Amar a Dios es la suprema razón (amor a Dios)

Entendí que sólo el amor es el que impulsa a obrar a los miembros de la Iglesia, y que si faltase este amor, ni los apóstoles anunciarían ya el Evangelio, ni los mártires derramarían su sangre. Reconocí claramente y me convencí de que el amor encierra en sí todas las vocaciones, que el amor lo es todo, que abarca todos los tiempos y lugares, en una palabra que el amor es eterno. Entonces, llena de alegría desbordante, exclamé: «Oh, Jesús, amor mío, por fin he encontrado mi vocación: mi vocación es el amor. Sí, he hallado mi propio lugar en la Iglesia, y este lugar es el que tú me has señalado, Dios mío. En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor: de este modo lo seré todo y mi deseo se verá colmado» (Santa Teresa de Lisieux, Manuscritos autobiográficos).

El amor a Dios es la razón suprema de todas las cosas (Santo Tomás, Suma Teológica, 1, q. 19, a. 4).

Mientras realizamos con la mayor perfección posible, dentro de nuestras equivocaciones y limitaciones, las tareas propias de nuestra condición y de nuestro oficio, el alma ansía escaparse. Se va hacia Dios, como el hierro atraído por la fuerza del imán. Se comienza a amar a Jesús, de forma más eficaz, con un dulce sobresalto (J. Escrivá de Balaguer, Amigos de Dios, 296).

¿Qué soy yo para ti, que me mandas amarte y que, si no lo hago, te enojas conmigo y me amenazas con ingentes infortunios? ¿No es ya suficiente infortunio el hecho de no amarte? (San Agustín, Confesiones, 2, 5, 5).

Fuego que abrasa, luz ardiente, fuente que apaga la sed, tesoro que contiene en sí todos los bienes. Dios es tan bueno y nos ama tan ardientemente que no quiere de nosotros otra cosa, sino ser amado (San Alfonso Mª de Ligorio, Visitas al Stmo. Sacramento).

Hacedlo todo por Amor. Así no hay cosas pequeñas: todo es graden. La perseverancia en las cosas pequeñas, por Amor, es heroísmo. (J. Escrivá de Balaguer, Camino, 813).

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