Comentario Domingo XIV de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Queremos, Señor Jesús, escucharte en tu Palabra.

Y escuchándola, sintonizar con tu corazón de Hijo confiado en el Padre del cielo, aprender a orar Contigo, a esperar con paciencia activa, a amar y a perdonar sin cansarnos.

Saber una y otra vez cuánto te importa cada hombre y cada mujer, cuánto te interesa nuestra propia paz y felicidad.

Enséñanos, Jesús, Señor y Hermano nuestro, a conocerte a través de tu evangelio. ASI SEA.

 

Mt 11, 25-30

«25En aquel tiempo, respondiendo, Jesús dijo: “Te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios y entendidos, y las has revelado a pequeños. 26Sí Padre, porque así ha sido tu complacencia.

27Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce nadie, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

28Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. 29Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de mí, porque soy manso y humilde de corazón y encontraréis descanso para vuestras vidas. 30Porque mi yugo es llevadero y mi carga es ligera”».

PALABRA DE DIOS

 

CONTEXTO

Hasta el capítulo 11 el evangelio de Mateo presenta el proyecto evangelizador de Jesús. Desde 4,17, momento en que comienza su misión pública, el proyecto evangelizador se basa en la proclamación del evangelio mediante la enseñanza (cap. 5-7) y las curaciones (cap. 8-9) y culmina en el envío de los discípulos (cap. 10) que había elegido (4,18-22). Pues bien, a partir del capítulo 11 comienzan las reacciones a dicho proyecto de Jesús. Son siempre reacciones más o menos negativas, que ponen en duda o rechazan el programa de Jesús. Comienza con Juan Bautista (11,2-15), sigue con la generación presente (11,16-19) y termina con las ciudades “impenitentes” (11,20-24). Pero, frente a las dudas o el rechazo, el capítulo 11 termina con el texto que hoy contemplamos, reafirmando la identidad de Jesús como Hijo enviado del Padre y la validez de su proyecto. El capítulo 12 continuará con las reacciones, en este caso de los fariseos, empeñados en no querer reconocer ni aceptar la misión de Jesús ni su persona (12,1-14).

 

TEXTO

El evangelio de hoy está formado por dos breves perícopas, la primera centrada en el Padre (5 veces “Padre” + “Señor”) y la segunda, centrada en Jesús (5 veces “mi” + “yo”). La primera perícopa (vv. 25-27) es una oración de acción de gracias en la que Jesús hace descansar en la complacencia del Padre las cosas que le están sucediendo: que los sabios y entendidos le rechazan pero es acogido por los pequeños (= “la gente de la tierra”). Jesús se autoproclama revestido de toda autoridad (cf. 28,18) y único mediador para revelar a Dios Padre. Es el Padre el que permite que las cosas sucedan como suceden; es el Padre el que otorga todo a su Hijo; es el Padre el que lo conoce y permite que lo pueda revelar. Todo permanece en la órbita del Padre, fuente de todo para Jesús. En cambio, la segunda perícopa (vv. 28-30) se centra en Jesús y en su proyecto (= “Yugo”). Jesús, manso y humilde corazón, se nos ofrece como nuestro “descanso”, un término que evoca la paz interior, la armonía vital, la serenidad para afrontar las dificultades de la vida.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• En un momento de dificultades en la misión de Jesús, este se dirige al Padre con una acción de gracias. No deja de ser paradójico y nos espolea para que nuestra confianza en Dios no decaiga a pesar de los problemas con que nos encontremos. Esa confianza tan tenaz está basada en el “conocer”, utilizado en su sentido semítico de “estar en relación con”. Solo una vida “habitada” por Dios es capaz de mantenerse en pie cuando llegan las dudas, la oposición o el rechazo. El “conocer” está relacionado con el “revelar”. Jesús nos revela, nos hace conocer, nos pone en relación profunda con Dios.

• Uno de los pocos textos en los que se habla del interior de Jesús: es manso y humilde de corazón. No son, pues, valores o virtudes sin más: son las que caracterizan a Jesús y deben caracterizar a sus seguidores.

• La invitación de Jesús (“venid a mí”) promete descanso, esa paz y serenidad que proceden de una correcta relación con Dios. La experiencia de Dios trae serenidad y armonía a la vida personal y comunitaria, y una medida para saber si nuestra experiencia de Dios es la correcta radica precisamente en la paz y armonía con que vivimos. La “carga” de Jesús es ligera: el proyecto de Jesús y su empeño por el Reino no conlleva “líos y agobios” sino plenitud de ser.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?