Meditación – San Ignacio de Loyola

Hoy celebramos la memoria de San Ignacio de Loyola.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 14, 25-33):

En aquel tiempo, mucha gente caminaba con Jesús, y volviéndose les dijo: «Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío. El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío.

»Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: ‘Este comenzó a edificar y no pudo terminar’.

»O ¿qué rey, que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si con diez mil puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz. Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío».

Hoy, celebrando la memoria de san Ignacio de Loyola (1492-1556), tomamos conciencia de que los tiempos siempre son “tiempos de Dios”. La época de san Ignacio —como tantas otras— no fue fácil ni para Europa ni para la Iglesia: décadas en las que los papas residieron en Aviñón (sometidos a Francia); el cisma de Occidente (con tres papas a la vez, cada uno de ellos pretendiendo ser el auténtico)… hasta desembocar en la reforma protestante.

Paradojas de la vida, Ignacio de Loyola y el reformador Martín Lutero (+1546) fueron plenamente coetáneos y coincidentes en el tiempo. Pero, qué distinta fue la reacción —la “reforma”— de cada uno. En realidad, no hay mejor reforma que la de identificarse con Jesucristo: «El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío» (Lc 14,27). Jesús humilde, pobre, obediente, misericordioso… Durante la pasión, el silencio y la discreción fueron su “protesta”.

Ignacio de Loyola vivió años de vida cortesana, soñando con aires de grandeza —podríamos decir— “caballeresca”. Pero la obligada convalecencia, como consecuencia de una herida de guerra, fue la providencial ocasión para leer reposadamente la vida de Jesucristo y la de algunos santos: ¡he ahí los auténticos reformadores! Esto le “despertó” el espíritu: «¿Y si yo hiciera lo mismo que san Francisco o que santo Domingo?», comenzó a preguntarse.

Los nuestros son también tiempos necesitados de “reforma”: «¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!» (Papa Francisco). No hay alternativa: «Cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío» (Lc 14,33). Ante los poderes fácticos —no lo olvidemos— nuestra fuerza es de Dios. He aquí que san Ignacio —despojándose de cosas y sueños— comenzó a entregarse a la vida de oración y a la atención de los demás. En ese camino se le juntaron unos cuantos compañeros con los que fundó la Compañía de Jesús, ¡una fundación que ha canalizado incontables frutos dentro de la Iglesia!

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench

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Liturgia – San Ignacio de Loyola

VIERNES. SAN IGNACIO DE LOYOLA, presbítero, memoria obligatoria

Misa de la memoria (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio común o de la memoria.

Leccionario: Vol. III-par

  • Jer 26, 1-9. El pueblo se arremolinó en torno a Jeremías en el templo del Señor.
  • Sal 68. Que me escuche tu gran bondad, Señor.
  • Mt 13, 54-58.¿No es el hijo del carpintero? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?

Antífona de entrada          Flp 2, 10-11
Al nombre de Jesús toda rodilla se doble, en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: «Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre».

Monición de entrada y acto penitencial
Hoy conmemoramos a san Ignacio de Loyola; militar de profesión, quien, tras ser herido en una pierna, abandonó la milicia de los Tercios españoles para capitanear otra milicia: la Compañía de Jesús, por él fundada, y que ha sido, hasta nuestros días, cantera de grandes santos; a la par que nos ha legado ese gran tesoro, obra de su pluma y su espiritualidad, que son los Ejercicios espirituales, que tanto bien han hecho y siguen haciendo a toda la Iglesia.

Hagamos nosotros ahora, al iniciar la Eucaristía, el ejercicio de mirar hacia dentro de nosotros mismos, de examinar nuestra conciencia y, reconociendo nuestra debilidad, comencemos la celebración de los sagrados misterios pidiendo humildemente perdón a Dios por nuestros pecados.

Yo confieso…

Oración colecta
OH, Dios,
que has suscitado en tu Iglesia a san Ignacio de Loyola
para propagar la mayor gloria de tu nombre,
concédenos que, combatiendo en la tierra
con su protección y su ejemplo,
merezcamos ser coronados con él en el cielo.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Orgullosos de tener a María como Madre, a Jesús como hermano mayor, y a san José como protector, oremos confiados a Dios, nuestro Padre.

1.- Para que la Iglesia cada día con más gozo la Buena Noticia del Evangelio. Roguemos al Señor.

2.- Para que siempre haya corazones jóvenes dispuestos a seguir la llamada de Dios y dedicar su vida al servicio de sus hermanos. Roguemos al Señor.

3.- Para que quienes gobiernan los pueblos sean iluminados por el Evangelio. Roguemos al Señor.

4.- Para que los pobres y los que pasan hambre encuentren ayuda en sus necesidades. Roguemos al Señor.

5.- Para que todos nosotros, a ejemplo de san Ignacio de Loyola, tengamos siempre el deseo de avanzar por los caminos de la perfección cristiana. Roguemos al Señor.

Concédenos, Padre, todo lo que con fe te hemos pedido, y obra constantemente en nosotros el milagro de seguir cada día a tu Hijo Jesucristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas
QUE te agraden, Señor Dios,
las ofrendas que te presentamos
en la fiesta de san Ignacio de Loyola;
concédenos que estos divinos misterios,
que estableciste como fuente de toda santificación,
nos santifiquen también en la verdad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Cf. Lc 12, 49
He venido a prender fuego a la tierra, y cuánto deseo que ya esté ardiendo, dice el Señor.

Oración después de la comunión
SEÑOR, que el sacrificio de alabanza
que te hemos ofrecido para darte gracias
en honor de san Ignacio de Loyola,
nos conduzca a la eterna glorificación de tu majestad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 31 de julio

SAN IGNACIO DE LOYOLA, presbítero y fundador († 1556)

San Ignacio, Iñigo López de Loyola, nació el 1491 en Loyola, el último de trece hermanos. Estuvo doce años como gentilhombre del señor de Arévalo, y cuatro años a las órdenes del duque de Nájera, virrey de Navarra.

Fueron años de vida frívola cortesana, metido «en cosas de mujeres, en galas, en revueltas y juegos de armas». Estuvo a punto de ser procesado.

El año 1521, a sus treinta años, cambió radicalmente su vida, como cuenta en su Autobiografía, redactada por el P. Cámara. Luchó bravamente en Pamplona. Quedó mal herido de la pierna derecha, que le quedó más corta que la otra.

Fue trasladado a Loyola. Para entretenerse, pidió libros de caballería. En cambio le dieron la Vida de Cristo, del Cartujano, y Vidas de Santos. Ahí le esperaba la gracia de Dios. Aún se distraía «pensando en una alta señora», seguramente Margarita de Austria, hermana de Carlos V e hija de Juana la Loca, a la que vio en Tordesillas. Esta sería su Dulcinea.

Pero pronto se embebía en la buena lectura. Y se decía: «Santo Domingo hizo esto, pues yo lo tengo de hacer. San Francisco hizo esto, pues yo lo tengo de hacer». Así se decidía a «señalarse» su verbo preferido—en grandes empresas para la mayor gloria de Dios, el lema de su vida y de su obra. En Loyola, en su cámara, hay esta inscripción: Aquí se entregó a Dios Iñigo de Loyola.

La Virgen lo confirmó con una visitación. Su primer deseo fue entrar en la Cartuja de Sevilla, después de hacer un viaje a Jerusalén.

Sale de su casa, se postra ante la Virgen de Aránzazu, visitaría la Virgen del Pilar en Zaragoza, discute con un moro sobre la virginidad de María y llega a Montserrat. Allí pasó la noche velando las armas ante la Virgen.

Se dirige a Manresa, a orillas del Cardoner. Un año de oración y penitencia, tentaciones y consolaciones «la eximia ilustración del Cardoner». En la Santa Cueva nacen los Ejercicios Espirituales «que recibió del Señor».

Marcha a Tierra Santa. Se emociona en el Monte Olívete. Vuelve a Barcelona, donde pasa dos años estudiando «para poder ayudar a las ánimas».

Estudia año y medio en Alcalá y un mes en Salamanca. A la vez daba Ejercicios. Sospechan de él. Tuvo cinco procesos con la Inquisición y estuvo dos veces preso. Le ofrecen ayuda, pero confía sólo en Dios.

Parte para París «solo y a pie», con nieve y hielo, en enero del 1528. Pasa siete años estudiando, preparándose para el sacerdocio. Gana para la milicia de Cristo a Javier, Fabro, Rodríguez, Laínez, Salmerón y Bobadilla. Suben a Montmartre en 1534. Allí nace la Compañía de Jesús.

Marcha Ignacio a Loyola por enfermo. Vuelve a Venecia, donde le espera el grupo, aumentado con Codure, Broet y Jayo. Son ordenados sacerdotes en Venecia. Ignacio, para prepararse mejor, tarda año y medio en decir su Primera Misa en Roma, en Santa María la Mayor, después de la visión de la Storta.

Pablo III aprueba la Compañía. Realizan en Roma gran labor pastoral. Ignacio envía a Javier a la India, a otros a Brasil y Etiopía y luego a todo el mundo, siempre a las órdenes del Papa, en favor de la Reforma Católica.

San Ignacio, dice Papini, es el más católico de los santos. Era un gran asceta y a la vez gran místico, como San Juan de la Cruz. ¡Qué vil me parece la tierra cuando contemplo el cielo!, exclamaba San Ignacio. Tuvo como nadie el don de lágrimas en la celebración de la Misa, como se ve en su Diario. Es amoroso, no sentimental. Vive la mística del servicio. Su virtud preferida es la obediencia. En su mesa sólo tenía el Nuevo Testamento y el Gersoncito «la perdiz de los libros espirituales» (el Kempis). San Ignacio, Caballero Andante a lo Divino, murió el 31 de julio de 1556. Fue canonizado por Gregorio XV el 1622.

Otros Santos de hoy: Fabio, Demócrito, Segundo, Dionisio, Germán, Juan.

Justo y Rafael Mª López-Melús

Laudes – San Ignacio de Loyola

LAUDES

SAN IGNACIO DE LOYOLA, Presbítero

(1491-1556). Fundador de la Compañía de Jesús; influyó notablemente en la espiritualidad de la Iglesia con sus Ejercicios.

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Venid, adoremos a Cristo, pastor supremo.

SALMO 99: ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en sus presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades».

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Cristo, cabeza, rey de los pastores,
el pueblo entero, madrugando a fiesta,
canta a la gloria de tu sacerdote
himnos sagrados.

Con abundancia de sagrado crisma,
la unción profunda de tu Santo Espíritu
le armó guerrero y le nombró en la Iglesia
jefe de tu pueblo.

Él fue pastor y forma del rebaño,
luz para el ciego, báculo del pobre,
padre común, presencia providente,
todo de todos.

Tú que coronas sus merecimientos,
danos la gracia de imitar su vida,
y al fin, sumisos a su magisterio,
danos su gloria. Amén.

SALMO 62: EL ALMA SEDIENTA DE DIOS

Ant. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mi labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.

CÁNTICO de DANIEL: TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR

Ant. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
Astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
Vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor;
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Ant. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre.

SALMO 149: ALEGRÍA DE LOS SANTOS

Ant. La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles,
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo.

LECTURA: Hb 13, 7-9a

Acordaos de vuestros dirigentes, que os anunciaron la palabra de Dios; fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe. Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre. No os dejéis arrastrar por doctrinas complicadas y extrañas.

RESPONSORIO BREVE

R/ Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas.
V/ Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas.

R/ Ni de día ni de noche dejarán de anunciar el nombre del Señor.
V/ He colocado centinelas.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. ¡Ojalá pueda conocer a Cristo, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos!

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¡Ojalá pueda conocer a Cristo, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos!

PRECES

Demos gracias a Cristo, el Buen Pastor, que entregó la vida por sus ovejas, y supliquémosle, diciendo:

Apacienta a tu pueblo, Señor.

Señor Jesucristo, que en los santos pastores nos has revelado tu misericordia y tu amor,
— haz que por ellos continúe llegando a nosotros tu acción misericordiosa.

Señor Jesucristo, que a través de los santos pastores sigues siendo el único pastor de tu rebaño,
— no dejes de guiarnos siempre por medio de ellos.

Señor Jesucristo, que por medio de los santos pastores eres el médico de los cuerpos y de las almas,
— haz que nunca falten a tu Iglesia los ministros que nos guíen por las sendas de una vida santa.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Señor Jesucristo, que has adoctrinado a la Iglesia con la prudencia y el amor de los santos,
— haz que, guiados por nuestros pastores, progresemos en la santidad.

Terminemos nuestra oración con la plegaria que nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, Dios nuestro, que has suscitado en tu Iglesia a san Ignacio de Loyola para extender la gloria de tu nombre, concédenos que después de combatir en la tierra, bajo su protección y siguiendo su ejemplo, merezcamos compartir con él la gloria del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.