II Vísperas – Natividad de San Juan Bautista

II VÍSPERAS

NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Pastor que, sin ser pastor,
al buen Cordero nos muestras,
precursor que, sin ser luz,
nos dices por dónde llega,
enséñanos a enseñar
la fe desde la pobreza.

Tú que traes un bautismo
que es poco más que apariencia
y al que el Cordero más puro
baja buscando pureza,
enséñame a difundir
amor desde mi tibieza.

Tú que sientes como yo
que la ignorancia no llega
ni a conocer al Señor
ni a desatar sus correas,
enséñame a propagar
la fe desde mi torpeza.

Tú que sabes que no fuiste
la Palabra verdadera
y que sólo eras la voz
que en el desierto vocea,
enséñame, Juan, a ser
profeta sin ser profeta. Amén.

SALMO 14: ¿QUIÉN ES JUSTO ANTE EL SEÑOR?

Ant. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.

Señor, ¿quién puede hospedarse en su tienda
y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua.

el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor.

El que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.

SALMO 111:

Ant. Este vino para dar testimonio de la verdad.

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos,
su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor,
su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.

La ambición del malvado fracasará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Este vino para dar testimonio de la verdad.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Juan era la lámpara que ardía y brillaba.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Juan era la lámpara que ardía y brillaba.

LECTURA: Hch 13, 23-25

Según lo prometido, Dios sacó de la descendencia de David un salvador para Israel: Jesús. Antes de que llegara, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida, decía: «Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias.»

RESPONSORIO BREVE

R/ Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.
V/ Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.

R/ Tras de mí viene un hombre que existía antes que yo.
V/ Allanad sus senderos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El niño que nos ha nacido es más que profeta; de él dice el Salvador: «No ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista».

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El niño que nos ha nacido es más que profeta; de él dice el Salvador: «No ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista».

PRECES

Invoquemos con alegría a Dios, que eligió a Juan Bautista para anunciar a los hombres la venida del reino de Cristo, y digámosle:

Guía, Señor, nuestros pasos por el camino de la paz.

Tú que llamaste a Juan desde el vientre de su madre para preparar los caminos de tu Hijo,
— ayúdanos a ir tras el Señor con la misma fidelidad con que Juan fue delante suyo.

Así como concediste al Bautista poder reconocer al cordero de Dios, haz que tu Iglesia lo señale
— y que los hombres de nuestra época lo reconozcan.

Tu que dispusiste que tu profeta menguara y que Cristo creciera,
— enséñanos a ceder ante los otros para que tú te manifiestes.

Tú que, con el martirio de Juan, quisiste reivindicar la justicia,
— haz que demos, sin cansarnos, testimonio de tu verdad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acuérdate de todos los que han salido ya de este mundo;
— dales entrada en el lugar de la luz y de la paz.

Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, concede a tu familia caminar por la senda de la salvación, para que, siguiendo la voz de san Juan, el precursor, pueda llegar con alegría al Salvador que él anunciaba, nuestro Señor Jesucristo. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Natividad de San Juan Bautista

Nacimiento del Precursor del Señor
Lucas 1,57-66.80

1. Recojámonos en oración – Statio

Oración del Card. Mercier al Espíritu Santo

¡Oh Dios, que has instruido a tus fieles, iluminando sus corazones con la luz del Espíritu Santo, concédenos obtener por el mismo Espíritu el gustar del bien y gozar siempre de sus consuelos. Gloria, adoración, amor, bendición a Ti eterno divino Espíritu, que nos ha traído a la tierra al Salvador de nuestras almas. Y gloria y honor a su adorabilísimo Corazón que nos ama con infinito amor!

¡Oh Espíritu Santo, alma del alma mía, yo te adoro: ilumíname, guíame, fortifícame, consuélame, enséñame lo que debo hacer, dame tus órdenes!

Te prometo someterme a lo que permitas que me suceda: hazme sólo conocer tu voluntad.

2. Lectura orante de la Palabra – Lectio

Del Evangelio de Lucas (1,57-66.80)
57 Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz y tuvo un hijo. 58 Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella.

59 Al octavo día fueron a circuncidar al niño y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, 60 pero su madre, tomando la palabra, dijo: «No; se ha de llamar Juan.» 61 Le decían: «No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre.» 62 Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. 63 Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Y todos quedaron admirados.64 Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. 65 Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; 66todos los que las oían las grababan en su corazón, diciéndose: «Pues ¿qué será este niño?» Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él.

80 El niño crecía y su espíritu se fortalecía y vivió en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.

3. Rumiar la Palabra – Meditatio

3.1 Clave de lectura

Este pasaje del evangelio forma parte de los así llamados relatos de la infancia de Jesús. De modo particular este texto sigue a la escena de la visita de María “a la casa de Zacarías” (Lc 1, 40) después de la anunciación del ángel mensajero de la nueva creación.

La anunciación de hecho inaugura gozosamente el cumplimiento de las promesas de Dios a su pueblo (Lc 1, 26-38). El gozo de los tiempos nuevos, que ha llenado a María, inunda ahora el corazón de Isabel. Ella goza por el anuncio traído por María (Lc 1, 41). María por su parte “proclama las grandezas del Señor” (Lc 1, 46) porque el Poderoso ha hecho cosas grandes en ella, como también ha obrado grandes prodigios por su pueblo necesitado de salvación.

La expresión “ se cumplió el tiempo” nos recuerda que esta realidad no solamente sorprende a Isabel preñada , sino que revela también algo del proyecto de Dios. San Pablo, en efecto, dice que cuando se cumplió el tiempo, Dios mandó a su Unigénito “nacido de mujer, nacido bajo la ley para rescatar a aquéllos que estaban bajo la ley, para que recibiésemos, la adopción de hijos” de Dios (Gál 4,4)

En el evangelio Jesús habla del cumplimiento de los tiempos, especialmente en evangelio el de Juan. Dos de estos momentos son las bodas de Caná (Jn 2,1-12) y la agonía en la cruz, donde Jesús proclama que “todo está cumplido” (Jn 19,30). En el cumplimiento de los tiempos Jesús inaugura una era de salvación. El nacimiento de Juan Bautista estrena este tiempo de salvación. Él, de hecho a la llegada del Mesías, se alegra y salta de gozo en el vientre de Isabel su madre (Lc 1,44). Más tarde él se definirá a sí mismo como el amigo del esposo (Jesús), que se alegra y goza con la llegada de las bodas con su esposa, la Iglesia (Jn 3,29).

El hijo no se llamará como su padre Zacarías, sino Juan. Zacarías nos recuerda que Dios no olvida a su pueblo. Su nombre en efecto significa “Dios recuerda”. Su hijo, ahora no podrá ser llamado “Dios recuerda”, porque las promesas de Dios se están cumpliendo. La misión profética de Juan debe indicar la misericordia de Dios. Él, por tanto, se llamará Juan, o sea, “Dios es misericordia”. Esta misericordia se manifiesta en la visita al pueblo, exactamente “como lo había prometido por boca de sus santos profetas de un tiempo” (Lc 1,67-70). El nombre indica por esto la identidad y la misión del que ha de nacer. Zacarías escribirá el nombre de su hijo sobre una tablilla para que todos pudiesen verlo con asombro (Lc 1,63). Esta tablilla evocará otra inscripción, escrita por Pilatos para ser colgada en la cruz de Jesús. Esta inscripción revelaba la identidad y la misión del crucificado: “Jesús Nazareno rey de los Judíos” (Jn 19,19). También este escrito provocó el asombro de los que estaban en Jerusalén por la fiesta.

En todo, Juan es el precursor de Cristo. Ya desde su nacimiento e infancia él apunta a Cristo. “¿Quién será este niño?” Él es “la voz que grita en el desierto” (Jn 1, 23), animando a todos a preparar los caminos del Señor. No es él el Mesías (Jn 1, 20), pero lo indica con su predicación y sobre todo con su estilo de vida ascética en el desierto. Él entretanto “ crecía y se fortificaba en el espíritu. Vivió en regiones desérticas hasta el día de su manifestación a Israel” (Lc 1, 80).

3.1.1 Preguntas para orientar la meditación y la actualización

– ¿Qué es lo que más te ha llamado la atención en este pasaje y en la reflexión?
– Juan se identifica como el amigo del esposo. ¿Cuál es, a tu parecer, el significado que tiene esta imagen?
– La Iglesia ha visto siempre en Juan Bautista su tipo. Él es aquel que prepara el camino del Señor. ¿Tiene esto alguna importancia para nuestra vida cotidiana?

4. Oratio

Bendigamos al Señor con Zacarías (Lc 1, 68-69)
«Bendito el Señor Dios de Israel
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
y nos ha suscitado una fuerza salvadora
en la casa de David, su siervo,
como había prometido desde antiguo,
por boca de sus santos profetas,
que nos salvaría de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian
teniendo misericordia con nuestros padres
y recordando su santa alianza
el juramento que juró
a Abrahán nuestro padre,
de concedernos que, libres de manos enemigas,
podamos servirle sin temor
en santidad y justicia
en su presencia todos nuestros días.
Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo,
pues irás delante del Señor
para preparar sus caminos
y dar a su pueblo el conocimiento de la salvación
mediante el perdón de sus pecados,
por las entrañas de misericordia de nuestro Dios,
que harán que nos visite una Luz de lo alto,
a fin de iluminar a los que habitan
en tinieblas y sombras de muerte
y guiar nuestros pasos por el camino de la paz.»

5. Contemplatio

Adoremos juntos la misericordia y la bondad de Dios repitiendo en silencio:
Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio ahora y siempre
por los siglos de los siglos. Amén.

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 14, 32-36

«32Y van a un lugar cuyo nombre es Getsemaní, y dice a sus discípulos: “Sentaos aquí hasta que termine de orar”.

33 Y toma consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y comenzó a sentir pavor y a angustiarse. 34 Y les dice: “Mi alma está supertriste hasta la muerte. Quedaos aquí y velad”.

35 Y adelantándose un poco, cayó a tierra y oraba para que, si fuera posible, pasara de él aquella hora. 36 Y decía: “¡Abba! ¡Padre!, todo te es posible; aparta de mí esta copa; pero no [sea] lo que yo quiero, sino lo que [quieres] tú”.

• En 14,26-31 Jesús ha profetizado directamente su muerte y resurrección hace un momento, y sus doce seguidores más cercanos le han proclamado su lealtad eterna. Ahora, sin embargo, en la famosa escena de Getsemaní, tanto la resolución de Jesús como la de ellos parece derrumbarse. El pasaje se ha estructurado cuidadosamente para recalcar sus temas distintivos. Estructuralmente consta de dos tripletes: tres movimientos de Jesús hacia delante, hacia la oración (14,32 y 33-34 y 35-36), y tres movimientos hacia atrás, hacia los discípulos (14,37-38 y 39-40 y 41-42); los dos acentúan el aislamiento siempre mayor de Jesús. El discurso de Jesús se destaca más aún que sus movimientos; aparece «hablando» cinco veces (14,32.34.36.37.41) y «orando» dos veces (14,35.39). Las plegarias de Jesús se transcriben cada vez más concisamente a medida que progresa el pasaje: el centro de gravedad recae en la primera plegaria, junto con la angustia que lo precipita, dos eventos resumidos por el narrador (14,33b.35) antes de dar expresión a las propias palabras de Jesús (14,34a.36).

El pasaje se divide en dos mitades aproximadamente iguales: la primera plegaria (14,32-36), la segunda y la tercera junto con los respectivos retornos hacia donde están los discípulos (14,37-42).

• 14,32-36: La primera plegaria. El pasaje comienza con «Y van»: 14,32a, el primero de una serie de empleos de «y» más «ir» o «venir», para indicar las idas y vueltas de Jesús adelante y atrás desde su aislamiento para ponerse en contacto con sus discípulos. Este ir y venir se hace más frenético hacia el final del pasaje. El objetivo de la llegada en el versículo presente es «un lugar llamado Getsemaní» que al parecer estaba en el monte de los Olivos. Tras su llegada a este sitio, Jesús deja al grupo principal de sus discípulos (14,32) y se encamina al interior con sus tres íntimos seguidores (14,33a). El interior, el lugar privado, es a menudo en Marcos el lugar de la revelación divina o de otras manifestaciones del poder milagroso (cf. 4,10.34; 7,33; 9,2.28; 13,3); aquí habrá también una revelación, pero de una naturaleza diferente. Los tres compañeros de Jesús, Pedro, Santiago y Juan, son los primeros discípulos mencionados en la lista de 3,16-19, y en dos ocasiones anteriores, la resurrección de la hija de Jairo (5,37) y la transfiguración (9,2), Jesús se apartó con ellos. La transfiguración proporciona una paralelo particularmente estrecho con nuestro relato; en ambos pasajes, Jesús «toma» consigo a los tres (9,2; 14,33) y se muestra ante ellos como el Hijo de Dios (9,7; 14,36), y en ambos casos los discípulos «no saben qué responderle» (9,6; 14,40). Los tres fueron así testigos del poder vivificante de Jesús y de su gloria transcendente; mas ahora se convierten en los observadores de su fragilidad humana.

En Marcos aparece la relación más estrecha posible entre estos dos aspectos de Jesús, y esta coexistencia paradójica se acentúa al aplicar a Jesús un término particularmente marcano: «sentir pavor» (14,33b). En otros lugares Marcos utiliza diferentes formas del verbo para retratar a un Jesús que abruma a otros con la manifestación de un poder divino en sus palabras (10,24), sus milagros de curación (1,27), su semblante glorioso (9,15) y, en última instancia, su resurrección (16,5-6). Ahora Jesús mismo se siente angustiado y ansioso cuando debe afrontar la muerte, y en un momento pedirá a Dios que retire «la copa» que previamente había aceptado. Estos rasgos contradicen el comportamiento anterior de Jesús.

Las primeras palabras de Jesús en la escena (14,34a) comienzan a situar estas extrañas inversiones en un contexto bíblico. Por un lado, expresan el dolor desesperado; pero por otro, evocan dos de los salmos del justo sufriente, 6 y 42/43. Esta alusión es parte de un esquema persistente, ya que los salmos del justo sufriente se repiten en todas partes del relato marcano de la Pasión. En estos salmos, el hablante se queja del dolor y de la persecución que sufre, da testimonio de su inocencia y afirma su confianza en la bondad de Dios que finalmente lo vindicará. La queja de Jesús sobre su lamentable estado se sitúa así en un contexto bíblico de confianza absoluta en los designios de Dios. Además, las quejas del justo sufriente se interpretaban ya antes del siglo I como referencias a la tribulación escatológica del elegido, quien en el tiempo final sería atacado por las huestes de Satanás, pero en última instancia sería librado por Dios. Un contexto escatológico similar puede deducirse de nuestro pasaje, que está lleno de palabras que tienen un matiz apocalíptico en otros lugares de Marcos, el resto del NT y la literatura antigua judía (por ejemplo «velar», «hora», «copa», «dormir» y «se ha acercado»). Jesús, pues, está implicado no solo en una confrontación personal con su propia muerte, sino en la guerra escatológica contra las fuerzas cósmicas de mal, y su angustia es parte de una batalla en curso por la salvación del mundo. Jesús impulsa a sus seguidores a mantenerse despiertos (14,34b), como hará él mismo. «Velar» se ha empleado ya escatológicamente tres veces al final del capítulo 13, y esta es solo la primera de una serie de conexiones temáticas y de vocabulario entre aquella sección y la presente. La orden de mantenerse despiertos tiene un significado tanto literal como metafórico; el primero será incumplido por los discípulos al quedarse dormidos; el segundo, al no estar preparados cuando llega el desastre. Jesús mismo, sin embargo, se mantiene despierto, y su distancia espiritual de los discípulos queda complementada por la física, cuando se aleja de ellos (14,35a) buscando el aislamiento necesario para la comunión con su «Padre».

Sin embargo, Jesús no se aleja mucho, sino que avanza solo «un poco» antes de caer a tierra, gesto que evoca la trágica historia del rey de Israel, ungido pero rechazado, Saúl. A diferencia de Saúl, sin embargo, Jesús, aunque literalmente aplanado por la angustia, permanece activo haciendo lo único que le queda -a él y a todo el que se encuentra en una situación similar-: rezar. La oración se repite por motivos de énfasis literario: Jesús pregunta si se pudiera alejar de él esa «hora» (14,35c), y luego pide a Dios que aparte de él «esta copa» (14,36a); la petición indirecta va calificada por la frase «si fuera posible», mientras que la directa va modificada por «pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú». Tanto la «hora» como la «copa» son metáforas comunes para la muerte, pero también tienen una dimensión escatológica: «la hora» es el tiempo designado para las pruebas escatológicas, para la tribulación y la redención divina, como ya en Mc 13,32; y la «copa» es la ira divina que ha de verterse en el tiempo final sobre una tierra recalcitrante. Este contexto de juicio escatológico probablemente es parte de la explicación de esa reacción angustiada de Jesús ante la perspectiva de su muerte: se acobarda no precisamente por la conclusión de su vida, sino ante todo por la perspectiva de la ira divina vertida sobre la tierra. El oscuro escenario implícito, la noche, aporta un matiz similar de juicio divino, al igual que la descripción de Jesús que cae a tierra y sus importantes palabras sobre la entrega en manos de los pecadores. El verdadero horror no es precisamente afrontar la muerte, sino afrontarla bajo la ira de Dios.

Así pues, no es en absoluto asombroso que Jesús solicite a Dios, su Padre divino, que le conceda que esta experiencia de tribulación escatológica («la copa») se aparte de él (14,36a). Sin embargo, Jesús termina por reconocer que las cosas tienen que suceder según la voluntad de Dios y no la suya propia. Estos rasgos son similares a algunos aspectos del Padrenuestro, especialmente en la versión de Mateo. Si es así, los destinatarios del evangelio pueden comprender que Jesús, cuando pide a Dios que aparte de él la copa, solo ponía en práctica lo que en otros momentos él mismo había enseñado a otros que hicieran. Pero lo que probablemente Marcos quiere acentuar es que, cuando los cristianos se sienten débiles y temerosos ante la perspectiva de una muerte inminente y otros sufrimientos, pueden sentirse fortalecidos al recordar que su Señor también luchó con la tribulación, pero venció así al mundo. Jesús, al aparecer compartiendo la debilidad humana, es también un modelo para los cristianos débiles y dubitantes que pueden así sentirse reforzados por la gracia de Dios. «Gracia oportuna en tiempo de necesidad»: este es el mensaje oculto de la punzante imagen de Jesús en Getsemaní.

Comentario – Natividad de San Juan Bautista

La biografía de Juan el Bautista es la de un elegido de Dios para desempeñar una función importante en la historia de la salvación. Antes que ser «bautista» y, en su condición de tal, precursor mesiánico, fue llamado al desierto; pero antes aún que la llamada está la elección. Todos los datos de su biografía así lo indican. Es el hijo de unos padres ancianos y estériles, hasta que Dios quiebra su esterilidad o saca de ella fecundidad. Su nacimiento es anunciado con antelación a su padre, Zacarías, un hombre que, debido a la edad, ha perdido toda esperanza de paternidad. Y el anuncio se hizo realidad. Su mujer, Isabel, contra todo pronóstico, quedó embarazada y, habiéndosele cumplido el tiempo, dio a luz un hijo, el hijo llegado cuando ya nadie lo esperaba porque la naturaleza de aquel matrimonio de ancianos parecía desprovista de todo vigor. Aquel nacimiento en edad inusual significó para los parientes y vecinos un motivo de extrañeza y de gozo al mismo tiempo. Al darles el regalo inesperado de un hijo, Dios les había hecho una gran misericordia, pues les había liberado del baldón, casi un estigma, de la esterilidad. Había, por tanto, motivos para felicitarles.

A los ocho días tocaba circuncidar al niño, tal como preveía la ley, y declarar su nombre. La circuncisión lo hacía miembro del pueblo elegido. Pero él ya era un elegido de Dios antes incluso de pasar a integrar la nómina de ese pueblo. Por eso tendrá el nombre que el Elector ha dispuesto para él, y no el que debía llevar el primogénito según los usos y costumbres más arraigados en el judaísmo, el nombre del padre. Tendrá que intervenir la madre para evitar que se le llame Zacarías, como a su padre, porque el niño ya tiene nombre, el que le ha puesto Aquel que le encomendará la misión a realizar en la vida. Juan es su nombre, replica Isabel, contraviniendo las costumbres usuales de su pueblo. Y como les resulta extraño este modo de proceder, le preguntan al padre, que permanece mudo tras la anunciación del ángel. Él escribió: Juan es su nombre, porque el mismo que había anunciado anticipadamente su concepción y nacimiento le había impuesto ya el nombre, es decir, le había asignado misión y oficio. En ese mismo instante Zacarías recupera el habla para bendecir a Dios, causando la admiración de los testigos.

La acumulación de hechos extraños provocó la sensación de estar ante algo inusual y extraordinario: todos los vecinos quedaron sobrecogidos y la noticia corrió por toda la montaña de Judea. Era la manera de destacar lo singular de este nacimiento. Y ante lo extraño o extraordinario de los hechos era inevitable que la gente se hiciese preguntas: ¿Qué va a ser este niño? Sospechaban que estaba tocado por la mano de Dios. Pues bien, ese niño acabará siendo lo que quería de él el que lo había llamado a la existencia y a la misión profética, el Bautista, el mártir de la verdad, el Precursor del Mesías. Este último título le confiere una singularidad en la historia que no tiene parangón.

También nosotros, en nuestra condición de bautizados, hemos sido elegidos por Dios para formar parte de su pueblo, desempeñando cada uno el papel que le corresponda al servicio del mismo, pues en cuanto bautizados participamos de la condición profética, sacerdotal y regia de Jesucristo. Pero para sentirnos tales tenemos que apreciar esos signos de elección que han conformado nuestra vida vocacional. Sólo así, como Juan, tendremos una conciencia viva de nuestra elección divina y de la necesidad de responder a la iniciativa de Dios con una vida entregada a la misión encomendada.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos «Apostolorum Successores»

105. Los monasterios autónomos
y las casas de Institutos religiosos de derecho diocesano
.

El Obispo mostrará particular solicitud por los monasterios autónomos confiados a él y por las comunidades de los Institutos religiosos de derecho diocesano que tienen casa en el territorio de la diócesis, practicando su derecho-deber de la visita canónica, también por lo que se refiere a la disciplina religiosa, y examinando su balance económico.(300)


300 Cf. Codex Iuris Canonici, cans. 628 § 2 y 637.

Comentario Domingo XIII de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Señor y hermano nuestro, Jesús, mi vida, plagada de afectos extraños, tantas veces me descentra de Ti, de Tu proyecto, de Tu seguimiento. Tantas veces no acierto a encontrar dónde está la Vida persiguiéndola donde no la encontraré. No me dejes de Tu mano, enséñame Tus caminos, porque Tú eres mi Dios y Salvador y todo el día Te estoy esperando. AMEN.

 

Mt 10, 37-42

«37El que quiere a padre o madre más que a mí, no es digno de mí y el que quiere a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí 38y el que no toma su cruz y sigue detrás de mí, no es digno de mí.

39El que encuentre su vida, la perderá; y el que perdió su vida por causa de mí, la encontrará.

40El que os recibe a vosotros, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.
41El que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá recompensa de justo.

42Y el que le dé a beber a uno de estos pequeños aunque sea un vaso de agua fresca porque es discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».

PALABRA DE DIOS

 

CONTEXTO

Nuestro evangelio de hoy prácticamente es continuación del que proclamábamos el pasado domingo (hemos saltado los vv. 34-36) y con él concluye el Discurso Misionero, el segundo de los cinco grandes discursos de Jesús en el evangelio de Mateo. Encontraremos el tercer discurso en Mateo 13, discurso centrado en las parábolas del Reino de los cielos. Hasta entonces, en Mateo 11-12 vamos a ir encontrando reacciones sucesivas al programa y proyecto de Jesús, como heraldo del Reino de Dios, presentado hasta este momento.

 

TEXTO

Esta cadena de “dichos” (o logia) sueltos de Jesús tiene una notable perfección formal. El texto contiene palabras clave que la entroncan con todo el discurso: “vida”, “digno de”. Las frases se van alargando progresivamente hasta llegar al v. 42, con la frase más extensa y con la expresión “en verdad os digo”, que le confiere claramente una posición conclusiva principal. La sección está totalmente cen- trada en el pronombre “mí” (¡nueve veces!), y en el verbo traducido por “tener recompensa” (dos veces en v. 41) y “perder” (v. 42). La palabra guía en los vv. 40-41 es “recibir” (¡seis veces!); en los vv. 41-42, la expresión traducida como “porque es” (tres veces) y “recompensa” (tres veces). Tendríamos entonces una estructura tripartita: a) vv. 37-38: Jesús por encima de los afectos familiares; b) v. 39: Jesús por encima de la propia vida; c) vv. 40-42: actitudes ante los discípulos de Jesús.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Mateo afirma por principio el amor a la familia (cf. 15,3-6; 19,19); sin embargo, puede surgir un conflicto entre seguimiento de Cristo y lealtad a la familia; entonces hay que amar más a Cristo. El seguimiento como servicio especial al anuncio del reinado de Dios y la vinculación a la familia eran incompatibles para Jesús (cf. Lc 9,60; Mc 1,20). No deja de lado el “antiguo” precepto de honrar a los padres, pero el cuarto mandamiento es relativizado en caso de conflicto. ¿Qué nos sugiere esto para nuestra fidelidad absoluta a Jesús por encima de todo?

• Las consecuencias del seguimiento a Jesús para la propia vida: Mateo presupone un seguimiento doloroso. Sufrir es la consecuencia necesaria de nuestro testimonio cristiano y la característica necesaria de los discípulos. “Tomar” la cruz no es aceptar todo lo que sucede, sino una forma de vida activa del discípulo cabal. Y desemboca en una promesa: el que entregue su vida, la encontrará. La verdadera “vida” es la que Dios dará, precisamente a través de la muerte.

• El discurso a los discípulos concluye con promesas de salvación. Los dichos de Jesús significan un consuelo definitivo para los discípulos: en ellos está presente Jesús mismo; y en Jesús, Dios. La identidad de destino entre discípulos y Maestro en relación con el sufrimiento, es ahora una seguridad en sentido positivo. Todo esto nos debe llenar de compromiso y de esperanza. ¿Es así?

• Mateo pone un nuevo énfasis en el v. 42. No solo la acogida de profetas y justos, sino también la de “uno de estos pequeños” está bajo la promesa de la recompensa celestial. Los cristianos ordinarios, cualquiera de nosotr@s, son -somos- tan importantes como los profetas y los justos. Se trata aquí de una recompensa totalmente desproporcionada por la simple disposición a la ayuda. La desmesura de la bondad de Dios ha de ser el nivel de nuestra desmesura de bondad.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis – Domingo XIII de Tiempo Ordinario

XIII Domingo del Tiempo Ordinario
28 junio 2020

Hechos 1, 12-14; Salmo 26, 1Pedro 4, 13-16; Mateo 10, 26-33

El que pierda su vida por mí, la salvará.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que salve su vida la perderá y el que la pierda por mí, la salvará. Quien los recibe a ustedes me recibe a mí; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado. El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo. Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su recompensa”.

Reflexión:

Jesús pide que pongamos a Dios antes de todas las personas y antes de todas las cosas. ¿Qué significa esto? (Dios quiere que le regalemos tiempo todos los días en oración, el domingo en la misa, y nuestro amor y voluntad para obedecerlo y seguirlo. Si alguien o algo nos previenen hacer esto, tenemos que ser firmes y oponernos.) Jesús dice que el que pierde su vida por Él, la salvará, ¿Qué quiere decir? (A veces el mundo nos dice que hay que hacer lo que queremos para ser felices aunque sea contra las leyes de Dios. Pero Jesús nos da mandamientos que, si los seguimos con amor, nos dan felicidad en la tierra y en la eternidad. A veces perdemos amistades que nos separan de Jesús, pero Jesús nos promete salvación.) Jesús promete recompensa a los que son generosos con sus profetas y seguidores, ¿Qué pueden hacer por los profetas y servidores de Dios? (Orar; invitarlos a cenar; ayudar con su tiempo, talento o tesoro.) ¿Cómo nos recompensa Dios? (Cosas buenas en nuestra vida, felicidad, salvación)

Actividad:

Leer primera lectura (hechos 1, 12-14) y ver como Dios es generoso con los generosos (al final de este paquete). En la siguiente página, escribir o dibujar en los regalos de la izquierda, regalos que Dios quiere de nosotros y a la derecha, regalos que Dios nos promete.

Oración:

Jesús, mi Dios, Ayúdame a siempre ponerte primero en mi vida y ser generoso (a) con mi tiempo, talentos y tesoros. Gracias por todas las bendiciones que me das todos los días. Nadie te puede ganar en generosidad. Te quiero mucho. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Renunciarse para seguir a Jesús – Mateo 10, 37-42

En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: – El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mi; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado. El que recibe a un profeta por porque es profeta, tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá paga de justo. El que dé de beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro

Explicación

Si decimos que Jesús es nuestro mejor amigo, quiere decir que él tiene que estar por encima de todo, aunque a veces nos cueste sacrificios, y tengamos que hacer lo que no nos agrada. También debemos de escuchar a aquellos que como nuestros padres o educadores nos indican como debemos comportarnos, si es que queremos ser en verdad amigos de Jesús.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Natividad de San Juan Bautista

EL NACIMIENTO DE UN PROFETA


    La presencia de Juan Bautista en el santoral católico es del todo peculiar. Junto con Jesús y María, es el único del que celebramos la fiesta de su nacimiento, y pocos más pueden «presumir» de tener varias fiestas a su nombre (Pedro y Pablo). Dice Jesús: «Entre los nacidos de mujer no hay nadie mayor que Juan el Bautista». Para añadir a continuación que el más pequeño de sus discípulos es mayor que él. O sea: que el Bautista es el profeta más relevante de la historia de la salvación… pero tú y yo -pequeños discípulos de Jesús- estamos por encima de él.

     Esta fiesta nos tiene que hacer mirar… hacia nosotros mismos. Porque el día de nuestro Bautismo fuimos consagrados como sacerdotes, reyes y «profetas». Es decir: que hemos sido consagrados al servicio de  Dios como portavoces de Jesús (eso es un profeta), como anunciadores y testigos del Reino, como denunciadores de la injusticia, la corrupción, como defensores de los más pobres. 

Nos fijamos en las lecturas escogidas para esta fiesta:

          § Siguiendo a Isaías, en la primera lectura, creo que hay que resaltar el gozo de autoproclamarse profeta a los cuatro vientos: Escuchadme, islas… pueblos lejanos… luz de las naciones… «tanto me honró el Señor, él es mi fuerza». No debemos ocultar ni arrinconar nuestra condición de profetas. Hemos sido elegidos, llamados por Dios, «él pronunció mi nombre» desde las entrañas maternas. Quiere decirse que no estamos aquí por casualidad, que hay Alguien que nos ha dado la existencia para que le sirvamos: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso», aunque no se indica aquí ningún motivo para este orgullo. Incluso podemos deducir que el «elegido» ha andado distraído, ocupado en otros asuntos, antes de descubrir su verdadera tarea o misión: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas». 

     Ésta es la experiencia de muchos bautizados, que andamos cansándonos «en viento y en nada», gastando tontamente nuestras fuerzas… hasta el día en que descubrimos que el Señor ha intentado conducirnos, descubrirnos que él es nuestra fuerza, que nos honraba al querer contar con nosotros.

¿Para qué? Para hacernos «luz de las naciones». Es parecido a lo que Jesús anunció a sus discípulos: «Vosotros sois luz del mundo». Atentos a la expresión: «te hago». No dice «tienes que ser», no dice «esfuérzate en». Sino «te hago». Por ser llamado, consagrado, bautizado, elegido, hecho discípulo, el Señor nos convierte en «luz», hace de nosotros una luz para las gentes. Y hoy las gentes necesitan tanta luz, que seamos luz en medio de tanta confusión, de tanto bulo, de tanta agresividad, de tanta desgracia…

      § En cuanto al Evangelio, hay que destacar la «ruptura» que tiene lugar en el nacimiento, circuncisión e imposición del nombre al hijo de Zacarías e Isabel. Según la tradición judía, el hijo único (más aún si era de la casta sacerdotal) debía seguir y mantener la tradición del padre, cogerle el relevo.

El hecho de que el nombre del niño no coincida con el de su padre ni con el de ningún pariente (de la casta sacerdotal) quiere decir que va a seguir otros caminos («¿qué va a ser de este niño?»). El precursor del Mesías se aleja del templo donde ejercía su padre, de la estructura social judía, para convertirse en un «alternativo». Es lógico si es el precursor del Mesías, porque también Jesús se apartará del nacionalismo, de la estructura social de castas, se alejará del templo y del culto tradicional… para iniciar nuevos caminos.

    Juan optó por retirarse al desierto, apartarse de todo aquello que encerraba a Dios en esquemas fijos, en tradiciones, y legalismos,  etc… y poner otros acentos. El Bautista reclamará justicia y honradez; el Bautista denunciará la inmoralidad de los gobernantes; el Bautista llamará a un «cambio de vida», se dedicará a preparar caminos, despertar deseos, suscitar actitudes nuevas,  y a abrirse al mensaje de salvación del que viene detrás de él. Así que se convirtió en un personaje incómodo, como es incómodo cualquier portavoz de Dios (=profeta), y cualquiera que cuestiona las tradiciones y el sistema, o promueve cambios de fondo.

    Probablemente hoy tenga poco sentido marcharse al desierto y vestirse de maneras raras. Aunque el Papa no deja de insistirnos en que acudamos a las periferias existenciales, a los desiertos donde sobreviven tantas personas. Lo que sí sería significativo es tomar distancia crítica de muchas estructuras sociales y políticas, de no pocos «personajes» públicos cuyo estilo y opciones de vida están muy lejos del Evangelio, de tantas costumbres y tradiciones que hoy ya no valen… ponernos a discernir y practicar un estilo de vida alternativo, que en verdad sea «luz de las naciones». 

    La pandemia que estamos pasando ha dejado en evidencia muchas fragilidades: personales, sociales, políticas, económicas, y eclesiales. Muchos están reflexionando sobre los cambios necesarios en todos estos ámbitos. Me permito recomendar la reflexión del Papa, que puedes descargar aquí gratuitamente, en diversos idiomas: https://www.vaticannews.va/it/lev.html

   Jesús ya nos ofreció su estilo de vida alternativo y luminoso, él mismo fue «luz del mundo».  Pero tenemos que actualizarlo para nuestro mundo de hoy: Acoger y escuchar a los enfermos, a los mayores que están solos, a los emigrantes y refugiados, a los «descartados» del sistema, y prestar más atención a la justicia, a la paz, a la ecología, la solidaridad, la naturaleza… ser mucho más disponibles y serviciales, huir de la tentaciones de pactar con aquellos que buscan el beneficio para unos pocos, o para sí mismos, o para los de siempre. 

     En resumen: que las naciones, al mirar a los bautizados, pudieran comprobar que vamos «creciendo y nuestro carácter se afianza, porque la mano del Señor está con nosotros». Pidamos a Juan Bautista, que no nos falten profetas hoy, que nos recuerden lo esencial del Evangelio, y nos haga capaces de escucharlos y tenerlos debidamente en cuenta. Aunque a menudo nos descoloquen.

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf