Vísperas – Lunes XI de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

LUNES XI TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Muchas veces, Señor, a la hora décima
—sobremesa en sosiego—,
recuerdo que, a esa hora, a Juan y a Andrés
les saliste al encuentro.
Ansiosos caminaron tras de ti…
«¿Qué buscáis…?» Les miraste. Hubo silencio.

El cielo de las cuatro de la tarde
halló en las aguas del Jordán su espejo,
y el río se hizo más azul de pronto,
¡el río se hizo cielo!
«Rabí —hablaron los dos», ¿en dónde moras?»
«Venid, y lo veréis.» Fueron, y vieron…

«Señor, ¿en dónde vives?»
«Ven, y verás.» Y yo te sigo y siento
que estás… ¡en todas partes!,
¡y que es tan fácil ser tu compañero!

Al sol de la hora décima, lo mismo
que a Juan y a Andrés —es Juan quien da fe de ello—,
lo mismo, cada vez que yo te busque,
Señor, ¡sal a mi encuentro!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Amén.

SALMO 122: EL SEÑOR, ESPERANZA DEL PUEBLO

Ant. Nuestros ojos están fijos en el Señor, esperando su misericordia.

A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.

Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores,
como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia.

Misericordia, Señor, misericordia,
que estamos saciados de desprecios;
nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los orgullosos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Nuestros ojos están fijos en el Señor, esperando su misericordia.

SALMO 123: NUESTRO AUXILIO ES EL NOMBRE DEL SEÑOR

Ant. Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
-que lo diga Israel-,
si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombres,
nos habrían tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros.

Nos habrían arrollado las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado hasta el cuello
las aguas espumantes.

Bendito el Señor, que no nos entregó
en presa a sus dientes;
hemos salvado la vida, como un pájaro
de la trampa del cazador:
la trampa se rompió, y escapamos.

Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

CÁNTICO de EFESIOS: EL DIOS SALVADOR

Ant. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

LECTURA: St 4, 11-12

Dejad de denigraros unos a otros, hermanos. Quien denigra a su hermano o juzga a su hermano denigra a la ley y juzga a la ley; y, si juzgas a la ley, ya no la estás cumpliendo, eres su juez. Uno solo es legislador y juez: el que puede salvar y destruir. ¿Quién eres tú para juzgar al prójimo?

RESPONSORIO BREVE

R/ Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.
V/ Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

R/ Yo dijo: Señor, ten misericordia.
V/ Porque he pecado contra ti.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque Dios ha mirado mi humillación.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque Dios ha mirado mi humillación.

PRECES

Ya que Cristo quiere que todos los hombres se salven, pidamos confiadamente por toda la humanidad, diciendo:

Atrae a todos hacia ti, Señor.

Te bendecimos, Señor, a ti que, por tu sangre preciosa, nos has redimido de la esclavitud;
— haz que participemos en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

Ayuda con tu gracia a nuestro obispo (…) y a todos los obispos de la Iglesia,
— para que, con gozo y fervor, administren tus misterios.

Que todos los que consagran su vida a la investigación de la verdad la hallen
— y, hallándola, se esfuercen en buscarla con mayor plenitud.

Atiende, Señor, a los huérfanos, a las viudas, a los que viven abandonados,
— para que te sientan cercano y se entreguen más a ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acoge a nuestros hermanos difuntos en la ciudad santa de la Jerusalén celestial,
— donde tú, con el Padre y el Espíritu Santo, lo serás todo para todos.

Adoctrinados por el mismo Señor, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Señor Dios, rey de cielos y tierra, dirige y santifica en este día nuestros cuerpos y nuestros corazones, nuestros sentidos, palabras y acciones, según tu ley y tus mandatos; para que, con tu auxilio, alcancemos la salvación ahora y por siempre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Lunes XI de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, fuerza de los que en ti esperan, escucha nuestras súplicas; y, pues el hombre es frágil y sin ti nada puede, concédenos la ayuda de tu gracia para guardar tus mandamientos y agradarte con nuestras acciones y deseos. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 5,38-42
«Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra; al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda.

3) Reflexión

• El evangelio de hoy forma parte de una pequeña unidad literaria que va desde Mt 5,17 hasta Mt 5,48, en la que se describe como pasar de la antigua justicia de los fariseos (Mt 5,20) para la nueva justicia del Reino de Dios (Mt 5,48). Describe como subir la Montaña de las Bienaventuranzas, de donde Jesús anunció la nueva Ley del Amor. El gran deseo de los fariseos era alcanzar la justicia, ser justo ante Dios. Es éste también el deseo de todos nosotros. Justo es aquel o aquella que consigue vivir allí donde Dios quiere que lo haga. Los fariseos se esforzaban para alcanzar la justicia a través de la observancia estricta de la Ley. Pensaban que era por el esfuerzo que podrían llegar hasta el lugar donde Dios los quería. Jesús toma postura ante esta práctica y anuncia que la nueva justicia tiene que superar la justicia de los fariseos (Mt 5,20). En el evangelio de hoy estamos casi llegando a la cima de la montaña. Falta poco. La cima está descrita con la frase: “Sed perfecto como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48), que meditaremos en el evangelio de mañana. Veamos de cerca este último grado que nos falta para llegar a la cima de la Montaña, de la que San Juan de la Cruz dice: “Aquí reinan el silencio y el amor”.

• Mateo 5,38: Ojo por ojo, diente por diente. Jesús cita un texto de la Ley antigua diciendo: «Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente!”. El abrevia el texto diciendo: ”Vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe” (Ex 21,23-25). Como en los casos anteriores, aquí también Jesús hace una relectura enteramente nueva. El principio: “ojo por ojo, diente por diente” estaba en la raíz de la interpretación que los escribas hacían de la ley. Este principio debe ser subvertido, pues pervierte y perjudica la relación entre las personas y con Dios.

• Mateo 5,39ª: No devolver mal con mal. Jesús afirma exactamente lo contrario: “Pero yo os digo: no os vengais de quien os hace el mal”. Ante una violencia recibida, nuestra relación natural es pagar al otro con la misma moneda. La venganza pide: “ojo por ojo, diente por diente”. Jesús pide retribuir el mal no con el mal, sino con el bien. Pues, si no sabremos superar la violencia recibida, la espiral de violencia lo invadirá todo y no habrá salida. Lamec decía: “Pongan atención a mis palabras. Yo he muerto a un hombre por la hrida que me hizo y a un muchacho por un moretón que recibí. Si Caín ha de ser vengado siete veces, Lamec ha de serlo setenta y siete veces” (Gn 4,24). Fue por causa de esta venganza extremada que todo terminó en la confusión de la Torre de Babel (Gen 11,1-9). Fiel a la enseñanza de Jesús, Pablo escribe en la carta a los Romanos: “antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra; al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. “No devuelvan a nadie mal por mal, procuren ganarse el aprecio de todos los hombres. No te dejes vencer por lo malo, más bien vence el mal a fuerza de bien”. (Rom 12,17.21). Para poder tener esta actitud, es necesario tener mucha fe en la posibilidad que el ser humano tiene de recuperarse. ¿Cómo hacer esto en la práctica? Jesús nos ofrece 3 ejemplos concretos.

• Mateo 5,39b-42: Los cuatro ejemplos para superar la espiral de violencia. Jesús dice: (a) al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra; (b) al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; (c) y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. (d) a quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda.(Mt 5,40-42). ¿Cómo entender estas cuatro afirmaciones? Jesús mismo nos ofreció una ayuda de cómo debemos entenderlas. Cuando el soldado le dio una bofetada en el rostro, él no ofreció la otra. Por el contrario, reaccionó con energía: “Si he hablado mal, muéstrame en qué, pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?” (Jn 18,23) Jesús no enseña la pasividad. San Pablo piensa que, retribuyendo el mal con el bien, “haciendo esto, amontonarás brasas sobre su cabeza” (Rom 12,20). Esta fe en la posibilidad de recupero del ser humano sólo es posible desde una raíz que nace de la total gratuidad del amor creador que Dios mostró para con nosotros en la vida y en las actitudes de Jesús.

4) Para la reflexión personal

• ¿Has sentido alguna vez una rabia tan grande como para querer aplicar la venganza “ojo por ojo”, diente por diente”? ¿Cómo hacer para superarla?
• ¿Será que la convivencia comunitaria hoy en la iglesia favorece el tener en nosotros el amor creador que Jesús sugiere en el evangelio de hoy?

5) Oración final

Escucha mi palabra, Yahvé,
repara en mi plegaria,
atento a mis gritos de auxilio,
rey mío y Dios mío. (Sal 5,2-3)

No tengáis miedo

Para entender el texto que nos presenta este domingo el evangelio es importante que nos situemos en el contexto histórico en el que se desarrolla la acción: Jesús no quería que sus discípulos se hicieran falsas esperanzas y les deja claro que ellos podrían seguir la misma suerte que le iba a tocar a Él, por eso les dice que en algún momento alguien les rechazará, maltratará, insultará o condenará. ¿Qué es lo que hay que hacer? “No tengáis miedo”. Y a partir de ahí se centra toda la reflexión que trasmite a sus discípulos. Porque el texto recoge las palabras que Jesús les dirige principalmente a ellos, a aquellos que han sido llamados por Jesús y le han seguido, esos que han escuchado sus enseñanzas y le han seguido, a los cuales les envía ahora a la misión.

Mateo se dirige a una comunidad misionera, que experimenta la persecución y que necesitaba ser orientada. Por eso les ofrece esta especie de manual del misionero cristiano. Este manual consta de una breve introducción (Mt 9, 36-38) y dos partes: 1.- La llamada y el envío de los discípulos (Mt 10, 1-15) y 2.- una serie de instrucciones sobre el destino que les aguarda (Mt 10,16-42). Terminará la composición con un breve sumario a modo de conclusión y transición (Mt 11,19).

Centrándonos en el texto que nos presenta el evangelio en este domingo Jesús transmite a sus discípulos confianza y valor en la persecución. Parece que estas palabras de Jesús, aunque estaban unidas a la tradición, son propias de Mateo, que utiliza la expresión “no tengáis miedo” en tres ocasiones (Mt 10, 26.28.31). Son palabras de consuelo que Jesús dirige a sus discípulos para que superen el miedo y la angustia que trae consigo la persecución. A cada expresión a “no tener miedo” le acompaña una motivación para superar ese miedo. Veamos cuáles son esas motivaciones:

1ª Motivación: Mt 10, 26-27: “No hay nada encubierto que no llegue a ser descubierto, ni oculto que no llegue a saberse,…,

Jesús les dice que el miedo no debe impedir la proclamación del mensaje que Jesús les ha encargado anunciar y que ese mensaje, al final, acabará siendo conocido.

¿Cómo podemos aplicar esta motivación en nuestra vida? Si hay una injusticia, una maldad que nos han hecho…, y que no logramos hacer justicia en esta vida, Jesús nos dirá que no perdamos la calma, que Dios es el justo juez y que Él sabrá hacer justicia.

2ª Motivación: Mt 10, 28:No temáis a los que pueden matar el cuerpo, pero no pueden matar el alma, temed más bien a Aquel…”.

Aquí les está trasmitiendo Jesús la confianza en Dios frente a las afrentas que pueden ocasionar los hombres; al final, hay un Juez que nos va a juzgar a todos en función de nuestras obras.

Ante una calumnia, una difamación, una afrenta que suframos…, muchas veces nos duele perder nuestra imagen, nuestra buena fama, quedar mal ante los demás,… Jesús nos dice que eso no nos preocupe, que no nos preocupemos por aquellos que nos pueden destruir nuestra alma, que nos preocupemos más bien de aquello que nos puede alejar de Dios.

3ª Motivación: Mt 10, 29-31: “Vosotros valéis más que muchos pajarillos”. Es decir, Jesús está transmitiendo la confianza que los discípulos tienen que tener en Él, pues si para Dios todas las cosas son importantes, mucho más los hombres. Para ello Jesús recurre a una comparación: si el Padre cuida hasta de los pájaros más pequeños e insignificantes y tiene contados hasta cada uno de nuestros cabellos, ¿cómo no va a ocuparse de ellos que son sus hijos queridos?, por eso les dice: “no temáis, vosotros valéis mucho más que muchos pajarillos”(Mt 10, 31).

Trasladando esta motivación a nuestro momento actual, si alguien habla mal de ti, si alguien te calumnia, si alguien te destruye con sus comentarios,.., que lo único que nos interese sea ¿y qué opina Dios de mí?, y yo, ¿cómo estoy ante Él?. Por eso Dios dice: no temas, porque yo te conozco, no temas porque yo sabré recompensarte.

El texto termina con unas palabras que retoman todo el tema del juicio (Mt 10, 32-33)diciendo que los discípulos que hayan sabido dar testimonio en los momentos difíciles de persecución Jesús dará testimonio en favor suyo ante Dios, pero aquellos que hayan sucumbido al miedo y le hayan negado, Jesús le negará también delante de Dios.

“No tengáis miedo” son palabras de Jesús que se repiten una y otra vez a lo largo de los evangelios. Las palabras que más se deberían repetir también hoy en la Iglesia. Es cierto que la vida está llena de experiencias negativas y que la fe no ofrece recetas mágicas para resolver los problemas, pero también es verdad que la fe en Dios, a muchas personas, en muchos momentos difíciles de su vida, les ha ayudado a saber sobrellevar esas situaciones, esos miedos, esas dificultades, esas incertidumbres…, porque han escuchado a ese Dios y se han fiado de Él cuando nos invita a “no tener miedo”, porque esta fe en Dios no lleva a la evasión o la pasividad sino que nos trasmite coraje para tomar decisiones y asumir responsabilidades. Como dice José Antonio Pagola: “Esta fe en Dios nos conduce a afrontar riesgos y a aceptar sacrificios. Lo propio del verdadero creyente no es la cobardía y la resignación, sino la audacia y la creatividad”. 

Fr. Luis Martín Figuero O.P.

Comentario – Lunes XI de Tiempo Ordinario

Tenemos delante un nuevo pasaje del Sermón de la Montaña. En él Jesús prolonga las aplicaciones de su nueva Ley, esa ley que no es abolición de la antigua, sino plenificaciónDando plenitud a lo mandado desde antiguo, Jesús hace de la Ley antigua algo nuevo; porque a lo mandado antiguamente: Ojo por ojo y diente por diente, se propone otro modo de accionar y reaccionar: No hagáis frente al que os agravia, de modo que si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra. La distancia entre este modo de actuar y aquel es enorme. Parece incluso que se está exigiendo lo contrario.

Pero la así llamada ley del talión era una ley que pretendía evitar abusos, poner freno a las ansias de venganza o a la desproporción en el cobro de una deuda. La ley del talión aspiraba a instaurar un estado de estricta justicia conmutativa: si tú me quitas un ojo, lo justo o equitativo es que yo te quite otro ojo; si tú me arrebatas a un hijo, lo equitativo es que yo te arrebate a otro hijo. La ley permitía, por tanto, una compensación paritaria, aunque lo que perseguía en último término –según la interpretación más benevolente- era hacer desistir a los malos de la tentación de hacer el mal, porque, conforme a la ley del talión, se les cobraría el daño causado con un daño proporcional. Pero esto venía a introducir en las relaciones humanas un mecanismo de venganza de consecuencias imprevisibles.

¡Qué diferentes sonaban las palabras de Jesús: No hagáis frente al que os agraviaSi uno te abofetea en la mejilla derecha, no le devuelvas la bofetada; al contrario, preséntale la otra. Este es el modo propuesto por Jesús de hacer frente al agravio y al mal padecido, que no por ser sufrido es menos efectivo. Cuando al mal se le hace frente con el mal, se suele instaurar un círculo vicioso de difícil escapatoria. Es el círculo interminable de la venganza. Para salir de él hay que tener el coraje de abandonar el camino del talión (el ojo por ojo), hay que dejar de responder al mal con el mal. De lo contrario, sólo se ve un final posible: la total aniquilación de los contrarios.

Jesús invita a sus seguidores no sólo a no responder al mal con el mal, sino a responder al mal con el bien: no sólo a no responder a la bofetada con la bofetada, sino a presentar la otra mejilla, no sólo a responder al pleito para quitarte la túnica con otro pleito, sino a darle la capa, no sólo a no acompañar al que te requiera para caminar una milla, sino acompañándole dos, no sólo a no dar al que te pide, sino a darle más de lo que te pide. ¿Qué diferencia, pues, entre lo mandado (desde antiguo) y lo propuesto por Jesús como norma de actuación? Es la diferencia que hay entre lo antiguo y lo nuevo, entre lo imperfecto y lo perfecto, entre lo todavía no cristiano y lo cristiano, entre lo que pretende evitar la desproporción en la respuesta y lo que con la respuesta desproporcionada en bondad sana heridas y deshace círculos viciosos.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos «Apostolorum Successores»

96. Los diáconos casados.

El diácono casado da testimonio de fidelidad a la Iglesia y de su vocación de servicio también con la vida familiar. De ahí se sigue que resulta necesario el consentimiento de la mujer para la ordenación del marido(262) y que es necesario reservar una particular atención pastoral a la familia del diácono, de manera que pueda vivir con alegría el empeño del marido y del padre, y sostenerlo en su ministerio. Pero no se confían a la consorte o a los hijos del diácono funciones y actividades propias del ministerio, porque la condición diaconal es propia y exclusiva de la persona; esto, naturalmente, no impide que los familiares presten ayuda al diácono en el ejercicio de sus tareas.

Por lo demás, la experiencia de vida familiar confiere a los diáconos casados una especial idoneidad para la pastoral familiar, diocesana y parroquial, para la que deben estar convenientemente preparados.


262 Cf. Codex Iuris Canonici, can. 1031 § 2.

Homilía – Domingo XII de Tiempo Ordinario

1.- Confianza: «El Señor está conmigo» (Jer 20, 10-13)

La vida de Jeremías no fue fácil El delicado momento histórico de su profecía le hace, incluso, aparecer como traidor Exhorta, en efecto, a «acostumbrarse» al destierro, percibido como voluntad de Dios Y le toca la suerte del profeta la verdad que proclama suscita reacciones fuertes contra él Rodeado por el «pavor» que le causa la gente, sale de su boca dolorida una de sus «confesiones» Le duele en el alma la traición de sus propios amigos «Mis amigos acechaban mi traspiés», ellos son los que organizan la traición Violación y venganza

En medio de un cerco de insidias tan descarado y violento, impresiona la confianza del profeta «El Señor e conmigo» Asimila ahora vitalmente la que había sido promesa del Señor, cuando la llamada «No les tengas miedo, yo estoy contigo» Siente la fuerza del Señor que lo defiende, presintiendo así el fracaso de quienes son sus adversarios.

Confiadamente, él ha puesto su causa en las manos del Señor, «que examina al justo y sondea lo íntimo del corazón». La seguridad le viene de su adentramiento en el estilo salvador de Dios. Siempre, el Señor «libró la vida del pobre de mano de los impíos». Un estilo que espera, confiado, que se cumpla en su propia vida amenazada.

 

2.- La desproporción entre el pecado y la gracia (Rom 5, 12-15)

La confrontación muerte/vida no es sólo cuestión de biología. Es también una cuestión interior que tiene en la relación o separación respecto a Dios su criterio de apreciación.

El pecado es muerte. Rompe, en efecto, en el hombre su unión con «la fuente de la vida». Pablo descubre esta situación de muerte extendida a todos. «Todos pecaron en el pecado de Adán». Un «pecado de origen» del que procede una situación general de pecado y de muerte, «i sobre los que no habían pecado con un delito como el de Adán». Un misterio de implicación solidaria negativa en quien es representado como «cabeza» de toda la humanidad pecadora: «Por la culpa de uno, murieron todos».

Pero, en su condición de «cabeza», Adán era sólo una imagen de quien lo iba a ser a título propio. Adán era «figura» de quien había de venir. Pero Jesús es «cabeza» una solidaridad nueva y positiva: en él se origina la vida de todos. Y se origina con una abundancia tal «que no hay proporción entre el delito y el don»…, porque «donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia».

Venido para que «tengan vida abundante», inaugura Jesús un «ministerio de gracia» que se expande por todo lo creado como esperanza de vida y de gloria.

  1. Confianza: «No tengáis miedo» (Mt 10,26-33)

Ante situaciones de agobio, la insistencia de Jesús: «No tengáis miedo». Una nueva exhortación a la confianza (primera lectura).

«No tengáis miedo» a la mentira. La mentira que en Jeremías terminó en traición, y en la historia personal de mucha gente se traduce en las sospechas y calumnias, en abiertas acusaciones y en martirio. En algún momento, la verdad resplandecerá: «Nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse».

«No tengáis miedo» a los que matan… Matando, no podrán destruir a la persona. No se destruye la persona con la muerte física. Su verdadero «malogro» es la condenación; el no haber llegado nunca a poseer la vida en plenitud. El «humano temor» se vence desde la comprensión total de lo que somos. El «santo temor de Dios» nos lleva a estar siempre alerta para no perder la vida en plenitud.

«No tengáis miedo», el Dios que cuida providentemente de los pájaros del cielo, mucho más cuidará de la vida de los hombres: «No hay comparación entre vosotros y los gorriones».

Providencia de Dios manifestada en Jesucristo. La confesión de su nombre es apertura total al Dios de la vida; su negación abre el camino hacia la muerte: «Me pondré de su parte…, también yo lo negaré».

Más que los gorriones

No sé si por tu amor o mi pecado
me acecha el cuchicheo…, la venganza…,
y el aguijón de la desesperanza
que se clava en mi pecho atribulado.

Pero el miedo no turba mi cuidado,
aplicado al quehacer de tu alabanza,
pues me anima, Señor, la confianza
de sufrir en tu cruz resucitado.

En tus manos sopesas mis acciones,
que valen más que un par de gorriones…,
más que la más frondosa cabellera.

Si antaño lejos, ahora estoy contigo.
Libra mi corazón del enemigo
y colma mi esperanza a tu manera.

Pedro Jaramillo

Mt 10, 26-33 (Evangelio Domingo XII Tiempo Ordinario)

El evangelio de Mateo 10,26-33 viene a ser como una respuesta al texto que se lee en la Iª Lectura sobre las confesiones de Jeremías. Allí podíamos sacar en consecuencia que, ante este tipo de experiencias proféticas, el silencio de Dios puede llevar a un callejón sin salida. Ahora, la palabra de Jesús es radical: no temáis a los hombres que lo único que pueden hacer es quitar la voz; pero incluso en el silencio de la muerte, la verdad no quedará obscurecida. Esta es una sección que forma parte del discurso de misión de Jesús a sus discípulos según lo entiende Mateo.

No es un texto cómodo, justamente porque la misión del evangelio debe enfrentarnos con los que quieren callar la verdad, y es que la proclamación profética y con coraje del evangelio, da la medida de la libertad y de la confianza en Dios. Cuando se habla de alternativa radical se entiende que hay que sufrir las consecuencias de confiar en la verdad del evangelio de Jesús. Aunque la verdad no está para herir, ni para matar, ni siquiera para condenar por principio, sino a «posteriori», es decir, cuando se niega la esencia de las cosas y del ser.

Se ha de tener muy presente, en la lectura del texto, que no es más importante el profeta que su mensaje, ni la misión del evangelizador que el evangelio mismo. Por eso es muy pertinente la aclaración de: lo que «os digo en secreto» -que es la «revelación» de la verdad del evangelio y del reino de Dios, mensaje fundamental de Jesús-, no lo guardéis para vosotros. Eso es lo que se debe proclamar públicamente, porque los demás también deben experimentarlo y conocerlo. No está todo en una adhesión personal, sino en el sentido «comunicativo». La dialéctica entre secreto/proclamación no obedece a los parámetros de los «mass media», sino más bien a la simbología bíblica de luz/tinieblas que se experimenta en la misma obra de la creación y transformación del caos primigenio. Es como una autodonación, tal como Dios hizo al principio del mundo.

Tampoco está todo en hacer una lectura de la verdad del evangelio con carácter «expansivo», sino transformador. De esa manera cobran sentido las palabras sobre los mensajeros, las dificultades de ser rechazados y la exhortación a una «autoestima» cuando se lleva en el alma y en el corazón la fuerza de la verdad que ha de trasformar el mundo y la historia. Jesús pronunció estas palabras recogidas por Mateo, en el discurso de misión, sabiendo que el rechazo de los mensajeros estaba asegurado. Por eso se debe tener el «temple profético» para dejarse seducir por Dios y no por el temor a los poderosos de este mundo. No se trata solamente de ser combativos, dispuestos a la polémica, sino de creer en la verdad del evangelio que, no mata, sino que trasforma.

Rom 5, 12-15 (2ª lectura Domingo XII Tiempo Ordinario)

La Lectura de Romanos 5,12-15 es uno de los textos más asombrosos de San Pablo en los que durante mucho tiempo se ha visto una afirmación rotunda del pecado original. Pablo está intentando hacer una lectura midráshica del texto de Gn 1-3, pretendiendo comparar a la humanidad vieja y a la humanidad nueva. La vieja procedente de Adán, la nueva liberada y salvada por Cristo. La actualización del texto de Génesis es muy simple, demasiado simple, pero esa era la forma en que se hacía entonces. Intentaba poner de manifiesto que la muerte se explica por el pecado, pero no ha de entenderse necesariamente la muerte en sentido biológico, sino como el «mysterium mortis» que nos agarra la mente y el corazón. Se trata de la muerte que hay que llorar, pero también que hay que saber «decir» y asumir. Podemos afirmar que es uno de los textos más difíciles de la carta a los Romanos sobre lo que todavía hay mucho por decir y explicar.

Interpretamos hoy que en Adán no ha pecado toda la humanidad, según se tradujo al latín (la Vulgata) el texto griego de Pablo; en Adán (ef ‘ho=in quo). La construcción es difícil: no se debe leer «existe la muerte, porque en él (Adán) todos pecaron», como interpretó San Agustín, siguiendo a la Vulgata. Preferimos, pues, «existe la muerte, porque todos pecaron»; sería nuestra traducción libre del texto paulino. Es verdad que en el texto sagrado van muy unidos la muerte y el pecado. Pero el pecado debe ser libre, participativo, no simplemente hereditario; el pecado original, pues, debe personalizarse, es decir, debemos ser responsables de lo que hacemos malo. No se trata, pues, de una herencia maldita, como tampoco la muerte biológica viene a serlo, a pesar que de esa forma se piensa en muchos ámbitos humanos y religiosos.

Es verdad que existe un pecado original, y el «tipo» de ello es Adán (aunque Adán no es una persona concreta, sino la humanidad vieja), pero de Pablo no se debería sacar en consecuencia una concepción biológico-hereditaria del pecado y de la muerte. Sin duda que pecamos siguiendo el ejemplo de unos con otros, y en este sentido seguirnos el ejemplo de Adán (=la humanidad vieja) y el pecado nos asoma a la muerte como experiencia trágica, tremenda y tenebrosa de enfrentarnos, a veces, con la realidad última de nuestra existencia. Pero frente a Adán está Cristo que ha traído gracia y la salvación. Estamos constantemente bajo el dominio del pecado, pero con la salvación y la gracia de Cristo somos liberados del pecado y de la muerte sin sentido, porque ésta cobra un sentido nuevo. Solamente en la acción salvadora de Dios en Cristo podemos salir del pecado original (=la humanidad vieja) y ser criaturas nuevas.

Jer 20, 10-13 (1ª lectura Domingo XII de Tiempo Ordinario)

La Iª Lectura de Jeremías 20,10-13, forma parte de los famosos textos que se tienen como «confesiones de Jeremías»; textos de experiencia en los que se muestra la lucha interna del hombre de Dios, del que está seducido por El, ya que tiene que hablar y proclamar lo que nosotros no queremos oír. El profeta siente que los que no están con él le acechan y están siempre seguros de que caerá; que los sencillos que le siguen se darán cuenta de que el profeta les engaña. Este es el «sino» del verdadero profeta: nunca le concederán la razón. Es verdad que el profeta ha sido fuerte, incluso ha hablado contra el templo (7,1-15) en un discurso que es una prefiguración de lo que diría también Jesús.

Ahora, Jeremías experimenta que los poderosos, los que están en contra de su misión ysu palabra, quieren «quemar» al profeta. Pretenden «seducirlo» como un día Dios lo había seducido cuando era casi un joven. Es eso mismo lo que pretenden los enemigos. Su vida ha sido un drama, no hay más que hacer un recorrido por su libro: sufrimientos, marginación social y su soledad (cf. 15,10.17; 16,13), persecuciones y las acusaciones que soporta (cf. 11,18-19; 20,10), azotes, torturas, cárcel y condena a muerte de parte de las autoridades (cf. 20,1-6; 26,11; 37,15-16; 38,1-13). Quieren hacer lo que Dios, pero para destruirlo y así el drama es más certero. De ahí que, «seducción» por «seducción», el profeta prefiere la seducción divina que le quema el alma y las entrañas con verdadero amor.

Por eso Jeremías, a pesar de saber que Dios le ha «arruinado» su vida normal o juvenil, prefiere a Dios; prefiere ponerse en sus manos. Ese es el canto final de esta «confesión» dramática del alma. Es, sí, una lamentación de Jeremías, aunque el texto acaba con una alabanza a Dios. Es una experiencia trágica de la que no se puede librar, porque tiene que seguir siendo fiel a Dios y a los hombres. No puede decir o hablar como los falsos profetas. Se queja a Dios de que lo haya elegido para esta tarea tan difícil y lo haya seducido (20,7). Y una vez seducido, vencido, comprado, se queda con Dios y con su palabra que es lo que puede traer luz a la entraña de la tierra. Por eso la pregunta para nosotros no puede ser otra que ¿se puede seguir persiguiendo a los profetas? Dios, no obstante, suscitará otros como Jeremías.

Comentario al evangelio – Lunes XI de Tiempo Ordinario

El Evangelio de hoy nos presenta la quinta antítesis que encontramos en el capítulo 5 de Mateo. Jesús habla con autoridad «han oído que se dijo… pues yo les digo». En esta antítesis, que trata sobre la ley del Talión, aparece otra sorprendente novedad del mensaje evangélico: el NO rotundo a la ley del «ojo por ojo, diente por diente». Esta ley en la cultura bíblica y en otras culturas era un mecanismo para evitar que la sociedad cayera en el caos de la violencia indiscriminada. De alguna forma esta ley continua presente en nuestros días y se considera necesaria para asegurar la convivencia humana. La violencia legalizada parece ser la única respuesta que encontramos para hacerle frente a otro tipo de violencia que amenaza a la sociedad. Un ejemplo entre muchos, es la pena de muerte.

Jesús nos propone un cambio radical de este principio, porque la violencia solo genera más violencia. Para cambiar de raíz este mal de la violencia, las relaciones entre sí y con Dios, se deben basar en el amor. En la fuerza creativa del amor es donde podemos encontrar la respuesta para la violencia. Jesús les propone a sus discípulos y seguidores, nos los sigue proponiendo también hoy a nosotros, «no hacer frente al que los agravia». Es decir, no devolver mal por mal. La renuncia a la violencia no es resignación o ingenuidad, Jesús invita a ir más lejos, a responder al mal con el bien.

Esta propuesta de Jesús nos puede resultar difícil, complicada, contracultural, pero tiene una sorprendente actualidad en nuestro mundo violento de hoy. La espiral de la violencia en nuestra sociedad tiene unas consecuencias dramáticas. Bajo este paradigma de la violencia institucionalizada, política y militar nuestro mundo se hunde. El gran reto que tenemos como seguidores de Jesús es potenciar una actitud de la no violencia en nuestras relaciones de cada día, con pequeños gestos, en los ambientes donde nos movemos. Mateo lo plantea con sencillez y realismo: «si uno te da una bofetada… al que quiera ponerte en pleito… si uno te obliga a caminar mil pasos… a quien te pide prestado» (39-42). Las respuestas nos pueden parecer simples, pero están cargadas del poder que cambiará el mundo.

¿Tengo esta actitud de la no violencia activa como testigo del Reino de Dios en medio de un mundo injusto y violento?

Edgardo Guzmán CMF