Amor a Dios y desprendimiento (amor a Dios)

El remedio que podemos tener, hijas, y nos dio Su Majestad es amor y temor; que el amor nos hará apresurar los pasos y el temor nos hará ir mirando adónde ponemos los pies para no caer por camino adonde hay tanto que tropezar, como caminamos todos los que vivimos, y con esto a buen seguro que no seamos engañadas (Santa Teresa, Camino de perfección, 40, 1).

Y el alma sale para ir detrás de Dios; sale de todo pisoteando y despreciando todo lo que no es Dios. Y sale de sí misma olvidándose de sí por amor de Dios (San Juan de la Cruz, Cántico espiritual, 1, 20).

Tú, al que llenas de ti, lo elevas; mas, como yo no me he llenado de ti, soy todavía para mí mismo una carga (San Agustín, Confesiones, 10, 26).

Y éste es el índice para que el alma pueda conocer con claridad si ama a Dios o no, con amor puro. Si le ama, su corazón no se centrará en sí misma, ni estará atenta a conseguir sus gustos y conveniencias. Se dedicará por completo a buscar la honra y gloria de Dios y a darle gusto a Él. Cuanto más tiene corazón para sí misma menos lo tiene para Dios (San Juan de la Cruz, Cántico espiritual, 9, 5).

Sólo ama de verdad a Dios quien no se acuerda de sí mismo (San Gregorio Magno, Homilía 38 sobre los Evangelios).