I Vísperas – Santiago Apóstol

I VÍSPERAS

SOLEMNIDAD DE SANTIAGO APÓSTOL

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Pues que siempre tan amado
fuiste de nuestro Señor,
Santiago, apóstol sagrado,
sé hoy nuestro protector.

Si con tu padre y con Juan
pescabas en Galilea,
Cristo cambió tu tarea
por el misionero afán.
A ser de su apostolado
pasas desde pescador:

Por el hervor del gran celo
que tu corazón quemaba,
cuando Cristo predicaba
aquí su reino del cielo,
“Hijo del trueno” llamado
fuiste por el Salvador.

Al ser por Cristo elegido,
por él fuiste consolado,
viéndole transfigurado,
de nieve y de sol vestido
y por el Padre aclamado
en la cumbre del Tabor.

Cuando el primero a su lado
en el reino quieres ser,
Cristo te invita a beber
su cáliz acibarado;
y tú, el primero, has sellado
con tu martirio el amor.

En Judea y Samaría
al principio predicaste,
después a España llegaste,
el Espíritu por guía,
y la verdad has plantado
donde reinaba el error,

SALMO 116:

Ant. El Señor llamó a Santiago y lo hizo su compañero, para enviarlo a predicar.

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor llamó a Santiago y lo hizo su compañero, para enviarlo a predicar.

SALMO 147:

Ant. Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se transfiguró delante de ellos.

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.

El envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;

Hacer caer el hielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se transfiguró delante de ellos.

CÁNTICO del EFESIOS

Ant. Tú fuiste, Santiago, el primero, entre los apóstoles, que derramaste tu sangre para fecundar la Iglesia. Aleluya.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo.
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Este es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tú fuiste, Santiago, el primero, entre los apóstoles, que derramaste tu sangre para fecundar la Iglesia. Aleluya.

LECTURA: 1Co 4,1 5

Tendréis mil tutores en Cristo, pero padres no tenéis muchos; por medio del Evangelio soy yo quien os ha engendrado para Cristo Jesús.

RESPONSORIO BREVE

R/ En esto conocerán todos que sois mis discípulos.
V/ En esto conocerán todos que sois mis discípulos.

R/ En que os amáis unos a otros.
V/ Que sois mis discípulos

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ En esto conocerán todos que sois mis discípulos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Astro brillante de España, apóstol Santiago, tu cuerpo descansa en la paz, tu gloria pervive entre nosotros, Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Astro brillante de España, apóstol Santiago, tu cuerpo descansa en la paz, tu gloria pervive entre nosotros, Aleluya.

PRECES

Oremos, hermanos, a Dios, nuestro Padre, y pidámosle que, por intercesión del apóstol Santiago, proteja a nuestra nación y bendiga a todos los hombres; digamos:

Acuérdate, Señor, de tu pueblo.

Padre santo, tú que dispusiste que nuestra nación fuera protegida por el apóstol Santiago,
—concede a cuantos en ella moran ser fieles a su mensaje evangélico.

Padre santo, bendice a la Conferencia episcopal de nuestra nación y derrama tu Espíritu sobre nuestros obispos,
—para que con celo propaguen el mensaje apostólico.

Padre santo, haz que nuestros gobernantes y cuantos les asisten,
—gobiernen con rectitud y trabajen para el bien de otros.

Padre santo, derrama tu Espíritu sobre nuestro pueblo,
—para que todos vivamos en mutua comprensión y cumplamos con lealtad nuestros deberes cívicos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Padre santo, tú que quisiste que el apóstol Santiago fuera el primero entre los apóstoles, en gozar del reino de tu Hijo resucitado,
—concede a nuestros difuntos participar en esta misma gloria.

Unidos a Jesucristo, supliquemos ahora al Padre con la oración de los hijos de Dios:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, que consagraste los primeros trabajos de los apóstoles con la sangre de Santiago, haz que, por su martirio, sea fortalecida tu Iglesia y, por su patrocinio, España se mantenga fiel a Cristo hasta el final de los tiempos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Viernes XVI de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Muéstrate propicio con tus hijos, Señor, y multiplica sobre ellos dones de tu gracia, para que, encendidos de fe, esperanza y caridad, perseveren fielmente en el cumplimiento de tu ley. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 13,18-23
«Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador. Sucede a todo el que oye la palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino. El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la palabra, sucumbe enseguida. El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la palabra, y queda sin fruto. Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la palabra y la entiende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta.»

3) Reflexión.

• Contexto. A partir del cap.12, aparece una oposición entre los cabecillas religiosos de Israel, los escribas y fariseos, por una parte, mientras por otra, entre las multitudes que escuchan a Jesús maravilladas por sus acciones prodigiosas, se va formando poco a poco un grupo de discípulos de características aún no definidas pero que sigue a Jesús con perseverancia. A doce de estos discípulos les entrega Jesús el don de su autoridad y de sus poderes; los envía como mensajeros del reino y les da instrucciones exigentes y radicales (10,5-39). En el momento en que se desenlaza la controversia con sus opositores, Jesús reconoce su verdadera parentela no en la línea de la carne (madre, hermanos), sino en los que lo siguen, lo escuchan y cumplen la voluntad del Padre (12,46-50). Este último relato nos permite imaginar que el auditorio al que Jesús dirige la palabra es doble: por un lado los discípulos a los que se les concede conocer los misterios del reino (13,11) y que están en condiciones de entenderlos (13,50), y por otro lado la muchedumbre que parece estar privada de esta comprensión profunda (13,11.34-36). A las grandes multitudes que se reúnen para escuchar a Jesús les es presentada en primer lugar la parábola del sembrador. Jesús habla de una semilla que cae o no en la tierra. Su crecimiento depende del lugar en que cae; es posible que sea impedida hasta el punto de no dar fruto, como acontece en las tres primeras categorías de terreno: “el camino” (lugar duro por el paso de los hombres y de los animales), “el terreno pedregoso” (formado por rocas), “los abrojos” (terreno cubierto de espinas). Sin embargo, la que cae sobre “tierra buena” da un fruto excelente aunque en cuantía diversa. Se orienta al lector a prestar más atención al fruto del grano que a la acción del sembrador. Además, Mateo focaliza la atención del auditorio sobre la tierra buena y sobre el fruto que ésta es capaz de producir de forma excepcional.
La primera Parte de la parábola acaba con una advertencia: “El que tenga oídos, que oiga” (v.9); es una llamada a la libertad de escuchar. La palabra de Jesús puede quedarse en simple “parábola” para una multitud incapaz de comprender, pero para el que se deja llevar por su fuerza puede revelar “los misterios del reino de los cielos”. El acoger la palabra de Jesús es lo que distingue a los discípulos y a la muchedumbre anónima; la fe de los primeros revela la ceguera de los segundos y los empuja a buscar más allá de la parábola.

• Escuchar y comprender. Siempre es Jesús el que conduce a los discípulos a la pista correcta para la comprensión de la parábola. En el futuro será la Iglesia la que será guiada por medio de los discípulos a la comprensión de la Palabra de Jesús. En la explicación de la parábola, los dos verbos “escuchar” y “comprender” aparecen en 13,23: “Lo sembrado en tierra buena es el que escucha la Palabra y la comprende”. Es en la comprensión donde el discípulo que escucha cada día la Palabra de Jesús se distingue de las multitudes que sólo la escuchan ocasionalmente.

• Impedimentos para la comprensión. Jesús se refiere principalmente a la respuesta negativa que sus contemporáneos dan a su predicación del reino de los cielos. Esta respuesta negativa va ligada a impedimentos de índole diversa. El terreno del camino es el que los viandantes han convertido en sendero endurecido y aparece del todo negativo: “Todos saben que no sirve para nada echar la semilla en el camino: no se dan las condiciones necesarias para el crecimiento. Después la gente pasa, pisotea y destruye la semilla. La semilla no se echa en cualquier parte (Carlos Mesters). Ante todo está la responsabilidad personal del individuo: acoger la Palabra de Dios en el propio corazón; si por el contrario cae en un corazón “endurecido”, obstinado en las propias convicciones y en la indiferencia, se ofrece campo al maligno que acaba por completar esta actitud persistente de cerrazón a la Palabra de Dios. El terreno pedregoso. Si el primer impedimento es un corazón insensible e indiferente, la imagen de la semilla que cae sobre piedras, sobre rocas y entre espinos, indica el corazón inmerso en una vida superficial y mundana. Estos estilos de vida son energías que impiden que la Palabra dé fruto. Se da un atisbo de escucha, pero pronto queda bloqueado, no sólo por las tribulaciones y las pruebas inevitables, sino también por la implicación del corazón en las preocupaciones y en las riquezas. Una vida no profunda y superficial se aviene con la inestabilidad. La tierra buena: es el corazón que escucha y comprende la palabra; esta da fruto. Este rendimiento es obra de la Palabra en un corazón acogedor. Se trata de una comprensión dinámica, que se deja envolver por la acción de Dios presente en la Palabra de Jesús. La comprensión de su Palabra permanecerá inaccesible si descuidamos el encuentro con él y no le dejamos que dialogue con nosotros.

4) Para la reflexión personal

• La escucha de la Palabra de Dios, ¿te lleva a la comprensión profunda o permanece sólo como un ejercicio intelectual?
• ¿Eres corazón acogedor y disponible, dócil para llegar a una comprensión plena de la Palabra?

5) Oración final

Los preceptos de Yahvé son rectos,
alegría interior;
el mandato de Yahvé es límpido,
ilumina los ojos. (Sal 19,9)

Comentario – Viernes XVI de Tiempo Ordinario

Jesús habla en parábolas a la multitud reunida en torno a sí: Salió el sembrador a sembrar. La parábola no hace sino describir su propia actividad, porque la siembra que esparce el sembrador no es otra cosa que la palabra que se lanza a diestro y siniestro con el propósito de que germine y dé fruto. Pero no siempre esa semilla va a parar al sitio adecuado. Son los avatares de la siembra. Parte de la simiente cae al borde del camino; parte, en terreno pedregoso; parte, entre zarzas, y el resto en tierra buena.

No todo terreno, por tanto, es tierra buena; también hay lindes, campos pedregosos y tierra de zarzas. Y en todas esas situaciones se encuentra la semilla. El sembrador, en su afán de sembrar el mundo con su palabra no repara demasiado en las particulares circunstancias de cada terreno, como si todo terreno, por el hecho de serlo, fuera fecundable y capaz de producir. La presencia de un corazón humano es, para este singular sembrador, motivo suficiente para emplearse en esta labor que es su labor, porque la salvación viene por la palabra. Por eso Jesús le dedicó gran parte del tiempo de su vida pública al ministerio de la palabra (predicación), y por eso compara su labor con la de un sembrador que recorre los campos de Palestina. Pero Jesús sabe que el mensaje no siempre va a parar al lugar idóneo.

A veces cae en los bordes del camino, y ahí el terreno está tan aplastado que la semilla no puede penetrar en él. Tales son –explica Jesús en privado a sus discípulos- los que escuchan la palabra del Reino sin entenderla. Escuchan, pero no entienden; la palabra no entra en su interior, porque lo que no se entiende se queda fuera, y estando fuera cualquier pájaro se la puede llevar. No es que no se haya escuchado; es que no se ha entendido. Basta esta falta de entendimiento para que se quede fuera y no pueda germinar ni producir fruto.

El terreno pedregoso se caracteriza por su falta de profundidad: la semilla prende porque hay tierra, pero la escasez de ésta no permite que eche raíces y acaba secándose. Son –explica también Jesús- los que escuchan la palabra de Dios y la aceptan en seguida con alegría, pero como carecen de raíces y son inconstantes, a la primera dificultad o persecución sucumben. Hay, por tanto, aceptación pronta y alegre, pero también superficial; y lo que no echa raíces, porque se queda en la superficie, tiene pocas posibilidades de supervivencia. La superficialidad en la que viven no es base suficiente para sostenerse, prosperar y dar fruto. Recuerdan a esos jóvenes entusiasmados con ocasión de un encuentro, convivencia o peregrinación que enseguida se diluyen en el ambiente de incredulidad o escepticismo en el que viven a diario perdiendo su puntual entusiasmo o fervor misionero. Quizá aceptaron la palabra por lo que tenía de amable y de hermoso, pero no fueron capaces de asumir los compromisos implicados en ella.

En el mundo hay también zarzas que crecen y ahogan la semilla ya germinada, pero aún tierna. Son los afanes de la vida y la seducción de las riquezas. La palabra es escuchada con complacencia y aceptada con seriedad, pero queda estéril por el estrangulamiento que ejercen los afanes y las seducciones de la vida. Y es que el dinero y lo que se puede conseguir con él tienen mucho poder de seducción; y la seducción nos hace esclavos de lo que nos seduce y nos incapacita para seguir con libertad una determinada propuesta o asumir como propio un proyecto de vida. En el capítulo de los afanes de la vida podemos incluir negocios, proyectos mercantiles, preocupaciones por crecer en el escalafón social o en el ámbito laboral, por lograr un puesto más prestigioso u ofrecer una mejor imagen, etc. Todos esos afanes acaban estrangulando la planta que, alcanzada la madurez, tendría que dar mucho fruto.

Finalmente está la tierra buena. En ella, la semilla, debidamente acogida, acabará dando fruto en mayor o menor medida. La cantidad (treinta, sesenta o ciento por uno) y la calidad del fruto dependerán de la calidad de la tierra, pero también de la labranza a que esa tierra haya sido sometida. No basta con que sea tierra buena abundante (con suficiente profundidad para echar raíces); es preciso que esté bien labrada (liberada de piedras y zarzas, mullida, estercolada y regada) y, por tanto, en la mejor disponibilidad posible para acoger la siembra.

No queda sino prepararnos como tierra buena para recibir la mejor semilla y que ésta pueda germinar y dar abundante fruto. No olvidemos que nuestros frutos serán nuestra más grande alegría; porque no hay mayor satisfacción para una tierra (o vida) que fructificar.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos «Apostolorum Successores»

135. Las universidades y los centros católicos de estudios superiores.(392)

La Iglesia ha tenido siempre una grande estima por el mundo universitario, porque la universidad contribuye muy eficazmente al progreso de la civilización y a la promoción de la persona humana. Por este motivo, según una tradición que se remonta a los inicios de la institución universitaria, nunca ha cesado de promover la erección de universidades católicas, aptas para la enseñanza de las diferentes disciplinas humanas en conformidad con la doctrina de Jesucristo y en ella inspirada.(393)

El Obispo, respetando la autonomía de la institución universitaria según sus propios estatutos, observe sus deberes y las disposiciones de la Conferencia Episcopal, y vigile para que no decaiga la fidelidad a las líneas de su identidad católica, es decir: una completa adhesión al mensaje cristiano tal como lo presenta el Magisterio eclesiástico y una reflexión constante, hecha a la luz de la fe católica, sobre la creciente riqueza de los conocimientos humanos.(394)

Comprobada la idoneidad humana, eclesial, científica y didáctica del candidato para la enseñanza de disciplinas concernientes a la fe y a la moral, el Obispo diocesano, a norma de los Estatutos de la Universidad, da el mandato al candidato, que debe emitir la profesión de fe, de la que es parte integrante el juramento de fidelidad, según la norma establecida por la Iglesia.(395)

Por tanto, es oportuno que el Obispo cultive relaciones frecuentes con las autoridades universitarias, de modo que se establezca una estrecha colaboración, personal y pastoral, caracterizada por la confianza recíproca.

El Obispo tratará de establecer relaciones de diálogo y de colaboración con todas las universidades presentes en su diócesis. En particular, además de las universidades formalmente constituidas como católicas, apreciará especialmente la contribución de aquellos centros promovidos por los mismos fieles con una inspiración verdaderamente católica. En el respeto de su autonomía académica, el Obispo trabajará para favorecer tal inspiración, también con acuerdos formales estipulados con la diócesis o con otras instituciones de la Iglesia que puedan garantizar la orientación doctrinal y moral de la docencia y de la investigación, y proporcionen la oportuna asistencia pastoral.

Si una institución se presentara de alguna manera como católica sin serlo verdaderamente, el Obispo, después de haber buscado resolver positivamente el problema, deberá declarar públicamente los contrastes con la fe y la moral de la Iglesia, para disipar todo equívoco ante la opinión pública.


392 Para una exposición completa de la disciplina sobre la Universidad Católica, cf. Juan Pablo II, Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae.

393 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Declaración Gravissimum Educationis, 10; Codex Iuris Canonici, can. 809.

394 Cf. Codex Iuris Canonici, can. 810 § 2; Juan Pablo II, Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae, 13.

395 Cf. Codex Iuris Canonici, can. 812; 833, 7°; Juan Pablo II, Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae, 4 § 3.

La misa del domingo: misa con niños

Domingo XVII del Tiempo Ordinario

 

SALUDO

Dios Padre que nos ha creado a su imagen y semejanza, nos salva en Jesucristo el Señor, y nos acompaña siempre con su Espíritu, esté con todos nosotros.

ENTRADA

Nos reunimos, hermanos, en este encuentro semanal para compartir y cele­brar nuestra fe. Dios nos convoca en su Nombre para mostrarnos y darnos su Amor, para hacernos partícipes de su proyecto de vida y de felicidad. Todo lo que nos hable de vida plena guarda relación directa con el Reino de Dios. Pero este Reino es como un tesoro escondido; para encontrarlo hace falta trabajar con esfuerzo, con ilusión, con constancia; hace falta crecerse en la dificultad confiando en que el resultado merece la pena. Un trabajo que nos llevará a des­cubrir, a encontrar todo lo que Dios Padre nos da, lo que mueve al asombro, a la alegría y a la fe. Cierto que vivimos rodeados de tantas cosas que nos da miedo el riesgo y la aventura. Y Jesús nos dice que lo realmente importante es buscar su Reino, su Tesoro, ya que todo lo demás (lo que consideramos tan valioso) «se nos dará por añadidura». Con esta confianza comenzamos nuestra celebración.

ACTO PENITENCIAL

Al Señor acudimos, porque sabemos que sólo de Él recibimos el perdón:

  • Cuando vivimos encerrados en nuestras seguridades, sin dejarnos afectar por las necesidades de las personas. SEÑOR, TEN PIEDAD.
  • Cuando nos creamos falsos paraísos, que no exigen ningún compromiso ni entrega. CRISTO, TEN PIEDAD. 
  • Cuando vivimos en lo fácil, dejándonos llevar por lo mediocre y aparente. SEÑOR, TEN PIEDAD.

Muéstranos, Señor, tu gracia y danos tu salvación. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACIÓN COLECTA

Dios y Padre nuestro, que en Jesús nos has elegido desde siempre para mostrarnos tu amor; al comenzar esta Eucaristía te pedimos que sepamos descubrir la grandeza a la que nos llamas y seamos capaces de mejorar la vida y las relaciones humanas. Por nuestro Señor Jesucristo.

LECTURA NARRATIVA

El autor del Libro de los Reyes atribuye a Salomón un papel importante en la historia de Israel. Se destaca la relación entre Dios y el rey, el contacto casi «directo» , y la oferta de Dios: «Pídeme lo que quieras». El rey pide un cora­zón dócil para gobernar al pueblo, y por esta petición recibirá la bendición de Dios.

LECTURA APOSTÓLICA

Si vivimos de verdad como hijos de Dios, todo ha de servirnos para el bien que se nos ofrece. El destino de las personas, según el plan de Dios, es que vivamos tan cercanos a Jesús que en todo nos vayamos identificando con Él, hasta compartir su misma plenitud, su misma vida divina.

LECTURA EVANGÉLICA

El Reino de Dios se parece a un tesoro escondido, lo que significa que para encontrarlo hay que estar en búsqueda continua. No vale el inmovilismo, renunciando al riesgo y a la aventura de la fe. Es una llamada a buscar antes que nada lo que Dios quiere, su Reino. Una llamada a romper con todo lo que nos ata para estar libres y buscar su justicia.

ORACIÓN DE LOS FIELES

Unidos en torno a Jesucristo, formando Iglesia, presentemos al Padre nuestras plegarias diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE.

  1. Por la Iglesia. Que sepamos transmitir al mundo entero el tesoro del amor de Dios que hemos descubierto en Jesucristo. OREMOS:
  2. Por nuestra comunidad. Que sepamos comprometernos a favor de la justicia, de la protección de los más débiles, de la igualdad, para hacer real y visible el Reino de Dios. OREMOS:
  3. Por todos los que este año no pueden hacer vacaciones debido a la crisis sanitaria y económica. Que vivan su situación con serenidad y esperanza. OREMOS:
  4. Por los países pobres que más se han visto afectados por la pandemia. Que se intensifique la solidaridad internacional para ayudarlos generosamente. OREMOS:
  5. Por… OREMOS:
  6. Por todos nosotros. Que aprendamos a encontrar los tesoros de Dios que se esconden en nuestro entorno. ORE

Escucha, Padre, nuestra oración. Tú, que eres el Padre del amor y de la misericordia, ilumina y conduce al mundo entero por los caminos de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Recibe, Señor, las ofrendas que te presentamos, y que son dones de tu generosidad; y que esta Eucaristía que ahora celebramos nos santifique, nos llene de vida y nos ayude a vivir como hermanos de todos. Por Jesucristo.

PREFACIO

Realmente es nuestro deber y salvación reconocerte como Padre y procla­mar que fuera de Ti todo deja de tener sentido. Tú, Dios Padre del Amor, nos has llamado a la vida, nos mantienes en ella, y nos conduces a la Vida sin fin junto a Ti. Tú cuidas de nosotros y pones en el día a día todo lo que vamos necesitando para vivir y desarrollar nuestros valores.

Por eso, unidos a todas las personas buenas del mundo entero que te reco­nocen como su Padre, proclamamos tu grandeza con este himno: Santo, Santo, Santo…

ORACION DESPUÉS DE LA COMUNION

La Eucaristía nos ha unido, Señor, como a los hijos de una misma familia alrededor de la mesa. Danos tu Fuerza para seguir unidos en la vida de cada día, siendo testigos del bien y de la verdad que proceden de Ti. Por Jesucristo.

DESPEDIDA

Que esta Eucaristía nos confirme en nuestra decisión de ser cristianos, gozosos por haber encontrado un tesoro por el cual queremos estar dispuestos a dar la vida.

La misa del domingo

Domingo XVII del tiempo ordinario
26 de julio de 2020

1Reyes3,5.7–12. Salmo 118. Romanos 8, 28 – 30. Mateo 13, 44 – 52

En las lecturas que hemos escuchado hoy Jesús nos muestra cómo es el reino de los cielos, cómo es el reino de Dios: un tesoro escondido, algo que es difícil de ver y apreciar. Pero cuándo es descubierto, nos hace cambiar toda nuestra vida, totalmente.

Aún así la realidad de nuestro mundo es diferente a la visión de Dios. En nuestra sociedad parece que lo importante es estudiar, trabajar, esforzarse, luchar, por el poder, las riquezas y las victorias. No parece importar lo que haya que hacer, y cómo lograrlo. No parece que nos preocupemos demasiado por aquel que está a nuestro lado y pasa necesidad, sufre enfermedades, o está solo. Mientras yo viva bien, no me importa lo que le suceda al otro, aunque esté a mi lado o incluso conviva con él.

Se ve en múltiples hechos de la vida. Si hasta hace unos meses, la crítica estaba en nuestra despreocupación por los inmigrantes, que huían de otros países, conflictos y guerras, que eran lejanos, entre otras.

Hoy parece ocurrir algo parecido, pero con los que realmente son nuestros vecinos. Debido a la pandemia, muchos trabajos, muchos ingresos para poder vivir en las familias que están a nuestro alrededor, o en nuestras propias familias, han desaparecido o son escasos. Y escuchamos constantemente noticias contradictorias que no parecen buscar el bien de todos.

Hoy nos muestra la primera lectura un ejemplo claro a seguir con una visión y manera de sentir y vivir unos valores muy diferentes. Salomón es elegido rey, y Dios se le aparece en sueños para que pida un deseo. Imaginemos que estamos en esta situación. Ser rey y tener una opción a un deseo: puedo pedir larga vida, riquezas, que mis enemigos sean eliminados. Sin embargo, Salomón ve la realidad de otra manera, mira más allá de sí mismo, mira al pueblo, a sus súbditos, y ve que necesitan una persona que gobierne rectamente, que se preocupe de sus asuntos de manera recta, que sea capaz de distinguir el bien y el mal, para gobernar con justicia. Y pide sabiduría, inteligencia para gobernar recta y justamente a su pueblo. No pide para él, sino para ayudar a los otros. Y Dios no tiene ningún reparo en concedérselo.

El evangelio que hemos escuchado hoy, nos muestra algo semejante. Solamente aquel que busca, que mira más allá de sí mismo, es capaz de encontrar el tesoro escondido. Pero ese tesoro, esa perla preciosa, requiere que nos sacrifiquemos. La alegría cristiana no se encuentra en recoger, en ganar, en obtener. Un cristiano se llena de alegría cuando es capaz de darse por los demás. Cuando renunciamos a nuestros egoísmos e intereses, trabajando y esforzándonos por aquel que pasa necesidad a nuestro lado.

El verdadero tesoro es hacer aquello que está dentro de mis posibilidades para ayudar al que más lo necesita. Y para ello lo primero es escuchar. Uno debe escuchar a las personas con las que convive, escuchar a las personas con las que trabaja, con las que comparte su tiempo, su vida, su esfuerzo. Esta es la única manera de conocer a las personas, y saber cuáles son sus necesidades, y las posibilidades que tengo de ayudar.

Nuestra vocación es amar, y amar es darse por los demás, es encontrar el tesoro escondido en el campo, y dejarlo todo por ese tesoro. El tesoro que encontraremos es Dios, el tesoro que encontraremos es darse uno mismo por aquel que lo necesita en la medida de mis posibilidades: dar mi tiempo para escucharle, para comprenderle, para arrimar el hombro cuando lo necesite…

Solamente cuando descubra realmente cómo amar de verdad, entonces encontraré la verdadera felicidad, que está en el amor dado sin medida. Este es el verdadero Reino de Dios.

Germán Rivas, sdb

Encuentro sorprendente

Te tengo y no te tengo
porque, creyendo en tu palabra,
renuncié a poseer cosas y personas
en mi casa, en mi corazón y en mis entrañas.

Y ahora que vivo así,
huérfano de propiedades,
yermo de posesiones,
sin redes, sin cadenas, sin ventosas,
sin paredes, cárceles y murallas,
sin presiones, sin estafas, sin trampas,
es cuando más rico me encuentro
y más libre me siento
para agarrarte y agarrarme,
para retenerte y retenerme
en este espacio vacío
que es mi casa, mi corazón y mis entrañas,
y que Tú habitas libremente
con ternura infinita, humana y divina,
desde que existe.

Y así, a la contra como quien dice,
la fe empieza a invadirme
por todos los poros, vías y heridas;
y yo me dejo llevar por tu brisa, huellas y melodía
a un encuentro sorprendente.

Gracias porque es posible tenerte y retenerte,
y por tenerme y retenerme
a tu manera, Señor.

¡Esto es un tesoro que merece la pena!

Florentino Ulibarri

Comentario al evangelio – Viernes XVI de Tiempo Ordinario

En la Palabra de hoy el profeta Jeremías nos ofrece un motivo para la esperanza. El Señor pide volver la vista a Él y nos promete pastores a mi gusto que os apacienten con saber y acierto.

Seguro que más de una vez hemos pedido al dueño de la mies que nos envíe buenos pastores, personas con carisma que tiren del carro y que nos orienten en nuestra labor misionera.

En estos tiempos en los que los “frutos pastorales” son cada vez más escasos (menos jóvenes en los grupos, disminución de vocaciones religiosas y sacerdotales,…), tenemos la sensación de estar perdidos, de no saber muy bien qué hacer o por dónde ir. Todos andamos buscando nuevos caminos y personas que aporten luces sobre esta realidad. Asistimos a charlas, hacemos cursillos, ensayamos nuevas experiencias pastorales,… pero no acabamos de dar con la respuesta acertada. Quizá nos toque vivir confiando en la promesa del Señor, vivir sabiendo que Él no nos abandona, que sigue velando por su viña y sigue enviando pastores, aunque nosotros no los percibamos.

En el Evangelio Jesús nos explica la parábola del sembrador. Nos habla de la diferencia que hay entre los que escuchan la Palabra y la comprenden, y los que la escuchan pero no la comprenden. Muchos pensarán que en este mundo, con tantas “interferencias”, es difícil no sólo comprender, sino el mismo hecho de escuchar. Y es cierto, pero los mayores “ruidos” quizá no vengan del exterior, sino que los tengamos en nuestro interior. Nuestras raíces son débiles, somos inconstantes; el orgullo, el afán de tener, el egoísmo… son zarzas difíciles de arrancar de nuestro corazón. A lo largo de la vida vamos ganando distintas batallas (terminamos una carrera, vamos sacando adelante una familia, vemos los frutos de nuestro trabajo,…), pero se nos resiste la batalla que mantenemos en nuestro interior por desterrar esas zarzas que a veces nos ahogan y no dejan salir lo mejor de nosotros mismos.

Gracias a Dios, en nuestro corazón también hay lugar (y mucho, por cierto) para la tierra buena. Todos tenemos la experiencia de sentir que la Palabra resuena con fuerza en nuestro corazón y de entregarnos de verdad. El haber degustado esta experiencia, el ver que es en esos momentos cuando nos sentimos más plenos, es lo que nos anima a reforzar nuestras raíces y a querer desterrar del corazón las piedras y las zarzas que no nos dejan ser nosotros mismos.

Ojalá que la semilla sembrada en nuestros corazones dé mucho fruto.

F.G.