Meditación – Martes XIII de Tiempo Ordinario

Hoy es martes XIII de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 8, 23-27):

En aquel tiempo, Jesús subió a la barca y sus discípulos le siguieron. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero Él estaba dormido. Acercándose ellos le despertaron diciendo: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!». Díceles: «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?». Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. Y aquellos hombres, maravillados, decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?».

Hoy, Martes XIII del tiempo ordinario, la liturgia nos ofrece uno de los fragmentos más impresionantes de la vida pública del Señor. La escena presenta una gran vivacidad, contrastando radicalmente la actitud de los discípulos y la de Jesús. Podemos imaginarnos la agitación que reinó sobre la barca cuando «de pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas» (Mt 8,24), pero una agitación que no fue suficiente para despertar a Jesús, que dormía. ¡Tuvieron que ser los discípulos quienes en su desesperación despertaran al Maestro!: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!» (Mt 8,25).

El evangelista se sirve de todo este dramatismo para revelarnos el auténtico ser de Jesús. La tormenta no había perdido su furia y los discípulos continuaban llenos de agitación cuando el Señor, simplemente y tranquilamente, «se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza» (Mt 8,26). De la Palabra increpatoria de Jesús siguió la calma, calma que no iba destinada sólo a realizarse en el agua agitada del cielo y del mar: la Palabra de Jesús se dirigía sobre todo a calmar los corazones temerosos de sus discípulos. «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?» (Mt 8,26).

Los discípulos pasaron de la turbación y del miedo a la admiración propia de aquel que acaba de asistir a algo impensable hasta entonces. La sorpresa, la admiración, la maravilla de un cambio tan drástico en la situación que vivían despertó en ellos una pregunta central: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?» (Mt 8,27). ¿Quién es el que puede calmar las tormentas del cielo y de la tierra y, a la vez, las de los corazones de los hombres? Sólo quien «durmiendo como hombre en la barca, puede dar órdenes a los vientos y al mar como Dios» (Nicetas de Remesiana).

Cuando pensamos que la tierra se nos hunde, no olvidemos que nuestro Salvador es Dios mismo hecho hombre, el cual se nos acerca por la fe.

Fray Lluc TORCAL Monje del Monasterio de Sta. Mª de Poblet

Liturgia – Martes XIII de Tiempo Ordinario

MARTES DE LA XIII SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO, feria o SANTOS PROTOMÁRTIRES DE LA SANTA IGLESIA ROMANA, memoria libre

Misa de la feria (verde) o de la memoria (rojo).

Misal: Para la feria cualquier formulario permitido / para la memoria 1ª oración propia y el resto del común de mártires (para varios mártires), o de un domingo del Tiempo Ordinario, Prefacio común o de la memoria.

Leccionario: Vol. III-par.

  • Am 3, 1-8; 4, 11-12. El Señor Dios ha hablado, ¿quién no profetizará?
  • Sal 5. Señor, guíame con tu justicia.
  • Mt 8, 23-27. Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma.

Antífona de entrada          Sal 46, 2
Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo.

Monición de entrada
Dispongámonos, a darle gracias de todo corazón, porque siempre nos acompaña, y se nos da como alimento en el duro caminar de cada día y, en unos momentos de silencio, acojamos su misericordia reconociendo ante Él nuestros pecados.

  • Tú que eres la salud del mundo. Señor, ten piedad.
  • Tú que eres la resurrección y la vida. Cristo, ten piedad.
  • Tú que eres nuestra única esperanza. Señor, ten piedad.

Oración colecta
OH, Dios,
que por la gracia de la adopción
has querido hacernos hijos de la luz,
concédenos que no nos veamos envueltos por las tinieblas del error,
sino que nos mantengamos siempre en el esplendor de la verdad.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos, hermanos, a Dios Padre, cuya bondad dura por siempre, pidiéndole que nos escuche y tenga piedad de nosotros.

  1. Para que la Iglesia sea cada día más comunidad, signo de Cristo, que se hizo pobre por amor, y la fe de tantos cristianos, todavía imperfecta, se purifique y llegue a ser adhesión a Cristo Salvador. Roguemos al Señor.
  2. Para que Jesús llame a muchos jóvenes al ministerio sacerdotal, y éstos no teman seguirlo con generosidad. Roguemos al Señor.
  3. Para que los gobernantes trabajen para que el respeto a la vida y los derechos de la persona prevalezcan siempre sobre cualesquiera otros intereses. Roguemos al Señor.
  4. Para que los que sufren en el cuerpo o en el alma encuentren en Cristo y en su palabra un motivo para seguir esperando. Roguemos al Señor.
  5. Para que todos nosotros, dando gracias al nombre santo del Señor, seamos capaces de ser generosos, a imitación de Cristo, que nos enriqueció a todos con su pobreza. Roguemos al Señor.

Oh Padre, que en el misterio de tu Hijo pobre y crucificado has querido enriquecernos con todo bien; escucha nuestras oraciones y haz que no temamos la pobreza ni la cruz, para llevar a nuestros hermanos la alegre novedad del Evangelio. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
OH, Dios,
que actúas con la eficacia de tus sacramentos,
concédenos que nuestro ministerio
sea digno de estos dones sagrados.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Sal 102, 1
Bendice, alma mía, al Señor y todo mi ser a su santo nombre.

Oración después de la comunión
LA ofrenda divina
que hemos presentado y recibido
nos vivifique, Señor,
para que, unidos a ti en amor continuo,
demos frutos que siempre permanezcan.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral del 30 de junio

SAN PABLO, Apóstol († ca. 67) (Su fiesta ayer)

La figura de San Pablo merece un desdoblamiento de la fiesta de ayer, para no robar espacio a San Pedro, y para que no quede como un mero apéndice de él. Ya hemos hablado de San Pablo el 25 de enero. Pero la figura de San Pablo es tan gigantesca e inabarcable, es tan ejemplar su vida—»el primero después del Único»—son tan inagotables sus escritos, que bien merece la pena volver una y otra vez a su magisterio.

San Pablo es un hombre nuevo después de la caída en el camino de Damasco. Y como todos los convertidos, el fuego le quema las entrañas, y se siente forzado a comunicarlo a todo el mundo. «Cuando aquel que me llamó por su gracia, quiso revelar en mí a su Hijo para que lo evangelizase a los gentiles, sin consultar a la sangre ni a la carne», en seguida se puso en movimiento. Nadie podrá pararle. Es un volcán en ebullición permanente.

«Anda, dice el Señor a Ananías, que éste es instrumento escogido por mi para llevar mi nombre a los gentiles». Y Pablo se lanza, lleno de divinas impaciencias, por todos los caminos del imperio. Emprende cuatro viajes apostólicos, arriesgados, difíciles. Recorre ciudades, funda cristiandades, les deja discípulos al frente, les escribe cartas, promete llegar hasta España… Afronta peligros «en tierra, en mar, entre los falsos hermanos».

Pero no importan los peligros para el alma enamorada. «Todo lo soporto por los elegidos. La caridad de Cristo nos interpela. Muy a gusto me gastaré. Hijos míos, otra vez me causáis dolores de parto, hasta formar a Cristo en vosotros. ¿Quién enferma sin que yo enferme?».

San Juan Crisóstomo se lamentaba que muchos no conocían las cartas de San Pablo. A1 escuchar su lectura, afirmaba él, «salto de gozo al oír ese maravilloso clarín celestial, y me inflamo en deseos, reconociendo una voz muy amiga para mí, y me parece verle presente ante mis ojos».

En sus diversos pasajes vemos el anhelo incoercible que siente de predicar el Evangelio, de hacerse todo para todos, de preocuparse por todas las Iglesias, de sufrirlo todo, hasta ser anatema por sus hermanos.

«Cuando quiero saber las últimas novedades, leo a San Pablo», dice León Bloy, a propósito de la variedad del mensaje paulino. Pero si quisiéramos destacar lo más peculiar, el eje y punto clave en que se apoya la nueva exigencia de Pablo, sería por encima de todo, su anhelo por Cristo, su obsesión por Cristo, hasta el punto de que pide varias veces a sus discípulos que le imiten a él, sin más, pues sabe que así imitarán a Cristo.

Se podría seleccionar una especie de Código o Decálogo sobre el cristocentrismo de Pablo: 1) Su vida es Cristo. 2) Todo lo centra en el amor de Cristo. 3) Sólo quiere conocer a Cristo. 4) Desea gloriarse en la cruz de Cristo. 5) Su debilidad encuentra la fuerza en la gracia de Cristo. 6) Colabora con la gracia de Cristo. 7) Desea únicamente apoyarse en Cristo. 8) Su afán es estar con Cristo. 9) Se goza en haber sido atrapado por Cristo. 10) Está seguro que nada le separará del amor de Cristo.

E1 último viaje de Pablo fue el viaje a Roma para ser juzgado. Allí sufrió martirio, junto con Pedro, las dos columnas de la Iglesia, hacia el año 67. Agotado por fin, había rendido viaje el discípulo fiel. Fue sepultado en el lugar llamado Tre Fontane, por las tres fuentes que habrían brotado en el momento del martirio. Sobre aquel lugar se levantaría más tarde la basílica espléndida que lleva todavía su nombre

Otros Santos de hoy: Marcial, Cayo, León, Lucina, Emiliana, Teobaldo.

Justo y Rafael Mª López-Melús

Laudes – Martes XIII de Tiempo Ordinario

LAUDES

MARTES XIII TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.

SALMO 66: QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

En esta luz del nuevo día
que me concedes, oh Señor,
dame mi parte de alegría
y haz que consiga ser mejor.

Dichoso yo, si al fin del día
un odio menos llevo en mí,
si una luz más mis pasos guía
y si un error más yo extinguí.

Que cada tumbo en el sendero
me vaya haciendo conocer
cada pedrusco traicionero
que mi ojo ruin no supo ver.

Que ame a los seres este día,
que a todo trance ame la luz,
que ame mi gozo y mi agonía,
que ame el amor y ame la cruz. Amén.

SALMO 23: ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO

Ant. El hombre de manos inocentes y puro corazón subirá al monte del Señor.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

— ¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

— El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

— Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

— ¿Quién es ese Rey de la gloria?
— El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

— ¿Quién es ese Rey de la gloria?
— El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El hombre de manos inocentes y puro corazón subirá al monte del Señor.

CÁNTICO de TOBÍAS: DIOS CASTIGA Y SALVA

Ant. Ensalzad con vuestras obras al Rey de los siglos.

Bendito sea Dios, que vive eternamente,
y cuyo reino dura por los siglos:
él azota y se compadece,
hunde hasta el abismo y saca de él,
y no hay quien escape de su mano.

Dadle gracias, israelitas, ante los gentiles,
porque él nos dispersó entre ellos.
Proclamad allí su grandeza,
ensalzadlo ante todos los vivientes:
que él es nuestro Dios y Señor,
nuestro padre por todos los siglos.

Él nos azota por nuestros delitos,
pero se compadecerá de nuevo,
y os congregará de entre las naciones
por donde estáis dispersados.

Si volvéis a él de todo corazón
y con toda el alma,
siendo sinceros con él,
él volverá a vosotros
y no os ocultará su rostro.

Veréis lo que hará con vosotros,
le daréis gracias a boca llena,
bendeciréis al Señor de la justicia
y ensalzaréis al rey de los siglos.

Yo le doy gracias en mi cautiverio,
anuncio su grandeza y su poder
a un pueblo pecador.

Convertíos, pecadores,
obrad rectamente en su presencia:
quizá os mostrará benevolencia
y tendrá compasión.

Ensalzaré a mi Dios, al rey del cielo,
y me alegraré de su grandeza.
Que todos alaben al Señor
y le den gracias en Jerusalén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Ensalzad con vuestras obras al Rey de los siglos.

SALMO 32: HIMNO AL PODER Y A LA PROVIDENCIA DE DIOS

Ant. El Señor merece la alabanza de los buenos.

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.

Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas;
cantadle un cántico nuevo,
acompañando los vítores con bordones:

que la palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.

La palabra del Señor hizo el cielo;
el aliento de su boca, sus ejércitos;
encierra en un odre las aguas marinas,
mete en un depósito el océano.

Tema al Señor la tierra entera,
tiemblen ante él los habitantes del orbe:
porque él lo dijo, y existió,
él lo mandó y surgió.

El Señor deshace los planes de las naciones,
frustra los proyectos de los pueblos;
pero el plan del Señor subsiste por siempre,
los proyectos de su corazón, de edad en edad.

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.

El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres;
desde su morada observa
a todos los habitantes de la tierra:
él modeló cada corazón,
y comprende todas sus acciones.

No vence el rey por su gran ejército,
no escapa el soldado por su mucha fuerza,
nada valen sus caballos para la victoria,
ni por su gran ejército se salva.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
con él se alegra nuestro corazón,
en su santo nombre confiamos.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor merece la alabanza de los buenos.

LECTURA: Rm 13, 11b. 12-13a

Ya es hora de despertaros del sueño. La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz. Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad.

RESPONSORIO BREVE

R/ Dios mío, peña mía, refugio mío, Dios mío.
V/ Dios mío, peña mía, refugio mío, Dios mío.

R/ Mi alcázar, mi libertador.
V/ Refugio mío, Dios mío.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Dios mío, peña mía, refugio mío, Dios mío.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor nos suscitó una fuerza de salvación, según lo había predicho por boca de sus profetas.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor nos suscitó una fuerza de salvación, según lo había predicho por boca de sus profetas.

PRECES

Ya que hemos sido llamados a participar de una vocación celestial, bendigamos por ello a Jesús, el sumo sacerdote de la fe que profesamos, y supliquémosle, diciendo:

Señor, nuestro Dios y nuestro Salvador.

Rey todopoderoso, que por el bautismo has hecho de nosotros un sacerdocio real,
— haz que nuestra vida sea un continuo sacrificio de alabanza.

Ayúdanos, Señor, a guardar tus mandatos.
— para que, por la fuerza del Espíritu Santo, nosotros permanezcamos en ti, y tú en nosotros.

Danos tu sabiduría eterna,
— para que nos asista en nuestros trabajos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Concédenos ser la alegría de cuantos nos rodean
— y fuente de esperanza para los decaídos.

Como hijos que somos de Dios, dirijámonos a nuestro Padre con la oración que Cristo nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Escucha, Señor, nuestras súplicas matinales y, con la luz de tu misericordia, alumbra la oscuridad de nuestro corazón: que los que hemos sido iluminados por tu claridad no andemos nunca tras las obras de las tinieblas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Vísperas – San Pedro y San Pablo

LAUDES

SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO, apóstoles

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

San Pedro y san Pablo, unidos
por un martirio de amor,
en la fe comprometidos,
llevadnos hasta el Señor.

El Señor te dijo: «Simón, tú eres Piedra,
sobre este cimiento fundaré mi Iglesia:
la roca perenne, la nave ligera.
No podrá el infierno jamás contra ella.
Te daré las llaves para abrir la puerta.»
Vicario de Cristo, timón de la Iglesia.

Pablo, tu palabra, como una saeta,
llevó el Evangelio por toda la tierra.
Doctor de las gentes, vas sembrando Iglesias;
leemos tus cartas en las asambleas,
y siempre de Cristo nos hablas en ellas;
la cruz es tu gloria, tu vida y tu ciencia.

San Pedro y san Pablo: en la Roma eterna
quedasteis sembrados cual trigo en la tierra;
sobre los sepulcros, espigas, cosechas,
con riego de sangre plantasteis la Iglesia.
San Pedro y san Pablo, columnas señeras,
testigos de Cristo y de sus promesas.

SALMO 115: ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO

Ant. Yo he pedido por ti, Pedro, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te recobres, da firmeza a tus hermanos.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Yo he pedido por ti, Pedro, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te recobres, da firmeza a tus hermanos.

SALMO 125: DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA

Ant. Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.

CÁNTICO del EFESIOS

Ant. Tú eres el pastor de las ovejas, Príncipe de los apóstoles; te han sido entregadas las llaves del reino de los cielos.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Este es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tú eres el pastor de las ovejas, Príncipe de los apóstoles; te han sido entregadas las llaves del reino de los cielos.

LECTURA: 1Col 15, 3-5. 8

Lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; por último se me apareció también a mí.

RESPONSORIO BREVE

R/ Los apóstoles anunciaban la palabra de Dios con valentía.
V/ Los apóstoles anunciaban la palabra de Dios con valentía.

R/ Y daban testimonio de la resurrección de Jesucristo.
V/ Con valentía

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Los apóstoles anunciaban la palabra de Dios con valentía.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Pedro, el apóstol, y Pablo, el maestro de los gentiles, nos enseñaron tu ley, Señor.
Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Pedro, el apóstol, y Pablo, el maestro de los gentiles, nos enseñaron tu ley, Señor.

PRECES

Llenos de alegría, invoquemos confiadamente a Cristo, que edificó su Iglesia sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y digámosle:

Señor, ven en ayuda de tu pueblo.

Tú que llamaste a Simón, que era pescador, para hacerlo pescador de hombres,
— continúa eligiendo obreros que trabajen en la salvación del mundo.

Tú que increpaste a la tempestad marítima para que no se hundiera la barca de los discípulos,
— protege de toda perturbación a tu Iglesia y fortalece al sucesor de Pedro.

Tú que, después de resucitado, reuniste a tu grey dispersa en torno a Pedro,
— congrega, buen Pastor, a todo tu pueblo, para que forme un solo rebaño.

Tú que enviaste al apóstol Pablo a evangelizar a los gentiles,
— haz que el mensaje de salvación sea proclamado a toda la creación.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que confiaste a tu Iglesia las llaves del reino de los cielos,
— abre las puertas del cielo a todos los que, cuando vivían, confiaron en tu misericordia.

Fieles a la recomendación del Salvador, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, Dios nuestro, tú que entregaste a la Iglesia las primicias de tu obra de salvación, mediante el ministerio apostólico de san Pedro y san Pablo, concédenos, por su intercesión y sus méritos, los auxilios necesarios para nuestra salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – San Pedro y San Pablo

Jesús dice a Pedro: «Tú eres Piedra»
Piedra de apoyo y piedra de escándalo

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia,Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Tí, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura

a) Una clave de lectura:

El texto litúrgico de la fiesta de San Pedro y San Pablo está tomado del Evangelio de Mateo: 16,13-19. En el comentario que haremos incluimos también los versículos 20-23. Porque en el conjunto del texto, del versículo 13 al 23, Jesús volviéndose a Pedro por dos veces lo llama «piedra». Una vez piedra de fundamento (Mt 16,18) y otra vez piedra de escándalo. (Mt 16,23). Las dos afirmaciones se complementan mutuamente. Durante la lectura del texto sería bueno poner atención al modo de conducirse de Pedro y a las solemnes palabras, que Jesús le dirige en dos ocasiones.

b) Una división del texto para ayudar en la lectura:

13-14: Jesús quiere saber las opiniones del pueblo sobre su persona.
15-16: Jesús pregunta a los discípulos y Pedro confiesa: «¡Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios!»
17-20: Respuesta solemne de Jesús a Pedro (frase central de la fiesta de hoy).
21-22: Jesús pone en claro el significado de Mesías, pero Pedro reacciona y no lo acepta.
22-23: Respuesta solemne de Jesús a Pedro.

c) El texto:

Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas.»

Díceles él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.»

Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.» Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él era el Cristo.

Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día.

Tomándole aparte Pedro, se puso a reprenderle diciendo: «¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!» Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!

3. Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.
a) ¿Qué punto ha llamado más mi atención?
b) ¿Cuáles son las opiniones del pueblo sobre Jesús? ¿Qué piensan Pedro y los discípulos sobre Jesús?
c) ¿Quién es Jesús para mi? ¿Quién soy yo para Jesús?
d) Pedro es piedra de dos modos: ¿cuáles?
e) ¿Qué tipo de piedra es nuestra comunidad?
f) En el texto aparecen muchas opiniones sobre Jesús y varias maneras de presentarse la fe. Hoy también existen muchas opiniones diferentes sobre Jesús. ¿Qué opiniones son las conocidas por nuestra comunidad? ¿Qué misión resulta de todo esto para nosotros?

5. Una clave de lectura

para profundizar en el tema.

i) El contexto:

En las partes narrativas de su Evangelio, Mateo acostumbra seguir el orden del Evangelio de Marcos. Tal vez él cita otra fuente conocida por él y por Lucas. Pocas veces presenta informaciones propias que aparezcan sólo en su Evangelio, como en el caso del evangelio de hoy. Este texto, con el diálogo entre Jesús y Pedro, recibe diversas interpretaciones, incluso hasta opuestas, en las iglesias cristianas. En la iglesia católica constituye el fundamento del primado de Pedro. Sin disminuir a propósito la importancia de este texto, conviene situarlo en el contexto del Evangelio de Mateo, en el cual, en otros textos las mismas cualidades conferidas a Pedro son atribuidas casi todas también a otras personas. No son una exclusiva de Pedro.

ii) Comentario del texto:

a) Mateo: 16,13-16: Las opiniones del pueblo y de los discípulos con respecto a Jesús.

Jesús quiere saber la opinión del pueblo sobre su persona. Las respuestas son muy variadas: Juan Bautista, Elías, Jeremías, uno de los profetas. Cuando Jesús pide la opinión a los mismos discípulos, Pedro en nombre de todos, dice: «¡Tú eres el Cristo el Hijo de Dios vivo!» Esta respuesta de Pedro no es nueva. Anteriormente, después de caminar sobre las aguas, ya los mismos discípulos habían hecho una confesión de fe semejante: «¡Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios!» (Mt 14, 33). Es el reconocimiento de que en Jesús se realizan las profecías del Antiguo Testamento. En el Evangelio de Juan la misma profesión de fe se hace por medio de Marta: «¡Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios que ha venido a este mundo!» (Jn 11,27).

b) Mateo: 16-17: La respuesta de Jesús a Pedro: ¡Dichoso tú, Pedro!

Jesús proclama «dichoso» a Pedro, porque ha recibido una revelación del Padre. Tampoco aquí es nueva la respuesta de Jesús. Anteriormente Jesús había hecho una idéntica proclamación de beatitud a los discípulos porque veían y oían cosas que ninguno antes había conocido (Mt 13,16), y había alabado al Padre porque había revelado el Hijo a los pequeños y no a los sabios (Mt 11,25). Pedro es uno de los pequeños a los que el Padre se revela. La percepción de la presencia de Dios en Jesús no «viene de la carne ni de la sangre», o sea, no es fruto de estudio, ni es mérito de ningún esfuerzo humano, sino que es un don que Dios concede a quien quiere.

c) Mateo: 16,18-20: Las calificaciones de Pedro: Ser piedra de fundamento y recibir en posesión las llaves del Reino.

1. Ser Piedra: Pedro debe ser la piedra, a saber, debe ser el fundamento firme para la Iglesia, de modo que pueda resistir contra los asaltos de las puertas del infierno. Con estas palabras de Jesús a Pedro, Mateo animaba a las comunidades de la Siria o de la Palestina, que sufrían y eran perseguidas y que veían en Pedro el jefe que las había sellado desde los orígines. A pesar de ser débiles y perseguidas, ellas tenían un fundamento sólido, garantizado por la palabra de Jesús. En aquel tiempo, las comunidades cultivaban una estrecha relación afectiva muy fuerte con los jefes que habían dado origen a la comunidad. Así las comunidades de la Siria y Palestina cultivaban su relación con la persona de Pedro. La de la Grecia con la persona de Pablo. Algunas comunidades de Asia con la persona del Discípulo amado y otras con la persona de Juan el del Apocalipsis. Una identificación con estos jefes de sus orígines les ayudaba a cultivar mejor la propia identidad y espiritualidad. Pero podía ser también motivo de conflicto, como en el caso de la comunidad de Corinto (1Cor 1,11-12). Ser piedra como fundamento de la fe evoca la palabra de Dios al pueblo en el destierro de Babilonia: «Oídme vosotros, los que seguís la justicia, los que buscáis a Yahvé. Considerad la roca de la que habéis sido tallados y la cantera de la que habéis sido sacados. Mirad a Abrahán, vuestro padre y a Sara que os dio a luz; porque sólo a él lo llamé yo, lo bendije y lo multipliqué.» (Is 51,1-2). Aplicada a Pedro, esta cualidad de piedra-fundamento, indica un nuevo comienzo del pueblo de Dios.

2. Las llaves del Reino: Pedro recibe las llaves del Reino para atar y desatar, o sea, para reconciliar entre ellos y con Dios . El mismo poder de atar y desatar se les ha sido dado a las comunidades (Mt 18,8) y a los discípulos (Jn 20,23). Uno de los puntos en el que el Evangelio de Mateo insiste más, es el de la reconciliación y el perdón. (Mt 5,7.23-24.38-42.44-48; 6,14-15; 18,15-35). El hecho es que en los años 80 y 90, allá en la Siria existían muchas tensiones en las comunidades y divisiones en las familias por causa de la fe en Jesús. Algunos lo aceptaban como Mesías y otros no, y esto era fuente de muchos desavenencias y conflictos. Mateo insiste sobre la reconciliación. La reconciliación era y sigue siendo uno de los más importantes deberes de los coordinadores de las comunidades. Imitando a Pedro, deben atar y desatar, esto es, trabajar para que haya reconciliación, aceptación mutua, construcción de la verdadera fraternidad.

3. La Iglesia: La palabra Iglesia, en griego ekklesia, aparece 105 veces en el Nuevo Testamento, casi exclusivamente en las Actas de los Apóstoles y en las Cartas. Sólamente tres veces en los Evangelios, y sólo en Mateo. La palabra significa» asamblea convocada» o » asamblea elegida». Esta indica el pueblo que se reúne convocado por la Palabra de Dios, y trata de vivir el mensaje del Reino que Jesús nos ha traído. La Iglesia o la comunidad no es el Reino, sino un instrumento y una señal del Reino. El Reino es más grande. En la Iglesia, en la comunidad, debe o debería aparecer a los ojos de todos, lo que sucede cuando un grupo humano deja a Dios reinar y tomar posesión de su vida.

d) Mateo: 16,21-22: Jesús completa lo que falta en la respuesta de Pedro y éste reacciona y no acepta.

Pedro había confesado: «¡Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo!» Conforme a la ideología dominante del tiempo, él se imaginaba un Mesías glorioso. Jesús lo corrige: Es necesario que el Mesías sufra y sea muerto en Jerusalén». Diciendo «es necesario», Él indica que el sufrimiento ya estaba previsto en las profecías (Is 53, 2-8). Si los discípulos aceptan a Jesús como Mesías e Hijo de Dios, deben aceptarlo también como Mesías Siervo que va a morir. ¡No sólo el triunfo de la gloria, sino también el camino de la cruz! Pero Pedro no acepta la corrección de Jesús y trata de disuadirlo.

e) Mateo: 16-23: La respuesta de Jesús a Pedro: piedra de escándalo.

La respuesta de Jesús es sorprendente: «¡Retírate de mi, Satanás! Tú me sirves de escándalo, porque no sientes las cosas de Dios sino la de los hombres». Satanás es el que nos aparta del camino que Dios ha trazado para nosotros. Literalmente Jesús dice: «¡Colócate detrás de mi!» (Vada retro! En latín). Pedro quería tomar la guía e indicar la dirección del camino. Jesús dice: «¡Detrás de mí!» Quien señala la dirección y el ritmo no es Pedro, sino Jesús. El discípulo debe seguir al maestro. Debe vivir en conversión permanente. La palabra de Jesús era también un mensaje para todos aquéllos que guiaban la comunidad. Ellos deben «seguir» a Jesús y no pueden colocarse delante como Pedro quería hacer. Non son ellos los que pueden indicar la dirección o el estilo. Al contrario, como Pedro, en vez de piedra de apoyo, pueden convertirse en piedra de escándalo. Así eran algunos jefes de las comunidades en tiempos de Mateo. Había ambigüedad. ¡Así nos puede suceder a nosotros hoy!

iii) Ampliando informaciones del evangelio sobre Pedro: un retrato de San Pedro

Pedro de pescador de peces se transformó en pescador de hombres (Mc 1,7). Estaba casado (Mc 1,30). Hombre bueno, muy humano. Estaba llamado naturalmente a ser el jefe entre los doce primeros discípulos de Jesús. Jesús respetó esta tendencia natural e hizo de Pedro el animador de su primera comunidad (Jn 21, 17). Antes de entrar en la comunidad de Jesús, Pedro se llamaba Simón bar Jona (Mt 16,17), Simón hijo de Jonás. Jesús le dió el sobrenombre de Cefas o Piedra, que luego se convirtió en Pedro. (Lc 6,14).

Por naturaleza, Pedro podía serlo todo, menos una piedra. Era valiente en el hablar, pero a la hora del peligro se dejaba llevar del miedo y huía. Por ejemplo, aquella vez que Jesús llegó caminando sobre las aguas, Pedro pidió: «Jesús, ¿puedo yo también ir a ti sobre las aguas?» Jesús respondió «¡Ven, Pedro!» Pedro desciende de la barca, se pone a caminar sobre las aguas. Pero cuando llega una ola un poco más alta de lo acostumbrado, se asusta, comienza a hundirse y exclama: «¡Sálvame, Señor!» Jesús lo tomó de la mano y lo salvó (Mt 14, 28-31). En la última cena, Pedro dice a Jesús: «¡Yo no te negaré jamás, Señor!» (Mc 14,31), pero pocas horas después, en el palacio del sumo sacerdote, delante de una sierva, cuando Jesús ya había sido arrestado, Pedro negó con juramento el tener algo que ver con Jesús (Mc 14, 66-72). En el huerto de los olivos, cuando Jesús fue arrestado, él llega hasta desenvainar la espada (Jn 18, 10), pero luego huyó, dejando solo a Jesús (Mc 14,50). Por naturaleza ¡Pedro no era piedra!

Sin embargo, este Pedro tan débil y tan humano, tan igual a nosotros, se convirtió en Piedra, porque Jesús ha rezado por él diciendo: «¡Pedro, yo he orado por ti, para que no desfallezca tu fe. Y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos!» (Lc 22,31-32). Por esto, Jesús podía decir: «¡Tú eres Pedro y sobre esta piedra yo edificaré mi Iglesia!» (Mt 16,18). Jesús le ayudó a ser piedra. Después de la resurrección, en Galilea, Jesús se apareció a Pedro y le pidió dos veces: «¿Pedro me amas?» Y Pedro dos veces respondió: «Señor, Tú sabes que te amo.». » (Jn 21, 15.16). Cuando Jesús hizo la misma pregunta por tercera vez, Pedro se entristeció. Debió recordar que lo había negado tres veces. A la tercera pregunta, él respondió: «Señor, Tú lo sabes todo. Tú sabes que yo te amo». Y fue en aquel momento cuando Jesús le confió el cuidado de las ovejas, diciendo: ¡Pedro, apacientas mis ovejas! Con la ayuda de Jesús la firmeza de la piedra crecía en Pedro y se reveló en el día de Pentecostés.

En el día de Pentecostés, después de la venida del Espíritu Santo, Pedro abrió la puerta de la sala, donde estaban todos reunidos, a puertas cerradas por miedo de los judíos (Jn 20,19), se llenó de valor y comenzó a anunciar la Buena Noticia de Jesús al pueblo (Act 2,14-40). ¡Y no se paró nunca más!. Por causa de este anuncio valeroso de la resurrección, fue arrestado (Act 4,3). En el interrogatorio le fue prohibido anunciar la buena noticia (Act 4,18), pero Pedro no obedeció la prohibición. Él decía: «¡Nosotros pensamos que debemos obedecer a Dios antes que a los hombres!» (Act 4, 19; 5,29). Fue arrestado de nuevo y (Act 5,18.26). Fue castigado (Act 5,40). Pero el dijo: «Muchas gracias. Pero nosotros continuaremos» (cfr Act 5,42).

La tradición cuenta que, al final de su vida, cuando estaba en Roma, Pedro tuvo todavía un momento de miedo. Pero luego volvió sobre sus pasos, fue arrestado y condenado a la muerte de cruz. Él pidió que le crucificasen con la cabeza hacia abajo. Pensaba que no era digno de morir del mismo modo que su maestro Jesús. ¡Pedro fue fiel así mismo hasta el final!

6. Salmo 103 (102)

Acción de gracias 
Bendice, alma mía, a Yahvé,
el fondo de mi ser, a su santo nombre.
Bendice, alma mía, a Yahvé,
nunca olvides sus beneficios.
Él, que tus culpas perdona,
que cura todas tus dolencias,
rescata tu vida de la fosa,
te corona de amor y ternura,
satura de bienes tu existencia,
y tu juventud se renueva como la del águila.
Yahvé realiza obras de justicia
y otorga el derecho al oprimido,
manifestó a Moisés sus caminos,
a los hijos de Israel sus hazañas.
Yahvé es clemente y compasivo,
lento a la cólera y lleno de amor;
no se querella eternamente,
ni para siempre guarda rencor;
no nos trata según nuestros yerros,
ni nos paga según nuestras culpas.
Como se alzan sobre la tierra los cielos,
igual de grande es su amor con sus adeptos;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros crímenes.
Como un padre se encariña con sus hijos,
así de tierno es Yahvé con sus adeptos;
que él conoce de qué estamos hechos,
sabe bien que sólo somos polvo.
¡El hombre! Como la hierba es su vida,
como la flor del campo, así florece;
lo azota el viento y ya no existe,
ni el lugar en que estuvo lo reconoce.
Pero el amor de Yahvé es eterno
con todos que le son adeptos;
de hijos a hijos pasa su justicia,
para quienes saben guardar su alianza,
y se acuerdan de cumplir sus mandatos.
Yahvé asentó su trono en el cielo,
su soberanía gobierna todo el universo.
Bendecid a Yahvé, ángeles suyos,
héroes potentes que cumplís sus órdenes
en cuanto oís la voz de su palabra.
Bendecid a Yahvé, todas sus huestes,
servidores suyos que hacéis su voluntad.
Bendecid a Yahvé, todas sus obras,
en todos los lugares de su imperio.
¡Bendice, alma mía, a Yahvé!

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados

Iglesia Pueblo de Dios

El itinerario que señala el Papa Francisco para la Iglesia como Pueblo de Dios, tiene como base el bautismo de los fieles, convertidos en hijos de Dios, por la redención ofrecida por Jesucristo tras la encarnación del Verbo, Hijo de Dios. Fácilmente dejamos lejos los fundamentos biológicos, que nos acompañarán toda la vida.

En esta introducción, dada por sabida, incluimos la naturaleza humana, creada por Dios a su imagen y semejanza, con  sus cualidades y desarrollo cultural, tan acelerado y tan limitado al mismo tiempo. Los errores o límites en el uso de la libertad al obrar (origen del mal) condujeron misteriosamente, al Amor de Dios en la plenitud de los tiempos, a enviar al Hijo, no para condenar al mundo sino para salvarlo. Y llegó el día del nacimiento de Jesús, en Belén, hijo de María, Hijo de Dios, Mesías anunciado y esperado, reinando Herodes. Este Jesús, histórico y siendo modelo de humanidad perfecta, en todo igual a la nuestra excepto en maldad o pecado. Pocas veces se puso como modelo, “aprended de mí que soy manso y humilde de corazón” y por el contrario se defendió a la hora de la muerte proclamando la Veracidad de su vida y obras, para ser reconocido el Mesías esperado en Israel.

El Pueblo de Dios

En la celebración de la eucaristía hacemos profesión explicita del Credo, y es fácil caer en la poca atención a los contenidos de la fe, que relatamos. El anonadamiento de Jesús -Naturaleza divina- al asumir nuestra condición nos otorgó participar en su divinidad. No hay capacidad humana para comprender el misterio, y sin embargo, en nuestro quehacer cotidiano, recibimos los beneficios de hijos de Dios-Amor por adopción.

El Pueblo de Dios, Israel, elegido en el Antiguo Testamento, con toda la Historia salvífica y religiosa ha quedado en segundo plano en la grandeza de la Ley, religiosidad y templo. La Nueva Alianza llevada a cabo por Jesucristo con su vida y obras, crucificado y resucitado, abrirá paso a los discípulos a la fe, esperanza y amor de hijos de Dios. Inicialmente conviviendo con la ley de Moisés. Los Apóstoles (Pedro y Pablo) tendrán que distinguir la ley antigua de la novedad cristiana, para liberar a los nuevos creyentes paganos de ataduras y pesos erróneos. Los representantes legales crucificaron a Jesús, que se manifiesta como Mesías Salvador y libertador de la humanidad.

Escuchar y dialogar para caminar juntos

La iglesia sinodal, que tiene su primer nivel en la iglesia diocesana, como Pueblo con su obispo, está llamada a ser, según el Papa Francisco, la Iglesia del tercer milenio. Una afirmación sencilla que requerirá la fuerza del Espíritu y también la corresponsabilidad de todos: Es la solemne afirmación que implica el cambio de mentalidad que tantas veces nos ha recordado la exhortación de la ceniza a creer en el Evangelio. Sencilla frase, que connota el salto del Antiguo testamento al nuevo, y de la Ley de Moisés a la caridad de Cristo, amor caritativo semejante al suyo.

Escuchar, dialogar y caminar unidos son tres verbos que podemos declinar: En indicativo nos señalan como personas, sujetos responsables. Como imperativos, nos envían a elegir y ejecutar el bien, cuando del prójimo se trata, que ha dejado de ser “judío” para ser “el” que ha redimido Cristo. Son palabras cargadas de energía humano-divinas, que requieren incorporar al silencio humano interior el amor de caridad.  Cada una nos “reta” con diferente profundidad y amplitud, y con el mismo dinamismo interior compasivo samaritano de acogida y servicio.

+Escuchar, es más que oír. Exige actitud de apertura mental y la ayuda del Espíritu Santo para descubrir en cada ser humano al hijo de Dios por su misma identidad, antes y sin valorar sus acciones. Mirar con ojos compasivos e incorporar lo percibido para darle después su valoración oportuna; crecemos con lo que asumimos haciéndolo propio. Mirada amplia para descubrir al máximo la realidad, comenzando por nuestro interior, y el perdón que Dios nos ofrece junto al resto de dones y ayudas pormenorizadas.

+ Dialogar.El grupo que dialoga con esta base cristiana, se ha de esforzar por mantener criterios y generosidad que fácilmente rebosan sus límites humanos, de raíz egoísta. No son las ideas quienes fácilmente construyen puentes de concordia, paz y bienestar, sino los amores compasivos los que marcan lo necesario para tales comportamientos. Si la mirada sigue orientada al mismo objetivo, le será posible discernir cada caso particular.

Desde el cansancio a la esperanza

Cansados, sobre todo, están quienes perciben su vida como carga pesada, sin origen ni destino por multitud de causas.  Jesús, saliendo siempre al encuentro, nos invita con sencillez a abrir la mente y el corazón, a vivir confiados en Dios Padre de otra forma, sin miedos acumulados. Dice el Papa Francisco que cada uno discierne libremente su propio camino para descubrir con más Luz lo mejor de sí mismo, más allá de deficiencias y tropiezos; reconociendo los límites y los apoyos, que salen al paso, podrá convertirse en un enviado más, un servidor de la Buena Noticia del amor al prójimo como Jesús nos ha amado y empujado.

El sentido profundo de la vida donada por Jesús es que sea para todos Vida definitiva, en abundancia; algo posible desde la opción por los últimos: La universalidad para ser incluyente empieza así. Es también sentido y misterio de la vida cristiana: Lo que no se da, se pierde; el amor es re-generador de vida en uno mismo y los demás. El amor entregado a diario, como el de Jesús, ha de nacer libremente, con decisión, consciente de que nadie nos quita nada, sino que lo entregamos todo voluntariamente.

Fray Manuel González de la Fuente O.P.

Comentario – San Pedro y San Pablo

En cierta ocasión, nos refiere Mateo, Jesús preguntó a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? Por el tenor de la pregunta, parece que Jesús tiene la intención de sondear la opinión pública que se han forjado sus contemporáneos de su persona. Ellos contestan lo que han oído entre la gente: Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas. La opinión generalizada es que se trata de un profeta que actualiza o reproduce la misión de antiguos profetas, de profetas de fama contrastada. Pero Jesús quiere ir más lejos; desea conocer su propia opinión. Ellos han estado más cerca de él; le han acompañado en sus correrías apostólicas; han sido testigos de sus actuaciones milagrosas; han observado el asombro que provocaba su enseñanza; tienen, por tanto, un conocimiento más acendrado, al menos más inmediato y próximo, de él. ¿Quién decís, vosotros, que soy yo? Porque algo tendrán que decir; porque tendrán una opinión formada, que no tiene por qué ser la de la gente del entorno.

Leyendo el texto, da la impresión de que aquella pregunta les dejó sorprendidos, como si no tuvieran una respuesta a mano. Jesús ciertamente era su Maestro. Ellos lo habían dejado todo para seguirle. Podían equipararle, como los demás, a uno de los grandes profetas de la antigüedad. Tal vez pensasen incluso que él era el Mesías anunciado y esperado. Pero ¿tenían una idea clara de lo que esto significaba? Lo cierto es que el único que tomó la palabra fue Simón Pedro, que dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Por lo que le responde después Jesús, podemos deducir que Pedro no era del todo consciente del alcance de sus palabras, pues le habían sido reveladas de lo alto: ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo! Si no se lo ha revelado nadie de carne y hueso, tampoco lo ha deducido de su propia observación.

Podía tener una idea vaga de haber encontrado al Mesías anunciado; pero difícilmente podía identificar al Ungido de Dios con el Hijo de Dios vivo. Y eso a pesar de haber oído con frecuencia a Jesús referirse a su Padre del cielo. Lo seguro es que Jesús ve en la confesión de fe de Pedro una revelación del Padre. Ello, además de otras razones, le permite darle un puesto singular entre sus discípulos: Tú eres Pedro –tal es el nombre de la vocación o de la elección-, y sobre esta piedra –que eres tú- edificaré mi Iglesia. Para desempeñar esta función de cimiento dispondrá de las llaves del Reino de los cielos y podrá atar y desatar en la tierra, quedando sellada su actuación en el cielo.

De este modo la Iglesia de Cristo se convierte en Iglesia petrina: una Iglesia que se levanta también sobre la fe de Pedro. Para cumplir su singular misión, necesitará de la potestad de abrir y cerrar (el poder de las llaves), de atar y desatar (el poder de absolver y de retener, de excomulgar y de reconciliar), es decir, la potestad de gobierno, no en solitario, porque no dejará de formar parte del colegio apostólico, pero sí en singular, como miembro preeminente de ese colegio, como «Papa». A esa función primacial corresponde la vigilancia sobre el depósito doctrinal para que no se falsee ni se deforme, la salvaguarda de la unidad en la Iglesia, la defensa de toda la grey frente a las posibles y reales agresiones, el cuidado pastoral del rebaño a él encomendado: apacienta a mis ovejas.

Pedro ha de tener sucesor porque Jesús ha querido a Pedro como «piedra» de su Iglesia. A la Iglesia de Cristo no debe faltarle nunca esta piedra que sustenta el edificio. El primado de Pedro se convierte así en un elemento esencial de esta construcción (= institución) querida expresamente por Cristo para prolongar su misión en el mundo. Apreciemos en todo su valor este elemento de la estructura eclesial y recemos en estos días tanto por el Papa en el ejercicio de su ministerio petrino.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos «Apostolorum Successores»

110. El papel de los fieles laicos en la evangelización de la cultura.

Hoy se abren grandes horizontes al apostolado propio de los laicos, tanto para la difusión de la Buena Nueva de Cristo como para la construcción del orden temporal según el orden querido por Dios.(315) Los fieles laicos, inmersos como están en todas las actividades seculares, tienen un papel importante en la evangelización de la cultura desde dentro, recomponiendo así la fractura, que se advierte en nuestros días, entre cultura y Evangelio.(316)

Entre los sectores que tienen mayormente necesidad de la sensibilidad del Obispo para con la específica contribución de los laicos, emergen:

a) La promoción del justo orden social que ponga en práctica los principios de la doctrina social de la Iglesia. Especialmente quienes se ocupan de modo profesional de dicho ámbito deben ser capaces de dar una respuesta cristiana a los problemas más íntimamente ligados al bien de la persona, como: las cuestiones de bioética (respeto de la vida del embrión y del moribundo); la defensa del matrimonio y de la familia, de cuya salud depende la misma humanización del hombre y de la sociedad; la libertad educativa y cultural; la vida económica y las relaciones de trabajo, que deben estar siempre caracterizadas por el respeto al hombre y a la creación, así como por la solidaridad y la atención a los menos afortunados; la educación para la paz y la promoción de una ordenada participación democrática.(317)

b) La participación en la política, a la que los laicos renuncian a veces, movidos quizás por el desprecio del arribismo, la idolatría del poder, la corrupción de determinados personajes políticos o la extendida opinión de que la política es un lugar de inevitable peligro moral.(318) Esta es, en cambio, un servicio primario e importante a la sociedad, al propio país y a la Iglesia, y es una forma eminente de caridad para con el prójimo. En esta noble tarea, sin embargo, los laicos deben tener presente que la aplicación de los principios a los casos concretos puede revestir modalidades diversas, por lo que se debe evitar la tentación de presentar las propias soluciones como si fueran doctrina de la Iglesia.(319) Cuando la acción política se confronta con principios morales fundamentales que no admiten derogación, excepción o compromiso alguno, el empeño de los católicos resulta más evidente y pleno de responsabilidad, porque ante tales exigencias éticas fundamentales e irrenunciables está en juego la esencia del orden moral, que atañe al bien integral de la persona. Es el caso de las leyes civiles en materia de aborto, de eutanasia, de protección del embrión humano, de promoción y tutela de la familia fundada sobre el matrimonio monógamo entre personas de sexo diverso y protegida en su estabilidad y unidad, en la libertad de educación de los hijos por parte de los padres, de las leyes que tutelan socialmente a los menores y liberan a las personas de las modernas formas de esclavitud, así como las leyes que promueven una economía al servicio de la persona, la paz y la libertad religiosa individual y colectiva. En estos casos, los católicos tienen el derecho y el deber de intervenir para recordar el sentido más profundo de la vida y la responsabilidad de todos por ella, y para tutelar la existencia y el porvenir de los pueblos en la formación de la cultura y de los comportamientos sociales. Los católicos empeñados en las Asambleas legislativas tienen la concreta obligación de oponerse a cualquier ley que atente contra la vida humana. Sin embargo, cuando, por ejemplo, la oposición al aborto fuese clara y conocida por todos, podrían prestar su “apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de una tal ley y a disminuir sus efectos negativos en el plano de la cultura y de la moralidad pública”.(320)

c) Corresponde también a los laicos la evangelización de los centros de difusión cultural, como escuelas y universidades, los ambientes de investigación científica y técnica, los lugares de creación artística y de reflexión humanística, y los instrumentos de comunicación social, que hay que dirigir rectamente, de modo que contribuyan al mejoramiento de la misma cultura.(321)

d) Comportándose como ciudadanos a todos los efectos, los laicos deben saber defender la libertad de la Iglesia en el cumplimiento de su propio fin, no sólo como enunciado teórico, sino también respetando y apreciando la gran ayuda que ella presta al justo orden social.(322) Esto comporta, en particular, la libertad de asociación y la defensa del derecho a impartir la enseñanza según los principios católicos.


315 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decreto Apostolicam Actuositatem, 16; Codex Iuris Canonici, can. 225.

316 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dogmática Lumen Gentium, 31; Codex Iuris Canonici, can. 225 § 2; Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Christifideles laici, 34; Carta Encíclica Redemptoris Missio, 71; Pablo VI, Exhortación Apostólica postsinodal Evangelii Nuntiandi, 20.

317 Cf. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Christifideles laici, 38, 40 y 43.

318 Cf. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Christifideles laici, 42.

319 Cf. Codex Iuris Canonici, can. 227.

320 Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al empeño y el comportamiento de los católicos en la vida política, 4; cf. Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium Vitae, 73.

321 Cf. Juan Pablo II, Carta Encíclica Redemptoris Missio, 37; Exhortación Apostólica postsinodal Christifidelis laici, 44; Pablo VI, Exhortación Apostólica postsinodal Evangelii Nuntiandi, 20.

322 Cf. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Christifideles laici, 39.

Homilía – Domingo XIV de Tiempo Ordinario

1.- Por los caminos de la sencillez (Zac 9, 9-10)

Canto de Zacarías a la sencillez y a los sencillos. La sencillez de su propio rey produce la alegría de Sión; la modestia de su soberano arranca el canto de Jerusalén. La elección de una borrica para la entrada gloriosa después de la victoria deja atrás los carros y las caballerías. Aquella escena desconcertante produce la alegría y el gozo.

Pero, la sencillez no es, sin embargo, simpleza. Sencillamente, con el estilo de quien no busca el estruendo, el rey modesto y sencillo realiza con eficacia su tarea liberadora, destruyendo los símbolos de opresión: los carros y los caballos, los arcos de los guerreros. Todos los medios violentos pensados para «imponer» la paz. Sin ellos, por haberlos destruido, el rey manso y sencillo «dictará la paz a las naciones y dominará hasta el confín de la tierra».

Un reino de sencillos y modestos al servicio de una auténtica paz, no impuesta con la violencia. Una paz acogida como don y construida con el tesón de quien cree en la sencilla bondad del corazón.

2.- Nuestra deuda es con el Espíritu (Rom 8, 9.11-13)

Somos deudores con quien nos ha dado, con quien ha puesto a nuestro alcance el don de la vida nueva. Más que deber, nos debemos, porque no podemos responder tan sólo con unos bienes externos: «No estáis sujetos a la carne, sino al Espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros».

La «carne y el Espíritu» significan en Pablo dos estilos de vida, la fundada en la debilidad de nuestra propia condición humana (la carne); la misma vida de Dios, participada en nosotros de manera personal (el Espíritu).

La vida en el Espíritu ya no está sometida a la debilidad humana ni a su más dramática expresión, «la muerte»: «Dios vivificará también vuestros cuerpos por el mismo Espíritu que habita en vosotros». Frente a toda debilidad caduca, la promesa de una vida en plenitud.

Demasiado horizonte para una vida tan pequeña. A quien se lo debamos como don, nos debemos nosotros mismos. No es ciertamente la carne la que nos abre este horizonte de vida. No podemos contentarnos con una vida camal, acostumbrándonos a nuestra propia debilidad y de ella haciendo la ley. Nuestra deuda es con el Espíritu. Una deuda paradójica, pues ella misma redunda en paga para nosotros: «Si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis».

3.- Los sencillos conocen el misterio de Dios (Mt 11,25-30)

¡Un Jesús para sencillos! Llegar a la sencillez para poder comprender el misterio íntimo de Dios. No es la sencillez un punto de partida perezoso para evitar recorrer el camino que tan sólo poco a poco nos adentra en el arcano. Es, más bien, un punto maduro de llegada de quienes han hecho el recorrido, abandonándose a la gracia, lejos de confianzas pretenciosas en el poder y la fuerza de los propios argumentos: «Has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla». Los sencillos se dejan acompañar por la revelación del misterio.

Sencilla revelación del misterio de Dios en la carne de Jesús. Tan sencilla que a muchos escandaliza, como escandalosa resultaría para muchos aquella sencilla entrada de un rey después de celebrar su victoria (primera lectura).

Jesús, manso y humilde de corazón, nos invita a acercarnos a él. Con una promesa de alivio para las vida cansadas, a pesar de la confianza puesta en las propias fuerzas. La construcción personal en solitario nos abruma y nos agobia…, dejando esa extraña sensación de no conseguirla nunca.

Jesús, ofreciendo «un yugo y una carga», pero como ley nueva de amor, que introduce en el descanso, en aquel gozo inefable de haber definitivamente encontrado el descanso tan buscado. Aquel tan difícil de hallar desde un corazón «entendido y sabio» tan sólo a nivel humano.

Un rey manso y humilde

El Rey de Paz, jinete en un pollino,
llega manso hasta ti en la Eucaristía,
bebida y pan candeal que, cada día,
es vianda celestial para el camino.

Al hacerse, gozoso, tu inquilino,
asume como suya la agonía
que el Espíritu libera en su porfía
con la carne, rebelde a su destino.

Acude a su llamada generosa
y carga con su yugo llevadero,
pues su peso es más leve que tu pena.

Él, que le dio quicio a cada cosa,
te señaló el remedio verdadero
al pagar con su muerte tu condena…

 

Pedro Jaramillo