Vísperas – Viernes XII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

VIERNES XII DE TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Te damos gracias, Señor,
porque has depuesto la ira
y has detenido ante el pueblo
la mano que lo castiga.

Tú eres el Dios que nos salva,
la luz que nos ilumina,
la mano que nos sostiene
y el techo que nos cobija.

Y sacaremos con gozo
del manantial de la Vida
las aguas que dan al hombre
la fuerza que resucita.

Entonces proclamaremos:
«¡Cantadle con alegría!
¡El nombre de Dios es grande;
su caridad, infinita!

¡Que alabe al Señor la tierra!
Cantadle sus maravillas.
¡Qué grande, en medio del pueblo,
el Dios que nos justifica!» Amén.

SALMO 144: HIMNO A LA GRANDEZA DE DIOS

Ant. Día tras día, te bendeciré, Señor, y narraré tus maravillas.

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.

Día tras día te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.

Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza;
una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.

Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas;
encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandezas acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus victorias.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas;

explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Día tras día, te bendeciré, Señor, y narraré tus maravillas.

SALMO 144

Ant. Los ojos de todos te están aguardando, Señor; tú estás cerca de los que te invocan.

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan.

Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente.

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente.

Satisface los deseos de sus fieles,
escucha sus gritos, y los salva.
El Señor guarda a los que lo aman,
pero destruye a los malvados.

Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga su santo nombre
por siempre jamás.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Los ojos de todos te están aguardando, Señor; tú estás cerca de los que te invocan.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

LECTURA: Rm 8, 1-2

Ahora no pesa condena alguna sobre los que están unidos a Cristo Jesús, pues, por la unión con Cristo Jesús, la ley del Espíritu de vida me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

RESPONSORIO BREVE

R/ Cristo murió por los pecados, para conducirnos a Dios.
V/ Cristo murió por los pecados, para conducirnos a Dios.

R/ Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida.
V/ Para conducirnos a Dios.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Cristo murió por los pecados, para conducirnos a Dios.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Acuérdate de tu misericordia, Señor, como lo habías prometido a nuestros padres.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Acuérdate de tu misericordia, Señor, como lo habías prometido a nuestros padres.

PRECES

Invoquemos a Cristo, en quien confían los que conocen su nombre, diciendo:

Señor, ten piedad.

Señor Jesucristo, consuelo de los humildes,
— dígnate sostener con tu gracia nuestra fragilidad, siempre inclinada al pecado.

Que los que por nuestra debilidad estamos inclinados al mal
— por tu misericordia obtengamos el perdón.

Señor, a quien ofrece el pecado y aplaca la penitencia,
— aparta de nosotros el azote de tu ira, merecido por nuestros pecados.

Tú que perdonaste a la mujer arrepentida y cargaste sobre los hombros la oveja descarriada,
— no apartes de nosotros tu misericordia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que por nosotros aceptaste el suplicio de la cruz,
— abre las puertas del cielo a todos los difuntos que en ti confiaron.

Siguiendo las enseñanzas de Jesucristo, digamos al Padre celestial:
Padre nuestro…

ORACION

Dios omnipotente y eterno, que quisiste que tu Hijo sufriese por la salvación de todos, haz que, inflamados en tu amor, sepamos ofrecernos a ti como hostia viva. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Viernes XII de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Concédenos vivir siempre, Señor, en el amor y respeto a tu santo nombre, porque jamás dejas de dirigir a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor. Por nuestro Señor. 

2) Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 8,1-4
Cuando bajó del monte, fue siguiéndole una gran muchedumbre. En esto, un leproso se acercó y se postró ante él, diciendo: «Señor, si quieres puedes limpiarme.» Él extendió la mano, le tocó y dijo: «Quiero, queda limpio.» Y al instante quedó limpio de su lepra. Y Jesús le dice: «Mira, no se lo digas a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio.» 

3) Reflexión

• En los capítulos de 5 a 7 oímos las palabras de la nueva Ley proclamada por Jesús en lo alto de la Montaña. Ahora en los capítulos 8 y 9, Mateo muestra como Jesús practicaba aquello que acababa de enseñar. En los evangelios de hoy (Mt 8,1-4) y de mañana (Mt 8,5-17), vamos a ver de cerca los siguientes episodios que revelan como Jesús sanaba: la curación de un leproso (Mt 8,1-4), la curación del siervo del centurión romano (Mt 8,5-13), la curación de la suegra de Pedro (Mt 8,14-15) y la curación de numerosos enfermos (Mt 8,14-17).
• Mateo 8,1-2: El leproso pide: “¡Señor, si quieres puedes limpiarme!” Un leproso llega cerca de Jesús. Era un excluido. Quien le tocaba quedaba impuro. Por esto, los leprosos debían ser alejados (Lv 13,45-46). Pero aquel leproso tiene mucho valor. Transgredió las normas de la religión para poder entrar en contacto con Jesús. al llegar cerca, dice: ¡Si quieres, puedes limpiarme! O sea: no precisas tocarme. Basta con que el Señor lo quiera, para que yo quede limpio.” Esta frase revela dos enfermedades: 1) la enfermedad de la lepra que lo volvía impuro; 2) la enfermedad de la soledad a la que era condenado por la sociedad y por la religión. Revela asimismo la gran fe de ese hombre en el poder de Jesús.
• Mateo 8,3: Jesús lo toca y dice: ¡Quiero! Sé purificado. Profundamente compadecido, Jesús cura las dos enfermedades. Primero para curar la soledad, antes de decir cualquier palabra, toca al leproso. Es como si dijera: “Para mí, tú no eres un excluido. No tengo miedo en quedarme impuro si te toco. ¡Te acojo como hermano!” Luego cura la lepra diciendo: ¡Quiero! ¡Queda limpio! El leproso, para poder entrar en contacto con Jesús, había transgredido las normas de la ley. Asimismo, Jesús para poder ayudar a aquel excluido y, así, revelar un nuevo rostro de Dios, transgrede las normas de su religión y toca al leproso.
• Mateo 8,4: Jesús ordena al hombre que vaya a conversar con los sacerdotes. En aquel tiempo, para que un leproso fuera admitido en la comunidad, necesitaba tener un certificado de curación confirmado por un sacerdote. Es como hoy. El enfermo sale del hospital solamente si tiene un certificado de alta firmado por el médico. Jesús obliga al fulano a que busque el documento, para poder convivir con normalidad. Obligó a las autoridades a que reconocieran que el hombre había sido curado. Jesús no solamente cura, sino que quiere que la persona curada pueda convivir. Reintegra a la persona en la convivencia fraterna. El evangelio de Marcos añade que el hombre no se presentó a los sacerdotes. Por el contrario “el hombre en cuanto salió, empezó a hablar y a contar detalladamente todo el asunto. Resultó que Jesús ya no podía entrar públicamente en el pueblo; tenía que andar por las afuera, en lugares apartados (Mc 1,45). ¿Por qué Jesús no podía entrar ya públicamente en una ciudad? Había tocado al leproso y ante las autoridades religiosas y ante la ley de la época se había vuelto impuro. Por eso, ahora, Jesús mismo era un impuro y tenía que ser alejado de todos. No podía entrar en las ciudades. Pero Marcos muestra que a la gente poco le importaban estas normas oficiales, pues ¡de todas parte venían donde Jesús! ¡Subversión total! El recado que Marcos nos da es éste: para anunciar la Buena Nueva de Dios a la gente, no hay que tener miedo a transgredir las normas religiosas que son contrarias al proyecto de Dios y que impiden la fraternidad y la vivencia del amor. Aunque esto traiga dificultades para la gente, como le ocurrió a Jesús.
• En Jesús, todo es revelación de aquello que ¡lo anima por dentro! El no sólo anuncia la Buena Nueva del Reino. El mismo es una muestra, un testimonio vivo del Reino, una revelación de Dios. En el aparece aquello que acontece cuando un ser humano deja reinar a Dios, le deja ser el centro de su vida. 

4) Para la reflexión personal

• En nombre de la Ley de Dios, los leprosos eran excluidos, no podían convivir. En nuestra Iglesia existen costumbres y normas no escritas que, hasta hoy, marginan a las personas y las excluyen de la convivencia y de la comunión. ¿Conoces a personas así? ´¿Qué opinas con relación a esto?
• Jesús tuvo el valor de tocar al leproso. ¿Tú tendrías ese valor? 

5) Oración final

Bendeciré en todo tiempo a Yahvé,
sin cesar en mi boca su alabanza;
en Yahvé se gloría mi ser,
¡que lo oigan los humildes y se alegren! (Sal 34,2-3)

Comentario – Viernes XII de Tiempo Ordinario

El evangelio de Mateo narra el encuentro de Jesús con un enfermo de lepra. El leproso, al ver a Jesús, cayó de rodillas ante él y le suplicó: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Al enfermo le mueve la fe que tiene en el sanador y su deseo de curación. Pero presenta su petición como una súplica, desde la conciencia de la propia indignidad. El leproso se acerca a Jesús como un mendigo que pide la limosna de la salud. Por eso se humilla ante él y solicita su favor. Y subordina su deseo del don a la voluntad del donante: si quieres, puedes. Recurre a su poder, pero lo hace depender de su voluntad. Tiene una fe ciega en su poder, pero no quiere arrancarle el beneficio por la fuerza. Ante él se sitúa como ante su Señor, y le suplica le sea concedida la gracia que está en su poder. Y Jesús, que siempre se deja mover a compasión, responde con prontitud a esta llamada de auxilio. No se hace de rogar, porque entiende que las disposiciones del leproso (fe, humildad) son las idóneas. Extendió inmediatamente la mano y lo tocó diciendo: Quiero, queda limpio. Y en seguida –nos dice el evangelista- le dejó la lepra.

El querer del sanador coincide con el imperioso deseo del enfermo. Basta el encuentro de estas dos voluntades para que se produzca el milagro y el leproso pueda recuperar la salud. Finalmente Jesús le recomienda que no divulgue el hecho y que se presente –tal como estaba mandado en la ley levítica- al sacerdote para que confirme la curación y pueda reintegrarse a la vida ordinaria, y que ofrezca por su purificación lo mandado por Moisés (es decir, por la ley mosaica). De este modo obraría con corrección –esto es, de manera ajustada a la ley- y daría un buen testimonio de lo que debe hacerse en estos casos. Con tales recomendaciones se pone de manifiesto que Jesús también está pendiente de los detalles y quiere evitar, por un lado, una publicidad que podría resultar nociva para su misión, y por otro, el escándalo que podría causar la conducta del leproso, ya curado, si no se sometía a las normas levíticas todavía en vigor.

A pesar de estas recomendaciones, el prestigio de Jesús como sanador iba en aumento. Por mucho que se intentara ocultar el hecho o se evitara la publicidad de tales acciones, lo cierto es que poco se podía conseguir en este sentido, porque siempre había testigos y porque resultaban tan admirables sus actuaciones que difícilmente podían mantenerse en secreto. La sola presencia (pública) del Maestro con sus palabras y sus acciones generaba publicidad, y ésta fama. Por eso atraía a las multitudes y se hablaba de él cada día más. Pero no era inusual que, cuando esto sucedía, Jesús se retirase a la soledad, al despoblado, para orar. Si las multitudes tenían necesidad de él, porque estaban como ovejas sin pastor, él tenía necesidad de estar a solas con su Padre.

Ante el Señor todos somos leprosos, enfermos o indigentes. Todos estamos faltos o necesitados de algo, ya sea la salud, o la juventud, o la inocencia perdidas, ya sean los daños o agresiones sufridas, ya sea el amor no correspondido, ya sea la plenitud todavía por lograr. Todos tenemos, pues, algo que suplicar, aunque no sea más que el mantenimiento de la felicidad alcanzada o de los dones recibidos. Todos podemos acudir a él, como el leproso del evangelio, solicitando su favor (=gracia) para nosotros, nuestros hijos o nuestros seres queridos. Ojalá lo hagamos con la convicción de que seremos escuchados con prontitud. Pero esto requiere al menos dos cosas: fe y humildad. ¿Cómo acudir sin fe? ¿Y cómo tener fe sin humildad? La fe precisa una base muy sólida de humildad. Sin esta tierra (= humus) no puede florecer la fe (= flor). Pidamos, por tanto, que el saber no nos robe la humildad y que la humildad mantenga viva nuestra fe.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos «Apostolorum Successores»

107. Nuevos carismas de la vida consagrada.

Corresponde al Obispo discernir los nuevos carismas que nazcan en la diócesis, para acoger con agradecimiento y alegría los que sean auténticos, y evitar que surjan Institutos superfluos y carentes de vigor.(302) Deberá, por tanto, cuidar y valorar los frutos de su trabajo (cf. Mt7, 16), lo que le consentirá vislumbrar la acción del Espíritu Santo en las personas. Examine concretamente “el testimonio de vida y la ortodoxia de los fundadores y de las fundadoras de dichas comunidades, su espiritualidad, la sensibilidad eclesial al cumplir su misión, los métodos de formación y las formas de agregación a la comunidad”.(303) Para la aprobación no será, en cambio, suficiente una teórica utilidad operativa de las actividades o, mucho menos, ciertos fenómenos que puedan darse de devoción, en sí mismo ambiguos.

Para comprobar la cualidad humana, religiosa y eclesial de un grupo de fieles, que desean constituirse en una forma de vida consagrada, conviene que comience por integrarlos en la diócesis como Asociación pública de fieles, y sólo después de un periodo de experiencia y una vez consultado y obtenido el visto bueno de la Santa Sede, podrá proceder a su erección formal como Instituto de derecho diocesano, poniéndolo así bajo su especial cuidado.(304)


302 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dogmática Lumen Gentium, 12; Decreto Perfectae Caritatis, 19.

303 Codex Iuris Canonici, can. 605; cf. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Vita Consecrata, 62.

304 Cf. Codex Iuris Canonici, cans. 579; 594 y 732.

La misa del domingo: misa con niños

28 de junio de 2020
DOMINGO XIII DE TIEMPO ORDINARIO

 

MATEO 10, 37-42: “El que de un vaso de agua no quedará sin recompensa”.
Mensaje: Deja tu vitrina y salta para ser vaso lleno de agua viva.

1. ACOGIDA
Hermanos y hermanas: Celebramos el domingo 13 del tiempo ordinario. Está terminando el mes de junio en esta etapa especial que nos ha tocado vivir. La palabra de Dios hoy nos invita a seguir al Señor llevando una vida nueva. ¿Cómo? Cargando con la cruz del esfuerzo y de los sufrimientos de la vida y sirviendo al hermano en las pequeñas cosas porque ni un vaso de agua que demos al hermano quedará sin recompensa.
SALUDO: En el nombre del Padre… El Señor que quiere que renovemos vuestro seguimiento de Jesús, esté con vosotros.

(Colocamos en lugar visible una jarra y un vaso con agua: “Deja tu vitrina y salta para ser vaso lleno de agua viva.”).

2. PERDÓN

Pedimos la misericordia de Dios y su perdón.

  • Tú, que eres bueno y misericordioso. Señor, ten piedad.
  • Tú, que nos redimiste en la Cruz. Cristo ten piedad.
  • Tú, que nos das tu gracia para seguirte con fidelidad aunque nos cueste. Señor, ten piedad.

Dios nuestro Padre, tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

3. PALABRA DE DIOS

Dios valora todo servicio que hagamos a los que nos encontramos en el camino de la vida. Escuchemos una antigua historia que nos habla de acogida y atención a los demás. San Pablo nos invita a los bautizados en Cristo a andar en una vida nueva. El Evangelio resalta que el cristiano debe seguir a Jesús, tenerlo como lo más importante de nuestra vida. Jesús hace un llamamiento a la generosidad y a la vida de fe. Quien pierde, encuentra. La recompensa dependerá de la generosidad en la entrega.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 26-33: El que no carga con la cruz no es digno de mí. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí.

Narrador: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
Jesús: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».

Palabra del Señor.

4. REFLEXIÓN: Deja tu vitrina y salta para ser vaso lleno de agua viva.
VER: -El dibujante Fano nos propone este cuento: Érase una vez un vaso que vivía en una vitrina, limpio, protegido, rodeado de los suyos. Se sentía seguro pero también vacío… Un día conoció a Jesús… Saltó de su vitrina, se lanzó hacia fuera, se llenó de agua y fue a los desiertos para saciar a sedientos. Aunque arañado y cansado, era feliz, ya todo tenía sentido. ¿Cómo lo invitaría Jesús? ¿Qué le dirían sus familiares y amigos de la vitrina? ¿Qué sintió al llenarse por primera vez de agua, al tocar arena, al dar de beber, al sentir un rasguño? ¿Por qué crees que ahora es feliz?

JUZGAR: Deja tu vitrina y salta para ser vaso lleno de agua viva.
Las lecturas nos invitan en este domingo a darnos a los demás.

– En el libro de los Reyes hemos visto a aquella mujer generosa que construye una habitación para alojar al profeta Eliseo. Dios ve esta obra grande y le otorga un hijo en la ancianidad de su marido. Mujer buena y generosa.

– En el evangelio Jesús nos dice que “el que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa”.

-Ser vaso de agua fresca, esa es nuestra vocación. Vasos que transportan el agua para que otros apaguen su sed. Frágiles instrumentos de Dios que, sin demasiada importancia, hacen lo que tienen que hacer: apagar fuegos y mitigar la sed. ¡El mundo está tan necesitado de calmar esa sed que pone en desierto la vida y ahoga el corazón!

-Seamos vasos de agua. Aunque acabemos más desgastados por la fatiga y la entrega, pero, sin duda, más satisfechos. Hay mucha gente con hambre y de sed de amistad, de compañía, de ayuda, de escucha, de… Démosle el agua del amor, de la alegría, de la fe… que lo renueva todo, vivamos nuestra vocación.

-Para ello tenemos que salir de la vitrina de la comodidad, viviendo la “vida nueva” de la que nos habla S. Pablo (2ª lectura). ¿Cuál es mi vitrina? ¿Quién me necesita?

ACTUAR: Llevamos el agua que renueva y transforma a los que nos encontremos.

-Superemos la comodidad y apatía y demos respuesta al que nos necesita.

-Aprende a vivir para los demás, desgastándote por los que están a tu lado, siendo vaso de agua fresca para ellos.

Dialogamos en familia: ¿Me parezco a la mujer generosa que atendió a Eliseo? ¿Quién, de los que veo a diario, necesita un “vaso de agua”? ¿Soy feliz con lo que hago por los demás o vivo dentro de una vitrina?

5. ORACIÓN DE LA COMUNIDAD

Pidamos ahora por las necesidades de la Iglesia, del mundo y de nosotros mismos, diciendo: R/ Te lo pedimos, Señor.

• Por la Iglesia para que nos enseñe la sabiduría de la cruz, de la entrega por amor. Oremos.

• Por los bautizados, para que vivamos una vida nueva, pensando más en los otros que en nuestros intereses. Oremos

• Por los que sufren las consecuencias de la crisis económica, que encontremos fórmulas para ayudarlos con generosidad. Oremos.

• Por los que creyentes para que seamos generosos, dando un vaso de agua al que lo necesita. Oremos.

• Por los que viven la enfermedad o la vejez, que puedan vivir con buen ánimo en su debilidad y no les falte la fortaleza de Dios y nuestra compañía. Oremos.

• Por los que cogen un pequeño descanso vacacional y por los que seguimos con los trabajos de cada día. Oremos.

Atiende, Padre, las plegarias que te dirigimos y las que llevamos en nuestro corazón.

6. OFRENDAS

  • HOSPITALIDAD: La palabra “hospitalidad” refleja la actitud de acogida que debe tener todo cristiano. En los hospitales se acoge y cura al enfermo. Francisco dice de la Iglesia que debe ser un “hospital de campaña” que acoge a los que pasan malos momentos. Señor, esta quiere ser la actitud de los que te seguimos, ser hospitalario con todo aquel que pasa cada día por nuestra vida, como la mujer que acogió en su casa a Eliseo o el que da un vaso de agua al que tiene sed.
  • UNA CRUZ: La cruz significa los esfuerzos y dolores de la vida. Tú, Jesús, diste la vida por nosotros. Desde entonces la cruz es para nosotros signo de salvación, de vida, de esperanza, de entrega a los demás. Quiero Señor, vivir mis cruces contigo, con tu fuerza. Que nunca le eche mi cruz a los demás sino que la lleve con garbo y como el Cirineo ayude a otros a cargar con las suyas.
  • PAN Y VINO: El pan y el vino son alimentos básicos que compartimos tantas veces a los que invitamos a nuestras casas y gozamos de su amistad. Jesús comparte con nosotros el alimento de su Cuerpo y de su Sangre que sacia nuestras hambres y nuestra sed profunda de amor, de felicidad, de vida en plenitud.

7. ACCIÓN DE GRACIAS: Quiero llevar mi cruz con garbo

Señor, no quiero ser una continua queja. Quiero aceptar mi historia, así, como ocurre, dejando fluir la vida, sin poner impedimentos.

Quiero aceptar las cosas duras de la vida, sin pensar que eres Tú quien me las manda. Es la vida, las circunstancias, la historia quienes van haciendo que todo así suceda.

No te pido que me cambies la cruz. Sólo necesito que a mi lado estés Tú, porque así los dos juntos podemos con la cruz.

Señor, no quiero creer en Ti como un niño pequeño, que pide chucherías y espera caramelos… Yo quiero ser adulto y vivir misretos.

La vida siempre tiene líos, lo único que cambia es vivirla contigo… Tú llenas de fuerza, de aliento, de sentido y el dolor se hace más fácil y el problema llevadero.

Tú, Señor, remueves relaciones, generas ternuras, potencias detalles y mil aventuras. Haces mirar al otro y la cruz pesa menos.

Envuélvenos a todos en tu fuerza y tu Amor para que cada uno pueda llevar su cruz mejor. Que no nos despistemos los unos de los otros y unidos contigo nos sintamos NOSOTROS.

Mari Patxi Ayerra

La misa del domingo

Domingo XIII Ordinario – Ciclo A
28 de junio de 2020

Lecturas:

– 2 Reyes 4,8-11.14-16a: “vamos a prepararle una habitación”

– Romanos 6,3-4.8-11: “por el bautismo… fuimos incorporados a su muerte”.

– Mateo 10,37-42: “el que os recibe a vosotros, me recibe a mí”…

Homilía

En el Evangelio de hoy Jesús continúa instruyendo a sus discípulos para prepararlos a su misión de anunciar el Reino de Dios. Uno de los temas del Evangelio del domingo anterior se prolonga en el texto que acabamos de escuchar. El “no tengáis miedo” y el ponerse de parte de Jesús delante de los hombres se concreta hoy en el tomar su cruz, es decir, en asumir de modo activo el modo de vivir propio del discípulo del Señor, en identificarse con Él. Como vemos, la misión que Jesús encomienda a sus discípulos configura totalmente la persona de éstos.

Según Él, este modo de vida tiene sus consecuencias dolorosas. Así, por ejemplo, puede haber un conflicto entre el seguimiento de Jesús y la lealtad a la familia. En este caso, habría que amarle “más” a Él. Porque necesariamente el anuncio de Jesucristo ha de llegar también a la propia familia. Jesús podría haber referido más ejemplos que demuestran que frecuentemente su seguimiento resulta doloroso, e, incluso, puede conllevar la muerte

Por esto Jesús invita a cargar con su cruz. Ésta puede aparecer en nuestras propias vidas y también en las personas con las que compartimos nuestra existencia. Pero no debemos hacer casuística en torno a la expresión cargar con la cruz. Ésta se refiere, no a actos aislados, sino a un modo de vida caracterizado por el darse uno a sí mismo, como Jesús lo hizo. Cargar con la cruz es lo contrario a vivir encerrados en nosotros mismos, en nuestros espacios y tiempos, dosificando nuestra entrega y espaciándola según nuestros intereses. El discípulo no “vive para sí mismo”, sino que vive para Dios y para los demás, alimentando el encuentro con ellos, especialmente con los más pobres y abandonados. Y el que vive para Dios vive con Él para siempre: “el que pierda su vida por mí, la encontrará Jesús nos invita a pensar en la verdadera vida que Él nos dará para siempre. Ésta no será fruto de nuestro esfuerzo, sino un don suyo. Nos lo ha dicho Pablo, de otra manera, en la segunda lectura: “los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo, fuimos incorporados a su muerte, para que… andemos en una vida nueva”. Pero el texto evangélico de hoy pone el acento en el “recibir”. El verbo “recibe” aparece seis veces, y siempre en el contexto de la acogida que merecen los discípulos, enviados por el Maestro a anunciar el Reino de Dios: el que os recibe, me recibe a mí y al que me ha enviado… La idea es adelantada en la primera lectura: una mujer de Sunem invita habitualmente al profeta Eliseo, primeramente, a comer, pero posteriormente también le brinda su hospitalidad preparándole una habitación, porque percibe que es un hombre de Dios, un santo… Recibir, acoger, hospedar… constituye un gesto de gratuidad. Los primeros recibidos somos nosotros, pues lo más importante de lo que somos y tenemos lo hemos recibido… Dios, llamándonos a la existencia, nos ha acogido, en Jesús, como hijos, y nos acompaña con su constante misericordia, de modo que siempre seremos para Él sus hijos muy amados… Pero también somos recibidos por nuestros padres y familiares: ellos nos han recibido y acogido en su entorno afectivo, y nos han transmitido la vida y la fe, nos han alimentado y educado… Asimismo somos lo que somos gracias a la comunidad cristiana, que también nos ha transmitido su fe, esperanza y caridad, nos ha incorporado a la familia de Dios y nos pone en comunión con la vida divina por los sacramentos…

Vivimos porque previamente hemos sido recibidos. Hoy es un buen momento para tomar conciencia de esta realidad y para alimentar los sentimientos de gratitud que han de caracterizar nuestra vida, tanto desde el punto de vista humano como desde el punto de vista creyente. No nos cansemos de agradecer. La gratitud nos humaniza y nos fortalece como hijos de Dios y de la Iglesia. Pero las palabras de Jesús también nos invitan a pensar en cómo recibimos nosotros. Somos recibidos y, como discípulos de Jesús, hemos recibido de Él la misión de recibir… Hemos de recibir, no sólo a todos los que nos reciben, sino también a todos los que el Señor pone a nuestro lado. Éstos son sus enviados: el que los recibe, recibe a Jesús… Hay, por tanto, una clave cristológica en la acogida de la que Jesús habla. La alusión al que da de beber un vaso de agua a los más pobres evoca otras palabras que el evangelista Mateo pone en labios del mismo Jesús: tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme…

¿Cómo es nuestra acogida? ¿Qué capacidad de recibir tenemos? El recibir y acoger han de ser una característica del discípulo, pues éste no sólo recibe de su Señor, sino que también debe acoger en su nombre y como si lo acogiera a Él mismo. Los momentos que nos toca vivir nos obligan a recibir como él mismo Señor lo haría. ¿Contemplamos a nuestra sociedad con los mismos ojos de Jesús y con su mismo amor? ¿Esa misma mirada se extiende también a todos los miembros de nuestra comunidad cristiana, especialmente a aquéllos marcados por la debilidad, sea cual sea ésta? ¿Con qué actitud acogemos y escuchamos a aquéllos que tienen la responsabilidad de guiarnos y acompañarnos hacia el encuentro con Jesucristo? ¿Cómo vivimos la dinámica de dar y recibir en nuestro entorno familiar y social? ¿Qué tipo de acogida practicamos en relación a tantos inmigrantes que ya están a nuestro lado, o en relación a los refugiados que poco a poco vendrán? ¿Cómo luchamos y sensIbilizamos a las personas de nuestro entorno para que nuestra sociedad sea más acogedora?…

Tomar la cruz, acoger y ser conscientes de que somos acogidos… son dinámicas propias del seguimiento de Jesús. Estamos celebrando la eucaristía. En ella somos acogidos por Dios en la mesa de su Palabra y en la mesa del pan de vida que Jesús nos da. Y, como comunidad convocada por el Señor, nos acogemos unos a otros como hermanos, formando un solo corazón y una sola alma y animándonos mutuamente en el camino de la fe. Y, como familia de Dios, dejamos que Él ensanche nuestro corazón para que en nuestra comunidad tengan su lugar tantos hombres y mujeres, de cualquier edad y condición, que carecen de un espacio existencial digno en nuestra sociedad. De este modo no haremos otra cosa que seguir a Jesucristo. Su cruz es el signo de que nos amó hasta el extremo. Este amor posibilita que nuestras pequeñas o grandes cruces sean también signo de nuestro amor a Él y a nuestros hermanos. Quizás nos parezca difícil, pero para esto estamos aquí: para que el Señor nos fortalezca con su entrega y haga posible, como Dios, lo que nos parece imposible a los hombres.

Carlos García Llata

Descansar en Ti

Descansar en Ti,
a la sombra,
junto al arroyo,
sintiendo la brisa
y con la cabeza en tu hombro.

Descansar en Ti,
sin temores,
sin nostalgias,
sin sucedáneos,
sin ansias, enamorado.

Descansar en Ti,
gozando el momento,
libre de atillos y cargas,
sin prisas para nada
y soñando esperanzas.

Descansar en Ti,
serenamente,
ahora y a cualquier hora,
hasta habituarme
al gozo y a la gracia que me donas.

¡Descansar en Ti
después del éxito
o del fracaso
y compartir gratuitamente
tus más íntimas emociones!

Descansar en Ti,
y darte gracias,
con palabras o sin ellas,
por tu presencia solidaria
en la gente sencilla y llana.

¡Descansar en Ti!

Florentino Ulibarri

Comentario al evangelio – Viernes XII de Tiempo Ordinario

EL RETO DE ACERCARSE Y TOCAR


         § «Un leproso se acercó a Jesús». Es sabido que en el tiempo de Jesús ser leproso significaba ser un excluido, alguien que no tenía derecho ni debía estar donde estaba la gente, tenían que mantenerse fuera de las ciudades, y por supuesto fuera de «la ciudad» (Jerusalem con su Santo Templo). Carecían de cualquier contacto humano: ni caricias, ni abrazos, ni gestos de cariño o de cercanía… (seguramente ahora que casi no podemos tocarnos, ni abrazarnos, ni darnos un beso… lo comprendemos mucho mejor). Ninguna ayuda recibían (más allá de alguna limosna) para sobrellevar su desgracia: una inmensa soledad. Tenían que avisar de su presencia, dando voces, o con alguna campanilla, para que todos se apartaran a su paso y pudieran ponerse «a salvo». Habían dejado de ser tratados como «personas». También tenían vetada su relación con Dios, estaban «dejados de su mano», ya que esa enfermedad de la piel se considerada un signo de la corrupción interior, del pecado, un castigo divino. 

     Y así es como él se siente este leproso que se atreve a acercarse a Jesús: sucio, necesitado de ser limpiado. La religión no quería saber nada de ellos, los mantenía al margen. Esto es lo que enseñaba la Sinagoga, la ley de Dios. Ya no se trataba de un «cuidado» o prevención por riesgos de salud . Era una condena en toda regla.

     ¿No ocurre también hoy que se hace sentir culpable a las víctimas de algunas desgracias, o se «justifica» que estén en esa situación: «es que es un borracho, o un vago», es que ha mantenido prácticas sexuales prohibidas (SIDA). Algunas víctimas de abusos han explicado que les hicieron sentir avergonzadas y culpables por parte de sus maltratadores, etc.

      No es tan infrecuente que, en el plano personal, social e incluso religioso, nos apartemos de ciertos individuos (¡personas e hijos de Dios!) porque nos resultan incómodos, porque no están en «orden» con la ley de Dios (o de la Iglesia), porque es arriesgado tener contacto con ellos, porque están sucios, porque nos pueden meter en problemas, por su condición sexual o por su color/nacionalidad, porque este asunto les compete a otros, porque…. 

       Si nos reconocemos creyentes, estaríamos mostrando con los hechos y actitudes en qué Dios creemos realmente: un Dios excluyente, marginador, que condena, que los abandona a su suerte, que no merecen su amor… Y claro, tampoco el nuestro.

        Sin embargo, este leproso no quiere seguir así, y por sí mismo no tiene nada que hacer. Pero intuye que Jesús sí que puede hacer algo por él… Total ¡que se salta todas las normas religiosas y sociales, para acercarse a él y solicitar su ayuda! No sólo eso, sino que compromete a Jesús: pues el que entra en contacto con un leproso (al margen de que pueda contagiarse), queda a su vez también «impuro».

 §  Jesús, sin embargo, no se enfada, ni le riñe, ni se aparta de él. Y lo primero que hace es extender la mano y «tocarle». Empieza por restablecer el contacto humano. Primero físico, y luego de palabra. «Quiero». 

+ Quiero que no percibas a Dios como alguien que te excluye ni te deja solo. 

+ Quiero que sepas que el Reino también es para ti. 

+ Quiero que te veas con derecho a formar parte de la comunidad humana. 

+ Quiero que les conste a los sacerdotes que el proyecto y la voluntad de Dios es sanar, acoger, incorporar, incluir. 

+ Quiero que la Ley de Dios (= Dios) deje de usarse como instrumento de marginación. 

+  Quiero, al tocarte y hablar contigo, que te reconozcas como persona, y quedes sanado por dentro y por fuera. 

+ Quiero tocarte… aunque eso signifique que quedar yo «tocado», excluido, manchado, «impuro» y ya no pueda entrar abiertamente en ningún pueblo…

 § Acercarse a los que están mal, a los que lo pasan mal, a los que no se valoran a sí mismos, a los que están «corrompidos» por dentro o por fuera, aun a riesgo de que nuestro prestigio, nuestra salud, nuestras ventajas… queden «tocadas»… es tarea de los discípulos de Jesús, de la Iglesia entera. Ir a los que no tienen papeles, a los que están desahuciados, a los parados de larga duración, a los que no tienen preparación para conseguir trabajo, o no tienen salud, o no viven conforme a la moral cristiana, o les faltan los «papeles», o…

Ha escrito el Papa Francisco: 

El cristiano sabe que siempre habrá sufrimiento, pero que le puede dar sentido, puede convertirlo en acto de amor, de entrega confiada en las manos de Dios, que no nos abandona y, de este modo, puede constituir una etapa de crecimiento en la fe y en el amor… La luz de la fe no nos lleva a olvidarnos de los sufrimientos del mundo. ¡Cuántos hombres y mujeres de fe han recibido luz de las personas que sufren! San Francisco de Asís, del leproso; la Beata Madre Teresa de Calcuta, de sus pobres. Han captado el misterio que se esconde en ellos. Acercándose a ellos, no les han quitado todos sus sufrimientos, ni han podido dar razón cumplida de todos los males que los aquejan. La luz de la fe no disipa todas nuestras tinieblas, sino que, como una lámpara, guía nuestros pasos en la noche, y esto basta para caminar. 

Al hombre que sufre, Dios no le da un razonamiento que explique todo, sino que le responde con una presencia que le acompaña, con una historia de bien que se une a toda historia de sufrimiento para abrir en ella un resquicio de luz. En Cristo, Dios mismo ha querido compartir con nosotros este camino y ofrecernos su mirada para darnos luz. Cristo es aquel que, habiendo soportado el dolor, «inició y completa nuestra fe» (Hb 12,2).

Encíclica “Lumen fidei / La Luz de la fe”, § 56-57

    Este Evangelio es una invitación a mancharnos, a conocer de primera mano el dolor y la frustración de tantos. Quizá muchos ya no se nos acerquen, o quizá sí: Pero de una manera o de otra, nos están diciendo: «Si quieres… puedes limpiarme». Tal vez no podamos realmente limpiarle, pero que  al menos cuenten con una presencia que acompaña, con una lámpara que les ayude a caminar. Que no se queden solos.

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf