Vísperas – Santa Marta

VÍSPERAS

SANTA MARTA, memoria obligatoria

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Finísimo fue el lino con que ella
fue tejiendo, a lo largo de su vida,
esa historia de amor que la hace bella
a los ojos de Dios y bendecida.

Supo trenzar con tino los amores
del cielo y de la tierra, y santamente
hizo altar del telar de sus labores,
oración desgranada lentamente.

Flor virgen, florecida en amor santo,
llenó el hogar de paz y joven vida,
su dulce fortaleza fue su encanto,
la fuerza de su amor la fe vivida.

Una escuela de fe fue su regazo.
Todos fueron dichosos a su vera,
su muerte en el Señor fue un tierno abrazo,
su vida será eterna primavera. Amén.

SALMO 121: LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

Ant. Tu sierva, Señor, se regocijó con tu salvación.

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundad
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tu sierva, Señor, se regocijó con tu salvación.

SALMO 126: EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS

Ant. Como está sólido el fundamento sobre la roca, así estuvo la voluntad de Dios en el corazón de la mujer santa.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Como está sólido el fundamento sobre la roca, así estuvo la voluntad de Dios en el corazón de la mujer santa.

CÁNTICO de EFESIOS: EL DIOS SALVADOR

Ant. El Señor le ha dado su fuerza; por ello será bendita eternamente.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor le ha dado su fuerza; por ello será bendita eternamente.

LECTURA: Rm 8, 28-30

Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien; a los que ha llamado conforme a su designio. A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos. A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

RESPONSORIO BREVE

R/ Dios la eligió y la predestinó.
V/ Dios la eligió y la predestinó.

R/ La hizo morar en su templo santo.
V/ Y la predestinó.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Dios la eligió y la predestinó.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Jesús amaba a María, a su hermana y a su hermano Lázaro.
Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Jesús amaba a María, a su hermana y a su hermano Lázaro.

PRECES

Supliquemos a Dios en bien de su Iglesia, por intercesión de las santas mujeres, y digámosle:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.

Por intercesión de las mártires, que con la fuerza del espíritu superaron la muerte del cuerpo,
— concede, Señor, a tu Iglesia ser fuerte en la tentación.

Por intercesión de las esposas, que por medio del santo matrimonio crecieron en la gracia,
— concede, Señor, a tu Iglesia la fecundidad apostólica.

Por intercesión de las viudas, que por la hospitalidad y la oración superaron su soledad y se santificaron,
— concede, Señor, a tu Iglesia que muestre al mundo el misterio de tu caridad.

Por intercesión de las madres, que engendraron sus hijos no solo para la vida del mundo, sino también para el reino de los cielos,
— concede, Señor, a tu Iglesia que transmita la vida del espíritu y la salvación a todo el género humano.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Por intercesión de todas las santas mujeres, que han sido ya admitidas a contemplar la belleza de tu rostro,
— concede, Señor, a los difuntos de la Iglesia gozar también eternamente de tu presencia.

Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, tu Hijo aceptó la hospitalidad de Santa Marta y se albergó en su casa; concédenos, por intercesión de esta santa mujer, servir fielmente a Cristo en nuestros hermanos y ser recibidos, como premio, en tu casa del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Santa Marta

1) Oración inicial 

¡Oh Dios!, protector de los que en ti esperan; sin ti nada es fuerte ni santo. Multiplica sobre nosotros los signos de tu misericordia, para que, bajo tu guía providente, de tal modo nos sirvamos de los bienes pasajeros que podamos adherirnos a los eternos. Por nuestro Señor. 

2) Lectura 

Del santo Evangelio según Lucas 10,38-42
Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Al fin, se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude.» Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada.» 

3) Reflexión

• Dinámica del relato. La condición de Jesús de maestro itinerante ofrece a Marta la posibilidad de acogerlo en su casa. La narración presenta la actitud de las dos hermanas: María, sentada, a los pies de Jesús, preocupada por escuchar su palabra; Marta, en cambio, preocupada por preparar los numerosos servicios, se acerca a Jesús protestando por el comportamiento de la hermana. El diálogo entre Jesús y Marta ocupa un amplio espacio de la narración (vv.40b-42): Marta empieza con una pregunta retórica, “¿Señor, no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo?”; después pide que Jesús intervenga y ordene a su hermana que no abandone los trabajos domésticos, “Dile, pues, que me ayude”. Jesús responde con tono afectuoso, expresado en la repetición del nombre “Marta, Marta”: le recuerda que ella está preocupada por “muchas cosas”, que en realidad es necesaria “una sólo” y concluye con una alusión a la hermana que ha escogido la mejor parte, la cual no le será quitada. Lucas construye su relato sobre el contraste de la personalidad diversa de Marta y de María; la primera, preocupada por “muchas” cosas, la segunda hace una cosa sólo, está preocupada por escuchar al Maestro. La función de este contraste es la de subrayar la actitud de María, dedicada a la plena y total escucha del Maestro, con lo que pasa a ser modelo de todo creyente.
• La figura de Marta. Es la que toma la iniciativa de acoger a Jesús en su casa. Al dedicarse a acoger al Maestro, se preocupa con afán de la muchas cosas que se han de preparar y, ante esto, siente la tensión de encontrarse sola. Le agobia tanto trabajo, está ansiosa, vive una gran tensión. Por eso, Marta se “adelanta” y dispara a Jesús una justa petición de ayuda: ¿por qué la hermana la deja sola? Jesús le responde constatando el hecho de que ella está preocupada y tiene el corazón dividido entre el deseo de ofrecer a Jesús una comida digna de su persona y el deseo de dedicarse a escucharlo. Por tanto, Jesús no reprueba el servicio de Marta, sino la angustia con que lo lleva a cabo. Jesús había explicado un poco antes, en la parábola del sembrador, que la semilla caída entre abrojos evoca la situación de los que escuchan la Palabra pero son presa de las preocupaciones (Lc 8,14). En la laboriosidad de Marta no critica Jesús el valor de la acogida a su persona, sino que alerta sobre los riesgos en que se puede caer: el afán y la angustia. También sobre estos riesgos se pronuncia Jesús: “Buscad su reino y lo demás os será dado por añadidura” (Lc 12,31).
• La figura de María. Es la que escucha la Palabra, cosa que se expresa con un pretérito imperfecto, “escuchaba”, indicando una acción continua en la escucha de Jesús. La actitud de María contrasta con el afán y la tensión de la hermana. Jesús dice que María ha escogido “la parte buena”, la escucha de su Palabra. De las palabras de Jesús aprende el lector que no se trata de dos partes, de las cuales una es mejor que la otra, sino que existe sólo la parte buena: escuchar su Palabra. Esta actitud no significa evadirse del propio quehacer o responsabilidad cuotidianos, sólo expresa la necesidad de que la escucha de la Palabra preceda a cualquier servicio o actividad.
• Equilibrio entre acción y contemplación. Lucas presta particular atención a unir escucha de la Palabra y relación con el Señor. No se trata de dividir la jornada en un tiempo dedicado a la oración y otro al servicio, sino que la atención a la Palabra precede y acompaña al servicio. El deseo de escuchar a Dios no se puede suplir por otras actividades: es necesario dedicar cierto tiempo y espacio para buscara al Señor. El compromiso de cultivar la escucha de la Palabra nace de la atención a Dios: todo puede contribuir, el ambiente, el lugar, el tiempo. Pero el deseo de encontrar a Dios debe nacer en el propio corazón. No existen tácticas que te lleven a encontrar a Dios de manera automática. Se trata de un problema de amor: es necesario escuchar a Jesús, estar con Él; entonces se comunica el don y se inicia el enamoramiento. El equilibrio entre escucha y servicio implica a todos los creyentes, tanto en la vida familiar como en la profesional y social: ¿qué hacer para que los bautizados sean perseverantes y alcancen la madurez de la fe? Educarse en la escucha de la Palabra de Dios. Es éste el camino más difícil, pero el más seguro para llegar a la madurez en la fe. 

4) Para la reflexión personal

• ¿Sé crear en mi vida situaciones e itinerarios de escucha? ¿Me limito sólo a escuchar la Palabra en la iglesia, o me esfuerzo también en buscar espacios y lugares adecuados para una escucha personal y profunda?
• ¿Te limitas a un consumo privado de la Palabra o eres anunciador de la misma y luz para los demás, no sólo lámpara que ilumina tu propia vida privada?

5) Oración final

Yahvé, ¿quién vivirá en tu tienda?,
¿quién habitará en tu monte santo?
 El de conducta íntegra
que actúa con rectitud. (Sal 15,1-2)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 14, 53-54

«53Y condujeron a Jesús al sumo sacerdote, y se reúnen todos los sumos sacerdotes, los ancianos y los escribas.

54Y Pedro le siguió de lejos hasta el interior, el patio del sumo sacerdote, y estaba sentado con los sirvientes y calentándose junto a la luz.

• El prendimiento de Jesús va seguido inmediatamente por el proceso ante las autoridades judías, seguramente uno de los momentos trascendentales del evangelio y uno de los más ricos teológicamente. Nuestro pasaje se divide en tres partes: puesta en escena (14,53-54), acusación por las palabras contra el Templo (14,55-61a), y pregunta sobre la identidad mesiánica de Jesús (14,61b-65); las dos últimas subdivisiones contienen aproximadamente noventa vocablos cada una, mientras que la primera es aproximadamente la mitad. Como el pasaje anterior, las dos perícopas están estructuradas de modo similar: en cada caso Jesús es ante todo el objeto pasivo de las acciones de otros, pero rompe esa pasividad para hacer una declaración llamativa aproximadamente cuando se llega a las dos terceras partes del episodio (14,48-49.62). En el caso presente, este pronunciamiento es el punto culminante del pasaje y una de las declaraciones más cargadas cristológicamente del evangelio.

• 14,53-54: Los dos primeros versículos disponen la escena para la acción que seguirá: 14,53 para el proceso de Jesús ante las autoridades judías (14,55-65); y 14,54, para la negación de Pedro (14,66-72). En el primer versículo quedan identificados tres grupos de agentes hostiles: uno impersonal, «ellos», los que conducen a Jesús al sumo sacerdote (al parecer el grupo del prendimiento en el pasaje anterior), el sumo sacerdote mismo, los sumos sacerdotes, ancianos y los escribas que se reúnen para asistir al sumo sacerdote en sus deliberaciones.

A pesar de esta agrupación de fuerzas hostiles, el versículo siguiente revela que Jesús no ha sido abandonado totalmente por sus seguidores. Pedro está todavía allí, pues lo había seguido «de lejos» (apo makrothen), la misma expresión que se utilizará más tarde para las mujeres que ven morir a Jesús (15,40). Esta expresión implica una crítica, y este matiz crítico queda reforzado por el eco del Sal 38,11, donde el hablante se queja de que sus amigos más cercanos se mantienen a distancia (apo makrothen) de sus dolores. El salmista continúa diciendo que no abre su boca para quejarse (38,14), rasgo que aparece posteriormente en el relato marcano (14,61a). Visto en este contexto bíblico, Pedro es una figura oscura, que coquetea con la defección tratando aún de seguir a «la luz», tema sugerido por la opción insólita de phós para designar la hoguera al lado de la que intenta calentarse el apóstol. Pero está siendo arrastrado hacia el ámbito oscuro de los enemigos de su Maestro, tal como acentúa la doble expresión, típicamente marcana, «hasta el interior, el patio del sumo sacerdote».

Comentario – Santa Marta

El pasaje evangélico de hoy nos sitúa en esos momentos posteriores a la muerte de Lázaro: éste ha sido ya enterrado y sus hermanas, que confiaban en que la intervención de Jesús hubiese podido evitar este fatal desenlace, reciben el pésame por la muerte de su hermano de amigos y conocidos. Jesús, que había retrasado su viaje a Judea aun después de haber tenido noticia de la extrema gravedad de Lázaro, no se había hecho presente siquiera en el entierro de su amigo.

Por fin se produce la llegada de Jesús a Betania, localidad de esta singular familia de hermanos, y Marta sale a su encuentro. María entretanto permanecía en casa, quizá atendiendo a los que habían acudido para darles el pésame. El recibimiento de Marta no es el mejor recibimiento posible. Sus primeras palabras rezuman un cierto resentimiento y dejan ver una queja encubierta, como si le echara en cara no haber hecho lo suficiente por salvar la vida del amigo en peligro de muerte: Señor, si hubieras estado aquí –le dice ella con tristeza-, no habría muerto mi hermano. Pero no estuviste en el lugar y el momento precisos en los que tenías que haber estado. ¿Cómo no advertir en tales palabras una censura a la conducta de Jesús para con su amigo? Pero ya parece haber pasado la ocasión: el que antes estaba enfermo, ahora es difunto; y la muerte es irreversible, no permite vuelta atrás.

No obstante este pensamiento que parecen encerrar las palabras de Marta, ésta no concede a la muerte un carácter de irreversibilidad tan absoluto; pues de lo contrario no diría lo que añade a continuación: Pero aún ahora –agrega- sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá. El Dios que tiene remedio para todo tipo de enfermedades, incluidas las mortales, lo tendrá también para la muerte. Por tanto, nada está perdido. Algo se puede seguir haciendo por el que lleva ya varios días enterrado. Y eso no es una simple oración por la salvación de su alma. A Lázaro no se le puede ya devolver la salud, puesto que no está enfermo, sino muerto, pero sí se le puede devolver la vida. Marta muestra tener una gran confianza en él y en su poder de intercesión ante Dios, el Dios de las concesiones imposibles, el Dios creador.

Esta confianza ha debido labrarse en la misma medida en que ha ido afianzándose su amistad. Se trata de alguien que ha podido contemplar con sus propios ojos los efectos de la oración de Jesús, las obras portentosas que el Padre le había concedido realizar. ¿Por qué no seguir esperando entonces?, ¿por qué no seguir confiando?, ¿es que le podemos negar a Dios poder sobre la muerte? Y Jesús, sin entrar en el terreno de las disculpas, le anuncia, ya anticipadamente, lo que estaba próximo a suceder, uno de esos efectos portentosos de su palabra recreadora: Tu hermano, el que lleva ya sepultado varios días, resucitará, esto es, volverá a la vida que le había abandonado. Marta, a pesar de la frase anterior en que dejaba abiertas todas las posibilidades, dado que se trataba de Dios, entiende –y así lo dice expresamente- que Jesús se está refiriendo a la resurrección del último día, una resurrección en la que ella también cree, porque forma parte de su credo, un credo que reconoce la omnipotencia de Dios y su poder creador. Pero no, Jesús no se refería sólo a esa resurrección última y definitiva, sino también a esta resurrección provisional que había de provocar en la carne cadavérica y maloliente de su amigo Lázaro. Ésta se presentará al mundo como un signo de aquélla.

Éste es el preciso instante en que Jesús se declara a sí mismo ante Marta como resurrección y vida, reclamando de ella un profundo acto de fe: Yo soy –le dice Jesús- la resurrección y la vidael que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto? Ella respondió: Sí, Señor; yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo. Sucede que el que es la resurrección y la vida puede resucitar a los muertos dándoles la vida, bien la vida que perdieron, bien la vida que les ha sido prometida. Cuando Jesús le pregunta a Marta: ¿crees esto?, es decir, ¿crees que yo soy la resurrección y la vida y que, por ello, el que cree en mí, no morirá para siempre?, ella responde: sí, Señor, yo creo que tú eres el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.

En su respuesta, Marta no parece responder a la pregunta de Jesús, pero lo hace; porque sólo el Hijo de Dios venido a este mundo, esto es, el que es Dios por naturaleza y dispone de carne mortal puede resucitar de entre los muertos obteniendo esa vida que comunicará a los que crean en él. En Marta encontramos la misma profesión de fe de Pedro, ésa que, a juicio del mismo Jesús, le había sido inspirada por el Padre del cielo (y no por la carne) y que le mereció el título de roca(=Pedro) de su Iglesia. A Marta, esta profesión de fe le mereció probablemente la recompensa de poder abrazar de nuevo a su hermano redivivo y, sin duda, la de poder gozar un día de la vida que él es y ha obtenido mediante la resurrección y que concede a los que creen en él, una vida que permite la muerte, pero no la muerte para siempre. Porque igual que la vida terrena de Lázaro pudo ser rescatada de la muerte, podrá serlo también y con mayor razón esa vida que es inmune a toda muerte: la vida eterna.

Jesús conecta la resurrección y la vida, la vida y la fe: Para que haya vida donde ha hecho acto de presencia la muerte, tiene que haber resurrección, pues sin ésta no habría victoria sobre la muerte y el que muriese, moriría para siempre; para que el que muere, no muera para siempre, tiene que haber resurrección. Pero, para que la muerte no sea para siempre, es preciso creer en él como resurrección y vida; pues sólo así podremos recibirla de él. Sólo esta adhesión supuesta en la fe nos permitirá abrirnos a la vida que el Hijo de Dios, que ha venido al mundo y ha salido de él, quiere darnos. Vivamos de la fe de Marta y tendremos la garantía de la vida futura.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos «Apostolorum Successores»

140. Vigilancia sobre los medios de comunicación social.

El Obispo, consciente de la grande influencia de estos instrumentos en las personas, intensifique la propia acción con las competentes instituciones sociales para que los medios de comunicación social, y en particular los programas televisivos y radiofónicos, sean conformes a la dignidad humana y respetuosos de la Iglesia, y transmita tal preocupación a toda la comunidad cristiana.409 No deje además, de exhortar a los Pastores y a los padres de familia para que en ésta y en los ambientes cristianos tales medios sean usados con prudencia y moderación, y se evite cuanto pueda dañar a la fe y al comportamiento de los fieles, especialmente de los más jóvenes. Si el caso lo requiere, censure públicamente los programas que resulten dañosos.(410)

Como lo demuestra una eficaz experiencia en muchas naciones, el Obispo podrá crear y mantener un servicio de información que oriente rectamente a los padres de familia y educadores en la programación prevista en los diferentes medios. Y no deje de vigilar, con la solicitud de un padre de familia, para que la información no se aleje de las reglas del sentido común humano y cristiano.

Los escritos de los fieles que traten de la fe o de las buenas costumbres, antes de ser publicados, deben ser sometidos al juicio del Obispo cuando así esté prescrito por las normas canónicas universales o particulares, y es recomendable que también lo sean en los otros casos.(411) Si algunos casos lo requieren, el Obispo aplique las sanciones previstas por el derecho de la Iglesia, para obtener la enmienda de los autores y, sobre todo, para proteger el bien espiritual de los fieles y la comunión eclesial.(412)


409 Cf. Codex Iuris Canonici, can. 822 § 2.

410 Cf. Codex Iuris Canonici, can. 823 § 1.

411 Cf. Codex Iuris Canonici, cans. 823; 825-828.

412 Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción sobre algunos aspectos de los instrumentos de la comunicación social y la promoción de la doctrina de la fe, 2.

Comentario Domingo XVIII de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Señor y Hermano Jesús, Tú dijiste que “tu Padre nos enviaría en tu nombre el Espíritu Santo y que Él nos recordaría lo que nos enseñaste y nos los explicaría todo”. Tú conoces la pobreza y la aridez de nuestro corazón. Te pedimos que tu Espíritu nos lo refresque, nos lo ilumine, nos haga entender tu Evangelio. Nos lleve sobre todo a fiarnos de Ti y de tu Padre, a seguirte en fe confiada y amorosa, y a poner nuestro grano de arena para construir paz y vida en nuestro entorno. AMÉN.

 

Mt 14, 13-21

«13Y al oírlo, Jesús se retiró de allí en barca, aparte, a un lugar solitario; y cuando lo oyeron las gentes, le siguieron a pie de las ciudades. 14Y al desembarcar, vio mucha gente y tuvo compasión de ellos y curó a sus enfermos.

15Al atardecer se le acercaron los discípulos diciendo: ‘El lugar es desierto, y la hora es ya pasada. Despide a las gentes, para que, yéndose a las aldeas, se compren ellos mismos comida’. 16Pero Jesús les dijo: ‘No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer’. 17Mas ellos le dicen: ‘No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces’. 18Y él dijo: ‘Traédmelos aquí’.

19Y, ordenando a las gentes reclinarse sobre la hierba, tomando los cinco panes y los dos peces, levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiéndolos, dio los panes a los discípulos y los discípulos a las gentes.

20Y comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos. 21Y los que habían comido eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños».

PALABRA DE DIOS

 

CONTEXTO

El final del capítulo 13 y el capítulo 14 del evangelio de Mateo, donde se incluye el presente relato, propone un itinerario que conduce al lector/oyente al progresivo descubrimiento de la fe en Jesús: va desde la falta de fe de los paisanos de Jesús (13,54-58) al reconocimiento del Hijo de Dios (14,33), pasando por el don del pan, que era el elemento constitutivo de la comunidad cristiana (el evangelio de hoy). Después de la incomprensión sufrida por Jesús, al que sólo se le reconoce como el “hijo del carpintero” (13,55), el evangelio nos narra el trágico final de Juan Bautista (14,1-12) y la atención de Jesús a las gentes. Después de nuestro texto, sigue otro relato en el que la fe en Jesús como Hijo de Dios será más patente (14,22-33).

 

TEXTO

El evangelio de hoy podemos estructurarlo en 2 partes principales: a) una introducción narrativa (14,13-14); b) el relato de la multiplicación, que se abre tras una indicación temporal (“Al atardecer”). Dicho relato tiene tres momentos: 1) la conversación entre Jesús y sus discípulos (vv. 15-18); 2) el acto eucarístico de Jesús (la “multiplicación”) (v. 19), que es el centro del relato; 3) las consecuencias del acto de Jesús (vv. 20-21). Los personajes activos son Jesús y los discípulos, mientras que “las gentes” aparecen como sujeto pasivo que sirve para poner en evidencia las acciones de Jesús frente a las intenciones de los discípulos.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• La primera parte del evangelio (vv. 13-14) nos ofrece un ejemplo del modo de actuar de Jesús ante la multitud: ver, conmoverse y curar. Es consciente de lo que hay, carga con las necesidades advertidas y se encarga de solucionarlas (cf. también 9,36). Nos invita a conocer bien la realidad sufriente que nos rodea, a dejarnos afectar por ella (“conmoverse” es LA característica más propia de los sentimientos de Jesús), a poner todo de nuestra parte por solucionarla.

• Los discípulos prefieren evitar ese modo de actuar de Jesús: están más próximos a él, pero piden que despida a la gente y que ella misma se “busque la vida”. En su primer intento (v. 15), Jesús les ordena que den de comer a la gente (v. 16); en su segundo intento (v. 17), Jesús les ordena poner a disposición los alimentos que, probablemente, ellos tenían para cenar. Son excusas siempre repetidas: creer que tal o cual problema no es de mi incumbencia; creer que lo de uno no arregla nada y, por eso, no hacer nada. Pero las órdenes de Jesús (imperativos) son claras.

• El corazón del relato (v. 19) tiene la forma de una catequesis eucarística: aunque había pan y peces, el texto sólo se centra en el pan, sobre el que Jesús realiza las mismas acciones que en la Última Cena. Es la Eucaristía el gran milagro de Jesús para saciar nuestra hambre y evitar nuestro desamparo. La cuestión es saber si nosotros le concedemos realmente ese valor y si nuestras eucaristías están entroncadas en la vida de los que (más) sufren.

• Aunque los discípulos no se han comportado como tales, queda muy evidente su función de mediadores entre Jesús y las gentes: Jesús cuenta con ellos y las gentes los necesitan. En estos tiempos de sequía vocacional al sacerdocio, podríamos plantearnos qué podemos hacer en este sentido y, de todas formas, la manera en que llevamos al mundo los dones del Señor.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis – Domingo XVIII de Tiempo Ordinario

XVIII Domingo de Tiempo Ordinario
2 de agosto 2020

Isaías 55, 1-3; Salmo 144, 8-9. 15-16. 17-18; Romanos 8, 35. 37-39; Mateo 14, 13-21

Jesús Multiplica los Pescados y Panes-Prefiguración de la Eucaristía

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Cuando Jesús desembarcó, vio aquella muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como ya se hacía tarde, se acercaron sus discípulos a decirle: “Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer”. Pero Jesús les replicó: “No hace falta que vayan. Denles ustedes de comer”. Ellos le contestaron: “No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados”. Él les dijo: Tráiganmelos”. Luego mandó que la gente se sentara sobre el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que habían sobrado, se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.

Reflexión

Cuando Jesús oye de la muerte de su primo, quiere estar solo para orar. Sabe que su Padre lo consuela. Pero la gente lo sigue porque han oído que Él cura a los enfermos y que habla con autoridad como los profetas. Aunque quiere estar solo, Jesús se compadece de ellos y cura a los enfermos. Cuando seguimos a Jesús con perseverancia, Él se compadece de nosotros. Se hace tarde y los apóstoles quieren despedir a la gente para que compren algo de comer. ¿Qué les dice Jesús? “Denles ustedes de comer.” ¿Cómo se sintieron los apóstoles? Posiblemente asustados o confundidos porque no sabían cómo con solo dos pescados y cinco panes. ¿Se han sentido así alguna vez cuando tienen que hacer algo que parece imposible? Compartir. ¿Qué dice Jesús? “Tráiganmelos.” ¿Le llevamos a Jesús situaciones que parecen imposibles en nuestras vidas? ¿Qué hace Jesús con los pocos panes y pescados? Hace un milagro y los multiplica. Primero tomó los panes y los pescados, los bendijo, partió los panes y se los dio a los discípulos. ¿Alcanzó la comida? Comieron hasta saciarse y se llenaron doce canastos con sobras. Si seguimos a Jesús, y le ofrecemos lo poquito que tenemos, Él hace el milagro de multiplicar nuestras bendiciones y nos lleva a compartirlos, así llenando nuestro corazón con felicidad. ¿En cuál otra ocasión Jesús tomó el pan, lo bendijo, lo partió y lo compartió? En la Última Cena, Jesús tomó el pan, lo bendijo, lo partió, y se lo dio a sus discípulos. ¿Qué milagro hizo Jesús en la Última Cena y sigue haciendo en las misas? Cambia el pan y el vino a su cuerpo y sangre (la Eucaristía) para alimentar nuestra alma. Igual que Jesús sació el hambre de la muchedumbre con pescado y pan, con la Eucaristía, Él llena nuestro corazón con su presencia y amor guiándonos al Cielo.

Actividad

En la vida hay problemas que Jesús nos ayuda a enfrentar. Nos pide mucho amor y fe siempre. Todo lo que le ofrecemos a Jesús, Él lo puede usar para hacer milagros. En la siguiente página, escoger un regalo que le puedes ofrecer a Jesús, y cual milagro de más amor y fe necesitas de Jesús. Explicar.

Oración

Jesús, recuérdame siempre de que, con tu ayuda, todo lo puedo. Ayúdame a siempre ser generoso(a) contigo que lo das todo. Jesús, en ti confío. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Primera multiplicación de los panes – Mateo 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, se marchó de allí en barca a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: – Estamos en despoblado y es muy tarde; despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer. Jesús les replicó: – No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer. Ellos le contestaron: – Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces. Les dijo: – Traédmelos. Mandó a la gente que se recostara en la hierba, y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendicion, partió los panes y se los dio a los discículos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres ni niños-

Explicación

El pueblo iba siempre detrás de Jesús, por eso cuando Jesús desembarco después de cruzar el mar, se encontró con mucha gente, les dio lástima porque nadie cuidaba de ellos y se puso a enseñarles. Como se hizo tarde y no tenían que comer, Jesús hizo un milagro grandísimo: multiplicó los cinco panes y dos peces que tenía un chico y con ello dio de comer a toda la multitud, y aún sobró. ¡Qué bueno y cariñoso que es Jesús!

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

DÉCIMOOCTAVO DOMINGO: TIEMPO ORDINARIO -“A” (Mt.14, 13-21)

NARRADOR: En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos.
Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle:

DISCÍPULO1: Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer.

NARRADOR: Jesús les replicó

JESÚS: No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.

DISCÍPULO2: Maestro, parece que se te ha ido la olla.

DISCÍPULO1: Aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces ¿Cómo vamos a dar de comer a toda esta multitud?

JESÚS: Traédmelos

DISCÍPULO2: A ver, Señor, qué quieres hacer ahora.

NARRADOR: Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos.

JESÚS: Ahora, repartidlo entre la gente.

DISCÍPULO1: Maestro, seguro que llegará para todos.

NARRADOR: Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles XVII de Tiempo Ordinario

El teólogo Dietrich Bonhoeffer, que sería ejecutado en el campo de concentración nazi de Flossenbürg, escribió un libro que lleva este título en su traducción española: El precio de la gracia. Contiene un comentario al Discurso del Monte y habla de la gracia barata y de la gracia cara. La gracia cara lo es porque le costó la vida al Hijo de Dios; y lo es porque nos llama a responder con la radicalidad que presenta el discurso citado.

Con el Sal 63 le decimos al Señor: «Tu gracia vale más que la vida». El salmista y los santos han sido los buenos tasadores del valor de las cosas, han sabido distinguir entre la bisutería y el oro de ley, entre las baratijas y el tesoro, entre la apariencia y la verdad, han hecho la opción correcta y han comprobado lo acertado de su opción. Así, Teresa de Jesús ponderaba: «Quien a Dios tiene, nada le falta. Solo Dios basta». Ignacio de Loyola pedirá: «Dadme vuestro amor y gracia, que esta me basta».

Una fuente de la alegría es el hallazgo de algo valioso. Puede ser un hallazgo casual, inesperado (el del tesoro escondido en el campo); también un hallazgo que premia una tenaz búsqueda (el de la perla preciosa); o también el encuentro o reencuentro tras una larga espera (el padre que recobra al hijo perdido: Lc 15). Esas gentes afortunadas han obtenido la respuesta a algo que secreta o abiertamente anhelaban. Y han pagado el precio llenos de alegría (el padre tira la casa por la ventana). En cambio, el personaje rico que se acercó a Jesús y le preguntó qué debía hacer para obtener la vida eterna, se arrugó ante la propuesta del Maestro bueno por culpa de sus apegos y se retiró entristecido. No supo apreciar la tentadora oferta de Jesús, la diferencia entre la placentera vida temporal y la vida eterna, pregustada ya por los discípulos. Le pareció excesivo el precio de la gracia. Se fijó más en su renuncia que en el don ofrecido. Aprendamos la sabiduría de los santos y envidiemos su alegría.

Pablo Largo