Vísperas – Santo Tomás

VÍSPERAS

SANTO TOMÁS, Apóstol

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Benditos son los pies de los que llegan
para anunciar la paz que el mundo espera,
apóstoles de Dios que Cristo envía,
voceros de su voz, grito del Verbo.

De pie en la encrucijada del camino
del hombre peregrino y de los pueblos,
es el fuego de Dios el que los lleva
como cristos vivientes a su encuentro.

Abrid pueblos, la puerta a su llamada,
la verdad y el amor son don que llevan;
no temáis, pecadores, acogedlos,
el perdón y la paz serán su gesto.

Gracias, Señor, que el pan de tu palabra
nos llega por tu amor, pan verdadero,
gracias, Señor, que el pan de vida nueva
nos llega por tu amor, partido y tierno. Amén.

SALMO 115: ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO

Ant. Tomás dijo: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podremos saber el camino?». Jesús le responde; «Yo soy el camino, la verdad, y la vida.»

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tomás dijo: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podremos saber el camino?». Jesús le responde; «Yo soy el camino, la verdad, y la vida.»

SALMO 125

Ant. Tomás, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» Aleluya.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
´»el Señor ha estado grande con ellos».
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tomás, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» Aleluya.

CÁNTICO de EFESIOS

Ant. Mete tu mano y mira el agujero de los clavos y no seas incrédulo, sino creyente. Aleluya.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Este es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Mete tu mano y mira el agujero de los clavos y no seas incrédulo, sino creyente. Aleluya.

LECTURA: Ef 4, 11-13

Cristo ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, a otros pastores y maestros, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.

RESPONSORIO BREVE

R/ Contad a los pueblos la gloria del Señor.
V/ Contad a los pueblos la gloria del Señor.

R/ Sus maravillas a todas las naciones.
V/ La gloria del Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Contad a los pueblos la gloria del Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. He metido el dedo en el agujero de los clavos, y la mano en su costado, y dije: «¡Señor mío y Dios mío!»

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. He metido el dedo en el agujero de los clavos, y la mano en su costado, y dije: «¡Señor mío y Dios mío!»

PRECES

Hermanos, edificados sobre el cimiento de los apóstoles, oremos al Padre por su pueblo santo, diciendo:

            Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.

Padre santo, que quisiste que tu Hijo, resucitado de entre los muertos, se manifestara en primer lugar a los apóstoles,
— haz que también nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo.

Padre santo, que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Noticia a los pobres,
— haz que el evangelio sea proclamado a toda la creación.

Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la palabra,
— danos también a nosotros sembrar tu semilla con nuestro trabajo, para que, alegres, demos fruto con nuestra perseverancia.

Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el mundo contigo,
— haz que también nosotros cooperemos a la reconciliación de los hombres.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que has sentado a tu Hijo a tu derecha, en el cielo,
— Admite a los difuntos en tu reino de felicidad.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, concédenos celebrar con alegría la fiesta de tu apóstol santo Tomás; que él nos ayude con su protección, para que tengamos en nosotros vida abundante por la fe en Jesucristo, tu hijo, a quien tu apóstol reconoció como su Señor y su Dios. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Santo Tomás

1) Oración inicial

Padre de bondad, que por la gracia de la adopción nos has hecho hijos de la luz; concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según san Juan 20,24-29
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.» Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros.» Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.» Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío.» Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído.»

3) Reflexión

• Hoy, en la fiesta de Santo Tomás, el evangelio nos presenta el encuentro de Jesús resucitado con el apóstol Tomás, que quería ver para poder creer. Por esto muchos lo llaman Tomás, el incrédulo. En realidad, el mensaje de este evangelio es bien diferente. Es mucho más profundo y actual.

• Juan 20,24-25: La duda de Tomás. Tomás, uno de los doce, no estaba presente cuando Jesús aparece a los discípulos la semana anterior. Tomás no cree en el testimonio de los demás que decían: “Hemos visto al Señor”. Pone condiciones: ««Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.”. Tomás es exigente. Quiere ver para creer. No quiere un milagro para poder creer. ¡No! Quiere ver las señales en las manos, en los pies y en el costado. No cree en un Jesús glorioso, desligado del Jesús humano que sufre en la cruz. Cuando Juan escribe, al final del siglo primero, había personas que no aceptaban la venida del Hijo de Dios en la carne (2 Jn 7; 1Jn 4,2-3). Eran los gnósticos que despreciaban la materia y el cuerpo. Y para criticar a los gnósticos, el evangelio de Juan habla de la preocupación de Tomás que quiere “ver para creer”. La duda de Tomás deja transparentar también lo difícil que era creer en la resurrección.

• Juan 20,26-27: No seas incrédulo, sino creyente. El texto dice “seis días después”. Esto significa que Tomás fue capaz de sostener su opinión durante una entera semana, contra el testimonio de los otros apóstoles. ¡Vaya tozudez! ¡Gracias a Dios, para nosotros! Y así, seis días después, durante la reunión de la comunidad, ellos tuvieron de nuevo una profunda experiencia de la presencia de Jesús resucitado en medio de ellos. Las puertas cerradas no pudieron impedir que El estuviera en medio de los que creían en El. Hoy pasa lo mismo. Cuando estamos reunidos, aunque tengamos las puertas cerradas, Jesús está en medio de nosotros. Y hasta hoy, la primera palabra de Jesús, es y será siempre: “¡La Paz esté con vosotros!» Lo que llama la atención es la bondad de Jesús. No critica, ni juzga la incredulidad de Tomás, sino que acepta el reto y dice: “Tomás, ¡ven, pon tu dedo en mis heridas!». Jesús confirma la convicción de Tomás y de las comunidades, a saber: el resucitado glorioso es ¡el crucificado torturado! El Jesús que está en la comunidad, no es un Jesús glorioso que no tiene nada en común con nuestra vida de gente normal. Es el mismo Jesús que vivió en esta tierra y que tiene en el cuerpo las señales de su pasión. Las señales de su pasión están hoy en el sufrimiento de la gente, en el hambre, en las señales de tortura, de injusticia. Y en las personas que reaccionan, que luchan por la vida y no se dejan abatir, Jesús resucita y se hace presente en medio de nosotros. Y ¡Tomás cree en este Cristo, y nosotros también!

• Juan 20,28-29: Felices los que no vieron y creyeron. Con él decimos: «¡Señor mío y Dios mío!» Esta entrega de Tomás es la actitud ideal de la fe. Y Jesús completa con el mensaje final: «Has creído porque has visto. ¡Dichosos los que no han visto y han creído ¡» Con esta frase, Jesús declara felices todos los que estamos en esta condición: sin haber visto, creemos que el Jesús que está en medio de nosotros, es el mismo Jesús que ¡murió crucificado!

El envío: «¡Como el Padre me ha enviado, yo también os envío!» De este Jesús, crucificado y resucitado, recibimos la misión, la misma que él recibió de su Padre (Jn 20,21). Aquí, en la segunda aparición, Jesús repite: «La paz sea con vosotros.” Esta repetición acentúa la importancia de la Paz. Construir la paz forma parte de la misión. Paz, significa mucho más que la ausencia de guerra. Significa construir una convivencia humana armoniosa, en la que las personas puedan ser ellas mismas, teniendo todas lo necesario para vivir, conviviendo felices y en paz. Fue ésta la misión de Jesús, y es también nuestra misión. Jesús sufrió y dijo:”Recibid al Espíritu Santo” (Jn 20,22). Solamente con la ayuda del Espíritu de Jesús, seremos capaces de realizar la misión que El nos dio. Enseguida Jesús comunicó el poder de perdonar los pecados: «A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.» El punto central de la misión de paz está en la reconciliación, en el intento de superar las barreras que nos separan. Este poder de reconciliar y de perdonar es dado a la comunidad (Jn 20,23; Mt 18,18). En el evangelio de Mateo es dado también a Pedro (Mt 16,19). Aquí se percibe que una comunidad sin perdón ni reconciliación no es una comunidad cristiana. Dicho con una palabra, nuestra misión es crear comunidad a ejemplo de la comunidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

4) Para la reflexión personal

• En la sociedad de hoy, las divergencias y tensiones de raza, clase, religión, género y cultura son enormes y crecen cada día. ¿Cómo realizar hoy la misión de reconciliación?
• En tu familia y en tu comunidad, ¿hay algún grano de mostaza que apunta hacia una sociedad reconciliadora?

5) Oración final

¡Alabad a Yahvé, todas las naciones,
ensalzadlo, pueblos todos!
Pues sólido es su amor hacia nosotros,
la lealtad de Yahvé dura para siempre. (Sal 117)

Comentario – Santo Tomás

Tomás el Mellizo es el apóstol que días antes de la Pasión del Señor había dado muestras notables de audacia y valentía, invitando a sus compañeros a compartir la suerte de su maestro, cuando éste había manifestado su intención de marchar a Jerusalén, la ciudad que mata a los profetas: Vamos también nosotros y muramos con él. Ahora, sin embargo, Tomás se resiste a creer en el testimonio de los demás discípulos, aun siendo éste un testimonio unánime, colectivo y sin fisuras: Hemos visto al Señor –le dicen-.

Pero Tomás necesita mucho más que un simple testimonio para creer en un suceso como el que se le anuncia: la vuelta a la vida de un muerto. Tomás necesita ver por sí mismo, más aún, necesita tocar. Era la necesidad de acumular testigos sensoriales. El tacto vendría en auxilio de la vista, aportándole una firmeza mayor. Y es que la experiencia de la muerte es tan imponente que no parece dejar espacio al resurgir de la vida. Nosotros mismos manifestamos muchas veces nuestras dudas al respecto. La muerte se nos impone con tal fuerza que nos parece imposible poder escapar de ella una vez apresados. Las resistencias de Tomás, por tanto, no nos son extrañas, ni ajenas; al contrario, nos parecen muy razonables y justificadas. Se le pide un acto de fe en algo que desafía a la experiencia de desintegración de todo organismo corporal; se le pide un acto de fe que va a condicionar enteramente su vida.

Y Jesús, que comprende la resistencia de Tomás –hombre orgulloso y consciente de su propia dignidad-, condesciende con sus exigencias, se doblega a sus condiciones (si no veo… si no meto) y le dice: Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. La respuesta del incrédulo es significativa: Señor mío y Dios mío. Ante la actitud de Jesús, Tomás ha quedado desarmado y sin recursos. No le queda sino arrodillarse y hacer una solemne profesión de fe: tan sincera como clamorosa, tan contundente como hermosa. Tomás confiesa al Aparecido que le muestra las señales de la crucifixión su Señor y su Dios, que es mucho más que reconocerle Resucitado, vivo, tras haber pasado por la muerte. Pero el que tiene poder sobre la muerte ha de ser necesariamente su Señor y su Dios, pues no hay nada más poderoso que la muerte en este mundo. Por tanto, el que es capaz de escapar definitivamente de la muerte tiene que ser más poderoso que ella; ha de ser su Señor.

Y no seas incrédulo, sino creyente. La recomendación de Jesús a Tomás vale para todos nosotros. Tomás creyó después de haber visto y tocado un cuerpo vivo que antes estuvo muerto y sepultado; creyó en la vida resucitada, porque la palpó allí donde antes sólo había muerte; creyó en el poder de Dios porque pudo ver sus efectos saludables en el cuerpo cadavérico de un difunto. Pues bien, este incrédulo que había transitado hacia la fe por razón de lo que se le permitió ver y tocar, pudo oír de labios del Resucitado: Dichosos los que crean sin haber vistoDichosos, porque la fe es posesión (aunque en esperanza) y, por tanto, dicha; y dichosos porque no han necesitado pruebas como las exigidas por Tomás, que revelan siempre el sufrimiento o la tortura interior del desconfiado (porque no se fía del testimonio de otros), del decepcionado (de la vida, de la Iglesia, de la política, de la fe que tuvo y ya no tiene, etc.), del incrédulo. Y el incrédulo suele ser alguien que no cree, pero que desearía creer, que desearía creer que hay Dios, y que es providente, bueno y poderoso, más poderoso que todos esos poderes que amenazan al hombre; lo desearía, pero no encuentra razones suficientes para ello.

Jesús declara dichosos a los que sí han encontrado tales razones, o a los que no necesitan más pruebas, porque les basta con las que les han ofrecido; a los que no piden más signos, porque los signos que les han sido dados son suficientes. No es que tengamos que ser crédulos o ingenuos, aceptando cualquier testimonio llegado de fuera; hay que sopesar las razones; hay que valorar los motivos de credibilidad; pero, una vez hechas estas valoraciones, hemos de ser generosos y dar el salto de la fe, que es confianza en el testimonio revelado y abandono en Dios, sin garantías absolutas, sin exigencias desmedidas, sin pretensiones imposibles, con esa humildad que es simplemente conciencia de nuestra condición terrena y creatural, de nuestra pequeñez en la inmensidad del universo. Sólo así, fundados en la fe, hallaremos la paz y la alegría; y eso nos permitirá vivir con una confianza radical en lo que nos rodea y nos funda, en la bondad de las cosas, en el amor que da origen a la vida, en la vida que vence a la muerte, en la presencia de aquel que encarna el amor y la vida, el Cristo encarnado y glorioso.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos «Apostolorum Successores»

114. Las asociaciones laicales.

“La nueva época asociativa de los fieles laicos”(342) que hoy se registra, sobre todo gracias al fenómeno de los movimientos eclesiales y de las nuevas comunidades, es motivo de gratitud a la providencia de Dios, que no cesa de llevar a los propios hijos a un creciente y siempre actual empeño en la misión de la Iglesia. El Obispo, reconociendo el derecho de asociación de los fieles, en cuanto fundado en la naturaleza humana y en la condición bautismal del fiel cristiano, anime con espíritu paterno el desarrollo asociativo acogiendo con cordialidad los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades, para dar vigor a la vida cristiana y a la evangelización. El Obispo ofrezca el servicio de su paterno acompañamiento a las nuevas realidades asociativas de los fieles laicos, para que se inserten con humildad en la vida de las Iglesias locales y en sus estructuras diocesanas y parroquiales; vigile además para que sean aprobados sus estatutos como signo del reconocimiento eclesial de las realidades asociativas laicales,(343) y para que las diferentes obras de apostolado asociativo presentes en la diócesis sean coordinadas bajo la propia dirección, de manera adecuada en cada caso.(344)

El estrecho contacto con los dirigentes de cada agregación laical ofrecerá al Obispo la ocasión de conocer y comprender su espíritu y objetivos. Como padre de la familia diocesana, promoverá relaciones de cordial colaboración entre los diversos movimientos asociativos laicales, evitando divergencias o sospechas que a veces podrían darse.(345)


342 Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Christifideles laici, 29.

343 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decreto Apostolicam Actuositatem, 18 y 19; Codex Iuris Canonici, cans. 215; 299 § 3; 305 y 314; Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Christifideles laici, 29 y 31; Carta Encíclica Redemptoris Missio, 72.

344 Cf. Codex Iuris Canonici, can. 394 § 1.

345 Cf. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Christifideles laici, 31.

El Obispo es consciente de que el juicio sobre la autenticidad de particulares carismas laicales y sobre su ejercicio armónico en la comunidad eclesial, compete a los Pastores de la Iglesia, a los que corresponde “no extinguir el Espíritu, sino examinar todo y quedarse con lo bueno” (1 Ts 5, 12.19-21).(346) El Obispo tenga presente el reconocimiento o la erección de asociaciones internacionales por parte de la Santa Sede para la Iglesia universal.

346 Sobre los criterios de eclesialidad para garantizar la autenticidad de los nuevos carismas y el recto ejercicio del derecho de asociación en la Iglesia, cf. Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dogmática Lumen Gentium, 12 y Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Christifideles laici, 30.

La misa del domingo: misa con niños

DOMINGO XIV TIEMPO ORDINARIO

 

SALUDO

Dios nuestro Padre, que en Jesús nos llena de alivio y de consuelo, y la fuerza de su Espíritu que nos ayuda a trabajar buscando su Reino, estén con todos nosotros.

ENTRADA

La propuesta de Jesús siempre nos desmonta las seguridades humanas, y nos deja desnudos en medio de la sociedad en que vivimos, cuyo mensaje en bien poco se parece al de Jesús. Lo de Jesús es una llamada a la vida plena, a la pobre­za, la mansedumbre y la humildad. Pero, ¿cómo anunciar hoy que la Fuerza está en la debilidad? ¿Se cree alguien este mensaje?, es más ¿lo creemos nosotros mis­mos? Muchas veces parece que no, y que los cristianos y la Iglesia nos apunta­mos los primeros al prestigio, al reconocimiento social, al poder. Y mientras tanto los elegidos del Padre, los humildes, los pequeños, los pobres…, malviven dentro de los círculos del abandono y la pobreza. Sin embargo, una y otra vez, llega a nosotros el Mensaje de Jesús, destinado a todos, a llegar «hasta los confines de la tierra», porque Su Amor no tiene límite.

Que el Espíritu Santo habite en nosotros, vivifique nuestro ser y actuar y nos haga mejores seguidores de Aquel que, para mostrar la fuerza del amor, acep­tó incluso la Cruz.

ACTO PENITENCIAL

Al comienzo de la celebración reconocemos todo lo que hacemos mal y pedi­mos al Señor su perdón:

  • Llamados a crear fraternidad y paz, vivimos encerrados en nosotros mismos, recelando de quienes piensan diferente. SEÑOR, TEN PIEDAD.
  • Llamados a vivir con el Espíritu, confiamos más en nuestras fuerzas, planes y logros. CRISTO, TEN PIEDAD.
  • Llamados a vivir en sencillez y en pobreza, pactamos con los grandes y con la injusticia. SEÑOR, TEN PIEDAD.

Oración: En tu bondad, Señor, perdónanos y danos tu gracia. Por Jesucristo nues­tro Señor.

ORACIÓN COLECTA

Dios y Padre nuestro, que nos llamas a vivir confiando en tu Amor y a llevar tu mensaje salvador a todas las personas; al celebrar esta Eucaristía te pedimos que nos ayudes a acoger tu Espíritu y a vivir implicados en la lle­gada de tu Reino. Por nuestro Señor Jesucristo.

LECTURA PROFÉTICA

La voz del profeta, la voz del mismo Dios, es una llamada continua a la ale­aría, a la fiesta, al gozo. «Alégrttc, hija de Síón; canta, hija de Jcrusalén», porque el rey de Israel, pese a toda apariencia, tiene su fuerza en la humildad y en cl ser­vicio. Un rey que trae la par a todas las naciones, cuyo dominio se extiende «de mar a mar».

 

LECTURA APOSTÓLICA

Estamos invitados a vivir en Dios, en el Espíritu. No como una imposición, sino como fruto del Amor del Padre que quiere que todos tengamos vida plena y feliz. Para vivir en esta dinámica de Amor tan sólo se nos pide. estar abiertos al Espíritu, que nos da Vida.

LECTURA EVANGÉLICA

Jesús da gracias a Dios Padre. La acción de gracias tiene en su base cl reve­lar las cosas importantes a los pequeños, a los que presumiblemente son incapa­ces de comprender: ¡por fin, un Dios que hace protagonistas a quienes nunca lo son!.

ORACIÓN DE LOS FIELES

Presentemos nuestras plegarias al Padre, por toda la Iglesia, por toda la humanidad, y por nosotros mismos. Oremos diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE.

  1. Por la Iglesia, llamada a mostrar la paz y la bondad de Dios a todos los hombres y mujeres de la tierra. OREMOS:
  2. Por las vocaciones al presbiterado, al diaconado, a la vida religiosa y a la vida monástica. OREMOS:
  3. Por los que están de vacaciones, y por todos aquellos que quisieran hacer vacaciones y no pueden. OREMOS:
  4. Por los enfermos. OREMOS:
  5. Por los que están pasando por momentos difíciles en su vida. OREMOS:
  6. Por nosotros, y por nuestros familiares y amigos. OREMOS:

Escucha, Padre, nuestras plegarias. Jesús, tu Hijo nos ha mostrado tu gran amor. Derrama ese amor sobre nosotros, sobre la Iglesia, sobre el mundo entero. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Padre, estos dones que te presentamos; que ellos se conviertan para nosotros en alimento de vida, que nos animen a trabajar cada día por conseguir que tu Reino esté cada vez más presente entre nosotros. Por Jesucristo.

PREFACIO

En verdad es justo y necesario reconocerte como nuestro Padre. Tu Reino, tu entrega sin condiciones en Jesús, van siempre por delante, invitándonos a una vida nueva, según el Espíritu, que nos haga cada vez más humanos y más hermanos.

Tú nos enseñas que vivir según tu Reino está reservado a los sencillos de corazón, y que en Ti podemos encontrar descanso y alivio. Confiando en tu pala­bra, que nunca falla, te queremos reconocer como quien de verdad eres, diciendo: Santo, Santo, Santo…

ORACION DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Te damos gracias, Señor, porque nos has permitido celebrar junto a Ti y a los hermanos esta fiesta de la Eucaristía; haz que sepamos corresponder a tu Amor con el nuestro, y con la vida puesta al servicio de quienes más lo necesitan. Por Jesucristo.

DESPEDIDA

El reto de Jesús es claro e inequívoco: perder la vida o ganarla; y tener mucho cuidado que es fácil equivocarse. Leamos cualquier periódico, el de hoy mismo, y veamos cuanta gente, pretendiendo alcanzar la vida, hayan la muerte: drogas, asesinatos,. robos, interminables horas perdidas, desazón, infelicidad, angustia, amargura… Hay que pedirle a Dios que nos permita descubrir que sólo Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Y seguir luego por ese camino, dando testimonio de nuestro decubrimiento y ayudando a los hombres a que encuentren todos la verdadera vida, no la muerte.

La misa del domingo

Domingo XIV del Tiempo Ordinario
5 de julio de 2020
“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré”

Unas palabras, éstas de Jesús, muy apropiadas para este tiempo de vacaciones.

Las personas somos algo mucho más importante que nuestro trabajo, que nuestra profesión y que nuestro cargo. Somos seres humanos hechos para vivir, amar, reír, ser.

Por eso, en contra de lo que muchos puedan pensar, “descansar” no es tan fácil. Porque no es disfrutar o pasarlo bien dando rienda suelta al consumo, ni hacer vacaciones para alardear o alimentar la propia vanidad.

En cristiano, descansar es reconciliarse con la vida. Es disfrutar de manera sencilla, cordial y entrañable del regalo de la existencia. Es hacer la paz en nuestro corazón. Es limpiar nuestra alma. Es reencontrarnos con lo mejor de nosotros mismos.

Ahora que estamos precisamente en tiempo de verano y vacación, es un buen momento para poner en práctica todo ello.

Por eso, no hay que recorrer largas distancias, ni hacer viajes exóticos, ni aguantar largas caravanas para ir a encontrar descanso. Basta recorrer la distancia que nos lleva a encontrar la paz en nuestro corazón. Si no hallamos la paz ni el sosiego dentro de nosotros mismos, en nuestro interior, es inútil buscarla en ninguna parte del mundo.

Necesitamos salir al aire libre y encontrarnos con la naturaleza, con la belleza de la creación, sí. Pero necesitamos también, y sobre todo, salir de nuestros egoísmos y ruindades, y abrirnos a la vida y a los demás. Descansar, vacacionar, es descubrir que uno está vivo, que puede mirar con ojos más limpios y desinteresados a la gente, que es capaz de disfrutar de las cosas pequeñas y sencillas, que hasta se puede tomar uno tiempo para ser feliz sin necesidad de abrir la cartera o sacar la tarjeta.

Pero sólo descansamos, vacacionamos, cuando liberamos nuestro corazón de prisas, de agobios, de tantas y tantas complicaciones absurdas que nos creamos personalmente sin necesidad alguna. No basta librarnos de la asfixia que el nerviosismo, el ruido, la prisa o el trabajo producen en nosotros. No se puede descansar cuando la insatisfacción, la tristeza, el miedo, el remordimiento o la culpabilidad nos atenazan.

¿Cómo transformar todo esto en paz?

Los creyentes sabemos que si acogemos a Dios en nuestra vida, no como un ser lejano e impersonal sino como un amigo querido y cercano, se convierte en camino de pacificación, iluminación interior, unificación de todo nuestro ser, perdón y liberación de nuestras contradicciones, errores y pecados.

Acertar a abrirnos a Dios es encontrar descanso verdadero. Ojalá, al organizar nuestras vacaciones, sepamos escuchar en las palabras de Jesús la llamada de ese Dios amigo: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré».

Agustín Fernández, sdb

Descansar en Ti

Descansar en Ti,
a la sombra,
junto al arroyo,
sintiendo la brisa
y con la cabeza en tu hombro.

Descansar en Ti,
sin temores,
sin nostalgias,
sin sucedáneos,
sin ansias, enamorado.

Descansar en Ti,
gozando el momento,
libre de atillos y cargas,
sin prisas para nada
y soñando esperanzas.

Descansar en Ti,
serenamente,
ahora y a cualquier hora,
hasta habituarme
al gozo y a la gracia que me donas.

¡Descansar en Ti
después del éxito
o del fracaso
y compartir gratuitamente
tus más íntimas emociones!

Descansar en Ti,
y darte gracias,
con palabras o sin ellas,
por tu presencia solidaria
en la gente sencilla y llana.

¡Descansar en Ti!

Florentino Ulibarri

Comentario al evangelio – Santo Tomás

      Celebramos la fiesta de santo Tomás. Fue uno de los doce apóstoles elegidos por Jesús. Según la tradición terminó llevando la buena nueva de Jesús hasta la lejana India. En el Evangelio figura como el hombre de la poca fe, que no se fía de lo que le dicen los demás apóstoles. Él tiene que ver y tocar para creer. 

      ¿Han pensado ustedes que la mayoría de los 12 apóstoles permanecen casi en el anonimato? Se sabe poquísimo de ellos. Casi se podría decir que son personajes secundarios en los relatos de los Evangelios. Como los actores secundarios de las películas que apenas sirven para hacer bulto en las escenas y que no tienen más que una frase o dos en dos horas de película. Y a veces no son siquiera frases o actuaciones que nos hablen de lo buenos que eran o de las cualidades que tenían sino más bien lo contrario. 

      Pero están ahí. Y su presencia nos dice algo. Lo primero de todo, me recuerda que Jesús no elige a los mejores sino a los que quiere. Me recuerda aquello de Pablo de que “llevamos nuestro tesoro en vasijas de barro” (2 Co 4,7). Lo importante es el mensaje no el mensajero. No conviene que el mensajero se ponga en el centro sino que anuncie el mensaje. ¿Quién mejor para anunciar el mensaje sino personas normales, con sus defectos y limitaciones, tan necesitadas como cualquier otra persona de la misericordia y compasión de Dios? Eso son los apóstoles: personas normales, gente sencilla y pobre, sin demasiados estudios. Pero experimentaron en Jesús la presencia del Dios de Amor, de la Vida, y de eso dieron testimonio. 

      En segundo lugar, los apóstoles nos recuerdan que todo en la vida necesita tiempo. No fue un proceso automático el convertirse en testigos. Necesitaron mucho tiempo con Jesús para entender un poco quién era. Algunos de ellos, como es el caso de Tomás, incluso después de la resurrección seguían con sus dudas, sin ver claro. Nosotros también necesitamos tiempo. No podemos pretender ser santos al primero golpe. A lo largo de nuestra vida vamos a meter la pata, a veces gravemente, varias o muchas veces. Eso no es ni bueno ni malo. ¡Somos así de limitados! Lo importante es mantener abierto el diálogo con Jesús y estar dispuestos a aprender de él, a dejar que nos llene con su misericordia, con su amor, con su perdón. Lo importante no es ser santo desde el mismo momento de nuestro nacimiento o de nuestro bautismo o de nuestra confirmación. Lo importante es entrar en un proceso en el que vamos dejando que Jesús nos lleve de la mano, con nuestras dudas, con nuestras limitaciones, hasta el encuentro con el Padre, que es todo Amor y Misericordia. Lo importante es dar testimonio de que ese amor puede llegar a todos, que no es exclusivo de nadie. 

      Y, en tercer lugar, se dice en la Iglesia que los obispos son sucesores de los apóstoles. Pues bien, hay que tener mucha paciencia y comprensión y tolerancia con ellos. Como los apóstoles, ellos son gente normal, con sus dudas, con sus limitaciones, con su pecado. Como los apóstoles, necesitan tiempo, están en el proceso. Caminan con nosotros. Pero eso no significa que ellos conozcan el camino mejor que nosotros. Sólo significa que el Señor les ha encomendado esa tarea. Hay que orar por ellos, tenerles mucha paciencia y comprensión y, de vez en cuando, decirles lo que pensamos sin miedo, que eso también les ayudará a ellos a ser mejores apóstoles. Como hizo Jesús con Tomás.

Fernando Torres, cmf