¡Apártate de mí, Satanás!

1.- Hace unos instantes al fin se ha visto la fumarola blanca que anuncia un nuevo Papa. Tenemos todavía estas recientes escenas perfectamente claras en nuestra memoria. El nuevo representante de Cristo ha salido al balcón para bendecir a la multitud que llena la plaza de San Pedro. Y ya se retira el nuevo Papa, cuando entre camarlengos y cardenales se abre paso un hombre de aspecto semita al que el nuevo Papa cree reconocer. El recién llegado mirándole fijamente le dice sin contemplaciones: “¡Apártate de mí, Satanás!…”

¿Os imagináis la escena? Pues es lo que hoy nos narra el Evangelio. Pedro acaba de ser nombrado sucesor de Cristo, ha recibido todos los poderes y Jesús al oírle respirar tan mundanamente no duda en llamarle Satanás.

¿Cuántos Papas, cuántos obispos, cuántos sacerdotes y cuántos seglares que nos decimos seguidores de Cristo y como Pedro le proclamamos: “Tu eres el Hijo de Dios vivo”, tendríamos que oír de Él ese “apártate de mí porque piensas como los hombres no como Dios”.

2.- No es una cuestión de fe, es una cuestión de nuestra actitud ante la vida. No es lo que creemos, es lo que hacemos, es la inadecuación entre Fe y obras, es la permanente contradicción en que vivimos entre lo que afirman nuestros labios y lo que hacen nuestras manos.

A Pedro no le faltó fe en Jesús Mesías. No le cabía en la cabeza que ese Mesías tuviera que sufrir y que sus seguidores para serlo tuvieran que negarse a si mismo y tomar la Cruz. Todos somos Pedros, creer si. Negarse a sí mismos ya es otra cosa.

3.- Pensamos como los hombres, porque en la sociedad en que vivimos el que no piensa en si mismo se lo lleva la corriente, haya que defenderse, hay que subir a costa de quien sea. No hay tiempo para pensar en los demás… ¿Negarse? ¿Olvidarse de uno mismo?

Y Dios nos ha mostrado en Jesucristo su manera de pensar, su actitud ante la vida. Para pensar como Jesús ha pasar de ser el centro de la vida a poner en el centro de la vida a los demás. Eso es negarse a si mismo. Olvidarse a si mismo para pensar en los demás. Esto no es el pensar ordinario de nuestra sociedad, pero tampoco es insólito en ella. ¿No es esa la actitud de tantos padres y madres que viven entregados más a los hijos que a si mismos?

4.- Se han acabado –o están a punto de agotarse– las vacaciones, para quien las haya tenido. Pero durante ellas hay muchos jóvenes, en mi parroquia y en otras, que han pensado más en otros que en si mismos y han estado ayudando en residencias de ancianos o en campamentos de Cáritas contribuyendo al descanso de los demás. O han pasado julio y agosto en el altiplano boliviano, ayudando a los hermanos de allí. Esta es gente que lo ha podido pasar bien pero han pensado antes en los que lo pasan mal.

Son carne de nuestra carne y huesos de nuestros huesos. Y si ellos pueden negarse a si mismos, olvidarse para pensar en los demás, también es posible para nosotros.

Así el Señor no nos dirá “apártate”, sino “ven, bendito de mi Padre”.

José Maria Maruri, SJ