Meditación – Viernes XVI de Tiempo Ordinario

Hoy es viernes XVI de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 13, 18-23):

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador. Sucede a todo el que oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino. El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumbe enseguida. El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta».

Hoy contemplamos a Dios como un agricultor bueno y magnánimo, que siembra a manos llenas. No ha sido avaro en la redención del hombre, sino que lo ha gastado todo en su propio Hijo Jesucristo, que como grano enterrado (muerte y sepultura) se ha convertido en vida y resurrección nuestra gracias a su santa Resurrección.

Dios es un agricultor paciente. Los tiempos pertenecen al Padre, porque sólo Él conoce el día y la hora (cf. Mc 13,32) de la siega y la trilla. Dios espera. Y también nosotros debemos esperar sincronizando el reloj de nuestra esperanza con el designio salvador de Dios. Dice Santiago: «Ved como el labrador aguarda el fruto precioso de la tierra, esperando con paciencia las lluvias tempranas y tardías» (St 5,7). Dios espera la cosecha haciéndola crecer con su gracia. Nosotros tampoco podemos dormirnos, sino que debemos colaborar con la gracia de Dios prestando nuestra cooperación, sin poner obstáculos a esta acción transformadora de Dios.

El cultivo de Dios que nace y crece aquí en la tierra es un hecho visible en sus efectos; podemos verlos en los milagros auténticos y en los ejemplos clamorosos de santidad de vida. Son muchos los que, después de haber oído todas las palabras y el ruido de este mundo, sienten hambre y sed de escuchar la Palabra de Dios, auténtica, allí donde está viva y encarnada. Hay miles de personas que viven su pertenencia a Jesucristo y a la Iglesia con el mismo entusiasmo que al principio del Evangelio, ya que la palabra divina «halla la tierra donde germinar y dar fruto» (San Agustín); debemos, pues, levantar nuestra moral y encarar el futuro con una mirada de fe.

El éxito de la cosecha no radica en nuestras estrategias humanas ni en marketing, sino en la iniciativa salvadora de Dios “rico en misericordia” y en la eficacia del Espíritu Santo, que puede transformar nuestras vidas para que demos sabrosos frutos de caridad y de alegría contagiosa.

P. Josep LAPLANA OSB Monje de Montserrat

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Liturgia – Viernes XVI de Tiempo Ordinario

VIERNES DE LA XVI SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO, feria o SAN SARBELIO MAKHLÛF, presbítero, memoria libre

Misa de la feria (verde) o de la memoria (blanco)

Misal: para la feria cualquier formulario permitido / para la memoria 1ª oración propia y el resto del común de pastores (para un pastor) o de santos (para un monje), o de un domingo del Tiempo Ordinario; Prefacio común o de la memoria.

Leccionario: Vol. III-par.

  • Jer 3, 14-17. Os daré pastores, según mi corazón; y todas las naciones se incorporarán a Jerusalén.
  • Salmo: Jer 31, 10-13. El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño.
  • Mt 13, 18-23. El que escucha la palabra y la entiende, ese da fruto.

Antífona de entrada          Cf. Sal 16, 15
Yo aparezco ante ti con la justicia, y me saciaré mientras se manifestará tu gloria.

Monición de entrada y acto penitencial
Hermanos, puestos ante la presencia de Jesucristo, el Señor, quien, por amor a nosotros, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz, comencemos la celebración de la Eucaristía pidiendo perdón por nuestros pecados.

  • Tú que, no conociendo el pecado, cargaste con el pecado de todos. Señor, ten piedad.
  • Tú que, siendo inocente, fuiste condenado como pecador. Cristo, ten piedad.
  • Tú que derramaste tu sangre para el perdón de los pecados. Señor, ten piedad.

Oración colecta
DIOS todopoderoso y eterno,
que hiciste que nuestro salvador se encarnase
y soportara la cruz para que imitemos su ejemplo de humildad,
concédenos, propicio, aprender las enseñanzas de su pasión
y participar de la resurrección gloriosa.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Elevemos ahora nuestras súplicas a Dios nuestro Señor, que siembra generosamente la semilla de su palabra en nuestra historia.

1.- Para que mande operarios a su mies y ministros a su Iglesia. Roguemos al Señor.

2.- Para que las familias cristianas fomenten la vocación cristiana de sus hijos. Roguemos al Señor.

3.- Para que inspire pensamientos de paz, de justicia y libertad a los gobernantes de las naciones. Roguemos al Señor.

4.- Para que conceda a los desterrados la vuelta a su patria, empleo a los parados y ayuda a todos los que sufren. Roguemos al Señor.

5.- Para que nos haga a todos nosotros dignos de su reino eterno. Roguemos al Señor.

Padre de misericordia y de bondad; escucha las oraciones de tu pueblo y haz que tu palabra eterna sea acogida en nuestra tierra y dé frutos abundantes para la vida eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
MIRA Señor, los dones de tu Iglesia suplicante
y concede que sean recibidos
para crecimiento en santidad de los creyentes.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Cf. Sal 83, 4-5
Hasta el gorrión ha encontrado una casa; la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos: tus altares, Señor del universo, Rey y Dios mío. Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre.

Oración después de la comunión
SACIADOS con los dones santos,
te pedimos, Señor, que,
así como nos has hecho esperar
lo que creemos por la muerte de tu Hijo,
podamos alcanzar, por su resurrección,
la plena posesión de lo que anhelamos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 24 de julio

BEATO JUAN SORTEH, presbítero († 1471)

Bien se le puede llamar como el «promotor de la observancia en el Carmelo”. Nació en Caen (Normandía) en 1394. Recibió una cristiana educación y procuró siempre vivir de acuerdo con lo que de sus buenos padres había recibido.

Desde muy niño se sintió llamado a la vida religiosa y abrazó la vid carmelita en el convento de su misma ciudad. En el noviciado fue modelo de observancia religiosa y sus mismos compañeros trataban de imitar sus virtudes.

También durante el tiempo del estudiantado fue ejemplar su comportamiento progresando a la vez en ciencia y en virtud. Ya maduro se ordenó sacerdote el 1417. Regentó varias cátedras en diversos conventos de su provincia, hasta que el 1438 logró el magisterio y la licencia en teología. Dos años después fue elegido superior provincial de su Provincia de Normandía por la que trabajó con ahínco para reformarla y devolverle su primitivo fervor religioso.

El 1451 fue elegido Prior General de toda la Orden, la que gobernó con gran celo y suma prudencia hasta su muerte durante veinte años.

Una cosa se propuso desde el primer momento: Reformar la Orden Para ello se sirvió y trabajó en una doble dirección: Por una parte procuró dar leyes sabias y prudentes siempre tendentes a la observancia regular, la más estricta, haciendo hincapié en la oración, mortificación, estudio y trabajo. Otra que él veía era la más importante, que venía desde abajo: la que procedía de los mismos religiosos. Para ello había que formar dignos sujetos, que supieran apreciar el valor de la oración, del trabajo, de la observancia…

Así nacieron conventos llamados de «observancia o reformados» en los que se observaba la Regla con generosa entrega.

Durante su tiempo se propagó mucho la así llamada Congregación o Reforma Mantuana, que aunque dependiendo de la cabeza de la Orden, gozaba de cierta autonomía. En ella se observaba muy rigurosamente la Regla y las propias Constituciones.

Padre Juan Soreth visitó varias veces toda la Orden, presidió capítulos en muchas Provincias, y trabajó con ahínco para subir el nivel de los estudios en la Orden, además de la observancia regular. Él mismo compuso un precioso comentario a la Regla de San Alberto que es la que observan los carmelitas.

Una de las obras más meritorias suyas fue el dar vida canónica a la Segunda Orden o Monjas Carmelitas. Él pidió y obtuvo del Papa Nicolás V la Bula «Cum Nulla» por la que el 1452 quedaban erigidas canónicamente las Religiosas Carmelitas con los mismos privilegios y gracias que ya gozaban las Monjas de otras Órdenes Religiosas. En este quehacer encontró una válida ayuda en la Beata Francisca de Amboise (+ 1485). Las Religiosas carmelitas contemplativas y de vida apostólica, hoy tan numerosas en la Iglesia, deberían tratar de conocer y celebrar con gozo este día la fiesta de su primer fundador.

Se le suele representar con un copón en la mano, en recuerdo del hecho que acaeció en Lieja durante la devastación de la ciudad por parte de Carlos el Temerario, duque de Borgoña y conde de Flandes. Nuestro Beato Juan desafiando a la muerte, recogió las Formas Consagradas que el populacho había profanado y tirado por tierra, y las llevó hasta la Iglesia de su Orden. Murió en Angers el 25 de julio de 1471. Lo beatificó el Papa Pío IX el 1866.

Otros Santos de hoy: Francisco Solano (figura el día 8), Ursicio, Cristina, Vicente, Víctor.

Justo y Rafael Mª López-Melús

Laudes – Viernes XVI de Tiempo Ordinario

LAUDES
VIERNES XVI DE TIEMPO ORDINARIO

 

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. El Señor es bueno, bendecid su nombre.

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso».»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Eres la luz y siembras claridades;
abres los anchos cielos, que sostiene
como columna el brazo de tu Padre.

Arrebatada en rojos torbellinos,
el alba apaga estrellas lejanísimas;
la tierra se estremece de rocío.

Mientras la noche cede y se disuelve,
la estrella matinal, signo de Cristo,
levanta el nuevo día y lo establece.

Eres la luz total, día a día,
el Uno en todo, el Trino todo en Uno:
¡gloria a tu misteriosa teofanía! Amén.

SALMO 50: MISERICORDIA, DIOS MÍO

Ant. Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mi toda culpa.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

¡Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme.

CÁNTICO de TOBÍAS: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA LIBERACIÓN DEL PUEBLO

Ant. Alégrate, Jerusalén, porque en ti se reunirán todos los pueblos.

Que todos alaben al Señor
y le den gracias en Jerusalén.
Jerusalén, ciudad santa,
él te castigó por las obras de tus hijos,
pero volverá a apiadarse del pueblo justo.

Da gracias al Señor como es debido
y bendice al rey de los siglos,
para que su templo
sea reconstruido con júbilo.

Para que él alegre en ti
a todos los desterrados,
y ame en ti a todos los desgraciados,
por los siglos de los siglos.

Una luz esplendente iluminará
a todas las regiones de la tierra.
Vendrán a ti de lejos muchos pueblos,
y los habitantes del confín de la tierra
vendrán a visitar al Señor, tu Dios,
con ofrendas para el rey del cielo.

Generaciones sin fin
cantaran vítores en tu recinto,
y el nombre de la elegida
durará para siempre.

Saldrás entonces con júbilo
al encuentro del pueblo justo,
porque todos se reunirán
para bendecir al Señor del mundo.

Dichosos los que te aman,
dichosos los que te desean la paz.

Bendice, alma mía, al Señor,
al rey soberano,
porque Jerusalén será reconstruida
y, allí, su templo para siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Alégrate, Jerusalén, porque en ti se reunirán todos los pueblos.

SALMO 147: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN

Ant. Sión, alaba a tu Dios, que envía su mensaje a la tierra.

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;

hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Sión, alaba a tu Dios, que envía su mensaje a la tierra.

LECTURA: Ga 2, 19b-20

Estoy crucificado con Cristo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí. Y, mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí.

RESPONSORIO BREVE

R/ Invoco al Dios Altísimo, al Dios que hace tanto por mí.
V/ Invoco al Dios Altísimo, al Dios que hace tanto por mí.

R/ Desde el cielo me enviará la salvación.
V/ Al Dios que hace tanto por mí.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Invoco al Dios Altísimo, al Dios que hace tanto por mí.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el Sol que nace de lo alto.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el Sol que nace de lo alto.

PRECES

Confiados en Dios, que cuida con solicitud de todos los que ha creado y redimido con la sangre de su Hijo, invoquémosle, diciendo:

Escucha, Señor, y ten piedad.

Dios misericordioso, asegura nuestros pasos en el camino de la verdadera santidad,
— y haz que busquemos siempre todo lo que es verdadero, justo y amable.

Por el honor de tu nombre, no nos desampares para siempre,
— no rompas tu alianza, Señor.

Acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde,
— porque los que en ti confían no quedan defraudados.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que has querido que participáramos en la misión profética de Cristo,
— haz que proclamemos ante el mundo tus hazañas.

Dirijámonos al Padre con las mismas palabras que nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Te pedimos, Señor, tu gracia abundante, para que nos ayude a seguir el camino de tus mandatos, y así gocemos de tu consuelo en esta vida y alcancemos la felicidad eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.