Vísperas – Viernes XV de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

VIERNES XV de TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

¿Quién es este que viene,
recién atardecido,
cubierto con su sangre
como varón que pisa los racimos?

Éste es Cristo, el Señor,
convocado a la muerte,
glorificado en la resurrección.

¿Quién es este que vuelve,
glorioso y malherido,
y, a precio de su muerte,
compra la paz y libra a los cautivos?

Éste es Cristo, el Señor,
convocado a la muerte,
glorificado en la resurrección.

Se durmió con los muertos,
y reina entre los vivos;
no le venció la fosa,
porque el Señor sostuvo a su Elegido.

Éste es Cristo, el Señor,
convocado a la muerte,
glorificado en la resurrección.

Anunciad a los pueblos
qué habéis visto y oído;
aclamad al que viene
como la paz, bajo un clamor de olivos. Amén.

SALMO 134: HIMNO A DIOS, REALIZADOR DE MARAVILLAS

Ant. El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.

Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios.

Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión suya.

Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la tierra,
en los mares y en los océanos.

Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.

Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta los animales.
Envió signos y prodigios
—en medio de ti, Egipto—
contra el Faraón y sus ministros.

Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos,
a Hog, rey de Basán,
y a todos los reyes de Canaán.
Y dio su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su pueblo.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.

SALMO 134

Ant. Casa de Israel, bendecid al Señor; tañed para su nombre, que es amable.

Señor, tu nombre es eterno;
Señor, tu recuerdo de edad en edad.
Porque el Señor gobierna a su pueblo
y se compadece de sus siervos.

Los ídolos de los gentiles son oro y plata,
hechura de manos humanas;
tienen boca y no hablan,
tienen ojos y no ven,

tienen orejas y no oyen,
no hay aliento en sus bocas.
Sean lo mismo los que los hacen,
cuantos confían en ellos.

Casa de Israel, bendice al Señor;
casa de Aarón, bendice al Señor;
casa de Leví, bendice al Señor.
fieles del Señor, bendecid al Señor.

Bendito en Sión el Señor,
que habita en Jerusalén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Casa de Israel, bendecid al Señor; tañed para su nombre, que es amable.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

LECTURA: St 1, 2-4

Hermanos míos: Teneos por muy dichosos cuando os veáis asediados por toda clase de pruebas. Sabed que, al ponerse a prueba vuestra fe, os dará constancia. Y si la constancia llega hasta el final, seréis perfectos e íntegros sin falta alguna.

RESPONSORIO BREVE

R/ Cristo nos amó y nos ha librado por su sangre.
V/ Cristo nos amó y nos ha librado por su sangre.

R/ Nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios.
V/ Por su sangre

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Cristo nos amó y nos ha librado por su sangre.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor nos auxilia a nosotros, sus siervos, acordándose de su misericordia.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor nos auxilia a nosotros, sus siervos, acordándose de su misericordia.

PRECES

Invoquemos al Señor Jesús, a quien el Padre entregó por nuestros pecados y lo resucitó para nuestra justificación, diciendo:

Señor, ten piedad de tu pueblo

Escucha, Señor, nuestras súplicas, perdona los pecados de los que se confiesan culpables
— y, en tu bondad, otórganos el perdón y la paz.

Tú que por el Apóstol nos has enseñado que, si creció el pecado, más desbordante fue la gracia,
— perdona con largueza nuestros muchos pecados.

Hemos pecado mucho, Señor, pero confiamos en tu misericordia infinita;
— vuélvete a nosotros, para que podamos convertirnos a ti.

Salva a tu pueblo de los pecados, Señor,
— y sé benévolo con nosotros.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que abriste las puertas del paraíso al ladrón arrepentido, que te reconoció como Salvador,
— ábrelas también para nuestros difuntos.

Reconociendo que nuestra fuerza para no caer en la tentación se halla en Dios, digamos confiadamente:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, Padre santo, que quisiste que Cristo, tu Hijo, fuese el precio de nuestro rescate, haz que vivamos de tal manera que, tomando parte en sus padecimientos, nos gocemos también en la revelación de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Viernes XV de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

¡Oh Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados, para que puedan volver al buen camino!, concede a todos los cristianos rechazar lo que es indigno de este nombre y cumplir cuanto en él se significa. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Mateo 12,1-8
En aquel tiempo cruzaba Jesús un sábado por los sembrados. Y sus discípulos sintieron hambre y se pusieron a arrancar espigas y a comerlas. Al verlo los fariseos, le dijeron: «Mira, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado.» Pero él les dijo: «¿No habéis leído lo que hizo David cuando sintió hambre él y los que le acompañaban, cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la Presencia, que no le era lícito comer a él, ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes? ¿Tampoco habéis leído en la Ley que en día de sábado los sacerdotes, en el Templo, quebrantan el sábado sin incurrir en culpa? Pues yo os digo que hay aquí algo mayor que el Templo. Si hubieseis comprendido lo que significa Misericordia quiero, que no sacrificio, no condenaríais a los que no tienen culpa. Porque el Hijo del hombre es señor del sábado.»

3) Reflexión

• En el evangelio de hoy veremos de cerca uno de los muchos conflictos entre Jesús y las autoridades religiosas de la época. Son conflictos entorno a las prácticas religiosas de aquel tiempo: ayuno, pureza, observancia del sábado, etc.. En términos de hoy, serían conflictos como por ejemplo, la boda de de personas divorciadas, la amistad con prostitutas, la acogida de los homosexuales, el comulgar sin estar casados por la iglesia, el faltar a la misa en domingo, no ayunar el día de viernes santo. Son muchos los conflictos: en casa, en la escuela, en el trabajo, en la comunidad, en la iglesia, en la vida personal, en la sociedad. Conflictos de crecimiento, de relaciones, de edad, de mentalidad. ¡Tantos! Vivir la vida sin conflicto ¡es imposible! El conflicto forma parte de la vida y aparece desde el nacimiento. Nacemos con dolores de parto. Los conflictos no son accidentes por el camino, sino que son parte integrante del camino, del proceso de conversión. Lo que llama la atención es la manera en que Jesús se enfrenta a los conflictos. En la discusión con los adversarios, no se trataba de que tuviera razón en contra de ellos, sino de que prevaleciera la experiencia que él, Jesús, tenía de Dios como Padre y Madre. La imagen de Dios que los otros tenían era de un Dios juez severo, que sólo amenazaba y condenaba. Jesús trataba de hacer prevalecer la misericordia sobre la observancia ciega de las normas y de las leyes que no tenían nada que ver con el objetivo de la Ley que es la práctica del amor.

• Mateo 12,1-2: Arrancar el trigo en día de sábado y la crítica de los fariseos. En un día de sábado, los discípulos pasaban por las plantaciones y se abrieron camino arrancando espigas para comerlas. Tenían hambre. Los fariseos llegaron e invocaron la Biblia para decir que los discípulos estaban cometiendo una trasgresión de la ley del sábado (Cf. Ex 20,8-11). Jesús también usa la Biblia y responde evocando tres ejemplos sacados de la Escritura: (a) de David, (b) da la legislación sobre el trabajo de los sacerdotes en el templo y (c) de la acción del profeta Oseas, es decir, cita un libro histórico, un libro legislativo y un libro profético.

• Mateo 12,3-4: El ejemplo de David. Jesús recuerda que David había hecho una cosa prohibida por la ley, pues sacó a los panes sagrados del templo y los dio a los soldados para que los comiesen porque tenían hambre (1 Sam 21,2-7). ¡Ningún fariseo tenía el valor de criticar al rey David!

• Mateo 12,5-6: El ejemplo de los sacerdotes.. Acusado por las autoridades religiosas, Jesús argumenta a partir de lo que ellas mismas, las autoridades religiosas, hacen en día de sábado. En el templo de Jerusalén, en día de sábado, los sacerdotes trabajan mucho más que en los días entre semana, pues deben sacrificar los animales para los sacrificios, deben limpiar, barrer, cargar peso, degollar animales, etc. Y nadie decía que iban contra la ley, pues pensaban que era normal, etc. La ley misma los obligaba a hacer esto (Núm 28,9-10).

• Mateo 12,7: El ejemplo del profeta. Jesús cita la frase del profeta Oseas: Misericordia quiero y no sacrificio. La palabra misericordia significa tener el corazón (cor) en la miseria (miseri) de los otros, es decir, la persona misericordiosa tiene que estar bien cerca del sufrimiento de las personas, tiene que identificarse con ellas. La palabra sacrificio significa hacer (fício) que una cosa queda consagrada (sacri), es decir, quien ofrece un sacrificio separa el objeto sacrificado del uso profano y lo distancia de la vida diaria de la gente. Si los fariseos tuviesen en sí esta mirada del profeta Oseas, sabrían que el sacrificio más agradable a Dios no es que la persona consagrada viva distanciada de la realidad, sino que ponga enteramente su corazón consagrado al servicio de la miseria de sus hermanos y hermanas para aliviarla. Ellos no debían condenar como culpables a aquellos que en realidad eran inocentes.

• Mateo 12,8: El Hijo del Hombre es señor del sábado. Jesús termina con esta frase: el Hijo del Hombre es señor del sábado. Jesús, él mismo, es el criterio para la interpretación de la Ley de Dios. Jesús conocía la Biblia de memoria y la invocaba para mostrar que los argumentos de los otros no tenían fundamento. En aquel tiempo, no había Biblias impresas como tenemos hoy en día. En cada comunidad sólo había una Biblia, escrita a mano, que quedaba en la sinagoga. El que Jesús conociera tan bien la Biblia es señal de que durante treinta años de vida en Nazaret, ha participado intensamente en la vida de la comunidad, donde todos los sábados se leían las escrituras. La nueva experiencia de Dios como Padre hacía que Jesús llegara a descubrir mejor cuál había sido la intención de Dios al decretar las leyes del Antiguo Testamento. Al convivir con la gente de Galilea, durante treinta años en Nazaret, y sintiendo en la piel la opresión y la exclusión de tantos hermanos y hermanas en nombre de la Ley de Dios, Jesús tiene que haber percibido que esto no podía ser el sentido de aquellas leyes. Si Dios es Padre, entonces él acoge a todos como hijos e hijas. Si Dios es Padre, entonces debemos ser hermanos y hermanas unos de otros. Fue lo que Jesús vivió y rezó, desde el comienzo hasta el fin. La Ley debe estar al servicio de la vida y de la fraternidad. “El ser humano no está hecho para el sábado, sino el sábado para el ser humano” (Mc 2,27). Fue por su fidelidad a este mensaje que Jesús fue condenado a muerte. El incomodaba al sistema, y el sistema se defendió, usando la fuerza contra Jesús, pues él quería la Ley al servicio de la vida, y no viceversa. Falta todavía mucho para que tengamos esa misma familiaridad con la Biblia y la misma participación en la comunidad como Jesús.

4) Para la reflexión personal

• ¿Qué tipo de conflictos tú vives en familia, en la sociedad y en la iglesia? ¿Cuáles son los conflictos relativos a prácticas religiosas que, hoy hacen sufrir a las personas y son motivo de mucha discusión y polémica? ¿Cuál es la imagen de Dios que está por detrás de todos estos preconceptos, normas y prohibiciones?
• ¿Qué te ha enseñado el conflicto en estos años? ¿Cuál es el mensaje que sacamos de todo esto para nuestras comunidades de hoy?

5) Oración final

Señor, si acostado me vienes a la mente,
quedo en vela meditando en ti,
porque tú me sirves de auxilio
y exulto a la sombra de tus alas;
mi ser se aprieta contra ti,
tu diestra me sostiene. (Sal 63,7-9)

Comentario – Viernes XV de Tiempo Ordinario

El evangelista refiere que un sábado cualquiera Jesús, en compañía de sus discípulos, atravesaba un sembrado. Los discípulos, acuciados por el hambre, empezaron a arrancar espigas y a comérselas. Pero, arrancar espigas en sábado era una violación de la Ley concerniente al descanso sabático. Estaban, pues, actuando contra la Ley. No es extraño, por tanto, que los fariseos, guardianes de la Ley, al verlos actuar así, reaccionen de inmediato y censuren su conducta. Pero los fariseos no se dirigen en su crítica a quienes cometen la infracción, sino al Maestro que se lo consiente: Mira –dicen-, tus discípulos están haciendo una cosa que no está permitida en sábado. ¿Qué cosa era ésa?

Arrancar espigas, realizar una labor agrícola, es decir, trabajar en el día en que hay que descansar. Éste es su pecado. No les acusan de robar en campo ajeno, sino simplemente de arrancar espigas en el día festivo o día destinado al descanso, según la Ley de Dios. Pero los apóstoles no arrancaban espigas para almacenar el grano o para venderlo, sino únicamente para comérselas, pues tenían hambre. Aquella actividad no perseguía otra cosa que procurarse algo de alimento para ese día, una actividad reclamada por la urgencia y la oportunidad del momento.

Ante la acusación farisaica que coloca a estos discípulos del lado de los transgresores de la Ley, Jesús sale en su defensa invocando el ejemplo de un ilustre personaje de la historia del pueblo de Israel a quien sorprendemos en compañía de sus soldados llevando a cabo acciones contrarias a la Ley o acciones que no estaban permitidas por esa ley que mandaba no hacer uso profano de las cosas sagradas. Tales eran los panes presentados y reservados a los sacerdotes que David y sus hombres, acosados por el hambre y quizá tras una intensa jornada de campaña militar, consumieron después de haber entrado en la casa de Dios. Pero comer de estos panes destinados a la ofrenda cultual o ya ofrecidos no les estaba permitido a personas ajenas al sacerdocio, como eran, en este caso, David y sus acompañantes.

Hicieron, pues, lo que la Ley prohibía a los profanos. Lo único que podía justificar esta acción era la urgente necesidad de recurrir a algún alimento para no desfallecer, y esos panes reservados eran el único alimento que se les puso al alcance de la mano en tales circunstancias. La misma necesidad (hambre) que justifica esta acción justificaría la acción de arrancar espigas por parte de sus discípulos, con la diferencia de que aquellos panes eran la ofrenda de un sacrificio cultual y las espigas del sembrado no, o aún no.

Pero la Ley también permitía excepciones, y Jesús se lo hace saber recurriendo al ejemplo de los sacerdotes que trabajan en el templo los sábados sin incurrir en culpa: al oficiar en el templo los sábados, violan la Ley, pero no se hacen culpables de transgresión. La Ley les permite a ellos lo que no les permite a otros, a saber, trabajar en sábado. Según este criterio, la Ley admite excepciones que encuentran justificación en situaciones de extrema necesidad o en las obligaciones asociadas al propio oficio, un oficio reconocido y apreciado en el marco de la misma Ley, cual es el oficio sacerdotal. Pues bien, si el servicio del templo justifica el incumplimiento del Sábado –dice Jesús-, aquí hay uno que es más que el templo, es decir, alguien con más autoridad que la emanada del templo; y si el templo y su culto imponen ciertas obligaciones que entran en conflicto con la Ley, también él –en cuanto mayor que el templo- puede eximir del cumplimiento de la Ley si éste colisiona con otros valores que es preciso salvar en una determinada situación.

Los fariseos, sin embargo, tampoco escaparán a la censura de Jesús, que aprovecha la ocasión para poner de manifiesto sus grandes carencias. Al fin y al cabo son de los que cuelan el mosquito y se tragan el camello. Ellos, los que se han constituido en guardianes de la Ley, merecen –a juicio de Jesús- una censura aún mayor que la que ha recaído sobre esos pobres hambrientos que, impelidos por la necesidad, se han visto obligados a buscar alimento en lugares y tiempos improcedentes, y es que no han comprendido todavía lo que Dios quiere del hombre, lo que realmente aprecia en él, que no es otra cosa que la misericordia, esa misericordia de la que ellos carecen cuando condenan a inocentesSi comprendierais –les dice- lo que significa «quiero misericordia y no sacrificios», no condenaríais a los que no tienen culpaPorque el Hijo del hombre es señor del Sábado.

La misericordia mira al prójimo necesitado; el sacrificio, a Dios. Siendo esto así, resulta que a Dios le agradan más nuestras obras de misericordia que nuestras ofrendas (o culto sacrificial). Y si le agradan nuestras ofrendas es sólo en la medida en que despiertan y sostienen nuestras acciones misericordiosas. No podemos olvidar, sin embargo, que hay ofrendas que son a la vez obras de misericordia. Pensemos en ese sacrificio en el que Cristo ofrece su propia vida por la salvación de la humanidad doliente. ¿No hay en esta ofrenda (=sacrificio) un acto de misericordia? ¿No se ofrece a Dios para remediar las miserias del hombre sujeto al pecado y a la muerte el que tantas muestras había dado ya de apiadarse de los miserables de este mundo?

Evidentemente que en este sacrificio había misericordia. Por eso, además de por ser el sacrificio del Hijo, es agradable a Dios. Nuestro culto sacrificial se concentra en la eucaristía, actualización sacramental del sacrificio de Cristo; pero sólo si nos ofrecemos con él podremos decir que ese sacrificio es también nuestro y será del agrado de Dios. Lo que justifica el sacrificio a los ojos de Dios es la actitud oferente inspirada en la misericordia, es decir, en ese deseo de contribuir con nuestra ofrenda a remediar ese estado de miseria y de indigencia en que se encuentra la humanidad, siempre necesitada de salvación. Ello explica la insistencia de Jesús en la misericordia, pues ella constituye la razón de ser de su venida a este mundo y de la existencia cristiana. Sólo si entendemos lo que significa quiero misericordia podemos considerarnos mentalmente cristianos. Y si realmente entendemos esto, no condenaremos a los que carecen de culpa, aunque les veamos violar ciertas leyes como la del descanso sabático. Lo refrenda el que se proclama Señor del sábado.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos «Apostolorum Successores»

128. El Obispo, responsable de la catequesis diocesana.

El Obispo tiene la función principal, juntamente con la predicación, de promover una catequesis activa y eficaz. Ninguna organización en la Iglesia puede reivindicar el monopolio de la catequesis; por tanto, es responsabilidad sólo del Obispo ordenar la catequesis diocesana según los principios y las normas emanadas por la Sede Apostólica,(375) disponiendo las diferentes modalidades de catequesis adecuadas a las necesidades de los fieles.

Además debe procurar abastecer la diócesis con abundantes medios para la catequesis:

– en primer lugar, un buen número de catequistas, sostenidos por una eficaz organización diocesana que provea adecuadamente tanto a su formación básica como a la permanente, de tal forma que sean ellos mismos catequistas vivientes.(376) El Obispo debe dar relieve al peculiar carácter eclesial de los catequistas confiriéndoles el mandato.

– después, los instrumentos idóneos para el ejercicio de la obra catequética, para la cual el Obispo podrá valerse de catecismos publicados por la Conferencia Episcopal(377) o, si se considera más oportuno, elaborar un catecismo proprio de la diócesis. Los contenidos del Catecismo de la Iglesia Católica son textos de referencia obligatoria, también para la elaboración de los catecismos locales.(378)


375 Cf. Codex Iuris Canonici, cans. 775 § 1 y 777.

376 Cf. Codex Iuris Canonici, can. 780; Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Catechesi Tradendae, 63; Congregación para el Clero, Directorio General para la Catequesis, 233-252; 265-267 y 272-275.

377 Cf. Codex Iuris Canonici, can. 755 §§ 1-2.

378 Cf. Juan Pablo II, Constitución Apostólica Fidei Depositum, 4; Carta Apostólica Laetamur Magnopere.

La misa del domingo: misa con niños

DOMINGO XVI DE TIEMPO ORDINARIO

 

SALUDO

El amor de Dios nuestro Padre, manifestado en Jesús el Señor, que nos da su Espíritu para ayudarnos en toda dificultad, esté con nosotros.

ENTRADA

Se nos invita hoy a revisar la imagen que tenemos de Dios. Las falsas imá­genes han estado -y están- siempre presentes en la vida de los cristianos, por­que todos intentamos  hacernos un Dios a medida, de andar por casa, mas que acoger su mensaje de plenitud. El Dios Padre en quien creemos es un Dios justo, su justicia se basa en el perdón y no en el castigo, en la gracia y no en los supues­tos méritos humanos. Y para descubrir a este Dios Padre de bondad, necesitamos la fuerza del Espíritu que viene en ayuda de nuestra debilidad. Así, la vida es como la sementera de Dios, que espera demos frutos, pero que también sabe que crece en nosotros el trigo y la cizaña. Aún así Dios sigue apostando por los hom­bres, con paciencia infinita, esperando e1 tiempo de la siega. Bienvenidos todos a esta celebración.

ACTO PENITENCIAL

El Espíritu nos ayuda a pedir lo que nos conviene. Con esta certeza pida­mos ahora el perdón de Dios.

– Tú, que animas a los que dudan, llenándolos de confianza y entrega.

SEÑOR, TEN PIEDAD.

– Tú, que nos das tu Espíritu para ayudarnos en la debilidad.

CRISTO, TEN PIE­DAD.

– Tú, que nos llamas a ser una tierra buena, acogiendo tu Palabra y dando fru­tos de justicia. SEÑOR, TEN PIEDAD.

Oración: Danos, Señor, tu gracia y perdona nuestras limitaciones y peca­dos. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACIÓN COLECTA

Dios y Padre nuestro, al celebrar esta Eucaristía te rogamos que nos ayudes a vivir abiertos a lo noble de la vida, de modo que en las personas podamos descubrirte como el Dios de la entrega, de la esperanza, de la vida en plenitud. Por nuestro Señor Jesucristo.

LECTURA SAPIENCIAL

La historia de Israel va dando origen al reconocimiento de Dios como el que actúa a favor de la vida, que perdona a todos, y que obra con justicia. Una justicia divina que basa su fuerza en el perdón y la misericordia. Estas catego­rías llevan al autor a afirmar que «no hay más Dios que Tú, que cuidas de todo».

LECTURA APOSTÓLICA

La lectura que ahora escuchamos nos habla de la oración cristiana, que es sobre todo una comunicación de Dios con los hombres. Él es el que se acer­ca, se abaja, y comparte nuestra vida. Y como somos pobres y limitados, tene­mos necesidad del Espíritu que nos ayuda en esta relación y que nos llena de confianza, sabiendo que Dios nunca nos deja de su mano.

LECTURA EVANGÉLICA

Nuevamente Jesús se dirige a la gente usando una parábola, para acer­carnos a la realidad del Reino. La vida humana es la sementera de Dios, des­tinada a dar frutos de bien, donde crecen, sin embargo, lo bueno y lo malo, el trigo y la cizaña. Pero Dios no tiene prisa, sigue aguardando que llegue el momento preciso de la siega, y sigue llamándonos a ser un buen trigo.

ORACIÓN DE LOS FIELES

Oración universal: Presentemos nuestras plegarias al Padre. Él es la fuente de todo bien, él acompaña nuestro camino, él ama a todos sus hijos. Oremos diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE.

  1. Por todos los estamentos de la Iglesia: el papa, los obispos, los presbíteros, los diáconos, los religiosos y religiosas, los laicos y laicas. Que seamos, en medio del mundo, buena semilla del Evangelio. OREMOS:
  2. Por los gobernantes de nuestro país y de todos los países. Que sea su preocupación principal trabajar para que los pobres y los débiles puedan vivir dignamente. OREMOS:
  3. Por los monitores y monitoras de las distintas actividades que se organizan para niños y jóvenes durante elverano. Que lleven a cabo su labor con alegría y espíritu de servicio. OREMOS:
  4. Por los enfermos y los ancianos. Que tengan la compañía y el apoyo que necesitan. OREMOS:
  5. Por nosotros. Que el Señor nos conceda la paz del corazón. OREMOS:

Escucha, Padre, nuestra oración, y derrama tu EspírituSanto sobre el mundo entero. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Traemos al altar, Señor, estos dones que tu mismo nos haces, y te rogamos que, alimentados con la Vida que ellos nos dan, seamos siempre capaces de sembrar justicia y paz a nuestro alrededor. Por Jesucristo.

PREFACIO

Te damos gracias y te bendecimos, Padre, de todo corazón, sabiendo que todo lo noble y bueno procede de Ti, y sabiendo que tenemos que vivir unien­do esfuerzos en la tarea nunca acabada de que todos vivamos como verdade­ros hijos, como verdaderos hermanos.

Permite, Señor, que nos unamos a las voces de todas las personas bue­nas que hay en el mundo para darte gracias de nuevo y glorificarte con este himno en tu honor: Santo, Santo, Santo…

ORACION DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Dios Padre nuestro, que en Jesús eres la esperanza, el amor y la vida; llegue hasta Ti nuestra acción de gracias sencilla y limitada, pero también sincera y profunda; y que lo que aquí hemos celebrado nos ayude a seguirte con mayor entrega. Por Jesucristo.

DESPEDIDA: Una vez más hemos escuchado la palabra de Dios y hemos compartido la eucaristía; una vez más nos debemos sentir interpelados por esta Cena que hemos celebrado juntos. Una vez más es hora de comparar nuestra vida con el estilo de Jesús y corregir y rectificar aquello que hace que nuestra vida no sea todavia levadura de este mundo que está esperando con anhelo quien lo fermente para convertirlo de masa en pan. Es una tarea que está ineludiblemente en nuestras manos.

 

La misa del domingo

Domingo 16 del TO A

19 de julio de 2020

Subrayados de la Palabra

  • 1ª lectura (Sb 12,13.16-19): «Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia, porque puedes hacer cuanto quieres. Obrando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento».

  • 2ª lectura (Rom 8,26-27): «Hermanos: El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios».
  • Evangelio (Mt 13,24-43): «¿De dónde sale la cizaña?» Él les dijo: «Un enemigo lo ha hecho.» Los criados le preguntaron: «¿Quieres que vayamos a arrancarla?» Pero él les respondió: «No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero».

Ecos de la Palabra para jóvenes y comunidades

• El libro de la Sabiduría en la primera lectura nos da la receta mágica, Dios obrando con misericordia, nos ha enseñado que el justo debe ser humano, y así nos has dado la esperanza de que el pecado, el mal, deje hueco al arrepentimiento.

• Pablo nos muestra cómo funciona la oración; es un acto de adoración, comienza con una inducción del Espíritu, es guiada por Él y los resultados de la misma glorifican a Dios. Debemos comprender que las debilidades humanas pueden jugarnos un papel en contra en la forma y motivos de nuestras oraciones. Lo que pedimos a Dios siempre debe estar en conformidad a la Voluntad de Dios y no a la nuestra, aunque pueda parecer algo bueno.

• La parábola de la cizaña complementa a la del sembrador, aunque en un sentido distinto. El Señor siembra la palabra, pero también el diablo (v. 39) siembra sus asechanzas y obtiene fruto en algunos hombres. Pasa en vida de Jesús, donde su predicación del Reino encuentra la oposición que Satanás ha sembrado, y pasará en la vida de la Iglesia, ya que es inevitable que los hijos de Dios convivan con los hijos del Maligno (v. 38): el mal y el bien coexisten y se desarrollan a lo largo de la historia. La enseñanza de Jesús versa sobre la paciencia: como no es fácil distinguir entre el trigo y la cizaña hasta que no aparece la espiga granada (v. 26), tampoco a veces es fácil separar el bien y el mal. Pero al final, Cristo —Hijo del Hombre triunfante— juzgará a todos y dará a cada uno su merecido. La invitación a la paciencia y a la esperanza se alimenta con las parábolas del grano de mostaza y de la levadura (vv. 31-33). La primera es una imagen agrícola, y la segunda, doméstica.

Proyecto de homilía

Al cristianismo le ha hecho mucho daño a lo largo de los siglos el triunfalismo, la sed de poder y el afán de imponerse a sus adversarios. Todavía hay cristianos que añoran un Iglesia poderosa que llene los templos, conquiste las calles e imponga su religión a la sociedad entera.

Hemos de volver a leer dos pequeñas parábolas en las que Jesús deja claro que la tarea de sus seguidores no es construir una religión poderosa, sino ponerse al servicio del proyecto humanizador del Padre (el reino de Dios), sembrando pequeñas “semillas” de Evangelio e introduciéndose en la sociedad como pequeño “fermento” de vida humana.

La primera parábola habla de un grano de mostaza que se siembra en la huerta. ¿Qué tiene de especial esta semilla? Que es la más pequeña de todas, pero, cuando crece, se convierte en un arbusto mayor que las hortalizas. El proyecto del Padre tiene unos comienzos muy humildes, pero su fuerza transformadora no la podemos ahora ni imaginar.

La actividad de Jesús en Galilea sembrando gestos de bondad y de justicia no es nada grandioso y espectacular: ni en Roma ni en el Templo de Jerusalén son conscientes de lo que está sucediendo. El trabajo que realizamos hoy sus seguidores es insignificante: los centros de poder lo ignoran.

Incluso, los mismos cristianos podemos pensar que es inútil trabajar por un mundo mejor: el ser humano vuelve una y otra vez a cometer los mismos horrores de siempre. No somos capaces de captar el lento crecimiento del reino de Dios.

La segunda parábola habla de una mujer que introduce un poco de levadura en una masa grande de harina. Sin que nadie sepa cómo, la levadura va trabajando silenciosamente la masa hasta fermentarla enteramente.

Así sucede con el proyecto humanizador de Dios. Una vez que es introducido en el mundo, va transformando calladamente la historia humana. Dios no actúa imponiéndose desde fuera. Humaniza el mundo atrayendo las conciencias de sus hijos hacia una vida más digna, justa y fraterna.

Hemos de confiar en Jesús. El reino de Dios siempre es algo humilde y pequeño en sus comienzos, pero Dios está ya trabajando entre nosotros promoviendo la solidaridad, el deseo de verdad y de justicia, el anhelo de un mundo más dichoso. Hemos de colaborar con él siguiendo a Jesús.

Una Iglesia menos poderosa, más desprovista de privilegios, más pobre y más cercana a los pobres, siempre será una Iglesia más libre para sembrar semillas de Evangelio, y más humilde para vivir en medio de la gente como fermento de una vida más digna y fraterna.

José Luis Guzón, sdb

Sembrar

Quien siembra
siembra con esperanza,
aunque el terreno
no sea el mejor
y tenga piedras,
zarzas,
calveros,
lugares yermos,
pisados caminos
y aves en el cielo al acecho.

Quien siembra
siembra con esperanza,
aunque no sea dueño
del tiempo,
de las lluvias,
de las heladas,
de los vientos,
de las sequías,
ni de los calores
que secan el terreno.

Quien siembra
siembra con esperanza,
aunque no distinga
la semilla,
ni entienda
los procesos
de germinación,
ni los milagros encerrados
en la simiente
que lanza a la tierra.

Quien siembra
siembra con esperanza,
aunque solo esparza
en la tierra y en los corazones
semillas pequeñas,
semillas sin prestancia,
semillas de mostaza,
pues sabe que el Señor
del campo y de la semilla
confía en él y en su tarea.

Quien siembra
siembra con esperanza,
aunque no sea suya la semilla,
ni el terreno,
ni sea dueño del tiempo,
ni sepa de climas;
aunque la experiencia le diga
que hay cosechas que fracasan
a pesar del cuidado
y de cántaros de gracia.

Quien siembra
vive la esperanza,
sueña en parábolas,
lanza buenas nuevas,
goza la temporada
y anhela la cosecha;
pero, a veces, las preocupaciones
le hacen pasar las noches en claro,
y nada se soluciona
hasta que se duerme en tu regazo.

¡Saldré a sembrar
para continuar tu tarea
y para que nos cuentes historias
que florezcan en gracia!

Florentino Ulibarri

Comentario al evangelio – Viernes XV de Tiempo Ordinario

En la primera lectura se nos presenta el relato de la grave enfermedad que golpeó al rey Ezequías y de su milagrosa curación por la intervención de Isaías. Este texto pone en relieve la actitud de confianza de Ezequías a Dios y al profeta, que viene reconocido como aquello que es: portavoz de Yahvé. Por otra parte, emerge el prestigio de Isaías y se exalta el poder que le fue dado a él por su fidelidad al encargo profético.

Ante el anuncio de la muerte eminente, Ezequías reacciona con una oración que, en el estilo de los salmos de súplica, hace un apelo a la misericordia de Dios. A Él el rey le presenta la propia vida, vivida con rectitud, rica de obras buenas. Por eso, según la mentalidad de la doctrina de la retribución temporal, ¿cómo es posible que esa vida sea tan breve? La oración del rey es escuchada y se demuestra su cumplimiento en lo que se comunica por medio del profeta: Ezequías sanará y Jerusalén será liberada. Este pasaje nos insiste en mantener nuestra confianza en el poder del Señor y saber perseverar en la oración sobre todo en los momentos de dificultad.

El evangelista Mateo nos narra en este pasaje de hoy una de las numerosas controversias entre Jesús y los fariseos respecto a la observancia del precepto sabático. La ley mosaica prescribía que el sábado no se realizará ningún trabajo, aunque fuera particularmente urgente como el trabajo del campo en el tiempo de la siembra y la cosecha.  Esta antigua institución del sábado como día de reposo dedicado a Dios, que «descansó el día séptimo de toda su tarea» (Gn 2,2), había cobrado una gran importancia durante el exilio en Babilonia y en el período sucesivo, hasta convertirse en una ley férrea en el judaísmo hasta el tiempo de Jesús.

La afirmación de Jesús: «el Hijo del hombre es señor del sábado» (v. 8) tiene un alcance impactante. Afirma en primer lugar que Él tiene una autoridad superior a Moisés, en base a una relación especial con Dios a quien se dedica el sábado. Él y solo Él pude establecer aquello que es lícito o no. En segundo lugar, esta afirmación nos revela el amor del Padre. Jesús reubica el ser humano al centro del verdadero culto, rendir honor a Dios no puede estar separado de la atención y cuidado del ser humano que Dios ha creado y que ama. Por ello, no se puede absolutizar la observancia de las leyes y normas. El medio para hacer la voluntad de Dios no puede convertirse en el fin, para sentirnos auto-justificados y con la conciencia tranquila. El Dios de la misericordia lo que reclama es la práctica de la misericordia y no los sacrificios.

Edgardo Guzmán, cmf.