Comentario Domingo XX de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Señor, ¡ten piedad de mí! Perdona mi falta de fe, mi incomprensión e insensibilidad hacia los signos de la llegada de tu Reino. Perdóname por las ocasiones en que no he sido capaz de echar una mano, de “curar” a los necesitados, de dar “pan” a los “hambrientos”, ni “migajas” a los que están a mi lado. Aumenta mi fe, Señor. En medio de las dificultades, que te busque sólo a Ti, Señor. En medio de los sufrimientos, que anhele sólo tu presencia. En medio de mis debilidades y limitaciones, que seas mi fuerza, mi luz y mi consuelo. Te lo ofrezco todo, Señor. Crea en mí un corazón nuevo para que pueda realizar tus obras con mis manos sucias e impuras, con mi persona, frágil como el barro, pero llena del amor y el gozo que vienen de tu infinita misericordia. AMÉN.

 

Mt 15, 21-28

«21Y saliendo de allí, Jesús se retiró a la región de Tiro y Sidón.

22Y he aquí que una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, gritó diciendo: ‘Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David; mi hija está malamente endemoniada’. 23Pero él no le respondió palabra.

Y acercándose sus discípulos le rogaron diciendo: ‘Atiéndela, que viene detrás de nosotros gritando’. 24Pero él, respondiendo, dijo: ‘No me han enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel’.

25Pero ella, alcanzándolos, se postró ante él diciendo: ‘Señor, socórreme’. 26Pero él, respondiendo, dijo: ‘No está bien echar a los perritos el pan de los hijos’.

27Pero ella dijo: ‘Sí, Señor; pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores’. 28Entonces Jesús le dijo: ‘Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se te haga como quieres’. Y en aquella hora, fue curada su hija».

PALABRA DE DIOS

 

CONTEXTO

Hermosísimo evangelio el de hoy, que nos invita a contemplar la escena sin perder detalle. La firme resolución de la mujer cananea “hace cambiar” la misión al propio Jesús, que se ve impelido a actuar también a la gente pagana. En cierto sentido, este evangelio es el contrapunto al evangelio del domingo pasado: la mujer grita aquí como los discípulos lo hicieron entonces; la mujer se postra ante Jesús como lo hicieron los discípulos en la barca; la mujer le pide a Jesús: “Señor, socórreme”, como antes Pedro había pedido: “Señor, sálvame”; pero la poca fe de Pedro es ahora “una gran fe” de la mujer sirofenicia, y el reconocimiento que los discípulos hacen de Jesús al final de aquel relato, es ahora el reconocimiento que Jesús hace de la fe de la mujer. Antes de esta escena impresionante, hemos visto cómo Jesús se enfrenta a los fariseos desenmascarando sus estrategias religiosas (15,1-20). Después, otro relato de curaciones (igual que ocurría tras la tempestad calmada) (15,29-31) y la segunda multiplicación de panes (15,32-39).

 

TEXTO

Un primer versículo que introduce la situación (v. 21) da paso a las dos partes del evangelio. En la primera parte (vv. 22-24) podemos distinguir dos momentos: la petición de la mujer cananea y el silencio de Jesús (vv. 22-23a); el ruego de los discípulos y la respuesta negativa de Jesús (vv. 23b-24). En la segunda parte (vv. 25-28) también hay dos momentos: una nueva solicitud de la mujer y la respuesta negativa de Jesús (vv. 25-26); la insistencia sagaz de la mujer y la respuesta positiva de Jesús con el resultado de la sanación de la hija (vv. 27-28). Jesús pasa, pues, del silencio a la respuesta positiva, pasando por dos respuestas negativas.

Ese cambio se debe a la insistencia de la mujer y a la gran fe que deposita en Jesús (3 veces le llama “Señor”, término de confesión de fe en Mateo y número definitivo o superlativo para los judíos).

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Este evangelio necesita una profunda contemplación: admirar la postura de una mujer madre que insiste e insiste, además inteligentemente, para conseguir de Jesús la sanación de su hija; sorprendernos de la postura “remolona” de Jesús, que tarda en atender a la mujer (una estrategia narrativa de Mateo para enseñarnos cómo debe ser nuestra fe); extrañarnos de una inusual dureza en las palabras de Jesús (el evangelista pone el diminutivo de “perro” en el refrán usado por Jesús). Es un texto precioso para calibrar nuestra confianza en Jesús.

• Frente a la “poca fe” de Pedro el domingo anterior, hoy una mujer pagana (no judía) deja sorprendido a Jesús por su “gran fe”. No podemos “dormirnos en los laureles” por el hecho de ser cristianos, ni podemos despreciar a quienes no lo son. El evangelio nos presenta la “sorpresa” de la mujer sirofenicia, que confía ciegamente en Jesús, en contraposición a los discípulos y Pedro en el episodio de la tempestad calmada y, sobre todo, en contraposición a los fariseos y maestros de la Ley (escribas) del relato anterior (15,1-20).

• En el texto hay una cantidad inusual de adversativos (“pero”): aunque resulte cansino en castellano, hemos querido mantenerlos porque indican muy bien la situación del desencuentro entre Jesús y la mujer y los discípulos, y porque se resuelve perfectamente en el “entonces” del v. 28, como si, tras una larga marcha, se llegara a la “meta” final. Puede ayudarnos a pensar en todos los “peros” que ponemos en nuestra relación con Jesús o en nuestro compromiso cristiano.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

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