Meditación – Viernes XIV de Tiempo Ordinario

Hoy es viernes XIV de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 10, 16-23):

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas. Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros.

Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. Cuando os persigan en una ciudad huid a otra, y si también en ésta os persiguen, marchaos a otra. Yo os aseguro: no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre».

Hoy, el Evangelio remarca las dificultades y las contradicciones que el cristiano habrá de sufrir por causa de Cristo y de su Evangelio, y como deberá resistir y perseverar hasta el final. Jesús nos prometió: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20); pero no ha prometido a los suyos un camino fácil, todo lo contrario, les dijo: «Seréis odiados de todos por causa de mi nombre» (Mt 10,22).

La Iglesia y el mundo son dos realidades de “difícil” convivencia. El mundo, que la Iglesia ha de convertir a Jesucristo, no es una realidad neutra, como si fuera cera virgen que sólo espera el sello que le dé forma. Esto habría sido así solamente si no hubiese habido una historia de pecado entre la creación del hombre y su redención. El mundo, como estructura apartada de Dios, obedece a otro señor, que el Evangelio de san Juan denomina como “el señor de este mundo”, el enemigo del alma, al cual el cristiano ha hecho juramento —en el día de su bautismo— de desobediencia, de plantarle cara, para pertenecer sólo al Señor y a la Madre Iglesia que le ha engendrado en Jesucristo.

Pero el bautizado continúa viviendo en este mundo y no en otro, no renuncia a la ciudadanía de este mundo ni le niega su honesta aportación para sostenerlo y para mejorarlo; los deberes de ciudadanía cívica son también deberes cristianos; pagar los impuestos es un deber de justicia para el cristiano. Jesús dijo que sus seguidores estamos en el mundo, pero no somos del mundo (cf. Jn 17,14-15). No pertenecemos al mundo incondicionalmente, sólo pertenecemos del todo a Jesucristo y a la Iglesia, verdadera patria espiritual, que está aquí en la tierra y que traspasa la barrera del espacio y del tiempo para desembarcarnos en la patria definitiva del cielo.

Esta doble ciudadanía choca indefectiblemente con las fuerzas del pecado y del dominio que mueven los mecanismos mundanos. Repasando la historia de la Iglesia, Newman decía que «la persecución es la marca de la Iglesia y quizá la más duradera de todas».

P. Josep LAPLANA OSB Monje de Montserrat

Liturgia – Viernes XIV de Tiempo Ordinario

VIERNES DE LA XIV SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa de la feria (verde)

Misal: Cualquier formulario permitido. Prefacio común.

Leccionario: Vol. III-par.

  • Os 14, 2-10. No llamaremos ya «nuestro Dios» a la obra de nuestras manos.
  • Sal 50. Mi boca proclamará tu alabanza.
  • Mt 10 16-23. No seréis vosotros los que habléis, sino el Espíritu de vuestro Padre.

Antífona de entrada          Cf. Sal 27, 8-9
El Señor es fuerza para su pueblo, apoyo y salvación para su Ungido. Salva a tu pueblo, Señor, y bendice tu heredad, sé su pastor por siempre.

Monición de entrada y acto penitencial
Hermanos,  al comenzar la celebración de la Eucaristía, actualización del único sacrificio de Cristo en la cruz, pidamos humildemente perdón a Dios por nuestros pecados.

  • Tú que no has sido enviado a condenar al mundo, sino a salvarlo. Señor, ten piedad.
  • Tú que no quieres que nadie perezca, sino que todos se conviertan. Cristo, ten piedad.
  • Tú que te sometiste por nosotros hasta la muerte de cruz. Señor, ten piedad.

Oración colecta
CONCÉDENOS tener siempre, Señor,
respeto y amor a tu santo nombre,
porque jamás dejas de dirigir
a quienes estableces
en el sólido fundamento de tu amor.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Dirijamos ahora, confiados y perseverantes, nuestras plegarias a Dios Padre todopoderoso.

1.- Para que Dios proteja y guíe a su Santa Iglesia. Roguemos al Señor.

2.- Para que suscite vocaciones sacerdotales y religiosas. Roguemos al Señor.

3.- Para que conceda a todo el mundo la justicia y la paz. Roguemos al Señor.

4.- Para que socorra a los que están en algún peligro. Roguemos al Señor.

5.- Para que nos conforte a todos y nos conserve en su servicio. Roguemos al Señor.

Señor, Dios de misericordia, que nos llamas a la tarea de llevar la salvación de tu Hijo al mundo, escucha nuestras oraciones y danos la fuerza de tu Espíritu que nos sostenga en todas las dificultades. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
ACEPTA, Señor,
este sacrificio de reconciliación y alabanza
y concédenos que, purificados por su eficacia,
te ofrezcamos el obsequio agradable de nuestro corazón.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Cf. Sal 144, 15
Los ojos de todos te están aguardando, Señor; tú les das la comida a su tiempo.

Oración después de la comunión
RENOVADOS por la recepción del Cuerpo santo
y de la Sangre preciosa,
imploramos tu bondad, Señor,
para obtener con segura clemencia
lo que celebramos con fidelidad constante.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 10 de julio

SAN CRISTÓBAL, mártir (s. III)

San Cristóbal tuvo varios nombres, como Réprobo y Relicto. Era hijo de un rey cananeo. Tiro y Sidón se disputan su cuna. Tenía una estatura gigantesca, fuerza hercúlea y una agradable y apuesta figura.

Un soldado gigante no debe servir a un rey pigmeo, pensaba. Así deja su patria y va a servir al rey mayor de la tierra, el emperador del mundo. Cuenta la leyenda que luego Relicto se pone a las órdenes de Satán y deja a Satán cuando descubre que Cristo es aún más poderoso.

Ya tenemos a Cristóbal soldado de Cristo. La leyenda, perpetuada la iconografía, ha contribuido a la exaltación de sus gestas, en las que se mezcla la realidad con la fantasía. Lo que afirman claramente los martirologios y el breviario mozárabe toledano es que Cristóbal fue mártir de Cristo en el reinado del emperador Decio.

Relicto ha descubierto a Cristo. Ahora quería conocerle mejor. Acude a un ermitaño para que le aconseje cómo avanzar en el conocimiento de Cristo. E1 ermitaño le aconseja rezar y ayunar, como el mejor camino. Relicto le contesta que no sabe rezar y que su corpulencia le obliga a comer mucho.

Entonces el ermitaño le indica una tarea de misericordia. «Sírvele entonces a Dios con tu fuerza y estatura. Ayuda a vadear el río a los caminantes que lo necesiten». Relicto le obedece. Y empieza a servir a su Señor cargando sobre sus hombros a los que no podían pasar el río.

Un día Relicto vio a un niño a la orilla del río. Le pidió que lo pasase. Relicto lo tomó sobre sus hombros como un juego. Pero una vez en el agua, era tal su peso que se hubiera hundido, si el niño no le diera la mano, como un día Jesús a Pedro. A duras penas pudo llegar a la orilla.

—¿Quién eres, niño, que me pesabas tanto que parecía que transportaba el mundo entero?—Tienes razón, le dijo el Niño. Peso más que el mundo entero, pues soy el creador del mundo. Yo soy Cristo. Me buscabas y me has encontrado. Desde ahora te llamarás Cristóforo, Cristóbal, el portador de Cristo. A cualquiera que ayudes a pasar el río, me ayudas a mi.

Esto recuerda la anécdota de dos monjes budistas. Se encontraron con una bellísima mujer a la orilla de un río. Quería cruzar el río, como ellos, pero no se atrevía. Uno de los monjes se la echó a la espalda y la pasó.

El otro monje quedó muy escandalizado y durante dos horas le estuvo criticando: ¿Has olvidado que eres un monje? ¿Cómo te has atrevido a tocar a una mujer? ¿Has olvidado la Santa Regla? ¿Qué dirá la gente?— El acusado escuchó pacientemente el sermón. Y al final estalló: Yo dejé a la mujer en la orilla del río. Pero veo que tú no acabas de soltarla.

—Cristóbal fue bautizado en Antioquía. Se dirigió sin demora a predicar a Licia y a Samos. Allí fue encarcelado por el rey Dagón, que estaba a las órdenes del emperador Decio. Resistió a los halagos de Dagón para que se retractara. Dagón le envió dos cortesanas, Niceta y Aquilina, para seducirlo. Pero fueron ganadas por Cristóbal y murieron mártires. Después de varios intentos de tortura, ordenó degollarlo. Según Gualterio de Espira, la nación sirio y el mismo Dagón se convirtieron a Cristo.

San Cristóbal es un Santo muy popular, y poetas modernos, como García Lorca y Antonio Machado, lo han cantado con inspiradas estrofas. Su efigie, siempre colosal y gigantesca, decora muchísimas catedrales, como la de Toledo, y nos inspira a todos protección y confianza.

Otros Santos de hoy: Honorato, Amelia, Daniel, Marino, Félix, Rufina, Segunda, Felipe, Vidal, Marcial, Alejandro, Jenaro.

Justo y Rafael Mª López-Melús

Laudes – Viernes XIV de Tiempo Ordinario

LAUDES

VIERNES XIV TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. El Señor es bueno, bendecid su nombre.

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso».»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Por el dolor creyente que brota del pecado;
por haberte querido de todo corazón;
por haberte, Dios mío, tantas veces negado,
tantas veces pedido, de rodillas, perdón.

Por haberte perdido; por haberte encontrado.
Porque es como un desierto nevado mi oración;
porque es como la hiedra sobre un árbol cortado
el recuerdo que brota cargado de ilusión.

Porque es como la hiedra, déjame que te abrace,
primero amargamente, lleno de flor después,
y que a mi viejo tronco poco a poco me enlace,

y que mi vieja sombra se derrame a tus pies.
¡Porque es como la rama donde la savia nace,
mi corazón, Dios mío, sueña que tú lo ves! Amén.

SALMO 50: MISERICORDIA, DIOS MÍO

Ant. Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias, Señor.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mi toda culpa.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

¡Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias, Señor.

CÁNTICO de HABACUC: JUSTICIA DE DIOS

Ant. En tu juicio, Señor, acuérdate de la misericordia.

Señor, he oído tu fama,
me ha impresionado tu obra.
En medio de los años, realízala;
en medio de los años, manifiéstala;
en el terremoto, acuérdate de la misericordia.

El Señor viene de Temán;
el Santo, del monte Farán:
su resplandor eclipsa el cielo,
la tierra se llena de su alabanza;
su brillo es como el día,
su mano destella velando su poder.

Sales a salvar a tu pueblo,
a salvar a tu ungido;
pisas el mar con tus caballos,
revolviendo las aguas del océano.

Lo escuché y temblaron mis entrañas,
al oírlo se estremecieron mis labios;
me entró un escalofrío por los huesos,
vacilaban mis piernas al andar;
gimo ante el día de angustia
que sobreviene al pueblo que nos oprime.

Aunque la higuera no echa yemas
y las viñas no tienen fruto,
aunque el olivo olvida su aceituna
y los campos no dan cosechas,
aunque se acaban las ovejas del redil
y no quedan vacas en el establo,
yo exultaré con el Señor,
me gloriaré en Dios, mi salvador.

El Señor soberano es mi fuerza,
él me da piernas de gacela
y me hace caminar por las alturas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. En tu juicio, Señor, acuérdate de la misericordia.

SALMO 147: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN

Ant. Glorifica al Señor, Jerusalén +

Glorifica al Señor, Jerusalén;
+ alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;
hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Glorifica al Señor, Jerusalén +

LECTURA: Ef 2, 13-16

Ahora estáis en Cristo Jesús. Ahora, por la sangre de Cristo, estáis cerca los que antes estabais lejos. Él es nuestra paz. Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, derribando con su carne el muro que los separaba: el odio. Él ha abolido la ley con sus mandamientos y reglas, haciendo las paces, para crear con los dos, en él, un solo hombre nuevo. Reconcilió con Dios a los dos pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte, en él, al odio.

RESPONSORIO BREVE

R/ Invoco al Dios Altísimo, al Dios que hace tanto por mí.
V/ Invoco al Dios Altísimo, al Dios que hace tanto por mí.

R/ Desde el cielo me enviará la salvación.
V/ Al Dios que hace tanto por mí.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Invoco al Dios Altísimo, al Dios que hace tanto por mí.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el Sol que nace de lo alto.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el Sol que nace de lo alto.

PRECES

Adoremos a Cristo, que en virtud del Espíritu eterno, se ofreció a Dios como sacrificio sin mancha, para purificar nuestra conciencia de las obras muertas, y digámosle con fe:

Nuestra paz, Señor, es cumplir tu voluntad.

Tú que nos has dado la luz del nuevo día,
— concédenos también caminar por sendas de vida nueva.

Tú que todo lo has creado con tu poder, y con tu providencia lo conservas todo,
— ayúdanos a descubrirte presente en todas tus criaturas.

Tú que has sellado en tu sangre un pacto nuevo y eterno,
— haz que, obedeciendo siempre tus mandatos, permanezcamos fieles a esta alianza.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que, colgado en la cruz, quisiste que de tu costado manara agua con la sangre,
— purifica con esta agua nuestros pecados y alegra con este manantial a la ciudad de Dios.

Ya que Dios nos ha adoptado como hijos, oremos al Padre como nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, Dios todopoderoso, te pedimos nos concedas que, del mismo modo que hemos cantado tus alabanzas en esta celebración matutina, así las podamos cantar también plenamente, con la asamblea de tus santos, por toda la eternidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.