Vísperas – San Ignacio de Loyola

VÍSPERAS

SAN IGNACIO DE LOYOLA, Presbítero

 

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Cantemos al Señor con alegría
unidos a la voz del pastor santo;
demos gracias a Dios, que es luz y guía,
solícito pastor de su rebaño.

Es su voz y su amor el que nos llama
en la voz del pastor que él ha elegido,
es su amor infinito el que nos ama
en la entrega y amor de este otro cristo.

Conociendo en la fe su fiel presencia,
hambrientos de verdad y luz divina,
sigamos al pastor que es providencia
de pastos abundantes que son vida.

Apacienta, Señor, guarda a tus hijos,
manda siempre a tu mies trabajadores;
cada aurora, a la puerta del aprisco,
nos aguarde el amor de tus pastores. Amén.

SALMO 14: ¿QUIÉN ES JUSTO ANTE EL SEÑOR?

Ant. Soy ministro del Evangelio por el don de la gracia de Dios.

Señor, ¿quién puede hospedarse en su tienda
y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua.

el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor.

El que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Soy ministro del Evangelio por el don de la gracia de Dios.

SALMO 111:

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre.

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos,
su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor,
su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.

La ambición del malvado fracasará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Mis ovejas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Mis ovejas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.

LECTURA: 1P 5, 1-4

A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a manifestarse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, gobernándolo no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con generosidad; no como déspotas sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.

RESPONSORIO BREVE

R/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.
V/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.

R/ El que entregó su vida por sus hermanos.
V/ El que ora mucho por su pueblo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice a favor de los hombres, en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo:

Salva a tu pueblo, Señor.

Tú que por medio de pastores santos y eximios, has hecho resplandecer de modo admirable a tu Iglesia,
— haz que los cristianos se alegren siempre de ese resplandor.

Tú que, cuando los santos pastores te suplicaban, con Moisés, perdonaste los pecados del pueblo,
— santifica, por su intercesión, a tu Iglesia con una purificación continua.

Tú que, en medio de los fieles, consagraste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los dirigiste,
— llena del Espíritu Santo a todos los que rigen a tu pueblo.

Tú que fuiste el lote y la heredad de los santos pastores
— no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre esté alejado de ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que, por medio de los pastores de la Iglesia, das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano,
— salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.

Terminemos nuestra oración con la plegaria que nos enseñó el Señor:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, Dios nuestro, que has suscitado en tu Iglesia a san Ignacio de Loyola para extender la gloria de tu nombre, concédenos que después de combatir en la tierra, bajo su protección y siguiendo su ejemplo, merezcamos compartir con él la gloria del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Viernes XVII de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, protector de los que en ti esperan; sin ti nada es fuerte ni santo. Multiplica sobre nosotros los signos de tu misericordia, para que, bajo tu guía providente, de tal modo nos sirvamos de los bienes pasajeros que podamos adherirnos a los eternos. Por nuestro Señor. 

2) Lectura

Del Evangelio según Mateo 13,54-58
Y sucedió que, cuando acabó Jesús estas parábolas, partió de allí. Viniendo a su patria, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que decían maravillados: «¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas, ¿no están todas entre nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto?» Y se escandalizaban a causa de él. Mas Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio.» Y no hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe. 

3) Reflexión

• El evangelio de hoy narra cómo fue la visita de Jesús a Nazaret, su comunidad de origen. El paso por Nazaret fue doloroso para Jesús. Lo que antes era su comunidad, ahora ha dejado de serlo. Algo cambió. Donde no hay fe, Jesús no puede hacer milagros.
• Mateo 13, 53-57ª: Reacción de la gente de Nazaret ante Jesús. Siempre es bueno volver para la propia tierra. Después de una larga ausencia, Jesús también vuelve y, como de costumbre, en el día de sábado, se fue a la reunión de la comunidad. Jesús no era coordinador, pero tomo la palabra. Señal de que las personas podían participar y expresar su opinión. La gente quedó admirada, no entiende la actitud de Jesús: “¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros?” Jesús, hijo del lugar, que ellos conocían desde niño, ¿cómo es que ahora es tan diferente? La gente de Nazaret queda escandalizada y no lo acepta: “¿No es éste el hijo del carpintero?” La gente no acepta el misterio de Dios presente en un hombre común como le conocían a Jesús. Para poder hablar de Dios, tenía que ser diferente. Como se ve, no todo fue bien. Las personas que hubieran tenido que ser las primeras en aceptar la Buena Noticia, son las que se obstinan en no aceptarla. El conflicto no es con los de fuera de casa, sino también con los parientes y con la gente de Nazaret. Ellos no aceptan, porque no consiguen entender el misterio que envuelve a la persona de Jesús: “¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y ¿sus hermanas no están aquí con nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto” No lo podían entender.
• Mateo 13, 57b-58: Reacción de Jesús ante la actitud de la gente de Nazaret. Jesús sabe muy bien que “nadie es profeta en su patria”. Y dice: “Un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio”. De hecho, allí donde no hay aceptación, donde no hay fe, no se puede hacer nada. Los prejuicios lo impiden. Jesús mismo, aún queriendo, no puede hacer nada. Queda asombrado ante la falta de fe.
• Los hermanos y las hermanas de Jesús. La expresión “hermanos de Jesús” causa mucha polémica entre católicos y protestantes. Basándose en éste y en otros textos, los protestantes dicen que Jesús tiene hermanos y hermanas y que María tiene más hijos. Los católicos dicen que María no tuvo más hijos. ¿Qué pensar de todo esto? En primer lugar, las dos posiciones, tanto de los católicos como de los protestantes, ambas tienen argumentos sacados de la Biblia y de la Tradición de sus respectivas iglesias. Por ello, no conviene reñir o discutir esta cuestión solamente con argumentos de la cabeza. Se trata de convicciones profundas, que tienen que ver con la fe y con los sentimientos de ambos. El argumento sólo de la cabeza no consigue deshacer una convicción del corazón. Irrita y aleja. Aún cuando no estoy de acuerdo con la opinión del otro, tengo que respetarla. En segundo lugar, en vez de reñir entorno a los textos, católicos y protestantes, deberíamos unirnos mucho más para luchar en defensa de la vida, creada por Dios, vida tan desfigurada por la pobreza, por la injusticia, por la falta de fe. Deberíamos recordar algunas otras frases de Jesús: “He venido para que todos tengan vida, y en abundancia” (Jn 10,10). “Que todos sean uno, para que el mundo crea que Tú me has enviado”(Jn 17,21). “¡No se lo impidan! Quien no está contra de nosotros está a favor” (Mc 10,39.40). 

4) Para la reflexión personal

• En Jesús algo cambió en su relación con la Comunidad de Nazaret. Desde que has empezado a participar en la comunidad, ¿algo ha cambiado en tu relación con la familia? ¿Por qué?
• La participación en la comunidad, ¿te ha ayudado a acoger y a confiar más en las personas, sobre todo en los más sencillos y pobres? 

5) Oración final

Pero a mí, desdichado y malherido,
tu salvación, oh Dios, me restablecerá.
Celebraré con cantos el nombre de Dios,
lo ensalzaré dándole gracias. (Sal 69,30-31)

Comentario – Viernes XVII de Tiempo Ordinario

El evangelista sitúa a Jesús en la sinagoga de Nazaret. Allí enseña tomando como punto de partida la palabra proclamada: un texto del Antiguo Testamento, la Escritura sagrada para un judío. El evangelio se hace eco de la admiración provocada por su actividad, que incluye enseñanza y acciones milagrosas. Decía la gente que lo veía actuar: ¿De dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No es su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso? Y desconfiaban de él.

Jesús era conocido en su tierra como “el hijo del carpintero”. Durante esos años de ‘existencia escondida’ no había dado muestras de otra cosa. Ni siquiera le mencionan por su nombre. Para ellos, es simplemente el hijo del carpintero, como si en la localidad no hubiera habido otro carpintero que José. También conocen a su madre, María, y a sus parientes, aquí nombrados como “hermanos” y “hermanas”. Todos ellos constituían su ámbito familiar. Y les resultaba difícil explicar las muestras de sabiduría y de poder que daba en ese preciso instante. Les desconcertaba encontrar en el hijo del carpintero, un hombre al que creían dotado únicamente para la carpintería, habilidades propias de un sabio o de un profeta. No lograban conciliar ambos status; por eso desconfiaban de él.

Pero Jesús había pasado de ser el hijo del carpintero a ser el profeta de Nazaret. En él se revelaba ahora una dimensión que había mantenido oculta durante gran parte de su vida: su verdadera dimensión mesiánica; aquello para lo que había venido a este mundo enviado por Dios Padre; aquello para lo que había nacido: para dar a conocer el Evangelio, la buena noticia de Dios a los hombres, el mensaje de la verdad. Este cambio, sin embargo, desconcertó a sus paisanos. El conocimiento que tenían de él como simple ‘hijo del carpintero’ les dificultaba enormemente para acogerle como profeta. De ahí el dicho al que se remite Jesús: Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta. Y es que el profeta, antes de sentirse llamado por Dios a la misión profética, es un simple habitante de su tierra y un miembro de su familia cumpliendo un determinado oficio en la vida.

En este sentido, la biografía de Jesús no dista mucho de la de otros profetas de la antigua alianza. También él sintió un día la necesidad de abandonar familia, trabajo y tierra para cumplir la misión para la que estaba en este mundo. Pero fue precisamente en su tierra donde encontró mayores obstáculos para el ejercicio de su misión: No hizo allí muchos milagros, porque les faltaba fe. La fe es realmente ‘puerta’. Sólo la fe podía hacerles receptivos a los beneficios emanados de él; sólo con fe podían aceptar sus palabras como palabras portadoras de verdad; sólo con fe podían experimentar los efectos extraordinarios de su poder misericordioso. La eficacia de la misión de Jesús no depende únicamente de su actuación irreprochable; depende también de nuestra disposición o acogida, esto es, de nuestra fe. Dios quiere que todos los hombres se salven; pero lo quiere con un ‘querer’ condicionado por nuestro querer; aunque no deja de ser verdad que el querer de Dios es mucho más poderoso que el nuestro, voluble y débil.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos “Apostolorum Successores”

Capítulo VI

ElMunus Sanctificandi”del Obispo Diocesano

“Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres…Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también… Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar elevando hacia el cielo unas manos piadosas, sin ira ni discusiones(1 Tm 2, 1.5.8).

I. El Obispo, Pontífice en la comunidad de culto

142. El ejercicio de la función santificante.

El Obispo debe considerar como oficio propio, ante todo, el de ser responsable del culto divino y, ordenadas a esta función santificante, ejercita las otras tareas de maestro y de pastor. En efecto, la función santificante, aunque estrechamente unida por su propia naturaleza a los ministerios de magisterio y de gobierno, se distingue en cuanto es específicamente ejercitada en la persona de Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, y constituye la cumbre y la fuente de la vida cristiana.(415)


415 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dogmática Lumen Gentium, 21 y 26; Decreto Christus Dominus, 15; Constitución Sacrosanctum Concilium, 10 y 41; Decreto Presbyterorum Ordinis, 5; Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Pastores Gregis, 32.

La misa del domingo: misa con niños

DOMINGO XVIII DE TIEMPO ORDINARIO

—BIENVENIDA: 
Antes de la salida del celebrante

Nos encontramos hoy reunidos, en este domingo décimo octavo del tiempo ordinario, como la multitud de la que nos hablará el Evangelio. Como aquella gente, también nosotros, a pesar de todo, buscamos a Jesús para enriquecernos con su Palabra y fortalecernos con su Pan.

—AMBIENTACIÓN: 
Luego del saludo inicial y antes del acto penitencial

El Señor hoy nos muestra la eficacia de su Palabra, preparación de la maravilla de la Eucaristía. Él, que nos ha dado la vida natural, por el Bautismo también nos ha dado la vida de la gracia y quiere darnos su principal alimento: su Palabra y el Pan que nos da la vida, el Pan vivo bajado del Cielo. Y hoy nos dirá: “Quien come de este pan, vivirá para siempre”.

—LITURGIA DE LA PALABRA:

1ª. LECTURA:        (Is 55, 1-3)        

En estas palabras del Profeta, vemos ya claramente el poder y la eficacia de la Palabra de Dios y el anuncio del alimento que nos da: Cristo, el Pan vivo bajado del Cielo.

SALMO RESP.:    (144, 8-9. 15-18)      

R.    Abres tu mano, Señor, y nos colmas de tus bienes.

2ª. LECTURA:     (Rm 8, 35. 37-39)   

San Pablo nos manifiesta en forma clara y terminante: los que están verdaderamente unidos a Cristo, no podrán ser separados de Él, por absolutamente nada.

EVANGELIO:   (Mt 14, 13-21)

El mismo Jesús nos dice que Él habrá de alimentarnos, saciando verdaderamente nuestra hambre.

—ORACIÓN DE LOS FIELES:

CELEBRANTE:

Queridos hermanos, Dios nos da gratuitamente el don de su amor. Por ellos presentemos ahora nuestra oración por la Iglesia, por todos los hombres y por nosotros mismos.

GUÍA:  A cada una de las peticiones responderemos orando:

“POR CRISTO, PAN DE VIDA, ESCÚCHANOS SEÑOR”

—Padre, te pedimos por la Iglesia y por el Papa Francisco, para que siempre recibamos por su mensaje, el alimento del pan de la Palabra y la Eucaristía, que sacia el hambre más existencial del hombre, oremos…

—Por nuestros Obispos y nuestros sacerdotes, para que junto a ellos, todos seamos responsables para que a nadie le falte el pan material y el que es el alimento para la Vida eterna, oremos…

—Por la paz, para que los gobernantes de las naciones eviten todo lo que pueda poner en peligro la paz del mundo, y todos los pueblos puedan alcanzarla real y definitivamente, oremos…

—Por tantos hermanos que se encuentran sufriendo, para que tu Palabra fortalezca sus espíritus y por nuestra ayuda fraterna, renazca en ellos la esperanza, oremos…

—Por toda nuestra comunidad, para que, en medio de las dificultades, vivamos conscientes que nada tiene poder para apartarnos de tu amor manifestado en tu Hijo, y que todo lo demás se nos dará por añadidura, oremos…

CELEBRANTE:

Padre de las misericordias, escucha las oraciones de tu Iglesia y concédenos el que siempre, y por sobre todas las cosas, busquemos en tu Hijo el único alimento para la vida eterna. Te lo pedimos por Él, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.

—PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS:

Sintiéndonos pobres y necesitados ante Dios, le ofrecemos ahora nuestro compromiso a buscar sólo en Él, el alimento para nuestra vida cristiana.

Al término del “Lavatorio de Manos” y cuando el celebrante vuelve al centro del altar y antes de la oración siguiente, se hace poner de pie a la asamblea

—DIÁLOGO DEL PREFACIO: Al iniciarse el Prefacio (antes de “El Señor esté con vosotros”)

Unidos en la misma fe, demos gracias al único Señor, nuestro Dios, que nos ama profundamente y nos da a su Hijo como Pan de Vida.

COMUNIÓN:

Habiendo sido alimentados con la Palabra, dispongámonos a participar del Cuerpo de Jesús, recordando sus palabras: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed”.

Cantamos…

COMUNIÓN ESPIRITUAL:
Al término de la distribución de la comunión.

Hermanos:
Todos aquellos que no han podido acercarse a recibir a Jesús Sacramentado,
pueden hacer la Comunión Espiritual rezando la siguiente oración:

Creo Señor mío que estás realmente presente
en el Santísimo Sacramento del altar.
Te amo sobre todas las cosas y deseo
ardientemente recibirte dentro de mi alma;
pero, no pudiendo hacerlo  ahora sacramentalmente,
ven al menos espiritualmente a mi corazón.
Y como si te hubiese recibido, me abrazo
y me uno todo a Ti;
Oh Señor, no permitas que me separe de Ti.
Amén.

DESPEDIDA:

Toda Eucaristía debe significar para nuestra vida diaria, el compromiso de aplicarla, de vivirla. Al retirarnos es bueno que llevemos a nuestros hogares una profunda reflexión: ¿en verdad, en nuestras vidas, es el Señor el que da sentido a todas las cosas?

Nos despedimos cantando…

La misa del domingo

Una casa de Dios es el estómago vacío del pobre, y quien lo llena, llena también la voluntad de Dios (Friedrich Ruckert)

2 de agosto. DOMINGO XVIII DEL TO

Mt 14, 13-21

Jesús les respondió: No hace falta que se vayan, dadles vosotros de comer

Los discípulos no se acordaban ya, de las obras de misericordia, que Jesús había predicado no hacía mucho en el Montaña de las Bienaventuranzas

“Dad de comer al hambriento”.

Como tampoco se acordaron de que se había subido a una montaña para que todo el mundo lo escuchara, y el viento, que soplaba entonces fuerte desde los cuatro puntos cardinales, llevaría sus palabras cuanto más lejos mejor.

Este maravilloso compartir, es lo que hemos llamado la multiplicación de los panes en los cuatro evangelios, y en Marcos y Mateo por duplicado.

Dios es el dador por antonomasia, se repite en los Salmos 104, 27, 136, 25, y 145, 15, que ahora da en abundancia por medio de su enviado, siendo la generosidad parte de su reinado.

Jesús, que se ha negado al milagro fácil para satisfacer su hambre en el desierto, porque vive de la Palabra de Dios, re-parte ahora esa palabra al pueblo y recurre al milagro para darles también el pan.

Un simbolismo que está sustentado en la realidad, pues una palabra que no lleve a dar también pan al hambriento, no es Palabra de Dios.

La tradición, apoyada en la fórmula en la fórmula: “tomó los cinco panes…, alzó la vista del cielo, dio gracias, partió el pan y se lo dio a sus discípulos”, ha visto en este milagro la anticipación de la Eucaristía.

Un pan que nos congrega en una misma mesa, no puede separarse del pan debido en justicia al pobre y necesitado. Un pan lleva al otro, y ambos hacen de la Eucaristía el alimento de vida eterna, que hace presente entre nosotros, aquí y ahora, el reinado de Dios.

En Mateo 14, 16, Jesús les respondió: No hace falta que se vayan, dadles vosotros de comer.

Les dieron, y todavía sobró bastante.

“Antes de dar al pueblo sacerdotes, soledad y maestros, sería oportuno saber si por ventura no se está muriendo de hambre”, decía Tolstoi en una de sus novelas.

Friderich Rückert decía, que  una casa de Dios es el estómago vacío del pobre, y quien lo llena, llena también la voluntad de Dios”

Un poeta y dramaturgo español, Miguel Hernández, nacido en Orihuela, lo cantó en este poema:

JORNALEROS

Jornaleros que habéis cobrado en plomo, 
sufrimientos, trabajos y dineros.

Cuerpos de sometido y alto lomo:
jornaleros.

Españoles que España habéis ganado 
labrándola entre lluvias y entre soles, 
Rabadanes del hambre y del arado: 
españoles.

Esta España, que nunca satisfecha 
de malograr la flor de la cizaña,
de una cosecha pasa a otra cosecha
esta España

Vicente Martínez

¡Hay que tener hambre…!

Para creer en ti
hay que tener hambre,
pues vives en el pan tierno
que se rompe y comparte
en cualquier casa, mesa y cruce,
entre hermanos, desconocidos y caminantes.

Para creer en ti
hay que tener hambre,
pues tú eres banquete de pobres,
botín de mendigos
que, vacíos, sin campos ni graneros,
descubren que son ricos.

Para creer en ti
hay que tener hambre,
hambre de vida y justicia
que no queda satisfecha
con vanas, huecas palabras,
pues aunque nos sorprendan y capten,
no nos alimentan ni satisfacen.

Para creer en ti
hay que tener hambre,
pues sin ella olvidamos fácilmente
a los dos tercios que la tienen,
entre los que tú andas perdido
porque son los que más te atraen.

Para creer en ti
hay que tener hambre,
y mantener despierto el deseo
de otro pan diferente al que nos venden
en mercados, plazas y encuentros
donde todo se compra y vende.

Para creer en ti
hay que tener hambre
y, a veces, atragantarse al oírte
para descubrir la novedad
de tu presencia y mensaje
en este mundo sin ilusiones.

Para creer en ti
hay que encarnarse,
vivir entre los pobres,
tener muchas ganas  de compartir
los cinco panes y dos peces
y todas las ilusiones y necesidades.

Florentino Ulibarri

Comentario al evangelio – Viernes XVII de Tiempo Ordinario

Un filósofo definía la pregunta como la piedad del pensamiento. Quizá nos da cierto corte preguntar, porque al hacerlo exponemos nuestra ignorancia y se puede empañar la imagen que queremos que los demás tengan de nosotros. El acto de preguntar es una forma de pedir; en ese sentido, es ocasión para ejercitar la humildad, la confianza en el otro, y a la vez para dar curso al deseo (en  el caso presente, al deseo de saber). Sentimos que toda verdad, por pequeña que sea, es, en cierto modo, una revelación, y esta reclama que nos dispongamos a recibirla con una actitud de escucha acogedora.

No todas las preguntas cumplen la definición citada; unas, por nacer de una curiosidad malsana; otras, por ser solo actos de cortesía que encubren una actitud de indiferencia; otras, por ser puramente retóricas y ocultar una posición inamovible. De hecho, las que salían a borbotones de los vecinos de Nazaret no eran un ejercicio de esa piedad; no revelaban apertura, receptividad, búsqueda, sino desconfianza e incredulidad.

Ellos conocían los orígenes y el parentesco de Jesús que registraba el libro de nacimientos; pero ignoraban otro parentesco más hondo, más radical, y no se mostraron mayormente abiertos a conocerlo. Creían haber despejado por completo la incógnita de Jesús, pero la verdad es que no avanzaron un paso para conocer su altura, su anchura, su largura, su profundidad. No acogieron los signos que daba de esa verdad, revelada por el evangelista en la confesión de Pedro: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo».

Hoy somos invitados a ejercitar la piedad del pensamiento, y esto reduplicativamente, por tratarse, no de cualquier verdad, sino de la que se escribe con mayúscula, de la que revela el Padre que está en el cielo. Hoy, también, se nos invita a estar al acecho sobre nosotros para no quedarnos en una visión superficial de los demás, ajena a su verdad, a sus dones, a su misión.

Pablo Largo