplina canónica. De este modo, todo el ministerio diaconal constituye una unidad al servicio del plan divino de redención, cuyos distintos ámbitos están fuertemente unidos entre sí: el ministerio de la palabra conduce al ministerio del altar, el cual, a su vez, comporta el ejercicio de la caridad.

Por tanto, el Obispo debe empeñarse a fin de que todos los fieles, y en particular los presbíteros, aprecien y estimen el ministerio de los diáconos, por el servicio que ejercitan (litúrgico, catequético, socio-caritativo, pastoral, administrativo, etc.) para la edificación de la Iglesia, y porque suplen la eventual escasez de sacerdotes.


253 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dogmática Lumen Gentium, 29.

¿Creemos siquiera en esa presencia real?

1. La primera lectura, tomada del Deuteronomio, nos dice que los que pertenecían al pueblo de Dios comían del pan del cielo, el maná. La tercera lectura, sacada del evangelio según san Juan, nos añade que sólo quien come el verdadero pan del Reino pertenece al pueblo de Dios y, sólo él, tiene vida eterna. Sólo quien coma de la Eucaristía pertenece al pueblo de Dios y, al hacerse carne de la carne y sangre de la sangre del cuerpo de Cristo, que está resucitado, entra a formar parte de los que están destinados a entrar en el Reino, en el grupo de los resucitados.

Hoy, participar en la Eucaristía, y comer de ella es el signo por el que nos reconocerán como discípulos de Cristo. Ella es meta y origen de la vida y misión de la comunidad cristiana.

La segunda lectura, de la primera carta de san Pablo a los cristianos de Corinto, nos dice que no podemos hacer carne de nuestra carne el cuerpo de Cristo, sin hacernos un solo cuerpo los unos con los otros al mismo tiempo; no podemos ser una sola cosa con Cristo sin que eso nos haga una sola cosa con el prójimo. La Eucaristía no sólo es expresión de comunión eclesial, es además, proyecto de solidaridad universal. Desenvolvamos las ideas tanto de la Liturgia como de la Eucaristía como tal.

2.- San Pablo, pues, nos preguntaría ¿con qué cuerpo de Cristo comulgamos si se nos queda atravesado en la garganta uno de los miembros de Cristo, uno de nuestros prójimos?

El evangelio según san Juan nos presenta a Cristo como un nuevo Moisés y que supera al mismo Moisés, porque Jesús, según Juan, es un Moisés que se hace maná para alimentar a su propio pueblo. Jesús, dice san Juan, no solamente es pastor o buen pastor, además es un pastor que se hace cordero pascual para salvar la vida de su pueblo.

Jesucristo está realmente presente en el sacramento de la Eucaristía. La presencia es real, pero no física. Jesucristo no está allí “chiquitito”, ni “bajado del cielo”, ni “encerrado en el sagrario”, ni con ojos y oídos como los que tenía. Jesucristo está allí, Él, realmente, pero eso es una afirmación de nuestra fe, no de nuestro cerebro o de nuestras ciencias.

¿Creemos siquiera en esa presencia real? ¿Cómo saldríamos de una reunión en la que Jesús, el que aparece en los evangelios, estuviera con nosotros? Saldríamos llenos de luz, llenos de alegría, llenos de amor, llenos de esperanza, llenos de fuerza, ¿salimos así de cada Eucaristía? Porque nosotros, los católicos, decimos que en cada Eucaristía Cristo está realmente presente.

3. Jesucristo está sacramentalmente presente. Su presencia es real, pero sacramental, es decir “bajo las especies de pan y de vino”. Su presencia es sacramental, pero real. Sólo la fe nos hace creer en que eso que comemos y bebemos, que parece pan y parece vino es, para nosotros, por la fe, realmente el cuerpo y la sangre del Señor Jesucristo.

Cristo está allí no para que lo veamos o admiremos, ni siquiera para que lo aclamemos, sino para que lo comamos. “El que coma y el que beba”, dice Jesús, bien claramente, en el Evangelio. La Eucaristía –sacramento de la presencia de Cristo– no es un concierto, no es para ir a oírla; no es un espectáculo, para verla. La Eucaristía es un banquete, y a los banquetes se va a comer, aunque no sólo se vaya a comer.

Tomás de Aquino vivió, precisamente, en un siglo en el que los “milagros” eucarísticos se multiplicaron frente a las herejías que negaban la presencia real. Interrogado una vez acerca de qué pensaba él sobre esos “milagros”, Tomás respondió que esa sangre que aparecía en las hostias profanadas por herejes podía ser cualquier cosa menos la sangre de Cristo. Recordemos la palabra de Jesús mismo: “Bienaventurados los que sin ver creyeren”.

Recordemos, también, lo que san Pablo nos dice: “Cristo resucitado no muere más”; agreguemos nosotros que tampoco sangra más. Eso sí, “estamos completando en nuestro cuerpo lo que falta a la pasión de Cristo”. Cuando se apalea, tortura, o profana, a la persona de un prójimo, se está profanando al cuerpo de Cristo; porque nosotros somos los miembros de su cuerpo. Así lo pensaba bien claramente san Agustín cuando decía: Cuando el sacerdote dice “esto es mi cuerpo” o “esto es mi sangre” sobre el pan y sobre el vino que están encima del altar, ¿el cuerpo de quién es el que está sobre el altar? El cuerpo de cada uno de nosotros, porque nosotros somos el cuerpo de Cristo.

Es una delicada tarea ejercitarse en ver a Cristo detrás de los velos. Para descubrir a Cristo detrás de los velos hay que encender todas las lámparas de la fe y del amor. La comunión con la Eucaristía ayuda a encenderlas.

Antonio Díaz Tortajada

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida

«Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo». Los judíos discutían entre ellos: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?». Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del hijo del hombre y no bebéis su sangre no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él. Como el Padre que me ha enviado vive y yo vivo por el Padre, así el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo; no como el que comieron los padres, y murieron. El que come este pan vivirá eternamente». 


Juan 6, 51-58

PARA MEDITAR

Jesús nos habla del pan y el vino en este Evangelio de hoy de la fi esta del Corpus Christi. Jesús nos habla de la Comunión que todas las personas creyentes hemos vivido a lo largo de nuestra vida. Seguro que recuerdas tu Primera Comunión como un día muy importante y bonito en tu vida. Pero es vital para nosotros comulgar, recibir a Jesús que es quien nos da la fuera para evangelizar y para vivir la fe con intensidad. Que la fi esta de hoy nos sirva a todos para darnos cuenta de lo fundamental que es la Comunión en nuestras vidas como creyentes.

PARA HACER VIDA EL EVANGELIO

  • Es posible que debido a la pandemia durante unas semanas no hayas podido ir a tu parroquia a comulgar. Escribe una situación de tu vida en la que hayas vivido de forma intensa la comunión.
  • ¿Podemos ser cristianos sin participar de la misa y sin comulgar? ¿Qué podemos hacer para vivir con intensidad en nuestra vida la Comunión?
  • Escribe un compromiso para vivir de forma especial la Comunión el primer día que vuelvas a la misa de tu parroquia.

ORACIÓN

Te las ingeniaste, Jesús, para hacerte presente,
para quedarte entre nosotros,
para recordarnos que la vida
es un banquete
al que todos estamos invitados.
Elegiste el pan, algo que no falta
en nuestra mesa;
es lo más sencillo,
lo más fácil de compartir,
lo más humano…
Así te quedaste entre nosotros.
Nos invitaste a vivir así, partiéndonos
y repartiéndonos,
para que sepamos que hemos nacido para darnos,
no quedándonos nada sólo para nosotros.

Te quedaste con nosotros

Te las ingeniaste, Jesús, para hacerte presente,
para quedarte entre nosotros,
para recordarnos que la vida
es un banquete
al que todos estamos invitados.

Elegiste el pan, algo que no falta
en nuestra mesa;
es lo más sencillo,
lo más fácil de compartir,
lo más humano…
Así te quedaste entre nosotros.

Nos invitaste a vivir así, partiéndonos
y repartiéndonos,
para que sepamos que hemos nacido
para danos,
no quedándonos nada sólo para nosotros.

Quieres que te recordemos disfrutando,
rodeado de amigos, lavándoles los pies.

Quieres que seamos alegres, cordiales.
Anfitriones sencillos que sientan a todos a su mesa,
sin complicaciones, sólo con actitud
de servir y amar.

Quieres que te recordemos entregando la vida,
para que vivamos siendo un regalo
para los demás, como lo fuiste Tú.

Te tenemos entre nosotros
y compartimos la vida,
siempre en memoria tuya.
Enséñanos el modo y la manera.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio – Corpus Christi

• Este texto juega con el simbolismo del alimento -«comer», «beber»- (51). Se habla de un alimento que fue ineficaz para dar vida: la Ley (Jn 6,49.58). Y se habla de otro alimento que sí que da vida, el pan del cielo (Jn 6,31 -33), «el pan vivo que ha bajado del cielo» (51) que es el mismo Jesús. Este alimento suprime la muerte que quien lo come. Es decir, quien acoge a Jesús tiene vida: «…quien escucha mi palabra y cree… posee la vida eterna» (Jn 5,24).

• Por tanto, la acción de comer-beber hace referencia al don de la vida, y tiene sentido metafórico: creer en quien da la vida, adhesión de fe a Jesús.

• Con la palabra «carne» (51 ss) Jesús habla de sí mismo en tanto partícipe de la condición humana, débil, limitada y mortal. Es la Palabra de Dios entre nosotros (Jn 1,14). Por otro lado, el binomio «carne» y «sangre» en la Biblia indica la persona entera con sus limitaciones (Mt 16,17; Ga 1,16).

• Los judíos no aceptan lo que dice Jesús (52). Entienden muy bien que su entrega (su muerte) dará «la vida al mundo» (51), pero no aceptan depender, para la vida eterna, de un hombre, Jesús. No aceptan que Dios, el único salvador, se pueda hacer hombre. No aceptan la cruz, que para ellos será un escándalo (1 Co 1,23).

• El texto, sin embargo, no habla sólo de Jesús, de quién es, de qué nos da. Habla especialmente del discípulo, de la persona que sigue a Jesús, que cree en Él, la persona de existencia transformada radicalmente por la acogida a este Jesús que se da totalmente. Discípulo es aquel «que come de este pan» (51), es decir, aquel que vive por la fe.

• Por la fe -es decir, acogiendo a Jesús- el discípulo vivirá de la misma vida del Hijo de Dios (53-56).

• Entre Jesús y el discípulo se establece una relación como la existente entre el Padre y el Hijo (57), «habita en mí y yo en él»: se han anulado las distancias que condicionan cualquier relación humana.

• Tanto cuando Jesús habla de su relación con el Padre: «Yo vivo por el Padre» (57), como de su relación con el discípulo: «el que me come vivirá por mí» (57); «habita en mí y yo en él» (56), expresa una comunión perfecta. La comunión del discípulo con el Hijo está basada en la comunión del Hijo con el Padre.

• El gesto humano de dar a otro lo que necesita implica, por más generosidad y gratuidad que haya, una superioridad de quien da sobre quien recibe. Es decir, implica una distancia entre las dos personas. Jesús no da: se da. Así la distancia desaparece: «el que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él». Es la comunión.

• El discípulo, unido a Jesús, no da nada: se da. O, dicho de otro modo, no da sin implicarse, no da sin comprometerse. Así elimina las distancias con cualquiera de las personas que lo rodean. Sobre todo con las personas pobres.

Comentario al evangelio – San Bernabé

La liturgia nos recuerda hoy a san Bernabé, compañero de correrías apostólicas de San Pablo. Era levita y chipriota de nacimiento. Tenía un campo, lo vendió, trajo el dinero y lo puso a los pies de los apóstoles. En la primera comunidad fue reconocido con el sobrenombre de Bernabé, que significa «Hijo de la consolación». Se manifestó como un cristiano comprometido, que no sólo asentía a la enseñanza de Jesús trasmitida por los Apóstoles, sino que puso todo lo propio al servicio de ese ideal.

Al hacer memoria de Bernabé, el evangelio que hoy leeremos en la eucaristía interrumpe la lectura continuada, y nos presenta el relato del envío misionero que Jesús hace a sus apóstoles. El Maestro les ofrece una especie de “manual de instrucciones” básico para desenvolverse en su misión. De las varias recomendaciones que Jesús les da, nos fijamos solamente en tres:

  • Su tarea, más que la transmisión de una doctrina, es el anuncio de una presencia: El mundo está habitado por Dios. Y los signos que van a realizar van a testificar la presencia de ese Dios bueno que promueve la salvación y la sanación -las dos cosas- de todos. Saben que no son enviados para deslumbrar o impresionar, sino para irradiar el mayor bien que viene del Abbá.
  • Deben marchar con otros, en comunidad. Porque no se puede anunciar con credibilidad el evangelio del amor en solitario. La misión compartida evidencia con realismo el amor mutuo y gratuito, más allá de otros intereses. Es una predicación en acción; una señal confirmatoria de la esencia del mensaje del Señor que es el amor. Un amor que tiene una cualidad inconfundible: es débil. Débil, porque no se impone, sino que deja libre al otro para acoger o rechazar el amor. Débil porque siempre actúa con desventaja, aunque paradójicamente ahí reside su poder: solo el amor saca lo mejor de nosotros. Así nos ha amado y nos ama Dios.
  • Ser apóstol es imposible sin un estilo de vida pobre. Tal estilo confiere credibilidad y eficacia el anuncio del mensaje. Lo intuyó perfectamente la Madre Teresa de Calcuta, cuando afirmaba: “Cuanto menos poseemos, más podemos dar. Parece imposible, pero no lo es. Esa es la lógica del amor”. Esto lo entendió cabalmente Bernabé al vender su campo y entregar su importe para aliviar la vida de los más necesitados. Ese fue sólo el comienzo de su entrega por el Reino, poniendo de manifiesto que estaba del todo disponible, no sólo en sus cosas, sino con toda su vida para la propagación del Evangelio. Jesús habla muy poco de la pobreza, pero habla muchos de los pobres. Su invitación “vende lo que tienes” no tiene sentido si no se une a lo que Él añadía: “y dalo a los pobres”. Vivir en pobreza es, pues, vivir para los pobres.

Juan Carlos Martos, cmf