Comentario Domingo XVIII de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Señor y Hermano Jesús, Tú dijiste que “tu Padre nos enviaría en tu nombre el Espíritu Santo y que Él nos recordaría lo que nos enseñaste y nos los explicaría todo”. Tú conoces la pobreza y la aridez de nuestro corazón. Te pedimos que tu Espíritu nos lo refresque, nos lo ilumine, nos haga entender tu Evangelio. Nos lleve sobre todo a fiarnos de Ti y de tu Padre, a seguirte en fe confiada y amorosa, y a poner nuestro grano de arena para construir paz y vida en nuestro entorno. AMÉN.

 

Mt 14, 13-21

«13Y al oírlo, Jesús se retiró de allí en barca, aparte, a un lugar solitario; y cuando lo oyeron las gentes, le siguieron a pie de las ciudades. 14Y al desembarcar, vio mucha gente y tuvo compasión de ellos y curó a sus enfermos.

15Al atardecer se le acercaron los discípulos diciendo: ‘El lugar es desierto, y la hora es ya pasada. Despide a las gentes, para que, yéndose a las aldeas, se compren ellos mismos comida’. 16Pero Jesús les dijo: ‘No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer’. 17Mas ellos le dicen: ‘No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces’. 18Y él dijo: ‘Traédmelos aquí’.

19Y, ordenando a las gentes reclinarse sobre la hierba, tomando los cinco panes y los dos peces, levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiéndolos, dio los panes a los discípulos y los discípulos a las gentes.

20Y comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos. 21Y los que habían comido eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños».

PALABRA DE DIOS

 

CONTEXTO

El final del capítulo 13 y el capítulo 14 del evangelio de Mateo, donde se incluye el presente relato, propone un itinerario que conduce al lector/oyente al progresivo descubrimiento de la fe en Jesús: va desde la falta de fe de los paisanos de Jesús (13,54-58) al reconocimiento del Hijo de Dios (14,33), pasando por el don del pan, que era el elemento constitutivo de la comunidad cristiana (el evangelio de hoy). Después de la incomprensión sufrida por Jesús, al que sólo se le reconoce como el “hijo del carpintero” (13,55), el evangelio nos narra el trágico final de Juan Bautista (14,1-12) y la atención de Jesús a las gentes. Después de nuestro texto, sigue otro relato en el que la fe en Jesús como Hijo de Dios será más patente (14,22-33).

 

TEXTO

El evangelio de hoy podemos estructurarlo en 2 partes principales: a) una introducción narrativa (14,13-14); b) el relato de la multiplicación, que se abre tras una indicación temporal (“Al atardecer”). Dicho relato tiene tres momentos: 1) la conversación entre Jesús y sus discípulos (vv. 15-18); 2) el acto eucarístico de Jesús (la “multiplicación”) (v. 19), que es el centro del relato; 3) las consecuencias del acto de Jesús (vv. 20-21). Los personajes activos son Jesús y los discípulos, mientras que “las gentes” aparecen como sujeto pasivo que sirve para poner en evidencia las acciones de Jesús frente a las intenciones de los discípulos.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• La primera parte del evangelio (vv. 13-14) nos ofrece un ejemplo del modo de actuar de Jesús ante la multitud: ver, conmoverse y curar. Es consciente de lo que hay, carga con las necesidades advertidas y se encarga de solucionarlas (cf. también 9,36). Nos invita a conocer bien la realidad sufriente que nos rodea, a dejarnos afectar por ella (“conmoverse” es LA característica más propia de los sentimientos de Jesús), a poner todo de nuestra parte por solucionarla.

• Los discípulos prefieren evitar ese modo de actuar de Jesús: están más próximos a él, pero piden que despida a la gente y que ella misma se “busque la vida”. En su primer intento (v. 15), Jesús les ordena que den de comer a la gente (v. 16); en su segundo intento (v. 17), Jesús les ordena poner a disposición los alimentos que, probablemente, ellos tenían para cenar. Son excusas siempre repetidas: creer que tal o cual problema no es de mi incumbencia; creer que lo de uno no arregla nada y, por eso, no hacer nada. Pero las órdenes de Jesús (imperativos) son claras.

• El corazón del relato (v. 19) tiene la forma de una catequesis eucarística: aunque había pan y peces, el texto sólo se centra en el pan, sobre el que Jesús realiza las mismas acciones que en la Última Cena. Es la Eucaristía el gran milagro de Jesús para saciar nuestra hambre y evitar nuestro desamparo. La cuestión es saber si nosotros le concedemos realmente ese valor y si nuestras eucaristías están entroncadas en la vida de los que (más) sufren.

• Aunque los discípulos no se han comportado como tales, queda muy evidente su función de mediadores entre Jesús y las gentes: Jesús cuenta con ellos y las gentes los necesitan. En estos tiempos de sequía vocacional al sacerdocio, podríamos plantearnos qué podemos hacer en este sentido y, de todas formas, la manera en que llevamos al mundo los dones del Señor.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?