Vísperas – Jueves XIV de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

JUEVES XIV TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Tras el temblor opaco de las lágrimas,
no estoy yo solo.
Tras el profundo velo de mi sangre,
no estoy yo solo.

Tras la primera música del día,
no estoy yo solo.
Tras la postrera luz de las montañas,
no estoy yo solo.

Tras el estéril gozo de las horas,
no estoy yo solo.
Tras el augurio helado del espejo,
no estoy yo solo.

No estoy yo solo; me acompaña, en vela,
la pura eternidad de cuanto amo.
Vivimos junto a Dios eternamente.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.

SALMO 71: PODER REAL DEL MESÍAS

Ant. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y quebrante al explotador.

Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en edad;
que baje como lluvia sobre el césped,
como llovizna que empapa la tierra.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran río al confín de la tierra.

Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.

Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

SALMO 71

Ant. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre, rescatará sus vidas de la violencia.

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres;
él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa a sus ojos.

Que viva y que le traigan el oro de Saba;
que recen por él continuamente
y lo bendigan todo el día.

Que haya trigo abundante en los campos,
y susurre en lo alto de los montes;
que den fruto como el Líbano,
y broten las espigas como hierba del campo.

Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso;
que su gloria llene la tierra.
¡Amén, amén!

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre, rescatará sus vidas de la violencia.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

LECTURA: 1P 1, 22-23

Ahora que estáis purificados por vuestra obediencia a la verdad y habéis llegado a quereros sinceramente como hermanos, amaos unos a otros de corazón e intensamente. Mirad que habéis visto a nacer, y no de una semilla mortal, sino de una inmortal, por medio de la palabra de Dios viva y duradera.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor es mi pastor nada me falta.
V/ El Señor es mi pastor nada me falta.

R/ En verdes praderas me hace recostar.
V/ Nada me falta.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor es mi pastor nada me falta.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. A los hambrientos de justicia, el Señor los sacia y colma de bienes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. A los hambrientos de justicia, el Señor los sacia y colma de bienes.

PRECES

Elevemos nuestros corazones agradecidos a nuestro Dios y Salvador, que ha bendecido a su pueblo con toda clase de bienes espirituales, y digámosle con fe:

Bendice a tu pueblo, Señor.

Dios todopoderoso y lleno de misericordia, protege al papa y a nuestro obispo,
— a los que tú mismo has elegido para guiar a la Iglesia.

Protege, Señor, nuestros pueblos y ciudades
— y aleja de ellos todo mal.

Multiplica, como renuevos de olivo alrededor de tu mesa, hijos que se consagren a tu reino,
— siguiendo a Jesucristo en pobreza, castidad y obediencia.

Conserva el propósito de las que han consagrado a ti su virginidad,
— para que sigan al Cordero divino adondequiera que vaya.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz que los difuntos descansen en tu paz eterna
— y que se afiance nuestra unión con ellos por la comunión de los santos.

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, acudamos confiadamente a nuestro Padre:
Padre nuestro…

ORACION

Al ofrecerte, Señor, nuestra alabanza vespertina, te pedimos humildemente que, meditando tu ley día y noche, consigamos un día la luz y el premio de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Jueves XIV de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, que por medio de la humillación de tu Hijo levantaste a la humanidad caída; concede a tus fieles la verdadera alegría, para que, quienes han sido librados de la esclavitud del pecado, alcancen también la felicidad eterna. Por nuestro Señor. 

2) Lectura

Del Evangelio según Mateo 10,7-15
Yendo proclamad que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis. No os procuréis oro, ni plata, ni cobre en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento.
«En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis. Al entrar en la casa, saludadla. Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros. Y si no se os recibe ni se escuchan vuestras palabras, al salir de la casa o de la ciudad aquella sacudíos el polvo de vuestros pies. Yo os aseguro: el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad. 

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos presenta la segunda parte del envío de los discípulos. Ayer vimos la insistencia de Jesús en dirigirse primero a las ovejas perdidas de Israel. Hoy vemos las instrucciones concretas de cómo realizar la misión.
• Mateo 10,7: El objetivo de la misión: revelar la presencia del Reino. “Id y anunciad: El Reino del Cielo está cerca”. El objetivo principal es anunciar la proximidad del Reino. Aquí está la novedad traída por Jesús. Para los otros judíos faltaba mucho todavía para que el Reino llegara. Sólo llegaría cuando ellos hubieran puesto de su parte. La llegada del Reino dependía de su esfuerzo. Para los fariseos, por ejemplo, el Reino llegaría sólo cuando la observancia de la Ley iba a ser perfecta. Para los Esenios, cuando el país fuera purificado. Jesús piensa de otra forma. Tiene otra manera de leer los hechos. Dice que el plazo ya está vencido (Mc 1,15). Cuando dice que el Reino está cerca, Jesús no quiere decir que estaba llegando en aquel momento, pero sí que ya estaba allí, independientemente del esfuerzo hecho por la gente. Aquello que todos esperábamos, ya estaba presente en medio de la gente, gratuitamente, pero la gente no lo sabía y no lo percibía (cf. Lc 17,21). ¡Jesús lo percibió! Pues él mira la realidad con una mirada diferente. Y él va a revelar y a anunciar esta presencia escondida del Reino en medio de la gente a los pobres de su tierra (Lc 4,18). He aquí el grano de mostaza que recibirá la lluvia de su palabra y el calor de su amor.
• Mateo 10,8: Los signos de la presencia del Reino: acoger a los excluidos. ¿Cómo anunciar la presencia del Reino? ¿Sólo por medio de palabras y discursos? ¡No! Las señales de la presencia del Reino son ante todo gestos concretos, realizados gratuitamente: “Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis, dadlo gratis”. Esto significa que los discípulos tienen que acoger dentro de la comunidad aquellos que de la comunidad fueron excluidos. Esta práctica solidaria critica tanto la religión como la sociedad excluyente, y apunta hacia salidas concretas.
• Mateo 10,9-10: No llevar nada por el camino. Al contrario que los otros misioneros, los discípulos y las discípulas de Jesús no pueden llevar nada: “No os procuréis oro, ni plata, ni cobre en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento. Esto significa que deben confiar en la hospitalidad de la gente. Pues el discípulo que va sin nada llevando sólo la paz (Mc 10,13), muestra que confía en la gente. Cree que será acogido, que participará en la vida y en el trabajo de la gente del lugar y que va a poder sobrevivir con aquello que recibirá a cambio, pues el obrero tiene derecho a su alimento. Esto significa que los discípulos tienen que confiar en el compartir. Por medio de esta práctica critican las leyes de la exclusión y rescatan los antiguos valores de la convivencia comunitaria.
• Mateo 10,11-13: Compartir la paz en comunidad. Los discípulos no deben andar de casa en casa, sino que deben procurar ir a donde hay personas de Paz y permanecer en esta casa. Esto es, deben convivir de forma estable. Así por medio de esta nueva práctica, critican la cultura de la acumulación que marcaba la política del imperio romano y anuncian un nuevo modelo de convivencia. Del caso de haber respondido a todas estas exigencias, los discípulos podían gritar: ¡El Reino ha llegado! Anunciar el Reino no consiste, en primer lugar, en verdades y doctrinas, sino en tratar de vivir de forma nueva y fraterna, y compartir la Buena Nueva que Jesús nos trajo: Dios es Padre, y nosotros somos todos hermanos y hermanas.
• Mateo 10,14-15: La severidad de la amenaza. ¿Cómo entender esta amenaza tan severa? Jesús nos vino a traer una cosa totalmente nueva. Vino a rescatar unos valores comunitarios del pasado: la hospitalidad, el compartir, la comunión alrededor de la mesa, la acogida de los excluidos. Esto explica la severidad contra los que rechazaban el mensaje. Pues no rechazaban algo nuevo, sino su propio pasado, su propia cultura y sabiduría. La pedagogía tiene como objetivo desenterrar la memoria, rescatar la sabiduría de la gente, reconstruir la comunidad, renovar la Alianza, rehacer la vida. 

4) Para la reflexión personal

• ¿Cómo realizar hoy la recomendación de no llevar nada por el camino cuando se va en misión?
• Jesús manda dirigirse a una persona de paz, para poder vivir en su casa. ¿Cómo sería hoy una persona de paz a la que dirigirnos en el anuncio de la Buena Nueva? 

5) Oración final

¡Oh Dios Sebaot, vuélvete,
desde los cielos mira y ve,
visita a esta viña, cuídala,
la cepa que plantó tu diestra! (Sal 80,15-16)

Amar a Dios sin medida (amor a Dios)

Señor, que yo te ame siempre más. También aquí está la obediencia a un mandamiento de Dios, que ha puesto en nuestro corazón la sed del progreso. Desde los palacios, desde las cavernas, desde las cabañas, hemos pasado a las casas, a los palacios, a los rascacielos; desde el viajar a pie, a lomo de mulo o de camello, a las carrozas, a los trenes, a los aviones. Y se desea progresar todavía con medios más rápidos, alcanzando siempre metas más lejanas. Pues amar a Dios […] es también un viaje: Dios lo quiere siempre más intenso y perfecto. Ha dicho a todos los suyos: Vosotros sois la luz del mundo, la sal de la tierra (Mt 5, 48), sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto (Mt 5, 48). Esto significa: amar a Dios no poco, sino mucho; no detenerse en el punto al cual se ha llegado, sino con su ayuda progresar en el amor (Juan Pablo II, Audiencia general 27-9-1978).

La medida del amor a Dios es amarlo sin medida (San Bernardo, Sermón 6, sobre el amor a Dios).

La medida y regla de la virtud teologal es el mismo Dios; nuestra fe se regula según la verdad divina; nuestra caridad según la bondad de Dios; y nuestra esperanza, según la intensidad de su omnipotencia y misericordia. Y ésta es una medida que excede de tal manera a toda capacidad humana que el hombre nunca puede amar a Dios tanto como debe ser amado, ni creer o esperar en Él tanto como se debe; luego mucho menos llegará al exceso en tales acciones (Santo Tomás, Suma Teológica, 1-2, q. 54, a. 4, c).

[…] quien no quisiera amar a Dios más de lo que le ama, de ninguna manera cumplirá el precepto del amor (Santo Tomás, Comentario a la epístola a los Hebreos, 6, 1).

No está permitido querer con amor menguado […], pues debéis llevar grabado en vuestro corazón al que por vosotros murió clavado en la Cruz (San Agustín, Sobre la Santa virginidad, 55).

Señor: que tenga peso y medida en todo… menos en el Amor (J. Escrivá de Balaguer, Camino, 427).

El hombre nunca puede amar a Dios tanto como Él debe ser amado (Santo Tomás, Suma Teológica, 1-2, q. 6, a. 4 e).

Cuanto más amo, más deudor  me siento cada día (San Agustín, Epístola 192).

Comentario – Jueves XIV de Tiempo Ordinario

Seguimos haciendo lectura continua del evangelio de Mateo. El pasaje de hoy enlaza con el de ayer. Los elegidos de Jesús pasan a ser enviados o continuadores de su misión, que consiste fundamentalmente en proclamar la cercanía  del Reino de los cielos, que no sólo es proximidad espacio-temporal (algo todavía por venir), sino presencia (algo que se está dejando sentir); pues con ellos y su proclamación se producen los efectos de esta presencia benéfica: curaciones de enfermos, resurrecciones de muertos, expulsiones de demonios. Ellos pueden realizar tales acciones porque han recibido potestad para ello. Y no es simplemente que puedan; es que, en cuanto portadores de esta noticia y de esta fuerza, deben llevar a cabo estas acciones manifestativas de la presencia operativa del Reino. Y puesto que han recibido gratis la potestad de curar, vivificar y reconciliar, han de darlo gratis, aunque sin olvidar que todo obrero merece su sustento. Sin este sustento no podrían realizar las acciones propias de su oficio. En este horizonte de gratuidad se entienden las recomendaciones de Jesús: No llevéis en la faja oro, plata ni calderilla; ni tampoco alforja para el camino, ni otra túnica, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento.

Si el obrero merece su sustento, no parece necesario que tenga que procurárselo a sí mismo. Puesto que se ha hecho digno de él, ya se lo proporcionarán otros. Por eso, sobran las provisiones y las preocupaciones que miran a las provisiones: alforjas para el camino, túnicas o sandalias de repuesto; oro, plata o dinero para procurarse lo que puede conseguirse a cambio. Jesús quiere obreros libres de ataduras y preocupaciones, centrados exclusivamente en su cometido que es anunciar y hacer presente el Reino de los cielos por todas partes. Por eso hay que ir de pueblo en pueblo, y puesto que el obrero merece alojamiento y comida, podrán buscar una casa adecuada, en la que habite gente de confianza y en la que puedan alojarse hasta que pongan rumbo a otro lugar; porque los lugares por donde pasen serán sólo eso, lugares de siembra o de plantación, no lugares de asentamiento. Jesús les aconseja que, al llegar a una casa saluden a sus moradores con el saludo de la paz, que debe ser para ellos no sólo un deseo, sino una oferta de paz. Sus moradores podrán disfrutar de semejante don (la paz) si se lo merecen, si no volverá a sus oferentes. Verse privados de este don tan precioso será una desgracia para los que no puedan gozar de él.

Jesús cuenta con la posibilidad del rechazo. Puede que algunas casas no merezcan la paz que se les desea (y se les lleva); en este caso, no la tendrán. Y puede, también, que los apóstoles del Reino no sean bien recibidos o no sean siquiera recibidos. Si es así, se limitarán a dejar constancia de su desacuerdo: se marcharán de la casa o del pueblo (puesto que han sido rechazados) y sacudirán el polvo que se les ha pegado a los pies en señal de desaprobación; pero no harán frente al rechazo ni con una palabra de condena o cualquier medio de coacción, ni siquiera haciendo uso de su poder para atraer la desgracia del cielo sobre ellos. Han de limitarse a realizar este gesto de desaprobación y ya se encargará Dios de juzgar las actitudes de cada corazón, aunque también Jesús se encargue de anticipar alguna consecuencia: Os aseguro que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra que a aquel pueblo. Y todos conocían seguramente lo que les había sucedido a estas ciudades abrasadas por el fuego. A su alcance estaban los documentos históricos que informaban del hecho.

Es verdad que tales recomendaciones van dirigidas a apóstoles itinerantes, es decir, no establecidos en un lugar determinado; pero en sustancia siguen vigentes y han de ser tenidas en cuenta por todo el que se considere apóstol de Jesucristo, esto es, apóstol que debe centrar sus energías en la propagación del Reino con las palabras y las obras benéficas que le esté permitido realizar. Es esta concentración de energías la que le debe descentrar de todo lo demás (preocupaciones de provisiones y posesiones), incluida la abundancia de medios en orden a los fines perseguidos. En el asunto de la evangelización, la sobreabundancia de medios puede ser más un obstáculo que un instrumento coadyuvante para alcanzar el fin. El apóstol de la pobreza o el que proclama bienaventurados a los pobres, porque de ellos es el Reino de los cielos, no puede abundar en medios, pues estos actuarán como un contrapeso al mensaje mismo que se pretende hacer llegar, y que no es otro que la preeminencia del Reino de los cielos como bien supremo al que no pueden hacer sombra ninguno de los bienes de este mundo.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos «Apostolorum Successores»

120. Objeto de la predicación del Obispo.

Es obligación del Obispo predicar personalmente con frecuencia, proponiendo a los fieles, en primer lugar, aquello que deben creer y hacer para la gloria de Dios y para la salvación eterna. Anuncie el misterio de la salvación que se ha cumplido en Cristo, de manera que muestre a nuestro Señor como único Salvador y centro de la vida de los fieles y de toda la historia humana.(356)

También es tarea del Obispo proclamar dondequiera y siempre los principios morales del orden social, anunciando así la liberación auténtica del hombre, traída al mundo por la Encarnación del Verbo. Cuando los derechos de la persona humana o la salvación de las almas lo exijan, es su deber dar un juicio, fundado sobre la Revelación, acerca de las realidades concretas de la vida humana: en particular, cuanto concierne al valor de la vida, el significado de la libertad, la unidad y la estabilidad de la familia, la procreación y la educación de los hijos, la contribución al bien común y al trabajo, el significado de la técnica y la utilización de los bienes materiales, la pacífica y fraterna convivencia de todos los pueblos.(357)

El Obispo no dejará de transmitir a sus fieles las enseñanzas e indicaciones que recibe de la Santa Sede.


356 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decreto Optatam Totius, 16; Codex Iuris Canonici, cans. 386 § 1; 768 § 1 y 888; Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Pastores Gregis, 31.

357 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decreto Christus Dominus, 12; Constitución Pastoral Gaudium et Spes, 33; Codex Iuris Canonici, cans. 747 § 2 y 768 § 2; Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Pastores Gregis, 29; 44.

Los frutos y la recompensa

1.- Las lecturas de este domingo nos invitan a aceptar los sufrimientos y el trabajo previo y necesario para poder recoger posteriormente los frutos y la recompensa, Es cierto que «los trabajos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá». La salvación siempre es un regalo de Dios, pero no es un regalo incondicionado y caprichoso. Nuestros «trabajos» no merecen por sí mismos la salvación, pero sin ellos Dios no nos salva. Es el respeto que Dios tiene por nuestra libertad; Dios quiere que nuestra salvación sea, en parte, fruto de nuestra decisión y de nuestro esfuerzo.

La vida es un camino sembrado siempre de pequeñas o grandes dificultades. El camino de la vida solo puede recorrerse con precaución y voluntad de esfuerzo. Cada uno de nosotros conoce bien los propios tropiezos y caídas. Como la vida de los demás la vemos solo a distancia y como en escaparate, a veces pensamos que otros caminan por caminos de rosas y sin dificultades. Pero no es así: todo el que recorre con éxito el camino de la vida, lo hace a base de esfuerzo y después de haber tropezado en más de una ocasión dolorosamente. Por eso, mientras vivimos debemos aceptar de buen grado las dificultades y trabajos de la vida, «aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo». Antes de que se realice esta «redención de nuestro cuerpo» en el tiempo futuro, la creación entera tiene que soportar la frustración y «gemir toda ella con dolores de parto» en el tiempo presente. Estas ideas que expone San Pablo, en la segunda lectura, están desarrolladas, con distintas imágenes y matices, en las lecturas primera y tercera.

2.- En la primera lectura, el profeta Isaías intenta consolar a los deportados, anunciándoles que Dios no les ha olvidado y que el templo será restaurado y reconstruido. Como la lluvia empapa la tierra, antes de volver al cielo, así la palabra de Dios se cumplirá, antes de volver a Él. Pero el cumplimento de la palabra de Dios no produce esperanza y consolación en el hombre obstinado y orgulloso, sino que la palabra de Dios solo se hace gracia y salvación en los hombres que la aceptan humilde y voluntariamente, como el «siervo de Yahvé».

La parábola del sembrador es sumamente rica en sugerencias y retrata bastante plásticamente la vida y comportamiento de distintas personas y, quizá, distintos momentos de la vida de muchos de nosotros. Porque, ¿quién de nosotros no ha tenido momentos de extravío, en los que ha andado fuera del camino y se ha dejado perder y comer por tentaciones bonitas y prometedoras, que nos han dejado después vacíos y sin rumbo, como las semillas que cayeron al borde del camino? Y, ¿quién no ha sido a veces superficial y lleno de caprichos, enamorado de golpe de mil buenos propósitos y de proyectos brillantes, para luego, por falta de constancia y profundidad, desinflarnos como un globo que se pincha y quedar secos y reducidos a desánimo y flojedad, como la semilla que cayó en terreno pedregoso? Y, ¿quién no se ha visto alguna vez ahogado por sus propias pasiones o seducido por compañeros interesados y peligrosos que nos han retenido y abrazado como tentáculos, hasta sentirnos asfixiados, como la semilla que cayó entre zarzas? Y también, y afortunadamente, ¿quién no se ha dejado impresionar alguna vez por los buenos ejemplos, o por los buenos consejos, y ha tenido momentos de conversión y de buenos propósitos, dando frutos de buenas obras en un ciento, o en un sesenta, o en un treinta por ciento, como la semilla que cayó en tierra buena?

3.- También esta parábola la dijo Jesús quizá para animar a aquellos discípulos que se sentían impacientes y como desesperanzados, porque el Reino de Dios que Jesús anunciaba no acababa de llegar. Jesús les dice que el Reino llegará y todo aquel que acoja su palabra y la cuide en su interior, será participante de este Reino, Pero antes de que el Reino llegue tendrán ellos que trabajar y sufrir, haciéndose así acreedores al cumplimiento de la palabra. No serán todos, evidentemente, los que escucharán la palabra de Dios y la pondrán en práctica, pero los que escuchen y cumplan la palabra de Dios, «el resto», sí darán frutos de vida eterna.

Los labradores de nuestros campos saben muy bien que, además de su esfuerzo, para que la cosecha sea buena es necesaria la colaboración del cielo y del suelo. Pueden trabajar mucho y bien ellos, pero si no llueve a tiempo la semilla no crece y madura. El buen labrador se pasa la vida trabajando la tierra y mirando al cielo. Puede ser este un buen ejemplo y símbolo para el cristiano. Mientras vivimos, trabajamos nuestra salvación. Dios nos dice que si trabajamos bien, la buena cosecha es segura. La palabra de Dios debe ser para nosotros esperanza y consuelo, porque, gracias a los méritos de Cristo, «poseemos las primicias del Espíritu».

4.- La parábola del sembrador no debe inducirnos a pensar sólo en nosotros mismos. No somos exclusivamente sujetos pacientes de la siembra; todos nosotros somos y debemos ser sembradores. Sembradores de la palabra de Dios, de la palabra de Jesús, no de nuestras propias palabras. La mejor palabra será siempre nuestro ejemplo. Un cristiano que actúa y vive como auténtico cristiano es, con su propia vida, sembrador de la palabra de Dios. «La mies es mucha y los obreros pocos», nos dice Jesús en otro momento; se necesitan, pues, obreros que quieran trabajar en los campos del Señor. Ofrezcamos voluntaria e ilusionadamente nuestra colaboración.

Después de decir su parábola, Jesús habló de aquellas personas que no iban a entenderla, porque «se han hecho duros de oídos y han cerrado sus ojos, para no ver con sus ojos y no oír con sus oídos y para no entender en su corazón y convertirse, que yo los curaría». A sus discípulos, en cambio, los llama dichosos, porque ven y oyen. Nosotros seremos también dichosos, si oímos y entendemos y ponemos en práctica las palabras de Jesús. Es decir, si aceptamos con sentido cristiano los trabajos de esta vida y permitimos que la palabra de Dios, como lluvia y semilla generosa, empape nuestros corazones y haga brotar en ellos espigas y frutos de vida eterna.

Gabriel González del Estal, OSA

Salió el sembrador a sembrar

Aquel día, Jesús salió de su casa y se sentó a la orilla del lago. Acudió a él tanta gente, que subió a sentarse en una barca, y toda la gente quedó en la playa. Y les dijo muchas cosas en parábolas: «Salió el sembrador a sembrar y, al sembrar, parte de la semilla cayó junto al camino; vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó en un pedregal, donde no había mucha tierra, y brotó en seguida porque la semilla no tenía profundidad en la tierra; pero al salir el sol la abrasó y, por no tener raíz, se secó. Otra cayó entre zarzas; las zarzas crecieron y la ahogaron. Otra parte cayó en tierra buena, y dio frutos; una ciento, otra sesenta, otra treinta. ¡El que tenga oídos que oiga!».

Los discípulos se le acercaron y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?». Y él les respondió: «A vosotros se os ha dado conocer los misterios del reino de Dios, pero a ellos no. Pues al que tiene se le dará más y tendrá de sobra; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Por esto les hablo en parábolas, porque miran y no ven, escuchan y no oyen ni entienden. Así se cumple en ellos la profecía de Isaías: Oiréis pero no entenderéis, miraréis pero no veréis. Porque la mente de este pueblo está embotada, tienen tapados los oídos y los ojos cerrados, para no ver nada con sus ojos ni oír con sus oídos, ni entender con la mente ni convertirse a mí para que yo los cure. «¡Dichosos vuestros ojos porque ven, y vuestros oídos porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron».

«Así que vosotros entended la parábola del sembrador. Si uno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el maligno y le arrebata lo sembrado en el corazón. Éste es lo sembrado junto al camino. El pedregal es el que oye la palabra de momento y la acepta con alegría; pero no tiene raíz, es inconstante y, cuando llega la prueba o la persecución a causa de la palabra, inmediatamente se viene abajo. Lo sembrado entre zarzas es el que oye la palabra, pero las preocupaciones de esta vida y la seducción de la riqueza ahogan la palabra y queda sin fruto. Lo sembrado en tierra buena es el que oye la palabra y la entiende y da fruto, ciento, sesenta y treinta por uno».

Mateo 13, 1-23

PARA MEDITAR

Ya veis que no podemos esperar que las cosas salgan siempre como nosotros pensamos. Que si me esfuerzo 10, tengo que obtener 10 o 20, que si hacemos algo bueno recibiremos una recompensa mayor.
Los cristianos no hacemos las cosas por el premio que podamos recibir. Hacemos las cosas porque sabemos que eso es lo que debemos hacer y disfrutamos con ello.

PARA HACER VIDA EL EVANGELIO

  • ¿Alguna vez en tu parroquia habéis hecho cosas para que personas que no son creyentes se acercen a la parroquia?
  • ¿Cómo podemos sembrar los cristianos la fe en otras personas?
  • Escribe un compromiso para ser sembrador como nos dice Jesús.

 

ORACIÓN

Gracias por…, que me habló de Ti,
antes de que yo te entendiera.
Gracias por…, que me enseñó a ir conociéndote.
Gracias por…, que te fue metiendo en mi vida,
sin que me diera cuenta.
Gracias por…, que se ocupó de que lo nuestro
fuera más serio.
Gracias por…, que profundizó en nuestro amor
y lo hizo más intenso.
Gracias por…, que me fue ampliando detalles
de tu vida y nos hizo amigos.
Gracias por…, que me enseñó a rezar,
a hablar contigo e incluirte en mi vida.
Gracias por…, que no se atrevía a hablarme
directamente de Ti,
pero su hacer me enseñaba,
cómo se vivía a tu manera.
Gracias por…, que me ayudó o me ayuda
a rebrotar de entre las piedras.
Gracias por…, que con sus palabras sabias
me supo acercar tu mensaje.
Gracias por…, educadores y catequistas
que me has ido regalando,
para mantenerme entusiasmado contigo
y con tu espíritu.

Gracias porque sembraste en mí tu semilla

Podría haber sido de los que no te conocen,
de los que viven huérfanos, buscándote por el mundo.
Pero Tú quisiste plantar en mí la semilla de tu Amor,
y ese ha sido tu mejor regalo para mi vida.

Gracias porque te las arreglaste
para que alguien nos presentara,
porque seguiste echando semillas,
a través de tantas personas
que hoy quiero recordar:

Gracias por…, que me habló de Ti,
antes de que yo te entendiera.
Gracias por…, que me enseñó a ir conociéndote.
Gracias por…, que te fue metiendo en mi vida,
sin que me diera cuenta.
Gracias por…, que se ocupó de que lo nuestro
fuera más serio.
Gracias por…, que profundizó en nuestro amor
y lo hizo más intenso.
Gracias por…, que me fue ampliando detalles
de tu vida y nos hizo amigos.
Gracias por…, que me enseñó a rezar,
a hablar contigo e incluirte en mi vida.
Gracias por…, que no se atrevía a hablarme
directamente de Ti,
pero su hacer me enseñaba,
cómo se vivía a tu manera.
Gracias por…, que me ayudó o me ayuda
a rebrotar de entre las piedras.
Gracias por…, que con sus palabras sabias
me supo acercar tu mensaje.
Gracias por…, educadores y catequistas
que me has ido regalando,
para mantenerme entusiasmado contigo
y con tu espíritu.

Gracias porque sigues sembrado en mí,
con paciencia,
en medio de mis sequedades,
esterilidades y brotes tardíos.

Hoy quiero pedirte que sigas echando
tu semilla en la tierra,
que no dejes a nadie sin ser tocado por tu presencia.
Echa un puñadito de semilla en el corazón
de los gobernantes,
en el de los científicos, los sabios,
los investigadores, los artistas y los poderosos;
en el de los que sufren, están solos, insatisfechos,
o están perdiendo la vida sin disfrutarla…
Fumíganos a todos para que no nos ataque
la plaga de la indiferencia, la comodidad, la injusticia.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio – Domingo XV de Tiempo Ordinario

• Es probable que la parábola del sembrador pretendiera decir, en su origen, simplemente pero con mucha fuerza, que «la palabra del Reino» /19) que Jesús siembra es eficaz y poderosa, capaz de dar fruto. Se trata, pues, en definitiva, de una invitación a la confianza en la implantación del Reino (8) a pesar de las oposiciones que hay de momento (4-7). Al final los resultados serán muy superiores a los esperados.

• La expresión «los secretos del Reino de los cielos» (11) era frecuente en la época de Jesús: designaba el plan que Dios mantenía para el fin de los tiempos. Este plan es el Reino de Dios que Jesús anuncia y hace presente con la acción y la palabra.

• El contexto en el que Jesús habla es de rechazo por parte de sus oyentes: se han cerrado voluntariamente y no han querido acoger su mensaje (13). El capítulo finaliza describiendo el rechazo a Nazaret (53-58).

• La cita (14-15) es del profeta Isaías (Is 6, 9-10) que ya anunciaba que el pueblo de Israel se endurecería y rechazaría al Mesías enviado por Dios.

• Los «profetas y justos» (17) son los santos del Antiguo Testamento que esperaban la revelación plena del Reino, muchos de ellos muertos por defender la causa del bien y de la justicia (Mt 23, 29. 35).

• «El Maligno» (19) es Satanás, el diablo, el de Dios. La predicación y la acción curadora de Jesús se encaminan a vencer al diablo y a expulsarlo de este mundo (Mt 12,28). La frase «líbranos del mal» (Mt 6,13) del «padrenuestro» también puede traducirse por «líbranos del Maligno», es decir, nos hace pedir que Dios nos libere de Satanás. (Es conveniente leer también Mt 5,37 y Mt 13,38).

• En la interpretación alegórica de la parábola, que se nos presenta al final del texto (19-23), se puede entender que los oyentes son comparados a la simiente sembrada o bien al terreno que recibe la simiente. En uno y otro caso vemos que el discípulo de Cristo es llamado a ser lo que es él: Palabra Viva que transforma la realidad en la que vive y trabaja (Mt 13,33). Y, siéndolo, vivir la «felicidad» que Jesús proclama (16).

Comentario al evangelio – Jueves XIV de Tiempo Ordinario

Se ha acusado muchas veces al Antiguo Testamento de proyectar la imagen de un Dios castigador, resentido, colérico, rencoroso. Un personaje más cercano a los dioses grecorromanos, abrasados de bajas pasiones, que al Padre bueno a quien Jesús rezaba. Los pasajes que avalarían este juicio son numerosísimos, aunque su interpretación dista de ser tan sencilla como parece, y quizá haya que pensar que todos esos textos hablan más de la torpeza de los hombres que de la naturaleza de Dios. En todo caso, cuando flota en el ambiente la idea generaliza de «un Dios vengador de sus maldades», fragmentos como el del profeta Oseas, que escuchamos hoy en la primera lectura, brillan como el oro entre el lodo. Oseas pone en boca de Yhwh algunas de las expresiones más hermosas de toda la Escritura: «cuando Israel era joven, lo amé», «yo lo enseñé a andar, lo alzaba en brazos», «yo lo curaba», «con cuerdas humanas, con correas de amor lo atraía», «me inclinaba y lo daba de comer», «se me conmueven las entrañas», y esa frase lapidaria con que cierra su cavilación, de una vez para siempre, «que soy Dios, y no hombre; santo en medio de ti, y no enemigo a la puerta».

El tiempo del Antiguo Testamento no es ya el nuestro y, sin embargo, de cuántas maneras sutiles terminamos relacionándonos con Dios como enemigo a la puerta y no como santo en medio de nosotros… En ocasiones, nos volvemos airados contra Él porque creemos que permite impasible nuestras desdichas. Otras veces, nos escondemos de su mirada por temer que censure nuestras vergüenzas. Tampoco es difícil descubrirse a uno mismo lamiéndose las heridas en una soledad quejosa, con la puerta cerrada a la verdadera compasión divina. Cuando no maldiciendo los muchos sacrificios que hemos hecho para agradar a un Dios que no nos corresponde a nuestro antojo. Al vivir así, instalados en cualquiera de estas posturas, señalamos a Dios como a un adversario siempre al acecho que se alegra en nuestra desgracia. Y le cerramos del todo la entrada a nuestro hogar. Aunque Él venga con su Paz, le despedimos con nuestra guerra, haciendo al mediador culpable de la ruptura. Dios, no obstante, permanece. Dentro o fuera, compartiendo nuestra mesa o esperando en el umbral: santo en medio de todos, aunque solo los pobres lo sepan descubrir.

Adrián de Prado Postigo cmf