Vísperas – Lunes XVII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

LUNES XVII TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Hora de la tarde,
fin de las labores.
Amo de las viñas,
paga los trabajos de tus viñadores.

Al romper el día,
nos apalabraste.
Cuidamos tu viña
del alba a la tarde.
Ahora que nos pagas,
nos lo das de balde,
que a jornal de gloria
no hay trabajo grande.

Das al vespertino
lo que al mañanero.
Son tuyas las horas
y tuyo el viñedo.
A lo que sembramos
dale crecimiento.
Tú que eres la viña,
cuida los sarmientos

SALMO 10: EL SEÑOR, ESPERANZA DEL JUSTO

Ant. El Señor se complace en el pobre.

Al Señor me acojo, ¿por qué me decís:
«Escapa como un pájaro al monte,
porque los malvados tensan el arco,
ajustan las saetas a la cuerda,
para disparar en la sombra contra los buenos?
Cuando fallan los cimientos,
¿qué podrá hacer el justo?

Pero el Señor está en su templo santo,
el Señor tiene su trono en el cielo;
sus ojos están observando,
sus pupilas examinan a los hombres.

El Señor examina a inocentes y culpables,
y al que ama la violencia él lo odia.
Hará llover sobre los malvados ascuas y azufre,
les tocará en suerte un viento huracanado.

Porque el Señor es justo y ama la justicia:
los buenos verán su rostro.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor se complace en el pobre.

SALMO 14: ¿QUIÉN ES JUSTO ANTE EL SEÑOR?

Ant. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,

el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,

el que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

CÁNTICO de EFESIOS: EL DIOS SALVADOR

Ant. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Este es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

LECTURA: Col 1, 9b-11

Conseguid un conocimiento perfecto de la voluntad de Dios, con toda sabiduría e inteligencia espiritual. De esta manera, vuestra conducta será digna del Señor, agradándole en todo; fructificaréis en toda clase de obras buenas y aumentará vuestro conocimiento de Dios. El poder de su gloria os dará fuerza para soportar todo con paciencia y magnanimidad, con alegría.

RESPONSORIO BREVE

R/ Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.
V/ Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

R/ Yo dije: Señor, ten misericordia.
V/ Porque he pecado contra ti.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque Dios ha mirado mi humillación.
Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque Dios ha mirado mi humillación.

PRECES

Demos gracias a Dios, nuestro Padre, que, recordando siempre su santa alianza, no cesa de bendecirnos, y digámosle con ánimo confiado:

Trata con bondad a tu pueblo, Señor

Salva a tu pueblo, Señor,
— y bendice tu heredad.

Congrega en la unidad a todos los cristianos,
— para que el mundo crea en Cristo, tu enviado.

Derrama tu gracia sobre nuestros familiares y amigos:
— que difundan en todas partes la fragancia de Cristo.

Muestra tu amor a los agonizantes:
— que puedan contemplar tu salvación.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Ten piedad de los que han muerto
— y acógelos en el descanso de Cristo.

Terminemos nuestra oración con las palabras que nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Nuestro humilde servicio, Señor, proclame tu grandeza, y, ya que por nuestra salvación te dignaste mirar la humillación de la Virgen María, te rogamos nos enaltezcas llevándonos a la plenitud de la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Lunes XVII de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, protector de los que en ti esperan; sin ti nada es fuerte ni santo. Multiplica sobre nosotros los signos de tu misericordia, para que, bajo tu guía providente, de tal modo nos sirvamos de los bienes pasajeros que podamos adherirnos a los eternos. Por nuestro Señor. 

2) Lectura

Del Evangelio según Mateo 13,31-35
Otra parábola les propuso: «El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo. Es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas.»
Les dijo otra parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo.» Todo esto dijo Jesús en parábolas a la gente, y nada les hablaba sin parábolas, para que se cumpliese lo dicho por el profeta:
Abriré con parábolas mi boca,
publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo. 

3) Reflexión

• Estamos meditando el Sermón de las Parábolas, cuyo objetivo es revelar, por medio de comparaciones, el misterio del Reino de Dios presente en la vida del pueblo. El evangelio nos trae hoy dos pequeñas parábolas, del grano de mostaza y de la levadura. En ellas Jesús cuenta dos historias sacadas de la vida de cada día que servirán como medio de comparación para ayudar a la gente a descubrir el misterio del Reino. Al meditar estas dos historias, lo primero que hay que hacer no es querer descubrir lo que cada elemento de las historias nos quiere decir sobre el Reino. Lo primero que hay que hacer es mirar la historia en si misma como un todo y tratar de descubrir cuál es el punto central entorno al cual la historia fue construida, pues es este punto central lo que servirá como medio de comparación para revelar el Reino de Dios. Vamos a ver cuál es el punto central de las dos parábolas.

• Mato 13,31-32: La parábola del grano de mostaza. Jesús dice: «El Reino de los Cielos es como un grano de mostaza“ y luego cuenta la historia: un grano bien pequeño es lanzado en el campo; pero aún siendo pequeño, crece, se hace mayor que las otras plantas y llega a atraer los pajarillos para que hagan en ellas sus nidos. Jesús no explica la historia. Aquí vale lo que dice en otra ocasión: “Quien tenga oídos para oír, que oiga” Es decir: “Es esto. ¡Ustedes han oído, y ahora traten de entender!” A nosotros nos toca descubrir lo que esta historia nos revela sobre el Reino de Dios presente en nuestras vidas. Así, por medio de esta historia del grano de mostaza, Jesús provoca nuestra fantasía, pues cada uno de nosotros entiende algo de siembra. Jesús espera que las personas, nosotros todos, comencemos a compartir lo que cada uno descubre. Comparto aquí tres puntos que descubrí sobre el Reino a partir de esta parábola: (a) Jesús dice: «El Reino de los Cielos es como un grano de mostaza“. El Reino no es algo abstracto, ni es una idea. Es una presencia en medio de nosotros (Lc 17,21). ¿Cómo es esta presencia? Es como el grano de mostaza: presencia bien pequeña, humilde, que casi no se ve. Se trata de Jesús mismo, un pobre carpintero, andando por Galilea, hablando del Reino a la gente de las aldeas. El Reino de Dios no sigue los criterios de los grandes del mundo. Tiene otro modo de pensar y de proceder. (b) La parábola evoca una profecía de Ezequiel, en la que se dice que Dios hará brotar una pequeña rama de cedro y la plantará en las alturas de la montaña de Israel. Este pequeño brote de cedro: ” echará ramas y producirá frutos, y se convertirá en un magnífico cedro. Pájaros de todas clases anidarán en él, habitarán a la sombra de sus ramas. Y todos los árboles del campo sabrán que yo, el Señor, humillo al árbol elevado y exalto al árbol humillado, hago secar al árbol verde y reverdecer al árbol seco. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré. (Ez 17,22-23). (c) El grano de mostaza, aún siendo pequeño, crece y suscita esperanza. Como el grano de mostaza, así el Reino tiene una fuerza interior y crece. ¿Crece cómo? Crece a través de la predicación de Jesús y de los discípulos y de las discípulas, en los poblados de la Galilea. Crece, hasta hoy, a través del testimonio de las comunidades y se vuelve buena noticia de Dios que irradia y atrae a la gente. La persona que llega cerca de la comunidad, se siente acogida, en casa, y hace en ella su nido, su morada. Al final, la parábola deja una pregunta en el aire: ¿quiénes son los pajarillos? La pregunta tendrá respuesta más adelante en el evangelio. El texto sugiere que se trata de los paganos que van a poder entrar en el Reino (Mt15,21-28).

• Mateo 13,33: La parábola de la levadura. La historia de la segunda parábola es ésta: una mujer mezcla un poco de levadura con tres medidas de harina, hasta que todo quede fermentado. De nuevo, Jesús no explica, sólo dice: «El Reino del Cielo es como la levadura…”. Como en la primera parábola, depende de nosotros el saber descubrir el significado para hoy. Comparto algunos puntos que he descubierto y que me hicieron pensar: (a) Lo que crece no es la levadura, sino la masa. (b) Se trata de una cosa bien casera, del trabajo de la mujer en casa. (c) La levadura tiene algo de podrido que se mezcla con la masa pura de la harina. (d) El objetivo es hacer ‘levitar’ la masa y no apenas una parte. (e) La levadura no tiene fin en si misma, sino que sirve para hacer crecer la masa.

• Mateo 13,34-35: Por qué Jesús habla en parábolas. Aquí, al final del Sermón de las Parábolas, Mateo trae una aclaración sobre el motivo que llevaba a Jesús a enseñar a la gente en forma de parábolas. El dice que era para que se cumpliera la profecía que dice: » Abriré con parábolas mi boca, publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.». En realidad, el texto citado no es de un profeta, sino de un salmo (Sal 78,2). Para los primeros cristianos todo el Antiguo Testamento era una gran profecía que tenía que anunciar veladamente la venida del Mesías y la realización de las promesas de Dios. En Marcos 4,34-34, el motivo que llevaba a Jesús a enseñar a la gente por medio de parábolas era para adaptar el mensaje a la capacidad de la gente. Al ser ejemplos sacados de la vida de la gente, Jesús ayudaba a las personas a descubrir las cosas de Dios en lo cotidiano. La vida se volvía transparente. Jesús hacía percibir que lo extraordinario de Dios se esconde en las cosas ordinarias y comunes de la vida de cada día. La gente entendía así, de la vida. En las parábolas recibía una llave para abrirla y encontrar dentro de la vida las señales de Dios. Al final del Sermón de las Parábolas, en Mateo 13,52, como luego veremos, se va a dar otro motivo que lleva Jesús a enseñar por medio de parábolas. 

4) Para la reflexión personal

• ¿Cuál es el punto de estas dos parábolas que más te gustó o que más te llamó la atención? ¿Por qué?
• ¿Cuál es la semilla que, sin que te hayas dado cuenta, creció en ti y en tu comunidad? 

5) Oración final

Yo, en cambio, cantaré tu fuerza,
aclamaré tu lealtad por la mañana;
pues has sido un baluarte para mí,
un refugio el día de la angustia. (Sal 59,17)

Dadles vosotros de comer

La propuesta es compartir

La función de este milagro es la de ayudarnos a descubrir en Jesús al Mesías. Por eso más que en lo extraordinario, el lector, está llamado a captar la realidad que se esconde en este episodio, e interpretar la propuesta que Jesús está haciendo.

El relato de la multiplicación de los panes de Mateo tiene un claro trasfondo eucarístico y es figura del banquete en el Reino. Comienza expresando la compasión que experimenta Jesús al ver a la gente: «Se conmovió hasta las entrañas»; Es más que un sentimiento, es una apuesta por la vida. Por eso Jesús dedica todo el día a curar enfermos; No tiene apuros y pone toda su atención en los necesitados.

Cuando se empieza a hacer tarde los discípulos le piden que despida a la gente para que vayan a buscar algo para comer. Es un toque de realismo ya que están en un lugar despoblado y ellos no tienen para darles de comer. Ese aporte también implica una forma de ver la realidad, con la que Jesús no está de acuerdo. El propondrá otra. En la lógica de los discípulos, está implícito, el que cada uno se arregle como pueda. Frente a esto Jesús les propone otra alternativa: «Dadles vosotros de comer». Es una propuesta incluyente; Implicarse en la necesidad que la gente tiene, es ir más allá de la mirada realista para tener una mirada compasiva; Mirar como Dios. Es necesario que los discípulos asuman esta sensibilidad. Jesús no puede abandonar a la gente que ha ido junto a él.

La multiplicación de los panes y los peces es la acción más concreta de esta nueva realidad. Es significativa la forma de realizarse: reunirse en grupos, la bendición, el partir el pan y compartir. Todos comieron y quedaron satisfechos. Hay una sobreabundancia expresada en el número de comensales. Lo poco se ha convertido en mucho.

Una mirada para hoy

Lo único que Jesús hizo en aquel lugar desértico fue «curar» y «dar de comer» a la gente. Mirando nuestra realidad nos encontramos que el desafío de Jesús sigue siendo tremendamente actual. Hoy también hay una multitud que busca y necesita. La mirada compasiva sigue siendo la opción de los discípulos/as de Jesús. Más que nunca son necesarios los gestos de solidaridad que puestos en manos del Señor se multiplican en amor compasivo.

Fray Edgardo César Quintana O.P.

Comentario – Lunes XVII de Tiempo Ordinario

Jesús habla del Reino de los cielos, una realidad en gran medida intangible y misteriosa, pero tan rica en matices y aspectos que no puede aludir a ella sino con parábolas o comparaciones. Es su modo de anunciar lo secreto desde la fundación del mundoEl Reino de los cielos –decía- se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas. Jesús prefiere hablarnos no de lo que es, sino de aquello a lo que se parece el Reino de los cielos: a un grano de mostaza.

¿Y por qué a un grano de mostaza? Porque es una semilla muy pequeña (la más pequeña, dice la parábola), pero que crece hasta convertirse en un arbusto capaz de dar cobijo a los pájaros entre sus ramas. Por tanto, algo muy pequeño, pero con gran capacidad de crecimiento. También la levadura (la segunda comparación referida al Reino) que se amasa con tres medidas de harina es muy pequeña en relación con la masa con la que se mezcla, pero tiene un enorme potencial, porque es capaz de fermentar toda la masa.

La física nos ofrece ejemplos todavía más elocuentes. Pensemos en la energía atómica, esa energía encerrada en algo tan minúsculo como un átomo, pero que posee una potencia extraordinaria, capaz de hacer saltar por los aires masas de grandes dimensiones. Es la potencia encerrada en lo pequeño. Hasta el universo expandido de colosales dimensiones que conocemos hoy, con una edad aproximada 13.700 millones de años, se hallaba –según la opinión mayoritaria de nuestros científicos- concentrado en sus comienzos en una singularidad del tamaño de un átomo. ¿No resulta también ésta una buena imagen para referirnos al Reino de los cielos?

En cualquier caso, algo muy pequeño en sus orígenes, pero con una capacidad de desarrollo y de transformación inimaginables. Según esto, no debe extrañarnos la insignificancia de sus comienzos. Porque lo que nos encontramos en la historia es un pequeño grupo, formado por doce miembros, en una reducida y apartada región del Medio Oriente (Palestina) que empezará a dispersarse y a multiplicarse por toda la cuenca del Mediterráneo en diferentes comunidades que se irán implantando en regiones cada vez extensas y lejanas hasta alcanzar nuevos continentes. Nos encontramos también con un mensaje, el del evangelio, que se irá introduciendo progresivamente en la cultura y en las artes hasta transformarlas, como si de un proceso de fermentación se tratase, en cultura cristiana y hacer de las personas afectadas por esta levadura otros cristos.

El Reino de los cielos como realidad inserta, a modo de semilla o levadura, en nuestro mundo hace de su espacio y de su tiempo coordenadas que llevan la marca de lo cristiano, o espacio y tiempo en los que opera ya la gracia salvífica aportada por el Redentor. También podemos apreciar retrasos o interrupciones en ese proceso de crecimiento propio de esta misteriosa realidad que es el Reino. El mismo Jesús cuenta con la presencia de factores contrarios u obstaculizantes, cuenta con la intervención del enemigo que siembra la cizaña y con la acción opositora de los partidarios del Maligno, cuenta con la campaña del Anticristo y la irrupción de las persecuciones, cuenta con la dura oposición del que está siempre presto a hacer la guerra a Dios, el diablo.

Pero ¿qué fuerzas humanas o diabólicas podrán impedir la realización de los designios divinos? ¿Es que hay fuerza creatural capaz de imponerse al poder del Creador? Jesús certifica con su palabra la victoria final de la empresa de Dios: Los poderes del infierno no la derrotarán. Confiemos, por tanto, en la extraordinaria potencia de esta realidad que ya ha comenzado a germinar en nuestro mundo y que no es otra que la potencia de Dios en ella. Tal es la fuerza que sostendrá la presencia creciente del Reino de los cielos en nuestro mundo.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos «Apostolorum Successores»

138. Transmisión de la doctrina cristiana mediante los instrumentos de comunicación social.

Los Pastores de la Iglesia deben saber utilizar tales instrumentos en el cumplimiento de su misión, conscientes de la notable eficacia que de ello deriva para la difusión del Evangelio.(404)

En primer lugar, compete al Obispo organizar el modo de transmitir la doctrina cristiana a través de los medios de comunicación, estimulando a tal fin la generosa contribución de fieles, clérigos, religiosos, miembros de las Sociedades de vida apostólica y laicos. En el plan pastoral diocesano esté previsto también el tema de los medios de comunicación social. Si las circunstancias lo requieren, es deseable que el Obispo elabore un plan pastoral diocesano para las comunicaciones sociales. Deberá también vigilar para que los contenidos de los programas y de las iniciativas católicas sean plenamente conformes con la doctrina de la Iglesia y para que se observe cuanto ha sido dispuesto por la Conferencia Episcopal acerca de este apostolado particular.(405)

Entre los diferentes aspectos de la formación pastoral de los seminaristas, no debe faltar el uso de estos medios. Para una adecuada enseñanza, el Obispo se servirá de profesionales bien preparados en las diversas técnicas, sin perder de vista el fin último de esta actividad, es decir, la salvación de las almas y el mejoramiento real de las personas.(406)


404 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decreto Inter Mirifica, 13; Codex Iuris Canonici, cans. 747 § 1 y 822 § 1.

405 Cf. Codex Iuris Canonici, cans. 772 § 2 y 831 § 2.

406 Cf. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Pastores Gregis, 30; Congregación para la Educación Católica, Orientaciones para la formación de los futuros sacerdotes y el uso de los instrumentos de la comunicación social.

Homilía – Domingo XVIII de Tiempo Ordinario

1.- Algo más que pan (Is 55, 1-3)

Una serie de pequeñas «incongruencias» ofrecen al profeta la forma literaria para hablar del pan como alimento, y de «otro alimento» significado con el pan.

La oferta de agua y de pan es gratuita. Son llamados a comprarlos los que no tienen dinero. «Comed sin pagar vino y leche de balde». Se enumeran los elementos fundamentales para una buena comida el agua, el pan, la leche, el vino.

Porque los alimentos pagados, son alimentos sin más, de los que uno compra en el mercado. La abundancia y la gratuidad apuntan a un nuevo modo de alimentarse, el que no puede comprarse, porque es de otra catadura.

De este tipo de alimentos se dice que «no alimentan», que «no dan hartura». ¿Merece la pena gastar dinero en unas compras semejantes? El nuevo alimento procede de la escucha atenta de la palabra de Dios. «Escuchad atenta mente y comeréis bien» la escucha será vuestro alimento. Escuchar para «saborear» lo que de veras alimenta y satisface.

La escucha de la Palabra alimenta para dar vida: «Escuchadme y viviréis»… Y se aboca a ratificar la alianza para siempre. El banquete festivo de la Alianza como signo de la comunión personal producida por el pacto.

2.- El amor seguro (Rom 8, 35.37-39)

La inseguridad en el amor entre personas es verdadero tormento. El mismo tormento sufre el creyente, pensando en el amor de Cristo.

Con preguntas retóricas comienza Pablo a subrayar una dimensión del amor de Jesucristo: es un amor inquebrantable. Ni aflicción ni hambre, ni angustia ni persecución, ni desnudez ni peligro y ni siquiera la espada del martirio nos podrán algún día separar del amor de Jesucristo. ¿No es confiar demasiado en nosotros mismos? ¿Lo podría yo afirmar así del amor que tengo a Jesús?

Pablo nos lleva a otra seguridad: no se trata de que estemos confiados…, hasta en el amor a Cristo nos sentimos inseguros. Esa fácil victoria y perseverancia en el amor nos vienen «por Aquel que nos ha amado». Se trata de ahondar en mi amor como respuesta y aceptar en el difícil día a día que «amor con amor se paga».

De esta seguridad, que es gracia, le viene a Pablo el convencimiento: nada ni nadie nos podrá separar del amor de Dios, que se nos ha manifestado en Cristo. En Jesús, en su vida y en el misterio de su entrega. Dios se nos ha dicho como amor hasta el extremo y ha puesto en el corazón el anhelo de dar nosotros también un «exceso de amor».

3.- El pan de la abundancia salvadora (Mt 14, 13-21)

Comió una gran multitud y sobró… Y la escena había comenzado con cinco panes y dos peces…

En el relato de la multiplicación de los panes se mezclan muchos temas salvíficos: la satisfacción gratuita («de balde»), que une con la primera lectura; la iniciativa de dar el «pan de la compasión» a los que le siguen sin importarles su comida material; les importa el seguimiento: «La gente lo siguió por tierra desde los pueblos»; la conjunción entre lo poco que los discípulos pueden ofrecer u lo mucho que recibe la multitud; el tono eucarístico del relato de multiplicación: acción de gracias, bendición, mirada al cielo, fracción del pan…

Estamos ante una narración que trasciende el simple relato de una acción prodigiosa… Es una invitación a profundizar en el significado del «pan de la compasión», re entre los hambrientos, para calmar el hambre: «Comieron hasta que quedaron todos satisfechos».

La satisfacción apunta no sólo al pan material… Se adivina ya la existencia de «otro pan» que sacia para siempre. Importante, sin embargo, que «el otro pan» esté significado en un compartir «este pan» que es material, y en hacerlo como fruto de la compasión.

Panes y peces

Te afanas por el pan, la leche, el vino
y gastas tu salario sin hartura…
No remedia el dinero la presura
ni la tristeza el caldo del barquino…

No moltura ambiciones el molino
ni avenía el huracán la desventura…
Si dejas de buscar la «añadidura»,
te sentirás saciado de continuo.

Escucha al que de gracia da la vida
y firma con su sangre la alianza
de no dar ni una oveja por perdida.

Aplica a lo que importa la esperanza
y dedica tu tiempo y tu partida
en modelar en ti su semejanza.

 

Pedro Jaramillo

Mt 14, 12-21 (Evangelio Domingo XVIII de Tiempo Ordinario)

La compasión «divina» de Jesús

El evangelio de Mateo nos relata la primera multiplicación de los panes, cuya tradición está bien arraigada en los evangelios sinópticos. De alguna manera, en la perspectiva litúrgica de este domingo, la lectura de Is 55 quiere ser como la introducción adecuada que nos conduce a la praxis de la oferta de Dios del agua y el pan, los bienes necesarios para vivir. El relato de Mateo tiene algunas semejanzas con narraciones del Antiguo Testamento (2Re 4,1-7.42-44; Ex 16; Num 11), y el hecho de que sobren doce canastas de pan apuntaría a las doce tribus, a un nuevo pueblo que es alimentado con un pan nuevo, ya que el evangelio de Mateo usa mucho las significaciones bíblicas del pueblo de Israel.

Además, el relato de la multiplicación de los panes se transmite enmarcando palabras «eucarísticas»; por eso vemos a Jesús «bendiciendo y partiendo el pan», porque esto que sucedió con la gente que siguió a Jesús, consideran las primitivas tradiciones cristianas que se realizaba y se actualizaba en la eucaristía de la Iglesia, donde todos son alimentados con el pan de vida. Y es que la eucaristía es el momento adecuado para vivir esta experiencia tan significativa del evangelio.

El Dios necesario de Jesús es el que alimenta a su pueblo con la vida. El que viendo a las gentes necesitadas hace ver lo extraordinario del compartir los dones que se poseen. El v.14 es verdaderamente sintomático, porque nos habla de la «compasión» que Jesús siente y que le hace tomar la decisión irresistible de que lo poco que tienen él y los discípulos deben entregarlo a la gente. Esta debe ser la clave interpretativa del texto, más que enviciarse en explicar o dar sentido el aspecto «taumatúrgico» y al poder extraordinario de Jesús. Jesús quiere compartir lo poco que tienen él y los suyos, y esto hace posible el «milagro» de que haya para todos. Estos «milagros» deberían enseñarnos que también hoy esto es posible cuando hay compasión.

Rom 8, 35. 37-39 (2ª lectura Domingo XVIII de Tiempo Ordinario)

El Dios necesario del Apóstol

La carta a los Romanos sigue siendo el apoyo determinante de la IIª Lectura de estos domingos. Ya sabemos que el c. 8 es una joya teológica, como un diamante, cuyos resplandores teológicos se muestran según hacemos girar esa piedra preciosa. Es un himno con el que se pretende crear esperanza ante las situaciones adversas que siempre acontecen en la historia humana. Este “himno al amor de Dios y de Cristo”, en realidad viene a concluir, no solamente el c. 8 de Rom, sino toda una sección muy definitiva, concretamente Rom 5,1-8,30. Se puede hablar de dos partes en este himno que tienen su significación precisa. 1ª)no hay condena para los que creen;¿por qué? nos preguntamos; 2ª) a causa del amor de Dios y de Cristo.

Como se ha dicho, este es uno de los textos más poderosos de Pablo, porque nos muestra la decisión irrenunciable del amor de Dios, que lo ha mostrado, que no es solamente promesa de futuro, aunque siempre tiene esa tensión de futuro. Ese amor se ha mostrado en Cristo Jesús y nadie podrá negarlo. La «lista de calamidades» que se anteponen a ese final glorioso, son expresión de calamidades verdaderas y existenciales que padecemos y padecerá siempre la humanidad; lo vemos cada día. Pero este es un himno contra toda calamidad, porque es un himno del amor que Dios nos tiene. El Dios del apóstol no puede ser de otra manera que como a él se le ha revelado en Cristo,

El hombre siempre ha buscado en los astros, en la magia y en los cultos mistéricos, explicaciones a todo lo que le rodea. Pero las respuestas siempre dependen de afanes e intereses determinados. Podemos ahora también preguntar por acontecimientos últimos y penúltimos que no nos explicamos. Nadie, sin embargo, puede apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús. Pablo quiere llevar a los cristianos ese convencimiento de la fe, en que incluso, en la muerte, que es lo último que podemos vivir aquí las criaturas, Dios estará con nosotros, nunca contra nosotros.

Is 55, 1-3 (1ª lectura Domingo XVIII de Tiempo Ordinario)

El Dios necesario de los profetas

La Iª Lectura, tomada del libro de Isaías nos muestra, con un estilo retórico, cálido y apasionado, las vivencias del profeta del destierro, distinto del de los cc. 1-39. La situación es inconfundible y la grandeza de lo que se afirma concuerda perfectamente con la situación desastrosa que, el llamado Deuteroisaías, quiere recomponer en nombre del Dios de la historia, cuya palabra es poderosa para recrear nuevas situaciones. El «venid por agua todos los sedientos» es toda una afirmación teológica que podemos entender fácilmente. El agua es fuente de vida, de fertilidad, de prosperidad, de futuro. Hoy lo estamos valorando más que nunca por los problemas “ecológicos” que sufre la humanidad entera y por la desertización que avanza por culpa del hombre y de su desprecio de la creación.

El profeta, con un sentido populista, ofrece los productos de primera necesidad; no son riquezas propias de la calidad de vida, de la que tanto se habla hoy, y que conduce a tantas perversiones e injusticias; son riquezas de base, de las del Tercer Mundo. El profeta presenta a Dios mismo, como un vendedor ambulante, como si hubiera salido al desierto -se entiende del desierto de la vida-, a ofrecer «de balde» lo que es necesario para subsistir. Sabemos que esto es simbólico y apunta a la alianza de Dios, a la palabra de Dios que es fuente de vida y trae una alianza nueva. El pueblo, desconcertado por la ignominia de vivir alejado de Jerusalén y del Templo, busca en los dioses babilónicos una seguridad; entonces el profeta hace aparecer a Dios como “ese ambulante” que lleva lo más necesario a los que viven la experiencia del abandono.

Comentario al evangelio – Lunes XVII de Tiempo Ordinario

Distinguir: ahí tenemos una operación importante de la inteligencia humana. Y Jesús sabía distinguir. Quizá, a primera vista, confundimos un grano de arena y un grano de mostaza. Pueden medir y pesar prácticamente lo mismo, pero pertenecen a reinos diferentes de la naturaleza: el de los minerales y el de los vegetales. No sembramos granos de arena; sembramos semillas vivas, por menudas que sean, porque alojan en sí un potencial inmenso. Y la levadura es un hongo microscópico, pero desde antiguo conocían las amas de casa y hoy conocen los industriales los efectos que produce en los procesos de fermentación.

Todos los comienzos en el orden de la vida, y  también en el orden de ese otro reino que es el Reino de Dios, el Reino de la gracia, son pequeños…, pero seminales. A una mirada corta y superficial le parecerán insignificantes, pero el defecto está en la mirada, no en la vida y sus inicios. Jesús pudo toparse con personas decepcionadas ante arranque tan menudo del señorío de Dios, que, por añadidura, venía de manos de un galileo y tenían lugar en la tierra desprestigiada de Galilea. Él podía replicarles: «Vosotros no veis más allá de un palmo ni conocéis la promesa de las cosas. Vuestra impaciencia os lleva a ver un huevo y querer oírlo cantar. La esperanza es aguardar a oírlo cantar, es ver una semilla, conocer el potencial que lleva dentro y adivinar e imaginar el término a que está destinada. Principio quieren las cosas, principio quieren las cosas de Dios. Donde para vosotros está el desengaño, para otros está la revelación».

Pablo Largo