Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 14, 70b-72

Y un poco después los presentes decían de nuevo a Pedro: “Verdaderamente eres uno de ellos, porque eres galileo”.

71Pero él comenzó a maldecir y a jurar: “No conozco a ese hombre del que habláis”.
72Y, de inmediato, cantó el gallo por segunda vez. Y Pedro recordó las palabras que Jesús le había dicho: “Antes de que el gallo cante dos veces, me negarás tres”. Y saliendo fuera, lloró».

14, 70b-72: El pasaje ahora discurre rápidamente hacia su clímax, pues tanto la acusación como la negación aumentan su gravedad. Hasta el momento Pedro se ha visto enfrentado a un solo testigo de bajo estatus social (mujer y sierva), que lo ha acusado en privado y luego públicamente. Ahora, el coro de la acusación suena más potente y va acompañado de una prueba corroborativa, cuando un grupo de personas allí presentes reafirma que Pedro es «uno de ellos» (es decir, un seguidor de Jesús) y que su identidad galilea, revelada quizás por su acento, lo demuestra. Tanto Plinio como el Martirio de Policarpo atestiguan los interrogatorios triples de los cristianos.

En verdad, ha llegado el momento para Pedro; no puede continuar pretendiendo ser un espectador inocente, sino que debe declarar su lealtad a Jesús o romper sus lazos con él. Escoge la última posibilidad, no solo negando a Jesús una tercera vez, sino también maldiciéndolo (14,71). Esta negación tercera y final tendría una importancia temática para los lectores del evangelio, ya que se requería a los cristianos sospechosos que maldijeran a Jesús para demostrar que no eran discípulos suyos, un acto, dice Plinio, que los cristianos verdaderos no pueden realizar. Pedro, sin embargo, obra realmente así y con presteza; las palabras de su negación suponen una escalada respecto a las anteriores, ya que ahora niega no solo la acusación, sino a Jesús mismo, y de un modo que se distancia sumamente de él: «No conozco a ese hombre del que habláis».

Ahora la ambigüedad parece haber quedado atrás; estas son acciones y palabras de un apóstata, y son aún más serias debido a la anterior profecía de Jesús que aquel que se avergonzara de él sería a su vez objeto de vergüenza en el eschaton (8,38). Además, por sus movimientos físicos dentro de la perícopa, Pedro parece confirmar la impresión de que es «un extraño» a la fe.

Pero no es esta la historia completa, porque ahora, en el punto culminante del pasaje, solo cuando las cosas parecen estar absolutamente negras, el canto de un gallo anuncia la llegada del alba (14,72a), y este anuncio puede insinuar que viene una inversión de la condición espiritual de Pedro. Sugiere también que sus negaciones son parte del plan divino, ya que este segundo canto ocurre inmediatamente después de la tercera negación de Pedro, tal como Jesús había profetizado: en el momento mismo en el que se burlan de Jesús como profeta (14,65), se cumple su profecía de la negación de Pedro (14,30).

Todo había sido previsto, incluso la negación de Pedro, pero ese acto desleal no es la última palabra; los lectores de Marcos sabrían ya que, después de la resurrección de Jesús, se había producido tal inversión del estado de apostasía de Pedro: que este había muerto como mártir de la causa. Las puertas del arrepentimiento están siempre abiertas.

Esta consecuencia esperanzadora no cambia el hecho de que el resto final del círculo íntimo de Jesús lo haya abandonado en esos momentos y que él haya sido condenado a muerte por la autoridad religiosa más alta de Israel. En el siguiente pasaje esta sentencia será ratificada por el gobernador romano quien entregará a Jesús a los verdugos.