Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 14, 66-70a

66Y, estando Pedro abajo en el patio, viene una de las siervas del sumo sacerdote, 67y al ver a Pedro calentándose, mirándole atentamente le dice: “También tú estabas con el nazareno, Jesús”.

68Pero él negó diciendo: “No sé ni entiendo lo que tú dices”. Y salió fuera, al patio delantero.

69Y la sierva, al verlo, comenzó a decir de nuevo a los presentes: “Este es uno de ellos”.

70Pero él negó de nuevo.

La descripción del juicio a Jesús (14,53-65) va seguida inmediatamente por el «proceso» informal a Pedro, que es lo contrario al de Jesús de varios modos. En verdad, parece que las dos escenas van revelando simultáneamente una especie de guión que se desarrolla arriba y abajo: mientras que en el nivel superior unos testigos falsos acusan a Jesús, que confiesa valientemente la verdad y paga con su vida por ello, en el nivel inferior unos testigos dignos de confianza acusan a Pedro de ser un seguidor de Jesús, cargo que niega vehementemente.

El pasaje puede dividirse en dos secciones de longitud casi igual: las dos identificaciones por parte de la sierva + las dos primeras negaciones de Pedro (14,66-70a); y la identificación por las personas presentes + la tercera negación de Pedro, el recuerdo de las palabras de Jesús y su arrepentimiento (14,70b-72).

14,66-70a: Cuando las luces bajan de intensidad en la escena en el gran recinto de la casa del sumo sacerdote, donde Jesús está siendo atormentado con escupitajos y bofetadas, aumentan en la de Pedro, que ha estado de pie, abajo, en el patio de la misma casa durante todo el interrogatorio de Jesús (cf. 14,54). Ahora, una de las siervas del sumo sacerdote mira detenidamente a Pedro y lo reconoce como un hombre que ha «estado» con Jesús (14,66-67). En las secciones primeras del evangelio esta observación habría sido positiva (cf. 3,14-15 y también Hch 4,13), pero ahora, debido a la condenación de Jesús por las autoridades, se ha convertido en algo cuya admisión es peligrosa. El tema del discipulado se muestra también en el pasaje por el modo como la sierva identifica a Pedro como alguien que ha estado «con el nazareno, Jesús» (14,67b). Los perseguidores de la iglesia primitiva preguntaban a veces a los sospechosos si también ellos eran seguidores de Jesús, y los ejecutaban si contestaban afirmativamente; así pues, la identificación inicial de Pedro era probablemente un eco de la propia experiencia de la comunidad marcana. El relato de Pedro en la casa del sumo sacerdote parece haber sido deliberadamente formado para inducir a los lectores marcanos a verse a sí mismos en la historia y preguntarse: «¿Qué habría hecho yo?». Una respuesta posible y serena podría ser: «Yo habría negado a Jesús, como hizo Pedro». El empleo por parte de Marcos del denso vocablo «negó» para describir la respuesta de Pedro a la primera acusación de la muchacha presagia de nuevo la experiencia de los cristianos posteriores, pues las autoridades requerían a menudo que «se negara» a Jesús públicamente para evitar el martirio.

Pedro temía probablemente también por su vida, pero el texto nunca especifica este motivo, y otras interpretaciones son posibles. Es una especie de «opacidad estratégica» deliberada que crea un mayor sentido de profundidad en el personaje y mayor participación en el lector. Este tipo de «opacidad estratégica» es común en Marcos; en puntos claves, ciertos personajes, Jesús incluido, hablan y actúan por motivos no completamente explicables y por esta misma razón insinúan tener una gran profundidad psicológica (cf., por ejemplo, 1,36.41; 4,12; 6,3.6.20.27; 8,17-21.30; 14,61; 15,5.34). No es accidental que Pedro, inmediatamente después de su primera negación, salga fuera, al patio delantero. Sin embargo, y a pesar de esta deriva hacia «el exterior», Pedro no se ha convertido aún en un apóstata; todavía permanece dentro del edificio donde Jesús sufre aunque parezca incapaz de correr en su ayuda, o de abandonarlo completamente. En este estado dividido, Pedro se ve enfrentado de nuevo con la sierva, que lo sigue hasta el patio delantero para verlo mejor, y luego lo acusa de nuevo de ser un seguidor de Jesús (14,69). Esta vez la acusación es pública, y sus palabras serían familiares de nuevo a los lectores ya veteranos de la persecución: «Este hombre es uno de ellos». Esta nota de hostilidad («uno de ellos») es palpable. Pedro niega a Jesús por segunda vez, pero no abandona la mansión; continúa siendo un hombre indeciso (14,70a).