Amor y santo temor de Dios (amor a Dios)

«Timor Domini sanctus». Santo es el temor de Dios. Temor que es veneración del hijo para su Padre, nunca temor servil porque tu Padre-Dios no es un tirano (J. Escrivá de Balaguer, Camino, 435).

¡Como quien no dice nada: amor y temor de Dios! Son dos castillos fuertes, desde donde se da guerra al mundo y a los demonios (Santa Teresa, Camino de perfección, 40, 2).

Fundada en la caridad, se eleva el alma a un grado más excelente y sublime: el temor de amor. Esto no deriva del pavor que causa el castigo ni del deseo de la recompensa. Nace de la grandeza misma del amor. En esa amalgama de respeto y afecto filial en que se barajan la reverencia y la benevolencia que un hijo tiene para con un padre, el hermano para con su hermano, el amigo para con su amigo, la esposa para con su esposo. No recela los golpes ni reproches. Lo único que teme es herir el amor con el más leve roce o herida. En toda acción, en toda palabra, se echa de ver la piedad y solicitud con que procede. Teme que el fervor de la dilección se enfríe en lo más mínimo (Casiano, Colaciones, 11).

Cuando el amor llega a eliminar del todo el temor, el mismo temor se convierte en amor (San Gregorio de Nisa, Homilía, 15).