Vísperas – Martes XI de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MARTES XI TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Estoy, Señor, en la ribera sola
del infinito afán. Un niño grita
entre las olas, contra el viento yermo.

A través de la nada,
van mis caminos
hacia el dolor más alto,
pidiendo asilo.

La espuma me sostiene,
y el verde frío
de las olas me lleva,
pidiendo asilo.

Hacia el amor más alto
que hay en mí mismo,
la esperanza me arrastra,
pidiendo asilo.

Gloria al Padre, y al Hijo
y al Espíritu Santo. Amén.

SALMO 124: EL SEÑOR VELA POR SU PUEBLO

Ant. El Señor rodea a su pueblo.

Los que confían en el Señor son como el monte Sión:
no tiembla, está asentado para siempre.

Jerusalén está rodeada de montañas,
y el Señor rodea a su pueblo
ahora y por siempre.

No pesará el cetro de los malvados
sobre el lote de los justos,
no sea que los justos extiendan
su mano a la maldad.

Señor, concede bienes a los buenos,
a los sinceros de corazón;
y a los que se desvían por sendas tortuosas,
que los rechace el Señor con los malhechores.
¡Paz a Israel!

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor rodea a su pueblo.

SALMO 130: ABANDONO CONFIADO EN LOS BRAZOS DE DIOS

Ant. Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.

Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

LECTURA: Rm 12, 9-12

Que vuestra caridad no sea una farsa; aborreced lo malo y apegaos a lo bueno. Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo. En la actividad, no seáis descuidados; en el espíritu, manteneos ardientes. Servid constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga alegres; estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración.

RESPONSORIO BREVE

R/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.
V/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

R/ Tu fidelidad de generación en generación.
V/ Más estable que el cielo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

PRECES

Invoquemos a Dios, que ha infundido la esperanza en nuestros corazones, y digámosle:

Tú eres la esperanza de tu pueblo, Señor.

Te damos gracias, Señor, porque en Cristo, tu hijo, hemos sido enriquecidos en todo:
— en el hablar y en el saber.

En tus manos, Señor, están el corazón y la mente de los que gobiernan;
— dales, pues, acierto en sus decisiones, para que te sean gratos en su pensar y obrar.

Tú que concedes a los artistas inspiraciones para plasmar la belleza que de ti procede,
— haz que con sus obras aumente el gozo y la esperanza de los hombres.

Tú que no permites que la prueba supere nuestras fuerzas,
— da fortaleza a los débiles, levanta a los caídos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que, por boca de tu Hijo, nos has prometido la resurrección en el último día,
— no te olvides para siempre de los que ya han sido despojados de su cuerpo mortal.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común de todos:
Padre nuestro…

ORACION

Nuestra oración vespertina suba hasta ti, Padre de clemencia, y descienda sobre nosotros tu bendición; así, con tu ayuda, seremos salvados ahora y por siempre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Martes XI de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, fuerza de los que en ti esperan, escucha nuestras súplicas; y, pues el hombre es frágil y sin ti nada puede, concédenos la ayuda de tu gracia para guardar tus mandamientos y agradarte con nuestras acciones y deseos. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 5,43-48
«Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial.

3) Reflexión

• En el evangelio de hoy llegamos a la cima de la Montaña de las Bienaventuranzas, donde Jesús proclamó la Ley del Reino de Dios, cuyo ideal se resume en esta frase lapidaria: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial” (Mt 5,48). ¡Jesús estaba corrigiendo la Ley de Dios! Cinco veces de seguido había afirmado: “¡Se os dijo, pero yo os digo!” (Mt 5,21.27,31.33.38). Es una señal de mucho valor de su parte corregir, públicamente, ante toda la gente reunida, el tesoro más sagrado de la gente, la raíz de su identidad, que era la Ley de Dios. Jesús quiere comunicar una nueva mirada para entender y practicar la Ley de Dios. La llave para poder tener esta nueva mirada es la afirmación: Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”. Nunca nadie podrá llegar a decir: “¡Hoy fui perfecto como el Padre celestial es perfecto!” Estaremos siempre por debajo de la medida que Jesús nos ha puesto delante. ¿Por qué él nos puso delante un ideal que para nosotros los mortales es imposible alcanzar?

• Mateo 5,43-45: Oísteis que se os digo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. En esta frase Jesús explicita la mentalidad con la cual los escriba explicaban la ley; mentalidad que nacía de las divisiones entre judíos y no judíos, entre prójimo y no prójimo, entre santo y pecador, entre puro e impuro, etc. Jesús manda subvertir este pretendido orden nacido de divisiones interesadas. Manda superar las divisiones. “Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener?” .Aquí sacamos de la fuente, de donde brota la novedad del Reino. Esta fuente es Dios mismo, reconocido como Padre, que hace nacer el sol sobre malos y buenos. Jesús manda que imitemos a este Dios: «Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto» (5,48). Es imitando a este Dios que creamos una sociedad justa, radicalmente nueva:

• Mateo 5,46-48: Ser perfecto como el Padre celestial es perfecto. Todo se resume en imitar a Dios: » Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial.» (Mt 5,43-48). El amor es el principio y el fin de todo. No hay mayor amor que dar la vida para los hermanos (Jn 15,13). Jesús imitó al Padre y reveló su amor. Cada gesto, cada palabra de Jesús, desde el nacimiento hasta la hora de morir en la cruz, era una expresión de este amor creador que no depende del presente que recibe, ni discrimina al otro por motivo de raza, sexo, religión o clase social, sino que nace de un querer al otro, gratuitamente. Fue un creciendo continuo desde el nacimiento hasta la muerte en Cruz.

• La manifestación plena del amor creador en Jesús. Fue cuando en la Cruz ofreció el perdón al soldado que lo torturaba y lo mataba. El soldado, empleado del imperio, tomó el pulso de Jesús y lo apoyó sobre el brazo de la cruz, luego colocó un clavo y empezó a dar golpes. Varios martillazos. La sangre corría. El cuerpo de Jesús se contorcía por el dolor. El soldado, mercenario ignorante, ajeno a lo que estaba haciendo y a lo que estaba ocurriendo a su alrededor, seguía dando golpes como si fuera un clavo en la pared de la casa para colgar un cuadro. En este momento Jesús dirige al Padre esta oración: “Padre, ¡perdona¡ ¡No saben lo que hacen!” (Lc 23,34). Por más que los hombres quisieran la falta de humanidad no consiguió apagar en Jesús la humanidad. Ellos lo prenderán, lo insultarán, escupirán en el rostro, le darán trotazos, harán de él un rey payaso con la corona de espinas en la cabeza, le flagelarán, le torturarán, le harán andar por las calles como un criminal, tiene que escuchar los insultos de las autoridades religiosas, en el calvario lo dejarán totalmente desnudo a la vista de todos y de todas. Pero el veneno de la falta de humanidad no consiguió alcanzar la fuente de la humanidad, que brotaba desde dentro de Jesús. El agua que brotaba desde dentro era más fuerte que el veneno que venía de fuera, queriendo de nuevo contaminarlo todo. Mirando aquel soldado ignorante y bruto, Jesús tuvo pena del muchacho y rezó por él y por todos: “¡Padre, perdona!” y hasta consigue una disculpa: “Son ignorantes. ¡No saben lo que están haciendo!” Ante el Padre, Jesús se hizo solidario de los que lo torturaban y maltrataban. Era como el hermano que va con sus hermanos asesinos ante el juez y él, víctima de sus propios hermanos, dice al juez: “Son mis hermanos, sabe. Son ignorantes. ¡Pero mejorarán! ” Era como si Jesús estuviera con miedo que la mínima rabia contra el muchacho pudiera apagar en él el pequeño resto de humanidad que aún llevaba dentro. Este gesto increíble de humanidad y de fe en la posibilidad de recuperación de aquel soldado fue la mayor revelación del amor de Dios. Jesús puede morir: “¡Está todo consumado!” E inclinando la cabeza, entrega el espíritu (Jn 19,30). Realizó la profecía del Siervo sufriente (Is 53).

4) Para la reflexión personal

• ¿Cuál es la motivación más profunda del esfuerzo que haces para observar la Ley de Dios: merecer la salvación o agradecer la bondad inmensa de Dios que te ha creado, te mantiene en vida y te salva?
• ¿Cómo entiendes la frase: “ser perfecto como el Padre celestial es perfecto?”

5) Oración final

Piedad de mí, oh Dios, por tu bondad,
por tu inmensa ternura borra mi delito,
lávame a fondo de mi culpa,
purifícame de mi pecado. (Sal 51,3-4)

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

3.- QUIEN ENCUENTRA A DIOS, LO ENCUENTRA PARA TODOS

Si los judíos hubieran oído a Jesús, se habrían escandalizado: ha llegado el tiempo – dijo– en que la adoración a Dios no irá unida a un lugar concreto, ni a este monte donde se había edificado el templo samaritano, ni tampoco a Jerusalén. La salvación, desde luego, viene de los judíos, pero no es solo para ellos: es para todos cuantos adoren a Dios. El lugar del culto verdadero es el corazón de cada hombre y de cada mujer, en cualquier lugar donde se encuentren. Dios es espíritu, y los que le adoran han de adorarle en espíritu y en verdad.

La contestación de la mujer revela hasta qué punto estaba arraigada, también entre los samaritanos, la esperanza mesiánica: Sé que el Mesías, el llamado Cristo, va a venir. Cuando él venga nos anunciará todas las cosas. ¡Ellos también le esperaban! Intuyó que el peregrino judío era un profeta. ¿Sospechó que tenía delante al Mesías? De cualquier modo, Jesús le reveló lo que había ocultado a las turbas: Yo soy, el que habla contigo, le dijo Jesús. Declara que Él es el Mesías, el Cristo, y lo hace diciendo: Yo soy, como el Señor se había revelado a Moisés. Estas palabras en boca de Jesús se dirigen a una revelación no solo de su mesianidad, sino también de su divinidad.

Es la primera vez que Jesús hace esta asombrosa afirmación. Pocos días antes, Natanael lo había afirmado en su presencia y el Señor no lo había negado. En los años siguientes muchos otros se lo preguntarán y el Señor evitará una respuesta directa. Inmediatamente después de decir a Pedro que era la roca sobre la que edificaría su Iglesia, advirtió a los apóstoles que no dijeran a nadie que Él era el Cristo. Incluso cuando el Bautista, desde la prisión, le envió unos mensajeros para que le preguntaran si era el Cristo, les dijo que contaran a Juan lo que habían visto y oído (las profecías cumplidas en Él), pero no afirmó directamente: «Yo soy». Lo declaró ante el Sanedrín, cuando lo preguntó el sumo sacerdote Caifás. Ahora no tiene inconveniente en descubrirlo a una mujer samaritana de vida irregular, pero con un corazón grande y muy bien dispuesto.

El alma de aquella mujer se llenó de la fe en Jesús y reaccionó como todo aquel que le halla: dejó su cántaro, se olvidó del agua y de todo, y fue al pueblo –corrió, se lee en algunos manuscritos– para anunciar que el Mesías estaba allí mismo, en la fuente de Jacob. Se cumplió lo que tantas veces sucedió en aquellos años y veinte siglos más tarde: quien encuentra a Cristo lo encuentra para todos. Es esta una alegría que necesita siempre ser comunicada.

Los discípulos habían querido pasar inadvertidos en aquella ciudad de samaritanos. No se les ocurrió decir –o no se atrevieron– que Jesús estaba en las afueras, junto a la fuente. Por el contrario, esta mujer, sin respetos humanos, lo proclama con toda naturalidad.

La atención de esta mujer se centra exclusivamente en Jesús. Él lo llena todo. Se olvida del motivo por el que ha ido al pozo y corre al pueblo a comunicar su gran descubrimiento.

En ese momento habían vuelto los discípulos de comprar alimentos y se admiraron (¿se escandalizaron?) de que hablara con una mujer. Seguramente no hicieron ningún comentario: se limitarían a sacar lo que hubieran comprado y a invitarle a que comiera. Por eso, Jesús dijo: Yo tengo para comer un alimento que vosotros no conocéis.

Ellos interpretaron sus palabras en sentido literal, material. Dieron por supuesto que alguien –la mujer– le había traído comida mientras ellos estaban en la ciudad. Jesús les hace ver su error: Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra. La obediencia a su Padre era, en realidad, su comida y su bebida, lo que le mantenía en la tierra.

Mientras tanto, los habitantes de aquel pueblo comenzaron a llegar con muy buenas disposiciones. El Señor vio en ellos a muchas almas que estaban preparadas para recibirle y corresponder a su llamada. Y de la alegría que llenaba su alma hizo partícipes a sus discípulos: ¿No decís vosotros que después de cuatro meses viene la siega? Pues yo os digo: Levantad vuestros ojos y mirad los campos que están dorados para la siega.

Jesús envía a sus discípulos a recoger lo que los profetas y Juan habían sembrado. Y añadió:

Pues en esto es verdadero el refrán de que uno es el que siembra y otro el que siega. Yo os envié a segar lo que vosotros no habéis trabajado; otros trabajaron y vosotros os habéis aprovechado de su esfuerzo.

La mujer habló enseguida a todo el mundo de Jesús. Y, como ocurrió con Andrés y con Felipe, el que está convencido convence. Sus argumentos tienen una fuerza oculta poderosa. Ella habla de lo que ha visto y experimentado. Sus palabras dieron fruto: Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer que atestiguaba: Me ha dicho todo cuanto hice.

Y fueron al pozo donde estaba Jesús.

Pasaron la tarde con Él. Y le pidieron que se detuviese más tiempo con ellos. Y Jesús se quedó allí nada menos que dos días. Las conversiones fueron abundantes. Todos se olvidaron de que aquel peregrino era judío y ellos, samaritanos. Ante Jesús desaparecieron odios y prejuicios de siglos. Unos días antes de este encuentro les hubiera parecido imposible. San Juan nos dice:

Creyeron en él muchos más por su predicación. Y decían a la mujer: Ya no creemos por tu palabra; nosotros mismos hemos oído y sabemos que este es en verdad el Salvador del mundo.

San Juan no nos habla de lo que ocurrió en aquellos dos días en el pueblo samaritano, pero hemos de suponer que las conversiones fueron duraderas. Poco después de la Ascensión, dos de los discípulos, Pedro y Juan, volverán a Samaria para confirmar a los convertidos que habían sido ya adoctrinados con más detalle por el diácono Felipe y otros. Algunos, sin duda, recordarían los días en que el Señor permaneció con ellos.

Comentario – Martes XI de Tiempo Ordinario

Se trata de un texto ya comentado, concretamente el 23 de febrero de este mismo año. Os remito, por tanto, a ese comentario. No obstante, me permito añadir alguna que otra reflexión. Jesús, tras invocar lo dicho (y exigido) a los antiguos, incorpora –en cierto modo contraponiendo- su propia enseñanza: Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en los cielos…

Según aquella formulación, el enemigo limitaba con el prójimo; por tanto, no podía formar parte de él. Se pedía, pues, el amor al prójimo, pero exceptuando al enemigo. Reduciendo el concepto de prójimo a los afectiva o ideológicamente próximos, se limitaba el alcance del mandamiento. Jesús, en cambio, lo universaliza de tal manera que alcanza a todos, incluyendo a los enemigos, porque también estos son «prójimo», aunque sea mucha la distancia que nos separe de ellos. Pero, ante esta exigencia de amor tan universal que alcanza incluso a los enemigos, tal vez nos preguntemos: ¿quiénes son estos?, ¿quiénes son nuestros enemigos?

No nos encontramos en situación de ‘guerra civil’; pero con cierta frecuencia estallan conflictos sociales que nos hacen pensar casi de inmediato en situaciones prebélicas de infausta memoria. Y si no tenemos enemigos de guerra, sí los podemos tener de ideología o de partido, es decir, personas que se sitúan ideológica o políticamente frente o contra nosotros. Y la postura religiosa también suele ir acompañada de una buena carga ideológica, con una concentración de sentimientos de potencia inimaginable. Porque las ideologías no son inocuas, ni carentes de emotividad. No por ser ideologías, afectan exclusivamente a la dimensión intelectiva del hombre; también mueven sentimientos y desatan verdaderas tempestades entre los hombres. Por eso ha habido guerras de ideología (enfrentamientos entre una mentalidad marxista y otra liberal o capitalista) y de religión (enfrentamientos entre cristianos y musulmanes o entre católicos y protestantes). Los enemigos surgen allí donde hay reyertas, disputas, desencuentros, pugnas, contiendas, rivalidades con una fuerte carga de emotividad que deja heridas sangrantes y provoca odios, resentimientos, antipatías, deseos de venganza, etc. Lo que define al enemigo es la enemistad; y la enemistad es lo contrario a la amistad. Pero quizá lo que más le delate es el sentimiento del odio o del aborrecimiento.

Todo lo que odiamos o aborrecemos se convierte, por efecto de este mismo odio, en nuestro enemigo. El enemigo, si lo es realmente, nos resulta odioso. Y hay personas que nos resultan odiosas no por lo que son en sí (quizá ni siquiera las conozcamos), sino por lo que representan; porque representan a un determinado partido, iglesia o institución. ¿Cómo amar entonces al enemigo, siendo éste alguien que ha despertado nuestro odio? ¿Cómo amar «lo odiado»? ¿Cómo amar al que nos aborrece, persigue o calumnia? ¿No es el mandamiento de Jesús una pretensión imposible? Pudiera parecerlo. Pero si somos realmente hijos de este Padre que hace salir su sol sobre malos y buenos, incluso sobre lo que le aborrecen y maldicen, es posible. Se trataría sólo de que nuestro Padre, Dios, nos diera esta capacidad o transformara nuestra carga negativa de sentimientos hacia esos a quienes consideramos enemigos.

En realidad, amar al que nos aborrece, persigue o calumnia no tendría que sernos imposible si ese tal no adquiere para nosotros categoría de enemigo; si se nos impone más bien su condición de hombre necesitado de misericordia por razón de su ceguera o envilecimiento. Lo realmente difícil es amar lo que nos resulta odioso o aborrecible por su maldad. Pero este sentimiento también puede cambiar; bastaría con que Dios nos hiciera ver su bondad natural o sustancial, una bondad recuperable, aunque por el momento se halle recubierta de una capa de fealdad o de maldad que nos impide contemplar la bondad oculta. No obstante, Dios puede darnos su mirada, una mirada que nos permita percibir su misma bondad presente en sus criaturas y, finalmente, amar lo que hay de amable en ellas. En suma, podemos amar a nuestros enemigos, porque Dios puede mostrarnos la bondad que hay en ellos y transformar nuestro odio inicial en compasión o nuestra antipatía en simpatía.

En cualquier caso, siempre podremos hacer el bien a los que nos aborrecen, insultan, persiguen o desprecian; porque para hacer el bien basta con ser bueno, y el hecho de que los demás no lo sean o no merezcan el bien que se les hace no debe ser un obstáculo insalvable para los agentes del bien. También se podrá rezar por ellos: rezar es una manera no sólo de disponer para la práctica del bien a los que elevan esa oración en beneficio de otros, sino de hacer el bien a los destinatarios de semejante súplica. Y si amar es desear el bien de la persona amada, hacer el bien debe ser una expresión de amor. Confiemos, pues, en la capacidad que Dios nos da para amar incluso a personas tan poco amables como nuestros enemigos.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos «Apostolorum Successores»

97. La formación de los diáconos permanentes.

La formación de los diáconos, tanto la inicial como la permanente, tiene una considerable importancia para su vida y ministerio. Para determinar cuanto se refiere a la formación de los aspirantes al diaconado permanente, es necesario observar las normas emanadas por la Santa Sede y la Conferencia Episcopal. Es bueno que los diáconos permanentes no sean demasiado jóvenes, sino que posean ya madurez humana además de la espiritual, y que se hayan formado durante tres años en una comunidad apropiada, a no ser que en algún caso concreto graves motivos aconsejen proceder diversamente.(263)

Tal formación comprende los mismos ámbitos que la de los presbíteros, con algunas particularidades:

– la formación espiritual del diácono(264) tiende a favorecer la santidad cristiana de estos ministros, y debe ser realizada poniendo de particular relieve cuanto distingue su ministerio, es decir el espíritu de servicio. Evitando, por tanto, toda sospecha de mentalidad “burocrática” o una fractura entre vocación y acción, es necesario inculcar en el diácono el anhelo de conformar su entera existencia a Cristo, que a todos ama y sirve;

– el ejercicio del ministerio, en particular en lo que se refiere a la predicación y a la enseñanza de la Palabra de Dios, supone una continua formación doctrinal, impartida con la debida competencia;

– hay que prestar especial atención a la ayuda personalizada a cada diácono, de manera que pueda afrontar sus peculiares condiciones de vida: sus relaciones con los demás miembros del Pueblo de Dios, su trabajo profesional, sus lazos familiares, etc.


263 Cf. Codex Iuris Canonici, can. 236; Congregación para la Educación Católica, Ratio fundamentalis institutionis diaconorum permanentium.

264 Cf. Congregación para el Clero, Directorio para el ministerio y la vida de los diáconos permanentes, p. III-IV.

Recursos – Ofertorio Domingo XII de Tiempo Ordinario

PRESENTACIÓN DE CARTELES (o diapositivas) DE MÁRTIRES DE HOY

(Se presentan unos carteles o unas diapositivas de personas o líderes ¿actuales? que han luchado y luchan a favor de la justicia y de la paz, hasta el punto de ser perseguidos e, incluso, de entregar su vida)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor y Padre nuestro: ponemos sobre la mesa del altar las luchas de la humanidad hoy: la pobreza, el hambre, la paz…; y, también, la lucha constante y generosa de tantos hombres y mujeres para su erradicación y desaparición. Te pedimos que unas su ofrenda a la de tu Hijo Jesucristo, el único sacrificio que te es agradable; acéptala como hiciste con la muerte de Jesús. Y, también, llena nuestros corazones de deseos de libertad y comprométenos en su lucha; arrebátanos nuestros conformismos y comodidades; anímanos y danos tu gracia para convertirnos realmente y dar frutos concretos de tu amor.

PRESENTACIÓN DE UN FAROL ENCENDIDO

(Hace esta ofrenda uno de los o una de las militantes de la comunidad o cualquiera persona adulta que está comprometida en alguna actividad política, sindical o cívica. Entrega el farol al presidente, que lo deposita sobre la mesa del altar. Luego dice:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo hoy este farol encendido. Esta luz es el símbolo de Jesucristo resucitado y del compromiso que tantos profetas han vivido a lo largo de los tiempos. Te la ofrezco, hoy, como expresión de la lucha de tu Iglesia y de tantos hombres y mujeres empeñados y empeñadas por la transformación del mundo. Acéptala con tu bondad de Padre, empeñado por la causa de los más débiles.

PRESENTACIÓN DE UN RECIPIENTE CON LEVADURA

(Debe hacer la ofrenda un o una militante de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor y Padre nuestro, yo te traigo este pequeño recipiente lleno de levadura, una sustancia capaz de transformar una gran cantidad de masa. Y lo hago en nombre de los cristianos y cristianas militantes en esa lucha por crear una sociedad más humana, más igualitaria y más solidaria; esto es, más justa y para todos y para todas. Muchos de los “profetas” han sido un maravillo ejemplo de ese compromiso. Te volvemos a ofrecer sus vidas. Haznos a nosotros y a nosotras con capacidad de entrega y de servicio para seguir adelante en esa causa.

PRESENTACIÓN DE UN RECIPIENTE LLENO DE SAL

(Esta ofrenda la puede hacer una persona adulta de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo, -y lo hago en nombre personal y de la propia comunidad-, este recipiente lleno de sal, como símbolo de nuestra presencia evangelizadora y transformadora del mundo. Igual que otras generaciones de creyentes han evangelizado a tantos pueblos, nosotros y nosotras queremos ser presencia misionera en este mundo, a pesar de las muchas dificultades con las que nos encontramos. Danos, sin embargo, tu gracia, porque sin ella nuestra sal se vuelve insípida.

PRESENTACIÓN DEL FRASQUITO DEL CRISMA

(Lo presenta un adulto, hombre o mujer, del grupo de Liturgia de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Yo te traigo, Señor, este frasquito de aceite con el que todos y todas hemos sido ungidos y ungidas, para recibir de Ti la fuerza que precisamos en orden a testimoniar nuestra fe en medio del mundo. Acepta esta oración nuestra y danos tu fortaleza, que tanto precisamos, porque nuestro mundo y cultura necesitan de nuevos testigos vivos, nuevos profetas que denuncien las injusticias y anuncien el don de tu salvación.

PRESENTACIÓN DE UNA ONG

(Tras la presentación de la Organización No Gubernamental, uno de los miembros de la comunidad, mejor si está relacionado con ella, dice:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo hoy el compromiso mío y el de todos y el de todas de abrir nuestros corazones a los y las más pobres de todo el mundo. Queremos apoyarles con nuestros bienes, pero también con nuestra solidaridad y nuestro trabajo, porque creemos que, si sólo compartiéramos el dinero, podríamos incurrir en el pecado de lavarnos las manos y tratarles como si fueran meros indigentes. Con ello queremos expresar el amor que Tú tienes a los y a las más necesitados y necesitadas de esta tierra, y que son tus preferidos y preferidas. Ayúdanos a vivir este compromiso solidario.

Oración de los fieles – Domingo XII de Tiempo Ordinario

Repitiendo las palabras del Salmo, dirigimos a Dios nuestra oración pidiendo que nos escuche y nos ayude; que nos responda y se vuelva hacia nosotros. Repetimos:

R.- ESCÚCHANOS SEÑOR, POR TU GRAN BONDAD.

1. – Padre acompaña al Papa Francisco, a nuestros obispos y a todos aquellos que has llamado para guiar a tu pueblo.

OREMOS

2. – Por los dirigen las naciones, para que descubran la misericordia de Dios y la trasladen a su pueblo y éstos prosperen en paz y armonía.

OREMOS

3. – Por aquellos que sanan el cuerpo para que atiendan con igual cariño las heridas del alma.

OREMOS

4. – Por los pobres, los cautivos, los perseguidos, para que Dios esté con ellos “como fuerte soldado” y vean rodeadas sus vidas de la misericordia divina.

OREMOS

5. – Por aquellos que un día descuidaron el cuidado de su alma, para que encuentren de nuevo la salud y se reincorporen a la luz de Cristo.

OREMOS

6. – Por todos los que participamos en esta eucaristía, para que el Señor nos acompañe en las dificultades del camino y alcancemos la victoria con su ayuda.

OREMOS

Señor, por tu gran bondad, atiende estas súplicas de tu pueblo, acompáñalo y aliméntalo para que pueda dar testimonio de la Salvación que tu nos traes. Por Jesucristo nuestro Señor.

Amen.


Vamos a pedir al Padre que nos haga generosos a la hora de aceptar nuestro compromiso, que nos dé razones sólidas para vivir y una confianza ilimitada en su misericordia.

R.- QUÉ NOS INUNDE TU LUZ, SEÑOR.

1.- Da fortaleza a tu Iglesia, Señor: al Papa, a los obispos, los sacerdotes, a los diáconos, a todos los que has llamado a ser testigos de tu evangelio, para que nunca se olvide la tarea encomendada.

OREMOS.

2.- Te presentamos a todos los pobres: los faltos de pan, de amor, de ternura, de solidaridad; que no nos dé miedo a comprometemos con ellos.

OREMOS.

3.- Ponemos en tus manos a todos nuestros seres queridos que ya están a tu lado, a todos los que han tenido que morir en la pobreza, sin compañía y sobre todo a los que no tienen a nadie que pida por ellos.

OREMOS.

4.- Por las familias, para que enseñen a sus hijos a vivir en el amor, a perdonar, a tolerar, a ser hogares abiertos donde se acoja y se comparta.

OREMOS.

5.- Por los ancianos, los que viven solos, angustiados, perseguidos, por los que sufren malos tratos; para que no nos quedemos indiferentes a tanto dolor.

OREMOS.

6.- Para que cese la violencia, la guerra, la opresión, para que los poderosos entiendan que la paz no se consigue empuñando las armas.

OREMOS.

7.- Por todos nosotros presentes en La Eucaristía y por esa petición que cada uno llevamos dentro y que tanto nos preocupa (se hace un silencio) para que el Señor la transforme en redención y paz.

OREMOS.

Sabemos Padre que siempre nos escuchas, sigue ayudándonos a ser consecuentes, cayendo en la cuenta de que todo lo hemos recibido de tu amor. Te lo pedimos por Jesucristo, tu Hijo que vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.

Comentario al evangelio – Martes XI de Tiempo Ordinario

El gran anhelo de Jesús es que cada uno viva con el Espíritu del Padre, que es el Espíritu del amor. Dios está dentro de nosotros como esa fuente de amor, que nos hace salir de nosotros mismos para cuidar de los demás. Somos una historia de amor recibido. La Buena Noticia de Jesús es la de revelarnos la imagen de un Dios bueno, que nos ama, que cuida de todos y de todo lo creado. Esa presencia amorosa de Dios es lo que posibilita que toda la creación esté interconectada. Esa presencia es la que debe habitar nuestro corazón.

A partir de esta experiencia, que es la vivencia propia de Jesús, es como podemos comprender la invitación a amar no solo a los que nos quieren, sino incluso a nuestros enemigos. Para Jesús el amor no tiene limites, como tampoco tiene límites la plenitud o santidad a la que nos invita aspirar: «sean perfectos como es perfecto el Padre de ustedes que está en el cielo» (48). Haciendo nuestro este modo de amar de Dios podremos ser fermento de un mundo más humano, justo y fraterno. Como respuesta libre al don gratuito del amor de Dios que nos salva.

Quizás nos sentimos muy lejos de vivir este ideal cristiano, pero las distintas realidades de violencia, muerte y deshumanización que vemos cada día, hacen que esta invitación de Jesús sea apremiante para los que nos decimos sus discípulos y seguidores. Y poder ser en medio de este mundo que sufre un reflejo de esperanza. Pidamos al Señor que nos de esta gracia de poner en práctica la utopía del amor cristiano en el cuidado y atención de los demás, comenzando por quienes comparten con nosotros día a día la vida.

¿En qué acciones se podría concretar en tu vida este amor que Jesús nos invita vivir?

Edgardo Guzmán CMF