Lumen Gentium – Documentos Concilio Vaticano II

La institución de los Apóstoles

19. El Señor Jesús, después de haber hecho oración al Padre, llamando a sí a los que Él quiso, eligió a los doce para que viviesen con Él y enviarlos a predicar el Reino de Dios (cf. Mc 3, 13-19; Mt 10, 1-42): a estos, Apóstoles (cf. Lc 6, 13) los fundó a modo de colegio, es decir, de grupo estable, y puso al frente de ellos, sacándolo de en medio de los mismos, a Pedro (cf. Jn 21, 15-17). A éstos envió Cristo, primero a los hijos de Israel, luego a todas las gentes (cf. Rm 1, 16), para que con la potestad que les entregaba, hiciesen discípulos suyos a todos los pueblos, los santificasen y gobernasen (cf. Mt 28, 16-20; Mc 16, 15; Lc 24, 45-48; Jn 20, 21-23) y así dilatasen la Iglesia y la apacentasen, sirviéndola, bajo la dirección del Señor, todos los días hasta la consumación de los siglos (cf. Mt 28, 20). En esta misión fueron confirmados plenamente el día de Pentecostés (cf. Hch 2, 1-26), según la promesa del Señor: «Recibiréis la virtud del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos así en Jerusalén como en toda la Judea y SAmaría y hasta el último confín de la tierra» (Hch 1, 8). Los Apóstoles, pues, predicando en todas partes el Evangelio (cf. Mc 16, 20), que los oyentes recibían por influjo del Espíritu Santo, reúnen la Iglesia universal que el Señor fundó sobre los Apóstoles y edificó sobre el bienaventurado Pedro su cabeza, siendo la piedra angular del edificio Cristo Jesús (cf. Ap 21, 14; Mt 16, 18; Ef 2, 20).