Vísperas – Martes XVI de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MARTES XVI TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Atardece, anochece, el alma cesa
de agitarse en el mundo
como una mariposa sacudida.

La sombra fugitiva ya se esconde.
Un temblor vagabundo
en la penumbra deja su fatiga.

Y rezamos, muy juntos,
hacia dentro de un gozo sostenido,
Señor, por tu profundo
ser insomne que existe y nos cimienta.

Señor, gracias, que es tuyo
el universo aún; y cada hombre
hijo es, aunque errabundo,
al final de la tarde, fatigado,
se marche hacia lo oscuro
de sí mismo; Señor, te damos gracias
por este ocaso último.

Por este rezo súbito. Amén.

SALMO 136: JUNTO A LOS CANALES DE BABILONIA

Ant. Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.

Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los cauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras.

Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirnos:
«Cantadnos un cantar de Sión.»

¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha;

que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.

SALMO 137: ACCIÓN DE GRACIAS

Ant. Te doy gracias, Señor, delante de los ángeles.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario,
daré gracias a tu nombre:

por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama;
cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma.

Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra,
al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del Señor es grande.

El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al soberbio.

Cuando camino entre peligros,
me conservas la vida;
extiendes tu brazo contra la ira de mi enemigo,
y tu derecha me salva.

El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Te doy gracias, Señor, delante de los ángeles.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

LECTURA: Col 3, 16

La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.

RESPONSORIO BREVE

R/ Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.
V/ Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

R/ De alegría perpetua a tu derecha
V/ En tu presencia, Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Haz con nosotros, Señor, obras grandes, porque eres poderoso, y tu nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Haz con nosotros, Señor, obras grandes, porque eres poderoso, y tu nombre es santo.

PRECES

Invoquemos a Cristo, que da fuerza y poder a su pueblo, diciendo:

Señor, escúchanos.

Cristo, fortaleza nuestra, que nos has llamado a la luz de tu verdad,
— concede a todos tus fieles fidelidad y constancia.

Haz, Señor, que los que gobiernan el mundo lo hagan conforme a tu querer,
— y que sus decisiones vayan encaminadas a la consecución de la paz.

Tú que, con cinco panes, saciaste a la multitud,
— enséñanos a socorrer con nuestros bienes a los hambrientos.

Que los que tienen en su mano los destinos de los pueblos no cuiden sólo del bienestar de su nación,
— sino que piensen también en los otros pueblos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Cuando vengas aquel día, para que en tu santos se manifieste tu gloria,
— da a nuestros hermanos difuntos la resurrección y la vida feliz.

Todos juntos, en familia, repitamos las palabras que nos enseñó Jesús y oremos al Padre, diciendo:
Padre nuestro…

ORACION

Puestos en oración ante ti, Señor, imploramos tu clemencia y te pedimos que los sentimientos de nuestro corazón concuerden siempre con las palabras de nuestra boca. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Martes XVI de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial 

Muéstrate propicio con tus hijos, Señor, y multiplica sobre ellos dones de tu gracia, para que, encendidos de fe, esperanza y caridad, perseveren fielmente en el cumplimiento de tu ley. Por nuestro Señor. Amen.

2) Lectura 

Del santo Evangelio según Mateo 12,46-50
Todavía Jesús estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera y trataban de hablar con él. Alguien le dijo: «¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte.» Pero él respondió al que se lo decía: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre de los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.»

3) Reflexión

• La familia de Jesús. Los parientes llegan a la casa donde se encuentra Jesús. Probablemente venían de Nazaret. De allí hasta Cafarnaún hay unos 40 km. Su madre estaba con él. No entran, pero envían un recado: «¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte.» La reacción de Jesús es firme: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre de los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.» Para entender bien el significado de esta respuesta conviene mirar la situación de la familia en el tiempo de Jesús.
• En el antiguo Israel, el clan, es decir la gran familia (la comunidad) era la base de la convivencia social. Era la protección de las familias y de las personas, la garantía de la posesión de la tierra, el cauce principal de la tradición, la defensa de la identidad. Era la manera concreta que la gente de la época tenía de encarnar el amor de Dios en el amor al prójimo. Defender el clan era lo mismo que defender la Alianza.
• En Galilea, en el tiempo de Jesús, a causa del sistema implantado durante los largos gobiernos de Herodes Magno (37 aC a 4 aC) y de su hijo Herodes Antipas (4 aC a 39 dC), el clan (la comunidad) se estaba debilitando. Había que pagar impuestos tanto al gobierno como al Templo, la deuda pública crecía, dominaba la mentalidad individualista de la ideología helena, había frecuentes amenazas de represión violenta de parte de los romanos, la obligación de acoger a los soldados y de hospedarles, los problemas cada vez mayores de supervivencia, todo esto llevaba las familias a encerrarse en sus propias necesidades. Esta cerrazón se veía reforzada por la religión de la época. Por ejemplo, quienes dedicaban su herencia al Templo, podían dejar a sus padres sin ayuda. Esto debilitaba el cuarto mandamiento que era el gozne del clan (Mc 7,8-13). Además de esto, la observancia de las normas de pureza era factor de marginalización para mucha gente: mujeres, niños, samaritanos, extranjeros, leprosos, endemoniados, publicanos, enfermos, mutilados, paralíticos.
• Y así, la preocupación por los problemas de la propia familia impedía que las personas se unieran en comunidad. Ahora, para que el Reino de Dios pudiera manifestarse en la convivencia comunitaria de la gente, las personas tenían que superar los límites estrechos de la pequeña familia y abrirse, nuevamente, para la gran familia, para la Comunidad. Jesús nos da el ejemplo. Cuando su familia trató de apoderarse de él, reacción y alargó la familia: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre de los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.» Creó comunidad.
• Jesús pedía lo mismo a todos los que querían seguirlo. Las familias no podían encerrarse en sí mismas. Los excluidos y los marginados debían ser acogidos dentro de la convivencia y, así, sentirse acogidos por Dios (cf. Lc 14,12-14). Este era el camino para alcanzar el objetivo de la Ley que decía: “No debe de haber pobres en medio de ti” (Dt 15,4). Como los grandes profetas del pasado, Jesús procura reforzar la vida comunitaria en las aldeas de Galilea. El retoma el sentido profundo del clan, de la familia, de la comunidad, como expresión de la encarnación del amor de Dios en el amor hacia el prójimo.

4) Para la reflexión personal

• Vivir la fe en comunidad. ¿Cuál es el lugar y la influencia de las comunidades en mi manera de vivir la fe?
• Hoy, en grandes ciudades, la masificación promueve el individualismo que es lo contrario de la vida en comunidad. ¿Qué estoy haciendo para combatir este mal?

5) Oración final

Yo esperaba impaciente a Yahvé:
hacia mí se inclinó
y escuchó mi clamor.
Puso en mi boca un cántico nuevo,
una alabanza a nuestro Dios. (Sal 40,2.4)

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

5.- LOS DEMONIOS

Mc 1, 21-23; Lc 4, 33-37

En estos primeros tiempos, era costumbre de Jesús asistir los sábados a la sinagoga de Cafarnaún y enseñar allí. Así nos lo indica san Marcos. A esta ciudad se acercaban los habitantes de otros pueblos vecinos, y era fácil para el Señor llegar a más gentes. Todos le escuchaban con gusto.

Un sábado entró en la sinagoga, y allí se encontraba un hombre poseído de un espíritu inmundo, y decía a gritos: ¿Qué hay entre nosotros y tú, Jesús Nazareno? ¿Has venido a perdernos? ¡Sé quién eres tú, el Santo de Dios!

De los treinta y tres milagros de Nuestro Señor explícitamente narrados en los evangelios, seis se refieren a la curación de endemoniados. Estos casos de posesión adquieren mayor relieve, sobre todo, porque en el Antiguo Testamento apenas se mencionan. Parece más bien como si se multiplicaran ahora, conforme se acercaba el Mesías. Esto entraba en los planes de Dios. La acción mesiánica comporta una dura lucha con los poderes malignos. Satanás moviliza todas sus fuerzas contra el Santo de Dios. La Providencia permite que esta lucha revista un aspecto sensible. Una de las señales externas de la llegada del Reino será este pleno dominio que Jesús ejerce sobre los demonios[1].

En nuestros días es difícil para muchos admitir la existencia del demonio y creer en su poder para dominar las almas y los cuerpos. Algunos piensan que Jesús se dejaba llevar por las creencias populares acerca del diablo y por la confusión provocada por enfermedades poco estudiadas entonces (como la epilepsia), que eran achacadas al demonio. Sin embargo, la existencia del diablo y su capacidad para hacer el mal en el mundo, y en las personas, afecta directamente a la Redención. El Señor no habría dejado nunca este punto en la oscuridad. Por el contrario, vemos –en este pasaje también– cómo el Señor les habla, les ordena, les pregunta… Cuando envíe a los Doce en su primera misión apostólica, les dirá: Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, sanad a los leprosos, arrojad a los demonios. Él mismo nos dice que ha venido a poner fin al reino de Satanás, y los exorcismos son una prueba de ello: si yo expulso los demonios por el dedo de Dios, está claro que el Reino de Dios ha llegado a vosotros. Y continúa diciendo más adelante: Cuando uno que es fuerte y está bien armado custodia su palacio, sus bienes están seguros; pero, si llega otro más fuerte y le vence, le quita sus armas en las que confiaba y reparte su botín. El fuerte es Satanás; el más fuerte es Jesucristo, que viene a vencerle. Por eso, declara: ahora el príncipe de este mundo va a ser arrojado afuera.

Con todo, después de la resurrección, Pedro alerta a los primeros cristianos para que vivan con sobriedad y estén vigilantes, pues vuestro adversario el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quién devorar. Y, a la vez, exhorta: Resistidle firmes en la fe[2]. Aunque limitado, aún tiene poder. Las referencias explícitas a su existencia y actividad son muy numerosas. Es imposible negarlas sin dejar a un lado una buena parte de la Revelación.

Los demonios poseen un saber sobrehumano; por eso reconocen a Jesús como el Mesías. Por medio de los poseídos, los demonios tenían capacidad para dar a conocer el carácter mesiánico de Jesús. Pero el Señor les manda guardar silencio. Lo mismo ordena en otras ocasiones a los discípulos; y a los enfermos, después de su curación, les insta a no propagar la noticia. Este proceder del Señor puede explicarse como pedagogía divina para ir enseñando la verdadera naturaleza del Reino, pues la mayoría de los contemporáneos de Jesús tenían una idea del Mesías demasiado terrena y politizada. También podemos pensar, con algunos Santos Padres, que Jesús no quiere aceptar en favor de la verdad el testimonio de aquel que es el padre de la mentira. Y por eso, aunque le reconocen, no les deja decir quién era.

Aquel día, en la sinagoga de Cafarnaún, Jesús conminó a este demonio: Calla, y sal de él. La expectación creada fue enorme, porque el espíritu inmundo, zarandeándolo y dando una gran voz, salió de él. San Marcos nos relata el estado de los asistentes, que debían de ser numerosos: Se quedaron todos estupefactos. Y comentaban entre sí: Manda incluso a los espíritus inmundos y le obedecen. Y su fama se extendió por todas partes.


[1] La venida del Reino de Dios lleva consigo la derrota del reino de Satanás: si por el Espíritu de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios. Los exorcismos de Jesús liberan a los hombres del dominio de los demonios y anticipan la gran victoria de Jesús sobre el príncipe de este mundo. Por la cruz de Cristo será definitivamente establecido el Reino de Dios (cfr. Catecismo, n. 550).

[2] 1 P 5, 8-9.

Comentario – Martes XVI de Tiempo Ordinario

El evangelio de Mateo, lo mismo que el paralelo de Marcos (3, 31-35), nos presenta en este pasaje a un Jesús buscado por unos y acompañado por otros. La intención del evangelista, al parecer, es hacernos ver los criterios de Jesús acerca de la familia y de los lazos que se establecen en su seno. Para él, la verdadera familia no es la conformada por la simple biología o el entramado afectivo, sino la forjada en torno a Dios y a su voluntad, esto es, la de aquellos que se reúnen para escuchar la palabra de Dios y ponerla en práctica. El Maestro se encuentra reunido con un grupo de personas en el interior de una casa. La reunión se ve interrumpida por la llegada de otro grupo que reclama su atención. Se trata de “su madre y sus hermanos”, que desde fuera lo mandan llamar porque desean hablar con él. Por madre y hermanos de Jesús hemos de entender su familia biológica o familia constituida por lazos de sangre. Pero el término hermanos no significa en este contexto “hijos de la misma madre”, sino parientes próximos. Al menos así lo ha entendido la tradición de la Iglesia en consonancia con la fe en la perpetua virginidad de María –virgen también post partum-. Lo que aquí interesa resaltar es el contraste que establece Jesús entre esa familia, su familia de consanguíneos, y aquella otra en la que él se inserta, conformada por los que escuchan la palabra de Dios.

La gente que tenía sentada a su alrededor informó a Jesús de la llegada de sus familiares, que no se limitan a esperar, sino que demandan su atención: Oye, tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo. La respuesta de Jesús, por muy conocida que nos resulte, no deja de conmover nuestra sensibilidad. Todos esperaríamos que el maestro de Nazaret atendiese a esta reclamación familiar, por inoportuna que fuera, aunque ello supusiese tener que interrumpir el discurso que estaba pronunciando. Parece que una madre y unos parientes merecerían una mayor deferencia por su parte. Pero ante este imprevisto Jesús reacciona de manera desconcertante, no sólo para ellos, sino también para nosotros, espectadores de segunda línea. Jesús contestó al que le avisaba: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Y señalando con la mano a los discípulos, dijo: Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.

Aquella respuesta tuvo que descolocar a todos, aunque no dejaba de guardar coherencia con el catálogo profético del maestro de Nazaret. ¿No estaba menospreciando los lazos naturales que le unían a estas personas? Tal es quizá la primera impresión que dejan las palabras de Jesús. En realidad estaba valorando muy por encima de los vínculos de consanguinidad esos otros vínculos surgidos de la relación con la palabra de Dios que latía en él. El deseo de conocer la voluntad de Dios, que era al mismo tiempo interés por su palabra, creaba unos lazos de unión –una comunión- mucho más fuertes que los de la propia sangre. Jesús equipara tales vínculos a los que se dan en el interior del mismo núcleo familiar: ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.

Es tal la importancia de la palabra que encarna la voluntad de Dios que allí donde esta palabra se proclama y es acogida se crea de inmediato una nutrida red de relaciones familiares, brota la familia cristiana. Se trata, evidentemente, de una familia no sólo congregada en torno a la Palabra, sino confeccionada por la misma Palabra que hace de los interrelacionados “hermanos y madres” de Jesús y, por tanto, miembros de la misma familia. Jesús pronunció su veredicto señalando con la mano a los discípulos; por tanto, designando a los que se hallaban a su alrededor en actitud de aprendizaje como “su familia”. La otra, la familia biológica había quedado atrás o “afuera”, en un segundo término. Si quería seguir siendo su familia tendría que incorporarse a esta nueva relación o discipulado exigido por su misión mesiánica.

A María, su madre biológica, la veremos también entre sus discípulos, a la escucha de su palabra. ¿Cómo no iba a prestar atención a la palabra de su hijo la que había escuchado con tanta seriedad las palabras del ángel en la Anunciación? ¿Cómo no iban a calar en su interior las palabras de gracia salidas de labios de su hijo la que había sido colmada de gracia desde el momento de su concepción? María es madre de Jesús por doble motivo: por haberle concebido y engendrado (corporalmente) y por haber acogido (anímicamente) la palabra de Dios. En realidad, lo engendró porque antes acogió la palabra que le proponía la maternidad virginal. Su respuesta es de todos conocida: He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra.

No es extraño, por eso, que esta acogida de la palabra sea, para Jesús, principio de un parentesco de superior categoría al que surge de la sangre o al meramente natural. La connaturalidad con esta palabra (de origen divino) crea vínculos familiares. Son los vínculos de amor que se establecen entre los moradores del Reino de los cielos y que se perpetuarán eternamente, vínculos más robustos que los que instaura la sangre, la amistad, el interés común o el mero afecto humano. ¡Ojalá que estemos tan cerca de Jesús y que apreciemos de tal manera su palabra que merezcamos ser considerados por él como su madre y sus hermanos!

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos «Apostolorum Successores»

132. La formación religiosa en la escuela.

El Obispo debe esforzarse por obtener que en todos los centros educativos (escuelas, colegios, institutos), dependientes o no de la autoridad eclesiástica, los alumnos bautizados reciban una sólida educación religiosa y moral que los lleve a la madurez como discípulos auténticos de Cristo y a ser levadura de vida cristiana. Para este fin, el Obispo, ateniéndose a las eventuales disposiciones de la Conferencia Episcopal, se ha de preocupar de regular cuanto concierne a la instrucción y a la educación religiosa católica, en cualquier centro de estudios donde se imparta.(385)

Por cuanto se refiere a las escuelas y a los institutos públicos, hay que cultivar las buenas relaciones con las autoridades civiles y con las asociaciones profesionales, de tal forma que se facilite la regular instrucción religiosa de los alumnos o, si esto no fuera posible, se imparta al menos la formación catequética como actividad paraeducativa, confiada a clérigos, religiosos y laicos idóneos.

Se provea, además, a instituir, según las posibilidades de la diócesis, los centros católicos de enseñanza, que podrán ser de diferentes tipos, según las necesidades de la comunidad cristiana y de las obras de evangelización: escuelas o colegios de instrucción general, escuelas profesionales o técnicas para el aprendizaje de un oficio, escuelas de magisterio, institutos pedagógicos, para la instrucción de adultos o escuelas nocturnas, etc.(386) Por otra parte, el Obispo valorice los centros educativos promovidos por los mismos fieles, especialmente por los padres católicos, respetando su autonomía organizativa y vigilando a fin de que mantengan fielmente la identidad católica de su proyecto formativo, también a través de los acuerdos con las instituciones de la Iglesia que puedan garantizar tal identidad y ofrecer asistencia pastoral a la comunidad educativa.


385 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Declaración Gravissimum Educationis 1-2; Codex Iuris Canonici, can. 804 § 1.

386 Cf. Codex Iuris Canonici, can. 802 § 2.

Recursos – Ofertorio Domingo XVII de Tiempo Ordinario

PRESENTACIÓN DE LA HOJA INFORMATIVA DE LA BOLSA

(Cualquier miembro adulto de la comunidad puede hacer esta ofrenda. Se trata de la hoja que dedican los periódicos a la información económica o bursátil, o sencillamente un periódico especializado en economía)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo hoy esta muestra de la información económica o bursátil, por la que tantos hombres y mujeres de este mundo capitalista se mueven y viven. Sus caídas o remontes marcan su existir, porque han puesto en el dinero y en los negocios su corazón y el termómetro de sus alegrías y de sus tristezas. En mi nombre, y en nombre de toda la comunidad, yo quiero hacer confesión en voz bien alta de que el valor supremo de la jerarquía de valores que mueve mi persona y mi vida eres solamente Tú. De ahí que te ofrezco mi corazón, para que Tú tomes posesión absoluta y exclusiva de él.

PRESENTACIÓN DE UNA JOYA

(La ofrenda, que puede consistir en un adorno de mujer, la puede hacer una de las señoras de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te ofrezco esta joya, en mi nombre personalmente y en nombre de toda la comunidad, como signo de las apetencias de este mundo, frente a los bienes que Tú quieres que anhelemos y busquemos. Haznos comprender a todos y a todas que lo que tenemos es sólo un medio, y no un fin, y que nunca pongamos nuestro corazón en aquello que tan fácilmente puede perecer. Es más: que aprendamos a compartirlo, como forma de vivir en sintonía con tu proyecto de vida. Gracias por ayudarnos.

PRESENTACIÓN DE UN BILLETERO VACÍO

(Lo hace un varón adulto de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Por mi parte, yo te traigo este billetero vacío, porque estoy convencido de que, teniéndote a Ti, todo lo demás queda en segundo plano. Sin embargo, Señor, las tentaciones son grandes en este mundo y en estos tiempos y distraen nuestros corazones de tu seguimiento en radicalidad. No lo permitas, Señor, y danos a todos tu gracia y fortaleza.

PRESENTACIÓN DE UNAS MANOS VACÍAS

(Una persona adulta de la comunidad muestra sus manos, en forma de cuenco, pero vacías, mientras dice:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Yo quiero reconocer que Tú eres nuestra esperanza y nuestra riqueza; nosotros y nosotras, a cambio, no tenemos nada. Sólo nuestra disponibilidad para acoger tu gracia. Eso es lo que hoy te ofrezco, con estas manos vacías, que esperan ser llenadas por Ti.

PRESENTACIÓN DE UNA ONG

(No como algo único y exclusivo, sino como “UNA” de ellas; las demás las iremos presentando a lo largo del año, en diversos domingos y fiestas. Se trata de presentar un folleto o proyecto que presente las acciones de esta ONG)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, queremos ofrecerte hoy toda la acción humanitaria de tantos grupos, comprometidos a favor de las personas más débiles de nuestra sociedad y cultura. Te la presentamos por medio de la acción de este grupo… (Nombre del grupo). Acéptala, Señor, porque -se sientan creyentes o no- tu Reino se hace realidad en su compromiso. Y a nosotros y a nosotras, haznos también cada día más sensibles, comprometidos y comprometidas con los más necesitados y necesitadas.

Oración de los fieles – Domingo XVII de Tiempo Ordinario

Siguiendo el ejemplo del Rey Salomón vamos a pedir hoy sabiduría a Dios nuestro padre, para que ella nos asista en nuestros trabajos y en nuestra vida de cristianos. Y que esta sabiduría sirva para construir el Reino.

Y respondemos:

R.- DANOS TU SABIDURÍA, SEÑOR

1.- Te pedimos sabiduría, Dios Padre, para todos los hombres y mujeres. Y especialmente por aquellos que tienen alguna responsabilidad sobre la enseñanza: padres, profesores, obispos, sacerdotes, diáconos, catequistas…

OREMOS

2.- Te pedimos sabiduría, Dios Misericordioso, para todos los miembros de la Iglesia, especialmente para el Papa, los obispos, sacerdotes, diáconos y religiosos, para que tu Reino sea un lugar de paz, amor y solidaridad.

OREMOS.

3.- Te pedimos sabiduría, Dios del Mundo, para que los gobernantes y legisladores de todas las naciones de la tierra sepan producir el bien, de acuerdo con tu inspiración y tu amor.

OREMOS.

4.- Te pedimos sabiduría, Dios de los Astros, para que los científicos e investigadores pongan su trabajo al servicio de la vida, de la paz, de la fraternidad y de amor. Y se alejen de la violencia y de la guerra.

OREMOS.

5.- Te pedimos sabiduría, Dios del Cielo, para los responsables de los medios de comunicación, para que su ejercicio profesional sirva para la concordia, la justicia, la solidaridad y contribuya al desarrollo armónico de los pueblos.

OREMOS

6.- Te pedimos sabiduría, Dios creador de todo conocimiento, para que los encargados de la Sanidad, los médicos y los investigadores luchen para terminar con la enfermedad y la muerte. Y rechacen toda vía que produce nuevas muertes.

OREMOS

7.- Te pedimos sabiduría, Dios de todos, para que nosotros los presentes en esta asamblea dominical reconozcamos tu sabiduría como la única, a tu Hijo unigénito como único Pastor y Maestro, para que las Iglesias puedan unirse, un día, en torno a la única Inteligencia.

OREMOS.

Atiende, Dios Padre Nuestro, las peticiones humildes y alegres que tu pueblo congregado en torno al Cuerpo y Sangre de tu Hijo único te solicita. Por Nuestro Señor Jesucristo. Amen.


Elevemos nuestras plegarias a Dios Padre y repitamos como Salomón en su oración:

R.- DA A TU PUEBLO UN CORAZÓN DÓCIL.

1. Padre, acompaña a nuestro Papa Francisco para que gobierne a este pueblo numeroso que es la Iglesia.

OREMOS

2. – Padre, acompaña a nuestros gobernantes y políticos para que sepan discernir el bien del mal y contribuyan al desarrollo de los pueblos.

OREMOS

3. – Padre, acompaña a todos aquellos que llamaste a servirte, para que perseverando en el amor sean glorificados en tu Reino.

OREMOS

4. – Padre, acompaña y fortalece a aquellos que aún no han encontrado fe, para que estén atentos a tus palabras y descubran ese tesoro que llevan dentro.

OREMOS

5. – Padre, acompaña a todos los vendedores y hombres de negocios para que no se dejen arrastran por los “tesoros” de este mundo.

OREMOS

6. – Padre, acompaña a los que disfrutan de un tiempo de relax para que durante este descanso redescubran el tesoro de las relaciones personales.

OREMOS

7. – Padre, acompaña a todos los que estamos presente en esta Eucaristía para que un día disfrutemos del Banquete que nos tienes preparado.

OREMOS

Padre, acoge estas plegarias que tu pueblo confiado te presenta. Por Jesucristo nuestro Señor.

Amen.

Comentario al evangelio – Martes XVI de Tiempo Ordinario

Los creyentes descubrimos en los profetas a personas capaces de leer los acontecimientos históricos con los ojos de Dios. Ellos miran el mundo, ponen nombre a cada cosa, se fijan en lo grandioso y especialmente en lo que pasa desapercibido, denuncian injusticias concretas, defienden al débil, … y al final, abren la puerta a la esperanza, con una fe ciega en que el mal no tiene la última palabra en nuestra historia. En medio de la injusticia mayor sienten que no están solos, que Dios sigue acompañando al mundo, empeñado en que su proyecto siga adelante. De esto último nos habla hoy Miqueas, cuando hace su confesión de fe: ¿Qué Dios hay como tú, que se complace en ser bueno?

Por desgracia, nuestra sociedad y nuestras comunidades cristianas necesitan seguir oyendo este mensaje y convencerse de que éste es nuestro Dios. Muchas veces, al hablar de la fe cristiana, se han cargado las tintas en los preceptos. Se ha predicado mucho más lo que no hay que hacer que lo que estamos llamados a hacer; ¡y mira que hay tema para hablar! De este modo se ha hecho de la fe cristiana un cajón cerrado de cumplimientos. Justo lo contrario a lo que es nuestro Dios: bondad, misericordia, AMOR.

Vivir para cumplir la norma nos hace dudar de todo lo que hacemos (¿estaré haciendo bien?, ¿es esto lo correcto?) y al final nos paraliza. Vivir desde el amor abre horizontes: invita a buscar soluciones a los problemas, porque quien ama cree en las personas y no guarda rencor. Vivir desde el amor invita a entregarse sin medida porque el amor no lleva cuentas; invita a caminar, a crecer, a llevar a plenitud el proyecto del Padre.

En el Evangelio de hoy encontramos una llamada a vivir desde ese Amor: El que cumple la voluntad de mi Padre, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre. ¿Cuál fue la reacción de los familiares de Jesús al escuchar estas palabras tan rotundas? Nos las tendremos que imaginar porque ninguno de los tres evangelistas nos la cuentan. La que sí podemos percibir es nuestra reacción: al escuchar estas palabras de Jesús, ¿nos sentimos verdaderamente sus hermanos?, ¿podemos decir que vivimos cumpliendo la voluntad del Padre?

Os invito a que a lo largo del día escribáis vuestro final a este pasaje del Evangelio.

F.G.