Vísperas – San Buenaventura

VÍSPERAS

SAN BUENAVENTURA, obispo y doctor.

 

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Cantemos al Señor con alegría
unidos a la voz del pastor santo;
demos gracias a Dios, que es luz y guía,
solícito pastor de su rebaño.

Es su voz y su amor el que nos llama
en la voz del pastor que él ha elegido,
es su amor infinito el que nos ama
en la entrega y amor de este otro cristo.

Conociendo en la fe su fiel presencia,
hambrientos de verdad y luz divina,
sigamos al pastor que es providencia
de pastos abundantes que son vida.

Apacienta, Señor, guarda a tus hijos,
manda siempre a tu mies trabajadores;
cada aurora, a la puerta del aprisco,
nos aguarde el amor de tus pastores. Amén.

SALMO 14

Ant. Soy ministro del Evangelio por el don de la gracia de Dios.

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente
y práctica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua.

el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,

el que no retracta lo que juró
aún en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Soy ministro del Evangelio por el don de la gracia de Dios.

SALMO 111

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amor ha puesto al frente de su servidumbre.

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amor ha puesto al frente de su servidumbre.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Mis ovejas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Mis ovejas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.

LECTURA: 1P 5, 1-4

A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a manifestarse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, gobernándolo no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con generosidad; no como déspotas sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.

RESPONSORIO BREVE

R/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.
V/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.

R/ El que entregó su vida por sus hermanos.
V/ El que ora mucho por su pueblo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que le reparta la ración a sus horas.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que le reparta la ración a sus horas.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice a favor de los hombres, en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo:

Salva a tu pueblo, Señor.

Tú que por medio de pastores santos y eximios, has hecho resplandecer de modo admirable a tu Iglesia,
— haz que los cristianos se alegren siempre de ese resplandor.

Tú que, cuando los santos pastores te suplicaban, con Moisés, perdonaste los pecados del pueblo,
— santifica, por su intercesión, a tu Iglesia con una purificación continua.

Tú que, en medio de los fieles, consagraste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los dirigiste,
— llena del Espíritu Santo a todos los que rigen a tu pueblo.

Tú que fuiste el lote y la heredad de los santos pastores
— no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre esté alejado de ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que, por medio de los pastores de la Iglesia, das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano,
— salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común:

Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, concede a cuantos hoy celebramos la fiesta de tu obispo san Buenaventura la gracia de aprovechar su admirable doctrina e imitar los ejemplos de su ardiente caridad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Miércoles XV de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial 

¡Oh Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados, para que puedan volver al buen camino!, concede a todos los cristianos rechazar lo que es indigno de este nombre y cumplir cuanto en él se significa. Por nuestro Señor. 

2) Lectura 

Del santo Evangelio según Mateo 11,25-27
En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

3) Reflexión

• Contexto. El pasaje de Mt 11,25-27 representa un giro en el evangelio de Mateo: a Jesús le son formuladas las primeras preguntas sobre la llegada del reino de los cielos. El primero que plantea interrogativos sobre la identidad de Jesús es Juan Bautista, que a través de sus discípulos le diriuge una pregunta concreta: “¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?” (11,3). Sin embargo, los fariseos junto con los escribas se dirigen a Jesús con palabras de reproche y de juicio:”Tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado” (12,2). Hasta ahora, en los cap. 1-10, la llegada del reino de los cielos en la persona de Jesús no parecía encontrar obstáculos, pero a partir del cap. 11 empiezan a aparecer dificultades concretas. O sea, muchos empiezan a tomar posición ante la persona de Jesús: a veces es “objeto de escándalo”, de caída (11,6); “esta generación”, en el sentido de descendencia humana, no tiene una actitud de acogida hacia el reino que viene; las ciudades situadas a lo largo del lago no se convierten (11,20); se desencadena una verdadera controversia sobre el comportamiento de Jesús (cap.12), es más, se empieza a pensar cómo matarlo (12,14). Este es el clima de desconfianza y de contestación en el que Mateo enmarca nuestro pasaje.
Ahora ha llegado el momento de interrogarse sobre la actividad de Jesús: ¿cómo interpretar estas “obras de Cristo” (11,2.19)? ¿Cómo explicar estas acciones taumatúrgicas (11,20.21.23)? Estos interrogantes tocan la cuestión crucial de la mesianidad de Jesús. Mientras tanto, las obras mesiánicas de Jesús ponen bajo juicio no sólo a “esta generación” sino también a las ciudades del entorno del lago que no se han convertido al llegar el reino en la persona de Jesús.
• Hacerse pequeño. Para realizar esta conversión, el itinerario más eficaz es hacerse “pequeños”. Jesús comunica esta estrategia de la “pequeñez” en una oración de reconocimiento (11,27) que tiene un paralelo espléndido en el testimonio dado por el Padre con ocasión del bautismo (11,27). A los estudiosos les gusta llamar a esta oración “himno de júbilo”. El ritmo de la oración de Jesús empieza con una confesión: “Yo te bendigo”, “te confieso”. Esta expresión introductoria le da mucha solemnidad a la palabra de Jesús. La oración de alabanza que Jesús pronuncia tiene las características de una respuesta para el lector. Jesús se dirige a Dios con la expresión “Señor del cielo y de la tierra”, es decir, a Dios como creador y custodio del mundo. En el judaísmo, por el contrario, era costumbre dirigirse a Dios con la invocación “Señor del mundo”, pero sin el término “Padre”, que es una característica distintiva de la oración de Jesús. El motivo de la alabanza es la revelación de Dios: porque has ocultado…, has revelado. Este esconder, referido a los “sabios e inteligentes”, afecta a los escribas y fariseos, considerados como totalmente cerrados y hostiles a la llegada del Reino (3,7ss; 7,29; 9,3.11.34). Se revela a los pequeños, el término griego dice “niños”, a los que aún no hablan. Por tanto, Jesús considera oyentes privilegiados de la proclamación del reino de los cielos a los inexpertos de la ley, a los no instruidos.
¿Cuáles son las “estas cosas” que se ocultan o revelan? El contenido de este revelar u ocultar es Jesús, el Hijo de Dios, el revelador del Padre. Es evidente para el lector que el revelarse de Dios va inseparablemente unido a la persona de Jesús, a su palabra, a sus acciones mesiánicas. Él es quien permite el revelarse de Dios y no la ley o lo hechos que presagiaban el tiempo final.
• El revelarse de Dios, del Padre al Hijo. En la última parte del discurso, hace Jesús una presentación de sí mismo como aquel a quien todo le ha sido comunicado por el Padre. En el contexto de la llegada del Reino, Jesús tiene la función y la misión de revelar en todo al Padre del cielo. En esta función y misión, él recibe la totalidad del poder y del saber, y la autoridad para juzgar. Para confirmar esta tarea tan comprometedora, Jesús invoca el testimonio del Padre, el único que tiene un real conocimiento de Jesús: “Nadie conoce al Hijo sino el Padre” y viceversa, “nadie conoce al Padre sino el Hijo”. El testimonio del Padre es insustituible para que la dignidad única de Jesús como Hijo sea entendida por sus discípulos. Se afirma, además, la exclusividad de Jesús en el revelar al Padre; así lo afirmaba el evangelio de Juan: “A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado” (1,18). En síntesis, el evangelista hace entender a sus lectores que el revelarse de Dios acontece a través del Hijo. Es más: el Hijo revela al Padre a quien quiere. 

4) Para la reflexión personal 

• ¿Sientes en la oración la necesidad de expresar al Padre todo tu agradecimiento por los dones derramados en tu vida? ¿Tienes ocasión de confesar y de exaltar públicamente al Señor por las obras maravillosas que realiza en el mundo, en la Iglesia, en tu vida?
• En tu búsqueda de Dios, ¿pones tu confianza en tu saber e inteligencia, o te dejas guiar por la sabiduría de Dios? ¿Qué atención prestas a tu relación con Jesús? ¿Escuchas su Palabra? ¿Tienes sus mismos sentimientos para descubrir su fisonomía como Hijo del Padre del cielo? 

5) Oración final

mi boca publicará tu justicia,
todo el día tu salvación.
¡Oh Dios, me has instruido desde joven,
y he anunciado hasta hoy tus maravillas! (Sal 71,15.17)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 14, 48-49

48Y, respondiendo, Jesús les dijo: “¿Como contra un bandolero habéis salido con espadas y palos para prenderme? 49Durante el día estuve ante vosotros enseñando en el Templo, y no me agarrasteis. Pero para que sean cumplidas las Escrituras…”.

14, 48-49: La violenta respuesta de la persona presente en el prendimiento de Jesús podría ser fácilmente interpretada como un acto de violencia revolucionaria. Jesús, sin embargo, se disocia inmediatamente de una acción de tal clase, negando que él sea un bandolero y criticando implícitamente al espadachín (14,48). Esta respuesta refleja probablemente la apologética cristiana primitiva; «bandolero o bandido» era un vocablo utilizado a menudo en clave para designar al tipo del revolucionario con motivaciones religiosas que desestabilizó Palestina en el siglo anterior a la era cristiana y durante el siguiente, y los cristianos se sintieron obligados a defender a Jesús contra la acusación de haber sido uno de ellos, ya que había sido ejecutado por los romanos como el supuesto «rey de los judíos». Además, rasgos tales como el apoyo popular a Jesús, su aprecio por los pobres y su proclamación de la soberanía exclusiva de Dios se prestaron a la opinión de que era un revolucionario social y político. Jesús, sin embargo, da a entender que «bandido» es un término inadecuado para designarlo; él es un maestro, como Judas acaba de indicar llamándolo «Rabbí». Jesús no se había escondido en la oscuridad, como era costumbre de los bandoleros, sino que había enseñado abiertamente en el Templo, de día, sin que lo detuvieran.

En este contexto es significativa la amplitud del discurso de Jesús, ya que subraya su dominio sobre la escena del prendimiento. Jesús pone en evidencia audazmente el doble rasero de sus enemigos, y da a entender que solo se rinde porque su entrega a la muerte es la voluntad de Dios y el cumplimiento de las profecías bíblicas.

Comentario – Miércoles XV de Tiempo Ordinario

Las exclamaciones, lo mismo que los suspiros, suelen brotar desde lo más hondo de nosotros mismos. Son como un chorro de vida cuya presión no puede ser ya contenida. Por eso salen a la superficie como un surtidor. El evangelio nos conserva alguna de estas exclamaciones de Jesús: Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. En este caso, el surtidor que brota del corazón de Cristo es una acción de gracias al Padre. Da gracias porque ha hecho a los sencillos objeto de su predilección: lo que les ha escondido a los sabios y entendidos se lo ha revelado a los sencillos. Y a Jesús eso le agrada, porque también él sintoniza con los sencillos, porque los sencillos son los que mejor han acogido su mensaje.

Y como su mensaje es revelación de Dios, los que lo acogen se convierten instantáneamente en esos sencillos que tienen el privilegio de conocer lo que Dios ha querido comunicar de sí mismo y de sus planes. Los entendidos –que pudieran serlo en cualquier ramo del saber, pero que aquí han de ser más bien los escribas o entendidos en la palabra de Dios presente en la Sagrada Escritura-, precisamente por creerse tales, es decir, por creer entender la palabra de Dios, están en peor disposición para aceptar una ulterior revelación o clarificación de este mismo Dios que no había dado aún su última palabra, pues su última palabra llegaba con Jesús. El resultado de esta cerrazón de los entendidos es que se les acaba ocultando eso mismo que les es revelado a los sencillos. Por tanto, no es que Dios haga acepción de personas discriminando entre esos pocos a quienes ha decidido revelarse y esos otros a quienes ha decidido ocultarse. No, sucede simplemente que los entendidos, precisamente por creer que entienden, se cierran a una revelación a la que permanecen abiertos los sencillos, sencillamente porque reconocen su ignorancia en este punto.

El principio de todo aprendizaje es la humildad. Y el que carece de esta base, se incapacita a sí mismo para aprender. Y cuando se trata de este tipo de conocimiento, el conocimiento del Padre, se hace mucho más necesaria la humildad. En realidad, nadie puede conocer al Padre si éste no se revela, y ello por dos razones: porque es divino –y por tanto no está al alcance de nuestros ojos ni de nuestra inteligencia- y porque es persona, y a una persona, más allá de lo que revelan sus obras, sólo se la puede conocer si ella nos muestra su interior, es decir, si se nos desvela. En el caso del Padre Dios, sólo lo puede conocer el que procede de Él como Hijo: nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

El Hijo –también Dios- es nuestra vía de acceso al conocimiento del Padre. Cualquier otra vía –la de las criaturas, la de los profetas, etc.- es una vía muy limitada o imperfecta. Sólo el Hijo conoce cabalmente al Padre. Sólo él nos lo puede dar a conocer. Esa es una de las razones por las que se hizo hombre: para que, en cuanto hombre (con lenguaje humano), pudiera darnos a conocer adecuadamente al Padre del cielo. Por tanto, si queremos conocer a Dios hemos de atender a la palabra de este hombre –el Hijo encarnado- cuando nos habla de Él. En su palabra se contiene la revelación del Padre. Acoger su palabra, como hacían los sencillos, era recibir el don divino de la Verdad revelada; no acogerla, como sucedió con frecuencia entre los escribas y fariseos, era mantenerse de espaldas a esta revelación y, en definitiva, a la verdad de Dios.

Se trata de una verdad que no puede ser en ningún caso conquistada mediante la investigación o el esfuerzo racional del hombre, sino sólo acogida o rechazada. Se trata de una verdad testimoniada, y ante un testimonio sólo cabe la aceptación, el rechazo o la indiferencia, que no deja de ser sino un modo de rechazo. Ante un testimonio sólo cabe creerlo o no creerlo, aunque eso no significa que el testimonio no vaya acompañado de signos de credibilidad o de no credibilidad. Habrá más o menos razones para creer en este testimonio, pero ante el testimonio sólo cabe creer o no creer, dar crédito a lo que se nos comunica o considerarlo enteramente increíble. El testimonio de Cristo se nos presenta como la revelación que el Hijo nos hace del Padre.

Los sencillos aceptaron este testimonio; los sabios y entendidos, no. Jesús, que sintoniza con el corazón de los sencillos, da gracias al Padre por semejante don. Se trata de conocimiento, pero de un conocimiento que tiene efectos saludables. El conocimiento de Dios como Padre nos hace tomar conciencia de nuestra condición de hijos. Una vez adquirida esta condición, sólo nos queda comportarnos como hijos –en relación con Dios y en relación con los hermanos- para obtener la herencia prometida a los que se mantienen hijos o perseveran como tales hasta el final.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos «Apostolorum Successores»

126. La tarea de los teólogos.

 En cuanto partícipes de la sucesión apostólica, los Obispos poseen un carisma cierto de verdad; por eso, a ellos compete custodiar e interpretar la Palabra de Dios y juzgar con autoridad cuanto sea conforme o se separe de ella.(371) Con este fin, Jesucristo les ha prometido la asistencia del Espíritu Santo. Al mismo tiempo, los Pastores necesitan de la ayuda de los teólogos, cuya vocación es adquirir, en comunión con el Magisterio, un conocimiento cada vez más profundo de la Palabra de Dios contenida en la Sagrada Escritura y transmitida por la Tradición viva de la Iglesia. Las investigaciones teológicas, aunque no constituyen la norma de verdad, enriquecen e iluminan la profundidad del Magisterio.(372)

Por tanto, el Obispo se servirá de la colaboración de teólogos cualificados tanto para la predicación dirigida a los fieles como para los trabajos que les confíe la Santa Sede y la Conferencia Episcopal.

Es deber del Obispo, por la fuerza de la autoridad recibida del mismo Cristo, vigilar para defender firmemente la integridad y la unidad de la fe, de tal modo que el depósito de la fe sea conservado y transmitido fielmente, y que las posiciones particulares sean unificadas en la integridad del Evangelio de Cristo. Por eso, es necesario que entre Obispos y teólogos se instaure una cordial colaboración y un fructuoso diálogo en el mutuo respeto y en la caridad,para conservar al Pueblo de Dios en la verdad y para impedir divisiones y contraposiciones, además de para animar a todos a una rica convergencia en la unidad de la fe custodiada por el Magisterio de la Iglesia.


371 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dogmática Dei Verbum, 8; Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Donum Veritatis, 40.

372 Cf. Juan Pablo II, Carta Encíclica Veritatis Splendor, 116; Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Donum Veritatis, 6 y 40; Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Pastores Gregis, 29.

Comentario Domingo XVI de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Por tu bondad, Señor y Hermano Jesús concédenos escuchar tu Palabra con el corazón abierto y con nuestro ser entero orientado a Ti. Haz que nos sea luz en el caminar de nuestra vida, fortaleza en la lucha diaria, nuestro gozo en los sinsabores de nuestra existencia. AMÉN.

 

Mt 13, 24-43

«24Otra parábola les propuso diciendo: “El Reino de los Cielos se parece a una persona que sembró buena simiente en su campo; 25pero, mientras la gente dormía, vino su enemigo y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. 26Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. 27Entonces fueron los criados a decirle al amo: ‘Señor, ¿no sembraste buena simiente en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?’. 28Él les dijo: ‘Un enemigo hizo esto’. Y los criados le dicen: ‘¿Quieres entonces que vayamos a arrancarla?’. 29Pero él dijo: ‘No, que al arrancar la cizaña podríais arrancar también el trigo. 30Dejadlos crecer juntos hasta la siega, y cuando llegue la siega diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, pero el trigo almacenadlo en mi granero’”.

31Otra parábola les propuso diciendo: “El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza al que toma una persona y lo siembra en su huerta; 32es la más pequeña de todas las simientes, pero cuando crece es más alta que las hortalizas y se hace árbol, de modo que vienen los pájaros del cielo y anidan en sus ramas”.

33Otra parábola les habló: “El Reino de los Cielos se parece a la levadura, a la que toma una mujer y la amasa con tres medidas de harina hasta que todo es fermentado”.

34Todas estas cosas habló Jesús en parábolas a las muchedumbres y sin parábolas nada les hablaba. 35Así se cumplió lo dicho por medio del profeta: “Abriré en parábolas mi boca; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo”.

36Entonces, dejando a las muchedumbres, fue a la casa. Y se le acercaron los discípulos diciendo: “Acláranos la parábola de la cizaña en el campo”.
37Él, respondiendo, dijo: “El que siembra la buena simiente es el Hijo del Hombre; 38el campo es el mundo; la buena simiente son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno; 39el enemigo que la siembra es el diablo; la siega es el fin del tiempo, y los segadores son los ángeles. 40Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema al fuego, así será el fin del tiempo: 41el Hijo del Hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su Reino todos los escándalos y los que hacen la iniquidad 42y los echarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. 43Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga”».

PALABRA DE DIOS

 

CONTEXTO

El capítulo 13 del evangelio de Mateo contiene el discurso en parábolas, tercero de los 5 grandes discursos de Jesús en dicho evangelio. Tercero y, por lo tanto, central, nuclear. En efecto, tras la gran proclamación por parte de Jesús del proyecto del Reino de los cielos (cap. 4-12), viene este discurso en parábolas a poner en el corazón del evangelio, de la Buena Noticia, algunas informaciones sobre el Reino de los cielos. Después de la primera gran parábola y la explicación de la misma (la parábola del sembrador, 13,3b-23), siguen ahora otras tres parábolas, cada vez más breves, que tocan diversos aspectos del Reino de los cielos (13,24- 33) y, tras una breve transición (13,34-35), la explicación de la primera de ellas, la de la cizaña (13,36-43). Seguirán otras tres parábolas y la conclusión del discurso (13,44-52). Estamos, pues, en el centro del evangelio mateano, y la tercera breví- sima de las parábolas de hoy, es el centro del centro del evangelio.

 

TEXTO

El texto evangélico consta de dos grandes secciones. La primera sección está formada por un grupo de 3 parábolas acerca del Reino de los cielos, que comienzan de la misma manera (“Otra parábola”) y la conclusión de todas ellas con una cita de cumplimiento, típico recurso de estilo de Mateo (13,24-35). La segunda sección es la explicación que el mismo Jesús da de la parábola de la cizaña, la primera que aparece en nuestro texto (13,36-43), marcada por un contundente cambio de destinatarios (de la multitud a los discípulos).

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Primera parábola (vv. 24-30): La parábola del trigo y la cizaña dice que el Reino está ya presente, abierto a todos según el bondadoso estilo de Dios Padre, que envía la lluvia y el sol sobre buenos y malos (cf. 5,45). La semilla del Reino coexiste con la del mal (la cizaña), que no será eliminado hasta el momento oportuno, el de la siega. Por tanto, nuestro empeño no debe ser tanto adelantar el trabajo del segador (hacer de Dios Juez), sino producir nuestros frutos, conforme a nuestro ser semillas que germinan. Una llamada a la tolerancia y, desde luego, al compromiso militante cristiano.

• Segunda parábola (vv. 31-32): La parábola de la semilla de mostaza, más breve que la anterior, tiene una hermosa enseñanza: como la mostaza, el Reino de los cielos crecerá, tendrá dinamismo, ofrecerá refugio para quien lo necesite. Continúa la apertura del Reino a todos, a la vez que ofrece seguridad y protección. Es un modelo para el estilo cristiano.

• Tercera parábola (v. 33): La parábola de la levadura es la central del grupo de 7 parábolas del discurso y, no por casualidad, la más breve. Describe la función del Reino, de una manera callada y sin pretensiones, pero con gran efectividad. La imagen de crecimiento es más intensa ahora.

• La idea de juicio en Mateo es muy importante y el texto finaliza con una conocida expresión de advertencia a los discípulos. No todo conduce a Dios y deberíamos pensar en todos aquellos aspectos de nuestra vida que siguen creciendo junto al trigo, pero no serán cosechados por el Señor.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis – Domingo XVI de Tiempo Ordinario

XVI Domingo del Tiempo Ordinario
19 julio 2020

Sabiduría 12, 13. 16-19; Salmo 85; Romanos 5, 12-15; Mateo 13, 24-43 o 24-30

La Parábola del Trigo y la Cizaña

En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la muchedumbre: “El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras los trabajadores dormían, llegó un enemigo del dueño, sembró cizaña entre el trigo y se marchó. Cuando crecieron las plantas y se empezaba a formar la espiga, apareció también la cizaña. Entonces los trabajadores fueron a decirle al amo: ‘Señor, ¿qué no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, salió esta cizaña?’ El amo les respondió:

‘De seguro lo hizo un enemigo mío’. Ellos le dijeron: ‘¿Quieres que vayamos a arrancarla?’ Pero él les contestó: ‘No. No sea que, al arrancar la cizaña, arranquen también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha y, cuando llegue la cosecha, diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en gavillas para quemarla; y luego almacenen el trigo en mi granero’”.

Reflexión:

Jesús les enseña sobre el Reino de los cielos con una parábola, un cuento con una enseñanza. ¿Quién es el sembrador en el cuento? Jesús es el que siembra el deseo de conocerlo y amarlo a través de las escrituras, o de una persona como los padres, un sacerdote o monjita, un amigo(a)… ¿Qué significa el campo? El Reino de los cielos; las personas de este mundo que dejamos a Jesús a ser Rey de nuestro corazón. En el campo hay trigo y cizaña, ¿Que significa cada uno? El trigo es la persona que sigue a Jesús y crece en amor; el trigo se usa para hacer pan que después nos alimenta. La cizaña es la persona que rechaza a Jesús y Su camino y destruye lo bueno con su egoísmo y odio; la cizaña no se puede comer y solo se bota. Los trabajadores querían arrancar la cizaña, pero el dueño les dijo que dejaran que crecieran juntos. ¿Por qué? Porque podrían arrancar el trigo sin querer. Quiso que esperaran al tiempo de la cosecha. ¿Qué significa el tiempo de la cosecha? En los últimos tiempos, habrá un juicio final y Dios va a separar los que han aceptado a Jesús y ayudaron a construir Su Reino, de los que lo rechazaron y trataron de destruir su Reino. Los primeros se quedarán con Jesús y los otros se quemarán. En resumen, cuando vino Jesús a la tierra, trajo el Reino de los cielos, pero no todos lo aceptan como Rey. Viviremos juntos todos hasta el final de los tiempos. Aunque veamos que otros no siguen a Jesús, tenemos que nosotros seguirlo para tener vida y felicidad en la tierra y en la vida eterna. Podemos orar y hacer sacrificio por la conversión de los que no aceptan a Jesús para que ellos también tengan vida. Nuestra Madre en el Cielo nos pide oración por ellos.

Actividad:

En la siguiente página, colorear la historia de la parábola del trigo y la cizaña. En la otra página, dibujar una línea de la palabra que indica la presencia de Jesús en un corazón, hasta un trigo. Dibujar una línea de la palabra que indica la ausencia de Jesús, hasta una cizaña.

Oración:

Jesús, ayúdame a siempre seguirte. Llena mi corazón con tu amor para ayudar a construir tu Reino. Pido por la conversión de todos que no te conocen o no te aceptan para que todo el mundo te ame mucho. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Parábola de la cizaña – Mateo 13, 24-43

En aquel tiempo , Jesús propuso esta parábola a la gente: – El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga, apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: – Señor, ¿no sembraste buena semilla en el campo? ¿De dónde sale la cizana?. El les dijo: – Un enemigo lo ha hecho. Los criados le preguntaron: – ¿Quieres que vayamos a arrancarla? Pero él les respodió: – No, que podríais arancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega, y cuando llegue la siega diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero…….

Explicación

Otro día Jesús explicaba: EL mundo es como un campo en el que Yo siembro la buena semilla, que sois vosotros los que me seguís; y el diablo siembra la mala, que son los que no creen en mí. Pero cuando llegue la hora de la cosecha, se separará la buena semilla, que iréis al lado de Dios, de la mala, que irán al lado del diablo.

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

DÉCIMOSEXTO DOMINGO: TIEMPO ORDINARIO -“A” (Mt.13, 24-43)

NARRADOR: En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente:

JESÚS: El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo:

CRIADO 1: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?

NARRADOR: Jesús les dijo:

JESÚS: «Un enemigo lo ha hecho.»

NARRADOR: Los criados le preguntaron

CRIADO 2: ¿Quieres que vayamos a recogerla?

NARRADOR: Pero él respondió:

JESÚS: No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.

NARRADOR: Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle:

DISCÌPULO1: Maestro, explícanos la parábola de la cizaña en el campo.

NARRADOR: Él contestó:

JESÚS: El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles.

DISCÌPULO2: Y esto ¿cuándo va a suceder?

JESÚS: Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles XV de Tiempo Ordinario

En la mentalidad del Antiguo Testamento ven la intervención de Dios en todos los acontecimientos. El creyente bíblico está convencido de que Dios se vale de todas las mediaciones históricas para llevar adelante su plan de salvación. En el texto de Isaías que leemos hoy el profeta ve a Asiria como instrumento de Yahvé para escarmentar al pueblo de Israel de los errores que han cometido. El pueblo no ha seguido los consejos del profeta que exhortaba a poner su confianza en Dios y no en las alianzas políticas con las potencias extranjeras que les prometían seguridad.

Si bien en este oráculo Asiria es presentada como «vara y bastón» de la ira de Dios (v. 5). Como hemos indicado era la forma propia de concebir los acontecimientos del creyente bíblico. Más que un castigo divino lo que va a sufrir el pueblo son las consecuencias de sus propias decisiones. Esta tensión que vivía el pueblo de Israel entre poner su confianza en sus propias estrategias o realmente poner su confianza en Dios, sigue presente también en nosotros hoy. Muchas veces nos cuesta dejar entrar a Dios en todos los ámbitos de nuestra vida, dejar que la fe que decimos profesar incida en nuestra vida. Lo vemos, por ejemplo, constantemente en muchos líderes políticos de nuestro tiempo, que se dicen ser cristianos, pero en la gestión del bien público siempre buscan sus propios intereses. Utilizan el nombre de Dios para legitimar sistemas de injusticia y corrupción, en detrimento de los derechos de las grandes mayorías pobres de nuestros países. Por eso, decimos con el salmo 93: «¡El Señor no rechaza a su pueblo! El justo obtendrá su derecho, y un porvenir los rectos de corazón».

En el Evangelio Jesús le da gracias al Padre por el modo sorprendente de actuar, tan distinto a nuestra lógica humana, que le hace revelar a la gente sencilla los secretos del Reino. La gente pobre y sencilla, los que tenían que luchar contra el hambre y sus enfermedades fueron quienes supieron captar mejor el mensaje de Jesús. Qué difícil se nos hace aceptar este criterio fundamental del Evangelio que es en lo pequeño, en lo pobre, en lo sencillo donde se revela el Dios de Jesús. En aquellos que al no tener nada están más abiertos para aceptar el mensaje del Señor. Los sabios y entendidos en el tiempo de Jesús eran personas que lo tenían todo asegurado, muchos llegaban a creer de no necesitar de Dios. Lo sorprendente del mensaje de Jesús es que revierte esa concepción poniendo en el centro a los pequeños.

La adhesión a la persona de Jesús y su mensaje debe comportar en sus seguidores hoy estas mismas actitudes vitales de su Maestro que no se deja llevar por las apariencias, que mira el corazón. Hacer nuestro este «Magnificat de Jesús» nos debería ayudar a vivir con ese espíritu que tiene la gente sencilla de apertura, de naturalidad, de sinceridad, de confianza en el Señor. Y que nuestro corazón sea capaz de reconocer en los más pobres y humildes lo mejor que tiene la Iglesia como Pueblo de Dios, por son ese «lugar teológico» donde Dios se nos sigue revelando también a nosotros hoy. ¿Me dejo sorprender como Jesús de la forma siempre novedosa de actuar de Dios?

Edgardo Guzmán, cmf.